viernes, 19 de agosto de 2011

Al universal Federico García Lorca


Hace 75 años se produjo uno de los hechos más luctuosos que acarrearon la contienda civil en España. Las pistolas, en un intento de matar a la palabra, a las ideas y al sentido común, asesinaron a Federico García Lorca. Fue un crimen de lesa humanidad, pues el poeta había dejado de ser un sujeto particular para convertirse en patrimonio de todos los que amamos la poesía.

Era grande y la muerte no pudo con él. Su sangre fortaleció la semilla de una tierra yerma para trascender a las generaciones venideras con más fuerza, si cabe. Hoy, después de 75 años, sus ideas y personalidad están vigentes a pesar de los trogloditas que intentaron neutralizarlas, de quienes no soportaron sus convicciones republicanas, su homosexualidad y su poesía clara, precisa y preciosa; la poesía que canta al pueblo y manifiesta su marginalidad con singular sensibilidad.

Yo, con la mayor humildad de aficionado y amante de la poesía, me he permitido hacerle mi propio homenaje en este blog. Se trata de un poema dedicado a su recuerdo, a su memoria, para que siempre perdure su obra entre nosotros. Aparte de ello, también le ofreceremos en la Peña Flamenca Juan Casillas, de Cuevas de San Marcos, mi pueblo, otro homenaje del que dejaré constancia en el blog de dicha entidad y que os comunicaré por si os apetece visitarlo más adelante.


A Federico García Lorca en el 75 aniversario de su muerte.

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Entre los olivos verdes

marcha la verde guadaña

con cabezas de charol

y la hiel en las entrañas.


Humillado Federico

por sufrir tanta patraña

con su paso ensimismado

va hacia la muerte anunciada.


Gritos, blasfemias y golpes

y un disparo que le mata,

sus infames asesinos

muestran su mísera alma…


Entre los olivos verdes

corre Preciosa espantada

mesándose lo cabellos

gritando desesperada.


Llama a Antoñito el Camborio,

busca por todas las plazas

a Ignacio Sánchez Mejías

y ve a Soledad Montoya

con la faz desencajada

semblando un cuadro de Goya.


Hasta Paquiro y su hermano

dejaron de discutir,

en este mundo gitano,

que es día de luto y sufrir.


Y Preciosa con sus gritos

va llamando en la alborada

para plañir en el duelo

en la casa de Bernarda.


Lloran estrellas fugaces

en lluvia desesperada.

La luna de los gitanos

va gimiendo la desgracia

asomándose al barranco

dejando enlutada el alba.


Ay luna de pergamino,

luna de frígida plata,

escóndete entre las nubes

escóndete entre la jara,

no le des luz a los campos

en esta noche tan trágica.


Tragedia,

Bodas de sangre

en la tierra derramada

que ha dejado de ser Yerma

para preñarse en su savia,

para acoger la semilla

que dé su fruto mañana.


Mientras,

Mariana Pineda,

banderas de libertad

sigue bordando en su casa

sin enterarse siquiera

de tanta y tanta desgracia.


La muerte se fue contenta

y a Federico llevaba,

se lo arrebató a la vida

la fuerza de su guadaña.


Desde entonces en el cielo

la alegría es desbordada,

la pena y el sufrimiento

en la tierra se quedaba.


Y entre los olivos verdes

corre Preciosa espantada

mesándose lo cabellos

gritando desesperada,

a casa de los ingleses

para ver sí ellos le salvan…


Antonio Porras. Agosto 2011


miércoles, 17 de agosto de 2011

A vueltas con el papa

De vuelta a casa tras unos días de asueto familiar, del que me gustaría escribir, me encuentro con tantas cosas estimulantes para hacerlo que decido dejarlo para otro momento, aunque prometo que lo haré, pues han sido unos días intensos y emocionantes que merece la pena dejar constancia de ellos en mi blog, puesto que, al fin y al cabo, es como mi cajón de la memoria.

Por el título ya habrás comprendido que lo que más despierta mi atención es este nuevo viaje del susodicho papa. Hace bien poco que anduvo por estos lares. No debió irle muy mal cuando ha vuelto a sus andanzas.

He de reconocer que hay cierta afinidad entre sus planteamientos y doctrinas actuales con el anacronismo español, que arrancando desde la historia más negra y belicosa, se afianzó en la santa cruzada de nuestra guerra civil. El oropel, el boato y la simbología del poder de la estructura eclesiástica vuelven por sus fueros amenazando con evangelizarnos en su doctrina y sumirnos en la obediencia pastoril como cordero que se integran en el rebaño del pastor.

Podría alguien pensar que estoy arremetiendo contra la religión y el derecho que debe consagrar la libre creencia que garantiza la constitución y que asumo sin paliativos. No, no estoy en esa línea. Es más, no me interesa, amigo, tu religión o si tienes o no tienes religión, pues creo que eso forma parte de tu interioridad, de tu idiosincrasia personal. Lo que me interesa es tu conducta delante de tus semejantes, de tu comunidad y del mundo. Me interesa qué entiendes por justicia social, qué asumes sobre la defensa de los derechos humanos y qué haces para defenderlos, qué piensas sobre la libertad de cada cual para enfrentarse a su propia vida dentro de su entorno. Me interesa cómo respetas las ideas de los demás y cómo separas tus creencias en un mundo laico compuesto por religiosos en sus diversas manifestaciones, de agnóstico, de ateos, de seres humanos en suma que, en el desarrollo de su libre albedrío, van fraguando sus ideas y creencias desde esa libertad, que nos obliga a encontrarnos con nosotros mismos sin interferencias manipuladoras de obispos y jerifaltes que nos condenen y dirijan hacia su redil.

Hace años, por si eres joven y no lo sabes, se libró una batalla, de sumo interés, entre dos ideas o tendencias religiosas dentro del catolicismo. Cuando Juan XXIII abrió la iglesia al mundo a través del Concilio Vaticano II, los curas se dieron la vuelta en la misa y miraron al pueblo, dejaron sus rezos latinos para hacerlos en un idioma entendible para todos y se fueron despojando de sotanas y ornamentos anacrónicos, que hacían de bastión para defenderse de la propia evolución humana, para acercarse al pueblo, a la gente de la calle, a quienes, según le evangelio, Cristo buscó y defendió. Aparecieron curas obreros a los que el conservadurismo calificó de comunistas, se implicaron en sindicatos y el movimiento democrático, lucharon por la libertad en nuestro país y en el resto del mundo, ayudaron a alfabetizar a la gente, estaban del lado de los pobres, de la gente de la calle, del ciudadano necesitado, buscando la justicia social y no la caridad reparadora solamente. Lento quehacer, que chocó contra el conservadurismo de tiara y ritual que, alejándoles del pueblo llano, les acercaba a su dios; o eso, al menos, creían.

La teología de la liberación, que surge en Iberoamérica como respuesta a la injusticia social, se desarrolla al amparo del citado concilio. (Ver aquí) pero, tras la misteriosa muerte de Juan Pablo I y después de subir al poder el II Juan Pablo, proveniente de Polonia, el papa pide a la Congregación para la Doctrina de la Fe un extenso estudio de esta corriente de pensamiento que, bajo el nombre de “teología de la liberación” propone una interpretación innovadora del contenido de la fe y de la existencia cristiana; dictaminan que, según esta congregación, “se aparta gravemente de la fe de la Iglesia, aún más, que constituye la negación práctica de la misma".

¿Sabes, querido joven, quién era el Prefecto de esta Congregación para la Doctrina de la Fe, congregación que es heredera de los principios y obligaciones asignados a la antigua Inquisición? Pues sí, el señor que viene a visitarnos, el actual papa Benedicto XVI, el que militó en las juventudes nazis de la Alemania Hitleriana. Líbreme Dios de no respetar su posible evolución, pero quién me garantiza que su programa informático cerebral no está condicionado por aquellas convicciones troqueladas, que, de una u otra forma, también soportó, cuando no amparó, su querido antecesor, Pío XII.

Lo curioso es que, dentro de aquella catarsis, se enfrentan y vencen las ideas más reaccionarias, más afines al sistema capitalista y a la estructura social injusta que nos domina. La iglesia ampara al sistema y refortalece sus finanzas vaticanas con los juegos sucios y manejos del arzobispo Paul Casimir Marcinkus, el Banco Ambrosiano y Roberto Calvo, su director, que acaba ahorcado en un puente de Londres. Aconsejo leer el libro de Santiago Camacho, Biografía no autorizada del Vaticano (Nazismo, finanzas secretas, mafia, diplomacia oculta y crímenes en la santa sede). Edit. Martinez Roca S.A. 2005.

Aquí cabe preguntarse qué papel juega en esta confrontación el Opus Dei y organizaciones afines, incluido el movimiento del cismático Monseñor Lefebre; cómo surgen y consolidan grupos integristas dentro del colectivo creyente como los Legionarios de Cristo y su increíble fundador Marcial Maciel, los Quicos y su Comunidad Neocatecumenal, etc… Definitivamente, los creyentes que luchan por la malherida teología de la liberación quedaron en la sombra, cuando no muertos por los paramilitares de regímenes amparados por la iglesia, como monseñor Romero. Otros siguen con sus convicciones luchando por su forma de ver las cosas y entender el cristianismo, mientras una mayoría, asqueados, acabamos por abandonar el barco para no sustentar una estructura caduca y reaccionaria, que no estaba en disposición de acompañar en la evolución hacia una nueva era social, sobre todo por los prejuicios ante el marxismo, que tenía bastantes puntos de encuentro con esa teología de la liberación.

Por tanto, querido amigo, no vengas a evangelizarme al albor de la consigna de Rouco, a adoctrinarme desde esa verdad que crees poseer sino está en condición de debatirla, abierto a mis argumentos, a crecer conmigo en la búsqueda de la razón y no perderte en dogmáticas reflexiones que solo te anclan a una fe irracional sostenida y predicada por el irreversible discurso de tus pastores. Yo, como librepensador agnóstico y defensor del laicismo integrador, no te rechazo, te respeto y te invito a hacer ese camino de la vida desde tu libre albedrío, desde el discernimiento racional que, saliendo de la fe, acabe en la verdad comprensible de las cosas y de la vida, entendiendo que cada uno es un ente individual que tiene su verdad como parte alícuota de la gran verdad que forma el todo.

Yo no iré a recibir a ese hombre. No iré a Madrid al maratón del perdón, esa especie de macroconfesión que limpia conciencias para seguir haciendo lo mismo. No quiero ser partícipe de esa injusticia, de ese derroche de dinero y energía juvenil cuando tanta miseria se pasa en el mundo, cuando se muere la gente de hambre en Somalia, cuando es necesario aglutinar esfuerzos que liberen a los pueblos y les hagan más libres y autónomos. Esta reunión no es más que una ostentación de poder, una forma de aglutinar y demostrar adeptos para mostrar al mundo la capacidad de convocatoria y reforzar el sistema y la estructura religiosa. Una borrachera patológica de entusiasmo, que solo muestra la intransigencia de la jerarquía eclesiástica para integrarse en un mundo nuevo, laico y de respeto al resto de pensamientos y credos.

No, yo no iré, pero de estar en Madrid, estaría en la otra manifestación, en la que rechaza la visita y el gasto que genera, el palio, oropeles y boato que sustenta un dogmatismo obsoleto, que no entiende que el mundo necesita otra forma de enfocar las cosas, otro sistema de relación basado en el respeto y la libertad del ser humano para hacer de su vida un proyecto propio a compartir con la colectividad donde habita, sin pastores y enviados de dios, ministros de no sé qué y megalomaniacos que se siente representantes de dios en la tierra, cuando la propia tierra y los seres que la habitan forman el mismo dios…

Me gustaría, como dice Txema en su blog, “una condena taxativa de la usura de los bancos y sus cláusulas abusivas, me gustaría oír un mensaje claro de condena del recorte de las políticas sociales, me gustaría sentir más proximidad con los que sufren algún tipo de dependencia, me alegraría ver a la Iglesia junto a los desahuciados de sus casas”.


“No me gusta escuchar ni con quién, ni cómo, ni para qué, debo tener relaciones sexuales. No me gusta escuchar grandes proclamas ostentosas, en plena crisis, carentes de humildad, no me gusta que se pretenda excluir a las mujeres por su condición femenina. No me gusta que se persiga con saña a aquellas quienes abortan, sin el más mínimo sentido de la caridad”.

Por eso, amigo lector, declaro, al menos para mí, esta visita como “non grata”. Tal vez tuviera gran valor si se realizara en Dadaab, el campo de refugiados donde se acumulan miles de somalíes hambrientos al borde de la muerte, cargado de alimentos, medicinas y ayuda humanitaria. Pero me temo que la jerarquía eclesiástica seguirá sin implicarse, al amparo de sus creyentes que sí lo hacen, escondiéndose en su boato…

La foto que cuelgo está sacada de un manifiesto de Redes Cristianas e Iglesia de base de Madrid, donde se ve la otra iglesia, la de base, que se acerca un poco más a lo que digo, cuyos link son:

http://www.iglesiadebasedemadrid.org/

http://www.redescristianas.net/

miércoles, 3 de agosto de 2011

Formando en desconfianza


Dentro de esa tremenda preocupación en la que andamos metidos, de darle vueltas a la situación, a la crisis, de pensar en salidas y análisis que nos acerquen a la verdad y a la solución, estamos en continua reflexión crítica, al menos algunos, para aclararnos.

Yo creo, sinceramente, como he dicho en otras ocasiones, que estamos en una crisis del sistema, una crisis social profunda, que cuestiona las formas y el fondo de la estructura relacional que nos hemos dado, es una crisis cultural de primera magnitud. Todo este entramado se ha fraguado a lo largo de la historia desde principios políticos y religiosos que hicieron de argamasa. Los seres más inteligentes y, en su defecto, los más próximos al poder y al dinero tuvieron el acceso al dominio y dirección de la sociedad. Las religiones, actuando de concubinas, apoyaron y consolidaron desde el dogma esas estructuras tan beneficiosas para ambas partes.

Una de las claves de su éxito estuvo en crear actitudes y conductas en los sujetos. La suspicacia, desconfianza, miedo, inseguridades, ect. forjaron sujetos frágiles, timoratos y, por ende, necesitados de protección desde el poder y el propio grupo, lo que les hacía más vulnerables cuando eran arrojados de ese grupo de pertenencia. La idea de la existencia del enemigo, de esa suspicacia y desconfianza en los propios seres humanos que no fueran de su grupo, fue suficiente para aterrorizarse y aglutinarse en torno al señor que ejercía el poder, hasta tal punto de dar la vida por Dios, la Patria y el Rey como forma sublime de integración social. Si bien hay otros factores que inciden significativamente en esta cultura social que nos condiciona…

Os preguntaréis a qué viene este rollo si ya sabemos lo que hay… Pues bien, viene a raíz de un incidente vivido que me ha hecho pensar y cuya reflexión quiero compartir.

Hoy, deambulando por el supermercado (no doy nombres porque no me apetece hacer propaganda), vi a una niña pequeña, de unos tres años, cargada con una caja, a quien su madre le decía que la devolviera a su sitio, que no la iba a comprar. La pobre cría, obedientemente, se esforzaba en intentar ponerla en el lugar de donde la cogió. Había sido más fácil cogerla que colocarla. Su esfuerzo era evidente. Yo, empujando mi carro, la observaba y me trajo a la memoria a mis nietos. Es curioso, desde que soy abuelo me encanta ver a los críos pequeños y sus conductas en continua evolución. Me dirigí a ella y le dije

- Anda, que fuerte eres, puedes con esa caja tan grande, pero… ¿quieres que te ayude a colocarla?

La cría me miró con asombro, volvió la cara hacia su madre como esperando un explicación al hecho y quedó paralizada. La madre se volvió, me miró poco amistosamente, seria y circunspecta, y me dio a entender, de forma no verbal, que me había metido donde no me llamaban, además de pasar a engrosar el grupo de sujetos poco recomendables y desconfiables para contactar con su hija. Entonces pensé que aquella pequeña, en plena simbiosis con su madre, estaban aprendiendo que con extraños no se habla, que no se puede uno fiar de nadie y que los seres humanos somos más malos que buenos… Su socialización, posiblemente, la llevaría a la desconfianza, al miedo, a la suspicacia e inseguridad en el trato con los demás… Creo que lo correcto hubiera sido que su madre le dijera, al menos: “Dile que no, que muchas gracias por su ayuda”.

Sentí una extraña desazón, acostumbrado a que mis nietos vayan por la calle saludando a los vecinos y a quien les llaman la atención, hablando y relacionándose con la gente, no pude menos que pensar en aquella niña y el cultivo incipiente de su paranoia. Me sentí mal. ¿Aquella señora me había visto como un pederasta potencial? ¿Como una maléfica influencia en la educación de su hija? ¿Como un sujeto reprobable e indigno? En plan infantil, buscando protección, llamé a Loli, mi esposa, que caminaba tres metros delante de mí entre estanterías: Loli, espera, que voy para allá. Fue algo impulsivo, como queriendo decir: “ojo que yo voy con mi esposa, que no soy lo que usted piensa, que soy un abuelo que ama a sus nietos y por extensión admira a los críos en general, que creo en la amistad, en el amor, en la expresión y el contacto afectivo, que busca una sociedad mejor sin miedos y reticencias, que cree en el ser humano a pesar de las maldades de muchos…” Cuando llegué a casa no pude evitar mirarme en el espejo, a ver mi imagen.

El asunto me dio para meditar. ¿Qué tipo de sujetos estamos creando? ¿Qué sociedad se fragua para el futuro? Si no nos sentimos dentro de un sistema que integre y respete a todos y que entienda que cada uno es digno de ser aceptado y merecedor de confianza hasta que no se demuestre lo contrario… ¿No estaremos creando el caldo de cultivo del clasismo, del racismo, la xenofobia, la desconfianza beligerante y la propia paranoia? ¿No comprendemos que ese aislamiento individual, o selectivo, desarbola la fuerza social? Renunciamos al contacto y con ello a nutrirnos de otras fuentes desde el espíritu crítico y abierto que nos hace crecer. Parece que ahora nuestro alimento espiritual nos lo proporciona el ordenador y la tele, que son más fiables que las personas…

Claro que este es el tipo de sujetos que le interesa a este sistema, que denominamos en crisis. Gente alejada de la verdadera realidad, viviendo una realidad aparente que nos fragua los medios de comunicación, incluso realidades virtuales. Reticentes con todos y sin confiar en los valores de los seres humanos, pensando en su propio bienestar a costa de lo que fuere, dispuestos a todo con tal de preservar su propio pellejo… un mundo de egoísmo aislado donde “sálvese en que pueda”… Esa barrera protectora, al ver siempre al enemigo a tu puerta, es una bomba de relojería que lleva al delirio de la reticencia sistemática y, por ende, a la alerta continua para defenderse de los demás, a la desintegración como persona con valores humanistas…

Pero qué vamos a pedir ante tamaña influencia. Cuando la TV entra en nuestra casa, desde el poder que le otorgamos, como una ventana al mundo que a ellos les interesa, contándonos los males que hay en él, los asesinatos, las muertes y guerras, las maldades, incitando conductas modélicas en sujetos impresentables… claro que no es lo mismo la muerte de sujetos de nuestro entorno cultural (caso Noruega) que de otros lugares alejados y ajenos (caso vergonzoso, cuando no criminal por la inhibición en Somalia); obviando los hechos positivos, las bondades del ser humano, los esfuerzos que hacen muchos por ayudar a los demás, los gritos de otros ante la miseria, la rebelión de las masas ante la injusticia, el clamor de los pueblos contra la avaricia y la codicia de unos cuantos que gobiernan y manipulan el mundo desde la sombra. Nos pretenden desarmar de la bondad humana, del humanismo ideológico que busca la justicia y la equidad. Pretenden hacernos células aisladas integradas en un sistema que rigen desde un cerebro que controlan desde el poder del dinero y las economías especulativas y lacerantes.

Al final un grito de dolor y desesperanza atravesó mi corazón y vi como estábamos cayendo en su juego, que consiste en mirar solo en mí y en mi espacio inmediato…