miércoles, 3 de agosto de 2011

Formando en desconfianza


Dentro de esa tremenda preocupación en la que andamos metidos, de darle vueltas a la situación, a la crisis, de pensar en salidas y análisis que nos acerquen a la verdad y a la solución, estamos en continua reflexión crítica, al menos algunos, para aclararnos.

Yo creo, sinceramente, como he dicho en otras ocasiones, que estamos en una crisis del sistema, una crisis social profunda, que cuestiona las formas y el fondo de la estructura relacional que nos hemos dado, es una crisis cultural de primera magnitud. Todo este entramado se ha fraguado a lo largo de la historia desde principios políticos y religiosos que hicieron de argamasa. Los seres más inteligentes y, en su defecto, los más próximos al poder y al dinero tuvieron el acceso al dominio y dirección de la sociedad. Las religiones, actuando de concubinas, apoyaron y consolidaron desde el dogma esas estructuras tan beneficiosas para ambas partes.

Una de las claves de su éxito estuvo en crear actitudes y conductas en los sujetos. La suspicacia, desconfianza, miedo, inseguridades, ect. forjaron sujetos frágiles, timoratos y, por ende, necesitados de protección desde el poder y el propio grupo, lo que les hacía más vulnerables cuando eran arrojados de ese grupo de pertenencia. La idea de la existencia del enemigo, de esa suspicacia y desconfianza en los propios seres humanos que no fueran de su grupo, fue suficiente para aterrorizarse y aglutinarse en torno al señor que ejercía el poder, hasta tal punto de dar la vida por Dios, la Patria y el Rey como forma sublime de integración social. Si bien hay otros factores que inciden significativamente en esta cultura social que nos condiciona…

Os preguntaréis a qué viene este rollo si ya sabemos lo que hay… Pues bien, viene a raíz de un incidente vivido que me ha hecho pensar y cuya reflexión quiero compartir.

Hoy, deambulando por el supermercado (no doy nombres porque no me apetece hacer propaganda), vi a una niña pequeña, de unos tres años, cargada con una caja, a quien su madre le decía que la devolviera a su sitio, que no la iba a comprar. La pobre cría, obedientemente, se esforzaba en intentar ponerla en el lugar de donde la cogió. Había sido más fácil cogerla que colocarla. Su esfuerzo era evidente. Yo, empujando mi carro, la observaba y me trajo a la memoria a mis nietos. Es curioso, desde que soy abuelo me encanta ver a los críos pequeños y sus conductas en continua evolución. Me dirigí a ella y le dije

- Anda, que fuerte eres, puedes con esa caja tan grande, pero… ¿quieres que te ayude a colocarla?

La cría me miró con asombro, volvió la cara hacia su madre como esperando un explicación al hecho y quedó paralizada. La madre se volvió, me miró poco amistosamente, seria y circunspecta, y me dio a entender, de forma no verbal, que me había metido donde no me llamaban, además de pasar a engrosar el grupo de sujetos poco recomendables y desconfiables para contactar con su hija. Entonces pensé que aquella pequeña, en plena simbiosis con su madre, estaban aprendiendo que con extraños no se habla, que no se puede uno fiar de nadie y que los seres humanos somos más malos que buenos… Su socialización, posiblemente, la llevaría a la desconfianza, al miedo, a la suspicacia e inseguridad en el trato con los demás… Creo que lo correcto hubiera sido que su madre le dijera, al menos: “Dile que no, que muchas gracias por su ayuda”.

Sentí una extraña desazón, acostumbrado a que mis nietos vayan por la calle saludando a los vecinos y a quien les llaman la atención, hablando y relacionándose con la gente, no pude menos que pensar en aquella niña y el cultivo incipiente de su paranoia. Me sentí mal. ¿Aquella señora me había visto como un pederasta potencial? ¿Como una maléfica influencia en la educación de su hija? ¿Como un sujeto reprobable e indigno? En plan infantil, buscando protección, llamé a Loli, mi esposa, que caminaba tres metros delante de mí entre estanterías: Loli, espera, que voy para allá. Fue algo impulsivo, como queriendo decir: “ojo que yo voy con mi esposa, que no soy lo que usted piensa, que soy un abuelo que ama a sus nietos y por extensión admira a los críos en general, que creo en la amistad, en el amor, en la expresión y el contacto afectivo, que busca una sociedad mejor sin miedos y reticencias, que cree en el ser humano a pesar de las maldades de muchos…” Cuando llegué a casa no pude evitar mirarme en el espejo, a ver mi imagen.

El asunto me dio para meditar. ¿Qué tipo de sujetos estamos creando? ¿Qué sociedad se fragua para el futuro? Si no nos sentimos dentro de un sistema que integre y respete a todos y que entienda que cada uno es digno de ser aceptado y merecedor de confianza hasta que no se demuestre lo contrario… ¿No estaremos creando el caldo de cultivo del clasismo, del racismo, la xenofobia, la desconfianza beligerante y la propia paranoia? ¿No comprendemos que ese aislamiento individual, o selectivo, desarbola la fuerza social? Renunciamos al contacto y con ello a nutrirnos de otras fuentes desde el espíritu crítico y abierto que nos hace crecer. Parece que ahora nuestro alimento espiritual nos lo proporciona el ordenador y la tele, que son más fiables que las personas…

Claro que este es el tipo de sujetos que le interesa a este sistema, que denominamos en crisis. Gente alejada de la verdadera realidad, viviendo una realidad aparente que nos fragua los medios de comunicación, incluso realidades virtuales. Reticentes con todos y sin confiar en los valores de los seres humanos, pensando en su propio bienestar a costa de lo que fuere, dispuestos a todo con tal de preservar su propio pellejo… un mundo de egoísmo aislado donde “sálvese en que pueda”… Esa barrera protectora, al ver siempre al enemigo a tu puerta, es una bomba de relojería que lleva al delirio de la reticencia sistemática y, por ende, a la alerta continua para defenderse de los demás, a la desintegración como persona con valores humanistas…

Pero qué vamos a pedir ante tamaña influencia. Cuando la TV entra en nuestra casa, desde el poder que le otorgamos, como una ventana al mundo que a ellos les interesa, contándonos los males que hay en él, los asesinatos, las muertes y guerras, las maldades, incitando conductas modélicas en sujetos impresentables… claro que no es lo mismo la muerte de sujetos de nuestro entorno cultural (caso Noruega) que de otros lugares alejados y ajenos (caso vergonzoso, cuando no criminal por la inhibición en Somalia); obviando los hechos positivos, las bondades del ser humano, los esfuerzos que hacen muchos por ayudar a los demás, los gritos de otros ante la miseria, la rebelión de las masas ante la injusticia, el clamor de los pueblos contra la avaricia y la codicia de unos cuantos que gobiernan y manipulan el mundo desde la sombra. Nos pretenden desarmar de la bondad humana, del humanismo ideológico que busca la justicia y la equidad. Pretenden hacernos células aisladas integradas en un sistema que rigen desde un cerebro que controlan desde el poder del dinero y las economías especulativas y lacerantes.

Al final un grito de dolor y desesperanza atravesó mi corazón y vi como estábamos cayendo en su juego, que consiste en mirar solo en mí y en mi espacio inmediato…

27 comentarios:

JUAN dijo...

O sea, Antonio: que al igual que yo formas parte de esa masa llamada "Los Indignados".
Lamentable todo lo que estamos viviendo. Ahora resulta que todos los recortes y reformas no eran necesarias, pues el grupo de especuladores denominado ambiguamente "El Mercado", sigue acosándonos y al final tendremos que ser rescatados como Grecia y quedar endeudados, humillados y sumisos al capitalismo salvajes durante decenas de generaciones. Tu historia me recuerda la época inmediatamente anterior a la del alcalde Tierno Galván, en que daba miedo salir a la calle en Madrid y se desconfiaba de todo el mundo.
Una tarde, hallábame en una equina cercana al pirulí de la TVE y frente al Bernabeu. Buscaba una calle, me habían dico que estaba por allí,pero no la encontraba. Vi a una pareja de ancianso que venía de frente mirándome nuy fijamente y pensé que se habían dado cuenta de mi desorientación. Me acerqué a ellos decidido a preguntarle por la calle y cuál no sería mi espanto al ver que se apretaban contra la pared asustados y me decían: "No llevamos nada, por favor no nos haga daño". Muchos años han pasado y desde entonces la cultura del miedo no ha dejado de promocionarse en las noticias cada día, resaltando los sucesos mácabros sobre otros que a todos nos afectan. Un abrazo.

Roberto R Bravo dijo...

Un episodio lamentable, Antonio, y también el que narra Juan. Pero ¿no es de esperarse ante las cosas que oímos todos los días? Violencia gratuita, pederastia (hasta de quienes menos debería esperarse), abusos de todo tipo y tantas cosas más. ¿No tiene la gente derecho a protegerse, a cuidar a los suyos, a desconfiar, por lo menos? ¿No les reconoceremos, no entenderemos, ese derecho? Confío -confiemos– en que lo lamentable coincida con lo anecdótico, que no sea una expresión de deterioro generalizado sino de prudencia generalizada. Es cierto que sociedades avanzadas pueden retroceder, que determinados fermentos destructivos siempre están presentes, como esperando el momento propicio para contaminarlo y deteriorarlo todo. Aun así, la salida será el resultado de la lucha moral de la buena conciencia de muchos contra la cultura del egoísmo social (por desgracia, muy real) que mencionas. No sé, pero veo también otros fermentos que me inspiran una prudente confianza... Deseo, aunque sea por esta vez, no equivocarme.

emejota dijo...

Siento ser breve por falta de batería y cobertura, pero no me iré sin decirte que sí, que estos son los lodos de aquellas tormentas. En tu caso la cuestión sexual te convierte en posible agresor, en el mio esto resulta más fácil, las madres no suelen desconfiar de las abuelitas sonrientes.
Pero es una pena, y gorda, pobrecita niña. Te diré que a mi me educaron igual, y no te digo lo que me costó sacudirme la costra de encima. Beso.

Ataúlfa Braun dijo...

Perfecta y tristemente bien explicado Antonio. Por suerte, aún quedan los abuelos, sí los de la guerra, que te paran por la calle y te hablan y te tocan y te alertan. Incluso se tapan la cara con sus manos y lloran.

Desde aquí te abrazo!

Myriam dijo...

De acuerdo con tu planeamiento. Tu experiencia en el supermercado es un fiel reflejo de lo que está pasando en nuestra sociedad.

Besos a ti y a Loli

El Joven llamado Cuervo dijo...

Se impone un cambio de paradigma, de consciencia, se impone una recuperación de valores, como la solidaridad, la confianza en el otro o la lealtad. Se impone, se impone como necesidad histórica, aunque no sé, tengo desconfianza de que eso suceda como plausible hecho.
Un abrazo.

Antonio dijo...

El mal, amigo Juan, no siempre está fuera, sino dentro de uno mismo con tantos prejuicios, lo que te bloquea la relación. Eso hace que estemos hambrientos de amistad pero con garantías y condiciones que nos eviten el miedo a la relación.
Por desgracia la tipología hace mucho y se le adjudica a uno un rol en función de su presencia. Las técnicas de marketing lo saben muy bien. Confías más en un señor con corbata que uno mal vestido, pero al final quien te lacuela es el de la corbata…
Un abrazo

Antonio dijo...

Sí, Roberto, es de esperar esta conducta cuando se vive ¡tanta influencia negativa, donde la maldad de la gente es la protagonista de todo un mundo de noticias, del mundo de los “reality show”. De eso me quejo, de que nos estén llevando a la continua desconfianza en todo quisqui y no conviertan en paranoicos de oficio.
Yo también veo fermentos, por eso estamos hablando de ello, porque hay críticos con el sistema, quien pretende mejorarlo y humanizarlo… ya veremos si se consigue en la lucha contra los grupos poderosos que pretenden sostenerlo y potenciarlo en beneficio propio.
Un saludo

Antonio dijo...

Amiga emejota, siempre es un placer contar con tus comentarios. Creo que a los niños no se les protege más aislándolos de la realidad, sino haciéndoles verla y tener criterio para desenvolverse en este mundo… Queramos o no, al final se encontrarán con la droga, el alcohol, el tabaco y las miserias humanas, que deberán superar, al igual que las relaciones sexuales… son cosas inevitables. Si ponemos muros no dejamos que se pase en ninguno de los sentidos y nos empezamos a aislar.
Besos

Antonio dijo...

Gracias Ata, lo digo como abuelo. En la ponencia de un congreso yo defendía que el abuelo es el antídoto de la influencia cultural de la TV… El relato del abuelo está cargado de afecto y emoción, el relato de la Tv es frío y manipulador. Pero parece que el mundo va tan rápido que el abuelo se queda obsoleto por definición…
Un abrazo

Antonio dijo...

Efectivamente, Myriam, y eso mata la solidaridad y el entendimiento y nos arroja en la desconfianza y el aislamiento destruyendo los valores que pueden cohesionar la sociedad, por lo que nos dejan en manos de los manipuladores…
Besos también para ti de ambos

Antonio dijo...

Totalmente de acuerdo, Cuervo, se impone; por eso digo que estamos en una crisis tan profunda que necesita cambiarse la cultura de nuestra civilización y orientarla a valores que nos lleven a una real globalización humanista y no de mercado, donde quepa esa solidaridad, confianza y lealtad y no la de tipo mafioso que nos está conduciendo.
Un abrazo

RGAlmazán dijo...

El sistema está estallando por los cuatro costados. No sólo en la cuestión económica de la que tanto se habla, y con razón. También en los valores socio-culturales. Estamos haciendo un mundo intransigente, discriminante, intolerante, consumista, depredador.
En fin, no es posible mantener esto más. Francamente no sé cuál puede ser la alternativa, pero sí se que se ha de basar en, en primer lugar, el respeto a los derechos humanos, luego, el respeto al planeta en el que vivimos, y la solidaridad.
Con esos mimbres un cesto nuevo ha de ser la solución. Ojalá que llegue pronto, y pienso en las generaciones venideras y el mundo que les estamos dejando.

Salud y República

Antonio dijo...

Rafa, comparto tus inquietudes. Lo malo es que no sé quien puede ser el tejedor del cesto, que tenga fuerza y capacidad para cambiar esto, de lo contrario será una lucha sostenida en el tiempo hasta que esos valores que comentas se convierta en espíritu de los tiempos. Arduo trabajo es luchar contra un sistema manipulador que nos engaña con la trampa de la democracia mientras el mercado sigue gobernando el mundo.
Saludos

RECOMENZAR dijo...

....solo mi y mi espacio inmediato solo yo and myself

Josep dijo...

Hola Antonio, no sabes tu bien como te comprendo. La situación del super con niña y madre, y señora de uno para que justificar?? o por si acaso...,también me ha ocurrido a mi, pero como siempre digo, esto pasa en las ciudades, no en los pueblos.
En un pueblo aun hay la lucha moral de la buena conciencia. Pero la cultura del egoísmo social empieza cuando los jovenes van a estudiar a la Ciudad Grande y se quedan a vivir allí.
Si Antonio, como tu dices estamos hambrientos de amistad pero con garantías y condiciones que nos eviten el miedo a la relación.
Pero como lo hacemos esto?
Quizas alguien lo pueda encontrar un sin sentido, pero fíjate en la entrada que puse hace unos dias: UN ABRAZO, (me lo mandó Geni). Verdad que muchas personas tendrían que ver este video?.
Yo no dudé ni un momento en ponerlo, por la necesidad de un abrazo fraternal. Yo veo este video de los abrazos como el deseo de unos valores que se han perdido
-Permiteme mandarle otro a Geni-

Saludos Antonio.

Abuela Ciber dijo...

Una de las claves de su éxito estuvo en crear actitudes y conductas en los sujetos. La suspicacia, desconfianza, miedo, inseguridades, ect.

FENOMENAL!!!!!! ahi estan los comienzos.
Ahora vemos los resultadosssss.

Estupendo leer tu análisis.

Cariños

Isabel Martínez Barquero dijo...

El análisis que haces a partir de la triste anécdota que te ocurrió en el supermercado es bien clarificador.
Qué pena forjar en la desconfianza a los chavales. Los llevará a la desconfianza ulterior en el género humano. Bien está inculcarles prudencia ante los extraños, pero todos sabemos ante quiénes, y tú, Antonio, no ofreces una imagen de mala persona ni de desviado sexual. Qué corta fue la mirada de la madre.
También a mí me gusta decirles cosas a los chavalines que me encuentro, en parte porque ellos me provocan con sus miradas y sus risas (desde siempre, he tenido imán con los niños y los perros). Qué mal me sentiría ante una desconfianza como la que tú sufriste.
Un abrazo bien fuerte y no te amargues, que hay mucha gente desabrida en este mundo.

Abuela Ciber dijo...

Te dejo cariños y el deseos de una buena semana junto a este pensamiento leído:

Lo admirable no es que existan las estrellas sino que el hombre haya podido dar cuenta de su existencia.

Anatole Francie

.

Antonio dijo...

Sinceramente, Recomenzar, creo que el egoísmo lo viven como el garante de la conservación individual en los sujetos miopes…
Gracias por tu visita

Antonio dijo...

Josep, ese miedo ala relación que comentamos, solo se erradica cuando se practica la relación y se aprende a valorarla…
Un abrazo para ti y aprovecho para mandarle otro a Geni

Antonio dijo...

Los resultados, Abu, están a la vista, nos hacen desconfiados y acabamos entregados a quien nos fabrica. Como autoridad que nos protege. Después, con los años y la maduración, la mayoría, nos percatamos de la situación y nos volvemos críticos, cosa que deberíamos haber potenciado antes…
Cariños

Antonio dijo...

Gracias, Isabel, vivir con la reticencia y la desconfianza es un valor potenciado en esta sociedad violenta y agresiva que progresa desde la confrontación y eliminación del adversario. Eso se ve hasta en la política y en la vida cotidiana… Insisto en que hace falta una catarsis social profunda …
Un abrazo

Anna Jorba Ricart dijo...

Antonio...
He dejado de publicar en el blog pues necesito descansar.
Vendré cuando pueda a leerte y comentar.
Un abrazo.

Abuela Ciber dijo...

Dejo deseos de que goces una buena semana!!!!!!

Y que...

"Mires todo lo bello , hasta en la tempestad"
(web)

Cariños

J.M. Ojeda dijo...

¡Hola!
Efectivamente... mirar solo en mí y en mi espacio inmediato…
¿Y despues Que...?
Pues mas de lo mismo.
A veces, solo a veces, somos capazes de mirar y ver.

Saludos de J.M. Ojeda.

Antonio dijo...

Gracias Anna, Abu y J.M. Ojeda, por vuestra visita y comentario.
Anna espero que pronto estés cargada de nuevas energías y podamos contar con tus entradas en el blog.
Efectivamente, creo que hemos enfermado de miismo. Mi, mi, mi… yo y mi entorno. Nos falta empatía, ponernos en la tesitura de conocer a los demás, otras dimensiones y visiones de la vida sin miedo, aunque con prudente reserva, de lo contrario no veremos al otro como un igual, sino como un oponente de quien desconfiar…
Un abrazo