martes, 19 de junio de 2007

TU SIEMBRAS, TU RECOGES


Siempre me preocupó la influencia que pudiera tener, en la relación con los pacientes y su familia, el cómo se establece el primer contacto. Para mí, ha sido habitual hacerles ver a mis alumnos la importancia de realizar una buena gestión del momento de la recepción. Esta tiene una serie de connotaciones que hace de ella una pieza definitiva en el sistema de relación que se establecerá y desarrollará durante todo el tiempo que dure la asistencia sanitaria; la gestión del primer contacto, pues, es el elemento clave sobre el que pivotará el proceso de interacción.

Nuestra habilidad radica en la capacidad que tengamos para analizar la situación inicial y deducir aspectos clarificadores en relación a distintos factores, como son: personalidad del paciente, nivel de maduración, sus preocupaciones, nivel de ansiedad y angustia que le genera la situación, sus expectativas, experiencias anteriores con el sistema sanitario, información que tiene sobre su funcionamiento, conocimiento del medio, disponibilidad y actitudes receptivas o de rechazo, sus habilidades de relación, su nivel cultural, relaciones interfamiliares, rol que desempeña en la familia y sociedad, etc. En suma, hacer un excelente diagnóstico situacional.

Una vez detectadas y analizadas estas variables hemos de poner en marcha un proceso de comunicación que nos haga llegar al paciente y su familia de la forma más clara y precisa posible, buscando la plena confianza, tranquilidad y colaboración de todos ellos. En este punto juega un papel importantísimo nuestra capacidad de reconducir la situación hasta el lugar en que nos sintamos gestores del contacto, controlando la interacción inteligentemente para conseguir el objetivo al que me he referido.

A veces, para comprender las cosas, no hace falta nada más que ponernos en el lugar de la otra persona, empatizar, o en circunstancias similares. Sabemos, por propia experiencia, que cuando acudimos a un lugar nuevo o nos presentan a alguien, solemos tomar una posición expectante, hacemos una hipótesis sobre los valores del sujeto nuevo en función de prejuicios, experiencias anteriores, información que tenemos del mismo, etc. Cuando un sujeto llega a un centro sanitario por requerir algún tipo de asistencia, también elabora una hipótesis y establece unas expectativas. Esta hipótesis no cerrada, con disposición a ser modificada en función de las nuevas informaciones y observaciones que vaya practicando, de carácter dinámico y con la intención de aproximarse lo más posible a la realidad, tiene como singularidad “ser abierta”. Nosotros debemos aprovechar esta circunstancia para hacer la reconducción referida, buscando la forma de cambiar las predisposiciones del sujeto y situarla en la receptividad, confianza, colaboración y, en suma, en una actitud positiva, que permita el integrarlo en el equipo terapéutico como un elemento activo desde la perspectiva de paciente. Para ello debemos tener capacidad para interpretar su situación y de saber utilizar todos los elementos en que se apoya la comunicación para llegar a él. Nuestra imagen y la opinión que tengan los demás enfermos de nuestra conducta profesional determinarán prejuicios y expectativas. Si somos conscientes de sembrar un buen concepto personal, donde los propios pacientes se comuniquen valores positivos con relación a nuestra actitud y profesionalidad, llevaremos medio camino andado. Yo, por propia experiencia en mis ingresos hospitalarios, he vivido esos momentos de toma de información entre pacientes. Es habitual que el sujeto ingresado indique al nuevo ingreso, a petición de este o de motu propio, quienes son los profesionales que mejor atenderán sus peticiones, con los que podrá tener mayor confianza, los más agradables, los más competentes, etc.

Pero… ¿Nos faltan habilidades para establecer la relación? Es posible. A veces huimos de las situaciones conflictivas por no tener los recursos y habilidades que garanticen una gestión adecuada del conflicto. Justificamos esto diciendo que no soportamos a tal o cual paciente y que nos crea situaciones estresantes insuperables. Hacemos un afrontamiento de escape-evitación. Sabemos, por experiencia y estudios realizados, que el afrontamiento más efectivo es el directo. Es el que resuelve mejor las situaciones y eliminas la persistencia de estrés mantenidas en el tiempo. Dotémonos, pues, de esa capacidad para afrontar los problemas; es una excelente herramienta de trabajo. Podemos y debemos recurrir al intercambio de experiencia con los compañeros en momentos difíciles; ello nos permitirá enriquecernos y nos proporcionará apoyo social dentro del grupo de trabajo.

Por tanto, tú siembras, tú recoges. Si somos inteligentes entenderemos que una buena siembra lleva a una buena cosecha. Que el cultivo y el trabajo que conlleva es menor cuando la mitad de la faena nos la hacen otras personas, cuando nos disponen de forma receptiva a los nuevos pacientes que vayamos encontrando día a día. Debemos aprovechar la permeabilidad inicial para ir conformando una opinión y una disposición que facilite la relación. Si dejamos que el sujeto establezca un juicio equivocado o no adecuado para la interacción, estaremos permitiendo que se establezca un “hándicap” difícilmente superable en días sucesivos, que nos complicará la actuación, el entendimiento y la colaboración del paciente y de su propia familia. Por lo cual el primer objetivo es “ganarse al paciente”. Finalmente recordar la frase: “Lo que cura es la relación”, argumentación que mantienen Freud, Balint y Yalem entre otros. Puedes complementar el argumentario con el tema: Clima laboral… en busca del paraíso perdido (5/2/07), donde planteo la importancia de nuestra actitud para crear climas laborales donde podamos desarrollar nuestra actividad en consonancia con esta línea.

Este artículo lo podéis encontrar en nº 5 de la revista Presencia (revista de enfermería de salud mental) publicada por la ANESM, a la que os invito a visitar en http://www.index-f.com/presencia/n5/67articulo.php

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Aquí estoy..poco que decir, solo que estoy en consonacia con lo que escribes.aunque a veces, al menos en mi caso es mejor estar callado y no alentar al paciente diciéndole lo que quiere escuchar cuando a veces sus espectativas no van a corresponder a lo que va más allá de lo que esta en nuestras manos.

Antonio dijo...

Querido anónimo esa actuación puede representar un buen caso de gestión de la situación. Lo importantes es que sepamos lo que queremos, a donde vamos y cómo conseguirlo. Gracias por tu apoyo.