Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 10 OCT 2026 7:01
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/10/10/torbellino-avecina-135193211.html
El mundo de
la política se enturbia y los irracionales adalides de la lucha sin cuartel se
aprestan para el combate, como si ya no tuviéramos bastantes batallas
acumuladas desde el inicio de la legislatura
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| El Congreso tumba el ‘decreto Maricarmen’ de vivienda / Eduardo Parra |
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La cuerda se tensa. El mundo de la
política se enturbia y los irracionales adalides de la lucha sin cuartel se
aprestan para el combate, como si ya no tuviéramos bastantes batallas
acumuladas desde el inicio de la legislatura. Ya se sabe que todo empezó con
una tremenda frustración por parte del PP y su líder, Alberto Núñez Feijóo. Sus
expectativas de triunfo el 23-J eran claras y, presumiblemente, arrolladoras e
incuestionables para alcanzar el poder. Resultó ser, solamente, el partido más
votado, por lo que entendió que debería gobernar por derecho propio. En
realidad, sabía por experiencia que gobierna quien cuenta con más apoyos en el
Congreso, eso es lo que establece la Constitución. Por tanto, accedió al poder
mediante un acuerdo, tal vez contra natura, Pedro Sánchez, tras el fracaso del
debate de investidura de Feijóo. El conglomerado que fraguó la legislatura no
era, evidentemente, homogéneo aunque se pretendiera presentar como tal. En el
caso de Junts primaban los intereses, muy personales, de sus propios líderes,
como la aplicación de una amnistía.
Pero tanto va el cántaro a la
fuente, hasta que se rompe y, tras tantos dimes y diretes, el cántaro se rompió
por la fisura que tenía desde el inicio, por Junts. Un partido que dice
representar a la burguesía y empresariado catalanes con sus intereses políticos
y económicos, ahora centrados en la independencia. En realidad, y a su manera,
el objetivo de la independencia catalana siempre impregnó con su halo la
filosofía de la derecha nacionalista. En todo caso, esa posición se visualizó
siempre en sus pactos de gobierno con los partidos centrales, ya fueran de
derecha o de izquierda, al ser conscientes del valor de su voto de apoyo en el
Congreso. Los gobiernos centrales no fueron viables sin contar con el sostén
del nacionalismo catalán, y bien que lo pagaron.
Tras el tremendo choque de trenes
que se produjo el 1 de octubre de 2017, con el cuestionado referéndum
unilateral, la situación del Estado se tensó hasta niveles muy peligrosos. La
efímera declaración de independencia, la aplicación del artículo 155 de la
Constitución y la consiguiente entrada en juego de la justicia, abocó a
momentos de clara inestabilidad política. La amnistía era una posible
herramienta para neutralizar y sosegar el conflicto. La propia ONU la justifica
con estas palabras: «La amnistía tiene como finalidad crear condiciones
propicias para alcanzar acuerdos de paz o bien favorecer la reconciliación
nacional». Esa era, también bajo mi punto de vista, la forma de reconducir el
conflicto. He aquí la oportunidad, no considerada previamente por el PSOE, que
acabó siendo la llave de acceso de Sánchez al poder.
Junts, cicateramente, con su
ambivalencia, anduvo jugando y Sánchez, creo que no supo o pudo gestionar el
tema de forma más eficiente. En todo caso, ahora se da una situación muy
favorable para que el PP y Junts puedan acercarse, una vez Puigdemont sea
amnistiado y vuelva en plena libertad y uso de sus derechos constitucionales,
permitiendo reubicarse Junts y PSOE en su natural lugar del espacio político
divergente.
Una situación extraña
En realidad, estamos inmersos en
una situación de difícil solución, dado que se ha instalado hace ya tiempo una
práctica política abyecta, no solo en España, sino en el resto del mundo. El
insulto hace tiempo que saltó al escenario, junto a la mentira y la difamación
―difama que algo queda― quedando en segundo orden el debate razonado y
razonable basado en actitudes de escucha activa y disposición al diálogo. La
tan cacareada polarización ha roto la disposición al entendimiento y cualquier
cosa que se diga hace saltar chispas en determinados círculos especialmente
sensibles y vehementes, incluyendo militantes y hooligans.
Los casos y las causas que van
surgiendo son inmediatamente tergiversados y adulterados según a quien
convenga. Muchos medios de comunicación se alinean en el correspondiente flanco
del frente de batalla y establecen una política de comunicación estratégica en
defensa de sus intereses y de los grupos afines. Pudieran existir, o al menos
así lo parece, alianzas muy sólidas entre determinados medios audiovisuales o
escritos para remar en un mismo sentido, perdiendo estos la independencia y,
por consiguiente, la libertad para cumplir con la función principal del
periodismo, que no deja de ser la información veraz y completa de los hechos
acaecidos en nuestro entorno social en toda su dimensión.
Cuesta discernir ante la
manipulación, los sospechosos datos que se manejan, las falacias y medias
verdades que se nos presentan entrelazadas con todo un discurso partidista.
Habrá que sentarse con tranquilidad y sosiego para separar la paja del grano
aventando toda información que se nos venda.
En todo caso, creo que lo más
práctico es reconsiderar los principios y valores propios, nuestra concepción
personal del ideal político y social que, en conciencia, estructura nuestro
propio pensamiento y, tras analizar asépticamente la realidad que nos envuelve,
extraer nuestras propias conclusiones sin dejarse avasallar por los ajenos
intentos de influir de forma interesada en nuestras conclusiones.
Difícil elección
Son la socialdemocracia y el
neoliberalismo las tendencias que más encajan, hoy por hoy, en el sistema
democrático, sabiendo que hay otros elementos a considerar más minoritarios que
pudieran adquirir un mayor peso, hasta, incluso, acabar con el propio sistema
democrático. Cabe que estos pudieran llevarnos a un espacio dictatorial de
corte neofascista o comunista ―el segundo lo veo más improbable―, o bien
desembocar en un «neofeudalismo» tecnológico que abrace la tan criticable
plutocracia; o sea, el gobierno de los ricos desde el presidencialismo de un
líder histriónico que controle la situación estilo Putin o similar, incluido el
modelo chino, mientras los oligarcas ejercen de modernos señores feudales.
Si el Estado, en lugar de ordenar,
legislar y garantizar los servicios públicos y los derechos constitucionales de
la ciudadanía, conceptualizado como Estado del Bienestar, se convierte en un
mero espectador ante el libre mercado autorregulado, entrando en una dinámica
de darwinismo social, donde el negocio conforma la esencia de un sistema
económico, cuya divisa pudiera ser la cruda competitividad, con escasa
sensibilidad humana, dando prioridad a los intereses del capital antes que al
factor humano, podríamos caer en el abismo de la insolidaridad e injusticia
social creando desequilibrios difícilmente justificables desde los valores
esenciales del ser humano.
Por otro lado, el clima tanto
nacional como internacional está muy contaminado o intoxicado, con expectativas
de inmediatez dudosas. Todo está en el alero y, en función de cómo evolucione
la situación, estas podrían cambiar. Las elecciones de medio plazo en los EEUU serán
determinantes para el reequilibrio mundial, Brasil mantiene su incógnita e
Israel está pendiente de la suerte de Netanyahu el 27 de octubre si no me falla
la memoria.
Mientras tanto sigue la turbia
confrontación de Irán, Palestina continua siendo machacada y en Ucrania se
incrementa la crudeza de la guerra con Rusia, sin olvidarnos de Yemen y otros
conflictos mantenidos en el tiempo.
Una turbia campaña
En casa corren vientos huracanados
que prometen levantar unas estrategias políticas canallescas. Seguirá con más
fuerza la confrontación entre los dos grandes partidos, con un Vox merodeando
para sacar rédito y una izquierda más allá del PSOE que no consigue fraguar
acuerdos de integración, al menos de momento. Los casos de corrupción son una
espada de Damocles que se cierne sobre el mundo de la política, de la que no
escapan PP y PSOE. La Kitchen, Gürtel, Púnica, Almería, Montoro, además de las
oscuras maniobras de algunos de sus líderes y familiares, opacan al PP;
mientras al PSOE le amenazan los casos Koldo, Cerdán, Ábalos, Begoña Gómez,
Leire Diez o el de Zapatero. El que esté libre de culpa que tire la primera
piedra…
Otro de los elementos
significativos que marcarán con fuerza el torbellino que se avecina son los
conflictos no resueltos aún y de rabiosa actualidad, como Ceuta, la vivienda y
el movimiento generado con el caso de los desahucios o la huelga general
planificada, que llevarán a debates a cara de perro, dado el clima de
confrontación que se presenta. Falta conocer los programas de cada cual,
esperando que no consistan en echar a unos para ponerse otros, sino en un
compromiso real para la resolución de los problemas que afectan a la gente.
Me lo tomaré con calma, se avecinan
histrionismos exacerbados, insultos, descalificaciones, maledicencia, falacias
y un sinfín de epítetos incalificables. Calma, pues, para votar en conciencia
sin dejarse avasallar por estupideces.






