domingo, 11 de enero de 2009

Relación objetiva Vs. relación objetal

Hace algún tiempo, mi amigo Juan Carlos Higuero, me incitó a reflexionar sobre el egoísmo imperante en las interacciones humanas y, sobre todo de pareja, indicándome: “… a algunos solo les prima el mí, el mío, el para mí …” Me pidió una reflexión muy interesante. Yo se la debía y hoy quiero colgarla en mi blog. Es una visión sobre las relaciones que está basada en el vínculo objetivo en contraposición al objetal.

Creo recordar que Carlos Castilla del Pino, en unas de sus obras (posiblemente “Un estudio sobre la depresión”) plasmaba una visión dicotómica sobre las relaciones humanas, donde diferenciaba la relación objetiva de la objetal. Uno, que a lo largo de su vida va asimilando, digiriendo e interpretando las distintas cuestiones con las que ha ido nutriéndose, dándole una explicación propia y razonada, que puede diferir de los planteamientos del autor de referencia, acaba elaborando sus propias conclusiones, de modo natural, como consecuencia de reflexiones y vivencias que soportan el hilo argumental de las mismas. Pues bien, estas son las mías, de momento.

En este jodido mundo, la competitividad nos lleva al poder a través del tener o poseer; no del SER, de la autorrealización, de la inteligencia y el conocimiento. Por tanto, ejerce más poder el que más tiene, posiblemente el más egoísta, con menos escrúpulos y valores sociales. Así pues, queremos, pero desde el punto de vista interesado.

Querer tiene la acepción del deseo por necesitar una cosa, es pues una relación objetal, pretendemos un objeto que nos satisfaga esa necesidad. Deseamos y queremos el objeto que nos satisface, pensando en nuestra propia felicidad básicamente. No pensamos en el amor, que tiene otra interpretación basada en la relación objetiva; es decir, sabemos que nos relacionamos con otro ser que tiene su propia proyección y que nosotros podemos ayudarle, si así lo estima, en su desarrollo personal, a la vez que él nos enriquece a nosotros. En este intercambio libre, de emociones, experiencias, vivencias y, en suma de vida, crecemos ambos. Dejemos el querer para las cosas materiales y usemos el amor para las personas.

En la relación objetal manipulamos al otro para que sea como nosotros necesitamos que sea o, al menos, lo intentamos, por lo que la convivencia se convierte en una negociación continua, en un intento de conseguir que el otro se adapta a nuestras necesidades en lugar de desarrollarse libremente y enriquecernos con ese desarrollo personal, libre y autónomo. Renunciamos a esta diversidad, que nos proporcionaría el beber de diferentes fuentes, de gran creatividad, para garantizar el beber en una sola, controlada por nosotros en la línea que nos interesa a priori.

La relación de pareja es una de las más perversas, en este sentido, cuando se enfocan al querer en lugar de al amar. Mi marido, mi mujer, mi… lo que sea, es posesivo. Lo posesivo implica “beneficiarse de…” y lleva a lo objetal. Por desgracia, históricamente, se nos ha enseñado en la dependencia, se nos han cortado las alas de la libertad, se nos ha frustrado a través de principios y conductas de componente religioso y social, se nos ha orientado en el servir a los demás miopemente. Se sirve mejor a los demás siendo más libre y buscando el propio desarrollo, que se ofrece como fuente donde beban los otros. La educación en el compromiso social y la responsabilidad garantizan esa eficacia. La siembra de estos principios, de compromiso social con la ciudadanía, permite el desarrollo de la sociedad.

Encontrar con quien compartir la vida, en sentido de pareja, y que tenga tu misma orientación en el respeto al desarrollo personal y común a la vez, es complicado, pero necesario para crecer. El problema se da en el proceso de crecimiento, en cómo se gestiona el día a día para que este sea compartido, en cómo volar sin estorbarse el uno al otro, en cómo ayudarse y darse la mano para pasar los obstáculos. La herramienta es el diálogo, hablar el mismo idioma, comprenderse mutuamente y usar la asertividad constatando que el mensaje que se quiere emitir es bien entendido y comprendido. La comunicación es la herramienta, el vehículo, que usamos para cohesionar las posiciones, para acercarnos y trasvasarnos los conocimientos, las ideas y las reflexiones que nos permitan ese crecimiento; es el soporte alimentario que nos aporta la energía necesaria para evolucionar.

Como digo en muchas ocasiones, el arte de comunicar está en hablar el idioma del que escucha. En el proceso evolutivo el leguaje se modifica, se condiciona y sufre mutación al amparo de nuestras vivencias, emociones y sentimientos, que le dotan o recubren de un contenido analógico o no verbal. Esa comunicación no verbal, que escapa a la lógica del léxico y de la estructuración gramatical, es una continua fuente de expresión de los sentimientos verdaderos, que no siempre son bien interpretados por el receptor y, en otros casos, camuflados por la parte emisora cuando le interesa controlarlos. Por tanto, cuando existe una relación objetiva la franqueza está por encima de cualquier cuestión, puesto que lo que se pretende es el desarrollo de ambas partes bajo el respeto mutuo, lo que lleva a valorar y comprender cualquier posicionamiento, sentimiento o emoción de la otra persona; el camino del entendimiento en pareja está expedito. Pero cuando la relación es objetal se da un contexto morboso y existe una tendencia a esconder los sentimientos liberalizadores, o subversivos, para evitar el conflicto, para que la incomprensión y la discordia no se adueñen de la situación.

En este tipo de relación perversa y posesiva (objetal) pretendemos que el objeto (el otro) sea como nos interesa, intentamos modelarlo a nuestra conveniencia y para ello usamos cuantas artimañas consideremos necesarias, incluyendo el chantaje emocional, el premio y castigo a través de dar o no aquello que tenemos y que le pueda interesar al otro, incluido el sexo. Y esto… ¿No parece más un intercambio comercial de objetos o partes de los mismos? Si a ello le sumamos la famosa sociedad de gananciales encontraremos el nexo que mantiene unidas a una gran cantidad de parejas, pero en una relación meramente objetal. En todo caso, se recurre habitualmente al recordatorio de las bases del contrato con el que se fraguó la pareja; o sea, “tu ya no eres el/la que eras, tú has cambiado” sin entender que la vida es un proceso continuo de cambio y de evolución.

En este punto, y a modo de despedida, quiero remitiros a la lectura de la leyenda de los indios sioux Toro Bravo y Nube Azul que cuelgo aparte.

2 comentarios:

Juan Carlos dijo...

Querido Antonio:
Ha sido un verdadero placer poder leer tus reflexiones.
Soy una persona que he cambiado hace tiempo el uso del "tu-tuyo" y del "su-suyo" por el del "mi" o del "mío", y eso, querido amigo,...eso me hace sentir bien: Saber que soy tu amigo, tuyo...para lo que necesites. De dos hijas y un hijo soy su padre; de la madre que me hizo nacer, soy su hijo; de una hermana también soy suyo. ¿Y de los amigos?. Nada me hace más feliz que poder pertenecer a alguien. Cada vez que reflexiono sobre ello me estremezco, se me nublan los ojos con lagrimas. Que bello es poder decir y sentir eso. Saber que hay alguien que te daría la mano cuando te encuentras con el agua al cuello sin pedirla. Saber que tu se la darías sin condiciones.
Quizás he entendido esto porque estoy en un pleno y constante proceso de madurez o quizás porque he llegado a comprender que si das recibirás. Y si, si amigo...recibo constantemente, quizás más de lo que creo merecer.Soy afortunado.
Soy el marido de una inteligente y bellísima mujer y, creeme, no es la belleza la mejor de sus virtudes. Ella me da lo que no le pido y no lo hago porque, entre otras cosas, no me hace falta.
Yo hace tiempo que también perdí bastante vergüenza y desearía compartir contigo algo que escribí y leí públicamente para ella en el día de nuestra boda (perdonenme la osadía todas aquellas personas que lean esto).
Se trata de un diálogo entre el corazón que me iimpulsa a vivir y yo mismo. Hay líneas que no son originales mías, pero lo verdadramente importante es que, su mayor parte, es el resultado de aquello que me dictaba el corazón.
Lo titulé:
HABLANDO CON EL CORAZÓN

J.C.(este soy yo):
CORAZÓN HÁBLAME.
HÁBLAME Y DEDÍCAME TU ENERGÍA.
QUIERO ESCUCHAR TU VOZ.
O... ¿ES QUÉ TÚ NO OYES LA MÍA ?.
¡ESCÚCHAME AMIGO!.
¡ESTOY HABLANDO CONTIGO ¡.
¿DE DÓNDE SACAS TU FUERZA?.


RESPONDE EL CORAZÓN.:
AMIGO,...CREO QUE ME PRESTAS DEMASIADA ATENCIÓN.
CREO QUE HAS APRENDIDO A ESCUCHAR AQUELLO QUE TE DICTO.
Y SI,...SI QUE TE OIGO.
SIENTO TUS RISAS, TUS DIÁLOGOS, TUS BESOS,...TUS CARICIAS,
Y TUS ABRAZOS HACIA LOS QUE TE QUIEREN.
OIGO TUS LLANTOS.
LLANTOS DE ALEGRÍA.
PERCIBO CUÁNTO ECHAS DE MENOS A LOS QUE YA NO ESTÁN.
INTUYO CUANDO ESTÁS CON TUS HIJAS, CON TU MADRE, CON TU HERMANA, CON TUS SOBRINOS,... CON TUS AMISTADES.
SIENTO CUANDO ELLOS TE ENVUELVEN CON SU FIDELIDAD Y CARIÑO
SI,...SI QUE TE OIGO AMIGO.
TE ESCUCHO COMO SIEMPRE HABÍA QUERIDO QUE TU ME ESCUCHASES.
Y ES QUE CREO, QUE HAS CONSEGUIDO DESCUBRIR QUIÉN ERES.
AÚN NO ES TARDE PARA HACER DE TU VIDA,...UN MÍNIMO DE LO QUE ERES CAPAZ.
TE HAS ENCONTRADO.
HAS PACTADO CON TU ESPÍRITU Y CON LA VIDA.
HAZ CONSEGUIDO QUE ÉSTA SEA EXTRAORDINARIA PARA LOS QUE TE RODEAN.
ESO,...ESO ME HACE SENTIR BIEN.
DE AHÍ SACO MI FUERZA.

“Olvidar todo lo que no fuese vida,
para no llegar a la muerte,
descubriendo que no había vivido.”


PERO AHORA AMIGO, RESPÓNDEME TÚ.
SE QUE ME DEDICAS TU ENERGÍA Y ...QUIERO,...QUIERO OIRTE.
SE QUE ME OYES.
LA FUERZA ME LA DAS TÚ.
¿DE DÓNDE SACAS LA TUYA?.

LE RESPONDO:
¡OOHH, CORAZÓN ¡
VIVIR A SU LADO,
PENSAR EN ELLA,
ME HACE OLVIDAR LA RUTINA QUE LA SOCIEDAD CONVIERTE EN OBLIGACIÓN.
MIL RAZONES TENGO PARA QUERERLA.
ME INSPIRA TODO LO QUE ME RECUERDA Y TODO LO QUE HUELE A ELLA.
GOZO DEL AMOR QUE ELLA ME DA Y
DE AQUEL QUE ME QUEDA POR DARLE.
APROVECHARÉ ESTA OPORTUNIDAD QUE ME HA DADO LA VIDA,
HASTA EL FIN DE MIS DÍAS.
QUIERO MERECERLA.
Y ESTO,...ESTO ME HACE SENTIR BIEN.
ME SIENTO EL MÁS RICO DEL MUNDO...Y
¿QUÉ MAYOR RIQUEZA QUE VERLA FELIZ?.
CON ELLA VEO LA LUZ,
LA ILUSIÓN,
LA AVENTURA DE QUERER ESTAR A SU LADO.

BELLA ENTRE LAS BELLAS.
Y NO ES LA BELLEZA LA MEJOR DE SUS CUALIDADES:
DESPILFARRA RISAS,
GENEROSA EN AMOR,
AMIGA, CÓMPLICE,...AMANTE...
AMABLE, INTELIGENTE,...RADIANTE

SU AMOR ME HACE SENTIR VIVO.
ELLA ES LA MEJOR LECCIÓN QUE ME HA DADO LA VIDA,
MI MEJOR MAESTRA, POR CIERTO.
Y CON ESTA LECCIÓN, CORAZÓN, HE APRENDIDO A .... AMAR.


Y RESPONDIÓ EL CORAZÓN:

GRACIAS, ...AMIGO,...GRACIAS.

En fin Antonio, que desearía seguir oyendo o leyendo a personas como tu toda mi vida. Pero eres único. Gracias porque tus reflexiones han reforzado una forma de entender la vida de la que me siento plenamente identificado: Amar y ser amado.
¿Cuánto trabajo nos cuesta a los hombres decirle a otros hombres..."Te quiero"?. En general, a todas las personas que no son familiares y que verdadreramente suponen algo importante en tu vida.
Esa es otra cuestión y quizás tu si lo sepas, porque yo lo he decubierto tarde y que bien se siente uno al decirle también a un amigo que le quieres...¿verdad?. A los familiares es más fácil.
Perdón por escribir tanto, desconozco si estas son las formas de hacer comentarios a un artículo escrito en un blog. Es mi primera vez y ya se sabe, las primeras veces no siempre salen las cosas como se esperaba. Jeje, gracias por tu tiempo y hasta pronto.
Tu amigo que te quiere un montón, Juan Carlos Higuero.

Antonio dijo...

Mi querido amigo, el corazón que se abre es el que no oculta nada, el sano y limpio, el justo, el que no tiene miedo porque cabalga sobre la verdad de sus sentimientos. Ya habrás leído la frase: "Un amigo es aquel con el que puedes pensar en voz alta" a la que yo recurro para identificar a los mios. Tú eres uno de ellos porque, entre otras, compartes tu pensamiento y, este caso, lo proclamas a los cuatro vientos de mi blog.
La magnitud del escrito no importa, lo importante es lo que transmite.

Un abrazo