domingo, 9 de agosto de 2026

NAGASAKI: AL TERCER DÍA RESUCITÓ LA MUERTE

Nagasaki
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Hoy, hace 81 años, al tercer día resucitó la muerte en Nagasaki. Hiroshima fue el día 6 y, cuando aún no había dado tiempo para digerir tamaño desastre y asesinato masivo de ciudadanos civiles (si es que podía ser digerida tanta devastación y maldad del ser humano), el cielo, dominado por los EEUU, volvió a escupir muerte y destrucción desde 10.000 metros de altura. Tal vez era necesaria esa distancia para que las almas de los ejecutores que soltaron la bomba no se vieran afectados por tamaña barbaridad. Supongo que, si tenían conciencia y se ha de suponer que sí, arrastraron de por vida la carga de su crimen al ver los resultados.

Debieron pensar, en algún momento, en los pobres inocentes, en los niños, mujeres, ancianos y demás habitantes de las ciudades sacrificadas… y, por qué no, ponerse en su lugar y sentir cómo sus hijos y familiares eran arrasados por una bomba, tras estar sufriendo previamente los efectos de la derrota definitiva, en una guerra propiciada por un nacionalismo fascista aliado con los otros provocadores del conflicto. Pero no es solo culpable EE. UU., que lo es, sin duda, como autor del hecho, sino, también, el imperialismo japonés por llevar a su pueblo a estos límites, tal como lo fue el nazismo y el fascismo en Europa… Ahora bien, una vez metidos en guerra, ya no hay buenos y malos, todos son malos, malísimos de la muerte; tan malos que hacen ídolos y héroes a los que más matan.

Hoy, 9 de agosto, es el aniversario de aquel lamentable y terrible crimen de guerra. Por eso sale a colación en esta fecha, aunque siempre esté presente en nuestra memoria. Las otras barbaridades las dejamos para cuando toque. Pero propongo un recuerdo y homenaje por tantos inocentes que las guerras se llevan por delante con sus haciendas incluidas. ¿Qué extraños intereses mueven al conflicto? ¿Quiénes azuzan a los pueblos a la confrontación? Indudablemente, habrá que preguntarle a quienes ostentan el poder, directamente y entre bastidores… En este caso y con esta acción, el poder de los EE. UU., quiso dejar claro quien mandaba en el mundo desde el terror que tal artefacto generaba.

Aquello, los americanos, lo justificaron como un gran mal menor, para evitar un mal mayor infringido por la resistencia numantina del pueblo japonés en la lucha cuerpo a cuerpo, casa a casa. Era lo más sencillo y conveniente para ellos y, de camino, ejemplarizante para el mundo... mostrar quien tiene el poder. En eso seguimos con una política belicista que asoma al mundo al abismo de la tercera guerra mundial. ¿Caerán nuevas bombas nucleares en las guerras una vez perdida la vergüenza y llegados a la deshumanización del contrincante?

Líbrenos Dios de repetir la historia, porque hay gente que lleva en los genes la violencia…

lunes, 3 de agosto de 2026

El «privilegio» de vivir esta época

Este artículo ha sido publicado en los siguientes medios digitales:

Málaga la día: https://malagaaldia.com/contenido/7690/el-privilegio-de-vivir-esta-epoca

Viajes y turismo: https://www.revistadeviajesyturismo.com/2026/08/04/el-privilegio-de-vivir-esta-epoca/

21Noticias: https://21noticias.com/2026/08/04/el-privilegio-de-vivir-esta-epoca/

Galicia digital: https://www.galiciadigital.com/opinion/opinion.40265.php

 

La república tecnológica, una alianza

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No se sabe si vivir estos momentos a nivel nacional e internacional es una suerte o una desgracia. En todo caso parece que sí es un frenético y perturbador privilegio. Los acontecimientos se muestran entre imprevistos y disparatados. El mundo se ha convertido en una «Casa de locos», donde se perdió el respeto, mientras la lógica se ve condicionada por los intereses de grupo más que por el interés social que beneficie a todo el colectivo. El humanismo se deteriora acosado por posiciones egoístas que redefinen conceptos básicos como libertad, igualdad, solidaridad, justicia social, ética, derechos y otros, a golpe de motosierra o lanzallamas. La falacia y el bulo se abren camino en el mundo de la comunicación con la clara intención de sembrar el desconcierto e, incluso, la desafección política rompiendo los principios del respeto y la lealtad, si alguna vez los tuvo.

La deconstrucción del sistema

Estamos en un proceso de deconstrucción del sistema para crear otro donde, como he referido en otras ocasiones, el poder cambie de manos. La soberanía popular, propia de la democracia, podrá dar paso a una etapa donde el ser humano sea súbdito de una nueva majestad fundamentada en el poder y el valor del dinero. El Estado, como garante de la libertad y protector del bienestar de la ciudadanía y elaborador de normas de convivencia a nivel nacional e internacional, va perdiendo su poderío en favor de los oligarcas y grandes corporaciones. El fin será la conquista del poder para someter al Estado y reconducirlo, tal vez, a una plutocracia en la línea de la propuesta que plantea el libro "La república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente", de Alexander C. Karp y Nicholas W. Zamiska (2025). Bajo mi punto de vista es una posición perturbadora, como se podría desprender del manifiesto de 22 puntos, que surge de sus planteamientos.

Pero, volviendo a poner los pies en la tierra, ya tenemos monstruos impersonales, sociedades anónimas dueñas de casi todo, que se mueven en el oscuro mundo del negocio como buitres volando en busca de la oportunidad para invertir sin el menor pudor ético o, incluso, moral. Su oferta, para quien tenga medios, es asociarse a ellas, invertir en las mismas, para subirse al tren que, en su dinámica a caballo de la «ciberevolución» con la IA como máximo exponente de gestión, aporte beneficios al colectivo inversor. El pragmatismo conducirá a poner la mano para cobrar beneficios sin preguntarse siquiera cómo y de dónde sale ese dinero, si es de la guerra, de la especulación o del ejercicio mafioso de empresas sin escrúpulos. En todo caso, esas decisiones de gestión serán responsabilidad de la inteligencia superior que dirige el cotarro.

Sus amos, los oligarcas del poder, tal como dijo Elon Musk, pretenden erigirse en machos alfa para dirigir al grupo atrapado en una estructura férrea, perfectamente organizada, controlada por la Inteligencia Artificial (IA), que ejercerá la función pensante mejor que cualquier ser humano, actuando con el pragmatismo aplastante que ya he referido. 

La disgregación social

Ante esto, o por esto, nuestra sociedad se está disgregando, con escasa cohesión y mucha mala leche sembrada y cultivada por mentes aviesas de escasa lealtad al sentido común. Tenemos un exceso de sujetos que enfangan y perturban la vida social que debería llevar al sano ejercicio de la amigable felicidad. El problema es, en el fondo, que el campo de interacción donde se da una humana relación ha dejado de ser el contacto directo donde se practica la verdadera comunicación, sumando la digital y la analógica, o sea la verbal y no verbal, para transmitir y/o recibir la verdad del mensaje sin tapujos ni manipulación que tergiversen el mismo. La comunicación cara a cara, la expresión facial, incluido el contacto físico, es una garantía de cierta veracidad y, por consiguiente, básica para el desarrollo de la amistad y la convivencia.

Sin embargo, la aparición de las Redes Sociales (RRSS) ha roto el sistema de relación humanista. Se aceptan amigos virtuales que no lo son en absoluto, ni siquiera conocidos, basados muchas veces en que son amigos de tus amigos, paisanos o tiene alguna supuesta afinidad contigo. No sería mala cosa si se diera, en esaas redes, un respeto a las ideas, una ética en el trato y una actitud constructiva que facilitara esa nueva relación para fraguar amistad verdadera. Pero, en muchos casos, son infiltrados en la red que intoxican y más que amigos son enemigos o detractores que libran su batalla particular como correa de transmisión de dogmáticos posicionamientos ideológicos.

Por ello, cada vez se ve más brusquedad, descalificación, vehemencia y confrontación a través de los comentarios provocadores que se vierten en las RRSS ajenas. Es un mal síntoma ya que indica el pulso real y la temperatura que reina en nuestra sociedad, donde los grupos ideológicos, políticos o de credo se aglutinan y atrincherar en defensa propia, dispuestos a acabar con el enemigo, al que antes se le consideraba colocutor o contertulio. Ya no se acepta como esencial y básico el derecho a discernir con plena libertad de pensamiento sustentado en argumentaciones lógicas, pues se ha hecho del coloquio una batalla, un combate para imponer el propio pensamiento. De esta forma perdimos la capacidad de acercamiento y entendimiento, aproximándonos al abismo de la confrontación irracional.

El futbol como aglutinante social.

Curiosamente, cuando observamos esta peligrosa disgregación, descomposición o fragmentación, que nos lleva a la preocupante incertidumbre, aparecen momentos sorprendentes sobre los que vale la pena reflexionar.

El hecho más palmario es la reacción de todo un pueblo a la victoria española en la Copa mundial de futbol. Vimos una inmensa masa movida por la emoción que significaba ganar un mundial. Reconozco que me emocionó ver a tanta juventud asumiendo la honra de la victoria. Se habla de dos millones de personas saliendo a las calles de Madrid para celebrarlo. ¿No os parece demasiado? En todo caso estaban ávidos de compartir el triunfo, asumiéndolo como propio, en un sentimiento personal como integrantes del grupo, en este caso de España. Estamos excesivamente frustrados y agobiados por los avatares de la vida y cualquier ocasión para la autocomplacencia es bienvenida. Es evidente que el futbol tiene un componente alienante, como todo espectáculo de masas que mueve emociones, proyecciones personales y sentido de identidad grupal. Tal vez canalizar esas emociones pudiera darnos un hálito de esperanza para crear una nueva sociedad, reto harto difícil.

Falacias, bulos y manipulación

Complicado resulta cuando, en el mundo extenso de la política, aparecen determinados sujetos o grupos, potenciando la desinformación con el ánimo de confundir a la gente, sobre todo a aquellos que son asiduos en el uso de las RRSS y que dan más crédito a determinados «influencers» que a la ciencia. Aparece el indocumentado, el indigente intelectual, que pretende, en su demencial concepción del conocimiento, exponer una cosmovisión basada en la entelequia, donde la mentira y el bulo sustentan la manipulación emocional. Presentan esa posverdad a la que la RAE define como: «Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales».

«Que caiga España, que ya la levantaremos nosotros», decía Montoro en 2010. Podría ser la clave de bóveda de determinadas conductas y actitudes en el mundo de la política nacional. Tenemos un país polarizado y atrincherado en posiciones inalterables que sobrevuelan los propios intereses nacionales o de Estado. Prima el interés del partido sobre el general, lo que no deja de ser una traición al ejercicio de la propia política en democracia. Los políticos generan amor u odio en gran parte de la población, cuando no indiferencia, mientras una sombra de sospecha se cierne sobre todo, de la que no escapan componentes de la judicatura y demás poderes del Estado. Las raíces de la polarización son insondables.

Mientras tanto el mundo exterior sigue cabalgando cuan jinete apocalíptico. La política americana con sus imprevisibles e incomprensibles decisiones tiene un efecto desestabilizador a nivel mundial arrastrando a los demás. Extraños objetivos se esconden tras un halo de recelo que se van confirmando con el devenir de los acontecimientos. La concepción del mundo como un negocio no es una alternativa de contenido humanitario, al menos no cabe en la mente de los humanistas que poblamos la tierra. Vivimos tiempos difíciles, tal vez no sea un privilegio sino una maldición.

 

 

sábado, 25 de julio de 2026

El alto valor social del tonto del pueblo

Opinión | El trasluz

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 25 JUL 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/25/alto-social-tonto-pueblo-132788954.html

Monedas de euro. / Europa Press

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Se cuenta una anécdota de un tonto que en el bar del pueblo le solían tomar el pelo y reírse de él. El caso es que le ofrecían dos monedas, una era de mayor tamaño, pero de menor valor. Él siempre cogía la mayor, aunque su valor fuera inferior, provocando la risa de la gente con su elección, que confirmaba su estulticia.

Un día, un sujeto ajeno al pueblo, vio la escena y le llamó aparte, intentando ayudarle le dijo: ¿Por qué no coges la otra que vale más, aunque sea más pequeña? El tonto le contestó: «Ya lo sé, pero en cuanto coja la otra dejarán de darme la posibilidad de elegir y no podré coger ninguna. Mientras coja esta se reirán pero me seguirá ofreciendo el coger una de ellas». El visitante se quedó sorprendido y se percató de que los verdaderos tontos eran los que menospreciaban a aquel sujeto.

Recuerdo otra anécdota cuando andábamos implicados en la reforma psiquiátrica en Andalucía. Intentábamos reinsertar en la sociedad a los ingresados en el manicomio, que en muchos casos no eran más que débiles mentales. En la visita a una familia para que acogieran a un pariente, le dijo un compañero, en un osado comentario, que el sujeto no era un paciente psiquiátrico, sino un débil mental o tonto y que era bueno que en todos los pueblos hubiera un tonto. El señor, como buen pueblerino era astuto, le respondió: «Sí, pero aquí ya tenemos al alcalde». Es cierto que a una autoridad se le supone una capacidad intelectual y está sometido a la crítica de los demás de forma especial, hasta poder convertirse en chivo expiatorio. Mientras más alto esté el idiota, más elevaremos el listón de nuestra inteligencia.

En todos los pueblos suele existir un tonto. Tiene su función social, pero nadie lo valora como un verdadero servidor de la salud mental del pueblo. En este mundo siempre andamos con las comparaciones. Es el espejo donde nos vemos y nos juzgamos. Es un sistema de valoración en relación a los demás. Recordemos que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. O sea, según lo que haya a nuestro alrededor nos sentiremos de una u otra forma. Entre la gente bella soy feo, pero entre la gente fea soy guapo. Somos más altos según con quien nos comparemos, más gordos o más flacos, más listos o más tontos.

En mi barrio hay un chico que vive feliz con su estulticia, todos cuentan anécdotas de él, haciendo reír sus ocurrencias al poner de manifiesto su idiotez. Lo curioso es que me he encontrado, en algún momento, riendo a otros que no le andan a la zaga en bajo nivel de inteligencia. Entonces he pensado cuan feliz se sentiría aquel pobre hombre que al compararse con el tonto del pueblo salía tan bien parado. El tonto del pueblo pone el baremo bajo para que cualquiera pueda sentirse importante, inteligente y cargado de valor. Pero eso no hace que sea más listo, ni incrementa su valor real, sino que en la comparación sale ganando.

Sistema comparativo

En el fondo, amigos míos, es un sistema comparativo que se establece con el exterior, pero que se olvida de lo principal, de los valores internos y de las potencialidades de cada cual. La comparación intersujetos (con otros sujetos) es una forma de reconocimiento o valoración social, pero la importante es la intrasujeto (con uno mismo), aquella que nos hace ver nuestro rendimiento en función de nuestras potencialidades.

Yo les decía a mis hijos que un niño con inteligencia para sacar un 9 de nota y saca un 8 tiene menos valor, en su esfuerzo, que uno con capacidad para un 4 y saca un 5, aunque en la comparación el 8 sea muy superior al 5. A cada uno le es dado un potencial y su obligación es desarrollarse en función del mismo.

Por tanto, mira hacia el interior y ve cuanto vales. No te compares solamente con los de fuera, pues puede que al final el tonto de la moneda sea más inteligente que tú, aunque le ofrezcas las dos piezas para que elija y lo dejes en evidencia.

Así pues, el tonto del pueblo tiene un alto valor social, como es hacer felices a los otros tontos que se ríen de él. Habría que meterlo en nómina o hacerlo funcionario del ayuntamiento… pero, claro, como diría el pueblerino de la anécdota, «ya tenemos al alcalde».

sábado, 18 de julio de 2026

La historia en mi memoria (II)


Opinión | Tribuna

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La opinión de Málaga el día 18 JUL 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/18/historia-memoria-ii-132568003.html

La Guerra Civil y sus secuelas marcaron la vida de las familias humildes y la represión sufrida, junto a la precariedad, el miedo y la lucha por la supervivencia en la España de posguerra

Recoveras, el estraperlo para sobrevivir en la posguerra española

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Hoy, 18 de julio, se cumplen 90 años del Golpe de Estado que desembocó en la contienda civil. No hay nada más horroroso que una guerra entre hermanos, entre paisanos y compatriotas. Las rencillas ocultas, la confrontación ideológica y los odios encubiertos afloran con especial virulencia.

Una aciaga fecha en la historia de nuestro país que ojalá no se hubiera dado nunca y esperemos que no se repita. La semana pasada publiqué la primera parte de esta reflexión o relato personal con la única intención de presentificar parte de la historia que se vivía en mi niñez, experimentada desde las carencias, que envolvió una etapa decisiva en el desarrollo de la infancia a mediados del pasado siglo… era el mundo de la «nada», de las privaciones.

El mundo de la «nada» era rico en hambre, miseria, marginación, dolor, sufrimiento y pena, sin olvidar el miedo y el sometimiento formal y vejatorio que debía otorgarse al amo de la tierra para quien se trabajaba. Por tanto, quien nadaba en la «nada» era el campesinado andaluz en general y más en particular el que profesaba ideas republicanas y estaba estigmatizado como rojo o familiar de rojo tras la contienda. Al menor atisbo de rebeldía, de disensión, la Guardia Civil entraba en acción exhibiendo un alto grado de violencia y autoridad, metiendo el miedo en el cuerpo de los más valientes, por lo que solo en la clandestinidad se podía contactar con los correligionarios y debatir ideas.

Recuerdo, con cierto desasosiego, cuando mi padre escuchaba, a baja voz, la Pirenaica ―para quien no lo sepa era la emisora clandestina de Radio España Independiente, que lanzaba proclamas contra el franquismo― y mi madre le decía: «Antonio, por favor, que te va a escuchar algún vecino y te va a denunciar a la Guardia Civil y te llevarán preso».

Para más INRI al socaire de la penuria, algunos fieles al Movimiento, compraron innumerables patrimonios de los vencidos a precios irrisorios, obligados a vender por la apremiante necesidad, cuando no por la coacción. Esto no quiere decir que la maldad, la codicia y avaricia fueran generalizadas, pues había gente noble que, al amparo de la asimetría de poder y económica, ejercían la caridad y ayudaban a quienes padecían privaciones, en algunos casos desde el beneficio egoísta que otorga una buena obra de compasión, en otros su obra permanecía en el anonimato. De todas formas, pienso que la caridad palia la injusticia pero no la elimina. Hay momentos en que es mejor recoger las migajas de la mesa del señor antes que morir de hambre, máxime si esa voluntad de dar viene acompañada de una desinteresada bondad.

La derrota de sus aliados

En estas se andaba cuando, finalmente, son derrotadas las potencias del eje en la segunda guerra mundial. Los valedores del régimen franquista son vencidos. En el juicio o proceso de Núremberg se determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del III Reich alemán. Esa losa pesaba sobre la conciencia de los franquistas y el miedo a perder el poder y encontrarse en la circunstancia de sus aliados era lógico. Hicieron piña, manifestaciones de apoyo al Caudillo, reclamaron el título de reserva espiritual de occidente, rechazaron injerencias externas e hicieron chanza de su exclusión de la ONU: «Si ellos tienen ONU nosotros tenemos dos», decían los manifestantes en la plaza de Oriente madrileña; pero hubo algo que jugó a su favor, como era el ferviente anticomunismo del régimen. En un momento de tensión de las potencias occidentales con la extinta Unión Soviética, en plena guerra fría, Franco podía ser un buen aliado. Solo se necesitaba pactar a favor de los intereses de occidente.

EEUU, como siempre, perfecto halcón de caza, supo aprovechar la situación para negociar el abrirle las puertas de la ONU a España y sacar tajada. El convenio con los EEUU fue algo diferente a un tratado bilateral; fue el contrato que garantizaba la persistencia del régimen de Franco a la sombra de la potencia occidental. Los EEUU montaron las bases militares que necesitaron para su avanzadilla en Europa, en la retaguardia del frente de un posible conflicto con los rusos. Zaragoza, Torrejón, Morón de la Frontera, Rota y otros puntos de menor importancia, fueron entregados para su uso por los norteamericanos. A cambio, además del apoyo político al régimen, se rearmó el ejército y fluyó el dinero para paliar la mísera economía del país, pero, sobre todo, lo que importaba era el paraguas protector de los EEUU.

Vuelve el señorito a caballo

Mientras tanto, la estampa habitual del campo andaluz era la imagen del señorito montado en su caballo, con fusta en ristre, recorriendo sus posesiones y controlando, a través de sus capataces, que el campesino trabajara denodadamente. Un acto de soberbia, exhibición y poderío, que plasmaba las diferencias de clase y ponía las cosas en su sitio. Fueron muchos los hombres humillados, las mujeres atropelladas y forzadas, los niños explotados a manos de estos desaprensivos, solo por la contrapartida de contar con qué comer o por el miedo. Si bien, en muchos casos, se daba esa ética feudal de defensa de sus buenos y serviles trabajadores, a los que se respetaba como un bien en propiedad que se cuida para mantenerlo en buen uso, incluso, en algunos casos se dieron relaciones de connivencia y amistad entre el amo y el trabajador. O sea, un neo o pseudofeudalismo del campesinado andaluz.

Finalmente he de señalar que la ilusión de que las potencias occidentales, sobre todo los EEUU de donde surgió la brigada Lincoln para apoyar a la República durante la guerra, invocaran la libertad del pueblo y ejercieran presión para cambiar el régimen, se fue al garete. El pragmatismo americano se impuso a sus ideologías, tan manoseadas, sobre la libertad. La resistencia antifranquista, que se había incrementado e infiltrado desde Francia tras el final de la guerra mundial, fue muriendo per se y a causa de la presión y represión de la Guardia Civil y del ejército. El régimen quedaba a salvo y se perpetuaba con el beneplácito de los gobiernos occidentales. Eso sí, las cárceles andaban repletas de presos políticos a los que se fue liberando con cuentagotas, no sin antes someterlos a vejaciones y trabajos faraónicos, como el caso de la basílica del Valle de los Caídos, hoy Cuelgamuros.

Este esbozo sobre la historia podría ser interpretado como sesgado y parcial por los seguidores del régimen franquista, incluso, remarcar que los otros eran más malos, y reprocharme por qué no aludo a lo que hubiera sido de España si la contienda la hubieran ganado los republicanos. A parte de mi convencimiento personal de que la República hubiera sido viable con una sosegada actitud por parte de todos, y que hubiese resultado lo mejor para España si tomaba como modelo a países de marcados principios democráticos, he de decir que la tendencia o inclinación hacia el mundo comunista, que representaba Rusia, fue forzada por la falta de ayuda de las democracias occidentales incapaces de implicarse en su defensa, o miedosas de airar a Hitler. Creo, por tanto, que si hubieran cumplido su papel defensor de la libertad los países como Francia, Inglaterra y los EEUU desde un principio, todo hubiera acabado de diferente forma, ubicando a España en la órbita occidental y arrancándola de las garras del fascismo.

Pero, por otro lado, soy de las personas que no creen en el llamado razonamiento contrafáctico, es decir, en el pensamiento hipotético sobre qué hubiera sido si en lugar de este hecho hubiera sucedido este otro… O lo que es lo mismo, establecer hipótesis de cómo hubiera sido España si la guerra la ganan los republicanos. Siempre serán hipótesis no contrastadas que pueden responder más a los deseos que a la posible realidad que se fuera a dar. Por tanto, solo me he limitado, y limitaré, a analizar, desde mi punto de vista, lo que se dio en el entorno que me tocó vivir y me envolvió. En este sentido, mi verdad no es una verdad absoluta, sino la mera visión de un sujeto mediatizado por sus experiencias vitales, sus vivencias y la forma de afrontar esa vida mediante el razonamiento y las convicciones que del mismo se fueron derivando.

 


sábado, 11 de julio de 2026

La historia en mi memoria (I)

 Opinión | Tribuna

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 11 JUL 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/11/historica-memoria-132341837.html

La contienda civil de 1936-1939 dejó al país empobrecido económica, intelectual y socialmente, imponiendo una idea única y una profunda brecha entre vencedores y vencidos.

Arando la tierra. / l.o.

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El próximo sábado, 18 de julio, se cumplen 90 años de la rebelión militar que llevó a nuestro país a vivir uno de los episodios más luctuosos de su historia, como fue la contienda civil. Ojalá nunca vuelvan a darse circunstancias tan tremendas, haciendo aflorar el horror de una confrontación entre hermanos y despertar el instinto asesino de desalmados que cultivan la maldad sembrada por el odio, siempre irracional.

No era la primera vez que se daban unos hechos tan horribles. El siglo XIX fue el más nefasto para nuestra patria. Empezó con la llamada Guerra de la Independencia que destrozó el país, se diluyó el imperio, se originaron tres guerras carlistas y acabó el siglo con la derrota ante los EEUU y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas (1898). La guerra del Rif inicia mal el siglo XX.

Es importante conocer el pasado y, los que ya nos vamos y lo vivimos, no está mal que dejemos constancia del recuerdo, un testimonio del sufrimiento y la penuria de una sociedad maltrecha por la guerra civil. Tal vez sea disuasorio para las generaciones más jóvenes y les lleve a descubrir los caminos de la convivencia en paz y armonía.

Ahora estamos atravesando momentos difíciles, donde afloran viejas ideas totalitarias y excluyentes y se cultiva el desencuentro. La política ha dejado de ser constructiva para convertirse en canallesca, donde el insulto y la descalificación cobran terreno despertando el atavismo de un pasado pavoroso.

Procesiones. / l.o.

Los efectos de la Guerra

Tras tres años de guerra fratricida entre las dos Españas (1936-1939), el país quedó empobrecido económica, intelectual y socialmente… sumido en la miseria. Se impuso la idea única, el nacionalcatolicismo, el liderazgo forzado de un «caudillo» rebelde ante el poder legítimo y se abrió una tremenda e injusta brecha entre el pobre y el rico, entre las dos Españas, una ostentando el poder y la otra sometida; una soberbia y arrogante y otra humillada. Pensar distinto al sistema era considerado traición, y el traidor no merecía vivir. El pavoneo de las camisas azules, de los adeptos al poder, era denigrante y vejatorio. Si tu bando era el vencido siempre serías sospechoso, blanco de las iras y propenso a los escarnios y maltratos. La tortura era un instrumento habitual para sacar confesiones, a veces infundadas para escapar de ella.

Pero hay otra sangría que empobrece más al país, si cabe. Se trata de la marcha al exilio de grandes mentes, de personas del mundo intelectual y técnico que se ven obligadoas a refugiarse en el extranjero. No hablo, pues, solo de los ideólogos y luchadores que marcharon a Francia tras la contienda y que fueron tratados injustamente; aquellos que, a la postre, combatieron al lado de las tropas francesas en la contienda mundial contra el nazismo alemán, con la esperanza de poder volver a su patria ayudados por los vencedores de esa guerra. Me refiero, sobre todo, al mundo intelectual. A los que fueron eliminados físicamente como el caso de Federico García Lorca, al amparo de la locura asesina de un general sanguinario como era Queipo de Llano, que sembró el miedo y el terror en Andalucía con sus discursos radiofónicos incitando a la tropelía de la tropa. La historia, si es justa, debe dejar a este sujeto como inductor asesino de miles de ciudadanos andaluces, ajusticiados a sangre fría y sin juicio ni derecho a la defensa.

Ahora bien, no nos engañemos, durante la contienda cayeron intelectuales de ambos bandos a manos del enemigo. A su término siguieron cayendo los adeptos a la República a consecuencia de la represión y la cárcel, como el caso de Miguel Hernández. Fueron exaltados como héroes o mártires los caídos del bando vencedor, en monumentos funerarios, iglesias y libros de texto, mientras los fusilados republicanos permanecían en las cunetas y en fosas comunes, como muchos aún lo están.

Los intelectuales que escaparon de la muerte, según el bando, tuvieron distinta suerte. Los vencedores pasaron a ser el sostén intelectual del régimen, si bien era el régimen el que definía su conducta e ideas y no ellos a este. Es decir no había librepensamiento, sino sumisión ideológica y aportación a la consolidación del sistema. Si alguno de ellos se salía del guion era repudiado, como el caso del propio Hedilla ―aunque sea dudoso el apelativo intelectual, más bien ideólogo― jefe falangista que se opuso a la unificación de esta con los tradicionalistas bajo el mando de Franco, por lo que fue acusado de conspirar contra él y condenado a dos penas de muerte, posteriormente conmutadas, hecho que le apartó de la vida política hasta su muerte en 1970.

El exilio intelectual republicano

La intelectualidad republicana que marchó al exilio fue muy numerosa y de gran calidad en muchos casos. Las cabezas mejor dotadas de España, intelectuales, profesores, científicos, profesionales de las artes plásticas, escritores o poetas, como Francisco Ayala, Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Rafael Alberti, Pau Casals, Pablo Picasso, Ramón J. Sender, Pedro Salinas, María Zambrano, Manuel Altolaguirre, Rosa Chacel, Luis Cernuda, Juan José Domenchina, Elena Fortún, José Gaos, Jorge Guillén, María Teresa León, Emilio Prados, Claudio Sánchez Albornoz, Luis de Zulueta y un amplio etc... Todos ellos fueron a enriquecer la cultura y el conocimiento de otros países de acogida, pues aquí ya no cabían ni podían desarrollar su creatividad y pensamiento. La guerra creó un orden dictatorial donde todo estaba sujeto a los intereses del régimen. Este poema del zamorano León Felipe, una malaventura que le echa a Franco, el gran responsable de la guerra, viene a mostrar el estado de ánimo de la intelectualidad en el exilio:

«Franco, tuya es la hacienda, / la casa, el caballo y la pistola. / Mía es la voz antigua de la tierra. / Tú te quedas con todo y me dejas desnudo / y errante por el mundo... / Mas yo te dejo mudo... ¡mudo! / Y ¿cómo vas a recoger el trigo / y a alimentar el fuego / si yo me llevo la canción?»

Respecto a la ciencia pasa tres cuartos de lo mismo. Fueron numerosos los médicos españoles que se exiliaron en México y otros países al finalizar la guerra. Nombres como Augusto Pi i Sunyer, José Puche Álvarez, Isaac Costero, Gustavo Pittaluga, Ángel Garma, Severo Ochoa o Miguel Prados Such, hermano del poeta Emilio Prados, muestran lo profundo del golpe que recibieron tales disciplinas en España. En el texto de la ley que crea el Consejo Superior de Investigaciones Científicas queda de manifiesto como hasta la ciencia debía retroceder dos siglos para inspirarse en las «ideas esenciales del Glorioso Movimiento».

La España de la «nada»

Entonces se impone la España de la «nada». No había libertad de religión, de ideas política, de pensamiento, de educación, de tránsito, de sindicación… todo estaba controlado. El superyo freudiano, o sea el control de la conciencia, estaba condicionado por la iglesia, su clero y su credo e ideario político. La socialización del niño recaía en los curas y maestros, donde prevalecía el adoctrinamiento religioso y político, por lo que el cauce de las ideas, el pensamiento, los valores y principios estaban intervenidos también por la iglesia y los principios del llamado Movimiento Nacional.

La otra «nada» hace alusión al alimento, a la ropa, a la vivienda, a las necesidades más básicas. Hambre, miseria y padecimiento fueron las constantes que sufrieron los niños y mayores de la clase obrera y trabajadora. El racionamiento, el queso y la leche en polvo que, caritativamente, se recibía en las escuelas no se pueden relegar de las infantiles mentes, ya maduras y ancladas en la tercera edad en la actualidad. Cuando pienso en ello aflora a mi garganta aquel sabor singular de la leche y el queso americano.

Esta «nada» no era general, pues muchos vencedores disfrutaban de prebendas y acceso a recursos vedados a los vencidos y al pobre. El trapicheo, contrabando y estraperlo eran formas de enriquecerse más los ya pudientes y adeptos al régimen, mientras eran castigados muy severamente los otros actores. Por tanto, en ese mundo de la «nada» se trabajaba casi por nada para poder comer algo. En él estaban los campesinos, obreros y pobres, los gitanos, los proscritos, los rojos y vencidos, la clase trabajadora, salvo quienes habían luchado al lado de los vencedores o eran serviles con los poderosos y ricos hacendados.

(Continuará)

 

domingo, 5 de julio de 2026

Sobre el debate

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 04 JUL 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/04/debate-132100926.html

Pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia) / LAURIE DIEFFEMBACQ – Archivo

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«Cuando las emociones condicionan el debate surge el conflicto, cuando son las razones llega el acercamiento». (Frase del autor)

 

Esta frase revela, así lo entiendo, uno de los grandes problemas que aquejan a la sociedad, es la falta o incapacidad de razonar asépticamente ante un argumento ajeno cuando no está en la línea de los nuestros. Entonces cultivamos el sesgo confirmatorio, siendo este un signo de inmadurez intelectual. Nos sentimos agredidos, aquí generalizo, si se nos quiere convencer de algo contrario a lo que pensamos, cuando se nos cuestiona lo que creemos. Interpretamos que se nos descalifica y humilla si se impone la argumentación ajena, teniendo que asumir la nuestra como errónea. Entonces aparece el aspecto emocional y perdemos la razón, la capacidad de discernir argumentalmente sobre el tema a debate.

Un problema cultural

He aquí un problema cultural, se nos ha hecho dogmáticos, en las ideologías y en los credos religiosos; se nos ha enseñado a competir y ganar para no ser un fracasado. No se nos ha enseñado a aprender, a estar en disposición de asimilar enseñanzas, salvo que el enseñante tenga la autoridad que le otorga un conocimiento superior. Claudicar ante la argumentación de Einstein no es lo mismo que ante Perico de los Palotes, aunque Einstein diga una nimiedad y Perico una verdad como la copa de un pino. Tenemos asumida la diferencia entre el conocimiento de una autoridad en la materia y el de un igual a nosotros. Históricamente hemos aceptado que el médico sabe de medicina y nosotros a callar; el abogado de leyes y nosotros a callar; el matemático de matemáticas y nosotros a callar…

Aceptada esta asimetría en el conocimiento no cabe debate, pero cuando creemos tener la misma capacidad y competencia en una materia de discusión que pueda ostentar el otro, o los otros, entramos en ese debate, lo cual no es malo, aunque, a veces, un ignorante entra a discutirle a un científico, desde una pretendida simetría, defendiendo teorías absurdas.

Pero si el debate se convierte en un proceso de acercamiento basado en el conocimiento y la razón, estaremos ganando todos, pues incrementaremos nuestro saber. Ello requiere una posición de mente abierta para aceptar lo verdaderamente positivo que aporta el otro. Pero si lo entendemos como un combate, donde mi argumento ha de prevalecer, y se trata de mostrar ante los demás, incluyendo los espectadores, que tengo razón para convencerles, la cosa cambia, aflora la agresividad y la vehemencia viendo al otro como rival y no como interlocutor.

Entonces siento emociones y las transmito en ese instante. Son las emociones del combate, de la confrontación. Estamos en un ring y los espectadores toman partido pues, de antemano, están definidas las posiciones, sean políticas, religiosas, sociales, económicas e, incluso, científicas… En muchos casos andamos definiendo y defendiendo los valores del grupo con el que nos identificamos, del equipo de fútbol al que pertenecemos, de nuestra ideología, de nuestra religión, y esperamos ganar, salir airosos para satisfacer nuestro ego y el reconocimiento del grupo.

La perversión del debate

La perversión del debate hoy se manifiesta, con toda crueldad, en el mundo de la política, no solo porque cada cual pretenda imponer su ideología, sino por las formas y la manipulación de la verdad para crear relatos partidistas. Porque dejó de ser debate para convertirse en combate, en guerra de intereses donde todo cabe, hasta la conducta más ruin, como estamos viendo. El debate político busca persuadir para vencer, no convencer, como diría Unamuno.

Los grupos se consolidan en base a credos, valores e ideas que los definen. Hacer tambalear esos nexos es un riesgo de desintegración equivalente a la muerte o desaparición del mismo, lo que hace que en esa lucha se vuelque las emociones y aparezcan estrategias en el inconsciente que nos llevan al enquistamiento ideológico, al dogma y los principios inalterables, al pensamiento encapsulado resistente a la argumentación lógica. No podemos permitirnos que nuestro grupo, nuestro partido político sea descalificado, ridiculizado y ninguneado ante su incompetencia o inconsistencia argumental.

¿Qué es lo que hay detrás de todo ello? Pues un claro predominio de los intereses del grupo al que representamos, en contraposición a la búsqueda de la verdad que exportaríamos al conjunto de la ciudadanía y que nos haría crecer a nosotros y madurar como seres humanos, tal vez por eso se dé esa virulencia, por la inmadurez de los tertulianos.

Por tanto, no nos interesa la mejora social, la búsqueda de la razón y la certeza sobre al tema del debate. Nuestro objetivo, aunque sea inconsciente, está en los intereses del grupo y su consolidación, y no en los del conjunto de la sociedad. Si fuera de la otra manera, estaríamos abiertos a la razón y los argumentos del otro, a la empatía y el consenso, a la convivencia pacífica y al intercambio de ideas. Aquí es donde echo de menos al sosegado intelectual librepensador, que haberlos haylos, pero que, al no montar un espectáculo atractivo para los televidentes, no interesa a los medios. 

Es patético ver a muchos tertulianos, de la radio o la televisión, enzarzados en una discusión que sistemáticamente descalifica al otro, intentando aseverar sus más insólitas barbaridades. Estos son debates infructuosos, no solo por su contenido y forma, sino por su enseñanza. Transmiten a la ciudadanía una forma, un estilo de debatir tóxico que arrastra al fracaso, a la divergencia y el desencuentro. No fijan caminos de acercamiento para desmontar y paliar la violencia de la confrontación, sino que establecen una pugna a la que estamos acostumbrados en nuestra vida cotidiana como un acto competitivo… ¡hay que ganar! Lo importante no es participar, sino ganar. De esta forma nos encontramos a nuestros modelos tertulianos, a nuestros maestros, ejerciendo una conducta de confrontación e intransigencia que nos aleja del encuentro con los demás. Nos encerramos en nuestras ideas y descalificamos al contrario por sistema, incluso los insultamos con apelativos despectivos, así acabamos considerándolos nuestros enemigos en lugar de nuestros contertulios que nos pueden llevar a una mejor comprensión del mundo de las ideas y del tema que se trata.

El libre discernimiento

Cuando uno pierde su capacidad e independencia de discernir libremente y acepta la sumisión a las ideas de otro, u otros, acaba en la alienación. Deja de ser uno mismo para convertirse en los otros, en portavoz del grupo y sus consignas. Renuncia a la capacidad, que todo ser humano debería defender contra viento y marea, la de ser libre y aportar su creatividad personal a la sociedad. Renuncia a su esencia, a su singularidad, a sí mismo.

Es el razonamiento lo que ha llevado al desarrollo de la ciencia, a la evolución del ser humano. Son las emociones y los dogmas los que han llevado a la confrontación y a la guerra. Pero también lo han hecho a la paz y al amor, pasando de un extremo al otro. Somos seres oscilantes, cargados de inseguridad, de culpa y conflicto interno que se ha de gestionar. Nuestra conciencia busca la paz del equilibrio, lavar la culpa, compensando las malas acciones que atormentan.

Hay quien dice que las emociones dan la vida, que las oscilaciones anímicas permiten sensaciones de pena y alegría, de felicidad y malestar, que le dan sentido a la existencia. ¿Qué sería de la alegría si no existiera la pena para compararlas? Somos ciclotímicos por naturaleza, en mayor o menor grado. Habrá que tratar el tema en otra ocasión. No podemos vivir sin emociones, pero podemos vivirlas con realismo y madurez, gestionando lo emocional en su justo término. Abriendo nuestra mente a la razón, asumiendo que somos seres pensantes, capaces de evolucionar desde esa condición hacia la búsqueda de una verdad superior, de discernir entre las cosas para hallar el sentido de la vida en común y su esencia desde la asimilación de la totalidad del entorno, de todos y cada uno de los elementos que lo integran.

Cuando debatamos con la intención de asimilar las buenas ideas y argumentos de los demás, sus razones y experiencias, desde la empatía, habremos ganado la vida y la evolución en paz… Entonces seremos seres humanos maduros y constructivos, estableciendo sinergias desde la libertad y el compromiso social, para confluir en un mejor desarrollo de nuestra sociedad. Pero eso no creo yo que le interese a los grupos de poder... En todo caso, evita debates improductivos… son disruptivos.

 

sábado, 27 de junio de 2026

La jubilación… ¿y ahora qué?

 

Opinión | tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 27 JUN 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/27/jubilacion-ahora-131863886.html

La generación de mayores se enfrenta a la brecha digital, obligada a depender de las nuevas generaciones para el manejo de la tecnología

Celebración del fin de curso de mayores de 55 años en la Universidad. / l.o

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Confieso que no tengo nada claro a qué vine a este mundo o, si lo prefiere, para qué me trajeron. He de reconocer que sigo sin saberlo con suficiente claridad, solo tengo sospechas, creencias o suposiciones e intuiciones adquiridas mediante una razonable conjetura, que me lleva a inferir un objetivo de desarrollo humanista, de mejora y evolución de la especie mediante el incremento sistemático del conocimiento y la aportación y creatividad individual y colectiva. Entiendo, como macro-objetivo, que la mejora de la especie implica conseguir que nuestros hijos nos superen, que la vida fluya caminando hacia el mayor conocimiento, acercándonos a la utópica verdad del universo, buscando la bonhomía y la felicidad del individuo y la sociedad desde un humanismo solidario y comprometido.

Las tecnologías nos desbordan

Es curioso cómo una mayoría de jubilados hemos sido ampliamente superados por el desarrollo tecnológico, por lo digital, dado que fuimos educados y formados en lo analógico. Nuestros hijos y nietos se han fraguado, o se están formando, en contacto con el mundo digital que se abre a otra dimensión en el desarrollo y uso del conocimiento de las tecnologías. Desde pequeños, tal vez en exceso, se familiarizan con su manejo y dominio con pasmosa facilidad y capacidad de aprendizaje y adaptación. La generación de los mayores ha sido atrapada y rebasada por la cuarta revolución industrial, lo que, en muchos casos, nos obliga a recurrir a estos hijos o nietos para superar determinadas situaciones de incompetencia en la usanza y manipulación de las modernas tecnologías.

La cuarta revolución industrial, a la que me he referido en otras ocasiones, está marcada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, lo que nos permite vislumbrar hasta qué punto cambiará el mundo que conocemos. El cambio está ocurriendo a gran escala y a toda velocidad. «Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes», vaticina Klaus Schwab, fundador del Foro de Davos y autor del libro «La cuarta revolución industrial» publicado en 2016. Desde esa fecha hasta el momento se ha venido confirmando ese vertiginoso proceso que lo cambia todo.

El impresionante proceso evolutivo

La mayoría de los jubilados, donde se incluye una amplia generación del pasado siglo que abarcaría hasta los nacidos en los años sesenta, hemos vivido un impresionante proceso evolutivo de la sociedad española, que comprende los aspectos políticos, sociales, económicos y, sobre todo, educativos o formativos, donde el conocimiento y desarrollo intelectual adquirido era impensable en nuestra infancia. Hemos tenido una vida intensa en experiencias al transitar desde una situación miserable, sobre todo para determinadas clases sociales, a la que actualmente gozamos. No ha sido fácil salir de allí para llegar aquí. Tuvimos que dejar nuestros pueblos blancos anclados en la Andalucía profunda, sus olivares y campiñas, para integrarnos en ciudades ignotas, con estresantes ritmos de vida, donde había más oportunidades de trabajo y subsistencia.

Todo fue complicado, un reto continuado, que exigía habilidad y disposición, mente abierta y motivación para aprender, para asimilar hábitos y costumbres diferentes, para subirse a un carro que llevaba a otra dimensión, cuando no para tirar de él con nuestro esfuerzo y dedicación. En muchos casos, lo sé por experiencia, saliendo de la nada alcanzamos importantes puestos de responsabilidad en diversos campos. He conocido muchos casos en el mundo de la docencia universitaria de profesores que han ganado su plaza con ímprobos esfuerzos saltando de aquella nada a la cátedra.

Es maravillosamente aleccionador ver cómo los mayores, ávidos aún de conocimiento, sobre todo las mujeres, acuden, en gran medida, al Aula de Mayores de la UMA, buscando llenar vacíos que la vida no permitió ocupar desde su infancia. Ese lugar de encuentro donde se conjuga conocimiento, interacción amistosa, inquietud y ansia de vivir lo no vivido, limando frustraciones del pasado, ejerce una de las labores más preciosas y sublimes que se pueden realizar desde la universidad. En la entrega de diplomas, tras superar los tres años de estudio, se observaba la lozanía y alegre juventud en la cara de las chicas septuagenarias.

El remanso de la sabiduría

Mas sea como fuere, en llegando esta hora de la jubilación con mayor o menor resguardo económico, nos enfrentamos al recorrido final de la vida antes de desembocar en el mar definitivo que nos diluirá en el cosmos.

La jubilación es un gran viaje, el viaje final por el que se recorre el último tramo del camino. Si nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, como decía Jorge Manrique, estaremos en ese remanso donde el agua transita suavemente, sin exacerbadas pasiones, donde la sabiduría adquirida a lo largo del cauce se va manifestando hasta alcanzar la deseada bonhomía para lo que, tal vez, hayamos venido a este mundo.

La juventud tiene el ímpetu, el conocimiento de las nuevas tecnologías, pero la sabiduría que otorga la experiencia va adquiriéndose en el tránsito y, con la edad, se incrementa. Porque si la luz hace que tus ojos vean la vida, la sabiduría te permite comprenderla, y ello se consigue con la experiencia.

La senectud es tiempo de paz y de sosiego, o debería serlo, porque desde esa actitud afloran las conductas que pueden llevarnos al autoconocimiento, a la introspección que nos permita el sosegado análisis del tránsito vital para encontrar la paz interior y el equilibrio que otorga la sabiduría con su capacidad de integrar el conocimiento, la experiencia y la reflexión profunda para tomar decisiones éticas y juicios sensatos.

Pero, además, la jubilación es un interesante momento de reflexión, de meditación y valoración de todo aquello que hemos hecho a lo largo de nuestra vida, o sea que lleve al balance definitivo. Es esa especie de examen que nos permite tomar conciencia de todo lo bueno y menos bueno que hemos practicado. Aún estamos a tiempo de aprender de los errores y de, incluso, repararlos si ello es posible, en beneficio de nuestra paz interior.

Por otro lado, conlleva ciertas obligaciones para cualquier persona que se sienta compelida por el compromiso social, por el deber de compartir sus propias experiencias con el resto de la ciudadanía con la que convive. Dar fe de esas experiencias es poner al servicio de los demás nuestro propio aprendizaje, no para imponer sino para ofrecer y aportar una experiencia vital que pudiera ser de interés para otros. Hablo de nuestras ideas y pensamientos, nuestras deducciones y razonamientos, nuestras propias conclusiones al afrontar las diferentes situaciones que vivimos.

La necesidad del encuentro

Mas, también emerge el deseo de relacionarse con los demás, de escapar de la amenazante soledad o revivir recuerdos y despertar agradables remembranzas. Por eso necesitamos, en la mayoría de casos, lugares de encuentro con las nuevas y viejas amistades, con agradables compañeros y compañeras de trabajo. Determinadas asociaciones, o grupos de mayores, tienen una interesante función terapéutica para preservar la salud mental y la viveza de ánimo, para confrontar problemáticas y compartir sus soluciones, ejerciendo como verdaderos grupos de apoyo.

Lo traigo a colación por lo importante que es poder contar con esa opción tras la jubilación. Soy de los que piensan que este ciclo vital es una gran oportunidad para llenar nuestro tiempo con actividades enriquecedoras, para cumplir aquellos deseos que siempre quisimos llevar a término pero las obligaciones profesionales nos obligaron a posponer una y otra vez, dado el compromiso laboral. En todo caso, subyace también, como es lógico, un componente actitudinal muy ligado a la personalidad de cada cual, sus necesidades de socialización y a sus objetivo existenciales.

Asprojuma

Como profesor jubilado de la universidad de Málaga, me satisface pertenecer a la Asociación de Profesores Jubilados de la UMA (Asprojuma). Es un espacio donde pueden integrarse los profesores jubilados de la Universidad de Málaga, incluso aquellos que estén activos una vez cumplidos los 65 años. Me honra haber pertenecido a su Junta Directiva durante 16 años, siendo inicialmente vocal, para ejercer luego la vicepresidencia y finalmente la presidencia hasta octubre de 2024. Mi dedicación a ella y mi implicación en la organización de sus actividades siempre fue orientada a conseguir satisfacer las necesidades que he descrito. Hoy, sigue con su actividad y expansión y ojalá tenga larga vida en beneficio de sus asociados.

 

NAGASAKI: AL TERCER DÍA RESUCITÓ LA MUERTE

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