martes, 15 de marzo de 2011

La levedad del ser humano.


Hoy me he levantado con gana de escribir. Eso no siempre suele ocurrir y lo malo es que andas con esa gana, pero sin saber por donde empezar ni que decir. Estás bajo la influencia de hechos varios, del entorno y de las circunstancias. La catástrofe de Japón es impactante y uno se percata de su nimiedad, de su levedad en un orden cósmico, universal, que muestra su lógica aplastante. Por tanto, he abierto el ordenador y empiezo a teclear sin rumbo, dejando aflorar pensamientos libremente y que sean ellos los que oriente mi reflexión y mi discurso. Al final veremos que ha salido.

No sé yo si la levedad del ser humano es soportable o insoportable, como decía Milan Kundera, pero es evidente que esta especie de orgullo, prepotencia y descaro, con que solemos tratar a todo lo que hay a nuestro alrededor, nos lleva a la soberbia que nos caracteriza. Somos soberbios por definición. Nos sentimos dioses, pues fuimos creados a la imagen y semejanza de dios y eso nos dio patente de corso para hacer lo apetecido en cada momento. Cuando, realmente, lo que hicimos fue crear un dios para justificar nuestra propia soberbia, un dios a nuestra imagen y semejanza.

Es cierto que nuestro nivel de inteligencia, por lo que parece, podría ser una fuente de sabiduría creativa si no fuera porque andamos atrapados en la avaricia, la codicia y el egoísmo miope. Lo de creativo lo sumo al enriquecimiento o crecimiento personal como ser inteligente y espiritual, aunque la palabra tenga connotaciones de tipo religioso que soslayo; es decir, deberíamos buscar un mayor enriquecimiento en el ser y no en el tener que andamos siempre buscando.

El hecho es que no hemos llegado a comprender que la tierra, nuestra madre nutriente, tiene unos ciclos y un equilibrio que se escapa a nuestros propios intereses, pues es patrimonio de todo ser viviente que la habita, sea de la especie que sea. Es más, es la gestante de la vida en todas sus dimensiones. Ella está dispuesta a darnos los nutrientes de formas ordenada y sostenida, pero nosotros nos empeñamos en forzarla, en violentar su funcionamiento, su capacidad, y en sacarle más provecho del que es capaz de darnos. Forzamos la producción agrícola, la explotación ganadera, abusamos de su flora y de su fauna, reordenamos sus flujos, sus ríos y mares, consumimos su oxígeno desorbitadamente, extraemos de sus entrañas los minerales, el gas y el petróleo, construimos desordenadamente, la rotulamos con nuestras vías de comunicación y nuestras urbanizaciones, etc. Somos unos insensatos…

A veces, sin que nos demos cuenta, se rebela y nos muestra su funcionamiento sistemático, que nos recuerda esa levedad que nos obstinamos en obviar, en ignorar. Somos tan estúpidos que pensamos vivir en áreas apartadas y delimitadas por las fronteras de los estados que establecimos, como si una vez definida dicha frontera, ello nos diera garantía para que lo que ocurre al otro lado no repercuta en el nuestro. ¡Ilusos! No queremos comprender que estamos insertos en un sistema holístico; es decir, total, del que nosotros no controlamos los compartimentos. La tierra no nació con fronteras, nosotros las creamos para delimitar esferas de poder y de dominio, para adueñarnos de cosas, de espacios y sus bienes. La tierra es democrática, dispuesta y servidora para todos. Luego está quien, abusando de su disposición a servirnos, la intenta someter y explotar en beneficio propio o de su entorno social. El avaro y codicioso busca el poder del control de los recursos para dominar a los demás y doblegarla a sus intereses.

Acaba de ocurrir una verdadera desgracia, una catástrofe de ingente magnitud, pero infinitamente inferior a otras que se están dando en el día a día de nuestro entorno. Me refiero al terremoto de Japón y el consiguiente tsunami. No deja de ser curioso como reaccionamos ante una catástrofe de estas dimensiones y localización. Es cierto que muchísima gente va a pasar necesidad, que han perdido sus bienes, enseres y viviendas, que han fallecido sus seres queridos, que harán una regresión económica hasta, incluso, la pobreza. Ello nos rebela, nos hace despertar las conciencias y aflora la solidaridad y nos volcamos en ayudar… lógico y natural, pero no es menos natural que pensemos en cuales son las causas reales, las motivaciones que nos elicitan, que nos despiertan, esos impulsos de colaboración y solidaridad… A primera vista no se entiende muy bien por qué reaccionamos así ante estos hechos y seguimos impávidos, insensibles, ante el hambre, la miseria, la injustita, la pobreza y la enfermedad que nos rodea, siendo causa mucho mayor de muerte y sufrimiento de los semejantes. A parte del impacto que suele aparecer en una situación de catástrofe aguda, de algo que se presenta de golpe y que lleva a la pobreza a quien tenía antes riqueza o bienestar, también influyen otras cuestiones, como, por ejemplo, la habituación a vivir con la desgracia de otros, a aceptar la injusticia, la pobreza y la miseria de seres que nos rodean. Es terriblemente inhumano y, para mi, cruel, sensibilizarse ante situaciones como esta y no hacerlo ante las situaciones cronificadas, que son mucho más nefastas e infames.

Sin que se me entienda que procuro quitar importancia a los hechos de Japón, pretendo que se me comprenda en la apreciación de que el sujeto se mueve por emociones, ciertamente, pero que estas están más orientadas a su propio beneficio que a cualquier otro. Pienso que el factor proyectivo cobra suma importancia en estas vivencias solidarias, de identificación con el damnificado, en el convencimiento de que esta circunstancia puede llegar, dado el caso, a ser vivida por nosotros mismos. Al fin y al cabo, el japonés, con su cultura de bienestar, con sus adelantos y formas de vida, está más cerca de nosotros que los subsaharianos, que los haitianos y todos los crónicamente pobres…

¿Nos solidarizamos más con Japón porque son de nuestra clase, de nuestra gente, de nuestro sistema funcional, de los que un día podrán ayudarnos también a nosotros? Entonces, esta solidaridad tiene más de inversión y de interés que la otra, que es altruista, generosa y filantrópica, a la par que esta es, como decía antes, más proyectiva, de mayor identificación en el fondo y en la forma con el damnificado. Alabo el interés que ha despertado el hecho, la disposición a la ayuda y al apoyo para paliar los males y el sufrimiento, pero no dejo de pensar que nos mantenemos al margen, en el día a día, de otros muchos dramas del mundo, tanto o más importantes, por hacerse nuestro corazón impermeable al influjo de una realidad que se convirtió en hábito. Será que la televisión, y los medios de comunicación, mueven nuestras emociones y las dirigen a aquellos lugares que más pueden interesar a no sé quien… o sí lo sé, pero me callo.

La tierra llora, la tierra tiemble, la tierra exige, la tierra se adapta y configura, la tierra es un equilibrio biofísico que se escapa a la fuerza del hombre, pero no debe escaparse a la razón y al sentido común. La tierra sobrevivirá al hombre; es más lo eliminará antes de sucumbir ella, pues su mecanismo de defensa consiste en hacer la vida imposible a quien le agrede como la estamos agrediendo, en eliminarlos aunque sea mediante procesos biostáticos. La tierra es un gran sistema y su capacidad homeostática es increíble. Nos dejará sin recursos para subsistir y otras especies tomarán el protagonismo para vivir en equilibrio con ella. La tierra es un paraíso si sabes cuidarla y vivir de ella. Ella nos da vida, alimento, oxígeno y todo tipo de recursos, pero si no sabemos administrar sus potencialidades sucumbiremos.

Finalmente, querría hacer una última reflexión: ¿Cómo queremos que el comportamiento de la tierra sea políticamente correcto, si la maltratamos? No soy de los que defienden la unicausalidad, sino que más bien, soy partidario de la pluricausalidad, dada mi concepción sistémica de la vida, pero sí hay causas con más peso específico que otras. ¿Habéis observado qué pasa cuando a una pelota rota se le aprieta en un punto? Los bordes rotos se mueven por la presión ejercida en ese punto… En China se ha construido la famosa Presa de las tres Gargantas. Tiene una capacidad de 300.000.000.000 metros cúbicos de agua. Si entendemos que un metro cúbico de agua pesa una tonelada, colegiremos que se han colocado sobre la superficie de la tierra, en un punto de 600 km2, la friolera cantidad de trescientos mil millones de toneladas, sin contar los 28 millones de metros cúbicos de hormigón, solo en la presa del Yangtsé… Y yo me pregunto: ¿Cómo afecta esto a la corteza de la tierra? ¿No estaremos ante un fenómeno de movilidad o ajuste de esa corteza empujada por ese peso y por los vacíos de las bolsas petrolíferas? O sea, un reajuste natural de la física que mueve el equilibrio cósmico.

Pues bien, si a esto añadimos la combustión de oxígeno, las emanaciones de tóxicos ambientales, la contaminación de aire, ríos y mares, el deterioro de la capa de ozono, la extracción de fuel y gases, la eliminación de bosques, etc. ¿Cómo podemos pretender que nuestra madre tierra nos sea fiel? No sé, puede que esté divagando, pero al pensar no es bueno dejar ningún cabo suelto. Mi déficit de conocimientos en la materia puede que me haga interpretar anómalamente las evidencias, pero si uso mi capacidad de razonar, con base en mi poca sapiencia, llego a estas conclusiones, si alguien me aclara lo contrario se lo agradeceré… Mientras tanto seguiré pensando que si el ser humano no toma conciencia de su insoportable levedad, y la hace soportable, va abocado al fracaso.

31 comentarios:

Anna Jorba Ricart dijo...

Antonio gracias por dejar tu comentario.
Tienes toda la razón y suscribo lo que has escrito.
El deterioro de nuestra naturaleza es evidente y ella pasa factura.
En algún comentarista he leido que es como poner el coche en manos de un inconsciente, que transita bebido, distraido e irresponsablemente...entonces sobreviene el accidente y lo peor con victimas que no tienen la menor culpa, con victimas inocentes.
En esta tragedia de Japon, aún queda mas calvario que pasar,hay fugas radioactivas que se van desprendiendo...eso tráerá mas enfermedad, más dolor....
Además, te digo, que esa inmediatez en las noticias, en las imagenes...nos hace más frios ante tanta desgracia.
Da pena ciertas actitudes del ser humano.
Recibe mis saludos.

m.eugènia creus-piqué dijo...

Te dejo un abrazo.

Cayetano dijo...

Muy buena reflexión, fruto de los acontecimientos, del raciocinio y también del temor a un futuro incierto.
Creo que estamos al final de un ciclo. El mundo dentro de no mucho cambiará. No sé si para bien o para mal, pero esto es insostenible.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Para ser un comentario a vuela pluma tocas todos los mimbres tocables. Como suele ocurrir comparto contigo tu reflexión.
Un abrazo.

emejota dijo...

Absolutamente de acuerdo,somos hormigas y nos creemos aguilas reales. Estamos encerrados dentro de nuestra naturaleza y duele mucho ver sus consecuencias. No se podría describir mejor Antonio. Un fuerte abrazo.

emejota dijo...

http://news.sciencemag.org/sciencenow/2007/08/01-01.html

Te dejo este enlace.Otro abracete.

mariajesusparadela dijo...

Cuánto tenemos que aprender...

RGAlmazán dijo...

Seguramente el hombre es el único ser vivo que es incapaz de cuidar su morada. Que piensa en su soberbia que la naturaleza está a su servicio, de cualquier modo. Que es dueño del universo y que puede hacer con el planeta lo que quiera.
Sólo es capaz de ver su vulnerabilidad cuando ocurre una desgracia como la de Japón, pero se le olvida en seguida y sigue creyéndose con capacidad para hacer y deshacer a su antojo, creyendo siempre que podrá dominar todas las situaciones.
El día que nos demos cuenta de nuestra fragilidad habremos dado el paso para entender que somos sólo una parte pequeña, muy pequeña, del engranaje total del cosmo, y como tal, nuestra levedad es mucho más grande que nuestra soberbia.

Salud y República

Jose Vte. dijo...

Somos muy pequeños y nos creemos dioses. Solo queda confiar en que el mundo recapacite hacia donde va y cese en su locura.

María dijo...

La reacción de la naturaleza nos parece exagerada y caótica, sin embargo, el abuso que los hombres hacemos de ella nos parece de lo más proporcionado.
Sí Antonio, somos soberbios.
¿Desde cuando se está devastando la selva amazónica? y sin embargo seguimos comprando maderas exóticas sin preguntarnos de donde salen.
Suma y sigue...

Común dijo...

Hola!!!!!
Los seres humanos, somos egoístas y por suerte nos hemos dado cuenta (algunos), tengo patrones que siembran soja en gran parte de Argentina y como no les alcanza la riqueza aquí, se fueron a desforestar Brasil para seguir sembrando soja allá, y el otro día vi como llevaban a 7 personas, como una especie rara, como si lo llevaran al zoológico, eran 7 seres humanos encontrados en la selva amazónica, 7 últimos de su pueblo…..ABAROS!!!!!¿Para qué???

Buena semana y un abrazo de oso.

JUAN dijo...

Cuando vi hace tiempo un video sobre la construcción del embalse chino al que aludes ya sentí miedo al pensar lo que sucedería si hubiera un terremoto. En la escuela de Málaga en que estuve había un compañero superviviente de Ribadelago, en Zamora, un pueblo que arrastró el agua al reventar la presa.

El Hombre es tan irresponsable que se autodestruirá a no tardar mucho. Cada veinte o treinta años se duplica la población mundial y si somos incapaces de solucionar las necesidades actuales sin poner en riesgo al planeta, no me imagino lo que será cuando la población mundial alcance los 12 mil millones.
Antonio: tiemblo ante las consecuencias del escape nuclear en Japón, la nación que contaba en las centrales con las más altas tecnologías en la materia.
¡Y aún vienen a convencernos de la bondad de la energía nuclear algunos políticos españoles!
Un abrazo

Myriam dijo...

Porque la maltratamos, se está vengando... y ¡cómo! ¿Se la puede culpar?

Leves somos, también idiotas o soberbios, que es lo mismo.

Un abrazo

ana dijo...

muy buena entrada, estamos maltratando el planeta tierra y lo peor es que lo sabemos, nos estamos volviendo insensibles, y la tierra nos responde llorando.

Un abrazo.

LUNA LLENA dijo...

Antonio, ¿Sera que la Tierra nos devuelve los golpes?
Aunque el futuro cercano es incierto, sera mejor no tener miedo,
mirar de frente la incertidumbre que nos envuelve.
Sí, es verdad, somos tan malos tan estúpidos como nos describes en tu escrito.Pero tambien somos valientes, luchadores, generosos, alegres, el amor puede salvarnos. Podemos cambiar, ser mejores personas con pequeños gestos cotidianos, de entrega y solidaridad, en nuestro entorno, en silencio siendo menos egoistas para salvar, a nuestra Madre Tierra y si es necesario, volver a los tiempos de nuestras santas abuelas: puchero para todos y a lavar al rio.

Esa gentuza que dirige el Mundo, ¿Todabía seguira creyendo que a ellos no les afectara la radioactividad?

La levedad del ser, es justa y necesaria. Un abrazo

Antonio dijo...

Anna, por desgracia estamos poniendo el coche continuamente en manos inconscientes, o de quien pensamos que sabe conducir, cuando está demostrado que no saben hacerlo, pero es más fácil que lo lleve otro, sin implicarnos. Al final, o nos sacamos todos el carnet y conocemos las normas de circulación de verdad o seguirán manipulándonos los que conducen.
Un saludo afectuoso


Gracias Geni, otro gran abrazo para ti y espero que todo vaya bien.


Es verdad Cayetano, se da el temor ante la incertidumbre. Si supiéramos hacia dónde vamos podríamos tomar medidas para reconducir la situación, pero creo que, aún sabiendo que estamos al final de un ciclo y que todo cambio genera pérdidas y ganancias, andamos con la duda, el estrés y el temor a qué vendrá.
Saludos

Antonio dijo...

Gracias anónimo… o debería decir Sergio o, tal vez, Eloy.
Un abrazo de todas formas.



Que bien, emejota, lo has clavado. Somos hormigas y no sabemos del poder de las hormigas cuando se juntan y organizan, aunque lo veamos. La naturaleza nos enseña día a día como comportarnos, pero no le hacemos caso y queremos dominarla, estrujarla y explotarla. Torres más grandes han caído y este sistema tiene los días contados, lo malo es que nos arrastre con él.
Un abrazo y voy a visitar el link que me pasas.



María Jesús, tu frase denota tu actitud y tu sapiencia. Si partimos de que hay mucho que aprender quiere decir que estamos en disposición de hacerlo, lo malo es que nos cerremos en la soberbia.

Antonio dijo...

Rafa, creo que la prepotencia y la soberbia del ser humano le cierran la visión del entorno y pierde la razón, que es la capacidad sublime que tenemos. Estoy de acuerdo contigo en que nuestra levedad es mucho más grande que nuestra soberbia, pero eso solo lo veremos cuando no tengamos esa soberbia que desprecia la levedad, aunque parezca una incongruencia.
Saludos


José Vte. creo que de esa recapacitación que refieres puede salir otro nuevo espíritu de los tiempos, otra forma de ver el futuro y de afrontar, organizar y vivir la vida. Tal vez ahí esté parte de la solución a esta situación tan compleja.




María, la tierra tienes sus tiempos, su física y normas de funcionamiento para mantener el equilibrio, para dar asentido a la vida integral de todo el ecosistema. Sino tenemos conciencia de ello seremos los más idiotas de los seres que se crearon.

Antonio dijo...

Tu relato, amiga Común, deja claro la necesidad de un egoísmo solidario. Ya sabemos que el egoísmo no se puede erradicar, pero si racionalizar y dar a comprender a la gente que desde la alianza y el respeto hacia todo el entorno sobreviviremos como especie.
Buena semana también para ti en esa última etapa del verano austral



Es verdad, Juan, creo que esa pasada de embalse es un reto más a la propia naturaleza que mantiene el equilibrio en su corteza terrestre, incluido el peso que soporta.
Ahora, tras el desastre de Japón se vuelven a cuestionar las centrales nucleares. Europa quiere hacer pruebas de estrés, controlar y cerrar algunas de ellas, cuando hace unos días hablaban de prolongar su vida. Se mueven por impulsos.
Hay energías alternativas, limpias, pero son más caras y eso, en un mundo mercantilista, donde el consumidor, o sea nosotros, no anda por la labor de pagar más por esa energía para mantener el sistema ecológico, tiene menos futuro salvo que un a catástrofe nos abra los ojos.
Un abrazo

Antonio dijo...

Myriam, la tierra es un sistema en equilibrio y si se le da un empujón por un lado se va para el otro y luego se reajusta… es como un péndulo, si le das fuerte para allá puede que a la vuelta te dé en las narices.
Con respecto a los seres humanos quien mejor que tú para conocer su conducta. Podemos ser tanto sabios como idiotas, pero no ambas cosas a la vez., aunque convivamos sabios e idiotas, parece que van ganando los idiotas, que son los soberbios. El sabio es humilde porque conoce sus limitaciones.

Un abrazo



Ana, de momento la tierra llora, pero cuando se cabree de verdad y aparezcan los cataclismo de un reajuste geoestático, todo será distinto, Los terremotos, las inundaciones, ciclones, deshielos, etc. será un caos y no nos dará tiempo a hacer el ajuste evolutivo necesario.
Un abrazo

Antonio dijo...

No Luna Llena, el miedo no es bueno, nubla la razón como bien sabes y ante estos momentos, si hace falta algo es esa razón, esa capacidad de pensar en cómo podemos salir de esta situación para encontrar sentido a una vida humanista y no tan consumista.
En estay sociedad, donde convivimos estúpidos, soberbios, valientes, luchadores, etc… dependemos más de cómo sea el jefe de la manada que de otra cosa. Si ponemos a un jefe inteligente y capaz de comprender y luchar iremos bien, pero si colocamos a un estúpido servidor de intereses espurios, la cosa tiene mala salida.
Un abrazo

Sergio dijo...

Deberías decir Sergio. Pero es que Sergio todavía es torpe con esto. Se ve que me despisté y elegí anónimo en lugar de nombre.
Espero ir enmendándome.

Ana Márquez dijo...

Como bien dice uno de mis "comentaristas", la "madre" Tierra se ha gastado estas bromas con quienes la habitan desde mucho antes de que el hombre comenzara a maltratarla. Es madrastra, no madre. Y tiene una mala uva que asusta.

Mi respeto hacia las víctimas, mi dolor y mi esperanza en que el sol acabará saliendo.
Y a ti el beso grandote de siempre :-)

belijerez dijo...

La solidaridad, su concepto primigenio se ha pervertido por el capital, el afan acumulativo de muchas personas.
En cuanto al peso "sobrebio" que ha tomado China con sus gargantas acuiferas, a ver quién es el guapo que la pone ahora a "dieta".

En Japón conviven dos máximas; Mementum mori (Zen) / Carpe Diem (capitalismo) dificiles de conjugar, en mi opinión.
¿Cómo se puede ser inteligente obviando nuestros limites, humanos físicos y psiquicos? ¿Cómo se puede ser inteligente para desarrollar la energía nuclear y no asumir sus propios limites?

El capitalismo comenzó con la industrialización, siguió con la comercialización tomando fuerzas y llegó al auge y la euforia con la financiación pero ha llegado el limite, ahora qué. Incluso los que hayan acumulado más capital tendrán su limite, han de aceptarlo.

¡Cúal será entonces el límite psíquico para el que estamos preparados?

Saludos esperanzados?¿?

Isabel Martínez Barquero dijo...

Cuánta sabiduría en tu escrito, querido Antonio.
Lo subrayo entero, porque estoy contigo y suscribo tus reflexiones.
¡Es hora de cambiar!
Un fortísimo abrazo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Ah, se me ha olvidado comentarte que varias ideas y palabras las hemos usado los dos de igual forma. Me ha resultado curioso y muy reconfortante. Miramos con los mismos ojos.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

qué ganas de levantarme con ganas de escribir y comunicarme como tú antonio... un abrazo enorme

Antonio dijo...

Lo siento, el día 17 me fui y os dejé plantados. Lo comprenderéis indudablemente, pues el 19 se cumplía nuestro 37 aniversario de boda y, a mis taitantísimos años no conocíamos París. Creo que era un buen momento para visitarlo. Así que decidimos tomar el avión, volar a Charles de Gaulle y patearnos la ciudad durante cuatro días. Si acaso me da tiempo colgará una entrada con fotos para contar la experiencia.

A veces, querida Ana, me da la sensación que la madre tierra, o madrastra como tú le dices, lleva su rollo, su vida y marcha, su ajuste a la evolución… Nosotros acabamos siendo unos bichitos que se han criado y la han infectado. Esos bichitos, que podrían vivir en ella sin grandes problemas, se acaban reproduciendo a gran escala y gastan demasiada energía y recursos. Al final, en una de esas sacudidas que da de cuando en cuando, se acaba llevando por delante muchas cosas y gente… Supongo que la vida de este sistema es así y siempre lo será hasta el final de los días.
Un beso


Gracias, Belijerez, por tu comentario, que comparto en gran medida. En cuanto al límite psíquico creo que llega bastante más allá de lo que pensamos, pero lo que no sabemos es en qué circunstancias. La respuesta del ser humano ante lo desconocido sigue siendo desconocida, pudiendo ser previsible o no…

Sí, saludos esperanzados, sin interrogante…

Antonio dijo...

Para mí, querida Isabel, es gratificante esa coincidencia en el pensar y más aún en el propio uso de las palabras. Como te dejé en tu blog, Tu verso y mi prosa son complementarios, dos formas de expresar una misma idea y de llamar la atención sobre esa nimiedad que queremos convertir en soberbia.
Un abrazo esperanzado


Mª Ángeles, somos ciclotímicos por definición. Unas veces andamos más cargados de energía, voluntad y positivismo y otras no. Todo es cuestión de proponérselo y empezar, tal vez podamos aplicar aquello de el comer y el rascar todo es empezar… ¿Por qué no incluir el pensar y escribir?
Un abrazo cargado de energía

José A. García dijo...

Tal vez haría falta cambiar la pregunta y en lugar de dudar sobre la levedad o no del ser humano, tendríamos que preguntarnos sobre la validez del ser humano hoy, en pleno siglo XXI y que continúa comportándose de la misma forma que hace mil, dos mil o tres mil años. Como si el progreso de la tecnología nos hiciera involucionar como personas sociales e individuos.

¿Tendríamos que volvernos todos eremitas?

Saludos

J.

Anna Rossell dijo...

Gracias por este reflexivo artículo, Antonio. Una frase me ha parecido la que más condensa lo que desarrollas: "lo que hicimos fue crear un dios para justificar nuestra propia soberbia, un dios a nuestra imagen y semejanza". Es esta arrogancia humana la que nos pierde. Como tú creo la tendencia de "progreso" -Walter Benjamin fue muy clarividente en este sentido- que desde siempre tiene el ser humano lo aboca al desastre. Y no es que crea que todos los seres humanos somos iguales en este sentido, pero sí lo es una minoría poderosa y activa, que marca la pauta de la Historia de todos. Ellos son los que hacen más ruido, los que conducen el destino de todos, ellos definen el sistema en el que estamos inmersos todos, unos como motor, otros a la zaga; porque lo que está en juego es todo el planeta y hasta puede que más que eso. Pero la naturaleza es sabia y cuando no puede más dice basta. Si la especie humana logra sobrevivir a su ademán autodestructivo será porque el día que todo explote alguna pareja quedará y todo volverá a empezar de nuevo para repetir el mismo ciclo otra vez.
Otra reflexión que me ha gustado es esa que haces de que hay crisis estructurales que ya no nos conmueven, y lo comparas con la catástrofe de Japón... ¡Y qué razón tienes! Tan estructurales son que nos hemos hecho a ellas como si fueran de lo más natural... Y sin embargo hay quien vive cada minuto de su vida y de su muerte bajo el impacto de un tsunami (en el sentido metafórico, pero no por ello menos catastrófico). Y así nos va.
De nuevo gracias por la oportunidad de reflexionar sobre todo ello.