jueves, 6 de enero de 2011

Hablemos de la familia. (II)

(Continuación)

Por otro lado, en nuestra cultura la familia es una forma de aglutinar o tomar parte en un proyecto social de reproducción y colaboración de la propia sociedad, pero también lo es de buscar una forma de manifestar y cubrir la necesidad de compañía, de vivir con el ser amado y disfrutar de ese intercambio amoroso que produce el enamoramiento inicialmente y el amor. Aquí no importa, bajo mi opinión, que sea amor entre hombre y mujer, hombre y hombre o mujer y mujer. Lo que importa es el sentimiento y el deseo de compartir esa vida en común que enriquece el amor. Es una especie de alianza entre dos partes que pretenden su autodesarrollo y realización personal mediante un acuerdo convivencial de ayuda, llevados por un deseo que puede y debería acabar en amor, en contraposición al conflicto y al desencuentro resignado que se da en muchas parejas. El aspecto de la reproducción queda marginado por la posibilidad de adopción, como en cualquier otro caso de infertilidad o de voluntad hacia el hecho adoptivo.

Ahora bien, sin entrar en la génesis y completo análisis antropológico que plantea Engel en su magnífico ensayo sobre “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”, cuya lectura no debería eludir nadie, solo traigo a colación la familia sindiásmica que descubre entre los iroqueses y más concretamente entre los senekas. Ello viene a manifestar cómo una forma de estructuración social pretende dar continuidad a la tribu y garantizar la pervivencia de todos desde la solidaridad y la integración en la gran familia que define el grupo. En contraposición, en nuestra cultura, se establece un modelo funcional de familia basada en otros principios y valores, entre los que se encuentran la propiedad privada y la necesidad de trasmisión de herencia, así como la solidaridad interna y sentido de pertenencia de clase. Por tanto, la familia, tanto allí como aquí, pretende establecer una forma determinada de convivencia social, de crianza de los hijos y de adoctrinamiento en el proceso de socialización que garantice la pervivencia cultural, lo que implica el conflicto continuo cuando la evolución de esa sociedad es dinámica y de un desarrollo material e intelectual progresivo. La negación de esta evidencia es poner freno a la evolución del conocimiento y al desarrollo humano; o lo que es lo mismo, poner palos en la rueda de la propia evolución humana.

Por tanto, siendo respetuoso con los principios y valores de los actores, la formación de la familia debe surgir de la voluntad libre de dos o más sujetos que deciden acogerse a esa forma de estructurar su convivencia y, según la cultura y las leyes, integrarse en la sociedad. Si bien la monogamia, poligamia, poliandria, monoparentalidad… son formas de entender los integrantes del llamado holón parental; y la heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad… son formas de vivir la sexualidad, mi duda está en si no debería primar la voluntad de las partes y no ser el estado o la religión quienes determinaran por ley cual o cuales son las formas permitidas y las proscritas. En todo caso establecer los límites es una función del conjunto de la ciudadanía mediante las leyes que emanan de sus instituciones representativas y desde el respeto a la libertad que consagran las constituciones democráticas.

En otro sentido, estamos acostumbrados a valorar las actuaciones de los demás en función de nuestras propias percepciones y principios, como es lógico, pero eso es una malformación que nuestra sociedad y nuestros principios religiosos ha ido instaurando a través del tiempo. Se ha sobrepuesto el criterio propio al ajeno hasta en los asuntos que afectan al otro en exclusiva, por entender que nosotros somos los que estamos en posesión de la verdad, siendo los socialmente integrados. Es decir, queremos someter a los demás a los criterios propios, incluso, en aspectos que les afectan prioritariamente a ellos, hasta cuando son de su afectación exclusiva. La moralidad la vamos imponiendo en una sola línea sin dar chance a otras conductas que pueden ser consideradas morales en otras latitudes. En esencia, el Estado debería garantizar la máxima libertad de sus ciudadanos siempre y cuando sus acciones no sean perjudiciales o lesivas para los intereses generales del conjunto de la ciudadanía, que está por encima de cualquier otra consideración.

Ahora bien, nótese que he dicho “voluntad libre” a la hora de establecer o crear la familia… por lo que entiendo que el concepto de familia debe ser tan amplio como dispongan los contrayentes, dentro de los razonables límites que establezca una ley civil donde prime la libertad sobre la imposición. Es más, todo ciudadano debe pedir a su gobierno que le permita, y no le impida o prohíba, ejercer o practicar aquellos preceptos que su religión o creencia le obliga, salvo que estos vayan en contra de los derechos humanos y/o sean aberrantes para esa sociedad, a la vez que le defienda de las imposiciones de otras ideas o creencias que no comparte.

Es aquí donde se plantean o justifican las críticas más severas a los propósitos religiosos integristas que pretenden generalizar sus convicciones a quienes no las tienen. Los planteamientos homófobos, cuando no paranoides, de la sorprendente declaración del obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, afirmando que la Unesco tiene un plan para "hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual", basado en un comentario que el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, del Vaticano, le había referido y que
transcribo de la prensa entrecomillado: “le había comentado hace pocos días en Zaragoza que la Unesco tiene programado para los próximos 20 años hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual”, no dejan de ser inconcebibles. Que te digan esto desde una institución que ha estado encubriendo casos de pederastia con prácticas de homosexualidad, no solo es un acto del más puro cinismo, sino que raya en el perjurio y el delito. Tampoco es presentable que un sacerdote, al amparo de la confesión, detecte grietas en la relación matrimonial de una señora y se aproveche de ello para llevarla a la cama y acabar dinamitando el matrimonio que defienden, o instaurar una infidelidad oculta en su propio provecho sexual, como algunos casos que conozco personalmente.

No deja de ser curiosa la involución de la iglesia desde el Concilio Vaticano II, arrumbando la generosa proclamación de la "paternidad responsable", que acordaron 3.000 obispos reunidos en concilio en Roma entre 1962 y 1965. Este fue el punto de inflexión y a partir de ahí se acomete contra estos planteamientos y la teología de la liberación, tan difundida y seguida por la iglesia iberoamericana, con la que yo siempre me identifiqué. Andamos echando de menos, en España, a religiosos como Tarancón y su valor para defender la religión sin someterse al poder, a la par que respete la diversidad de un estado aconfesional; al igual que, en Iberoamérica, a gente de la talla de Ignacio Ellacuría, asesinado a sangre fría. El primero es la antítesis de Rouco y sus adláteres. Evidentemente hay movimientos integristas que están condicionando la evolución del pensamiento religioso, que puede degenerar en xenofobia y marginación de otras creencias, no respetando la no confesionalidad del Estado o su laicidad. Es más, ahora, algunos, proclaman la génesis cristiana de Europa, cuando en realidad, Europa no es una invención cristiana ni está escrito que haya un único modelo de familia, eso lo sabría un niño de Primaria si se diera en las escuelas historia de las religiones de forma aséptica, en lugar de adoctrinamiento religioso.

Pero obviando estas cuestiones mencionadas, que les puedan dejar en evidencia, hay otro elemento primordial que se soslaya y que tiene una trascendencia singular y contundente en el proceso de desarrollo de los modelos familiares y su interacción específica. Me refiero a la evolución del modelo de rol en la pareja. Decía antes que hay tres elementos claves en la familia, los miembros que la conforman, el sistema de interacción o modelo relacional que define los roles de los miembros y la argamasa que le une. Pues bien, en este caso, el proceso evolutivo del modelo de rol ha sido importante e impactante en los últimos años. Todo ello es debido al cambio y la evolución social que se ha desarrollado en lo referente al papel de la mujer y la lucha por la igualdad. Para no entrar en mayores detalles, remito a mi post de febrero de 2009, titulada
“Ajuste de roles en la pareja” donde analizo más detenidamente ese camino transitado en los últimos 50 o 60 años. Es aquí donde me pierdo a la hora de saber a qué modelo relacional de familia se refiere la iglesia (aunque sí está claro el modelo estructural), porque si anda pensando en el que defendía en el pasado no muy lejano, donde la mujer no salía muy bien parada, solo me queda rechazarlo de plano, al menos para mí práctica familiar y para una sociedad moderna.

17 comentarios:

ana dijo...

el modelo de familia al que se refiere la iglesia es el suyo, por supuesto, una familia en la que la pareja está casada por la iglesia, que tiene los hijos que dios manda, que va a misa los domingos, que reza antes de comer, la que nunca se divorcie, la que siguen unidos hasta que la muerte los separe, y ese tipo de normas que según ellos toda la sociedad debería acatar, ni más ni menos.


Un abrazo

emejota dijo...

Muy bien "hablado". Lo único que tengo claro es que el concepto de familia, tanto sea por medio de procreación como de adopción siempre surge del corazón. Ahí es donde verdaderamente se siente a la familia, aunque no siempre coincidan las sangres o el ADN. Un fuerte abrazo.

Felipe dijo...

Una gran entrada,continuación de la anterior.Es cierto que dos seres humanos se quieren y se comprometen a vivir juntos desde su propia libertad,sin coacciones de cualquier tipo(familiares,ambientales,econónimca....).Desde esta premisa se pueda hablar de pareja que convive ya que las dos partes han otorgado libremente hacerlo así.

Esa debe ser la realidad y lo verdaderamente cierto,sin intromisión de cualquier tipo.

Si nos remontamos a tribus en el que las parejas son estimuladas, cuando no forzadas, hemos de convenir de que al carecer del libre consentimiento sin coacción de la pareja no hay verdadera familia porque el presupuesto del que se parte es la aboluta libertad plena de elección,en cualquiera de sus vertientes(hombre-mujer/mujer-mujer....)

Y rebatiendo los postulados de la Iglesia nos estaremos preocupando si la pareja es libre de actuar per se si sigue lo que ella dice.Claro que no es libre ya que les impone una carga añadida no buscada ni querida por ellos,ya sea en la cuestión de sexo,roles,divorcio,etc.

Termino diciendo como empecé:desde la libertad y con la libertad es la única forma que una pareja debe vivir y comportarse.Lo demás es una pura coacción que no se tiene el deber de soportar.

Saludos

Txema dijo...

Antonio, a la espera de la tercera parte, tengo una duda.

Estableces, con buen criterio, que sólo desde la libertad se puede organizar la convivencia en eso que hemos dado en llamar familia. Por cierto, eso sería extrapolable a los países, que no son en realidad más que la suma de muchas familias organizadas.

Por lo que no debería asustarnos, desde la libertad, que alguno de sus miembros quiera separarse de la gran familia.

Y, ahí, es donde quiero llegar. Ya te digo que es posible que lo aclares más adelante, pero, qué pasa con los que vienen a formar parte de esa familia sin una voluntad expresa. Es decir los hijos, naturales o adoptados, que entran en una mini sociedad sin que nadie les pregunte su parecer.

El problema es peliagudo, porque rompe los esquemas de formación de la familia "social" por mucho que nos empeñemos.

En realidad esas personas están durante mucho tiempo sujetos necesariamente al sistema que otros dos les imponen. En aspectos tan curiosos cómo qué deben comer y cuándo.

Pasado el tiempo, si quieren emanciparse, ¿dejan de formar parte de la familia y pasan a formar otra? O si prefieren no formarla ¿son una especie de apátridas sociales?

Si la respuesta es afirmativa llegarárimos a la conclusión de que la familia es una institución mutante, sometida al rigor del paso del tiempo e incluso de las actitudes personales.

Todo este rollo para decirte que creo poco en la familia como tal, y si en la relación interpersonal, dentro o fuera de ella.

un abrazo

Txema dijo...

En cuanto a la Iglesia Católica, lo único que hace es transferir su idea de una monarquía absoluta (El Vaticano) a los grupos sociales que llaman familia.

Nada que ver con el mensaje original del cristianismo, que precisamente, prescinde bastante del modelo de familia que se podría considerar tradicional.

Jesús, es lo más contrario a un hijo modélico: le larga de su casa, no ayuda a su padre en la carpintería, se rodea de gentes de escaso valor social, vive de la ayuda exterior y, en fin, es fuente de constante preocupación para su madre y sus hermanos que le llegan a considerar un loco porque se enfrenta al poder y ánima a otros a seguir esa línea.

¿Cómo puede la Iglesia hablar de esa sumisión nefasta al pater familiae? Es una desfachatez destinada a procurar el sometimiento al poder establecido, desde la más tierna infancia.

otro abrazo

mariajesusparadela dijo...

Propongo que a don Demetrio, dado su tamaño mental , pasemos a llamarle don Demilímetrio.

Antonio dijo...

Ana, para mí, además del problema de modelo estructural, está el relacional, que hace a la mujer sumisa al varón desde el espíritu del credo religioso, desde la génesis de Adán y Eva. Eva es propiedad de Adán, ya que fue hecha con una costilla de este… y eso duele… jejeje..
Me da la sensación deque a ti y a mi, al igual que a mucha gente de este país, el clero le tiene que decir bien poco, a no ser que quieran provocar en nosotros cierta sonrisa con sus impertinencias.
De vuelta andamos de donde ellos ni si quiera han ido.
Besos y hasta la próxima entrada si te apetece…

Antonio dijo...

Efectivamente, Emejota, es el amor y la voluntad de las personas las que definen el matrimonio y la familia, lo demás son intentos de interferir y manipular…
Un abrazo

Antonio dijo...

Pues estoy contigo, Felipe, el libre deseo de convivir en un proyecto común es la base de la familia… a partir de aquí empezamos a hablar.
Un saludo

Antonio dijo...

Txema, bajo mi punto de vista, no es comparable, de forma precisa, la familia y la sociedad, dado que la familia crea vida mediante los hijos y la sociedad solo articula la relación y la pertenencia por intereses entre las partes. Lo que sí es cierto es la integración de la familia en la sociedad y el proceso de socialización al que aludiré en la próxima entrada. El caso es que la familia procrea y luego se independiza el sujeto hasta formar otra familia diferente, como ya dirá, en función de su propia relación en ella. Se hace independiente cuando es mayor y en igualdad de condiciones, relativamente, con los padres, pues existe y continúa un vínculo familiar, aunque se definen los roles y los compromisos de cada cual.

Con relación a los países y su dependencia e independencia, creo que toda sociedad debería estar unida por la voluntad de las partes, entendiendo que la gran parte, el gran conjunto irrenunciable, ha de ser la especie humana, y la independencia no excluye de la responsabilidad y la implicación en el sostenimiento de la gran familia humana.

La familia es tan mutante como la propia sociedad, lo que pasa, bajo mi opinión, es que hay gente que se empeñan en que la sociedad no cambie ni la familia tampoco, para dejar las cosas en un estado primitivo, sin aceptar la evolución humana. Es que ellos, con el cambio pierden poder y eso duele…

También será interesante ver cual es el verdadero rol de la familia dentro de una estructura social como la nuestra. Eso merece otra reflexión amplia que me reservo para cuando termine esta, si no me desfondo, claro…
Un abrazo

Antonio dijo...

Creo, María Jesús, que para decir estas cosas y otras que se oyen por ahí han de tener el cerebro de un mosquito, a no ser que prevariquen, en sentido figurado.

almalaire dijo...

Tengo la suerte de conocer a tantas auténttias familias y tan diversas y que según la iglesia católica no lo son...Me ha gustado mucho el comentario de emejota, yo siento lo mismo aunque no podría decirlo igual de bien y también me ha gustado tu respuesta a María Jesús. Como soy una malpensada siempre creo que sí, que "prevarican", que no se creen lo que dicen, que lo siguen diciendo para que lo crean otros muchos, otros muchos en los que confían para no perder sus amplísimas parcelas de todos los poderes acumulados por siglos...Me dan verguenza, la verdad.

Un abrazo, Antonio

Txema dijo...

Espero con interés la próxima entrada, porque creo que me aclararán dudas.

un abrazo y gracias por la paciencia que demuestras con mis peroratas.

RGAlmazán dijo...

Habla de la familia quien menos la practica. Célibes que se alejan de ella, por su propia voluntad, pretenden darnos lecciones de cómo debe ser la familia, actuando de forma intransigente y admitiendo sólo el tipo de familia que ellos llaman "cristiana".
Tratan de imponer sus valores, lo han hecho siempre, desde las conquistas, catequizaciones, misiones varias --salvo la honrosa excepción de la teología de la liberación-- siempre han tratado de que todos acepten su "verdad", como la única. Su etnocentrismo dogmático les ha llevado a despreciar, atacar y perseguir a todos lo que no compartan sus valores.

La familia es una institución que hay que cuidar, es necesaria, cumple una misión de socialización, de protección y de convivencia que difícilmente puede cubrirse desde otros entes. Y los requisitos para formarla deben ser, la unión libre, la igualdad y la responsabilidad mutua de todos sus miembros. La misma libertad e igualdad debe darse en el caso de que alguien no quiera pertenecer a la misma o de su separación. La misión principal, no es la reproducción, como dicen los católicos, sino la voluntad de convivencia en libertad, siendo la reproducción una consecuencia de la misma, elegida de forma voluntaria.
De las formas de familia, pueden ser de todo tipo, siempre que se dé la libertad e igualdad entre sus miembros.

Salud y República

Antonio dijo...

Almalaire, creo que hay que ser consecuente. Si no soy creyente no debo casarme por la iglesia y no debo bautizar a mis hijos. Eso está muy lejos de formar una mala familia, pues es el corazón, el sentimiento de amor, el que nos une y no otros intereses. Nuestra cultura está llena de casamientos por intereses económicos y de otro tipo…
Un abrazo

Antonio dijo...

Efectivamente, Rafa. Creo que ellos, al definir la familia cristiana están excluyéndose, en gran medida, del concepto de familia como unidad social y se refieren al grupo ideológico de poder, por lo que intentan captar y engordar el propio grupo para sumar más poder e influencia para sus ideas.
Entiendo que la pérdida del enfoque que planteó la teología del a liberación ha sido una marcha atrás de la iglesia y su propio credo. Pasar de entender e instrumentalizar la religión como un ente alienante no es lo mismo que concebirlo como liberador y acercarse a las propias teorías marxistas. Ese conflicto fue mal resuelto, máxime cuando llegó al poder un anticomunista polaco.
Yo entiendo que el matrimonio es una opción libre que afecta, por encima de todo, a los interesados…
Un saludo

Celia dijo...

¡¡Hola!! Me llamo Celia y tengo 14 años, veréis, en 3º E.S.O., se da Educación para la Ciudadanía. En temas anteriores, hemos hablado de la familia, y de hecho, el otro día nos evaluamos de este tema. El problema viene porque mi profesor y yo entramos en una conversación y nos enfrentamos un poco. Él dice que dos personas del mismo sexo no pueden formar una familia, solo forman una familia , un varón con una mujer y sus hijo. Es curioso, yo me empeñé en decirle que no, que también pueden formar una familia personas del mismo sexo. Me ha dicho, que si eso es así, que para mi próxima clase lleve argumentos de por qué dos personas del mismo sexo pueden formar una familia, ya que él dice que una eso no es una familia, que eso se llamará de otra forma.