domingo, 18 de enero de 2015

El humor está a debate


Está el humor a debate. Es bueno que se hable del humor y de su significado para la gente. Yo entiendo que el humor es una manifestación de liberación del alma. Una forma de expresión singular y cargada de sarcasmo que nos permite ver las cosas sin el dramatismo de una realidad, a veces preocupante, que nos encorseta. El humor es la chispa que ilumina la mente para decir algo de forma diferente, imprevista y trasgresora, en muchos casos, que nos provoca la sonrisa, pero que casi siempre conlleva un mensaje.

A mí me encantan los humoristas y sus viñetas, como Forges, el Roto, Mafalda y ese importante elenco que tenemos en nuestro país. Desde el esperpento y lo absurdo te dan un mensaje que has de interpretar según tu propia mente y actitud, aunque la mayoría de las veces es de una rotundidad aplastante. Recuerdo la película “La vida de Brian”, una parodia, magistral muestra de humor de la vida de un sujeto paralela a la de Cristo, donde se le confunde en varias ocasiones con el propio Mesías. Me imagino que esto, en el Islam integrista, es condena de muerte segura, pero el cristianismo inserto en una sociedad laica como la occidental, tiene el justo nivel de tolerancia para criticar esta obra con las armas de la palabra y no con las otras que disparan balas en lugar de argumentos, siendo consciente de que la fe, quien la tiene, es inalterable por estas parodias.

En la expresión humorista se conjugan dos variables como son las formas y el mensaje. Tomemos, por ejemplo la viñeta del danés Kurt Westergaard donde representa a Mahoma con un turbante-bomba. A primera vista y en su forma, podría interpretarse como una agresión a Mahoma y sus seguidores en tanto lo asimilan al terrorismo, por lo que todo islamista se puede sentir ofendido… pero, por otra parte, se podría interpretar que de las ideas, principios y dogmas religiosos que predica Mahoma alguien ha concluido que se pueden poner bombas para matar a los infieles, ya que, al grito de Alá es grande, se inmolan llevándose por delante a gente inocente, incluso, creyentes del propio islam. Esta locura y desenfreno no tiene sentido ninguna, ni puede haber religión a credo que la justifique, salvo que el integrismo lleve a la alienación completa de los asesinos, como es el caso, donde se pierdan los valores humanos y el espíritu religioso. La espiritualidad va más allá de la confrontación y busca la bondad y el acercamiento a ideales de generosidad, tolerancia y paz equilibrada en un mundo creado, por ese dios en el que se cree, para el encuentro de toda la creación. Entiendo que ofende más a cualquier dios un acto de semejante barbarie, hecho en su nombre, que una viñeta por muy irreverente que sea. Por tanto, el islamismo debería considerar la gran ofensa que le hacen a Alá aquellos que, en su nombre, matan y yugulan las vidas creadas por Él, en comparación con una viñeta de humor.

Ahora bien, tras los últimos acontecimientos, los amantes de la expresión humorística andamos preocupados. Es cierto que hay, y debe haber, límites, pero esos límites van en función de las distintas culturas, de su forma de expresión y de la tolerancia en cada caso. No podemos imponer nuestra forma de expresión a otros, pero tampoco podemos consentir que esos otros nos la impongan a nosotros. El límite, en nuestro caso, lo ponen las leyes y a ellas nos remitimos cuando alguien atenta contra el honor de otra persona o grupo. Esa es la ley y la forma. Los límites, pues, son discutibles, pero eso lo ha de hacer el parlamento que legisla y las ciudadanía que lo vota. Si alguien se pasa, se ha de recurrir al sistema legal y demandarlo sin que nadie se tome la justica por su mano. Las leyes de los dioses son para sus creyentes, pero las leyes de la sociedad son para todos.

En estos días se habla muchos de esos límites, y eso es bueno. Su Santidad el Papa, en un acto poco santo, ha hablado y comentado que si alguien ofende a su madre él le da un puñetazo. Yo creo que, con todos mis respetos, la ha cagado con esta forma de expresarse. Sobre todo porque alguien, en estos momentos claves, puede desprender que esté justificando el acto de Paris al sentirse ofendidos por las viñetas de Charlie. Siendo un comentario normal, que cualquiera pudiera firmar, se puede sacar de contexto y usarlo como argumento de justificación de la violencia. El Papa, bajo mi modesta opinión y considerando que no soy yo quien para cuestionar cómo debe actuar el máximo representante de una religión como la católica o cualquier otra, se ha pasado y faltado a los principios que el propio Cristo nos enseñó. Él dijo lo de poner la otra mejilla, a San Pedro le recriminó que le cortara la oreja al romana que le prendía y se la volvió a colocar en su sitio milagrosamente, pregonó el perdón del enemigo, etc. No está bien que el Santo Padre, que personalmente me cae bastante bien por un sinfín de manifestaciones e iniciativas que está llevando a término, diga estas cosas en un momento tan delicado. Supongo que lo ha pensado antes de decirlo y pretenderá jugar a una de cal y otra de arena para acercarse a las otras confesiones, de lo contrario sería un resbalón muy cuestionable dado que alguien puede entender que es una incitación a la violencia física ante una expresión insultante de contenido verbal o escrito.

Pero volviendo al tema, todo esto me hace pensar que el aceite y el agua no son mezclables y que cada cual sigue manteniendo su identidad sin poder formar una sola sustancia. O sea, que la alianza entre civilizaciones es muy compleja de llevar a término en tanto no se determine un marco común de encuentro. No tiene sentido, en esa tendencia de encuentro, que en determinados países musulmanes, bajo el pretexto de la defensa de la verdadera fe, no se permita la construcción de iglesias y en Europa sí las mezquitas, cosa que yo no critico en nuestro caso, pero sí en el de los otros. Lo cierto es que en el proceso evolutivo social estamos a años luz (abro el paréntesis de nuestro anterior régimen que también nos llevó al ostracismo y regresión a estadios del pasado anclado en el integrismo religioso del nacionalcatolicismo). En Europa y el mundo occidental se ha pasado por revoluciones ideológicas donde se enterraron las formas feudales de gobierno y esa filosofía de pensamiento, emanante del siglo de las luces, con su ilustración, abrió los ojos de la sociedad occidental y le llevó a la evolución de su cultura (la revolución francesa marca sus consignas de libertad, igualdad y fraternidad). La espiritualidad pasó (o al menos se intentó y socializó la idea) a formar parte de la privacidad, los credos religiosos y las leyes civiles se separaron dejando a cada cual en su sitio, la sociedad se hizo, o definió, laica y la religión se respetó como un derecho inalienable de cada cual, al igual que las ideologías dentro de los principios y valores de esa sociedad. La ciudadanía, en su conjunto, establece las leyes para gobernarse en función de cada momento y del interés del colectivo que la forma, y la religión dicta las normas de conducta que han de sostener sus fieles desde un punto de vista exclusivamente personal. Esto solo se puede llevar a término desde el laicismo.

Un Estado laico y democrático es la única forma de enmarcar la convivencia entre unos y otros desde el respeto y la tolerancia. Pero esto, cuando la teocracia se ha practicado y sigue practicándose en determinados países, es complicado de hacerlo entender, al igual que conseguir que renuncie al poder la estructura religiosa que sustenta a los credos y a su intento sistemático de intromisión en las leyes civiles. Eso sí, si entran al debate de las leyes civiles deben tolerar que, en ese proceso de debate, se les critique y rebata todo aquello que ellos consideran sagrado, ya que, en el debate, los dogmas no caben sino el cuestionamiento sistemático de todo aquello que es objeto de ese debate.

Pero, volviendo a retomar el asunto del humor, yo sí creo que el humor es una válvula de escape y de comunicación que alegra la vida, a la par que trivializa las cosas dejándolas en el justo término de la nimiedad del ser humano… la risa es salud y reírse, incluso de uno mismo, es una buena vacuna contra la infelicidad. En todo caso, el humor y la palabra no se pueden matar con las armas, eso significaría que se pueden matar las ideas y si se matan las ideas se mata la libertad y consecuentemente, al propio ser humano en su dimensión creativa, en su esencia… se mata la vida. 

“No te tomes tan en serio esta vida, pues, al final, no saldrás vivo de ella”.



2 comentarios:

Modesto Reina dijo...

Pues sí, amigo Antonio, hay que reírse hasta de tu propia sombra.

Antonio dijo...

Ya sabes lo que yo digo, Modesto: "Bienaventurado el que se ríe de sí mismo, porque nunca le faltarán motivos".
La religión y la risa no se han de llevar mal, a pesar de los sujetos como Jorge de Burgos, el fraile de En nombre de la rosa, de Umberto Ecco.
Saludos