sábado, 29 de noviembre de 2025

La larga mano que mece la cuna

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 29 NOV 2025 7:00

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/11/29/larga-mano-mece-cuna-124250367.html

La derecha europea luchó contra el fascismo y nazismo, la nuestra sobrevivió y se transmutó en una falsa reconversión a la democracia


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Siempre le vi saludar con la mano en alto, como amenazando con darte un cogotazo si te descarriabas, advirtiendo a quienes no compartían sus ideas. A la par, sus acólitos también la levantaban uniéndosele en coro intimidatorio. La mano era su arma, no la palabra. La mano empuña pistolas, sables y artilugios amenazantes y sus dedos aprietan gatillos. La mano firma sentencias y órdenes, saluda a los fieles y adeptos que se congregan en la plaza para aclamarle. La mano da prebendas y anuda, lo deja todo atado y bien atado. La suya era una mano de hierro, que dirigió media España contra la otra media en fratricida guerra.

La palabra comunica ideas, posiciones y argumentos, intenta convencer, no matar. La palabra es el instrumento de la democracia, mientras que la mano armada, la de hierro, es de la imposición y la violencia, del dictado y la muerte. También sirve para abrazar y apretar la de otras personas, abriendo camino al diálogo social y político.

Cuando la mano temblaba parkinsonianamente, aún firmó sentencias de muerte. Y cuando la parca le acechaba a los pies de la cama, retando a los artilugios médicos que le sostenían, reclamó la otra mano, la de Santa Teresa, la incorrupta, para ver si esa le podía echar una manita para esquivar a su hado.

El cambio controlado

Él había tenido la protección de la Santa Madre Iglesia, de sus jerarcas, aunque no de algunos fieles que ya le criticaban, ni de Mons. Tarancón y sus muchachos, al que gritaron sus huestes: «Tarancón al paredón». Pero mejor no arriesgarse, pues la sangre derramada era mucha, los muertos en las fosas demasiados y las torturas, tormentos y agravios al pueblo que pensaba diferente, eran incontables. Mas él era el Caudillo de España por la gracia de Dios, al menos eso ponía en sus monedas, y había iniciado y completado triunfalmente su cruzada. También había ordenado la obra magna para crear una basílica sublime, horadando las rocas del monte, adornada por una inmensa cruz. Además sirvió para que purgaran sus pecados, con trabajos forzados, los enemigos de la iglesia y de la patria, los vencidos republicanos, que, por cierto, muchos eran católicos, como lo fue el propio presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora, consuegro del sanguinario Queipo de Llano.

Pues esa mano, al parecer, lo dejó todo atado y bien atado. La ley de amnistía del 77, elaborada en un proceso de sumisión a sus herederos, amnistió a todos los que ‘omnihostiaron’, es decir a los que dieron hostias a todo el mundo, al amparo de su régimen. Por tanto, bloqueó la posibilidad de rendir cuenta de los hechos, de los ‘presuntos’ crímenes que, en su nombre y el de sus ideas, se realizaron.

La metafórica mano no es una mano sino una idea, una actitud o credo político que fue inoculando el sistema a la ciudadanía, desde niños, con el inicio del levantamiento militar. En el pasado vivimos una formación férrea desde los principios del llamado Movimiento Nacional, un adoctrinamiento político y religioso que trasciende la lógica, donde se planteaba al individuo que su misión era la sumisión al sistema, renunciando a la propia libertad, aceptando un caudillaje, que lo era «por la gracia de Dios», en lugar de por la imposición de las armas. Existía una asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional para adoctrinarnos en la causa… ¡Ahí es nada! Aunque en muchos casos pinchó en hueso.

Su influencia persiste a través de sus adeptos o seguidores. Ese complejo conjunto, que conformaba la férrea mano, tuteló sagazmente la transición, controlando los hilos del poder, a sabiendas de que el cambio era inevitable si querían una España en desarrollo e integrada a nivel internacional. Colonizó los lugares desde donde se gestaba todo proceso de gobierno. Mantuvo la estructura judicial, la orientación del ejército, la influencia del clero, la banca y los grandes centros de decisión económica… la mano seguía dominando los medios.

Atado y bien atado… o no

En este sentido lo dejó todo tan atado que, cuando el juez Garzón intentó iniciar una investigación, a solicitud de las víctimas, sobre crímenes de lesa humanidad ejercidos por su régimen, lo acabaron expulsando del sistema judicial. Aún persiste esta situación, a pesar de que el Comité de Derechos Humanos de la ONU concluyó que la inhabilitación de Baltasar Garzón por el Tribunal Supremo fue arbitraria y que se vulneraron sus derechos fundamentales, como el derecho a la presunción de inocencia y a un juicio con las debidas garantías. Solicitaron una «reparación efectiva», pero el Poder Judicial ha rechazado anular la expulsión de Garzón.

Ahora, cuando sus restos han sido exhumados del Valle de los Caídos (él no era un caído) y se abrió la posibilidad de la resignificación como ‘Cuelgamuros, lugar de memoria histórica’, vuelve a aparecer su mano para orquestar un gatuperio que deje claro quién manda y ha de mandar según sus ideas. Sus seguidores claman venganza por lo que ellos consideran un ultraje, mientras se mantiene el agravio de los represaliados del franquismo en las ignominiosas cunetas y fosas comunes, perpetuando las heridas de la guerra.

Pero esa larga mano, oculta y estructurada entre la gente que comulga con sus ideales, sigue actuando, no ya contra sus enemigos, sino como correctora entre los suyos. Si no que se lo digan a Casado que de ser el líder indiscutible del PP, pasó, en horas, al ostracismo político al haber pretendido actuar contra Ayuso, protegida por la mano. Eso lo sabe Feijóo y actúa en consecuencia, aunque sea como pollo sin cabeza dada la inseguridad que maneja por el miedo a cagarla.

La controvertida condena del fiscal

Por otro lado, acabamos de asistir a un escenario singular. Se ha condenado al fiscal general del Estado por un delito de revelación de secretos, del que conocemos el fallo pero no la sentencia, por lo que no podemos valorar el juicio, salvo por los criterios observados a primera vista. Lo curioso es que el fallo se publique el 50 aniversario de la muerte del dictador, amo y señor de la mano. No sabemos si es coincidencia o está hecho a posta.

La mano le tiene ganas a Sánchez. Todos sus dedos van cerrándose en torno al presidente con la intención de atraparle. No sé si lo logrará, Sánchez es hábil y resiliente. En algún caso puede haber caso, pero en otros es más que dudoso. Según mi humilde parecer puede haber caso en tres de ellos, Koldo, Ábalos y Cerdán… ya se verá, de momento prima la presunción de inocencia. No veo que lo haya en los casos de Begoña, el hermano de Pedro y el propio fiscal, que deberá recurrir para mostrar su inocencia tras el adelanto del fallo condenatorio. El cerco se cierra basado en hechos poco sólidos, mientras hay otros hechos, más que sólidos, en otros lugares en los que no se repara.

Nuestra derecha es diferente

Nuestra derecha tiene un problema. Gran parte de sus miembros son hijos del franquismo. La derecha europea luchó contra el fascismo y nazismo, la nuestra sobrevivió y se transmutó en una falsa reconversión a la democracia. En nuestra derecha conviven demasiadas sensibilidades que difícilmente son compatibles. Ahora hay una excelente oportunidad de diferenciar las cosas: Vox representa el franquismo y la derecha liberal debería asumir su papel democrático. Pero no es eso lo que se ve. El PP forma pare de esa mano, aunque mayoritariamente sea Vox, ellos también son dedos que mueven los hilos.

Hoy, cuando deberíamos haber superado el pasado desde la verdad de la historia, seguimos atrapados en discursos irracionales, demagógicos y tendenciosos que buscan fraguar hooligans más que ciudadanos concienciados y libres. Lo malo no es dónde estamos, sino hacia dónde vamos. El franquismo se instauró gracias al apoyo de Hitler y Mussolini, junto a la indolencia de los países democráticos de entonces. Hoy asoma la patita el pasado, con un Trump y seguidores que pueden retomar el papel de ambos líderes, para llevar al mundo a otra debacle sobre la que edificar su nuevo proyecto plutocrático de ideología inconsistente, acabando con la democracia.

La mano, que no es incorrupta, más bien al contrario, disfrazada de manos blancas, sigue amenazante sobre la democracia, meciendo la cuna, defendiendo grandes intereses ocultos, mientras nosotros seguimos sin saber lo que está ocurriendo, aunque lo sospechemos… 



 

sábado, 22 de noviembre de 2025

Antes de hace medio siglo

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga, el día 22 NOV 2025 7:01

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/11/22/medio-siglo-123986024.html

Un relato para recordar un pasado de dictadura, desigualdad y opresión, frente a discursos que idealizan una época marcada por la falta de libertad y justicia social

Franco recibe en el hospital La Paz de Madrid al presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro, en julio de 1974. / Europa Press

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En estas fechas, cuando se cumple medio siglo de la muerte de Franco y del inicio de la apertura democrática, cuando se debería poder mirar al pasado con la neutralidad y asepsia suficiente para comprender y valorar los hechos en su justa medida, escribiendo la verdadera historia, estamos asistiendo a discursos que reivindica un ayer de injusticia y desigualdad, de opresión y marginación del divergente. En los años de la dictadura había gente que vivía “francamente” bien, eso era evidente, pero ese bien vivir solo afectaba, especialmente, a los adeptos al régimen.

Todavía vivimos gran parte de la generación de la posguerra, la que sufrió en sus carnes la miseria de aquellos tiempos. Hoy, cuando andan vendiendo el relato de un pasado glorioso bajo el manto del caudillo y muchos jóvenes abrazan ese discurso, se debe escuchar otro relato, el de aquellos que vivieron el pasado. Fueron momentos lúgubres, oscuros y tétricos para una sociedad asimétrica, donde unos mandaban y otros obedecían. La libertad, la igualdad y la justicia social brillaban por su ausencia. El régimen, omnipotente, lo controlaba todo desde una ideología fascista donde se imponían el pensamiento único. La injusta y fratricida guerra civil había dejado media España vencedora sobre otra media sometida, y todo ello en un país destrozado.

Tiempos de idea única y dictado

Tras la guerra, España quedó empobrecida económica, intelectual y socialmente. Se impuso la idea única, el nacional-catolicismo, el liderazgo forzado de un caudillo rebelado ante el poder legítimo. Emergió una tremenda e injusta brecha entre el pobre y el rico, entre las dos Españas, una ostentando el poder y la otra sometida, una soberbia y arrogante y otra humillada. Pensar distinto al sistema era considerado traición a España, a su España impuesta. El pavoneo de las camisas azules, de los adeptos al poder, era denigrante y vejatorio. Si tu bando era el vencido siempre serías sospechoso, blanco de las iras y propenso a los abusos y maltrato de las fuerzas del orden. La tortura era un instrumento habitual para sacar confesiones a cualquier sospechoso.

Pero hay otra sangría que empobrece más, si cabe, al país. Se trata de la marcha al exilio de grandes mentes, de personajes eminentes del mundo intelectual y técnico que se ven obligados a refugiarse en el extranjero. Dice Emilio Lledó que: “La riqueza de un pueblo no es la del suelo, sino la del cerebro”. Con la huida de sus grandes cerebros España se empobreció. No hablo solo de los ideólogos y luchadores que marcharon a Francia tras la contienda y que fueron tratados despóticamente, me refiero, sobre todo, al mundo intelectual. A los que fueron eliminados físicamente como el caso de Federico García Lorca, en una atroz ejecución marcada por el odio, como también lo fue José María Hinojosa, poeta malagueño ejecutado por los milicianos republicanos.

Es evidente que durante la guerra cayeron intelectuales de ambos bandos a manos del enemigo. Pero una vez terminada la contienda, siguieron abatiendo a los seguidores de la idea republicana en una purga ideológica a través de la represión y la cárcel. Mientras fueron ensalzados como héroes o mártires, los caídos del bando vencedor, mediante monumentos funerarios, iglesias y libros de texto, los fusilados republicanos permanecieron en las cunetas y en fosas comunes, como, para vergüenza de esta democracia, muchos aún lo están.

Los intelectuales que escaparon de la muerte, según el bando, tuvieron distinta suerte. Los vencedores pasaron a ser el sostén intelectual del régimen, si bien era el régimen el que definía su conducta e ideas y no ellos a este. Es decir no había librepensamiento, sino sumisión ideológica y aportación a la consolidación del sistema. Si alguno de ellos se salía del guion era repudiado, como el caso del propio Hedilla - aunque no pueda considerarse un intelectual nato - jefe falangista que se opuso a la unificación de esta con los tradicionalistas bajo el mando de Franco, por lo que fue acusado de conspirar contra él y condenado a dos penas de muerte, posteriormente conmutadas, pero que le apartaron de la vida política hasta su muerte en 1970. No quiero olvidarme de Miguel de Unamuno que fue cesado como rector de la universidad de Salamanca tras el incidente del 12 de octubre de 1936 con Millán Astray. Unamuno falleció el 31 de diciembre de ese mismo año de forma sospechosa (en este punto aconsejo leer “La doble muerte de Unamuno”, de Luis García Jambrina y Manuel Menchón).

Las artes y la ciencia al exilio

La intelectualidad republicana que marchó al exilio fue muy numerosa y de gran calidad en muchos casos. Las cabezas mejor dotadas de España, intelectuales, científicos, escritores, profesionales de las artes plásticas, como Francisco Ayala, Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Rafael Alberti, Pau Casals, Pablo Picasso, Ramón J. Sender, Pedro Salinas, María Zambrano, Manuel Altolaguirre, Rosa Chacel, Luis Cernuda, Juan José Domenchina, Elena Fortún, José Gaos, Jorge Guillén, Maria Teresa León, Emilio Prados, Claudio Sánchez Albornoz, Luis de Zulueta y un amplio etc... Todos ellos fueron a enriquecer la cultura y el conocimiento de otros países de acogida, pues aquí ya no cabían ni podían desarrollar su creatividad y pensamiento. La guerra, pues, creó un orden dictatorial donde todo estaba sujeto a los intereses del régimen.

Respecto a la ciencia pasa tres cuartos de lo mismo. Se ha llegado a señalar que quinientos médicos españoles se exiliaron en México al finalizar la guerra. Nombres como Augusto Pi i Sunyer, Miguel Prados Such (hermano del poeta Emilio Prados), José Puche Álvarez, Isaac Costero, Gustavo Pittaluga, Ángel Garma y Severo Ochoa muestran lo profundo del golpe que recibieron sus disciplinas en España. En el texto de la ley que crea el Consejo Superior de Investigaciones Científicas queda de manifiesto como hasta la ciencia debía retroceder dos siglos para basarse en las ideas esenciales que inspiraron el golpe de 1936: “Restaurar la clásica y cristiana unidad de las ciencias” e “imponer las ideas esenciales que han inspirado nuestro Glorioso Movimiento”.

La España de la nada

En estas circunstancias se consolida la España de la NADA. No había libertad de religión, de ideas política, de pensamiento, de educación, de tránsito, de sindicación… todo estaba controlado. El superyo que define Freud, estaba condicionado por la iglesia, su clero y su credo, por lo que la socialización del niño estaba en manos de los curas y no de los padres. El cauce de las ideas, el pensamiento, los valores y principios, estaban intervenidos también por la iglesia y los principios del llamado Movimiento Nacional. La otra NADA hace alusión al alimento, a la ropa, a la vivienda, a las necesidades más básicas. Hambre, miseria y padecimiento fueron las constantes que sufrieron los niños y mayores de la clase obrera y trabajadora. El racionamiento, el queso y la leche en polvo que, caritativamente, se recibía en las escuelas no se pueden olvidar de las infantiles mentes, ya maduras en la tercera edad en la actualidad.

Esta NADA no era general, pues los vencedores disfrutaban de prebendas y acceso a recursos vedados a los vencidos y al pobre. El trapicheo, contrabando y estraperlo eran formas de enriquecerse más los ya pudientes y adeptos al régimen, mientras era castigado muy severamente el infractor si era del otro bando. Por tanto, en ese mundo de la NADA se trabajaba casi por nada para poder comer algo. En él estaban los campesinos, obreros y pobres, los gitanos, los proscritos, los rojos y vencidos, la clase trabajadora, salvo quienes habían luchado al lado de los vencedores y eran serviles con los poderosos y ricos hacendados.

En contrapartida, el mundo de la NADA era rico en hambre, miseria, marginación, dolor, sufrimiento y pena, sin olvidar el miedo y el sometimiento formal y vejatorio que llevaba a la obediencia al amo de la tierra para quien se trabajaba. Por tanto, quien nadaba en la NADA era el campesinado andaluz en general y más en particular el de ideas republicanas, que estaba estigmatizado como rojo o familiar de rojo. Al menor atisbo de rebeldía, de disensión, las “fuerzas del orden” entraban en acción metiendo el miedo en el cuerpo de los más valientes, por lo que solo en la clandestinidad se podía contactar con los correligionarios y debatir ideas.

En aquel tiempo, cada cual vivió su historia, pero en el marco que definió el cuadro que impuso el régimen.

 

sábado, 15 de noviembre de 2025

Progreso, pero… ¿de qué me habla?

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 15 NOV 2025 7:00

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/11/15/progreso-habla-123739826.html

O sabemos conjugar los dos progresos, poniendo el económico al servicio de la realización de los hombres y mujeres de este mundo o iremos al fracaso

Viñeta de El Roto

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El progreso desde la visión política

Casi todos los partidos pretenden el progreso y se identifican con él como argumento electoral. Yo pienso, como es lógico, que el progreso es la base del desarrollo, pero podemos entenderlo de diferentes maneras y orientaciones. El diccionario de la lengua española, en una doble acepción, lo define como: 1) Acción de ir hacia adelante y 2) Avance, adelanto, perfeccionamiento.

Por tanto, podemos decir que sería el acercamiento al objetivo marcado. La cuestión es: ¿Cuál es el objetivo? Por un lado, entendemos que progresamos cuando estamos mejor desde un punto de vista económico, tecnológico, de avances y adelantos materiales. Es decir, cuantos más recursos tengamos a nuestra disposición nos situaremos en un mayor progreso. Esto hace que lo midamos en tener cosas y medios para satisfacer nuestras necesidades básicas, por lo que gozaremos de un progreso material.

En este caso, el desarrollo de la industria transformadora es el instrumento de elección para conseguir este fin. Por tanto, todos los ciudadanos deberían asumir como esencial la producción de bienes de consumo para dotarse de artilugios y aparatos que les faciliten la vida, dando mayor predominio a la empresa, como medio de progreso y desarrollo, que al sujeto. La empresa y sus técnicos definen las líneas de producción y los artilugios a desarrollar y diseñar para satisfacer nuestras necesidades, e incluso nos motivan para su consumo, buscando siempre su mayor beneficio, pasando a segundo orden los intereses del consumidor. En suma, aquí, el dinero y la propiedad de cosas son los indicadores del progreso y, por ende, el objetivo del mismo.

Existe otra idea de progreso orientada al desarrollo personal, a la autorrealización y a la maduración del ser humano, entendiendo lo material como instrumento a su servicio y no como objetivo final. El ser humano, según mi criterio, ha venido a este mundo para realizarse, para evolucionar en un sentido integral. Para mí esta es la base del desarrollo y del progreso; la que antepone al individuo sobre cualquier otra cuestión. Importan los aspectos relacionados con su formación personal, el desarrollo de su libertad, capacidades intelectuales y potencialidades, su espíritu crítico, su creatividad, junto con la educación en valores sociales de tolerancia, igualdad, comprensión, implicación, responsabilidad, solidaridad, apertura de miras, etc. que permiten una justa convivencia en paz entre los pueblos y, por ende, el progreso de la sociedad.

Progresar es cultivar la esencia del ser humano

Lo importante no es el tener, sino el cultivo de la esencia del ser. En este caso, el ser humano es el bien más preciado, con una espiral de potencialidades a desplegar que garanticen una sociedad de verdadera evolución en libertad responsable. Bajo esta perspectiva, todo el sistema debería estar enfocado a ese perfeccionamiento del sujeto, a una conjunción social donde los intereses económicos de grupos no primaran sobre los valores de convivencia y progreso social, permitiendo el desarrollo de la espiral de potencialidades a que me refería. Lo esencial no es que las empresas tengan mayor o menor beneficio, que también, sino que estén orientadas al servicio del ciudadano. La producción se ha de considerar conjugando las necesidades humanas con el menor daño posible al ecosistema y procurando la preservación de la especie y su entorno.

En las últimas décadas se observa un incremento de la influencia de las empresas, sobre todo multinacionales, en la orientación de la política mundial. La economía es preponderante sobre cualquier otro principio, donde lo importante son los beneficios y el flujo económico. Las personas son usadas como instrumentos directos o indirectos para este objetivo, que es la cuenta corriente y los beneficios de las acciones, así como el cómodo sillón para asomarse a la ventana de esa vida virtual, donde se confunde realidad con ficción. La imagen de una muerte o situación de violencia en una película tiene el mismo valor que la de una realidad objetiva. Se acepta con indiferencia el exterminio de los malos, que quieren yugular el progreso económico y bienestar social. Desde su cinismo, la oligarquía dominante, interpreta que su obligación está en llevar el progreso a todo el globo e incluirlos en este sistema de desarrollo, en esta dinámica de producción y consumo, aunque sea a sangre y fuego.

Neocons y neoliberales

El proyecto ‘Neocon’ (no me extenderé en mayor exposición) controla medios de comunicación y económicos que generan el dominio sobre gobiernos y estados a caballo del neoliberalismo, persiguiendo el global dominio de los EEUU. Sus algoritmos permiten el tutelaje sobre la gente para reorientar opiniones y criterios según sus preceptos y objetivos. Las grandes revoluciones sociales han sido reconducidas y los principios de libertad, igualdad, fraternidad están dando paso al individualismo insolidario.

El ‘progre’ lo asocian a sujetos descuidados y de moral laxa, con un leve componente trasnochado y una gota de locura genial, que le da cierto encanto, pero ya en periodo de extinción. La democracia la han centrado en la opinión política y no trasciende a la cuestión económica y social, salvo lo justo, lo que les interesa. Tienen psicólogos, sociólogo, politólogos, y todos los ‘ólogos’ que quieran, para crear opinión pública que apoye sus políticas. Compran medios de comunicación, periodistas, políticos, religiosos, científicos y cuanto profesional necesitan y aquellos que no se pliegan a sus designios los denuestan y descalifican. Eso sí, todo lo hacen por el bien de la sociedad, porque ellos saben lo que le interesa y qué es lo mejor para ella. Son los iluminados por Dios para encausar la civilización mediante su idea de progreso. Los gobiernos yacen rendidos a sus pies. Si no cumplen los asfixian económicamente y los cambian ‘democráticamente’ (el pan da el voto)… Por todo ello, queridos amigos, me dan miedo los ‘Neocons’ y sus planteamientos. ¡Poderoso caballero es don Dinero!

Conjugar las dos ideas de progreso

Pero, ¿dónde está el futuro? O sabemos conjugar los dos progresos, poniendo el económico al servicio de la realización de los hombres y mujeres de este mundo o iremos al fracaso. Los intereses económicos sobre los de desarrollo humano desembocan en la deshumanización y al mercadeo alienante, como se ha demostrado a lo largo de la historia. El desarrollo de valores y principios de convivencia y de justicia social llevan al encuentro y entendimiento de las distintas civilizaciones.

Se pretende globalizar un mundo para el mercado de capitales y materias, pero no para la igualdad y la justicia. No se busca, en primer lugar, el bien de los habitantes del planeta, sino el de las empresas multinacionales. El problema es que estamos subidos en un carro del que no nos podemos bajar, salvo que nos convirtamos en sujetos marginales. El reto está en reconducirlo y orientarlo hacia unos objetivos basados en principios de desarrollo humano universal y poner a la empresa al servicio de los intereses de hombres y mujeres y no al revés. El instrumento, desde la política, es la legislación. Para hacer leyes consecuentes con estos objetivos hemos de identificar los programas y principios de los partidos que estén en esta onda, pero sobre todo demandarles que respeten la soberanía de los pueblos y la antepongan a los beneficios económicos de las multinacionales y la especulación, exigiéndoles someterse a los intereses ciudadanos.

En resumen, el asunto está en tomar conciencia del problema y desarrollar criterios sociales y políticos que modifiquen la tendencia al enriquecimiento material de colectivos sin escrúpulo, dando protagonismo al segundo concepto de progreso que he barajado, con su contenido humanístico.

Nuestra simbiosis con el entorno

Por otro lado, el progreso tiene una relación directa con el entorno que nos envuelve, al que hemos de respetar. Nuestra cultura es agresiva con él, poniendo en peligro el ecosistema, despreciando a la tierra, en contraposición a otras, como por ejemplo la indígena de los Andes, que llama a la tierra Pachamama o Madretierra, por la que siente veneración y respeto. La naturaleza es nutriente y de ella depende nuestro sustento. El futuro está ligado a su capacidad de alimentarnos. Por tanto, es de inteligentes conservarla y mantener una simbiosis con ella y con todos los elementos que la integran.

Por tanto, el progreso del ser humano pasa por respetar el ecosistema y por potenciar la evolución de las personas desde su propia esencia, dejando de ser un sujeto sumiso para convertirse, como objetivo, en un elemento equilibrado del sistema.

 


sábado, 8 de noviembre de 2025

La deriva del sistema sanitario público

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 08 NOV 2025

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/11/08/deriva-sistema-sanitario-publico-123486381.html

La situación es especialmente dolorosa para todos los profesionales que hemos luchado por la creación y consolidación de un sistema sanitario público desde los inicios de nuestra actividad


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Contextualizando

Nos andan distrayendo con tanto ruido mediático que hay que dar crédito al pensamiento de Noam Chomsky cuando dice: «La población general no sabe lo que está ocurriendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe». Las cuestiones que se plantean y airean en los medios son, en muchos casos, señuelos para distraernos de la realidad que subyace. Se debate poco de vivienda, de salarios, de pobreza y, cómo no, de derechos que defiendan la dignidad humana y el marco de relaciones sociales; tampoco se debate con claridad objetiva de política sanitaria, educativa y otros temas de especial trascendencia, como son los programas, a medio y largo plazo, que pudieran ocultarse en las mentes preclaras de nuestros políticos. Aquí radica la temática que dice Chomsky que desconocemos. Esa incógnita se esconde tras discursos extravagantes e hiperbólicos, que enmascaran la realidad que se cuece.

En el fondo se oculta un programa cuyo objetivo es la implementación de los principios que predica el neoliberalismo, de la mano de los planteamientos políticos que amparan los intereses de las multinacionales y las políticas económicas especulativas. Ese neoliberalismo, defiende el darwinismo social, o sea desprenderse de reglas, normas o leyes, que condicionan o enmarcan principios de ética y someten al mercado a un control en base a esos principios. El pez grande se come al chico, el rico se hace más rico y el pobre más pobre, como se viene observando.

La privatización, una política subrepticia

Su objetivo es dejar en manos de la empresa los servicios que presta el Estado al ciudadano según sus derechos, como por ejemplo la asistencia sanitaria. En este sentido podemos considerar dos vertientes: por un lado la vertiente de su actuación subsidiaria como proveedor del servicio mediante convenios o acuerdos entre el Sistema de Salud y la empresa y, por otro, suplantar al Estado mediante sus pólizas privadas de asistencia sanitaria. Es decir cooperación versus competitividad.

Desde hace tiempo se vienen desarrollando convenios para proveer servicios desde la privada a la pública. Ha sido una buena estrategia para engordar a la privada mediante contratos como proveedor de servicios públicos. El paso siguiente es, una vez dotados de una importante red hospitalaria y de servicios sanitarios, pasar a competir con la pública con garantías de éxito. Si se partió de una asimetría entre ambas, ahora se acercan a la simetría. ¿Cómo ha evolucionado el proceso?, mediante el deterioro de la pública y el crecimiento y consolidación de la privada. El nivel de la pública se baja y es más factible a la privada competir con ella. Para conseguirlo se han de implementar políticas desde el gobierno autonómico que favorezcan a la privada, es decir que desvíen fondos públicos a través de conciertos para prestar servicios que se podrían realizar desde la propia estructura sanitaria pública, a la par que esta se descapitaliza. En eso estamos.

Ante tal situación y los lamentables y trascendentes errores que se vienen observando, se está visibilizando un proceso torticero y atentatorio contra el sostenimiento del sistema sanitario público, denunciado en numerosas plataformas y grupos o ‘mareas’. Al final nos encontraremos con un sistema sanitario público de baja calidad, a modo de beneficencia del franquismo, y otro de calidad para quien se lo pueda pagar. Un artificio para algunas empresas, que aseguran el servicio sanitario privado de sus trabajadores, como un valor añadido al salario, en la línea con el sistema americano, que es el que sobrevuela como modelo en todo este proceso, convirtiendo la asistencia sanitaria de calidad en un privilegio restringido a los empleados de las empresas, abandonando el principio humanitario de universalidad, que quedaría en manos de un seguro público cuasi en plan beneficencia para los pobres y desheredados.

Los jubilados del SAS se indignan

La situación es especialmente dolorosa para todos los profesionales que hemos luchado por la creación y consolidación de un sistema sanitario público desde los inicios de nuestra actividad. Fueron años de dedicación, a lo largo de nuestro ejercicio profesional, hasta conseguir un sistema sanitario ejemplar y modélico, con reconocimiento a nivel internacional; un ejemplo a seguir para otros países. Cuando los profesionales jubilados vemos el nivel de deterioro que se va instaurando dan ganas de llorar y, cómo no, de gritar, condenar y rechazar estas políticas de deterioro que ahogan el sistema. No son solo las listas de espera, los cribados del cáncer de mama, la mala gestión del servicio o el deterioro asistencial progresivo lo que nos preocupa, sino algo más profundo como el desvío de recursos económicos y las políticas de privatización basadas en el ahogamiento del sistema público.

Recientemente, unos compañeros jubilados del SAS, me remitieron un manifiesto para ser firmado. En él se deja constancia de ese desencanto de los profesionales que tanto luchamos por el sistema sanitario público en su día. Es una forma de gritar ¡Basta ya! ante los hechos que venimos observando. Aparte del manifiesto que firmamos los jubilados del SAS, también se ha convocado una manifestación para el domingo día 9 a las 12 horas, que se celebrará en cada provincia andaluza.

El manifiesto

Para expresar la verdadera intención del grupo de profesionales jubilados del SAS, nada mejor que recurrir a sus propias palabras, que encabezan a modo de justificación el propio manifiesto, donde dice:

«Somos un grupo de profesionales jubilados y jubiladas del SAS que hemos dedicado toda nuestra vida profesional, desde diferentes ámbitos a la atención sanitaria por lo que tenemos un conocimiento profundo de nuestro sistema de salud y estamos observando un deterioro evidente y progresivo de la calidad asistencial; es más, debido a que a nuestra edad aparecen problemas de salud, lo vivimos en primera persona, cuando requerimos la asistencia. Comprobamos las dificultades que sufren las personas ajenas al sistema cuando necesitan atención de profesionales de la salud.

Al aumento de las listas de espera, la saturación de las urgencias, centros de salud infradotados, la escasa atención a los problemas de salud mental, la falta de personal en situación de precariedad laboral se ha unido el escándalo de los cribados del cáncer.

Esto provoca que la ciudadanía pierda la confianza en el sistema público y se incrementen los seguros privados. Un tercio de la población de Málaga ya tiene contratado un seguro privado de salud.

La sanidad pública es un pilar fundamental del estado de bienestar. La protección de la salud no es un privilegio, es un derecho del que debemos disfrutar toda la ciudadanía sin discriminación alguna, no se puede gestionar con criterios economicistas, ni ponerse al servicio de empresas privadas».

Posteriormente, manifiestan una serie de denuncias sobre la creciente externalización del servicio, la insuficiente financiación, la falta de profesionales, sobrecarga asistencial, fuga de talentos por precariedad laboral y la ausencia de diálogo con los profesionales y la ciudadanía.

Como exigencias plantean un plan urgente de contratación, mejora de las condiciones laborales, reducción de las listas de espera, defensa de la equidad territorial, una gestión transparente, inversión en infraestructuras, equipamientos y tecnología, concluyendo en una idea, que a mí me parece fundamental, como es el fortalecimiento de la Atención Primaria, no solo como eje del sistema sino como elemento básico de la prevención y desarrollo de hábitos saludables.

La generación de los cincuenta

La inmensa mayoría de los jubilados y jubiladas del SAS conformamos una generación nacida en torno a los años 50, en la posguerra. Vivimos la ‘nada’ y sobre ella trabajamos hasta alcanzar el estado actual de derechos y libertades. El sistema sanitario público conforma uno de nuestros mayores éxitos. A él dedicamos nuestra juventud, en mayor o menor medida, de lo que nos sentimos muy orgullosos. Fue un trabajo intenso a caballo de ideologías, ilusiones y esperanzas de futuro. Juntamos las manos sin distinción ideológica o de credo, solo se requería estar a favor de un proyecto renovador para una España anacrónica anclada al pasado, a la que había que desencallar para acercarla a la orilla de Europa y el mundo moderno, donde se pretendía navegar.

Tal vez por eso vivamos con dolor este proceso de deterioro y desmantelamiento del sistema por el que tanto luchamos. Queremos dejarlo, como legado, a nuestras descendientes desde el principio de un humanismo solidario basado en la justicia social, en un Estado que sea garante de la igualdad y la universalidad del derecho a la salud sin distinción alguna. La salud no es un negocio, sino un objetivo.



 


sábado, 1 de noviembre de 2025

El fantasma del pasado

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado por el diario La Opinión de Málaga el día 01 NOV 2025 7:00

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/11/01/fantasma-pasado-123239735.html

Hemos de estar alerta para evitar la confrontación irracional entre los hombres y mujeres de este mundo

Sobrevuela el fantasma de la Segunda Guerra Mundial. / l.o.

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Hoy vuelven a aflorar los aduladores de aquellos dictadores que asolaron el mundo el pasado siglo. Piden mirar hacia adelante, pretendiendo pasar página y olvidar lo sucedido, tergiversando los hechos, mientras intentan sembrar y cultivar la semilla de aquellas ideas que nos llevaron a la hecatombe. Es bueno pararse a recordar para tomar conciencia del peligro, para evitar que vuelva a suceder aquel desastre que costó al mundo 60 millones vidas, para que tomen conciencia las nuevas generaciones que son el relevo social y la previsible carne de cañón, si se da pie a ello.

Por tanto, hemos de estar alerta para evitar la confrontación irracional entre los hombres y mujeres de este mundo, para reivindicar el uso de la palabra como instrumento de resolución de problemas y la libertad responsable de todos y cada uno de los ciudadanos del orbe, para apagar el odio, para andar nuestro camino cogidos de la mano a caballo del verbo y la esperanza.

El fantasma de la Segunda Guerra Mundial

Hace casi un siglo, en determinadas zonas de este mundo, se creó un ignominioso monstruo que se fue imponiendo con malas artes. Era intolerante, prepotente y provocador, de ideas fijas, donde el dogma elimina el pensamiento libre. Se sentía con el poder de someter a los otros pueblos de inferior raza, según ellos, que incluía a los desarrapados y miserables marginados por la historia y el sistema.

Poco a poco fue ‘comiendo el coco’ a los cándidos ciudadanos, sembrando entre ellos sentimientos e ilusiones irracionales, desde un nacionalsocialismo egocéntrico, alimentado por el odio y estructurado en torno a la figura de un Mesías, un líder todopoderoso al que había que obedecer sobre todas las cosas, jurando cumplir sus órdenes hasta la muerte, sin rechistar ni cuestionarlas.

El pueblo cayó en la trampa, como había caído en otros momentos de la historia. Los ciudadanos, por convicción, miedo, dejación o seguir el camino de Vicente, yendo donde va la gente, renunciaron a su libre pensamiento para seguir el sendero marcado por su ‘führer’. Dejaron, en parte, de ser seres pensantes para convertirse en seres obedientes, sumisos y gregarios como borregos de un rebaño.

Su inteligencia la pusieron al servicio del falaz supremacismo de su raza, hasta convencerse de que había que conquistar el mundo e imponer el dominio de esa raza superior, que ejercería el mando supremo desde su sistema de poder despectivo y endiosado. Serían el padre protector y, a la vez, crítico con las inferiores razas, arrogándose el derecho a reprimirlas para educarlas en el marco de la nueva era, donde ellos decidirían todo, incluso quién y cómo vive en función de su pureza de raza y su obediencia. Gestionarían el futuro en nombre de la nueva civilización. Tal vez habría que destruir la existente para facilitar la construcción de la otra desde la nada. A ello se pusieron. Fueron alienando al pueblo. Señalaron claramente al enemigo, a quienes había que eliminar, destruir o vencer.

El dogmatismo del pensamiento único

Todos estaban equivocados menos ellos, todos eran traidores a la patria menos ellos, todos iban en ‘contradirección’ menos ellos que velaban por el interés de su pueblo. Tras desarrollar un inmenso poderío militar, en septiembre de 1939, traspasaron la línea roja de la frontera polaca con la pretensión de derrotar y eliminar al potencial enemigo, con la benevolencia del otro gran dictador ruso, con quien firmó un acuerdo de no agresión por 10 años, en el pacto Ribbentrop-Molotov. Desde este momento empezaron a extenderse ejerciendo la rapiña de las tierras conquistadas, a la par que eliminaban sin piedad a quienes eran la escoria para ellos. La gente enardecida de pasión y de gloria brincaba de alegría ante las conquistas, que reafirmaban su supremacía, y se lanzaron locamente, gritando y saludando con ardor guerrero al incuestionable líder que los llevaría a la gloriosa victoria final, sin pensar en la sangre derramada por su pérfido propósito. La nación, que diera al mundo grandes cerebros, científicos, filósofos y pensadores de trascendencia universal, acabó sometida a un demagogo cabo frustrado de la primera guerra mundial... ¡vaya paradoja!

Dejaron de ser ellos para ser parte de un aparato donde ejercían de eslabón de la cadena que eliminaba la libertad de los demás sacrificando, también, la propia. Aquel hermanamiento de un grupo egoísta, con su entrega a la causa, convirtió al ser humano en inhumano perdiendo los valores que determinan esa humanidad.

El horror de la guerra

Durante cinco años se sembró de sangre y muerte, de destrucción y terror, los campos de la tierra. Poco a poco, con los años y el transcurrir de la guerra, algunos, se fueron percatando del error; la gloria y el entusiasmo inicial se convirtió en sufrimiento y miseria, en muerte y desolación. Decenas de millones de muertos alimentaban la máquina imparable de la contienda. Mayores, mujeres y niños sucumbían amargamente ante los avatares que la confrontación les traía; los soberbios jóvenes, cargados de vitalidad, que otrora saludaran con su brazo en alto en acto de obediencia al líder hasta la muerte, fueron cayendo de forma pavorosa y con ellos, murió su soberbia y orgullo.

El juramento de ‘obediencia debida al führer’ los amarraba, mientras este, encerrado en su bunker, se entregaba a su locura negando la evidente derrota y permitiendo que, desde el este, avanzaran hordas clamando venganza por el sufrimiento que se les infligiera a ellos previamente… destrucción, muerte, violación, rapiña y humillación conformaban el desagravio del ejército rojo. Por el oeste los bombardeos asolaban las ciudades causando daños irreparables y miles de muertes inocentes. La pinza se cerraba y aquella nación orgullosa de su supremacismo era aniquilada junto a sus aliados, humillada y amputada su idea de raza superior.

¿La sociedad tiene memoria histórica?

Pero ahora, después de todo ello, con los testimonios históricos que lo avalan, uno se pregunta si la sociedad tiene memoria. Si el sufrimiento y el drama vividos por esa generación pueden inmunizar a las generaciones venideras (en el caso de España ese sufrimiento se infringió antes, con la guerra civil, y se mantuvo durante cuarenta años). Lamentablemente, creo que no. Cada generación mantiene una débil memoria del ayer, donde se diluyen los recuerdos de la dramática historia vivida por la generación anterior. Tal vez esta civilización, donde la manipulación lo ha tergiversado todo, dándole un carácter banal al pasado, hace que la juventud no le otorgue el valor real a lo ocurrido. En ese caso, serán presa fácil para volver a caer en los mismos errores. Sería bueno que a todos aquellos ‘heroicos guerreros’ se les convirtiera en villanos, en favor de la concordia.

¿Habremos perdido la conciencia? Nuestra frialdad ante el sufrimiento ajeno, nuestra indolencia para la gestión pacífica de los conflictos, nuestra oposición a resecar viejas heridas, nuestra connivencia con el odio y la confrontación, o nuestra falta de sensibilidad ante la destrucción y muerte que conlleva el conflicto; en suma, nuestra carencia de espíritu crítico para valorar la historia, sus dramas y consecuencias, nos deja en disposición de volver a tropezar con la misma piedra. Nuestro sistema educativo sigue siendo ineficaz para formar a los ciudadanos en la democracia.

Hay que rechazar ese pasado

No me dejaré arrastrar por cantos de sirena, porque si lo hago, posiblemente caiga en servir a los intereses de otro, amarrado como un eslabón más de la cadena…

Mi reflexión, por tanto, va contra toda imposición de la idea única, contra quien pretenda someter al ser humano para sus propios fines, arrebatándole el derecho a ejercer su responsable libertad. Va contra los pájaros de mal agüero, los falsos profetas, los intoxicadores mentales, los ideólogos de tres al cuarto, los pseudointelectuales que, a caballo de las redes, confunden y manipulan a la gente ofreciendo nuevas eras diluidas en la falaz penumbra de la nada o, en todo caso, lo que es aún peor, en el dogma político y religioso del pasado. En suma, contra el adoctrinamiento para la sumisión y el acatamiento irracional y contra todos aquellos que anteponen los intereses de grupo a los intereses generales de la ciudadanía y en lugar de potenciar el desarrollo, el bienestar y la felicidad de la gente, pretenden amarrarlos al mercado en una alienación carente de principios y valores, en el que prima el egoísmo, donde siempre gana el que más tiene… y pierde, como estamos viendo, el que tiene menos.

sábado, 25 de octubre de 2025

¿La tauromaquia es un anacronismo?

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 25 OCT 2025 7:01

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/10/25/tauromaquia-anacronismo-123000711.html

Viñeta de El Roto

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Todo aquel que es cruel con los animales, no puede ser un hombre bueno

(Arthur Schopenhauer)

 

Pleno del Ayuntamiento de Lora del Río, 16 de octubre, un vecino grita: «viva la sanidad pública», aplausos y un segundo viva… después, el alcalde de la localidad (del PP), Antonio Miguel Enamorado, suponemos que de los toros, abre su micrófono y dice: «sí, y viva Morante, Morante de la Puebla». Subrepticiamente plantea una diatriba, en plan Torrente: «Salud pública versus tauromaquia», que no sabemos hasta qué punto se ancla en la ideología de su propio partido. Sobre el tema de la salud pública ya he escrito. Hoy toca, pues, hablar de los toros. Solo he ido en dos ocasiones a ver un festejo taurino y quedé con mal sabor de boca.

Drama y muerte de ‘El Yiyo’

Tampoco soy de ver corridas por la tele, pero tuve la desagradable experiencia de ver en directo la cogida a El Yiyo (José Cubero), que le costó la vida al instante, cuando un toro le partió el corazón de una cornada hace ya 40 años, dejándome impactado. No sé si el lector recuerda aquellas desgraciadas y funestas imágenes. Aunque soy ‘antitaurino’ no solo por eso, sino por convicción, por mi ética y principios. El espectáculo de los toros, cuando hay sangre, maltrato y tanta agresividad me causa un absoluto rechazo.

Es claro que desde tiempos inmemoriales el hombre se ha enfrentado a la bestia como forma de mostrar su dominio sobre ella. Estos retos podrían ser asumibles, para mí, cuando no hay un deleitoso maltrato y el combate se hace en buena lid, imponiéndose la inteligencia, como por ejemplo, los retos con requiebros a cuerpo descubierto, forcados, garrocha y otros donde juega la pura habilidad y el engaño sin derramamiento de sangre, aunque he de reconocer que me ponen nervioso y me estresan dado el riesgo de una cogida, por lo que no suelo verlos. En todo caso, me causa gran pesar ver cómo un bravo animal es picado, banderilleado, burlado y estocado a muerte con una aparatosa parafernalia que embriaga a un público chillón, arrebatado de entusiasmo, que disfruta de tan sanguinario espectáculo. Pero, aceptemos que cada cual, en función de su propia personalidad, principios y valores tiene sus gustos.

La cultura popular del toreo

Hay quien dice que los toros forman parte de nuestra cultura. Pero, tal vez, deberían tener más claro de qué cultura se habla. La cultura, entendida en su sentido clásico, es una cosa y la cultura popular o de masas es otra. La RAE (sigo recurriendo a ella) determina cuatro acepciones de cultura como: 1. f. cultivo; 2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico; 3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. y 4. f. desus. Culto religioso.

Como puede verse, a primera vista, el toreo no cabría nítidamente en ninguna de ellas. Pero sí podría encajar en la llamada cultura popular, que no es en sí misma una cultura esencial desde el punto de vista intelectual, sino como hábito o costumbre; o sea, según la propia RAE, sería una especie de subcultura definida como «Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo». Aquí si cabe incluirla.

Pero, ¿todos los hábitos y costumbres de un pueblo, adquiridos a través de la historia, son inamovibles?, ¿son respetables y lógicos dentro del proceso evolutivo de las sociedades que transitan desde el pasado al futuro? La evolución de una sociedad incluye cambios de principios y valores en consonancia con un mayor desarrollo intelectual en la doble dimensión de individuo y sociedad.

Cada vez, a través del pensamiento lógico, se va imponiendo más la concepción holística, esa visión del cosmos como un todo, que se aplica a la propia naturaleza y los seres que la habitan en comunión de intereses y bajo conductas acordes con tal percepción. Ello genera una actitud de respeto hacia los otros, tanto del mundo animal como vegetal, que nos lleva a modificar los parámetros que definen nuestra propia cultura popular hacia otra más afín a esos nuevos principios.

Anacronismo en la cultura popular

Por tanto, siempre es buen momento para cuestionarse determinados hábitos o costumbres que enmarcan esa cultura popular y que son claramente rechazables y anacrónicos, dentro de un humanismo emergente, que va más allá de la propia persona, para imbricarse en el todo que nos contiene. Uno de los elementos definitorios de la nueva era ha de ser la aparición de la compasión como forma de entender la relación con los demás, extensible a todo ser viviente. Lo que implica una sensibilidad especial, que trasciende la prepotencia y soberbia del ser humano, para llevarlo a la sabia razón de quien piensa y crece a través de un criterio evolutivo propio, pero inmerso en la nueva y responsable sociedad del respeto. Decía Paul McCartney que «Se puede juzgar el verdadero carácter de un humano por la forma en la que trata a sus compañeros animales».

No es de recibo que una persona, sensible, racional y emotiva a la vez, se deje llevar por el placer de la violencia, la sangre y el sufrimiento de cualquier ser vivo. Si disfruta con ello habría que plantearse si sus valores son los adecuados o abriga en su interior un componente sádico enmascarado. Lo que me lleva a preguntarme: ¿existe un instinto agresivo en el ser humano, una tendencia a inferir daño a otros como forma de reafirmar el propio poder y, por ende, su ego y anhelada deidad? Tal vez esa sea una explicación a tales conductas, proyectado nuestra agresividad social en el animal que ejerce de chivo, en este caso toro, expiatorio donde sublimar nuestros instintos.

Tradición y maltrato animal

Ampliando la visión, en España, hay muchas y variadas tradiciones donde prevalece la violencia sobre los animales, si bien ya se ha conseguido eliminar algunas especialmente crueles. Traigo a colación: Bous al carrer, bous a la mar, toros embolados, ensogados o enmaromados. El famoso toro de la Vega en Tordesillas, perseguido y alanceado por caballistas ufanos de su hazaña, que en la actualidad se celebra como un encierro: sin muerte ni arponcillos. Dentro de estos crueles ‘divertimentos’, a veces con competición incluida, tenemos el ya reconducido ‘Antzar Eguna’ (día del ganso) en Lekeitio, donde hasta 1984 se arrancaba la cabeza a gansos vivos, actualmente se les sacrifica antes, o se usan unos de goma. Del lanzamiento de una cabra desde una torre, ya prohibida desde el año 2000, ni hablo.

Que las sociedades y su sensibilidad en el trato con el mundo animal cambian es una evidencia. En mi infancia, a mediados del pasado siglo, los niños apedreaban a los perros y gatos callejeros, actos totalmente censurables en la actualidad.

Defender estas conductas en base a la tradición y la cultura popular es más que cuestionable y, bajo mi opinión, innoble. La mayoría de estas, «llamadas tradiciones», son arcaicas, que ya se deberían haber superado… La tradición se quebranta cuando sus actos no encajan en la evolución de la sociedad. Los seres humanos evolucionamos y cuando hay gente que frena esa evolución, que pone palos en las ruedas y reivindica estas «animaladas» (propias de los humanos y no de los animales) solo cabe considerarlas extemporáneas y cruentas, que, posiblemente, anclen sus instintos ominosos en una cultura popular del pasado.

Un futuro de respeto a los seres vivos

Se le adjudica a Leonardo da Vinci una interesante y premonitoria frase: «Llegará un día en que los hombres conocerán el alma de los animales y entonces, matar a un animal será considerado un delito, como matar a un hombre. Ese día la civilización habrán avanzado».

En esta España nuestra, cargada de tradiciones anacrónicas, no podremos prohibir las corridas de toros, pero sí sembrar la semilla de la crítica racional a tal barbaridad, bajo mi criterio, para que, en un futuro, se acabe rechazando esa práctica como ya está pasando en muchos lugares, en pos de una mejor y más evolucionada sociedad. Mientras tanto… yo seguiré sin ir a los toros, a no verlos por la tele, aunque cada vez sean televisados con más frecuencia por Canal Sur. Concluyo con una frase atribuida a Charles Darwin: «El amor a todas las criaturas vivientes, es el más noble atributo del hombre».

 

sábado, 18 de octubre de 2025

La verdadera paz viene del consenso

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 18 OCT 2025 7:01

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/10/18/paz-viene-consenso-122741039.html


La paz impuesta no es paz, sino sumisión del vencido. La paz verdadera es la que consensúa la convivencia en libertad.

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En estos días convulsos, acumulando miles de muertos en Gaza a manos del ejército israelí, tras el atentado de Hamás el 7 de octubre de hace dos años, se vislumbra un alto al fuego, un dejar de matar y destruir Palestina, al menos eso se pretende. Lo ocurrido en Gaza es un genocidio, una forma de hacer pagar a un pueblo, indiscriminadamente, lo que ha hecho su gobierno, en este caso de Hamás, con el deleznable acto terrorista de 2023.

Mas, el Gobierno israelí, formado mayoritariamente por iluminados y fanáticos sionistas, defensores del Gran Israel bíblico, pretenden reproducir la situación de la conquista de la Tierra Prometida por su dios, en la forma que describe el libro sagrado del Deuteronomio, bajo el convencimiento de ser el pueblo elegido por él entre todos los pueblos de la tierra. Ellos tomarán en propiedad esa tierra prometida, sometiendo a sus habitantes o exterminándolos si se resisten, tal como dice su dios, y así lo expresé en mi reciente artículo Genocidio en Tierra Santa.

El lunes trece, asistimos a la firma de un tratado de paz entre Israel y Hamás algo extraño, pues sin contar con la presencia y firma de los interesados, se rubricó en Egipto un acuerdo de paz casi impuesto por el señor Trump para su mayor gloria. Es una paz a conveniencia del pacificador, más que a satisfacción de los interesados y, además, buscada desde la ególatra megalomanía del ‘emperador’ americano. Una vez destrozada Gaza, llena de cadáveres de niños inocentes, sometida a la hambruna y a la humillación continua por un ejército todopoderoso ávido de venganza y destrucción del enemigo, ayudado hasta el final por el gobierno americano de Trump, solo cabe claudicar antes que proseguir con la debacle.

Trump el faraón en Egipto

Trump se baña en multitudes en Israel y se corona rey del mundo en el país de los faraones, donde un nutrido ramillete de jefes de estado y de gobierno asiste al evento en señal de pleitesía. Ya construyó su pirámide virtual para pasar a la historia y se rodeó de la corte faraónica para hacerle grande, autoproclamándose ‘El pacificador’ con poder universal.

Pero en el fondo, este Trump no deja de ser un producto de una opulenta sociedad norteamericana, con una infancia que le marcó y fraguó su cuestionable personalidad, según explica su sobrina Mary Trump, en su libro ‘Siempre demasiado y nunca suficiente: cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo’, cuyo título ya pone los pelos como escarpias. En todo caso, como mando mayor de la OTAN, se permite dictar a los gobiernos cómo han de gobernar a su conveniencia, bajo la amenaza de los aranceles, pasándose por el arco del triunfo los derechos soberanos de los pueblos. Es decir, que no habiéndole votado para conformar el gobierno de un país, se permite marcar sus políticas económicas con la exigencia del 5% de gasto en defensa.

La paz no se decreta, la paz se cultiva

Pero vayamos a reflexionar sobre el tema de la paz, que es el caso. La paz no es algo que se decreta, sino que se siembra y cultiva en el sistema social, a través de la educación y formación ciudadana, creando hábitos de concordia y empatía. Es algo que arraiga en la mente de cada cual y presenta resistencia a ser subvertida por los beligerantes agresores. Existe una orientación, una actitud de paz, que permite crear el ambiente adecuado para que se desarrolle dentro de un contexto cultural. Mientras más conciencia se tenga de la importancia de la paz, más se establecerán los medios para cultivarla y mantenerla.

Sin embargo, es tremendamente complicado mantener una paz justa entre los pueblos. Las estrategias geopolíticas, los intereses comerciales, la historia y la cultura del poder establecido y el darwinismo social del neoliberalismo, hacen imposible una gobernanza mundial desde la bonhomía, llevándonos a la perversión de la confrontación que beneficia a grupos dominantes.

Estamos sometidos a una cultura belicosa, donde el poderoso es temido y admirado dados los mitos y leyendas, donde los héroes son grandes guerreros, conquistadores y forjadores de imperios. En esta cultura aceptamos la crueldad y el dominio, la imposición y la ambición, como expresión natural del ser humano, asociados al éxito. Pero nuestros héroes han de ser, «aquellos que construyen y trabajan por la paz», como defendía Nelson Mandela, y no los sanguinarios guerreros.

El ‘zeitgeist’ o espíritu del tiempo

La paz debe ser el elemento esencial dominante en el ‘zeitgeist’, el concepto hegeliano del ‘espíritu del tiempo’, que hace referencia al clima, ambiente o atmósfera intelectual y cultural de una determinada era. Quiero decir que el entorno, la filosofía y pensamiento imperante es clave para mantener o dinamitar la paz. Los hechos, que venimos viviendo en los últimos años, nos muestran un proceso evolutivo, o tal vez debería decir involutivo, donde la violencia y la guerra afloran por doquier ante la indiferencia de la sociedad camino de la deshumanización. Soportamos el horror de la guerra de Ucrania y el genocidio de Gaza, donde Israel actúa con absoluta impunidad. Por tanto, para cultivar la paz, hemos de luchar por establecer un espíritu de los tiempos donde se busque esta como un objetivo imprescindible para convivir y conseguir la felicidad de nuestra sociedad.

Decía en el epígrafe: «La paz impuesta no es paz, sino sumisión del vencido. La paz verdadera es la que consensúa la convivencia en libertad». Mientras la paz sea fruto de la imposición bélica, del dominio por las armas, no habrá paz sino odio subyacente del sometido, que es el cultivo de una futura guerra. Solo en un entorno de convivencia consensuada, de equilibrio justo entre las partes, podrá aflorar la paz en libertad y no en sumisión. La paz tiene su fundamento en el equilibrio interior de cada sujeto, en un estado emocional sosegado, de justicia, libertad y bienestar. Todo ello junto a una disposición para cultivarla desde la empatía, el amor y el respeto, mediante actitudes y conductas de colaboración que aboquen en sinergias positivas.

La paz es el camino

No puedo estar más de acuerdo con la frase de Mahatma Gandhi: «No hay camino hacia la paz, la paz es el camino». La vivencia en paz es la mejor forma de mantenerla y cultivarla. Si nos dejamos llevar por la violencia, por el odio, y vemos al semejante como enemigo en lugar de diferente, estamos cultivando el espíritu de la guerra. Hoy, la política irresponsable, siembra ese odio y desencuentro, en el que no debe caer la gente de bien.

Por desgracia, esa conducta canallesca, también se proyecta en algunos medios de comunicación, en los vehementes debates de tertulianos donde se observa el periodismo venal y partidista, pues no buscan el acercamiento y la clarificación de ideas, sino arrimar el ascua a su sardina. Por otro lado, la aparición de las redes sociales (RRSS) ha creado un campo de confrontación, en muchos casos irracional, basado en argumentación poco o nada sólida. En ese caso, es cuando más hace falta criterio preciso para discernir y separar el grano de la paja. Lamentablemente se puede acabar dando el mismo crédito a un científico que a un idiota. Eso crea opiniones poco fundadas en sujetos donde prevalece el deseo de confrontar, defendiendo lo absurdo frente a lo racional, lo que lleva a un irracional desencuentro, donde el dogmatismo del necio se cierra a otras ideas. Por tanto, las RRSS son un campo de cultivo ideal para sujetos de pensamientos enquistados resistentes a la argumentación lógica, provocando el desencuentro en lugar de un acercamiento y la tendencia al conflicto, en lugar de a la paz.

En estas circunstancias, pese al acuerdo, el camino hacia la paz en Palestina es aún complejo. Siguen en el poder demasiados sociópatas, a los que no les importa el sufrimiento humano, sino el beneficio y negocio que deja una guerra ganada para mayor gloria y riqueza del poder y los objetivos del sionismo integrista. Creo que la mejor solución es la creación de los dos Estados, Israel y Palestina, dejando a Jerusalén como ciudad autónoma, bajo mandato internacional, donde cohabiten las tres religiones en paz y libertad. La paz se fragua en la actitud de los pueblos.

 


La larga mano que mece la cuna

  Opinión | Tribuna Por: Antonio Porras Cabrera Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 29 NOV 2025 7:00 https://www.laopi...