martes, 16 de septiembre de 2014

Al Toro de la Vega.


Ante todo querría pedirle disculpas por el dislate y el sadismo que le van a llevar a la muerte. Ya sé que usted no tiene la culpa, que para algunos es un mero ejercicio de diversión y de salida de sus instintos más viles, aquellos que solo se colman con la sangre, con el sufrir de un inocente animal que, sin comerlo ni beberlo, acaba en sus redes. Dentro de su cobardía se podrán creer muy valientes por retar innecesariamente a un animal, posiblemente más humano que ellos, a un combate donde un grupo de personas se alían para vejar y atentar contra la vida ajena. Es una cobardía arropada por el grupo, por la turba donde se diluye la responsabilidad, donde se pierde la individualidad para someterse a ese grupo que te lleva a destrozar los principios más elementales de la vida, de la ética, que deben adornar los actos de los hombres. Los grupos tiene su peligro si arrastran a la gente a la inconsciencia, a la sumisión y alienación, a la pérdida de los valores personales para aceptar los de otros, llevados por al ardor de la masa.

Defender esto con base en la tradición y en la cultura popular es tan miserable como defender la violencia ejercida desde el poder. Esta “llamada tradición” es de tiempos medievales, que ya se deberían haber superado… La tradición se rompe cuando no encaja en la evolución de la sociedad, los seres humanos evolucionamos y cuando hay gente que frena esa evolución, que pone palos en las ruedas y reivindica estas animaladas (con perdón de los animales que no suelen hacer esto en ningún caso) solo cabe llamarlos trogloditas, anacrónicos y crueles seres que anclan en un pasado sus instintos más despreciables y abominables. Jueguen al futbol, practiquen algún deporte para el divertimento y la necesidad de autoafirmación, pero respeten la vida de los otros seres, pues no tienen ningún derecho sobre ella. Atacar a otro ser y arrebatarle la vida sin ninguna justificación es un ejercicio que lleva a preguntarse: ¿dónde empieza y dónde concluye el intento de justificar el acto? Puede ser un toro, que yo no sé que podrá haber hecho el pobre toro para merecer esto; puede ser cualquier otro animal, pero, en todo caso, subyace la necesidad de mostrar el miserable dominio que los seres humanos ostentan sobre el resto de la creación, incluso sobre sus semejantes.  Mal se debió entender el mensaje del Génesis, cuando Dios creó al hombre el sexto día. Dice así:

Génesis 1:26-31
26 Dijo Dios:
—Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza. Que domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, sobre todos los animales salvajes y todos los reptiles que se mueven por la tierra.
27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó.
28 Y los bendijo Dios, y les dijo:
—Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que reptan por la tierra.
29 Y dijo Dios:
—He aquí que os he dado todas las plantas portadoras de semilla que hay en toda la superficie de la tierra, y todos los árboles que dan fruto con semilla; esto os servirá de alimento. 30 A todas las fieras, a todas las aves del cielo y a todos los reptiles de la tierra, a todo ser vivo, la hierba verde le servirá de alimento. Y así fue.
31 Y vio Dios todo lo que había hecho; y he aquí que era muy bueno. Hubo tarde y hubo mañana: día sexto.

Aunque uno no crea en estas cosas, hemos de entender que sí han influido mucho en la cultura de los pueblos y que la propia religión ha sembrado la semilla de este credo. Y aquí hay dos cuestiones de peso que merecen aclararse. O Dios es malo y violento hasta con su propia creación, pues si ha creado al hombre a su imagen y semejanza, debe parecerse a él y aprueba el sadismo contra los otros animales de la creación; o el hombre, en el desequilibrio entre bondad y maldad, ha optado por la maldad y ataca y destruye la creación de Dios, abusando del dominio que le dio sobre el resto de ella para gestionarla y protegerla permitiendo que crecieran y se multiplicaran todos los seres.

A mí me da la sensación de que quienes actúan contra el toro de la Vega o ejercitan cualquier otro acto semejante, quienes muestran su sadismo y agresividad, llevan una buena dosis de inmadurez en su mente y de la maldad agresiva y destructora de la propia creación. Necesitan mostrar su dominio sobre las cosas exhibiendo el poder de quitar la vida, el máximo y sublime poder que solo le tocaría a Dios mediante el fin de un ciclo vital, en lugar de protegerla y ayudar y potenciar el desarrollo del conjunto de esa creación.

Claro que llevado a un extremo del desprecio a la vida, cabe preguntarse si ese mismo acto lo harían con otra vida de “orden superior”, con un humano desafecto, por ejemplo… y eso, como ya sabemos, sí es posible, pues se hace y ejercita en otras culturas y en la nuestra en el pasado. Lapidar a quien no es como nosotros o no cree en lo mismo, a quien infringe una norma o ley, a  quien es un hereje y/o peca, es como asaetear al toro de la Vega elevado a la enésima potencia. La masa, el grupo enardecido, es capaz de todo cuando pierde la brida de la sensatez y se somete al grupo irracional.

El desprecio a la vida ajena, sea o no de un animal, y el ejercicio de la violencia como forma de divertimento, hace indignas a las personas que la ejercen. Esa indignidad es reprobable y denunciable hasta conseguir que el ser humano sea, eso, más humano y ejerza una conciencia más racional, responsable y respetuosa con el entorno y la vida que lo conforma. Tanto si se tiene un credo religioso como si no, el ser humano tiene la responsabilidad, como ser superior, pensante, en tutelar y mantener el desarrollo de su entorno y el respeto a la vida, como ya he dicho.


Los responsables de dar cobertura legal a ese acto, son corresponsables de la barbaridad tanto como el que asaetea o lancea al toro, pues siguen manteniendo el anacronismo de una fiesta medieval que sobrepasa el desarrollo y evolución de la ética de los pueblos. Ellos, también se enmarcan en ese anacronismo ideológico y político. 

4 comentarios:

Maripaz dijo...

Totalmente de acuerdo, Antonio.

Antonio dijo...

Paripaz creo que quien apoya estos actos bárbaros con la excusa que quiera, es indigno que se llame ser humano.
Quien es capaz de matar, por el mero placer de divertirse, a otro animal, es un asesino en potencia, solo hay que crear el contexto para que ejerza de tal y acabe matando a una persona.
Un saludo

Jesús Herrera Peña dijo...

Está muy bien este artículo, Antonio. Yo sintonizo al 100% con lo que dices el él.
Me imagino que muchos de esos garrulos que mantienen tan campantes esas tradiciones tan crueles, dicen algo parecido a lo del chiste de Gila: "si no saben aguantar bromas que se vayan del pueblo".
Quizá no venga a cuento lo del chiste de Gila sobre la broma al boticario del pueblo, o quizás no se me entienda completamente.
Es que los pueblerinos torturadores del toro de la vega, uno de los argumentos que esgrimen contra los detractores de tan execrable "festejo" es que dicen:
"Los que no les guste ver esta noble y tradicional lucha contra el toro, que no vengan. A mí, como no me gusta el teatro, pues no voy y ya está".

Un saludo afectuoso,

Antonio dijo...

Pues sí Jesús, ese es el asunto, que son tan garrulos que se piensan que la cuestión es estar o no presente en ese acto salvaje, cuando de lo que se trata es de consentir o no esa salvajada y seguir o no impasibles ante la crueldad.
La cosa es tan tremenda que sí se les quiere cortar esa violencia la vierte contra quien los crítica y los apedrean sin pensar en las consecuencias. Es lo que digo, esta masa es la estaría dispuesta a lapidar a la pecadora.
Un saludo