lunes, 26 de noviembre de 2012

El conflicto eterno


Existen en vuestro mundo un sinfín de lugares donde la semilla de la violencia se sigue cultivando. Tenemos más o menos conciencia de ello en función de la importancia que tenga ese territorio, de lo mediáticos que sean y de los intereses que se jueguen en esa tierra. No nos importa demasiado lo que pueda pasar en Etiopía, Somalia o en el sufrimiento de las tribus amazónicas acosadas por el expansionismo económico que nos sustenta, por poner algunos ejemplos. Pero cuando el conflicto se da entre sujetos afines a nuestra cultura e intereses económicos, no cabe el olvido, sino el posicionamiento.  Se puede invadir Irak, Afganistan, etc. o manipular y apoyar movimientos sociales que se ajusten a los intereses del grupo dominante de occidente, derrocando gobiernos de no menos dudosa legitimidad que otros alabados y aceptados como demócratas.

Europa y EE. UU. no pueden evadirse de la responsabilidad sobre las causas que generaron los conflictos. El proceso de colonización impositiva en el mundo subdesarrollado que se dio en los pasados siglos y la consiguiente descolonización, fraguó fronteras y Estados que no responden a la realdad social y cultural de los pueblo, sembrando el odio y la contienda de forma incontestable. Hitus y Tutsis en Ruanda con su sanguinaria guerra civil, las hostilidades del Cuerno de África y nuestra propia experiencia en el caso del Sahara, demuestra que la sangre sigue siendo derramada en conflictos irresolutos a lo largo del planeta.

Pero hay un lugar especialmente significativo por su valor histórico, su potencial humano y los intereses religiosos, culturales, económicos y estratégicos. Me refiero a Palestina. Ya, desde tiempo inmemorial, queda plasmado en la Biblia la eterna confrontación entre un pueblo prepotente y megalómano, que se definió el pueblo elegido por Dios, guiado por su divina mano en la confrontación con su vecindad, que se siente autorizado y avalado por esa divinidad, inventada en sus sagradas escrituras, para hacer de su capa un sayo y actuar con la mayor crueldad contra sus enemigos rompiendo la equidad en su propia ley del Talión. Ojo por ojo y diente por diente, como aparece en la Biblia: Éxodo 21:23-25, en Levítico 24:18-20 y en Deuteronomio 19:21.

Por otro lado existe otro pueblo, el musulmán, que no se anda a la zaga en cuestiones del empleo de la violencia para imponer sus intereses, su fe y su cultura, cuando aflora el integrismo. Para más inri aparece una decisión más o menos arbitraria en el proceso de descolonización de la zona por parte de los ingleses y de la ONU, que acaba con descontento general, con guerras y un conflicto continuo entre el reciente Estado de Israel y los habitantes palestinos de ancestral ascendencia en la zona. El flujo migratorio judío se consolida y empieza una marginación de la población autóctona y una consolidación del Estado israelí apoyado por la sucia conciencia occidental ante el tremendo holocausto perpetrado durante la II Guerra Mundial con abominables crímenes sobre el pueblo judío.

Israel se convierte en un Estado floreciente, con sólida economía, un pueblo beligerante y con un objetivo claro de consolidación nacional, que no iba a permitir ser exterminado por los países vecinos, para lo que cuenta con la importante ayuda de los EE. UU. A partir de ese momento el conflicto judeo-palestino se convierte una confrontación donde todo vale, desde el terror integrista del islamismo palestino, hasta el terrorismo de Estado practicado por el propio Israel. La gran diferencia está en los recursos de cada parte, mientras Israel es un Estado poderoso, bien armado y solvente, palestina es un complejo rebelde e insumiso al expansionismo israelí, que reivindica su derecho a la tierra que les vio nacer, desde una mayor pobreza e inferioridad.

Ese eterno conflicto sigue latente y periódicamente surge un nuevo foco de fuego abrasador que llena de muerte y destrucción la zona. Habría que ver quiénes son más hijos de su madre, si los israelitas de piñón fijo me buscan imponer su expansionismo sionista o los seguidores de Hamás con su tendencia a la inmolación reivindicativa. Lo ciertos es que están en una lucha desigual, de recursos dispares, donde la sangre palestina brota en una proporción de 100 a 1 ante la confrontación violenta y la destrucción de sus bienes, casas y ciudades de Gaza, que es muy superior a la capacidad que tienen para lesionar intereses de Israel.

Hay en los dos bandos gente de buena voluntad, pacífica y que busca la convivencia respetuosa desde la divergencia, pero mientras los integrismo anden al timón, con un gobierno israelí que entiende el diente por diente como diente por toda la dentadura del enemigo, capaz de aplastar con misiles, no solo a los responsables, sino al entorno, sembrando el terror, el miedo  y la miseria entre los palestinos; a la par está Hamás dispuesto a sacrificar a un pueblo en actos de pura simbología reivindicativa, puesto que la mayoría de sus misiles ya son interceptados en el aire por el ejército israelí y el daño que puedan ocasionar al pueblo judío acaba multiplicándose por cien cuando aflora la venganza de los otros sobre la ciudadanía palestina.

Sigo reflexionando sobre ese conflicto enquistado “per secula seculorum” que nos continua mostrando la parte más negativa de los seres humanos, con el odio, asesinatos, terrorismo, la venganza, la soberbia megalómana, el mesianismo trasnochado y un sinfín de variables que provocan la repugnancia en las mentes pacíficas y justas que pretenden una solución estable y definitiva a tanta injusticia y confrontación. Me causa especial preocupación el sufrimiento infantil, donde cada misil, cada muerte, se convierte en semillero de odio para seguir en esa espiral de violencia. Las lágrimas y el llanto conducen directamente a la ira, a la frustración y el rencor que seguirá sustentando el conflicto. Son los más débiles, más desprotegidos y vulnerables, donde la miseria sigue haciendo de las suyas en el caso palestino. Israel cuenta con más de 30.000 dólares de renta per cápita y la zona palestina con apenas 1000. Está claro que conviven un David y un Goliat que no se dejará tumbar de una pedrada, sino que aplastará al apedreador con sus bombas. Ese es el peligro que tiene lanzar una piedra o un misil a un enemigo tan poderoso y avalado por el papá americano.

Tal vez un poema sirva para dar más énfasis a todo esto:


Vientos de odio arreciando
entre pueblos que la historia
los siguió siempre enfrentando.

Las piedras siguen volando
como si David buscara
derrotar a Goliat
de una certera pedrada.

Y ese joven casi imberbe
con su onda pertrechada
busca tumbar a un gigante
que le agrede con sus armas.

¿Qué pueden hacer las piedras
contra tanques y sus balas?
¿Cómo puede este chiquillo
luchar con sus amenazas
contra tropas entrenadas?
¿Cómo se entiendo hoy en día
que un ejército judío
dispare indiscriminado
a todo un pueblo y sus casas?
Y con toque de cinismo
justifican sus hazañas:
Son daños colaterales
que causan sus amenazas
y sin poderlo evitar
se convierten en matanzas.

Son semen de terroristas
a eliminar con las armas
para que al final aprendan
que a Israel no le rematan
que Dios nos tiene otorgada
esta nuestra Tierra Santa.

Y se recuerda a Josué
con su sanguinaria hazaña
arrasando Jericó
con violencia inusitada
obedeciendo principios
que Yavé le inoculara
y de este Dios vengativo
de crueldad insospechada
encontramos en la Biblia
un sinfín de sus andanzas
con anatemas de muerte
de destrucción y bravatas
aniquilando enemigos
a palos y cuchilladas
hasta hacer de Palestina
una tierra sometida
al dominio de su raza.

Y aquí, mirando el pasado,
integrismo que atenaza,
se acaba perdiendo todo,
quedando sin esperanza
para buscar soluciones
a tanta y tanta matanza
con Hamás encabritado,
Israel sembrando el odio
obviando a la gente buena
que no se presta a su holganza
siguiendo en esa espiral
de terror y de amenaza
que hace que mueran un ciento
por cada infante judío
que muera en esa batalla.

6 comentarios:

Ana Márquez dijo...

Y lo más curioso, Antonio, es que son todos hermanos, hijos del mismo padre, Abraham. Los israelitas son descendientes de Isaac, y los musulmanes de Ismael, ambos hijos del viejo patriarca, por tanto llevan la misma sangre. A los hijos de Ismael, o sea, a los musulmanes, Dios prometió -siempre según el texto bíblico que se toman tan al pie de la letra cuando les conviene- que también serían "una gran nación", creo que la frase exacta de Dios a Abraham en este libro fue: "de Ismael haré también una gran nación porque también es hijo tuyo". Es decir, q ambos pueblos son "bendecidos" y la lucha entre ambos, si seguimos su propio y literalista razonamiento "bíblico" sería "pecado" a los ojos de ese Dios que ambos pueblos tanto veneran, y que, es de suponer, no vería con buenos ojos que sus dos hijos bendecidos se lleven como el perro y el gato :-) Como ves, la cosa no tiene ni pies ni cabeza. Cuando me conviene me respaldo en la Biblia, cuando no me conviene la cierro y la devuelvo a la estantería.

Creo q aquí, como en tantos otros temas candentes, hay una cuestión política, de territorialidad y enemistad histórica disfrazada bajo la excusa de un problema religioso.

Creo que la meta final sería q todos aprendiéramos a respetar y ser tolerantes con las creencias e idiologías ajenas, desde la comprensión y la empatía, pues los integrismos, vengan de donde vengan, siempre llevan a la violencia, la confrontación y el sometimiento. Hoy mismo he leído el caso de Asia Bibi, una mujer pakistaní, ama de casa, madre de cinco hijos (uno de ellos discapacitado) que las autoridades de su país tienen prisionera en una celda sin ventanas a la espera de ejecutarla en la horca. ¿Su delito? Ser católica en un país musulmán, la van a ejecutar por "blasfemia"... Así, como el q se bebe un vaso de agua. Y en este caso el papel de tiranos recae sobre los "buenos" de la otra historia, los musulmanes.

Conste q en el coflicto árabe-israelí, yo estoy de parte de los palestinos, porque en este caso creo que son las víctimas, pero también creo que todos deberían hacer un esfuerzo por hacer hincapié en aquello que saben que les une (ser todos hermanos, hijos del mismo padre), que en lo q les separa. Otro gallo les cantara. Claro que, cuando el odio está tan enraizado, la tarea es ardua.

Pero las herencias, ya se sabe, suelen separar a muchas familias :-) Sobre todo cuando el difunto tiene dos esposas, cada una con un hijo... De aquellos polvos estos lodos, jaja.

Ojalá algún día acabe tanto horror y lleguen a algún tipo de entendimiento. Yo rezo por ello.

Perdón por tanto rollo, Antonio. Vengo a menudo pero no siempre tengo tiempo de comentar. Besos grandotes.

Antonio dijo...

Gracias, Ana, por tu amplio comentario que ahonda en mi exposición. Para todo creacionista todos somos hijos de Dios, y la guerra siempre es entre hermanos.
Un abrazo

Prudencio dijo...

Como indicas, Antonio, el conflicto árabe-palestino viene impuesto desde la creación del Estado de Israel, 1948,en un territorio que no pisaban los judíos desde casi 2.000 años. Sus moradores fueron rechazados a otras zonas, algo que no perdonan, con razón. Después de la guerra de los 6 dís Israel, como botín de guerra se queda con la zona de Gaza.
Israel sobrevive, y bién, gracias a la ayuda de EE.UU, que no puede permitirse el lujo de perder el peso de los judíos en su economía, por lo que tiene que hacer juegos malabares para mantener a la vez un equilibrio con los demás paises de la zona, enemigos de Israel, aunque no lo declaren, por la dependencia del mundo occidental del petroléo. Para ello, si tiene que invadir lo hace ( Iraq),boicotea,Irán, y negociar siempre. Hamás, por ideología, ataca; Israel se defiende, es más fuerte,hace más daño, pero qué país no lo haría contando los misiles que llegan a su capital. Quizá en unos días, los palestinos formen parte de la ONU como obeservadores. Lo que les permitiría acudir a la Corte Penal Internacional. Otro capítulo se abre con los interrogantes de la ¨primavera árabe¨: no sabemos si habrá más fundamentalismos o democracias. Creo que va para largo.
LLegado aquí, uno se da cuenta que es como una novela que no imaginamos como acabará, ni siquiera el propio autor.
Quiero agradecerte Antonio tus escritos, porque nos informas, y nos haces reflexionar. Un abrazo.

Antonio dijo...

Prudencio, gracias a ti por leerme y plasmar tus comentarios tan enriquecedores.
Un abrazo

Cayetano dijo...

Un conflicto que va para largo, con esos halcones instalados en el gobierno. El miedo hace que la gente vote a gestores de mano dura. Y el conflicto así se retroalimenta.
Mi enhorabuena por esas 100000 visitas.
Un saludo.

Antonio dijo...

Gracias, Cayetano. El conflicto es eterno porque se funda en la desconfianza y el miedo, donde se sienten seguros los dictadores ye integristas que se presentan como protectores de los suyos y destructores de los otros.
Un abrazo