sábado, 18 de julio de 2026

La historia en mi memoria (II)


Opinión | Tribuna

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La opinión de Málaga el día 18 JUL 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/18/historia-memoria-ii-132568003.html

La Guerra Civil y sus secuelas marcaron la vida de las familias humildes y la represión sufrida, junto a la precariedad, el miedo y la lucha por la supervivencia en la España de posguerra

Recoveras, el estraperlo para sobrevivir en la posguerra española

==========================

 

Hoy, 18 de julio, se cumplen 90 años del Golpe de Estado que desembocó en la contienda civil. No hay nada más horroroso que una guerra entre hermanos, entre paisanos y compatriotas. Las rencillas ocultas, la confrontación ideológica y los odios encubiertos afloran con especial virulencia.

Una aciaga fecha en la historia de nuestro país que ojalá no se hubiera dado nunca y esperemos que no se repita. La semana pasada publiqué la primera parte de esta reflexión o relato personal con la única intención de presentificar parte de la historia que se vivía en mi niñez, experimentada desde las carencias, que envolvió una etapa decisiva en el desarrollo de la infancia a mediados del pasado siglo… era el mundo de la «nada», de las privaciones.

El mundo de la «nada» era rico en hambre, miseria, marginación, dolor, sufrimiento y pena, sin olvidar el miedo y el sometimiento formal y vejatorio que debía otorgarse al amo de la tierra para quien se trabajaba. Por tanto, quien nadaba en la «nada» era el campesinado andaluz en general y más en particular el que profesaba ideas republicanas y estaba estigmatizado como rojo o familiar de rojo tras la contienda. Al menor atisbo de rebeldía, de disensión, la Guardia Civil entraba en acción exhibiendo un alto grado de violencia y autoridad, metiendo el miedo en el cuerpo de los más valientes, por lo que solo en la clandestinidad se podía contactar con los correligionarios y debatir ideas.

Recuerdo, con cierto desasosiego, cuando mi padre escuchaba, a baja voz, la Pirenaica ―para quien no lo sepa era la emisora clandestina de Radio España Independiente, que lanzaba proclamas contra el franquismo― y mi madre le decía: «Antonio, por favor, que te va a escuchar algún vecino y te va a denunciar a la Guardia Civil y te llevarán preso».

Para más INRI al socaire de la penuria, algunos fieles al Movimiento, compraron innumerables patrimonios de los vencidos a precios irrisorios, obligados a vender por la apremiante necesidad, cuando no por la coacción. Esto no quiere decir que la maldad, la codicia y avaricia fueran generalizadas, pues había gente noble que, al amparo de la asimetría de poder y económica, ejercían la caridad y ayudaban a quienes padecían privaciones, en algunos casos desde el beneficio egoísta que otorga una buena obra de compasión, en otros su obra permanecía en el anonimato. De todas formas, pienso que la caridad palia la injusticia pero no la elimina. Hay momentos en que es mejor recoger las migajas de la mesa del señor antes que morir de hambre, máxime si esa voluntad de dar viene acompañada de una desinteresada bondad.

La derrota de sus aliados

En estas se andaba cuando, finalmente, son derrotadas las potencias del eje en la segunda guerra mundial. Los valedores del régimen franquista son vencidos. En el juicio o proceso de Núremberg se determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del III Reich alemán. Esa losa pesaba sobre la conciencia de los franquistas y el miedo a perder el poder y encontrarse en la circunstancia de sus aliados era lógico. Hicieron piña, manifestaciones de apoyo al Caudillo, reclamaron el título de reserva espiritual de occidente, rechazaron injerencias externas e hicieron chanza de su exclusión de la ONU: «Si ellos tienen ONU nosotros tenemos dos», decían los manifestantes en la plaza de Oriente madrileña; pero hubo algo que jugó a su favor, como era el ferviente anticomunismo del régimen. En un momento de tensión de las potencias occidentales con la extinta Unión Soviética, en plena guerra fría, Franco podía ser un buen aliado. Solo se necesitaba pactar a favor de los intereses de occidente.

EEUU, como siempre, perfecto halcón de caza, supo aprovechar la situación para negociar el abrirle las puertas de la ONU a España y sacar tajada. El convenio con los EEUU fue algo diferente a un tratado bilateral; fue el contrato que garantizaba la persistencia del régimen de Franco a la sombra de la potencia occidental. Los EEUU montaron las bases militares que necesitaron para su avanzadilla en Europa, en la retaguardia del frente de un posible conflicto con los rusos. Zaragoza, Torrejón, Morón de la Frontera, Rota y otros puntos de menor importancia, fueron entregados para su uso por los norteamericanos. A cambio, además del apoyo político al régimen, se rearmó el ejército y fluyó el dinero para paliar la mísera economía del país, pero, sobre todo, lo que importaba era el paraguas protector de los EEUU.

Vuelve el señorito a caballo

Mientras tanto, la estampa habitual del campo andaluz era la imagen del señorito montado en su caballo, con fusta en ristre, recorriendo sus posesiones y controlando, a través de sus capataces, que el campesino trabajara denodadamente. Un acto de soberbia, exhibición y poderío, que plasmaba las diferencias de clase y ponía las cosas en su sitio. Fueron muchos los hombres humillados, las mujeres atropelladas y forzadas, los niños explotados a manos de estos desaprensivos, solo por la contrapartida de contar con qué comer o por el miedo. Si bien, en muchos casos, se daba esa ética feudal de defensa de sus buenos y serviles trabajadores, a los que se respetaba como un bien en propiedad que se cuida para mantenerlo en buen uso, incluso, en algunos casos se dieron relaciones de connivencia y amistad entre el amo y el trabajador. O sea, un neo o pseudofeudalismo del campesinado andaluz.

Finalmente he de señalar que la ilusión de que las potencias occidentales, sobre todo los EEUU de donde surgió la brigada Lincoln para apoyar a la República durante la guerra, invocaran la libertad del pueblo y ejercieran presión para cambiar el régimen, se fue al garete. El pragmatismo americano se impuso a sus ideologías, tan manoseadas, sobre la libertad. La resistencia antifranquista, que se había incrementado e infiltrado desde Francia tras el final de la guerra mundial, fue muriendo per se y a causa de la presión y represión de la Guardia Civil y del ejército. El régimen quedaba a salvo y se perpetuaba con el beneplácito de los gobiernos occidentales. Eso sí, las cárceles andaban repletas de presos políticos a los que se fue liberando con cuentagotas, no sin antes someterlos a vejaciones y trabajos faraónicos, como el caso de la basílica del Valle de los Caídos, hoy Cuelgamuros.

Este esbozo sobre la historia podría ser interpretado como sesgado y parcial por los seguidores del régimen franquista, incluso, remarcar que los otros eran más malos, y reprocharme por qué no aludo a lo que hubiera sido de España si la contienda la hubieran ganado los republicanos. A parte de mi convencimiento personal de que la República hubiera sido viable con una sosegada actitud por parte de todos, y que hubiese resultado lo mejor para España si tomaba como modelo a países de marcados principios democráticos, he de decir que la tendencia o inclinación hacia el mundo comunista, que representaba Rusia, fue forzada por la falta de ayuda de las democracias occidentales incapaces de implicarse en su defensa, o miedosas de airar a Hitler. Creo, por tanto, que si hubieran cumplido su papel defensor de la libertad los países como Francia, Inglaterra y los EEUU desde un principio, todo hubiera acabado de diferente forma, ubicando a España en la órbita occidental y arrancándola de las garras del fascismo.

Pero, por otro lado, soy de las personas que no creen en el llamado razonamiento contrafáctico, es decir, en el pensamiento hipotético sobre qué hubiera sido si en lugar de este hecho hubiera sucedido este otro… O lo que es lo mismo, establecer hipótesis de cómo hubiera sido España si la guerra la ganan los republicanos. Siempre serán hipótesis no contrastadas que pueden responder más a los deseos que a la posible realidad que se fuera a dar. Por tanto, solo me he limitado, y limitaré, a analizar, desde mi punto de vista, lo que se dio en el entorno que me tocó vivir y me envolvió. En este sentido, mi verdad no es una verdad absoluta, sino la mera visión de un sujeto mediatizado por sus experiencias vitales, sus vivencias y la forma de afrontar esa vida mediante el razonamiento y las convicciones que del mismo se fueron derivando.

 


sábado, 11 de julio de 2026

La historia en mi memoria (I)

 Opinión | Tribuna

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 11 JUL 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/11/historica-memoria-132341837.html

La contienda civil de 1936-1939 dejó al país empobrecido económica, intelectual y socialmente, imponiendo una idea única y una profunda brecha entre vencedores y vencidos.

Arando la tierra. / l.o.

==========================

El próximo sábado, 18 de julio, se cumplen 90 años de la rebelión militar que llevó a nuestro país a vivir uno de los episodios más luctuosos de su historia, como fue la contienda civil. Ojalá nunca vuelvan a darse circunstancias tan tremendas, haciendo aflorar el horror de una confrontación entre hermanos y despertar el instinto asesino de desalmados que cultivan la maldad sembrada por el odio, siempre irracional.

No era la primera vez que se daban unos hechos tan horribles. El siglo XIX fue el más nefasto para nuestra patria. Empezó con la llamada Guerra de la Independencia que destrozó el país, se diluyó el imperio, se originaron tres guerras carlistas y acabó el siglo con la derrota ante los EEUU y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas (1898). La guerra del Rif inicia mal el siglo XX.

Es importante conocer el pasado y, los que ya nos vamos y lo vivimos, no está mal que dejemos constancia del recuerdo, un testimonio del sufrimiento y la penuria de una sociedad maltrecha por la guerra civil. Tal vez sea disuasorio para las generaciones más jóvenes y les lleve a descubrir los caminos de la convivencia en paz y armonía.

Ahora estamos atravesando momentos difíciles, donde afloran viejas ideas totalitarias y excluyentes y se cultiva el desencuentro. La política ha dejado de ser constructiva para convertirse en canallesca, donde el insulto y la descalificación cobran terreno despertando el atavismo de un pasado pavoroso.

Procesiones. / l.o.

Los efectos de la Guerra

Tras tres años de guerra fratricida entre las dos Españas (1936-1939), el país quedó empobrecido económica, intelectual y socialmente… sumido en la miseria. Se impuso la idea única, el nacionalcatolicismo, el liderazgo forzado de un «caudillo» rebelde ante el poder legítimo y se abrió una tremenda e injusta brecha entre el pobre y el rico, entre las dos Españas, una ostentando el poder y la otra sometida; una soberbia y arrogante y otra humillada. Pensar distinto al sistema era considerado traición, y el traidor no merecía vivir. El pavoneo de las camisas azules, de los adeptos al poder, era denigrante y vejatorio. Si tu bando era el vencido siempre serías sospechoso, blanco de las iras y propenso a los escarnios y maltratos. La tortura era un instrumento habitual para sacar confesiones, a veces infundadas para escapar de ella.

Pero hay otra sangría que empobrece más al país, si cabe. Se trata de la marcha al exilio de grandes mentes, de personas del mundo intelectual y técnico que se ven obligadoas a refugiarse en el extranjero. No hablo, pues, solo de los ideólogos y luchadores que marcharon a Francia tras la contienda y que fueron tratados injustamente; aquellos que, a la postre, combatieron al lado de las tropas francesas en la contienda mundial contra el nazismo alemán, con la esperanza de poder volver a su patria ayudados por los vencedores de esa guerra. Me refiero, sobre todo, al mundo intelectual. A los que fueron eliminados físicamente como el caso de Federico García Lorca, al amparo de la locura asesina de un general sanguinario como era Queipo de Llano, que sembró el miedo y el terror en Andalucía con sus discursos radiofónicos incitando a la tropelía de la tropa. La historia, si es justa, debe dejar a este sujeto como inductor asesino de miles de ciudadanos andaluces, ajusticiados a sangre fría y sin juicio ni derecho a la defensa.

Ahora bien, no nos engañemos, durante la contienda cayeron intelectuales de ambos bandos a manos del enemigo. A su término siguieron cayendo los adeptos a la República a consecuencia de la represión y la cárcel, como el caso de Miguel Hernández. Fueron exaltados como héroes o mártires los caídos del bando vencedor, en monumentos funerarios, iglesias y libros de texto, mientras los fusilados republicanos permanecían en las cunetas y en fosas comunes, como muchos aún lo están.

Los intelectuales que escaparon de la muerte, según el bando, tuvieron distinta suerte. Los vencedores pasaron a ser el sostén intelectual del régimen, si bien era el régimen el que definía su conducta e ideas y no ellos a este. Es decir no había librepensamiento, sino sumisión ideológica y aportación a la consolidación del sistema. Si alguno de ellos se salía del guion era repudiado, como el caso del propio Hedilla ―aunque sea dudoso el apelativo intelectual, más bien ideólogo― jefe falangista que se opuso a la unificación de esta con los tradicionalistas bajo el mando de Franco, por lo que fue acusado de conspirar contra él y condenado a dos penas de muerte, posteriormente conmutadas, hecho que le apartó de la vida política hasta su muerte en 1970.

El exilio intelectual republicano

La intelectualidad republicana que marchó al exilio fue muy numerosa y de gran calidad en muchos casos. Las cabezas mejor dotadas de España, intelectuales, profesores, científicos, profesionales de las artes plásticas, escritores o poetas, como Francisco Ayala, Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Rafael Alberti, Pau Casals, Pablo Picasso, Ramón J. Sender, Pedro Salinas, María Zambrano, Manuel Altolaguirre, Rosa Chacel, Luis Cernuda, Juan José Domenchina, Elena Fortún, José Gaos, Jorge Guillén, María Teresa León, Emilio Prados, Claudio Sánchez Albornoz, Luis de Zulueta y un amplio etc... Todos ellos fueron a enriquecer la cultura y el conocimiento de otros países de acogida, pues aquí ya no cabían ni podían desarrollar su creatividad y pensamiento. La guerra creó un orden dictatorial donde todo estaba sujeto a los intereses del régimen. Este poema del zamorano León Felipe, una malaventura que le echa a Franco, el gran responsable de la guerra, viene a mostrar el estado de ánimo de la intelectualidad en el exilio:

«Franco, tuya es la hacienda, / la casa, el caballo y la pistola. / Mía es la voz antigua de la tierra. / Tú te quedas con todo y me dejas desnudo / y errante por el mundo... / Mas yo te dejo mudo... ¡mudo! / Y ¿cómo vas a recoger el trigo / y a alimentar el fuego / si yo me llevo la canción?»

Respecto a la ciencia pasa tres cuartos de lo mismo. Fueron numerosos los médicos españoles que se exiliaron en México y otros países al finalizar la guerra. Nombres como Augusto Pi i Sunyer, José Puche Álvarez, Isaac Costero, Gustavo Pittaluga, Ángel Garma, Severo Ochoa o Miguel Prados Such, hermano del poeta Emilio Prados, muestran lo profundo del golpe que recibieron tales disciplinas en España. En el texto de la ley que crea el Consejo Superior de Investigaciones Científicas queda de manifiesto como hasta la ciencia debía retroceder dos siglos para inspirarse en las «ideas esenciales del Glorioso Movimiento».

La España de la «nada»

Entonces se impone la España de la «nada». No había libertad de religión, de ideas política, de pensamiento, de educación, de tránsito, de sindicación… todo estaba controlado. El superyo freudiano, o sea el control de la conciencia, estaba condicionado por la iglesia, su clero y su credo e ideario político. La socialización del niño recaía en los curas y maestros, donde prevalecía el adoctrinamiento religioso y político, por lo que el cauce de las ideas, el pensamiento, los valores y principios estaban intervenidos también por la iglesia y los principios del llamado Movimiento Nacional.

La otra «nada» hace alusión al alimento, a la ropa, a la vivienda, a las necesidades más básicas. Hambre, miseria y padecimiento fueron las constantes que sufrieron los niños y mayores de la clase obrera y trabajadora. El racionamiento, el queso y la leche en polvo que, caritativamente, se recibía en las escuelas no se pueden relegar de las infantiles mentes, ya maduras y ancladas en la tercera edad en la actualidad. Cuando pienso en ello aflora a mi garganta aquel sabor singular de la leche y el queso americano.

Esta «nada» no era general, pues muchos vencedores disfrutaban de prebendas y acceso a recursos vedados a los vencidos y al pobre. El trapicheo, contrabando y estraperlo eran formas de enriquecerse más los ya pudientes y adeptos al régimen, mientras eran castigados muy severamente los otros actores. Por tanto, en ese mundo de la «nada» se trabajaba casi por nada para poder comer algo. En él estaban los campesinos, obreros y pobres, los gitanos, los proscritos, los rojos y vencidos, la clase trabajadora, salvo quienes habían luchado al lado de los vencedores o eran serviles con los poderosos y ricos hacendados.

(Continuará)

 

domingo, 5 de julio de 2026

Sobre el debate

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 04 JUL 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/04/debate-132100926.html

Pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia) / LAURIE DIEFFEMBACQ – Archivo

===============================

«Cuando las emociones condicionan el debate surge el conflicto, cuando son las razones llega el acercamiento». (Frase del autor)

 

Esta frase revela, así lo entiendo, uno de los grandes problemas que aquejan a la sociedad, es la falta o incapacidad de razonar asépticamente ante un argumento ajeno cuando no está en la línea de los nuestros. Entonces cultivamos el sesgo confirmatorio, siendo este un signo de inmadurez intelectual. Nos sentimos agredidos, aquí generalizo, si se nos quiere convencer de algo contrario a lo que pensamos, cuando se nos cuestiona lo que creemos. Interpretamos que se nos descalifica y humilla si se impone la argumentación ajena, teniendo que asumir la nuestra como errónea. Entonces aparece el aspecto emocional y perdemos la razón, la capacidad de discernir argumentalmente sobre el tema a debate.

Un problema cultural

He aquí un problema cultural, se nos ha hecho dogmáticos, en las ideologías y en los credos religiosos; se nos ha enseñado a competir y ganar para no ser un fracasado. No se nos ha enseñado a aprender, a estar en disposición de asimilar enseñanzas, salvo que el enseñante tenga la autoridad que le otorga un conocimiento superior. Claudicar ante la argumentación de Einstein no es lo mismo que ante Perico de los Palotes, aunque Einstein diga una nimiedad y Perico una verdad como la copa de un pino. Tenemos asumida la diferencia entre el conocimiento de una autoridad en la materia y el de un igual a nosotros. Históricamente hemos aceptado que el médico sabe de medicina y nosotros a callar; el abogado de leyes y nosotros a callar; el matemático de matemáticas y nosotros a callar…

Aceptada esta asimetría en el conocimiento no cabe debate, pero cuando creemos tener la misma capacidad y competencia en una materia de discusión que pueda ostentar el otro, o los otros, entramos en ese debate, lo cual no es malo, aunque, a veces, un ignorante entra a discutirle a un científico, desde una pretendida simetría, defendiendo teorías absurdas.

Pero si el debate se convierte en un proceso de acercamiento basado en el conocimiento y la razón, estaremos ganando todos, pues incrementaremos nuestro saber. Ello requiere una posición de mente abierta para aceptar lo verdaderamente positivo que aporta el otro. Pero si lo entendemos como un combate, donde mi argumento ha de prevalecer, y se trata de mostrar ante los demás, incluyendo los espectadores, que tengo razón para convencerles, la cosa cambia, aflora la agresividad y la vehemencia viendo al otro como rival y no como interlocutor.

Entonces siento emociones y las transmito en ese instante. Son las emociones del combate, de la confrontación. Estamos en un ring y los espectadores toman partido pues, de antemano, están definidas las posiciones, sean políticas, religiosas, sociales, económicas e, incluso, científicas… En muchos casos andamos definiendo y defendiendo los valores del grupo con el que nos identificamos, del equipo de fútbol al que pertenecemos, de nuestra ideología, de nuestra religión, y esperamos ganar, salir airosos para satisfacer nuestro ego y el reconocimiento del grupo.

La perversión del debate

La perversión del debate hoy se manifiesta, con toda crueldad, en el mundo de la política, no solo porque cada cual pretenda imponer su ideología, sino por las formas y la manipulación de la verdad para crear relatos partidistas. Porque dejó de ser debate para convertirse en combate, en guerra de intereses donde todo cabe, hasta la conducta más ruin, como estamos viendo. El debate político busca persuadir para vencer, no convencer, como diría Unamuno.

Los grupos se consolidan en base a credos, valores e ideas que los definen. Hacer tambalear esos nexos es un riesgo de desintegración equivalente a la muerte o desaparición del mismo, lo que hace que en esa lucha se vuelque las emociones y aparezcan estrategias en el inconsciente que nos llevan al enquistamiento ideológico, al dogma y los principios inalterables, al pensamiento encapsulado resistente a la argumentación lógica. No podemos permitirnos que nuestro grupo, nuestro partido político sea descalificado, ridiculizado y ninguneado ante su incompetencia o inconsistencia argumental.

¿Qué es lo que hay detrás de todo ello? Pues un claro predominio de los intereses del grupo al que representamos, en contraposición a la búsqueda de la verdad que exportaríamos al conjunto de la ciudadanía y que nos haría crecer a nosotros y madurar como seres humanos, tal vez por eso se dé esa virulencia, por la inmadurez de los tertulianos.

Por tanto, no nos interesa la mejora social, la búsqueda de la razón y la certeza sobre al tema del debate. Nuestro objetivo, aunque sea inconsciente, está en los intereses del grupo y su consolidación, y no en los del conjunto de la sociedad. Si fuera de la otra manera, estaríamos abiertos a la razón y los argumentos del otro, a la empatía y el consenso, a la convivencia pacífica y al intercambio de ideas. Aquí es donde echo de menos al sosegado intelectual librepensador, que haberlos haylos, pero que, al no montar un espectáculo atractivo para los televidentes, no interesa a los medios. 

Es patético ver a muchos tertulianos, de la radio o la televisión, enzarzados en una discusión que sistemáticamente descalifica al otro, intentando aseverar sus más insólitas barbaridades. Estos son debates infructuosos, no solo por su contenido y forma, sino por su enseñanza. Transmiten a la ciudadanía una forma, un estilo de debatir tóxico que arrastra al fracaso, a la divergencia y el desencuentro. No fijan caminos de acercamiento para desmontar y paliar la violencia de la confrontación, sino que establecen una pugna a la que estamos acostumbrados en nuestra vida cotidiana como un acto competitivo… ¡hay que ganar! Lo importante no es participar, sino ganar. De esta forma nos encontramos a nuestros modelos tertulianos, a nuestros maestros, ejerciendo una conducta de confrontación e intransigencia que nos aleja del encuentro con los demás. Nos encerramos en nuestras ideas y descalificamos al contrario por sistema, incluso los insultamos con apelativos despectivos, así acabamos considerándolos nuestros enemigos en lugar de nuestros contertulios que nos pueden llevar a una mejor comprensión del mundo de las ideas y del tema que se trata.

El libre discernimiento

Cuando uno pierde su capacidad e independencia de discernir libremente y acepta la sumisión a las ideas de otro, u otros, acaba en la alienación. Deja de ser uno mismo para convertirse en los otros, en portavoz del grupo y sus consignas. Renuncia a la capacidad, que todo ser humano debería defender contra viento y marea, la de ser libre y aportar su creatividad personal a la sociedad. Renuncia a su esencia, a su singularidad, a sí mismo.

Es el razonamiento lo que ha llevado al desarrollo de la ciencia, a la evolución del ser humano. Son las emociones y los dogmas los que han llevado a la confrontación y a la guerra. Pero también lo han hecho a la paz y al amor, pasando de un extremo al otro. Somos seres oscilantes, cargados de inseguridad, de culpa y conflicto interno que se ha de gestionar. Nuestra conciencia busca la paz del equilibrio, lavar la culpa, compensando las malas acciones que atormentan.

Hay quien dice que las emociones dan la vida, que las oscilaciones anímicas permiten sensaciones de pena y alegría, de felicidad y malestar, que le dan sentido a la existencia. ¿Qué sería de la alegría si no existiera la pena para compararlas? Somos ciclotímicos por naturaleza, en mayor o menor grado. Habrá que tratar el tema en otra ocasión. No podemos vivir sin emociones, pero podemos vivirlas con realismo y madurez, gestionando lo emocional en su justo término. Abriendo nuestra mente a la razón, asumiendo que somos seres pensantes, capaces de evolucionar desde esa condición hacia la búsqueda de una verdad superior, de discernir entre las cosas para hallar el sentido de la vida en común y su esencia desde la asimilación de la totalidad del entorno, de todos y cada uno de los elementos que lo integran.

Cuando debatamos con la intención de asimilar las buenas ideas y argumentos de los demás, sus razones y experiencias, desde la empatía, habremos ganado la vida y la evolución en paz… Entonces seremos seres humanos maduros y constructivos, estableciendo sinergias desde la libertad y el compromiso social, para confluir en un mejor desarrollo de nuestra sociedad. Pero eso no creo yo que le interese a los grupos de poder... En todo caso, evita debates improductivos… son disruptivos.

 

sábado, 27 de junio de 2026

La jubilación… ¿y ahora qué?

 

Opinión | tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 27 JUN 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/27/jubilacion-ahora-131863886.html

La generación de mayores se enfrenta a la brecha digital, obligada a depender de las nuevas generaciones para el manejo de la tecnología

Celebración del fin de curso de mayores de 55 años en la Universidad. / l.o

=============================

Confieso que no tengo nada claro a qué vine a este mundo o, si lo prefiere, para qué me trajeron. He de reconocer que sigo sin saberlo con suficiente claridad, solo tengo sospechas, creencias o suposiciones e intuiciones adquiridas mediante una razonable conjetura, que me lleva a inferir un objetivo de desarrollo humanista, de mejora y evolución de la especie mediante el incremento sistemático del conocimiento y la aportación y creatividad individual y colectiva. Entiendo, como macro-objetivo, que la mejora de la especie implica conseguir que nuestros hijos nos superen, que la vida fluya caminando hacia el mayor conocimiento, acercándonos a la utópica verdad del universo, buscando la bonhomía y la felicidad del individuo y la sociedad desde un humanismo solidario y comprometido.

Las tecnologías nos desbordan

Es curioso cómo una mayoría de jubilados hemos sido ampliamente superados por el desarrollo tecnológico, por lo digital, dado que fuimos educados y formados en lo analógico. Nuestros hijos y nietos se han fraguado, o se están formando, en contacto con el mundo digital que se abre a otra dimensión en el desarrollo y uso del conocimiento de las tecnologías. Desde pequeños, tal vez en exceso, se familiarizan con su manejo y dominio con pasmosa facilidad y capacidad de aprendizaje y adaptación. La generación de los mayores ha sido atrapada y rebasada por la cuarta revolución industrial, lo que, en muchos casos, nos obliga a recurrir a estos hijos o nietos para superar determinadas situaciones de incompetencia en la usanza y manipulación de las modernas tecnologías.

La cuarta revolución industrial, a la que me he referido en otras ocasiones, está marcada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, lo que nos permite vislumbrar hasta qué punto cambiará el mundo que conocemos. El cambio está ocurriendo a gran escala y a toda velocidad. «Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes», vaticina Klaus Schwab, fundador del Foro de Davos y autor del libro «La cuarta revolución industrial» publicado en 2016. Desde esa fecha hasta el momento se ha venido confirmando ese vertiginoso proceso que lo cambia todo.

El impresionante proceso evolutivo

La mayoría de los jubilados, donde se incluye una amplia generación del pasado siglo que abarcaría hasta los nacidos en los años sesenta, hemos vivido un impresionante proceso evolutivo de la sociedad española, que comprende los aspectos políticos, sociales, económicos y, sobre todo, educativos o formativos, donde el conocimiento y desarrollo intelectual adquirido era impensable en nuestra infancia. Hemos tenido una vida intensa en experiencias al transitar desde una situación miserable, sobre todo para determinadas clases sociales, a la que actualmente gozamos. No ha sido fácil salir de allí para llegar aquí. Tuvimos que dejar nuestros pueblos blancos anclados en la Andalucía profunda, sus olivares y campiñas, para integrarnos en ciudades ignotas, con estresantes ritmos de vida, donde había más oportunidades de trabajo y subsistencia.

Todo fue complicado, un reto continuado, que exigía habilidad y disposición, mente abierta y motivación para aprender, para asimilar hábitos y costumbres diferentes, para subirse a un carro que llevaba a otra dimensión, cuando no para tirar de él con nuestro esfuerzo y dedicación. En muchos casos, lo sé por experiencia, saliendo de la nada alcanzamos importantes puestos de responsabilidad en diversos campos. He conocido muchos casos en el mundo de la docencia universitaria de profesores que han ganado su plaza con ímprobos esfuerzos saltando de aquella nada a la cátedra.

Es maravillosamente aleccionador ver cómo los mayores, ávidos aún de conocimiento, sobre todo las mujeres, acuden, en gran medida, al Aula de Mayores de la UMA, buscando llenar vacíos que la vida no permitió ocupar desde su infancia. Ese lugar de encuentro donde se conjuga conocimiento, interacción amistosa, inquietud y ansia de vivir lo no vivido, limando frustraciones del pasado, ejerce una de las labores más preciosas y sublimes que se pueden realizar desde la universidad. En la entrega de diplomas, tras superar los tres años de estudio, se observaba la lozanía y alegre juventud en la cara de las chicas septuagenarias.

El remanso de la sabiduría

Mas sea como fuere, en llegando esta hora de la jubilación con mayor o menor resguardo económico, nos enfrentamos al recorrido final de la vida antes de desembocar en el mar definitivo que nos diluirá en el cosmos.

La jubilación es un gran viaje, el viaje final por el que se recorre el último tramo del camino. Si nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, como decía Jorge Manrique, estaremos en ese remanso donde el agua transita suavemente, sin exacerbadas pasiones, donde la sabiduría adquirida a lo largo del cauce se va manifestando hasta alcanzar la deseada bonhomía para lo que, tal vez, hayamos venido a este mundo.

La juventud tiene el ímpetu, el conocimiento de las nuevas tecnologías, pero la sabiduría que otorga la experiencia va adquiriéndose en el tránsito y, con la edad, se incrementa. Porque si la luz hace que tus ojos vean la vida, la sabiduría te permite comprenderla, y ello se consigue con la experiencia.

La senectud es tiempo de paz y de sosiego, o debería serlo, porque desde esa actitud afloran las conductas que pueden llevarnos al autoconocimiento, a la introspección que nos permita el sosegado análisis del tránsito vital para encontrar la paz interior y el equilibrio que otorga la sabiduría con su capacidad de integrar el conocimiento, la experiencia y la reflexión profunda para tomar decisiones éticas y juicios sensatos.

Pero, además, la jubilación es un interesante momento de reflexión, de meditación y valoración de todo aquello que hemos hecho a lo largo de nuestra vida, o sea que lleve al balance definitivo. Es esa especie de examen que nos permite tomar conciencia de todo lo bueno y menos bueno que hemos practicado. Aún estamos a tiempo de aprender de los errores y de, incluso, repararlos si ello es posible, en beneficio de nuestra paz interior.

Por otro lado, conlleva ciertas obligaciones para cualquier persona que se sienta compelida por el compromiso social, por el deber de compartir sus propias experiencias con el resto de la ciudadanía con la que convive. Dar fe de esas experiencias es poner al servicio de los demás nuestro propio aprendizaje, no para imponer sino para ofrecer y aportar una experiencia vital que pudiera ser de interés para otros. Hablo de nuestras ideas y pensamientos, nuestras deducciones y razonamientos, nuestras propias conclusiones al afrontar las diferentes situaciones que vivimos.

La necesidad del encuentro

Mas, también emerge el deseo de relacionarse con los demás, de escapar de la amenazante soledad o revivir recuerdos y despertar agradables remembranzas. Por eso necesitamos, en la mayoría de casos, lugares de encuentro con las nuevas y viejas amistades, con agradables compañeros y compañeras de trabajo. Determinadas asociaciones, o grupos de mayores, tienen una interesante función terapéutica para preservar la salud mental y la viveza de ánimo, para confrontar problemáticas y compartir sus soluciones, ejerciendo como verdaderos grupos de apoyo.

Lo traigo a colación por lo importante que es poder contar con esa opción tras la jubilación. Soy de los que piensan que este ciclo vital es una gran oportunidad para llenar nuestro tiempo con actividades enriquecedoras, para cumplir aquellos deseos que siempre quisimos llevar a término pero las obligaciones profesionales nos obligaron a posponer una y otra vez, dado el compromiso laboral. En todo caso, subyace también, como es lógico, un componente actitudinal muy ligado a la personalidad de cada cual, sus necesidades de socialización y a sus objetivo existenciales.

Asprojuma

Como profesor jubilado de la universidad de Málaga, me satisface pertenecer a la Asociación de Profesores Jubilados de la UMA (Asprojuma). Es un espacio donde pueden integrarse los profesores jubilados de la Universidad de Málaga, incluso aquellos que estén activos una vez cumplidos los 65 años. Me honra haber pertenecido a su Junta Directiva durante 16 años, siendo inicialmente vocal, para ejercer luego la vicepresidencia y finalmente la presidencia hasta octubre de 2024. Mi dedicación a ella y mi implicación en la organización de sus actividades siempre fue orientada a conseguir satisfacer las necesidades que he descrito. Hoy, sigue con su actividad y expansión y ojalá tenga larga vida en beneficio de sus asociados.

 

domingo, 21 de junio de 2026

Soseguémonos

 


Opinión | Tribuna

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 20 JUN 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/20/soseguemonos-131616535.html

El artículo reflexiona sobre la influencia del dinero en la política y la necesidad de serenidad para discernir la verdad frente a discursos interesados

=============================

Sí, soseguémonos. Sobre todo para mantener la calma, para no dejarse arrastrar por intereses espurios de partidos y partidas, para preservar el sano criterio que nos permita un pensamiento claro y preciso, que nos libere del influjo nefasto del falsario discurso político, de parlanchines histriónicos que nos pretenden confundir. A veces se muestran patéticos, manipuladores, tendenciosos, cínicos e insultantes. No vayamos a caer en la espiral de intereses que vienen colonizando el mundo de la política que, moviendo necias pasiones, nos implique en desencuentros irracionales propios de una polarización suicida.

Por desgracia no siempre se cumplen los parámetros que deberían darse para un buen ejercicio de la política. No siempre, o más bien escasamente, se piensa en el bien general del ciudadano, en su feliz convivencia, en un desarrollo humanista y justo, sino que se impone el interés de los grupos que pretenden acceder al poder en beneficio de sus miembros. Eso lleva a la guerra partidista para instaurar el modelo económico y social que defienden en su ideario.

El dios dinero es el poderoso caballero desde tiempo inmemorial, como bien decía Quevedo. Establece su predominio sobre el ser humano. A él nos hemos de humillar si queremos subsistir, a él o a quien lo posee, que viene a ser lo mismo. Por tanto la lucha del poder radica en poseerlo y controlarlo para ejercer el dominio sobre aquello que se adquiere con dinero, bien sean los medios de comunicación, de producción o elementos influenciables desde ese poder. Todo se compra con dinero, todo tiene un precio, hasta la voluntad de los políticos corruptos.

El mundo convulso

Pido sosiego en un entorno que siembra y cultiva el desasosiego. El mundo de hoy entró en una dinámica de perturbación y zozobra. La desazón desestabiliza el pensamiento y la capacidad de discernir, y acabamos dando crédito a explicaciones o visiones interesadas, en muchos casos ajenas a la verdad y a nuestros propios intereses.

Requerimos serenidad para ver más allá de los discursos, para mirar la luna y no el dedo que la señala. Para criticar a aquellos a quienes hemos confiado el poder emanado de nuestro voto, exigiéndoles conductas apropiadas que faciliten la convivencia y la paz social. Nuestro poder reside en el voto, usémoslo con cabeza.

Es difícil mantener esa serenidad en el convulso mundo que nos están imponiendo. El marco está cambiando. Estamos en un escenario tornadizo e inestable, propiciado por la crisis que se ha generado desde la irrupción de una práctica política disruptiva. El elefante naranja ha entrado en ella como en una cacharrería. El derecho internacional ha pasado a ser la imposición de su voluntad y el mundo se tambalea mientras se acerca a un nuevo orden bajo el dominio de los tecno-oligarcas.

Son muchos y variados los síntomas alarmantes que desasosiegan. Cada cual puede hacer su propio inventario. Solo hay que darse una vuelta por el mundo, aunque sea virtual, y detectar los terribles hechos que se dan; guerras irracionales, supremacismo amenazante, descomposición interesada del sistema democrático, planificación de un futuro donde se imponga una plutocracia, cuasi un feudalismo, sostenida desde el dominio de las tecno-oligarquías en alianza con los estados.

Las amenazas de un nuevo orden

El mundo está gobernado por un buen número de sujetos inestables, megalómanos, endiosados y dispuestos a todo por imponer su nuevo orden con motosierra en mano. El emperador naranja no solo amenaza, sino que actúa, ya sea en Venezuela o en Irán, y además deja bien claro que lo hace, no por la democracia, sino por el petróleo y el dinero que mueve. Las amenazas se ciernen sobre Cuba, Groenlandia y todo aquel que se oponga a sus designios. Pedro Sánchez lo sabe y lo vive en sus carnes. Ha sido amenazado por Netanyahu y su primo de zumosol, por no aceptar el 5% de gasto militar y denunciar el genocidio palestino perpetrado por el Gobierno de Israel. Son perturbadores los encuentros de Abascal, Feijóo y Ayuso con el embajador de USA en la embajada norteamericana, sería clarificador conocer su contenido.

La singularidad de nuestro país es preocupante. No podemos negar que, a pesar de muchos problemas, estamos en un momento económico envidiable según las macrocifras que publican los organismos competentes, tanto nacionales como internacionales. Lo confirman nuestras calles, el empleo, el flujo de visitantes y los parámetros económicos. Pero, persiste un infundado discurso catastrofista, tóxico y descalificador, negando la mayor. A pesar de ello, es evidente que todo es mejorable, especialmente la vivienda, la salud y la educación pública, la respuesta a la dependencia y otros servicios que siguen siendo deficitarios.

El asalto al poder

El Gobierno, acosado por varios frentes, a veces con argumentos baladíes, resiste la acometida como puede, tal vez esperando amaine el temporal. En estas circunstancias vuelve a mostrarse la inviabilidad de una moción de censura, dada la composición de la cámara. El PP solo tiene a VOX, y si suelta a VOX tampoco le dan los números con sus potenciales alianzas nacionalistas, dada su escasa habilidad para acercarse al pacto. Pero en caso de presentarse, al menos, conoceríamos el programa del PP, ese gran desconocido que justifican en acabar con el «Sanchismo».

La batalla de la corrupción, que ha emprendido el PP, le acarrea cierta incongruencia dado su corrompido historial. Estamos en un momento donde la corrupción ha tomado un especial protagonismo y su forma de tratarla se ha convertido en una herramienta de combate entre dos partidos que la han ejercido, el PP inmerso en múltiples procesos y ya condenado por algunos casos, a la espera de ver en qué quedan los que siguen subjudice, ya sea Kitchen, Montoro o el entorno de Ayuso, y el PSOE bajo sospecha e inmerso también en procesos iniciados en esta legislatura, cuyo culmen se manifiesta en la imputación de Zapatero, para quien, preservando la presunción de inocencia, no pintan bien las cosas, al menos en apariencia.

Un cínico combate desde el y tú más

Me parece un interesante dislate que entren en combate los dos partidos más corruptos del espectro políticos, porque acabarán ambos lesionados, cosa que es clarificadora para el ciudadano, pero nefasta para sus intereses partidistas. Es chocante que el PP tilde de corrupto al PSOE, con lo que lleva a cuestas en su historia recién pasada y actual, salvo que considere que su corrupción ya está amortizada. Retomo las palabras de Pedro Piqueras: «En esta historia de la corrupción, que me parece que es lo más desastroso para la democracia, en España y fuera de España, nadie puede presumir de ser menos corrupto que otros». Señores del PP y del PSOE, amárrense los machos, porque de aquí saldrán los dos malheridos. Esperemos que la justicia sea justa y sálvese el que pueda…

En este mundo caótico, un velo de sospechas y acusaciones se cierne sobre todo el espectro político y los tres poderes que conforman el sistema, ya sea el legislativo, el ejecutivo o el judicial. Todos provocan sospechas en la ciudadanía, variables, lógicamente, según su adscripción política. Se habla de corrupción política, de uso inadecuado de las cámaras legislativas, de mala praxis judicial hasta en algún caso de lawfare, etc. y todo dentro de una dinámica que podríamos catalogar de política canalla, entendida como «las prácticas, discursos o actitudes que priorizan el ataque personal, el odio, la demagogia o el beneficio partidista por encima del diálogo constructivo y el bienestar ciudadano».

Malos tiempos se avecinan, soseguémonos

Malos tiempos para la lírica, como decía la canción del grupo Golpes Bajos, y nunca mejor dicho lo de golpes bajos. Hay causas para el desasosiego. Veo la situación mundial bastante comparable a la de hace un siglo, a la prebélica, lo cual me preocupa. Observo a nuestro país inmerso en otra diatriba política que, aunque no tiene opción de desembocar en un golpe militar, puede ser similar a los años 30, polarizada y con grupos fanáticos de presión cultivando el odio y la confrontación y llamando al asalto del poder: «El que pueda hacer que haga», que pone en peligro la democracia. Hay demasiados recursos implicados en el campo de batalla.

El próximo 18 de julio se cumplen 90 años del levantamiento contra la II República. Está a la vuelta de la esquina. No quiero ser agorero, pero los golpes bajos seguirán intentando demoler al contrincante… Tal vez sea un buen momento para una moción de censura. Queremos saber qué pretende hacer el PP para votar con conocimiento de causa desde el sosiego que solicito.

 

sábado, 13 de junio de 2026

La certeza del ignorante

 Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 13 JUN 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/13/certeza-ignorante-131350591.html

El exceso de información y la facilidad para asumir relatos ajenos llevan a la 'posverdad', dificultando la valoración crítica de los contenidos

Muchos bulos provocan la injerencia extranjera en procesos electorales / El Periódico

===============================

Hoy me doy un garbeo por las redes sociales, sobre todo por Facebook, ese campo virtual donde se vuelcan infinidad de sujetos dispuestos a desarrollar su visión de las cosas, a sentirse autorizados protagonistas de la vida sea personal o social. Podemos observar que el debate pierde su sentido cuando escasamente se encuentran argumentaciones consistentes a la hora de comentar un tema. Se entra al trapo con facilidad y, desde la certeza absoluta de estar en posesión de la verdad, se hostiga al oponente o divergente; mas no se hace desde el respeto y el discurso coherente para rebatirle y, a la vez, aprender, sino desde la descalificación y los prejuicios… incluso desde el insulto, que es el recurso por excelencia del ignorante. El debate no se entiende para aprender, sino para imponer el relato propio.

La defensa del relato político se ha trasladado a las redes sociales y de ellas beben, cada vez más, especialmente la juventud que, en muchos casos, anda atrapada por los llamados «influences», a los que se le otorga un excesivo crédito en función de sus habilidades comunicacionales más que por su exposición argumentada.

El vértigo del desarrollo

En las últimas décadas estamos sometidos a un vertiginoso vendaval. La gran cantidad de medios y la infinidad de noticias nos bloquean. Somos incapaces de digerir tanta información, lo que requiere un alto nivel de criterio selectivo para priorizar lo importante desde la razón, de lo contrario acabaremos arrastrados por las noticias que despiertan sentimientos y quedamos atrapados por la posverdad que no deja de ser una mentira, vestida de verdad, avalada por las emociones que despierta.

Esta especie de indigestión informativa nos aturde e intoxica. Para evitar el complicado proceso que requiere la valoración crítica de aquello que se nos oferta, optamos por asumir determinadas propuestas que halagan a nuestro ego, pues nuestra ignorancia nos impide ahondar más en la materia de discusión. Siendo cierto que nuestro conocimiento es universalmente limitado, hay materias en las que podemos sentirnos más autorizados que en otras. Decía Einstein: «Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas». Es inteligente considerarnos ignorantes y, a través de esa humilde concepción, abrir nuestra mente a la duda, que ejerce como senda del inteligente.

La visión de Bertrand Russell

Aludiendo a otro gran pensador, Bertrand Russell, retomo una de sus máximas: «Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas». Yo creo que en el fondo siempre fue así, el ignorante necesita certezas para sentirse seguro y sostener su autoestima y coherencia mental. Es evidente que con sus limitados recursos intelectuales, difícilmente conseguirá pergeñar de forma argumentada un pensamiento libre; por tanto asume el ajeno como propio. De ahí que el poder siempre cultivara el analfabetismo del pueblo como forma de dominio a través del monopolio del conocimiento sustentado en las esferas aledañas y aliadas al mismo.

En este caso, el valor argumental lo define el reconocimiento que el sujeto otorgue al emisor, dando por sentada su autoridad en la materia. Cuando identifica esos argumentos como válidos, sin considerar la evidencia científica, y los introyecta y asimila como verdades, se aferra a ellos como un salvavidas y los defiende a capa y espada. Esos es lo fácil, lo que menos complica asumiéndolos como dogma de fe. Entonces se pueden convertir en un «pensamiento enquistado resistente a la argumentación lógica», con lo que cualquier apertura a nuevas ideas acabaría desestabilizando su estructura argumental y, por consiguiente, afloraría un conflicto interno, una disonancia cognitiva, que desestabilizaría su sistema de valores. Pero hete aquí que en su defensa podrá utilizar un interesante mecanismo como el «sesgo de confirmación» por el que despreciará los argumentos que ataquen a sus ideas enquistadas y asumirá, como confirmación de su verdad, aquellas que le den consistencia a las ya instauradas, por muy sibilinas que fueren, siempre en defensa de su coherencia interna. Decía Mark Twain que «Ninguna cantidad de evidencia logrará convencer a un idiota».

La segunda parte de la aseveración de Russell, dice que «los inteligentes están llenos de dudas». Es esa duda de los inteligentes la que ha hecho avanzar al mundo del conocimiento, esa necesidad de confirmar las hipótesis científicas que sirvieron como base de una investigación, asumiendo humildemente un resultado final clarificador, al menos por el momento y con esas variables o premisas. La idea de ver más allá de lo que se observa a simple vista permite ahondar al inconformista, al insumiso, al «dudante», al buscador de la verdad más allá del dogma; al que, desde la mente abierta y permeable, conociendo sus limitaciones, está en disposición de someter el pensamiento al tamiz de la razón y de la lógica.

La importancia de la duda buscando la verdad

Gracias a quienes investigan, razonan, dudan y descubren, hemos evolucionado. Si hubiéramos persistido en el dogma, en la ignorancia sumisa al credo, estaríamos creyendo que las serpientes hablan y tientan, que las murallas de Jericó cayeron por un toque de trompeta, que el sol gira a nuestro alrededor, que las pandemias son castigos divinos, o que las gallinas pueden cantar después de asadas. Sin aquellos que buscan e investigan, que cuestionan todo desde su ideación creativa del pensamiento humano, a los que José Ingenieros, el filósofo argentino, define como idealistas, estaríamos anclados en la historia.

Comprender el tiempo en que nos movemos, en este mundo de gran incertidumbre, de inseguridad e inestabilidad, donde el ignoto futuro tiene un alto nivel enigmático, es tarea complicada donde resbalan hasta las mentes más lúcidas. No sabemos si las nuevas tecnologías y todo lo que acarrea esta cuarta revolución industrial, será en beneficio de un humanismo que hoy agoniza en una evidencia perceptible a simple vista. Pero sí sabemos, o al menos lo intuimos, que se está desarrollando la batalla por el dominio del futuro, a través de la conformación de una sumisa opinión pública, donde el combate se dé entre ellos y no contra de la tecno-oligarquía que pretende asaltar el poder.

La lucidez, un hándicap para la felicidad

Pérez Reverte pone en boca del Capitán Alatriste la frase: «Ser lúcido y español siempre aparejó mucha amargura», frase que hoy se puede globalizar viendo el percal que se vende, dado que se va imponiendo la ley del más fuerte a través de la colonización del Estado por los oligarcas. Nos harán odiar la verdad, como dice George Orwell: «Cuanto más se desvié una sociedad de la verdad, más odiará a aquellos que la proclamen». Malcolm X (El-Hajj Malik El-Shabazz) va un poco más allá: «Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido».

Hablando de la lucidez no me gustaría dejar de referirme a mi admirado José Saramago y a su novela, o fábula sociopolítica, sobre el descontento democrático: Ensayo sobre la lucidez. La novela plantea una crisis de poder cuando la mayoría de los ciudadanos de una capital votan en blanco como protesta, reaccionando el gobierno con represión, paranoia y persecución hacia la población en lugar de escúchalo. La verdadera «lucidez» la asume el pueblo que desafía a un sistema diseñado para someterlo, queriendo poner en evidencia que el verdadero peligro reside en las cloacas del poder corrupto.

Mas esa lucidez parece ausente en nuestra sociedad. Según Mark Twain: «Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada». En cierto sentido estamos en la cultura de la mentira. Desde pequeñitos se nos miente, ya sea con los Reyes Magos, con el Ratoncito Pérez o con los cuentos que nos introducen en esa sociedad condicionante. Hasta tal punto que Henrik Ibsen, el dramaturgo noruego padre del drama realista moderno, se permite decir: «Quítale a un hombre vulgar la mentira de la que vive y le quitarás la poca felicidad que le sostiene».

Querido lector, o lectora, la lucidez hoy es un hándicap para conseguir la felicidad, porque cuanto más claro lo ves todo, más te repugna quienes dominan el mundo, sus tretas y estrategias canallescas. Eso sí, no vayamos a tomar la decisión de Stefan Zweig y señora al ver como el nazismo iba ganando la Segunda Guerra Mundial en 1942, optando por suicidarse para no vivir esa hecatombe cultural y social, habrá que afrontarlo con el juicio requerido.

 

sábado, 6 de junio de 2026

Málaga, una atracción para el viandante

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 06 JUN 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/06/malaga-atraccion-viandante-131070813.html

La ciudad malagueña ha experimentado una transformación radical en casi 50 años, pasando de un escaso atractivo a un destino turístico de renombre mundial

Pavimento Fuerte San Lorenzo / l.o.

=============================

Deambular por Málaga es una sana costumbre que conjuga gozar de su atractivo y dar rienda suelta el pensar mientras caminas. Siempre practiqué este sano ejercicio haciendo valer estas dos opciones que ofrece el recorrer sus calles y enfrentar su monumentalidad y calidad de vida, que, en mi opinión, va alcanzando su debida calidad.

El sano ejercicio de transitar la ciudad

Perdí, en gran medida, ese sano hábito cuando la pandemia nos acorraló y obligó al encierro. Un nuevo hábito sedentario se fue instalando y el acomodaticio organismo se sintió cómodo con la nueva rutina a pesar de las perniciosas consecuencias para la salud. Mas, mi mente, en un justo y moderado razonamiento, me reclama el retorno a aquel pasado donde el caminar por sus calles ofrecía un escenario tentador que llevaba a enamorarse de ella, a la par que facilitaba, a veces, la indispensable reflexión, paso a paso, sobre la esencia de la vida, posibilitando la introspección tan necesaria para el desarrollo y evolución personal. La andarina ruta del paseo marítimo avivaba una sensación especial y el magnetismo del agua despertaba sentires ancestrales de fusión… somos agua y del agua surgimos. Callejear por el centro siempre fue un buen deporte que te permitía descubrir rincones y edificios sorprendentes mientras te imbuías en su historia.

Málaga, en los casi 50 años que la habito, ha cambiado sustancialmente. En 1977, la ciudad tenía escaso atractivo turístico, urbano, cultural o monumental... a pesar de disfrutar de la espléndida luminosidad que le regaló la naturaleza por su estratégica ubicación. Goza de un excelente clima que, salvo momentos puntuales donde el terral la hace irrespirable, resulta templado, suave y apacible, balsámico y confortable.

La Málaga de hoy

Hoy día ha cambiado radicalmente. Sobre todo en la zona del centro, donde las políticas urbanísticas de la alcaldía se han volcado, en detrimento de los barrios periféricos que evolucionan a un ritmo muy inferior en servicios y limpieza. Proliferan los hoteles, contamos con numerosos museos, una apasionante actividad cultural, espacios de restauración con sus abundantes terrazas, aunque en exceso pues roban espacios urbanos al ciudadano de a pie; el puerto es una excelente oferta y disfrutamos de números “rincones con encanto”. En todo caso, hemos de considerar que, hoy día, nuestra ciudad tiene un atractivo turístico especial reconocido a nivel mundial. Ese mérito se convierte en demérito para muchos ciudadanos o vecinos de Málaga por la inmensa afluencia de turistas que abarrotan sus calles.

Los llamados pisos turísticos, disruptivos en las comunidades de vecinos, han elevado el precio de la vivienda expulsando a la periferia a los malagueños, con el consiguiente desarraigo y el coste añadido debido a los medios de transporte para quienes ejercen su labor profesional en la ciudad. He ahí un tema de debate que sigue en el aire y que se ha de tratar para priorizar intereses locales sobre fondos especulativos relacionados con el alojamiento turístico que, por lo general, pertenecen a grandes tenedores en fondos de inversión, mayoritariamente extranjeros.

La masificación turística

Caminar sosegadamente por sus calles, manteniendo aún el encanto, se está convirtiendo en un difícil y complicado ejercicio, dado el trasiego humano que se observa. En el casco antiguo, sobre todo, se percibe una diversidad de visitantes de muchas y variadas nacionalidades. Según fuentes del propio ayuntamiento, el 64 % de los visitantes son extranjeros y solo el 36 % son de procedencia nacional, hecho que se confirma escuchando a los viandantes, donde la Ciudad del paraíso de Vicente Aleixandre parece más bien una Torre de Babel.

Indudablemente el flujo económico que genera es importante. Las terrazas proliferan y la iniciativa en el campo de la restauración oferta cada vez más establecimientos de calidad, pero, a la vez, incrementa los precios en ese juego perverso de la ley de la oferta y la demanda. Los visitantes suelen tirar de tarjeta con mayor facilidad que el nativo, que ha de vivir todo el año sometido a esos onerosos y abusivos precios de mercado turístico. Málaga ya está en el puesto 6º del ranking de ciudades más caras de España. Los establecimientos turísticos podrán hacer su agosto, pero la economía familiar del trabajador sufre un hachazo.

Cambio de tercio

Cada vez que salgo intento volver a vivir la esencia del pasado, disfrutar la calle, los jardines o los diferentes espacios donde antaño disfrutaba; incluso escribir algunos versos que surgen inspirados por el entorno. Esporádicamente me gusta desayunar los clásicos churros de Casa Aranda alguna mañana o tomarme un pajarete en Casa de Guardia, por nombrar a dos clásicos. Es apetecible sentarme en una terraza cuando el sol declina para disfrutar del momento, mientras se observa el trasiego del gentío que pulula por la calle… cada cual con su tema. ¡Qué interesante es estudiar al variado espécimen humano! A veces, a modo de entretenimiento, juego a definir el perfil de su personalidad según sus rasgos faciales, su figura corporal, su forma de andar y expresarse, su mímica… y le voy marcando con mis prejuicios, elaborando una hipótesis de supuesta coherencia… no es nada, solo un juego psicológico.

Suelo acudir a determinados actos culturales; a veces al Rectorado, de la mano de ASPROJUMA, al Ateneo o la Sociedad Económica de Amigos del País, además de algunos otros de especial interés por quien los organiza y protagoniza. Caminar desde casa hasta llegar al lugar me hace transitar las calles y vivir su ambiente, además de ejercitarme.

Me encanta la plaza de la Constitución, inmersa en un contraste de dorada luz y tenue sombra que le otorga su esplendor al atardecer. Su esbelta fuente la adorna y una hilera marcial de palmeras le rinde homenaje. Hay tres perspectivas que me son especialmente agradables: desde el arco del pasaje de Chinitas, la inversa con la catedral sobresaliendo majestuosa por los tejados y la visión longitudinal de calle Larios. Pero el conjunto de edificaciones que la circundan, tienen, por desgracia, una escasa homogeneidad arquitectónica que la devalúa.

Cuando paseo por mi ciudad no puedo evitar ir recordando los datos de su historia que almaceno en mi memoria, aunque no sean muy extensos y profundos. A menudo se ven completados por otros que voy adquiriendo a lo largo de mi deambular entre sus calles, al amparo de mi curiosidad innata.

El fuerte de San Lorenzo

Hoy volví a fijarme en las marcas circulares sobre el pavimento que delimitan el lugar que ocupó el fuerte de San Lorenzo. Corresponden, para quien no lo sepa, al trazado del muro del fortín u hornabeque que se construyó a caballo de los siglos XVII y XVIII por orden del nefasto Carlos II, con el que concluyó, de mala manera, el reinado de la dinastía de los Austrias, cuando ya se había iniciado el declive del imperio. La exposición de Málaga a ataques de corsos y piratas provenientes de Berbería y la amenaza con la presencia de naves hostiles de diferente bandera, era motivo de gran preocupación para la población, que debía huir a los montes ante un posible asalto, dada su escasa dotación militar para la defensa.

El ataque a la ciudad de las naves galas, del Rey Sol en 1693, sin protección ni capacidad de defensa, significó una vergüenza y preocupación para el “Imperio”, que llevó a considerar la construcción de ese baluarte defensivo. No fue un castillo, aunque se pretendió construirlo cuando ya apenas era necesario, al haberse alejado la mar del hornabeque y ser ineficaz el tronar de sus cañones. Más o menos, según tengo entendido, cumplió su función durante un corto siglo, pues ya en 1776, el propio ayuntamiento propuso su demolición para facilitar la obra de la Alameda y la urbanización de los terrenos, a los que optaba la poderosa burguesía del momento (sobre todo Heredia que construyó por allá su “palacio”). Sin embargo la orden de demolición no llega hasta 1802, un siglo después de su inauguración (1701), de puño de Manuel Godoy, valido de Carlos IV, y su demolición final hasta pasada la guerra de la independencia.

Las marcas que he referido, como localizadoras de perímetro del fuerte, se pueden ver perfectamente en el paseo peatonal, en ambos laterales de la Alameda. Unas partiendo de la calle San Lorenzo hasta la calle Ordoñez, más o menos, y la otra desde la puerta de la iglesia de Stella Maris hacia la acera contraria. En algunas figura marcado el perímetro del fuerte sobre dos líneas que señalan la Alameda. Animo al lector a descubrirlas.

 

La historia en mi memoria (II)

Opinión | Tribuna Por Antonio Porras Cabrera Publicado en el diario La opinión de Málaga el día 18 JUL 2026 7:01 Enlace: https://www.laopini...