viernes, 2 de septiembre de 2011

Transversalidad humana


Acabo de publicar en el blog Grito de lobos, unas reflexiones tituladas Zeitgeist o el espíritu de los tiempos, (cliquea en el título para cargarlo) por lo que te invito a visitarlo y a participar con tu comentario si lo crees conveniente. En ellas hago referencia al concepto de transversalidad humana, que me da pie a escribir este otro como ampliación a lo publicado.

Podemos entender como transversal a la línea que une a varias otras que son paralelas entre sí. Por tanto todas las líneas paralelas tendrán un punto en común con la línea transversal. Al igual que existe esa línea transversal, también hay cantidad de valores que son transversales al ser humano. Cuando nacemos llevamos el mensaje común que da la especie y a partir de aquí nos van condicionando y dirigiendo los sistemas educativos en función de la cultura imperante en el medio donde estamos. Es ese proceso de socialización, o adoctrinamiento, el que nos crea las grandes diferencias, el que nos vincula, especialmente, a nuestro grupo y nos segrega de los demás haciéndonos pensar que somos tan diferentes y que nuestra cultura es la de mayor valor, mientras que los otros son potenciales enemigos. Perdemos la visión crítica para comprender que en cada cultura hay valores interesantes que deberíamos asumir para mejorar la nuestra. No quiero entrar en el análisis pormenorizado de cada una de ellas, pues sería motivo de otra reflexión amplia y profunda, pero sí decir que las culturas son la argamasa que une a las sociedades, por lo que es la base de la estructura social y su funcionamiento, donde se definen y ordenan los principios, valores, conductas y actitudes que sustentan al grupo, otra cosa sería su nivel de bondad y de perversión, su justicia o arbitrariedad, etc.

A lo largo de mi vida he ido conociendo a multitud de individuos, sujetos con los que fragüé, o no, amistad en función de la avenencia que tuviéramos, o lo que hoy se llama la química personal. Pero, con los años, he ido valorando cómo he sido manipulado para establecer esquemas que condicionaran la relación, en tanto asenté prejuicios en función de tópicos, de etiquetados que, generalizando, fueron envolviendo a todos los sujetos del grupo. Esto daba una idea de cómo es una persona según su cultura, al grupo que pertenezca, su religión, su nacionalidad, raza, ideario político, incluso su lugar de nacimiento, si es catalán, andaluz, madrileño, vasco, etc. Luego están los localismos, como en mi tierra, que no es lo mismo un malagueño, que un sevillano, “granaino” o gaditano, por decir algo.

Antes he usado el término manipulado, pero esa manipulación tiene dos lecturas, una interna y otra externa; la interna alude a la propia intención cognitiva de generalizar para facilitar el trabajo de opinión y las conclusiones, y otra externa que va más allá, y que se van adquiriendo con la cultura popular, bebiendo de otras opiniones más o menos fundadas, donde se anclan los tópicos. Lo cierto es que cuando se conoce a alguien no podemos evitar establecer una hipótesis, de cómo es el sujeto, basada en los prejuicios, hipótesis que luego se tiene que reconsiderar para acercarla más a la realidad, hasta validarla mediante el trato directo. No hace mucho, una amiga que ya me conoce más, me confesó que ella tenía una opinión equivocada de mi persona, todo ello tras un rato de cachondeo, humor y conversación. Así es, a veces, la misma tipología nos sustenta la hipótesis a que aludía.

No quiero dispersarme, pues acabaré hablando de la interpretación de la teoría de las expectativas y de la profecía autocumplidora como elementos a considerar ante una relación, cuando lo que pretendo mostrar solo es la conveniencia de tener una mente permeable para poder aceptar al sujeto y huir de los prejuicios y las tipologías encorsetadotas, además de buscar los puntos en común y usar las divergencias para ampliar el campo y la visión de la vida.

Por tanto, a poco que he escarbado en las personas que he ido conociendo he descubierto una homogeneidad entre ellos, una serie de valores transversales a todos sin distinción de su procedencia, aunque tengan diferentes formas de expresarlo. Eso es lo que me ha unido a ellos. Ayer, sin ir más lejos, estando con mi familia, entablamos conversación con una señora y su hija, que estaban en la mesa de al lado, en la terraza del bar (esa suerte que tenemos en Málaga, donde las terrazas de los bares funcionan casi todo el año), hace algún tiempo me hubiera parecido osada mi actitud, pero ahora me parece de lo más normal; el resultado fue una agradable conversación y descubrir a dos estupendas personas con las que departimos desenfadadamente, a las que desde aquí les mando un afectuoso saludo.

Excusando este paréntesis de vivencia personal, ello no quita la existencia de diferencias interpersonales que tienen su soporte en el proceso de integración en su cultura grupal, en una desigual forma de ver determinadas cosas, la relación con la propia naturaleza, la concepción de la familia, la lealtad, la expresión afectiva y un sin fin de variables que fueron componiéndose a través de la socialización en su grupo de procedencia o referencia, incluida la reticencia y suspicacia excesiva hacia los otros.

El ser humano, en el tú a tú, en el cara a cara, en esa relación personal directa, es mucho más sensato, más común y próximo de lo que nos podamos imaginar, siempre y cuando se parta desde la mutua confianza, desde la disponibilidad al entendimiento, a descubrir como es el otro sin imponer, descalificar o desaprobar su forma de vida y cultura, intentando empatizar para mejor comprenderlo; cuando la reticencia y suspicacia a la que aludía se ha neutralizado. Luego podrá venir el debate abierto, desde la confianza, para discutir y establecer cuales son las conductas y hábitos más saludables para los intereses del ser humano en su conjunto, pasando de atavismos extemporáneos, de tópicos y prejuicios que bloquean la razón y la disponibilidad receptiva.

Por tanto, yo sigo pensando que si somos capaces de identificar los valores transversales que nos unen, podremos empezar a entendernos de veras y mandar a la mierda a esos otros segregacionistas, tradicionales y anacrónicos que bloquean las relaciones humanas, cuando no las hacen impositivas, desde la fuerza, a través de la cultura del sometimiento y la sumisión. Ellos nos pueden llevar a la confluencia de culturas desde el respeto y una actitud sinérgica, haciendo confluir, desde la inteligencia, las energías constructivas que mejores al conjunto de los seres humanos y que ha de integrar el entorno.

En el esquema que acompaño pretendo mostrar, de forma gráfica, el sentido de esta reflexión. Distintas culturas, que van afianzándose en su enfoque y preponderancia, integran a los sujetos, mediante la socialización, en grupos culturales diferentes que cada vez los alejan más del campo inicial compartido de los valores humanos comunes, para hacernos más serviles con el poder que gobierna y dirige el grupo. O damos un giro a nuestro sistema de convivencia o esto se va al garete…

10 comentarios:

María dijo...

Uf, como dice mi amiga Marisa en mi última entrada, si lo sé me traigo la merienda.
Sí amigo (para mí lo eres) habrá que transformar muchas cosas aparte del sistema de convivencia, la manera de ver las cosas como hemos hecho hasta ahora y no dando pasos hacia el pasado, sino hacia el porvenir, que nadie sabe cómo es.
Es importante que gente como tú nos hagas reflexionar para ver si así cambiamos el panorama que yo, pesimista siempre, veo desolador.
Buena entrada.

Saludos

Juan Navarro dijo...

He leído tus dos artículos en el orden que propones.
Supongo que el análisis es plenamente correcto desde una visión superestructural, en el sentido marxista del término. Pero te apunto cuatro cosas que me parece que quedan fuera y que desdibujan las conclusiones:
1. Los elementos de psicología social y personal que tanto intervienen en la conformación de los grupos y en su dinámica, así como en el desarrollo de las relaciones de dominio. Recuerdo El miedo a la libertad, de Erich Fromm.
2.Grupos sociales aislados y desarrollado al margen de cualquier dinámica social colectiva. Dos como ejemplo: Las Batuecas, al norte de Cáceres, aisladas y hoy plenamente integradas en la "civilización", y las tribus aisladas de la selva brasileña. Si mañana desapareciera la raza humana de la tierra (cosa nada improbable por nuestra capacidad autodestructiva), ¿no serían estas tribus el germen de la nueva civilización humana?
3. Los nacionalismos, que sí se observan en tu análisis, pero que quizá no se valora suficientemente su dinámica cultural enriquecedora. Hoy, cuando es el imperio quien impone las reglas, un idioma antiguo con un gran poso cultural, como Cataluña, por ejemplo, es una garantía para la libertad individual y para la democracia.
4. 15M. Me parece que ésta es la novedad más importante y que quizá se entenderá cuando se analice en el futuro. Aportan el "espíritu de la colmena" o de las abejas, es decir, piensan y reflexionan colectivamente, pero no como suma de individuos (versus Grito de Lobos) sino como entidad superior, como organismo, como hacen las abejas. Mi experiencia personal es que todos los proyectos colectivos basados en la suma de individuos, estratificados o no en diferente grados, están condenados al fracaso porque se basan en el esfuerzo exclusivamente personal y busca, más o menos explícitamente, la recompensa personal. Históricamente han fracasado. La propuesta 15M es radicalmente distinta: lo primero es el organismo colectivo, de ahí surge toda la dinámica, y lo personal es sólo parte de lo colectivo. Eso no significa que lo personal carezca de valor, al contrario, el océano se compone de gotas de agua, porque sin lo personal no habría colectivo.
Excelente reflexión la tuya, Antonio.

emejota dijo...

Antonio corazón, suscribo punto por punto lo que expones.
Lo que si tengo claro, pero claro, claro es que a pesar de todas nuestras "trasdencencialidades", cuando nos conozcamos, que espero no sea muy tarde, las risas, la juerga y la ironía estarán servidas. Para seriedades ya tenemos el blog. Besazo.

emejota dijo...

ANTONI: Reepetimos.
Antonio corazón, suscribo punto por punto lo que expones.
Lo que si tengo claro, pero claro, claro es que a pesar de todas nuestras "trasdencencialidades", cuando nos conozcamos, que espero no sea muy tarde, las risas, la juerga y la ironía estarán servidas. Para seriedades ya tenemos el blog. Besazo.

Antonio dijo...

Gracias, María, por lo de amigo, tú también lo eres para mí y algún día espero que nos encontremos personalmente.
Exactamente es lo que tu dices. Necesitamos un proceso de transformación y eso, para que sea sólido, se ha de ir enraizando en las mentes desde la razón y no desde la emoción visceral Tal vezz por eso no consolidaron en su justa medida las revoluciones, porque fueron viscerales y poco racionales, salvo para unos pocos que ejercieron como líderes. La trasformación del hombre y la mujer ha de ser lenta para consolidarse de forma eficaz.
Saludos

Antonio dijo...

Gracias, Juan, por tu paciencia y haber deglutido todo el rollo, además de por tu interesante aportación.

No sé si el análisis es correcto, pero lo asumo como mi análisis. Hace tiempo que cuestioné lo correcto socialmente para entender el mundo desde mi sentido de la corrección que se fraguó en base a mis experiencias hasta ser adulto. Puede, incluso, que siendo correcto para mí, no lo sea para otro, aunque ello no deja de ser interesante, pues me aporta otra visión con posibilidad de reorientar mi propio análisis.

Referente al primer punto es bien cierto que la formación de grupos y el ejercicio del poder en los mismos condicionan su dinámica, evolución y estructura. El miedo a la libertad se suele tener porque implica miedo a la responsabilidad que debe ejercer todo hombre libre, y no se nos enseñó para ello, sino a ser pícaros y egoístas, lo que lleva a una cierta dosis de hipocresía social.

Grupos sociales con culturas muy diferenciadas persisten en el mundo, pero la imposición de las culturas occidentales ha hecho que casi desaparezcan sin considerar su valor social y humano, puesto que el sistema capitalista y de poder ha buscado su propio beneficio y no el beneficio social. Es posible, así mismo, que si aparece una catástrofe que nos quite los recursos que tenemos para sostener nuestra sociedad de consumo, tan artificial, solo supervivan aquellas otras que tiene su propia capacidad para generarse y sostener en un ambiente ecológico.

Yo no creo en los nacionalismos, sino en la diversidad. El concepto nacionalista me suena a más de lo mismo pero dentro de un lugar más o menos reducido, sobre todo si son excluyentes y prepotentes. Hay nacionalismos integristas, o nada recomendables, españoles, catalanes, vascos, gallegos o andaluces que pueden perder la visión holística del ser humano. Yo creo en la diversidad de culturas como elementos integrados de la macrocultural social del planeta. Esas diferencias, en una orientación sinérgica, dan sentido al conjunto del ser humano, pero si se enfrentan, como lo han hecho hasta ahora, siempre habrá quien abuse de lo emocional (las llamadas emociones choque) para su propio beneficio.

Con relación al 15M considero que era necesario e imparable que surgiera. De hecho ya había movimientos previos que confluyeron en él. De todas formas la génesis del movimiento fue la indignación y las causas de una indignación pueden ser muy diversas, incluso contrapuestas, pero es evidente que se ha de dar una situación de crisis que requiere cambios. El problema, para mí, es que se intente reconducir desde otros intereses que no sean los propios que deben tener en ese movimiento. Creo que se está produciendo un proceso de reflexión social de primera magnitud, donde participamos todos, por eso hablo de confrontación, de batalla por reconducir el Zeitgeist porque ahí esta la clave, en crear una nueva dinámica, con nuevos principios, que reconduzcan al mundo hacia su salvación y la justicia social.

Bajo mi punto de vista, si el 15M o quien fuera que quiera reconducir el mundo hacia una situación de libertad y de mayor justicia, lo debe hacer desde crear un sujeto que entienda el compartir, la pertenencia, la propiedad, el respeto y demás valores, orientados hacia esa libertad y creatividad responsable y universal del ser humano en una sinergia evolutiva común donde desaparezca la codicia y las leyes que la amparan en el sistema actual.

Siento haberme explayado en mi comentario pero es que los dedos se van tras las ideas y acabo en un texto demasiado amplio.
Un saludo

Antonio dijo...

Emejota, me apunto lo del encuentro y las risas e ironías. Es una buena forma de afrontar la situación eliminando tensiones.
Un beso

Mariano Sanz Navarro dijo...

Te digo lo que pienso cuando leo una buena novela (pocas veces): "Coño (omitase), eso queria escribir yo". Saludos

Antonio dijo...

Gracias Mariano. Me alegra compartir ideas contigo.
Un saludo

Myriam dijo...

Exactamente: debemos fijarnos másw en lo que nos une que en lo que nos separa. Me gusta esta reflexión tuya y en especail el concepto de transversalidad.

Te manos un beso a tí y otro a Loli, desde Buenso Aires.