lunes, 27 de marzo de 2017

La crisis del PSOE, un síntoma más...


La democracia implica el valor de expresar lo que se piensa, sabedor de que la soberanía está en el pueblo, pero cuando el votante de ese pueblo tiene miedo de perder beneficios, cuando se actúa bajo coacción de los jefes o de los líderes que inducen y exigen nuestro propio voto, la democracia queda descafeinada, anulada, por un sentimiento de pesebrismo o clientelismo político donde el voto va unido a prebendas. Solo nos queda la esperanza de que eso sea remendado por el llamado voto oculto, para vencer el miedo...

En estos días se habla mucho de la movilización que desde el aparato y las viejas glorias del PSOE se viene haciendo en beneficio de Susana Díaz, profeta mesiánica para unos y golpista cuartelera para otros. Los cierto es que, a la vista de lo ocurrido en los últimos tiempos, un manto de sospecha se cierne sobre el partido, su gestora y los llamados barones, que son los jefes y mandatarios que ocupan el poder y la responsabilidad de gestión del complejo sistema del partido, tras el asalto al mismo mediante estrategias “refinadas” que, en algún caso, fueron groseras. Hay quien vio un golpe de estado, ¿o deberíamos llamarlo de partido?, en la maniobra que apeó a Pedro Sánchez del poder. Una vez más se sospecha que el partido es controlado y dirigido, entre bambalinas, por el propio aparato, obviando el sentir de las bases. Felipe, el jarrón chino que todo el mundo sabe dónde está colocado, en un acto sospechoso con su entrevista en la SER, dio el pistoletazo para desbancar a Sánchez allá por octubre pasado. Fue la “Grândola, Vila Morena”, del 25 de abril en la revolución de los claves portuguesa. Su apuesta fue clara, ya que su evolución desde un socialismo que cuestionó el marxismo, hasta un neoliberalismo de puertas giratorias, dejaba en crisis ideológica a un PSOE marxista fundado por Pablo Iglesias en el XIX. El desconcierto en aquellos momentos llevó a la confrontación con los sindicatos, a políticas de implantación del mercado con sus privatizaciones, a la descomposición ideológica a través de un llamado ajuste a la realidad, donde se pasó del NO a la entrada en la OTAN, al OTAN de entrada NO. Esa ambigüedad se mantuve en el tiempo hasta la disgregación de la idea fundacional del partido. Llevando al electorado a una catarsis forzada que dejó muchas dudas entre los propios afiliados.

Felipe y su guardia pretoriana del anterior siglo (el XX) son reminiscencias de un pasado que mostró una transición desde una izquierda humanista y comprometida con la ciudadanía a un centro, casi derecha, neoliberal, comprometido con el mundo empresarial y el mercado antes que con la ciudadanía, al entender que se ha de consolidar la economía empresarial para que fluya el bienestar al ciudadano; o lo que es lo mismo, llenar la mesa del señor para que las sobras o migajas caigan al plato del servidor.

En esa tesitura se ha descompuesto el PSOE, se ha fragmentado, atomizado, aglutinando gente desde una derecha casi neofranquista, con un centro indefinido ideológicamente y una izquierda confusa y desorientada que se ve atrapada entre en el doble mensaje de sus siglas con su ideología inicial y una realidad actual que están en otra dimensión. Claro que todo esto se enmarca en una tendencia, o intento, de poner en marcha una especie de espíritu del 12 de febrero (recordad ese concepto de los tiempos del posfranquismo, en tiempos de Arias Navarro) pero bajo el manto del neoliberalismo en lugar del tardofranquismo. En cierto sentido es lo que se pretendía con el 23F. Ese PSOE que aglutina una ideología derechona, un centro descafeinado ideológicamente y una izquierda confusa, o se rearma ideológicamente o será pasto de las llamas en una combustión provocada por la intraconfrontación en su esencia incompatible.

Hay síntomas terribles de regresión al pasado para domesticar al ciudadano y ponerlo a los pies de los caballos del mercado. La crisis así lo manifiesta y para eso fue creada. La Europa de la postguerra, defensora del pueblo llano, el que derramó su sangre en cruentas batallas, dignificó a ese pueblo garantizando unos derechos que son ahora cuestionados, cuando la política neoliberal americana pasa como un rodillo por el mundo capitalista, cuando la URRS ha sido desmantelada y no hay riesgo de que el enemigo gane la batalla y nos desmonte el chiringuito. Acojonar a la ciudadanía, asustarlos con un futuro incierto, con el terrorismo, con la pobreza y la miseria, con los populismos malvados, con la ruptura del sistema por los antisistema, como si esa ruptura no estuviera ya planificada por el propio sistema en un acto antisistema de suicidio o reconversión para pasar a otra situación o Nuevo Orden Mudial. Quieren otro mundo donde el Estado del Bienestar esté sometido al mercado, donde el poder de ese Estado sea limitado y todo se sojuzgue a las leyes de ese mercado, dejando la solidaridad y la concepción humanista de esos Estados en la nada.

He ahí el dilema de la ciudadanía. O nos acercamos al egoísmo de un nacionalismo aislacionistas tipo Trump donde solo se piensa en los nuestros a través de la economía, o seguimos con una ideología humanista donde el ser humano es el protagonista, desde la vieja concepción revolucionaria donde caben los marxismos y el propio cristianismo en su esencia inicial.

Pero volviendo al tema, el PSOE está en la encrucijada entre una Susana heredera y un Sánchez reconvertido hacia la izquierda. ¿Podrá encontrar su nueva línea o estará condenado a lo residual? En estos momentos de confusión, de desorientación política y social, de falta de implicación en la política de la ciudadanía por hartazgo y desilusión, todo es imprevisible, todo es posibles y todo es preocupante.

La izquierda huérfana, que ya definí en su día, sigue huérfana, sin partido con que identificarse, sin nadie que lidere un proyecto sólido ideológicamente y con posibilidades reales de llevarlo a cabo mediante estrategias claras y concisas que calen en el pueblo. Entre el PSOE de Susana con sus viejos amigos y el Podemos de Iglesias, hay un vacío, un hueco, por donde va cayendo un reguero de votos de gente con una ideología huérfana de líderes, que solo sirve para consolidar a un PP soberbio y déspota, incapaz de reconducir su putrefacta corrupción al no temer por su permanencia en el poder.

Esta guerra, porque es una guerra de intereses como todas las guerras, está en marcha. Es una guerra de ideas y de programas, de valores sociales y de estructuras organizacionales para gestionar el mundo, donde los medios manipulan las actitudes y las opiniones y, mediante la engañifa, se confunden los intereses de los grupos de poder con los del pueblo llano. Ahora más que nunca debemos implicarnos en la política, en la elección de nuestros gobernantes para que no nos lleven donde no queremos, para establecer una ética limpia, de rechazo a la corrupción y al choriceo de los que usan el poder en propio beneficio, para sentar las bases de un futuro de lealtad y limpieza en el ejercicio de la política, para perfilar un mañana enfocado al servicio de la ciudadanía y no del mundo mercantil (primero la gente, después el mercado) si no lo hacemos nos habremos merecido lo que nos venga…

Estará el PSOE en esa nueva dinámica, o seguirá en el tobogán del ostracismo alejado de los intereses de la ciudadanía y al lado de las grandes y poderosas corporaciones que nos llevan a ese futuro incierto, donde el poder lo ejercerán ellas y los Estados serán meros recaudadores y gestores de los limitados intereses y derechos de una ciudadanía decadente y sin influencia. 

2 comentarios:

Juan Pan dijo...

"Ahora más que nunca debemos implicarnos en la política, en la elección de nuestros gobernantes para que no nos lleven donde no queremos, para establecer una ética limpia, de rechazo a la corrupción y al choriceo de los que usan el poder en propio beneficio, para sentar las bases de un futuro de lealtad y limpieza en el ejercicio de la política, para perfilar un mañana enfocado al servicio de la ciudadanía y no del mundo mercantil... "

Yo creo que actualmente sólo Podemos ofrece esa posibilidad; otra cosa es que los poderes fácticos se lo permitan.
Un placer leerte Antonio. Tus artículos son interesantísimos. Un abrazo.

Antonio dijo...

Pues eso es, amigo Juan. Que no sabemos si dejaran hacer a alguien lo que ellos no quieren que se haga. Lo controlan todo y, sobre todo, los medios están a su servicio para crear y manipular opinión.
Un abrazo