sábado, 27 de diciembre de 2025

Año nuevo… el futuro incierto

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 27 DIC 2025 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/12/27/ano-nuevo-futuro-incierto-125159820.html


Inocentes seremos, por no decir necios, si no somos capaces de vislumbrar, entre la niebla del ruido mediático y de la posverdad, el terreno que pisamos

El futuro se fragua en el presente, en el hacer cotidiano, donde se va fundamentado o cimentando el edificio del mañana. / l.o.

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Siempre se le dio al fin de año una connotación de corte transversal en el proceso del tiempo, dando lugar al borrón y cuenta nueva; o lo que es lo mismo, balance del pasado y proyecto de futuro. En la segunda quincena de diciembre andamos sometidos a presiones. La propia Navidad, con su componente religioso y su exaltación de la bondad, de la amistad y de las buenas intenciones por encima de todas las maldades acumuladas a lo largo del año, nos incita al análisis, a la meditación sobre nuestra conducta y, lamentablemente, nos muestra lo poco de fiar que somos ante las promesas que la nochevieja anterior nos planteamos.

Debería ser normal, como se suele hacer en las empresas, realizar un balance para meditar sobre todo lo acaecido a lo largo del año y deducir fallos y aciertos, identificando los errores cometidos para mejorar el futuro y alcanzar nuestros objetivos de desarrollo personal. Es sobradamente conocido que de los errores se aprende, siempre y cuando se tenga conciencia de ellos y propósito de enmienda, como se solía decir ante la confesión de los pecados en mis tiempos infantiles; pecado que no deja de tener un cierto parangón con el error, al menos para mí que hace tiempo que dejé de creer en la concepción religiosa del propio pecar, supliéndolo por el de errar.

Un año de errores en demasía

Este año hemos errado mucho. Ha sido un año aciago donde la desdicha y la mala suerte se cebó con el mundo. Está marcado, indudablemente, por la llegada de Trump al poder en enero, a la presidencia de la primera potencia mundial, con todo lo que ello implica. En estos momentos vamos observando que no se sostienen y cultivan valores democráticos como el respeto, la empatía o la soberanía de los pueblos. Al parecer, en este caso, su conducta disruptiva y displicente, a veces descalificadora e insultante, nos está llevando a situaciones donde la solidaridad y el espíritu humanista brillan por su ausencia, dejando el derecho internacional más que cuestionado.

Por otro lado, la alienación nos desarma y nos hace frágiles ante las ideas ajenas, las de los líderes que nos abducen con su discurso vacuo, pero cargado emocionalmente para neutralizar nuestro espíritu crítico, tan necesario a la hora de mantener la libertad de pensamiento y una capacidad de decisión razonable, dejándonos llevar por la demagógica emoción que nos engaña.

El mundo en sí fue complicado siempre, porque el poder no tiene por objetivo el bienestar de la sociedad en su conjunto, de la humanidad global sin distinción alguna, sino el deseo de perpetuarse como gestor de los recursos en beneficio de los que lo ostentan y sus adláteres. Pero cuando, en nuestra sociedad, aflora el individualismo, la egolatría y los sentimientos megalómanos en los administradores responsables del devenir de la sociedad, junto a componentes sociopáticos, es decir, cuando no muestran un discernimiento entre el bien y el mal e ignoran, insensiblemente, los derechos y sentimientos de los demás, el pronóstico es demoledor.

La amenaza de la IA

Estamos en un momento crucial. El futuro lo ganará la IA (Inteligencia Artificial) y, con ello, quien la domine y controle. Parece que lo harán los magnates que andan al asalto del poder universal, con Elon Musk y sus colegas a la cabeza, perseguidos de cerca por los chinos. La lucha soterrada que se da en el mundo político, orquestada por el trumpismo, va por ahí y nosotros estamos en Babia. La IA será la herramienta del poder para controlar todo en ‘Un mundo feliz’ donde el Gran Hermano, desde su hipocresía, nos venderá que nos ama y nos protege de todos los males, siempre que obremos como alienados gregarios del sistema, sumisos súbditos del reino de la plutocracia, mientras él y los suyos disfrutarán de su especial paraíso, donde la robótica ejercerá la mayoría de las labores insertada en una toma de decisiones con la IA como protagonista.

No pretendo ser Nostradamus, ni mucho menos, pero conjugando los diferentes mensajes, que la visión de este crucial momento nos ofrece, y al amparo de un razonamiento abductivo (Charles Sanders Peirce le llama una conjetura), es fácil colegir hacía donde se nos lleva. Lo que hoy se ve como una distopía, puede ser una realidad en el futuro no muy lejano. No es necesario recordar que yo también tengo el pelo blanco, como diría MAR, y tres cuartos de siglo de vida a la espalda.

El futuro se fragua en el presente

El futuro se fragua en el presente, en el hacer cotidiano, donde se va fundamentado o cimentando el edificio del mañana. Los arquitectos que hoy lo proyectan, marcando el camino, saben lo que hacen para conseguir una sociedad en su propio beneficio. Las ideologías van muriendo, incluso los valores cristianos se difuminan en beneficio del codicioso poder, que ya perfila un nuevo mundo, un nuevo orden mundial basado en el darwinismo social que arroja de su esencia la solidaridad humana, la justicia distributiva, y acoge la ley del más fuerte como forma de imponerse en un mundo desigual o asimétrico.

Los especuladores hablan de la meritocracia, en contraposición a la discriminación positiva, cuando ellos juegan al juego de la bolsa, de la especulación y manipulación del mercado, al chalaneo, a las promesas y acuerdos de negocio por encima del factor humano desde su posición de privilegio. Los cambios que se van dando y que se darán producen vértigo. El ritmo trepidante que impone el proceso evolutivo de la ciencia y el conocimiento humano es espectacular y tremendamente peligroso; es un caballo cuasi desbocado del que poderes ocultos dominan la brida que lo conduce y orienta. La cuarta revolución industrial, la de la nanotecnología, la Big Data y la IA, puede llevar a la sociedad a la debacle o a la felicidad, según quién y cómo se gestione. Tal vez acabemos en un feudalismo tecnocrático, donde el poder lo ejercen los amos de la tecnología mediante un contrato especial con sus propios empleados, burlando el control del Estado y creando una situación de dependencia insalvable.

El libre pensar

He ahí la responsabilidad del ciudadano pensante, del espíritu libre y crítico con capacidad de análisis, sin sesgos confirmatorios y gregarismos a partidos o credos que acaben sometiéndolo ideológicamente. El futuro se escribe hoy, pero puede que se escriba con renglones torcidos si no aprendemos a escribir desde la libertad y el compromiso social con un proyecto humanista y solidario. La conjura del futuro poder se va fraguando y va engatusando a la gente con un discurso falaz de bulo y posverdad que, con su artificioso relato, atrapa al necio. Cuando el necio se suma a la conjura, esta asume más valor y dimensión, convirtiéndose en la conjura de los necios, porque sin los necios no se puede tener poder. La persona lúcida, librepensadora, no entrega el poder, lo delega y controla en un marco democrático, se reivindica soberano y nunca súbdito o vasallo.

Se nos presentan dos mundos, uno vertical y otro horizontal. En el primero el poderoso está arriba, con su espíritu demagógico elabora las ideas y ordena y manda desde el vértice superior de la pirámide, el de abajo obedece como cualquier músculo que recibe órdenes del cerebro, desde la sumisión consentida; en el segundo caso, las ideas surgen por doquier, en todos y cada uno de los ciudadanos libres y se articulan desde una voluntad de justicia social, se forjan sinergias que suman voluntades desde la libertad y el compromiso sumatorio, el intercambio de ideas se enfoca a la excelencia y desarrollo de la sociedad en beneficio de todos, con una actitud constructiva. Aquí la educación es determinante.

El 28 de diciembre es el día de los inocentes… inocentes seremos, por no decir necios, si no somos capaces de vislumbrar, entre la niebla del ruido mediático y de la posverdad, el terreno que pisamos y el sendero que nos lleva a esa distopía a la que me he referido. El ser humano tiene un compromiso dual, consigo mismo como individuo y con la sociedad como colectivo; articular y gestionar esa realidad, desde la racionalidad de su librepensamiento, es el reto de la libertad del que depende el futuro de la humanidad en su conjunto y del propio entorno que nos contiene.

¡FELIZ AÑO 2026, que los hados nos sean propicios!

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

Navidad de paz… sin guerra

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga, el día 20 DIC 2025 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/12/20/navidad-paz-guerra-124976341.html

En este mundo terrible, las guerras se hacen y deshacen a capricho e interés de los poderosos

Paz y guerra. / l.o.

Si eres pacifista lucha por la paz; pero si eres egoísta lucha aún más por la paz, porque la guerra puede llegar a tu casa y entonces ya será tarde.

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En estas fechas deberían fluir bellas palabras, versos, poemas de amor y solidaridad, canciones navideñas y villancicos que alabaran la figura y venida del Redentor. Deberíamos sentirnos felices de ver lo buenos que somos y las buenas intenciones que tenemos para el próximo año. Pero… el Redentor no nos redimió, fracasó en su empeño, y cada año seguimos demostrándole su error, el de su confianza en el ser humano, donde hasta los creyentes, sean de la religión que sean, se convierten a veces en violentos para defender su credo.

Desde hace más de 2000 años, en las religiones, convivió la bondad de muchos de sus fieles con la maldad de otros, de los tolerantes con los dogmáticos intransigentes, de los mesiánicos soberbios con los humildes y mansos. No sé si esto de la Navidad es cuestión de vivirlo desde un credo. Deberíamos usarla para frenar nuestra alocada carrera y, aprovechando el fin de año hacer, como todas las organizaciones, un balance, una reflexión profunda de cómo desarrollamos el proyecto que nos planteamos el año anterior... ¡MEDITAR! esa palabra ausente de nuestra vida, escasa si acaso, que deberíamos usar todos los días al menos durante unos minutos.

Promesas olvidadas

Pero puede que hayamos suspendido el examen, que es lo más seguro, que las promesas quedaran en el olvido, por lo que una vez más hay que tener conciencia de nuestra iniquidad como especie humana y, desde el pensamiento libre y analítico, volver a retomar la lucha para instaurar la paz y tantos otros buenos deseos, que vamos manifestando por estas fechas y quedan en el olvido nada más pasar el Rubicón del fin de año. Podemos cantar villancicos, alegrarnos por la venida del Mesías de los Cristianos, sumergirnos en ese mar de compras en el que se ha convertido este invento y lanzar a los cuatro vientos nuestros mejores deseos limpiando nuestra conciencia con ello. Borrón y cuenta nueva, a empezar de nuevo, porque ahora, de cara al próximo año, seremos mejores… Falaz argumento de una mente que solo busca el equilibrio de sus conflictos internos para lavar su conciencia.

Pero seguirán las guerras y la muerte a nuestra puerta y le negaremos el pan al que llama a ella huyendo del horror y la violencia. Nuestra paranoia nos confundirá el justo pensamiento y veremos, en el hambriento y necesitado, un integrista terrorista en potencia del que no nos podemos fiar. Le cerraremos la puerta para que no nos quite o use lo que es nuestro y lo dejaremos a la intemperie. Las viejas ideas de un populismo nacionalista totalitario y excluyente, al estilo fascista o nazi, van impregnando a Europa del rechazo al refugiado bajo la miopía del egoísmo.

Las guerras están lejos, se ven en la tele como una de tantas películas que se ruedan en marcos artificiales. Pero estas son reales, el llanto del niño le sale del alma, la sangre le brota, sus miembros destrozados son irreparables, su muerte en los brazos del padre es irremediable. El escenario es real y la guerra, ese maldito jinete del apocalipsis, salta de un pueblo a otro a capricho de unos señores, que ven la película desde sus despachos, que contrabalancean cómo va el negocio, si pierden o ganan. Hoy dan tiros allí y mañana allá, al otro podrá ser aquí. Si eres pacifista lucha por la paz; pero si eres egoísta lucha también por la paz, porque la guerra puede llegar a tu casa en cualquier momento y entonces ya será tarde.

La guerra, instrumento del poder

En este mundo terrible, las guerras se hacen y deshacen a capricho e interés de los poderosos, de políticas geoestratégicas que permitan el dominio de los pueblos y su sumisión a las grandes potencias. Cada vez queda más patente que la vida y el sufrimiento de la gente no importa. Los responsables de esas guerras consideran el padecimiento humano, la muerte y el dolor de los inocentes, como un efecto colateral ante su irrefrenable espíritu de conquista y dominio; como algo que se ha de pagar para conseguir sus objetivos. Pero es algo que pagan otros por ellos. La población civil puede ser sacrificada en el altar del miedo, del horror, que les lleve a sucumbir, a rendirse ante la desgracia y el mal que se les causa, donde el soldado que mata y muere es un mero peón manipulado, a veces ideologizado desde la alienación, para que ejerza de tropa e instrumento en el gran teatro de la guerra beneficiosa para las Corporaciones Internacionales.

Los Estados belicosos y los líderes obscenos y miserables que desprecian la vida ajena usan las armas cuando no son capaces de usar la palabra para el entendimiento. A este beneficio se suman aquellos que desprecian el respeto y tolerancia a los demás y, en su deshumanización, arrasan con todo hasta conseguir sus inconfesables objetivos, que no son el bien y la democracia de los pueblos, sino el dominio del mercado y de los recursos naturales.

Tal vez lo suyo sea la violencia porque solo con la violencia pueden arrebatar el poder y predominio de los otros, sostenido por las armas, para ocuparlo ellos y caiga quien caiga. Es el dominio desde el miedo, desde el temor. Se ha de ser temeroso del señor, del que manda, del que nos protege y nos dirige. Está en las escrituras el concepto del “Temor de Dios” como reconocimiento por sus obras, y a ello pretenden tender los tiranos y dictadores; es la ética del amo y del esclavo de Nietzsche… Así ha sido siempre y así será si no revertimos el proceso y cambiamos esta cultura del odio, de la violencia, del desencuentro, del robo de recursos y la eterna explotación del hombre por el hombre, del rico sobre el pobre, del fuerte sobre el débil, del malo y soberbio sobre el manso…

Me gustaría otro cantar

A mí me gustaría cantar bellos poemas hoy, versos de paz y alegría, de felicidad y esperanza. Qué lindo resultaría cantar al amor, a la justicia, al ser humano humanista y solidario. Cuanto me gustaría escribir versos de empatía y de respeto a la diversidad, a la tolerancia y a la libertad. Incluso versos de corte religioso con los angelitos que van a Belén, el pesebre, la mula y el buey y otras lindezas navideñas, aunque yo sea agnóstico.

Pero mis musas se han ido y esos versos no afloran, porque la sangre y el llanto del mundo, simbolizados en Gaza, Ucrania o Sudán, sellan mi boca. Solo surge un poema de dolor y llanto que, incontenible, va gritando a los cuatro vientos lo que está pasando. Tal vez en Navidad lo más oportuno sea pensar en qué mundo estamos creando, en que todos somos mundo y la única forma de cambiarlo es ir cambiando nosotros. Otro día cantare las alegrías de la Navidad, hoy canto el sufrimiento de la guerra porque las musas de lo bello, de la felicidad, me han abandonado dejándome este cantar:

Las musas se fueron, / puede que se fueran al ver este infierno. / Me dejaron solo sin verbo ni verso / con mente aturdida por tanto tormento. / Huyen de las bombas presas de su miedo / que la negra parca siembra sin remedio.

Los versos no fluyen ni encuentran aliento, / callan ante el llanto del niño indefenso, / se ahogan en sangre, en dolor y espanto / de la pobre gente que atraparon ellos. / Ellos, los que tiran bombas, / los que van matando sin remordimiento.

Y en cada despacho de los mundos libres / juegan a su juego / como siempre ha sido / al viejo negocio de ganar dinero.

Las musas se han ido / y yo lo comprendo, / porque hasta las musas / pueden sentir miedo.

Ojalá vuelvan las musas cargadas de bonhomía para cantar al ser humano desde la bondad y la empatía. ¡FELIZ NAVIDAD!... en paz y armonía, dentro de lo posible.




 

 

sábado, 13 de diciembre de 2025

La deslealtad americana

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado por el diario La Opinión de Málaga el día 13 DIC 2025 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/12/13/deslealtad-americana-124732113.html

Trump en una imagen de archivo

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Es curioso como el señor Trump habla de deslealtad de España por no asumir el gasto de un 5% del PIB en defensa. Se monta su película y desde su megalomanía delirante se otorga el poder de decidir e imponer el gasto presupuestario de los demás países de la OTAN, arrebatando la soberanía popular de los pueblos que, en un sistema democrático, son los verdaderos responsables de determinar sus presupuestos a través de sus representantes elegidos en las urnas para formar sus gobiernos.

Claro que pedir a este señor que se pliegue a la realidad de la multilateralidad es una ilusión, pues se ha otorgado el poder a sí mismo sobre todo el planeta mediante las amenazas y el chantaje, obviando el derecho internacional. Es capaz, sin despeinarse, de bombardear Irán en beneficio de sus protegidos, cosa que, por otro lado, ya ha demostrado en reiteradas ocasiones la política internacional belicista de los EEUU de América, con sus intervenciones en países soberanos, amparadas en bulos y mentiras, como fue el caso de Irak y sus armas de destrucción masiva, seguido por iluminados y visionarios como fue nuestro Aznar, que sigue en sus trece.

Deslealtad con Ucrania

La deslealtad norteamericana se ha manifestado con claridad en Ucrania. Alimentó el conflicto, junto a otros países europeos, prometiendo y enviando material defensivo al gobierno ucraniano, brindando ayuda incondicional hasta ganar la guerra y, al final, ante un cambio de gobierno en la Casa Blanca con la llegada de Trump, deja prácticamente colgado a Volodímir Zelenski tras la bochornosa encerrona que le planteo en su primera visita a Washington. Eso sí, quiere un acuerdo para disponer de sus tierras raras. Siempre pareció que la política exterior americana estaba por encima de los cambios en la Casa Blanca, pero ya han demostrado la escasa confianza que generan sus posiciones y alianzas en los tiempos actuales.

En todo caso, este señor muestra un claro interés, aparte de hacer grande a su país, con los magnates y sus empresas tecnológicas y armamentísticas, pretendiendo jugosas inversiones en el mercado bursátil y comercial bajo su control. Según publicaba Forbes el 10 de septiembre pasado: «Donald Trump acaba de tener el año más lucrativo de su vida. El presidente ahora posee una fortuna récord de 7.300 millones de dólares, frente a los 4.300 millones de dólares de 2024, cuando aún se postulaba para el cargo. Esta ganancia de 3.000 millones de dólares lo elevó 118 puestos en la lista Forbes 400, donde este año ocupa el puesto 201» (fin de la cita). Esto es un buen aprovechamiento del cargo y no los que se denuncian en España.

La Europa sumisa

Tras la contienda mundial, Europa, arrasada por la guerra, quedó a merced americana, ya que fueron los que ayudaron a vencer a las fuerzas alemanas en occidente, mientras Rusia fue artífice de la derrota del nazismo, con un coste de 20 millones de vidas de sus ciudadanos. Tras la contienda mundial únicamente el Reino Unido y Francia tuvieron posibilidad de desarrollar, con cierta garantía, una industria armamentística en occidente. Al someterse al paraguas protector americano, los países europeos hicieron dejación de funciones en el desarrollo de una política de defensa común, confiando en la lealtad de los EEUU en base a sus intereses económicos fundamentados en el Plan Marshall, que no solo pretendía reactivar la economía europea, sino crear un mercado para los productos americanos… o sea el negocio de la posguerra y la reconstrucción de lo destruido.

Europa se dejó casi colonizar a través de la OTAN y sus bases militares en territorio europeo, mediante un compromiso asimétrico donde los EEUU, al igual que Rusia en el Pacto de Varsovia, era el mandamás. Y en esas estamos. Ahora con un Trump que es un político grosero, pero avezado en el mundo de los negocios y sus triquiñuelas, ha cambiado el sistema de relación, dejando el respeto a un lado para establecer otro orden donde el poder descarado y chabacano, suple a la diplomacia en un entorno donde prima la imposición.

Trump es un negociante

Él quiere hacer negocios con todo, incluso con Gaza para convertirla en un resort de lujo sin importar demasiado el drama humano que conlleva. Trump no es un político, es un hombre de negocios, con todas sus consecuencias. Al menos en teoría, el político es un gestor público al servicio de la ciudadanía soberana, mientras él se ve como dueño del cortijo y obra como tal. Los valores clásicos de la democracia, que establecen un marco de referencia, están en juego porque estorban para sus fines. Sus desplantes a sus adversarios políticos, a los propios gobernantes europeos, y su desnortada y volátil estrategia hacen imprevisible su conducta, por lo que la confianza necesaria para una buena relación brilla por su ausencia.

Su exigencia del 5% del PIB en defensa no deja de ser una coacción para vender sus armas y levantar su economía maltrecha y amenazada por China. Si Europa se pliega a sus exigencias seguirá sometida e incapaz de independizarse. Los colonizadores históricos del pasado ahora son colonizados por su antigua colonia. Europa morirá si no se espabila, si no es capaz de defender sus intereses por sí misma. Además él ya lo vaticina, la ataca verbalmente y se permite decir que va por mal camino, que sus líderes son débiles y decadentes. Él, cada vez, se acerca más al estilo de Putin o de Xi Jinping, ambos países de raigambre imperial.

¿EEUU es de fiar?

Trump ya ha mostrado sus intenciones. Pretende hacerse con Groenlandia e intentará someter a Sudamérica a caballo de la Doctrina Monroe del siglo XIX, a la par que descolgarse de sus compromisos internacionales. Aquí aconsejo leer el libro de Eduardo Galeano: ‘Las venas abiertas de América Latina’ que tanta polémica creó en su día y la mantiene.

Europa es un gigante económico con pies de barro y a EEUU le interesa que los gigantes, potenciales enemigos económicos, caigan o se sometan para no hacerle sombra. Si Europa y Rusia se enfrascan en una contienda, ambas quedarán mal paradas. Los EEUU, una vez destrozada Europa, surgirán como hegemónicos en la hecatombe final, ese es su estilo. De momento las armas usadas por Ucrania ya empiezan a ser sufragadas por Europa, es el gran negocio americano… mientras tanto China vigila esperando su momento, sabedora de que todo imperio tiene un fin.

Si los EEUU son desleales con Europa negando la multilateralidad, esta debería reconsiderar su autonomía en política de defensa y su política internacional y, tal vez, sería conveniente alcanzar acuerdos con Rusia, como histórica potencia europea, para afianzar la paz en la zona en beneficio mutuo, potenciando el área euroasiática. Pero sigo creyendo que la historia de confrontación secular del viejo continente subsiste en el subconsciente de sus pueblos, anclada a los viejos odios del pasado.

Si Norteamérica abandona o acorrala a Europa, tendiéndole una trampa, como puede estar pasando con el caso de Ucrania al asumir el coste de las armas que le sirve América, todo puede acabar en una situación de conflicto con Rusia, con los EEUU sin asumir los acuerdos de la OTAN y dejándonos a los pies de los caballos.

El verdadero objetivo trumpista

EEUU pretende el control de América latina, como ya he comentado, y ocupar Groenlandia, así como mantener su poder de influencia en el Medio Oriente para frenar el dominio chino. Canadá es otra batalla que quiere ganar… Todo ello buscando el negocio del futuro, las tierras raras y los recursos que puedan seguir garantizando su hegemonía y su seguridad geoestratégica. Es su política de América First, el movimiento MAGA, sin importarle lo demás. La estructura de la UE podría caer y eso lo busca a través de sus aliados europeos, sobre todo de extrema derecha, hasta convertir a Europa en su satélite donde la ideología neoliberal se acabará cargando el estado del bienestar para imponer el modelo americano… y eso es allanar el camino a la plutocracia, o sea al gobierno de los ricos sobre los pobres, que deben acabar sometidos a la leyes de un mercado laboral donde el poder lo tiene el dinero y la especulación.

Es posible que Putin y Trump ya se estén repartiendo el mundo subrepticiamente. De momento podría estar ya pactado: Ucrania para Rusia y Venezuela para Trump.


sábado, 6 de diciembre de 2025

El insulto dinamita la democracia

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 06 DIC 2025 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/12/06/insulto-dinamita-democracia-124497124.html

El insulto en política atenta contra la democracia, promoviendo la confrontación y el odio en lugar del debate de ideas y la búsqueda del bien común

Isabel Díaz Ayuso, durante el acto de homenaje a la Constitución, en la Comunidad de Madrid. / José Luis Roca

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El insulto, en política, es un atentado contra la democracia, ya que pone en peligro la convivencia en paz y armonía de la ciudadanía. No se entiende, ni se debe entender, como una forma de confrontación de ideas o programas políticos, donde es necesaria la razón y el argumento para convencer al ciudadano de la bondad de las propuestas que se le hacen, buscando el favor de su voto.

El buen político, cada vez más difícil de encontrar, ha de tener un espíritu constructivo y disposición al debate y la confrontación de ideas, y con mente abierta, respetando al contrincante desde su propia ideología, y pergeñando programas que procuren la mejoría de la vida de la gente, de su aspiración a la utópica felicidad. Pero, por desgracia, cada vez se aleja más esa imagen de la realidad que vivimos. Viendo los discursos y mítines en concentraciones de carácter político, parecen más bien arengas y soflamas irracionales dirigidas a exaltar a su gente, a provocar confrontación, odio y potenciar el conflicto pensando que la descalificación sistemática del contrincante es la base de su éxito, cuando este debería estar ligado a la excelencia de su programa, como sostenía Julio Anguita.

Vivimos en un mundo de comparaciones

Siempre sostuve que vivimos en un mundo de comparaciones. Un mundo donde procuramos elegir lo mejor para nosotros, lo más bello e interesante, donde prima el cálculo en el valor de la oferta. Para ofrecer lo mejor tenemos dos caminos básicos: ser los mejores, o ser los menos malos. Si queremos mostrar que somos los mejores debemos centrarnos en demostrar nuestra excelencia; para expresar que somos los menos malos hay que revelar, en toda su crudeza, que el contrincante es mucho peor que nosotros. Si somos corruptos, para minimizar nuestra corrupción, es una buena técnica mostrar que los otros lo son más. En esas estamos y los medios afines juegan a ello.

Por tanto, si sabemos vender el relato y contamos con los medios que lo difundan y defiendan, tendremos medio camino hecho, al menos de cara a aquellos ciudadanos que caigan en el alienante sesgo de confirmación (tendencia humana a buscar, interpretar y recordar información de manera que confirme las creencias y suposiciones preexistentes), que te lleva a dar crédito al discurso de los tuyos, por muy manipulador que sea. Si, además, sabemos jugar con la posverdad vendida como verdad (la RAE la define como: «distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales») tendremos media batalla ganada.

Los “dinamitadores” de la democracia

De ahí se desprende que hay gente que es “dinamitadora”, que va a destruir o hacer fracasar todo aquello que no hacen ellos, todo lo que pueda favorecer a sus rivales políticos sin importarles nada el daño que puedan causar a la ciudadanía. Ya lo dijo Montoro: “Que caiga España que ya la levantaremos nosotros”. Levantarla ellos implica hacerlo desde su intereses. Mientras más hundida esté mejor, porque ello les permite mayor licencia para hacer las cosas y con mejor beneficio político y económico para los suyos.

Son los tóxicos irracionales que juegan a vender su relato por encima de todo. Denuncian la paja en el ojo ajeno mientras esconden la viga del suyo. Son incapaces de ver nada positivo en lo que hacen sus contrincantes, porque todo éxito del adversario lo viven como derrota propia y no como un beneficio a la sociedad. Lo malo es cuando opinan de un pasado que ellos no vivieron y se permiten sentencias doctrinales, para ellos irrebatibles, pero carentes de sentido histórico y verosimilitud.

El fracaso pedagógico del sistema

Por desgracia, nuestra sociedad democrática ha sido incapaz de fraguar o formar a la gente en un espíritu crítico y, a la vez, democrático, para debatir los problemas de forma racional, dejándonos llevar por el ya clásico sometimiento a discursos demagógicos, donde la engañifa es su base, con el claro objetivo de alienar a la gente desde la asimetría del conocimiento. ¿Cómo pudimos renunciar a una asignatura tan fundamental como Educación para la Ciudadanía?, que era una forma de educar en el respeto a la democracia y a la convivencia social. La acusaron de adoctrinadora, como si en la educación en este país no se adoctrinara desde el propio credo religioso y político desde tiempos inmemoriales.

Todo ser humano necesita certezas o ideas para explicar y comprender su entorno y, si es incapaz de obtenerlas por sí mismo recurre al razonamiento ajeno y lo toma como propio, asumiendo un vasallaje ideológico. De eso saben mucho las religiones y los partidos. Es más, para consolidar ese pensamiento como propio es capaz de defenderlo a capa y espada, como un hooligan futbolero, donde su fidelidad al equipo, o sea a su partido o credo, está por encima de toda duda. Esto tiene mucha relación con los condicionantes que enmarcan la formación y pertenencia al grupo, del que se identifica como un componente gregario.

El poder y el ciudadano crítico

En realidad, nunca interesó al poder, al verdadero poder que se esconde entre bastidores y maneja los hilos, que el ciudadano tuviera criterio, que pensara por sí mismo; más bien defendió siempre su ignorancia, su incapacidad para razonar, lo que incrementaba su poder de influencia. Nuestras escuelas no usaron técnicas hijas de la mayéutica socrática (un método de preguntas y diálogo de Sócrates, que guía al discípulo a descubrir el conocimiento por sí mismo, en lugar de recibirlo directamente), sino más bien nos forjaron en el adoctrinamiento y sumisión. Recuerdo las cantinelas del colegio para fijar en la memoria, como un papagayo, sin el más mínimo espíritu crítico, la mayoría del conocimiento que se impartía en la escuela, ya fuera geografía, historia, religión, valores políticos y sociales, o matemáticas (la tabla de multiplicar se aprendía cantándola, o los ríos de España). Esa memorización estaba exenta de razonamiento lógico.

Una vez que un individuo, con limitado razonamiento crítico, enmarca un pensamiento en su interior, se aferra a él, para evitar la desestabilizadora disonancia cognitiva enunciada por León Festinger en 1957 (es el malestar mental que surge de una inconsistencia entre lo que pensamos y lo que hacemos, o entre dos pensamientos incompatibles). Antes de entrar en un conflicto interno entre lo que ya creo y la nueva aportación que me obliga a modificar mi discurso y convicción, prefiero rechazar activamente la nueva propuesta y mantener mis convicciones aunque fueran anacrónicas.

El discurso falaz y disonante

Estamos en una tremenda tesitura. Da pena, por no decir asco, ver cómo muchos políticos basan sus discursos en mentiras, en denunciar situaciones irreales (pongo como ejemplo la alusión de Ayuso a ETA, cuando esta ya no existe), en la manipulación sistemática de la verdad para arrimar el ascua a su sardina, ante la impávida mirada de sus seguidores que justifican discursos delirantes e hiperbólicos, sin someterlos al cedazo de la verdad, subyugados definitivamente por la vibrante emoción del alegato irracional y el disparate del líder.

Solo cabe pensar que quien hace esos discursos o es una persona intelectualmente indigente, llevada por un ego exacerbado, o participa de un plan perfectamente orquestado para dinamitar la democracia y el espíritu que la sustenta, tal como vamos viendo desde la casa matriz americana de mister Trump, donde ya se perdieron las formas y el respeto en favor de la presión, el chantaje y la visión del derecho internacional como una traba para sus objetivos, al que hay que dinamitar para dominar el mundo de la nueva era, donde la plutocracia, con su dominio del mercado y de la IA, se imponga con descaro a la democracia, tras denostarla hasta provocar la desafección de la gente. De aquí a la demanda de un caudillaje solo va un paso, que dará el poder omnímodo al líder, como le fue dado al Führer alemán en el pasado siglo. Entonces vendrá el llanto y el rechinar de dientes ante la obligada sumisión al mismo.

La democracia, aun siendo imperfecta, te permite votar cada equis tiempo, dentro de una constitución o ley magna que establece el marco legal que se ha de respetar. En democracia tú eres algo, aunque sea mínimamente, dentro de un espíritu de soberanía popular compartida. El Estado ha de garantizar tus derechos individuales y colectivos desde una filosofía de igualdad y justicia social. Si perdemos eso pasaremos de soberanos a súbditos…

 


La duda, antesala de la verdad

  Opinión | Tribuna Por: Antonio Porras Cabrera Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 17 ENE 2026 7:00 Enlace: https://w...