viernes, 31 de marzo de 2017

Los lesivos twitters de Casandra y otras historias…


La nieta de Carrero Blanco consideró “un disparate” la petición de prisión de la Fiscalía para Cassandra Vera. 
(La Vanguardia)

Dentro del mundo esperpéntico que se está instaurando es nuestro país de la mano de lo absurdo, la intolerancia, la hipocresía, los malos modales, la falta de respeto, la chulería de algunos medios y sus “periodistas”, etc.,  estamos asistiendo al sumun a través de la, para muchos, irracional aplicación de la justicia, fundamentada en la ley mordaza, en un sistema cada vez más disparatado e insensato donde la sociedad ha entrado en la dinámica del dislate, perdiendo la verdadera esencia donde se enmarca la libertad del ciudadano en un plano de equidad. Se entiende como desmedido el castigo por hacer unos chistes cuando pululan por ahí, libremente, sujetos que han causado muchos más daño con sus actos que un Twitter más o menos irrespetuoso o, incluso, ofensivo.

Mientras determinados medios y sus mentores pueden insultar y amenazar o referir que les despierta el instinto asesino la vista de un representante del pueblo, como es el caso de Jiménez los Santos en referencia a Podemos y otros, se acaba condenando a prisión a una chica por hacer chistes, o si quieren mofa, de un hecho acaecido hace más de cuarenta años. La ley debería tener en cuenta el equilibrio entre el delito y la pena, la proporcionalidad en este sentido es básica. ¿Acabarán prohibiendo o censurando los carnavales por las letras de las chirigotas gaditanas ofensivas a los mangantes insertados en el gobierno o los partidos políticos?

Ven esto pero no el desprecio a las víctimas del franquismo y a los muertos que no son afines a los que gobiernan, por lo que no se castiga ese ultraje y se sigue menospreciando a esas víctimas que permanecen en las fosas comunes y cunetas desde hace 80 años; eso sí, a los suyos se le llevó a sus mausoleos de gloria, incluso a los altares, se rebuscaron sus restos para dignificarlos y se proclamaron a los cuatro vientos los hechos criminales de las hordas rojas con cierta morbosidad ejemplarizante, vendido sus propios crímenes como hechos heroicos. Luego quieren dejar todo como está, no mentar la bicha para evitar volver a la confrontación reviviendo esas injusticias, corriendo un estúpido, sí estúpido, velo sobre los crímenes de la pasada dictadura, dejando impune a la ideología responsable de ellos. La otra, la ideología contraria, ya fue juzgada y condenada durante los 40 años. Si se pide pasar página, no es conveniente hacerlo desde el olvido sino desde la reconstrucción de una realidad histórica manipulada y tergiversada por el vencedor, que, al parecer y siendo todos demócratas, sería el enemigo a criticar como un sistema dictatorial, al que condenamos como defensores de la libertad… o tal vez es que hay demasiados demócratas conversos que guardan bajo su piel la camisa azul de un pasado oculto. No, no me hablen de justicia por condenar a un Twittero que hace chistes sobre Carrero, cuando lo que pasa con esas víctimas del franquismo es más humillante para ellas y sus familias, que demandan de continuo localizarlas. La democracia no se alcanzará hasta que en España no reinen los partidos verdaderamente demócratas, lo otro será manipulación intencionada a caballo de la engañifa.

Somos muchos los españoles que nos sentimos asqueados al ver cómo se tratan los casos según de quien se trate, ya sea por esta u otra causa de instrucción.  Esta sociedad cada vez más corrompida, putrefacta desde los principios que deberían consolidar la democracia y los valores de lealtad hacia el pueblo, no pretende la justicia sino la sumisión y el mantenimiento en el poder de las oligarquías dominantes, aunque sea a base de leyes mordaza suficientemente ambiguas y atentadoras contra la libertad, para condenar a unos y salvar a otros. El responsable primero es el legislador que otorga la ley con la que el juez condena al aplicarla, luego estará la interpretación de la misma según el magistrado que te toque y su imparcialidad, muchas veces cuestionada.

Aquí quiero hacer un paréntesis y volar hacia el pasado, pues el detonante de esta reflexión ha sido el caso Carrero y los twitter de Cassandra. La muerte de Carrero a mí me jodió y no porque fuera afín a sus ideas. Me explico: En 1973 estaba haciendo la mili y el 21 de diciembre de ese año me iba de permiso de Navidad para no volver, pues me licenciaba el 15 de enero: Navidad en familia, mi novia me esperaba, perdía de vista la jodida mili y esa mañana, cuando tenía el petate preparado para largarme al día siguiente, me sorprende la noticia de que habían volado el coche de Carrero con él y dos personas más dentro. Eso me jodió y debí permanecer allí hasta enero. En el campamento reinaba el desconcierto, no se sabía si era por una explosión de gas o qué podía haber sido, pero el mundo militar andaba desasosegado, expectante y en estado de máxima alerta. Yo estaba en San Clemente, por encima de Figueras y a 7 kilómetros de Francia. Ya corría el rumor de acuartelamiento, de peligros indefinidos, etc. que nos condenaban a estar allá toda la Navidad, como así fue. Fueron momentos de zozobra e inquietud. En algunos casos se recibió la noticia con satisfacción manifiesta, sobre todo en aquellos jóvenes más críticos con el régimen. Pero permitidme un repaso a los hechos, y sus antecedentes, que se dieron aquel 20 de diciembre.

Carrero Blanco, para quien no sepa la historia o no haya vivido aquellos tiempos, era el heredero de Franco, Presidente del Gobierno (o primer ministro) bajo la batuta del Jefe del Estado que, a la sazón, era el mismo Franco. La dictadura se mantuvo tanto tiempo por eso, por definición, dicta-dura, un dictado de la voluntad del dictador sin considerar la del pueblo llano, impuesta a la fuera, por la dureza de sus métodos represores… duramente. El disidente, siguiendo la tendencia establecida desde la famosa guerra civil, era considerado traidor a la patria, ya que España era Una (la que ellos quería), Grande (según el criterio) y Libre (para los que se plegaban o comulgaban con la voluntad del amo). Esa España, donde no se soportaban las diferencias, la diversidad de opinión, la libertad incluso de pensamiento, estaba regida por la doctrina Católica como religión oficial y por sus valores dogmáticos, totalitarios, impuestos, hasta hacer a la gente sumisa (su misa), dejando claro cuál era su misión (sumisión). El juego de palabras encaja perfectamente, pues a través de la misa se hacía a la gente sumisa, y la sumisión era el objetivo o misión de ese adoctrinamiento.

Y tú, querido amigo lector que no viviste aquellos tiempos, has de saber que la Iglesia acabó cambiando a través del Concilio Vaticano II, de la mano de Juan XXIII. Ello creó un conflicto dentro de la misma, donde los reaccionarios obispos y clérigos defensores del régimen se enfrentaron a los innovadores que defendían el tránsito hacia la democracia. Recuerdo el grito de los franquistas: “¡TARANCÓN AL PAREDÓN!” porque el arzobispo de Madrid, monseñor Tarancón, defendía ese tránsito. Todo el mundo sabía que era imprescindible el cambio para reintegrarnos al mundo europeo, que estaba allende los Pirineos, que nos separaban de Francia y de algo más. Pero, en su proceso soberbio de trascendencia post mortem, el caudillo había previsto seguir secuestrando la voluntad popular, dejando a un rey monigote como Jefe de Estado, mientras ejercía el poder su delfín como Presidente del Gobierno. Aquello estaba atado y bien atado, se decía por aquellos tiempos. Lo que pasa es que no todo el mundo tenía la voluntad de seguir el camino marcado, desde los partidos políticos en el exilio, apoyados por las democracias europeas, hasta los intereses económicos de dentro y fuera del país. Había que cambiar, era evidente, si se quería volver al redil de los ganadores de la guerra mundial, que derrotaron a los amigos de los vencedores en España, y que soportaron al régimen franquista porque sacaron tajada de ello, bien con las bases americanas, bien con el chantaje comercial.

Si se quería cambiar había que modificar el escenario y los actores. Juan Carlos, el futuro rey, era influenciable a través de su propio padre y de los intereses de los monárquicos españoles, que habían colaborado con Franco por puro pragmatismo. Su papel podía ser históricamente trascendente o dejarse llevar por el proyecto franquista y pasar a ser, posiblemente, Juan Carlos el Breve. Optó por lo primero y esa renta le ha permitido seguir durante tantos años al frente del reino, siendo inimputable, o sea con las manos bastante sueltas para hacer y deshacer, lo que deja una sombra de duda sobre ciertas actuaciones.

El caso de Carrero era diferente. Franquista convencido, militar con su almirantazgo, fraguado políticamente en la cuna de la dictadura, era un hueso duro de roer. Sus convicciones, su lealtad al "sagrado" Movimiento, su inquebrantable credo en el Nacional-Catolicismo, etc., era un hándicap muy importante. Estorbaba, sobraba, a los intereses del cambio, pero no solo al mundo interno de la sufrida España, sino al mundo externo del marco político y económico mundial. Por tanto, un manto de ambigua sospecha se extendió sobre su muerte. Es cierto que a Carrero Blanco le dinamitaron el coche de una forma un poco extraña, dado el trabajo que realizaron los ejecutores del atentado sin ser detectados por las fuerzas de seguridad, sabiendo que todos los días iba a misa, a una hora y por la misma ruta, lo que demuestra la incapacidad de los servicios secretos para detectarlos, bien por incompetencia, por prepotencia o, incluso se dijo, por connivencia. La tesis de la CIA parece descartada, pero en aquellos tiempos se especulaba con que la Inteligencia Americana estaba tras el atentado o, al menos, lo supo y dejó hacer. El hecho es que el 20 de diciembre de 1973, el coche de Carrero, voló a 35 metros de altura con sus tres ocupantes dentro, saltó la fachada del colegio de los Jesuitas y dio con sus huesos en el patio, hasta tal punto que, en un primer instante de estupor no encontraban el Dodge Dart blindado hasta que lo descubrieron destrozado con sus tres ocupantes dentro. (VER AQUI).


La muerte de Carrero Blanco, de alguna forma, rompió la atadura del futuro con el pasado y condicionó la posterioridad del país. Abrió la puerta a una mayor influencia de las fuerzas a fines al cambio y conmocionó a los leales al caudillo que vieron como se les iba de las manos el delfín ideológico de Franco. Luego, con mayor o menor acierto, se gestionaría le cambio sin la figura de un Carrero Blanco para tutorizarlo o condicionar a Juan Carlos y sus seguidores en el proceso. El presente de España, sin entrar en valorarlo cualitativamente, quedó condicionado un 20 de diciembre de 1973 con el vuelo forzado del Dodge Dart de Carrero. 

Luego vino lo que vino y estamos donde estamos. Lo malo es que en lugar de condenar a los que nos sumieron en el ostracismo y en la dictadura, parece que volvemos a ensalzarlos y arremetemos contra quienes los critican. De aquí a volver a convertir en héroes a los golpistas solo hay un paso, el paso de cargarse el espíritu demócrata y alabar al dictador. No quiero decir con esto que no se exijan a la ciudadanía buenas y educadas formas de actuar, pero ¿quién pone el límite y a quienes afecta?

6 comentarios:

Antonio Capilla dijo...

Análisis certero que comparto, amigo mío. Un abrazo fraterno.

Carmen Rodríguez Zapata dijo...

Totalmente de acuerdo contigo y muy esclarecedor tu relato, como siempre por cierto.

Fanny Sinrima dijo...

Como muchas otras personas, creo que esos twits no merecen cárcel,pero sí una llamada a la reflexión mediante una "pena" simbólica, que habría bastado para que esta jovencita recapacitara. Opino que como humorista: 0; y como una futura educadora: ética dudosa.
Ella misma ha dicho que Twitter "es un vertedero", ahora que le han llegado mensajes ofensivos.Y sus tuits forman parte de esa basura.

Pero bueno, no quiero que a pesar de esto se olvide lo principal: es una sentencia disparatada.

Un abrazo.

Antonio dijo...

Fanny es evidente que la esencia del humor es tener gracia sea sobre el tema que sea, pues hemos de aprender a reirnos hasta de nosotros mismos, ya que la sonrisa alarga la vida y lleva a la felicidad, pero la gente de verdad graciosa dice las cosas y no son como insultos, sino con mente aguda.
Estoy contigo en que se ha de corregir a los que ejerce ese humor agresivo e insultante, pero de ahí a meterlos en la cárcel va un abismo. El problema es ponerle los límites a eso.
Saludos

Antonio dijo...

Un abrazo, Antonio Capilla, celebro coincidir contigo.

Antonio dijo...

Amiga Carmen, gracias por tus palabras y nuestra coincidencia.
Besos