jueves, 15 de septiembre de 2016

80 aniversario de un desastre humano en mi pueblo


Tumba con los restos de los fusilados 
Hoy 15 de septiembre, se cumplen 80 años de uno de los hechos más lamentables y luctuosos que se dieron en la historia de mi pueblo (Cuevas de San Marcos). Las tropas, por decir algo, pues eran una banda de caballistas organizada por falangistas y otros voluntarios, acompañados de un capitán, dos oficiales y tres soldados, entraron en el pueblo en una segunda intentona (la primera fue fallida resultando dos muertos por las defensas milicianas en la zona del puente Armiñán). La entrada, ya sin resistencia, fue de extremada violencia y se produjeron asesinatos que aún hoy pesan en la memoria de los pocos supervivientes que quedan. La represión posterior duró tiempo y fueron "eliminados" muchos otros sospechosos y opositores a la ideología de los rebeldes.

Como mi intención no es otra que dejar constancia histórica de los hechos y rendir homenaje a los vilmente asesinados por las tropas rebeldes y sus acólitos, no encuentro nada mejor que recurrir a un testigo excepcional que en su memoria sin sombra relata valientemente los hechos.

Todos los años, por estas fechas, me vienen a la mente aquellos sucesos trágicos, que mi madre, viva aún, con el miedo metido en la piel, me relataba. Por eso y a modo de homenaje, en 2010 colgué en mi blog un recordatorio (cliquea aquí para ver el enlaces) para que no se olviden las barbaridades que pueden  acometer los seres humanos, sean del bando que sean, pues en los dos se dieron, aunque en mi pueblo no hubo muertes producidas por los republicanos gracias al buen hacer de algunos vecinos, con el alcalde socialista a la cabeza (Francisco Pérez Sánchez), que supieron controlar la ira de algunos dispuestos a ello. Ojalá nunca se vuelvan a repetir aquellos nefastos hechos y jamás se dé otra guerra cargada de tanto odio como aquella…

Dejo, pues, la palabra a José Terrón Arjona que, no habiendo cumplido aún los 12 años, vivió aquellos momentos tan trascendentes.
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-ENTRADA DE LAS TROPAS GOLPISTAS:
ETAPA DE VENGANZA Y SANGRE-

(Nota: Copia textual y fiel del libro: MOMERIA SIN SOMBRA (Relato vivido de hechos y aconteceres en cuatro décadas de la historia de Cuevas de San Marcos) de José Terrón  Arjona, páginas 81, 82 y 83.)
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El día 15 de Septiembre de 1936 las tropas nacionales, como ellos se definían, no encontraron resistencia para entrar en el pueblo. Todos los de alrededor ya estaban bajo su mando, solo quedaba éste y estaba medio vacío, casi todo el mundo se había ido a los campos. Ya silbaban las balas por el pueblo cuando salían los últimos milicianos del cuartel; fueron Manuel López Martos "el Casarón" y José Arroyo, los dos iban con sus fusiles; mi madre les preguntó que adonde iban, y le dijeron que a la Sierra, que allí tenían un mortero. Nosotros nos fuimos a la casa de "la Pintá" (hoy la tienda de Alberto), pues esta parte del paseo era muy peligrosa y las tropas buscaban el centro del pueblo.

Entre las 10 y las 11 de la mañana ya estaba el pueblo en manos de los invasores; las fuerzas eran casi todas de Caballería y el resto venían en camiones, ya estaban informados de que no habría defensores. Al mando de las fuerzas venían el capitán López Tiendas, dos oficiales y tres soldados (la única quinta en activo era la del 35), todos los demás eran voluntarios del régimen que se habían organizado en Lucena, Cabra y algunos pueblos cercanos. Fueron los que más daño hicieron, para vengar a sus dos compañeros muertos en el tiroteo del Puente.

El primer asesinado fue Bautista Burgos, que vivía a la entrada de la calle del Pozo, fue abrir la puerta de su casa y dispararle. El segundo fue Juan Ramón "el de los Climas" en la calle San Juan. Dos casas por debajo de éste mataron a "los Guitarros" padre e hijo, de 75 y 41 años, éste soltero, dejando solas a dos mujeres de avanzada edad (posteriormente dijeron que había sido una equivocación).

El mando militar se alojaba en casa de Dolores Luque Prado – “la Sacristana", y el cuartel quedó como puesto de mando con los seis guardes civiles que se habían llevado dos meses antes, que se habían pasado de bando y vinieron a la toma del pueblo (las mujeres, que se habían quedado aquí también volvieron al cuartel). Los jefes estuvieron 5 o 6 días, y siempre contaron con la información de unos pocos chivatos del pueblo, comenzando una etapa muy sangrienta.

Recuerdo que eran sobre las dos del mediodía cuando vino al cuartel una mujer con un brazalete blanco. Estaba en mi puerta y le contaba a mi madre que venía para que le dieran un papel para poder traerse a sus familiares que estaban en La Membrilla. Esta mujer era Concepción Hidalgo Martínez "la Canaria", de 33 años, y en el cortijo estaban también su marido José Benítez Campos y los tres hermanos "Pesares", marido y cuñados de una hermana suya. Enfrente de ella se encontraba un pequeño grupo de Caballería, con los caballos amarrados en la baranda de la Iglesia, estaban desmontados charlando de sus fechorías; con ellos estaba "el Pollo", de Encinas Reales, casado con una mujer del pueblo y que había sido municipal con el régimen republicano. "La Canaria" habló con él y le informó de todo lo que pretendía. "El Pollo” le dijo: ¡Vete tú tranquila que nosotros los traeremos al cuartel! La mujer marchó y "el Pollo" le dijo a sus compañeros: ¡Por Revientacostales llegaremos muy pronto! ¡Sí! Llegaron y los mataron a todos, incluida Concepción que estaba embarazada. Ninguno de los asesinados tenía por qué temer, el mayor de ellos era Francisco Senciales de 59 años, y el más joven Emilio Carrasco Burgueño de 16 años. ¡Qué héroes! ¡Que hazaña más cruel e indigna! ¡Matar a un grupo de personas sin que puedan defenderse!

Ese mismo día en la Cruz Roja, metido en cama y herido por la bomba lanzada días antes, estaba Antonio Benítez "Patasa". Esos días no había médico ni practicante, el mancebo de la botica era el encargado de curarle, pero eran tan pocos los medicamentos que tenían que la herida de la pierna se gangrenó. Era el único que se encontraba en el local; desde el cuartel fueron allí cuatro o cinco "valientes" que lo sacaron de la cama y lo mataron a golpes en el patio, sin disparos. Yo no fui testigo, pero por el patio de la casa contigua, de la casa de "los Sandungos", que estaba separado por una pared muy deteriorada y con agujeros, y además era más alto (con lo que era difícil ver que estaban vigilando), la hermana de "Patasa" y Prudencia "Sandungo" lo estuvieron viendo todo. Esto lo sé porque estuve muy ligado a esta familia, de aprendiz de carpintería, y casi todos los días se refería este episodio tan dramático y cruel.

No quiero dejar en el olvido a otro joven que también murió en esos primeros días víctima de la Caballería; solo tenía 16 años, su nombre José López Pérez "Fajablanca". Ese día se encontraba en el campo guardando cabras: después de unos días de búsqueda su familia lo encontró muerto, había sido fusilado.

Y así continuaron en los días siguientes; todos los que encontraban en el campo y otros que sacaban de sus casas, en la pared de la Torre que da al cuartel, de pie y esperando un juicio que era muy corto: el trayecto del cuartel al cementerio.
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Lápida con el nombre de los 15 fusilados
 el día 15 de septiembre de 1936
Gracias, José, por dar fe de lo ocurrido y visto por ti. Hay algunos matices, como el segundo apellidos de Concepción Hidalgo, que creo que era Porras según la lápida del cementerio, u otras nimiedades que no le restan importancia o crédito al relato. Yo aconsejo la lectura de tu libro para que la gente sepa algo más de nuestra historia desde la crónica de una persona que vivió esos momentos. Cuevas tiene derecho a conocer su pasado, ya sin acritud, pero con la necesidad de la verdad de los hechos. Hoy debemos llorar todos, desde el recuerdo, las muertes causadas en nuestro pueblo de la mano del dogmatismo y el totalitarismo ideológico, hace ya 80 años. Se perdona, pero no se olvida, porque el olvido es la peor de las injusticias, sobre todo cuando aún viven familiares de los asesinados que guardan celosamente el recuerdo de esas muertos y el sufrimiento posterior, cuando ser familia de los represaliados ya era de por sí una marginación y un señalamiento vergonzoso en una sociedad que criminalizaba al vencido.


5 comentarios:

JOSÉ ROMERO MARTÍN dijo...

Ya fue dicho: "Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen". Y yo digo: - Malditos los que las justifican y se aprovechan de ellas. Quienes derraman la sangre de inocentes no tienen derecho a que la suya corra por sus venas.

inmaculada garcia haro dijo...

Es increíble que todos esos crimenes de guerr sigan sin juzgar. Lo q ocurre en este pais ni tiene nombre.

Antonio dijo...

Totalmente de acuerdo, José. Lo que pasa es que las guerras se fraguan tensando la cuerda del desencuentro en tiempos de "paz", sembrando las emociones de ira y odio basadas en esos desencuentros en lugar de buscar el acercamiento a través de la palabra y el diálogo, convirtiendo el contrincante dialéctico en enemigo a derrotar y eliminar.
La creación de los estados de opinión y desencuentro forma parte de una política predeterminada o del fracaso del político, vaya usted a saber. En todo caso es una imposición de los intereses de unos sobre los otros. El asunto es complejo y solo se ve en la maldad y en la capacidad destructiva del ser humano sobre su propia especie.
Un saludi

Antonio dijo...

Hola, gracias por dejar tu comentario. Es cierto lo que comentas, pero la cuestión puede estar en cómo se pactó la transición. Ahora, tras cuarenta años de teórica democracia ya se debería haber superado aquello y haber dado solución al problema de forma razonable, pero fíjate que existe una firme oposición par parte de algunos colectivos ¿herederos de aquella ideología? que se resisten a zanjar la herida.
Un abrazo

Prudencio dijo...

Horroroso lo que cuentas, aunque sospechábamos todos algo parecido. Dicen que las guerras civiles son las peores. Por los dos bandos se cometieron barbaridades, aunque en nuestro pueblo fueron solo los ´nacionales´. Hay un apunte que me parece importante. Aunque en general en todos los pueblos y las ciudades se mataron mucha gente solo por pertenecer al bando contrario, ´los nacionales´tenían la orden de su alto mando de hacerlo, asesinar a todos los rojos. Así, el ´Generalisimo´tendría menos oposición después de la guerra. Los partidarios de la República democrática no tenían del gobierno esa orden criminal. Malditos sean todos los partidarios de la guerras.
Un abrazo, Antonio.