jueves, 17 de diciembre de 2015

El insulto distrae la verdad del debate en la política


Las anécdotas se adueñan de la campaña electoral. Casi siempre, cuando no se quiere entrar en materia, se busca algún elemento distractor que evada el tema, sacando el mayor beneficio electoral posible. Ahora estamos dando protagonismo a hechos de segunda división y obviando los de primera. No es que no tengan importancia los de segunda, que la tienen, como el caso de los posibles insultos o, lo que es peor, la agresión a Mariano Rajoy, que es un delito en toda regla. Este segundo caso, el de la agresión, es deleznable y producto de una mente perturbada, mal educada en el respeto a las diferencias, y propia de un sujeto con trastornos de la personalidad, que le lleva a considerarse justiciero y castigador de los atropellos que, según él, podía haber causado el gobierno de Rajoy. ¡Cuánto echa uno de menos esa Educación para la Ciudadanía que debería formar a nuestra sociedad en el respeto a las diferencias y enseñarnos el ejercicio de la democracia!

Claro que, las formas, en esto de los insultos, son sutiles. Por ejemplo, si el señor Miguel Ángel Rodríguez, el que fuera portavoz y ministro del gobierno en tiempo de Aznar, hoy tertuliano partidista en diferentes medios de comunicación, se permite dudar de la existencia de la señora de la carta a que se refirió Sánchez en el debate con Rajoy, está tildándolo de mentiroso y fullero por inventarse ese escrito. Eso, en sí mismo, implica un insulto. Menos mal que la citada señora llamó por teléfono para mostrar su existencia y la veracidad de los hechos.

Sánchez, en su desespero por escapar de la persecución de Podemos por su banda izquierda y del acoso de Ciudadanos por su banda derecha, arriesgó… se mostró agresivo y contundente (yo creo que se dejaron cosas muy importantes en el tintero) hasta tal punto que resbaló al calificar a Rajoy de indecente. Es un calificativo grueso, rechazable y nada diplomático. Pero, en este país, en los últimos tiempos andamos acostumbrados a oír cosas peores, no nos alarmemos. No diré yo que el señor presidente es indecente, porque entiendo que no lo es, pero sí que ha cometido actos de indecencia política. No es de recibo su mensaje al Bárcenas delincuente, ni su mentira al Congreso, ni la sombra de dudas que se cierne sobre los sobres cobrados, ni el pago en negro de la obra de su sede en Génova, ni la falta de contundencia con los casos de corrupción en su partido, o el mismo incumplimiento de su programa electoral… lo decente, ante estas circunstancias, siempre bajo mi modesto punto de vista, hubiera sido presentar la dimisión. Decía Tom Hanks, en Forrest Gump, que “tonto es el que hace tonterías”. El problema es cuántas tonterías se han de hacer para ser calificado como tal. O lo que es lo mismo: Como todos podemos ser indecentes en algún momento ¿Cuántas indecencias se han de cometer para ser calificados de indecentes? No sé, eso lo dejo a criterio del lector.

Pero, ¿es indecente el que usa términos groseros, descalificativos e insultantes? ¿Se puede volver ese calificativo contra el mismo sujeto que lo emite? Si hablamos de descalificar o insultar, las hemerotecas nos pueden dar un amplio abanico en sus formas. Ya que hablamos de Pedro Sánchez y Rajoy, veamos algunas perlas que el propio Rajoy le dedicó a Zapatero como forma  agresiva de ejercer la oposición.

Rajoy, en el Congreso, ya había tildado a Zapatero de:
"bobo solemne", "cobarde sin límites", "antojadizo, veleidoso e inconsecuente", de tener una "desfachatez sin límites", "irresponsable", "grotesco", "frívolo", "acomplejado", o de "confuso".

Pero también le acusó de:
tener "mala conciencia", chalanear "con los terroristas", tener "la cabeza de adorno", de "indigno", "cobarde", “perdedor complacido", de dar "coces", de comportarse como un "hooligan británico", "radical, taimado y maniobrero", de hablar "en batasuno" , de "chisgarabís", de "insensato", de faltarle "criterio y opinión", de "ambiguo, impreciso, débil e inestable", y así un largo etc.

En este caso tampoco quedó a la zaga el jefe del Ejecutivo, calificando el comportamiento de Sánchez, como él lo describió en el debate: "ruin, mezquino y deleznable”. Rajoy, al igual que bastantes políticos, tiene un importante ramillete de calificativos poco presentables. No se nos hagan ahora los señores del PP victimas del insulto cuando son maestros en ese arte. Quién no recuerda aquella frase de Villalobos a su chofer Manolo: “Venga!! Coño!! No son más tontos porque no se entrenan”. Otro experto en estos menesteres era el señor Guerra, agudo y punzó avispero de la derecha en sus tiempos.

Pero, en fin, dejemos estos asuntos que son cortinas de humo para no hablar de lo que realmente importa al ciudadano, de cara a decidir su voto. Le interesa saber, entre otras cosas:
  1. Qué van a hacer con la educación y cuál es el modelo de ciudadano que piensan fraguar desde la misma.
  2. Qué pasará con la Sanidad.
  3. Qué política laboral pretenden y qué papel juega el trabajador en los medios de producción y en el beneficio de las plusvalías que se generan.
  4. ¿Tendremos las coberturas decentes al desempleo para que ningún ciudadano sufra la miseria y la pobreza?
  5. El derecho a la vivienda digna, ¿se respetará y se protegerá por el gobierno?
  6. Qué solución se va a dar al desencuentro entre un importante sector de la población catalana y el Estado Español
  7. ¿Se adaptará la Constitución a los nuevos tiempos?
  8. Qué pasará con los impuestos.
  9. Qué programas de inversión se establecen para ayudar al desarrollo, a la investigación.
  10. Y otro cúmulo de preguntas y cuestiones que todos tenemos “in mente”, esperando la respuesta para la próxima legislatura, referentes a las políticas de la U.E., al TTIP y su repercusión social, a las energías renovables, a la protección del medioambiente, a la cuestión religiosa, al conflicto del yihadismo, de las migraciones, etc. 

Ahora lo interesante es quien insulta a quien. Esta especie de Gran Hermano en la política deja fuera de la escena a las cosas importantes y se fija en las de segundo orden, como decía al principio. De ello tienen bastante culpa los venales (venales son, según la RAE: vendibles o expuestos a la venta. Que se dejan sobornar con dádivas) y los llamados “periodistas”, cargados de ideología, que parecen políticos en campaña electoral, que vemos en los medios de comunicación, y los “tontulianos” de la tele, que andan más en nimiedades que en cuestiones de profundidad, y cuando emiten un juicio se ve la voz de su amo. No tenemos más que cambiar de canal e iremos observando cómo son utilizados los medios para orientar, cuando no manipular, la opinión del ciudadano en uno u otro sentido. Ojo, pues, que las cosas no son como nos las pintan y, sospechamos, que detrás de todo hay algo más que nos sumerge en la duda.

Pero no quiero dejar de romper una lanza a favor de los otros periodistas, aquellos que son claros, precisos e incisivos con el político, exigiendo respuestas a las inquietudes y preocupaciones de la sociedad. A los que arrojan luz, con sus análisis imparciales, sobre el momento político y social por el que andamos. Gracias a los que acorralan al político de turno dejando en evidencia sus deficiencias, sus incongruencias e incoherencias, a los que exigen que aclaren los programas haciéndoles comprometerse de cara al futuro, para que luego les podamos exigir el cumplimiento de lo que dijeron ante tal o cual medio de comunicación. Luego, cada cual, dentro de sus capacidades y criterios, debe decidir lo que estime conveniente, pero nunca debe ser como Vicente, que va donde va la gente…

Que usted lo vote bien, o debería decir, tal vez, que usted los bote bien, pero sin acritud ni insultos, desde la razón y su soberano voto…





2 comentarios:

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Antonio que bien lo has expresado, yo tb hice una entrada pero, tú para articulista eres un genio.
un besote

Antonio dijo...

Gracias, Mª Ángeles, siempre tienes una palabra de aliento para seguir trabajando en esto de escribir y compartir, tal como lo haces también en tu blog.

Un beso y felices fiestas