Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 17 ENE 2026 7:00
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/01/17/duda-antesala-125769897.html
La vida nos
fue mostrando que la supuesta verdad ignota no es alcanzable y que cada cual
tiene su propia verdad relativa, fundamentada en sus propias convicciones
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| George Gerbner / L.O. |
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Malos tiempos para los dudantes,
para aquello que siempre andamos cuestionando cosas y dudando hasta de lo que
hemos dado por verdad. «Solo sé que no sé nada», decía Sócrates, porque el
verdadero saber comienza al reconocer la propia ignorancia. Ese nada es poco,
casi nada, en relación a lo que esconde el cosmos, a la verdad absoluta, si es
que existe, ya que escapa a nuestra pobre inteligencia.
Yo soy dudante
El 8 de febrero de 1992, en Zurich,
dio su último recital Atahualpa Yupanqui, junto al chileno Ángel Parra. Antes
de interpretar la canción ‘Preguntitas sobre Dios’, comentaba: «Cuando mi madre
decía: ‘yo soy creyente’, mi padre la miraba y decía: ‘yo soy dudante’».
Tal vez haya que ser un dudante
activo, es decir alguien que duda porque busca la verdad y conoce sus propias
limitaciones para comprenderla. Cuando se piensa que ya se encontró la verdad,
no te preocupas de ir más allá, pues has llegado al final. Dentro de esa
pedantería soberbia vivirás en la mentira de una fantasía que, casi siempre, te
transmiten otros. La ciencia es dudante por definición. Incluso, en muchos
casos, ante las certezas que ya han sido demostradas, siempre existe la duda de
que, en otras circunstancias o contextos que afloraran, pudieran no ser
ciertas, dado nuestro limitado conocimiento.
En este sentido quiero traer a
colación unos aforismos que recientemente publiqué: 1) «Hace tiempo que dejé de
creer en lo que me dijeron que tenía que creer, porque ya no creía en quien me
lo decía»; 2) «Ahora, de mayor, solo creo en lo que creo que se puede creer;
pensando que mañana, con la evolución, tal vez, parte de lo que creo, ya no sea
creíble». He aquí, bajo mi opinión, el razonamiento del dudante… sin entrar en
la disonancia cognitiva que provoca todo cuestionamiento del propio pensamiento.
El primero de ellos surge con la pérdida de la fe en las religiones y la
reivindicación de la libertad de pensamiento que estructura este otro apotegma:
3) «Dios creó el espíritu libre y los hombres inventaron las religiones para
someterlo». Reivindicar el espíritu libre es reivindicar la duda como forma de
ejercer la libertad.
El dudante ‘sufre’ al estar
sometido a la angustia de la búsqueda sistemática de la utópica verdad, ante
esa inquietud que le genera el continuo elaborar del pensamiento. Dudar es
complejo, te exige un trabajo intelectual importante de contrastación crítica y
un posicionamiento equilibrado, abierto de mente, para no caer atrapado en una
agobiante red estresante. Tomar conciencia de la duda no debe significar agobio
sino un prudente sosiego que te capacite para que la vida no te arrastre el
desequilibrio irracional de la duda atenazadora. La duda debe ser un éter que
envuelva una serena actitud que permita la claridad de la mente motivada.
La búsqueda de la certeza desde la
nimiedad
Ahora, cuando llevamos tres cuartos
de siglo a la espalda, las dudas se incrementan desde la certeza de nuestra
propia nimiedad. La vida nos fue mostrando que la supuesta verdad ignota no es
alcanzable y que cada cual tiene su propia verdad relativa, fundamentada en sus
propias convicciones, o lo que es lo mismo, ve una cara del prisma que la
conforma sin llegar a comprender el todo. Lo malo es cuando pretendes poseer la
verdad desde la visión parcial de una de sus caras y, además, imponerla como dogma
de fe y a la fuerza.
La verdad de cada cual se fragua en
la experiencia, en la forma de comprender y entender las cosas al hacer el
camino, como dice Antonio Machado: «Caminante, no hay camino, se hace camino al
andar», que es donde se consolida el verdadero aprendizaje. Por tanto es un
camino personal, individual e irrepetible, que no lo puede recorrer otra
persona, aunque pueda, incluso, acompañarte haciendo un aprendizaje vicario, en
la línea que define Albert Bandura en ‘La teoría del Aprendizaje Social’.
La teoría del cultivo de Gerbner
Si profundizamos un poco más nos
encontraremos otro planteamiento muy interesante, como es la ‘Teoría del
Cultivo de George Gerbner (1919-2005)’. En ella se plantea el modelaje que
ejerce la televisión sobre el ser humano a nivel cognitivo, cuando se da una
exposición larga a sus efectos, produciéndose una representación social del
mundo, una realidad percibida, que cada individuo construye ante el mensaje más
o menos tergiversado que nos transmite la tele, haciéndonos creer que el mundo
social es similar a lo que se muestra en la pantalla. Como ejemplo tomamos que
«la exposición a la violencia continuada crea una imagen de mundo hostil», que
generalizamos al conjunto de la sociedad.
Mas, últimamente, cuando irrumpen
en tropel los medios digitales de comunicación, como los videojuegos y los
contenidos que se pueden encontrar en internet, sean redes sociales, WhatsApp u
otros, se consolidan como instrumentos de manipulación y conforman un
aprendizaje vicario, digamos de riesgo, pues exponernos a ciertos medios hace
que confundamos la realidad social con la sociedad mostrada en ellos.
Decía Bertrand Russell: «Gran parte
de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los
ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas». Ese
es el riesgo que corremos con los medios de comunicación, que se imponga la
certeza del necio ante la duda del inteligente, porque la gente quiere
certezas, aunque sean absurdas, y no las lógicas dudas que le coman el coco.
Dicho esto, retomo el tema, pues
parece que ande ya por los cerros de Úbeda atraído por lo interesante del tema,
pero volvamos al motivo que me ocupa.
Somos un mundo de dudas
Comentaba que, con tres cuartos de
siglo a las espaldas, somos un mundo de dudas. Y está bien que así sea, siguiendo
la idea de Russell. La primera duda es, precisamente, si desde la experiencia
acumulada a lo largo de ese tiempo, tenemos el derecho a pedir a las
generaciones venideras una conducta afín a nuestros planteamientos, sin
considerar que cada generación, al igual que cada individuo, debe tener su
singularidad.
Decía Saramago que intentar
convencer a alguien de tus ideas es querer colonizar su pensamiento. Por tanto,
¿qué hacer con nuestra experiencia? Las siguientes generaciones se van formando
a otros niveles, expertos en el uso de la tecnología, adaptados a otros modos y
tendencias, con mente más abierta, con capacidades y disposiciones diferentes y
en un mundo nuevo del conocimiento. Pero esta abducción puede que les haya
apartado del necesario espíritu crítico.
A veces me planteo que los de mi
generación somos el pasado, nuestros hijos el presente y nuestros nietos el
futuro. En todo caso, somos testigos de la historia, y estamos obligados a
presentificar el pretérito para evitar que se repitan los errores cometidos o,
al menos, para que las generaciones posteriores los conozcan y actúen en
consecuencia.
A nuestra obsolescencia la rodea la
experiencia
Nosotros, que en nuestra infancia
se nos introdujo un software educativo ya anacrónico o caduco, hemos pasado por
cambios importantes, desde el punto de vida social y del conocimiento, a veces
traumáticos, hasta llegar a este momento. La actual sociedad se ha hecho desde
el cambio que soportamos y ejercimos desde una nueva conciencia social, de
igualdad y justicia, que asumimos y cultivamos al desarrollar nuestro
autocrecimiento y evolución desde una sociedad totalitaria, transitando de la
dictadura a la democracia.
Hemos hecho grandes esfuerzos por
mantenernos al día ante el avance de la tecnología y nos vemos, con orgullo,
superados por nuestros hijos, a veces por nuestros nietos. No representamos la
sabiduría del anciano de la tribu, porque el conocimiento nos ha desbordado y
la tribu ya no existe, incluso ni la familia tiene la estructura de influencia
del ayer; pero seguimos acumulando el saber del tiempo y la experiencia. Eso
sí, al traspasar el saber a los más jóvenes debemos ser conscientes de que está
sometido al cedazo de su época, de este tiempo que ya escapa a nuestra
generación.
Solo queda el consejo filosófico,
la incitación a la reflexión desde un buen razonamiento, para que no se dejen
llevar por cantos de sirena, para que no se aborreguen y se sumerjan en un
rebaño conformista y sumiso ante un líder ególatra y narcisista que imponga su
voluntad por encima de la ley y el sentimiento humanitario, que arrebate su
libertad y sus derechos.

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