viernes, 11 de diciembre de 2009

La guerra justa.


Qué sarcasmo, qué osadía, qué cinismo, qué ironía. Aunque lo diga el presidente de USA en un acto tan solemne como la entrega del Premio Nobel de la Paz. ¡Hablar de una guerra justa, como si existieran las guerras justas! Nada puede ser justo si se trata de eliminar al otro, de someterlo, de aplastar su casa, su economía, su familia y su propia vida. Una guerra nunca es justa cuando truenas los cañones, cuando caen bombas cargadas de muerte y destrucción, cuando al amparo de una defensa legítima destrozamos al otro. En todo caso, los defensores de la guerra, podrá hablar de un mal menor para nosotros y mayor para el enemigo.

Sí, hay una confrontación (guerra) justa. Es la confrontación de la palabra, del verbo como motivo de convicción, del razonamiento como medio de entendimiento. La dialéctica constructiva, la que entiende de mentes abiertas, dispuestas a desarrollarse, a aceptar los argumentos del otro sin sentirse ofendidos, a beber de otras fuentes sin complejos, a reconocer los errores como instrumentos de mejora y evolución. Es la contrastación desde la humildad de la duda, desde la búsqueda de la verdad y el encuentro. Qué buenas armas la palabra, la idea y la razón, el discernimiento respetuoso desde la búsqueda compartida de la esencia de la vida.

A la primera le llamamos hacer la guerra, a la segunda le llamamos fabricar y vivir la paz. La primera se hizo siempre con violencia física y verbal, con latrocinio del botín, con la fuerza del sometimiento y la esclavitud, con la intención del beneficio económico de fondo, empobreciendo y humillando al vencido para enriquecerse el vencedor. La segunda se hizo con el respeto a la diversidad, con el uso de la palabra, con la disposición al entendimiento, con la mente abierta a nuevas ideas y razonamientos inherentes a la propia evolución. Entendiendo que la suma es más productiva que la resta, que las sinergias crean y las divergencias destruyen.

La guerra destruye, dispersa, separa, arrasa, enfrenta, empobrece, envilece, siembra el odio y el desencuentro.... En suma, deshumaniza montada en el caballo de la codicia y avaricia; al amparo de la soberbia del poderoso, crea fronteras y clases, margina al pobre y enaltece al rico. La paz, bien ejercida, acerca, comparte, desarrolla, crea, une, ama, comprende, empatiza y permite el flujo constructivo en beneficio de todos.

La paranoia, creada por la confrontación irracional, es mala en la relación social. Produce miedos, desconfianzas y reticencias que impiden el intercambio libre de ideas. La guerra se fundamenta en la paranoia y en la desconfianza sobre el otro, en pensar que lo nuestro es lo válido y lo demás es un error, en no tener la disposición receptiva que permita la permeabilidad de nuestra menta para enriquecerse con otras aportaciones, en codiciar lo del otro y arrebatárselo.

La historia fue fraguando nuestra cultura belicista. El poder de las naciones pasó por la imposición de su capacidad militar, por la autoridad de la fuerza. Para sostener esa cultura belicista se crearon mitos y leyendas, héroes ejemplares que dieron su vida en batallas épicas para defender al grupo, al pueblo o la nación. Murieron nuestros héroes matando a los héroes del enemigo. ¡Qué vileza! Nuestra capacidad de entendimiento, al amparo de nuestra inteligencia, fue nula y debimos dar paso a la brutalidad, eliminando la sutileza de la bondad humana y otorgando protagonismo a la malicia, la codicia, junto a los instintos más perversos del último y recóndito rincón de nuestra maldad. Claro, todo ello se hizo por nuestro bien y el desarrollo espiritual y económico de los pueblos vencidos.

Ahora le llamamos civilización. En su nombre se mata, se habla de derechos humanos, pero se los pasan por el forro. Las grandes ideologías, creadas y manipuladas por los poderosos, sostenidas por religiones creadas ex profeso y alimentadas por los medios controlados y amparados por el dinero del potentado, establecen las premisas para que el ejercicio de la muerte sea considerado un acto de heroicidad. Hemos creado un marco y, ese marco, delimita las normas y el sistema donde siempre gana el mismo y pierde el de abajo.

El uso del mal al servicio del bien. Podemos acometer la atrocidad más inimaginable, pero si es por el bien del grupo, todo está justificado. El fin justifica los medios, no nos engañemos. Si hay que eliminar herejes que disiente del dogma, se queman o eliminan. Si hay que masacrar a inocentes para aniquilar a un sujeto enemigo que se esconde entre ellos, se masacran... o mejor, primero se dispara y luego se pregunta. Si hay que dar un escarmiento, se da uno ejemplar. Nosotros somos lo importante. Es mucho más importante salvar la vida de un sujeto enfermo de muerte y dejarle vivir unos meses, pero que es de los nuestros, o que tiene dinero para comprar su cuidado, que salvar la vida de miles de niños hambrientos y enfermos en los países subdesarrollados, o en los guetos marginales de las ciudades de aluvión que se han desarrollado en el mundo al cobijo de la injusticia. Para eso están las fronteras que nos dicen donde está el límite de lo que nos importa, de lo nuestro.

Pero no lo olvides, los resortes del poder están en las manos de un grupo muy selecto. Es ese grupo que siempre dominó la economía, que potenció la sumisión y jugó a la ingeniería con las normas y las leyes, con la formación y la información para perpetuarse en el poder. Ese grupo cultivador del mediocre y el sumiso, valedor de las estructuras tradicionales para no perder su papel prominente. El dominante del sistema educativo y de los medios de comunicación para formar y modelar el ciudadano que les interesa. Para no salir de la cultura belicista y paranoica basada en la desconfianza de los pueblos y en la confrontación impositiva.

Pueden darle el premio Nobel de la Paz a quien quieran, el problema está en cambiar esta sociedad, sus principios y valores potenciadores de la belicosidad, por actitudes de aceptación y acercamiento, donde la confrontación constructiva de la palabra derrote a las armas, donde las ideas abiertas sean la amalgama de la estructura convivencial de toda la sociedad. Hagamos una educación para que la ciudadanía no sea manipulada por dogmatismo religiosos y políticos en beneficio de unos pocos. Pero eso sería hacerse el haraquiri ellos mismos.

Cogidos de la mano saltemos todos juntos desde la mediocridad, al idealismo utópico de un mundo mejor sin fronteras y sin poderosos que nos dominen y sometan. ¡Qué miedo me da mi pensamiento, que entra en colisión con mis intereses...! Nos tienen atados por el egoísmo desarrollado a través de la historia. No sé... puede que nos quedemos sentados en el sillón viendo el mundo y sus miserias por la tele... en el fondo es una película como tantas otras que han producido, aunque esta es con muertos de verdad, a los que, por suerte, no conocemos... ¿O son actores? Ah!, creo que deberé controlar y reconducir mi conciencia para comerme tranquilo el entrecot...

En todo caso, dejémonos de monsergas... TRABAJEMOS POR LA PAZ Y LA CONVIVENCIA, ESA ES UNA GUERRA JUSTA...

28 comentarios:

Abuela Ciber dijo...

Si estoy de acuerdo....pensamientos utópicos.

Saludos y buen fin de semana!!!!

m.eugènia creus-piqué dijo...

Totalmente de acuerdo con tu post, las mejores armas,la palabra, la idea, la razón....estoy en contra de todas las guerras, no llevan a nada que no sea tristeza, desolación, aniquilamiento, no se cuando el mundo entenderá esto y dejará de pelear por todo. Un abrazo.

SÍSIFA dijo...

Querido Antonio: adhiero con el alma: los afectos son las únicas armas que siempre servirán para salvar el mundo, empezando por nosotros mismos.
Un gran abrazo.

mariajesusparadela dijo...

Alguien dijo ya "No hay camino para la paz, la paz es el camino" y este impresentable lo ha olvidado. Y los que le dieron en premio también.
Cuántas guerras estúpidas en el nombre de Dios y la la Paz...y aquello de "no tomarás mi nombre en vano" ¿donde queda?

Anónimo dijo...

¡¡Encomiable,laudable,loable,aplausible,ponderable.!!
Excelente exposición del entendimiento entre guerra y paz.
Que nuestros gobernantes y nosotros hagamos eco de este pensamiento.

Lola Mariné dijo...

Eso de la guerra justa suena como la guerra santa...o sea,mal.
Y mira que me cae bien Obama, pero no creo que haya hecho méritos suficientes para que le den el novel de la paz y aproveche además para justificar la guerra en vez de buscar la paz.

Peter Pantoja Santiago dijo...

...Tengo que reconocer que cuando escuche el mensaje de Obama me he desconcertado por completo y me llevo a pensar en uno de mis escritos:

"La paz nunca será motivo de guerra"...

...Es una realidad lo que expresas, no hay guerras justas, las mejores armas en la vida son aquellas que se disparan con el corazón en plena facultad de una conciencia justa, como la igualdad en los valores de un pueblo, la lealtad a las cosas justas, la dignidad, la comunicación, entre tantas otras armas de dignidad.

Sin duda alguna; "La paz nunca será motivo de guerra".

Peter

Felipe dijo...

Decir guerra justa es cinismo
Decir guerra justa es querer vender las bombas en papel celofán.

Lo único justo es la palabra cuajada de dignidad

Lo demás son eufemismos de bombas,cadáveres,destrucción.

No a las monsergas disfrazadas de chicos buenos

Saludos

Belkis dijo...

Es difícil imaginar una intervención militar que no reciba el apoyo de sus promotores...
Pero al igual que tu Antonio no creo que existan las guerras justas, aunque en algunas casos puedan ser necesarias para la supervivencia de un grupo humano y, en este sentido, inevitable y, por tanto, no injusta, aceptando que lo inevitable nunca es injusto. Pero que una guerra no sea injusta no la convierte en justa: ninguna guerra es justa. No hay guerras de legítima defensa; hay, acaso, guerras en estado de necesidad.
La guerra es el retroceso del hombre a su estado instintivo, animal.
En todas las guerras mueren muchos inocentes, se vulneran los derechos fundamentales de muchas personas, y cuando esto ocurre no podemos en ningún caso aludir a la justicia.
La Justicia es el principio fundamental de la moralidad, virtud entendida como la aplicación escrupulosa de las normas que regulan las relaciones de los individuos o grupos de individuos en cuanto partes del todo social.
Gracias por tan interesante planteamiento. Un abrazo cariñoso y feliz domingo!!!!

JUAN dijo...

Estoy contigo en todo tu planteamiento, Antonio. El otro día sentí vergüenza al ver cómo le concedían el Premio de la Paz a Obama, el presidente del país más guerrero del mundo.
¿Controla la concesión del premio Nobel la llamada Trilateral?
La Asociación Americana del Rifle que, decide quién gobierna en Estados Unidos y en otros países, ¿decide también quién debe recibir el Premio para justificar los enormes ingresos de su industria armamentista?
Justifican la guerrra en defensa propia; pero quién atacó primero,quién destruyó Iraq con falsas pruebas, quién en realidad es el que se defiende del otro.
Para mí, el Premio Nobel, el más prestigioso de todos cuantos había, se ha devalorado tanto que hasta huele a cloacas.
Muy buena entrada.
Un abrazo.

Antonio dijo...

Querida Abu, la utopía tiene un componente asintótico incuestionable. Nos acercamos a ella, pero jamás la conseguimos. En todo caso es un objetivo, una guía, como la estrella polar que nos dice hacía dónde está el norte, al que no llegaremos nunca, pero haciendo el camino nos iremos acercando...
Un saludo afectuoso

Antonio dijo...

Geni, a veces pienso que la guerra se produce por la ira del fracaso como humano, por no ser capaz de usar la palabra para convencer, por querer tener más de lo que se tiene, por ... mil cosas que nos hacen recurrir a la violencia en lugar del verbo. No a las guerras...

Antonio dijo...

Bienvenida a casa, Sísifa. Los afectos y las emociones son los padres de las conductas. Si los cultivamos en positivo todo será diferente...
Un abrazo

Antonio dijo...

María Jesús, qué bonita y certera frase “...la paz es el camino”. Los cínicos que invocan a Dios y a la paz para justificar la guerra van tirando pelotas fuera para hacer de su capa un sayo, para sacar beneficio e imponer su voluntad, para ejercer el poder sin más. Es una utilización torticera...

Antonio dijo...

Gracias, Anónimo, aunque no sepa quien eres, solo saber que compartes la idea, nos acerca.

Antonio dijo...

Lola, comparto lo que dices. A mí también me cae bien dentro de su función política, pero de ahí a darle el premio Nobel de la Paz hay un abismo. Un premio como esté no se puede recoger justificando la guerra. Yo creo que ha perdido su identidad como premio de la paz.

Antonio dijo...

Peter, me gustó tu frase: “La paz nunca será motivo de guerra”. La paz se hace con el corazón y la razón, la guerra con la razón de los bolsillos...

Antonio dijo...

Sí Felipe, la palabra cuajada de dignidad... la dignidad que lleva al respeto y al encuentro entre iguales... lo demás son monsergas.
Saludos

Antonio dijo...

Querida Belkis, quien promueve algo siempre lo hace por su propio interés. El pueblo se lleva a la guerra, generalmente, contra su voluntad, engañados y manipulados, desenterrando sus instintos gregarios más paranoides hacia el llamado enemigo, que luego resultará ser amigo cuando se venza. Machacarán a la ciudadanía del otro lado, volarán sus casas, destruirán sus bienes y darán muerte al mayor número de gente posible, hasta hacerse con el control y el poder. Entonces, los culpables serán los derrotados y los vencedores los salvadores de no sé que cosa... ahora tendrán el poder para manipular y crear opinión sobre su bondad y la maldad del vencido.
Un abrazo

Antonio dijo...

Posiblemente tengas razón, amigo Juan. La trilateral y afines lo controlan todo. Crean opinión, manipulan con sus medios, chantajean al poder político o lo ocupan sin más, justifican lo injustificable ante el pueblo, usan todas las herramientas que nuestra sociedad pone a su alcance para atrapar a la gente en su proyecto social insolidario, para justificar los desajustes sociales y las diferencias, para mantener el estatus quo que les permita seguir ejerciendo su autoridad y llenar sus bolsillos con las industria de guerra y destrucción del entorno. No me quiero calentar más...
Un abrazo

lunallena dijo...

Antonio ten cuidado, van a ponerte la etiqueta de antisistema, ahora todo el que esta contra este sistema tan malo en el cual vivimos,se le margina como a un apestado y suelen ser estudiantes, economistas, sociologos,ecologistas, humanistas que viendo los efectos devastadores de la crisis actual declaran que el sistema es insostenible. El poder tiene al hombre actual amordazado. Vivan los pensamientos utópicos, la guerra no se puede justificar, este mundo es de los locos que lo mandan.Se necesitan nuevas Palabras e ideas, que lo cambien.

Gracias por tu post, es muy claro.

saludos

Circe La Hechicera dijo...

Querido Antonio, la guerra es un hecho condenable e injustificable desde cualquier punto de vista, el vencedor tiene una victoria vergonzosa, abominable. Si fallan las vías diplomáticas, donde se debería hacer un esfuerzo mayúsculo para evitar estos hechos, nos damos cuenta que la historia cambiará irreversiblemente con consecuencias negativas para todos. Tampoco estuve de acuerdo conque Obama fuera nominado al Nóbel de la Paz, no le veo méritos, sólo quizás el de crear un falso compromiso; mucho menos que su discurso estuviera a tono, con la grandeza del premio que estaba recibiendo. En fin, este mundo como que anda un poco distraido. Estoy muy de acuerdo, con tu opinión, una estupenda exposición. Que tengas una linda semana! Besossssss!!!!

Myr dijo...

No hay gerras justas, tan simple como eso.

Un abrazo

Elisa dijo...

Desde luego, el mundo está loco, loco. Pero en el peor de los sentidos. El Sr. Obama, con su nobel de la paz, haciendo un alegato a favor de la guerra justa; tratan de convencernos de que el fin justifica los medios, de que su fin es el fin legítimo, es un fin que nos interesa a todos. Y lo peor de todo es que a veces les creemos.
Hoy he visto en el periódico que Berlusconi ha sufrido una agresión durante un acto público. Por supuesto no justifico, ni lo haré nunca, el uso de la violencia, sea contra quien sea. Pero me resulta muy curioso que mientras Obama, un señor que supuestamente está en sus cabales, defiende el uso de la violencia cuando entre ellos lo consideran justo, la clase política italiana se ha apresurado a condenar el atentado contra Berlusconi, perpetrado por una persona que, según nos cuentan, sufre algún tipo de patología mental.
Por supuesto, la agresión a Berlusconi es un acto de violencia que "destruye, dispersa, separa, arrasa, enfrenta, empobrece, envilece, siembra el odio y el desencuentro.... En suma, deshumaniza..."; exactamente igual que la supuesta "guerra justa" de Obama.
Pero que distintas se ven las cosas cuando nos encontramos en el lado de las victimas, ¿no?
Son una panda de hipócritas.

Antonio dijo...

Amiga Elisa, solo me queda decir a tu comentarop: AMEN. Lo suscribo.
Un abrazo

Antonio dijo...

Querida Luna Llena, solo me preocupa que me silencien, que quieran comerme el coco y pretendan hacerme comulgar con ruedas de molino. En el fondo, hacerme un mediocre. Eso no lo toleraré.
Ciertamente el poder y el mundo del dinero es de ellos, pero el de las ideas nunca lo será, a eso le temen. A que las ideas cambie el mundo donde ellos pululan a su antojo y en su beneficio, como tú dices.
Un saludo afectuoso

Antonio dijo...

Amiga Circe, siempre suelo estar de acuerdo contigo, lo cual me gratifica. Pienso que el hombre tiene la inteligencia, la capacidad del verbo para comunicarse, la dialéctica y la argumentación para convencer y fraguar voluntades coherentes y constructivas. Esas son sus armas y esa es la base de la relación humana. Cuando se recurre a la violencia, a la guerra, se recurre al instinto animal que llevamos dentro y se deja el factor humano. La guerra como negocio es más vil aún. El problema es que el negocio de la guerra es una constante en nuestra historia. Ahora nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino. Necesitan el consentimiento de los pueblos para que sus votos no se pierdan, para que les apoyen en sus barbaridades. Eso quiere decir que se ha de justificar la guerra como mal menor... De todas formas, el ser humano es frágil y egoísta. Solo hace falta mostrarle un peligro real o imaginario y se plegará a su defensor sin condiciones.
Besos navideños

Antonio dijo...

Efectivamente, amiga Myr, la guerra es un acto injusto para intentar resolver otro acto injusto existente.
Un abrazo