sábado, 22 de agosto de 2026

La crisis de Ceuta

 Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 22 AGO 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/08/22/crisis-ceuta-133556277.html

La ciudad autónoma se ha convertido en un punto caliente por la llegada masiva de migrantes, desbordando las capacidades de acogida

Archivo (31/07/2026).- Una inmigrante intenta alcanzar la playa de Ceuta. / EFE

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Últimamente no suelo ver la tele mientras desayuno, pero hoy he roto el hábito y me he encontrado con una imagen desoladora que me ha hecho pensar. La Policía y la Guardia Civil se disponían al desalojo de la playa del Trampolín, en Ceuta, de varios centenares de los migrantes ―se habla incluso de 4.000― que invadieron la ciudad en la oleada de finales del pasado mes de julio, traspasando la frontera a nado. Tras haber vuelto la mayoría de marroquíes, quedaron en Ceuta un importante grupo, mayoritariamente subsaharianos, que acamparon en condiciones insalubres en la arena de la citada playa. La insostenible situación que ha provocado este aluvión humano tiene una difícil y complicada solución desde el punto de vista político y humanitario.

Ante estas circunstancias, Ceuta parece haberse convertido en un caladero de votos y no de caballa. Es un espacio conflictuado por una situación anómala, muy seria y preocupante, debido a las características que tiene esa invasión pacífica de ‘migrantes’ manipulados, que pretenden una mejor vida en España, según manifiestan.

Un poco de historia sobre Ceuta

Pero antes me gustará hacer alguna reseña sobre la ciudad. La historia de Ceuta está íntimamente ligada a la de la península desde tiempo inmemorial. Sin retrotraernos a Cartago y los númidas, fue territorio del imperio romano (40 d. C.), luego la ocuparon los vándalos (429) y Bizancio (534) la utilizó como base para conquistar Málaga y su costa. Posteriormente la tomaron los visigodos en tiempo de Wamba (675). Tuvo un especial protagonismo en la conquista musulmana de la península con la famosa traición del conde D. Julián, desafecto al rey D. Rodrigo por cuestiones de honor, dado que, según la leyenda, el rey había ultrajado a su hija Florinda.

Al-Andalus sigue manteniendo con la ciudad una variable relación de pertenencia, con diferentes etapas de dominio. Ese período también es de mucho interés para conocer su historia, donde llegó a ser una taifa independiente algo más de 20 años en el siglo XI.

Su historia más reciente se inicia en 1415 con su conquista por las huestes del rey Juan I de Portugal, quedando Pedro de Meneses como primer gobernador de la ciudad con el que surge la historia del Palo Áleo como símbolo del poder y gobierno de Ceuta.

España entra en acción tras la muerte del rey Sebastián I de Portugal en 1578, cuando el reino portugués, tras una crisis sucesoria, se incorporó a la Monarquía Hispánica en 1580 teniendo a Felipe II como heredero a la corona portuguesa. No fue sin contienda, dado que había otros pretendientes. Tras la invasión de Portugal por las fuerzas españolas, claudicaron en la batalla de Alcántara. Al año siguiente, las Cortes reunidas en Tomar, lo proclamaron rey. Ceuta, pues, se incorpora al imperio de Felipe II.

En 1640 se produce la secesión de Portugal, en tiempos de Felipe IV y su valido Conde Duque de Olivares. Ceuta prefiere quedarse bajo la soberanía del reino de España, siendo reconocida tal soberanía, por parte de Portugal, en el Tratado de Lisboa en 1668. Por tanto, Ceuta es española desde 1580 y portuguesa desde más de un siglo y medio antes, y se ha mantenido como tal a pesar de las vicisitudes a las que se ha visto sometida, con ataques y cercos del sultán de Marruecos, incluso de los británicos en la Guerra de Sucesión española en 1704.

Este pequeño apunte histórico puede servir para mejor comprender la situación de la ciudad autónoma, al menos eso pretende. Que cada cual saque sus propias conclusiones respecto al tema.

El momento presente

En estos momentos, cuando el mundo rompe esquemas, con la entrada en liza de políticas disruptivas, como las que practica el ‘trumpismo’ y sus afines, se está dinamitando el derecho internacional. El paradigma que ha sostenido la relativa paz, está siendo cuestionado y en el horizonte asoma una nueva ley que es la de la fuerza. Observamos un espíritu belicista y expansionista de un imperio en decadencia, que puede caer en su propia trampa, aunque llevándose por delante lo imprevisible. Su geoestrategia va posicionándose y pretende dominar o poseer aquellos lugares que requiere para su dominio y control del nuevo orden.

El momento actual, a nivel internacional, me trae a la memoria la inestabilidad de los años 30 del pasado siglo. Intereses cruzados, amenazas y política canallesca, deseos expansionistas, supremacismo en este caso bíblico del integrismo judío, racismo y xenofobia, dominio por los recursos y control y acumulación de medios y tecnologías. Esa guerra latente e híbrida ya está en marcha y nadie podrá ser ajeno a ella, porque no depende de uno sino de los que ejercen el poder y la gobernanza de las grandes potencias. Somos peones en su tablero de ajedrez.

El futuro papel de Ceuta

¿Es Ceuta, por su posición estratégica en el estrecho, un lugar codiciado por el imperio? Yo creo que sí. La política internacional nos atrapa. Es muy complicado mantener la posición del gobierno español respecto a los designios americanos, con la influencia de un ladino Netanyahu entre bastidores, y defender los derechos y el orden mundial ante gente desquiciada a los que les importa un bledo, no solo ese derecho, sino la vida humana.

Entiendo que lo que ocurre en Ceuta pudiera responder a un plan perfectamente orquestado para cambiar el orden de las fuerzas. España no apoya a Netanyahu en su guerra genocida, tampoco a Trump en su agresión a Irán y demás amenazas y, para colmo, Marruecos reivindica Ceuta y Melilla. Por otro lado, formamos parte de una Unión Europea a la que pretende debilitar o disolver el poder americano. España, su Gobierno, es discordante con ese proyecto expansionista y no se somete a los designios del emperador. La estrategia del ajedrecista está en marcha. Líbrenos Dios de aquellos que son capaces de lanzar bombas indiscriminadamente, con intención de matar, de arrasar y destruir, pensando en el negocio de la guerra y de la reconstrucción tras ella, o de movilizar a su pueblo sin el más mínimo escrúpulo ético y moral.

La pacífica invasión de Ceuta viene a demostrar la vulnerabilidad de la frontera ante este tipo de actos desarmados y no agresivos. No es una invasión militar con armas que matan, sino una de gente engañada por bulos y movida por redes sociales que pretenden mejorar sus condiciones de vida. Pero, además, desestabiliza y convulsiona las relaciones entre los miembros de la UE y tensa las leyes humanitarias que protegen al individuo.

Creo que, aquí, habría que hacer una profunda reflexión sobre el papel de nuestros políticos y ver qué intereses reales defienden. He visto a insignes patriotas delante de Trump, casi genuflexos y con la mano en el corazón como quien jura obediencia, y eso me da mala espina y escasa confianza.

Feijóo vuelve a Ceuta

Feijóo, en su visita a Ceuta, ha dicho: «En ningún caso, ni mayores ni menores, han de regresar todos, pero todos, y cuando digo todos son todos, todos tienen que regresar». Mientras rechaza que las menores no acompañadas sean trasladadas a la península para protegerlas, irracionalmente alude en su discurso a las niñas españoles nacidas en Ceuta: «¿Qué está pasando en Ceuta para que el Gobierno considere esta mañana, no hasta la fecha, que se deben mandar a la península 500 niñas, qué está pasando en Ceuta?… ¿y las niñas que viven en Ceuta? ¿Las niñas que viven en Ceuta, nacieron en Ceuta y son españolas, quién las protege?». Entiendo que las niñas que viven en Ceuta, que son españolas, están protegidas por su familia y por las fuerzas del orden público y el imperio de la ley como ciudadanas españolas.

El artículo 35 de la ley de extranjería, apartado 5º explica lo que se ha de hacer en estas situaciones, si no se hace se puede acabar con una condena de prevaricación por incumplimiento de una ley orgánica, que es de máximo rango en nuestro ordenamiento constitucional. En todo caso es muy lícito pedir que se agilice los trámites a realizar, pero nunca incitar a su incumplimiento.

Seguimos en la etapa de la agitación del árbol a ver si cae el fruto maduro, si es que lo está. Feijóo sigue agitando, incluso, más que Vox. Ahora hasta el paciente Vivas sacude el árbol. Mientras, el Gobierno camina demasiado lento… ¿Estará esperando el resultado de las elecciones de medio mandato en los EEUU?

sábado, 15 de agosto de 2026

Qué será de mis libros cuando yo no esté

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 15 AGO 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/08/15/sera-libros-133368432.html

La lectura de libros ofrece la oportunidad de vivir múltiples vidas y aprender a través de la empatía con los personajes

Una lectura sosegada. / l.o.

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“Si quieres vivir muchas vidas lee libros, pero si quieres vivir siempre escríbelos”. Creo que alguien ya pronunció esta frase que a mí me parece paradigmática. La gente suele, o solemos, leer libros para conocer las vidas que describen o narran. Nos identificamos con los personajes y, de forma vicaria, a través de ellos, vivimos la trama y los avatares que nos presentan las novelas, relatos o biografías que se plasman en los textos que conforman el contenido del libro.

Nuestro amigo el libro

El libro, en el primer caso, es el amigo con el que queremos compartir parte de nuestra experiencia vital. Buscamos en él su propia vivencia, aunque sea ficticia, donde la fantasía del autor nos lleva, mediante su creatividad, a un mundo ignoto que nos va descubriendo en su narrativa, una historia imaginaria o real mostrando la diversidad existencial del ser humano. El libro nos presenta unos personajes singulares, a los que nos acercamos para conocer su vida y forjar una relación virtual, que nos enriquece aportando una nueva experiencia que, presumiblemente, nunca hubiéramos conseguido vivir por las limitaciones y condicionantes que nuestro contexto existencial nos impone. El libro es como un sueño, una ensoñación que nos permite vivir lo no vivido mediante la proyección que hacemos al identificarnos con sus personajes.

Ese aprendizaje vicario realizado a través de las vivencias ajenas, aunque fueran imaginarias, nos satisface ciertas necesidades de desarrollo personal mediante la proyección. El libro amigo es aquel que nos ayuda a crecer, el que nos acompaña en esa nueva ruta de la vida que nos presenta tantas novedades e invita a vivirlas. Es un amigo y consejero que nos permite acceder al subconsciente freudiano sin provocar o crear trauma alguno o disonancia que nos atrape en la culpa, por muy cruel y despiadada que sea la conducta del personaje.

La identificación con el personaje

¡Qué maravilla sentirnos críticamente sádicos asesinos, héroes o villanos, apasionados amantes, santos o virtuosos, inteligentes científicos, o poderosos señores, liberándonos de nuestra frustración! ¡Qué acto terapéutico tan exquisito que nos lleva a sublimar nuestros deseos inconfesos! El libro nos permite navegar por el mar de la vida en pura fantasía. Somos el personaje, pero no somos responsables de sus actos. Vivimos empáticamente su experiencia, pero no como protagonista directo, sino indirecto. Sentimos como él a través de la empatía que nos provoca. Empatizar es ver lo que se da en el otro lado del espejo, comprender y compartir sentimientos pero no provocarlos, por lo que la culpa no es nuestra sino del personaje.

No obstante, hablando de sentimiento y sensibilidad, es bueno aludir a la poética, que representa una forma más emotiva de expresión que la narrativa, elevando a una mayor categoría la empatía que despierta la rítmica armonía del verso o la belleza expresiva de la prosa poética, donde aflora un sentimiento verdadero, tal como refería el excelente poeta ovetense Ángel González Muñiz, en este fragmento perteneciente al famoso texto en prosa poética titulado «La verdad de la mentira» incluido en su libro póstumo Nada grave (2008):

Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas, y una voz cariñosa le susurró al oído:

— ¿Por qué lloras, si todo en ese libro es de mentira?

Y él respondió:

— Lo sé; pero lo que yo siento es de verdad.

El contrato con el libro

Cuando compramos un libro establecemos un contrato con él, un compromiso de lectura para conocer y vivir la experiencia que nos narra. Ese acercamiento implica comprometerse a leerlo y aproximarse al personaje, con el que pretendes establecer un vínculo amistoso o, al menos, un curioso contacto para mayor conocimiento de una íntima experiencia vivencial creada por el autor. Tal vez por ello, «la literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y, pese a todo, el acto de la lectura permite una comunicación profunda entre los seres humanos», (Paul Auster). En todo caso, bajo mi modesta opinión, los libros son los vasos comunicantes de la cultura en nuestra sociedad.

El libro, depositado en su anaquel, aguarda pacientemente a ser tomado para ofrecer la magia de sus páginas rebosantes de una vida o de esencias que complazcan al lector. Ese es su verdadero cometido, la razón de su existencia. Si no logra su objetivo se sentirá frustrado y traicionado por quien lo adquirió para leerlo. Ahora, cuando miro en mi biblioteca familiar, voy descubriendo mi traición a tantos de ellos que fueron adquiridos con la clara intención de ser leídos y aún esperan, pacientemente, a poder ofrecer su contenido.

Resignados y sometidos al martirio del polvo y abandono, ha dejado de tener sentido su existencia. Me siento culpable por mi desmesurada ansia de leer más allá de mis posibilidades reales, del ímpetu que me llevó a adquirir tantos libros sin calcular mis capacidades de lectura. Ahora, sumidos en el olvido, quedan un buen número de ellos que ayer me ilusionaron. ¿Se sentirán traicionados por mi promesa incumplida? Rotas sus ilusiones por ser leídos, permanecen en un purgatorio, como refiere Alberto Manguel, aguardando su destino incierto.

He de confesar que me siento culpable. Un importante gasto económico para ser enterrado, enclaustrado, en una dependencia de almacenaje. ¡Cuánto amigos me andan esperando en los anaqueles de mi biblioteca! Arthur Schopenhauer, el filósofo alemán, escribía: «Junto con los libros debiera venderse el tiempo suficiente para leerlos», ojalá fuera así.

Mientras, el ebook le gana la partida y ese mundo sólido de antaño se diluye en otro virtual, donde el placer del contacto entre el papel y la piel desaparece, dando paso a lo inmaterial que va inundando el mundo. El libro de papel muere en vida aplastado por el empuje digital que condiciona el futuro.

Tus libros son tus hijos

Decía al principio: “Si quieres vivir muchas vidas lee libros, pero si quieres vivir siempre escríbelos”. Si en la primera parte del aforismo consideraba al libro como el lugar de encuentro con un potencial amigo, en la segunda aparece como un hijo al que le das vida con tu creatividad.

De hijos, libros, árboles se fragua la trascendencia según el refranero popular. Ellos quedan cuando tú te vas y, en cierto sentido, dan variado testimonio de tu existencia. Los hijos llevan la impronta de tu genética para perpetuar la especie, que sería la máxima expresión del instinto de conservación, junto a la calidad de tu enseñanza cargada de principios y valores que les fuiste inoculando con el proceso educativo.

Los libros son los otros hijos que hacen trascender el pensamiento, la creatividad de nuestra mente y el contenido de nuestro intelecto. En ellos nos proyectamos, bien de forma directa o indirecta, para plasmar sentimientos, emociones, razones y pensamientos que se articulan y elaboran mediante los procesos cognitivos que vamos desarrollando a través del contacto con el medio. El libro es un producto nutriente que alimenta el espíritu y enriquece la mente facilitando la travesía existencial. Es tu tránsito, tu camino, tu vida única y exclusiva, intransferible en su totalidad, pero con suficiente muestrario de vivencias que pueden ser de interés para el lector.

La cosmovisión holística

El árbol es otra forma de trascender dentro del ecosistema, como una declaración de pertenencia a la propia naturaleza en una alianza sostenida en el tiempo. Es un nexo entre tú y la tierra, su inmanente fruto alimenta tu cuerpo. Tu esencia intelectual, que anida en tu mente, tiene una estructura que la sostiene. En el fondo tú eres lo que piensas, tu intelecto, que habita en un continente que le soporta, el cuerpo, y todo ello se sustenta en su entorno nutriente que es la naturaleza. Esto dirige nuestra mirada a una perspectiva más amplia, a una cosmovisión holística donde se vislumbra el panteísmo.

Mas yo planteaba en el título una interrogante sobre qué será de mis libros cuando ya no esté, de mis libros amigos e hijos. Los amigos pudieran quedar en los anaqueles de alguna biblioteca, pero los hijos, además, deben sobrevivir en la familia porque son parte de ti mismo, y así seguir presentes para tus descendientes.

Desde donde fuera o estuviere tras la muerte me gustaría observar la imagen de mis hijos, de mis nietos, leyendo bajo mi árbol los libros que escribí por el camino, aunque fuese leyendo en un ebook, o Dios sabe en qué otro mecanismo.

 


domingo, 9 de agosto de 2026

NAGASAKI: AL TERCER DÍA RESUCITÓ LA MUERTE

Nagasaki
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Hoy, hace 81 años, al tercer día resucitó la muerte en Nagasaki. Hiroshima fue el día 6 y, cuando aún no había dado tiempo para digerir tamaño desastre y asesinato masivo de ciudadanos civiles (si es que podía ser digerida tanta devastación y maldad del ser humano), el cielo, dominado por los EEUU, volvió a escupir muerte y destrucción desde 10.000 metros de altura. Tal vez era necesaria esa distancia para que las almas de los ejecutores que soltaron la bomba no se vieran afectados por tamaña barbaridad. Supongo que, si tenían conciencia y se ha de suponer que sí, arrastraron de por vida la carga de su crimen al ver los resultados.

Debieron pensar, en algún momento, en los pobres inocentes, en los niños, mujeres, ancianos y demás habitantes de las ciudades sacrificadas… y, por qué no, ponerse en su lugar y sentir cómo sus hijos y familiares eran arrasados por una bomba, tras estar sufriendo previamente los efectos de la derrota definitiva, en una guerra propiciada por un nacionalismo fascista aliado con los otros provocadores del conflicto. Pero no es solo culpable EE. UU., que lo es, sin duda, como autor del hecho, sino, también, el imperialismo japonés por llevar a su pueblo a estos límites, tal como lo fue el nazismo y el fascismo en Europa… Ahora bien, una vez metidos en guerra, ya no hay buenos y malos, todos son malos, malísimos de la muerte; tan malos que hacen ídolos y héroes a los que más matan.

Hoy, 9 de agosto, es el aniversario de aquel lamentable y terrible crimen de guerra. Por eso sale a colación en esta fecha, aunque siempre esté presente en nuestra memoria. Las otras barbaridades las dejamos para cuando toque. Pero propongo un recuerdo y homenaje por tantos inocentes que las guerras se llevan por delante con sus haciendas incluidas. ¿Qué extraños intereses mueven al conflicto? ¿Quiénes azuzan a los pueblos a la confrontación? Indudablemente, habrá que preguntarle a quienes ostentan el poder, directamente y entre bastidores… En este caso y con esta acción, el poder de los EE. UU., quiso dejar claro quien mandaba en el mundo desde el terror que tal artefacto generaba.

Aquello, los americanos, lo justificaron como un gran mal menor, para evitar un mal mayor infringido por la resistencia numantina del pueblo japonés en la lucha cuerpo a cuerpo, casa a casa. Era lo más sencillo y conveniente para ellos y, de camino, ejemplarizante para el mundo... mostrar quien tiene el poder. En eso seguimos con una política belicista que asoma al mundo al abismo de la tercera guerra mundial. ¿Caerán nuevas bombas nucleares en las guerras una vez perdida la vergüenza y llegados a la deshumanización del contrincante?

Líbrenos Dios de repetir la historia, porque hay gente que lleva en los genes la violencia…

lunes, 3 de agosto de 2026

El «privilegio» de vivir esta época

Este artículo ha sido publicado en los siguientes medios digitales:

Málaga al día: https://malagaaldia.com/contenido/7690/el-privilegio-de-vivir-esta-epoca

Viajes y turismo: https://www.revistadeviajesyturismo.com/2026/08/04/el-privilegio-de-vivir-esta-epoca/

21Noticias: https://21noticias.com/2026/08/04/el-privilegio-de-vivir-esta-epoca/

Galicia digital: https://www.galiciadigital.com/opinion/opinion.40265.php

Adenmás en el diario La Opinión de Málaga, edición digital y papel: Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/08/12/privilegio-vivir-epoca-133269767.html

 

La república tecnológica, una alianza

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No se sabe si vivir estos momentos a nivel nacional e internacional es una suerte o una desgracia. En todo caso parece que sí es un frenético y perturbador privilegio. Los acontecimientos se muestran entre imprevistos y disparatados. El mundo se ha convertido en una «Casa de locos», donde se perdió el respeto, mientras la lógica se ve condicionada por los intereses de grupo más que por el interés social que beneficie a todo el colectivo. El humanismo se deteriora acosado por posiciones egoístas que redefinen conceptos básicos como libertad, igualdad, solidaridad, justicia social, ética, derechos y otros, a golpe de motosierra o lanzallamas. La falacia y el bulo se abren camino en el mundo de la comunicación con la clara intención de sembrar el desconcierto e, incluso, la desafección política rompiendo los principios del respeto y la lealtad, si alguna vez los tuvo.

La deconstrucción del sistema

Estamos en un proceso de deconstrucción del sistema para crear otro donde, como he referido en otras ocasiones, el poder cambie de manos. La soberanía popular, propia de la democracia, podrá dar paso a una etapa donde el ser humano sea súbdito de una nueva majestad fundamentada en el poder y el valor del dinero. El Estado, como garante de la libertad y protector del bienestar de la ciudadanía y elaborador de normas de convivencia a nivel nacional e internacional, va perdiendo su poderío en favor de los oligarcas y grandes corporaciones. El fin será la conquista del poder para someter al Estado y reconducirlo, tal vez, a una plutocracia en la línea de la propuesta que plantea el libro "La república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente", de Alexander C. Karp y Nicholas W. Zamiska (2025). Bajo mi punto de vista es una posición perturbadora, como se podría desprender del manifiesto de 22 puntos, que surge de sus planteamientos.

Pero, volviendo a poner los pies en la tierra, ya tenemos monstruos impersonales, sociedades anónimas dueñas de casi todo, que se mueven en el oscuro mundo del negocio como buitres volando en busca de la oportunidad para invertir sin el menor pudor ético o, incluso, moral. Su oferta, para quien tenga medios, es asociarse a ellas, invertir en las mismas, para subirse al tren que, en su dinámica a caballo de la «ciberevolución» con la IA como máximo exponente de gestión, aporte beneficios al colectivo inversor. El pragmatismo conducirá a poner la mano para cobrar beneficios sin preguntarse siquiera cómo y de dónde sale ese dinero, si es de la guerra, de la especulación o del ejercicio mafioso de empresas sin escrúpulos. En todo caso, esas decisiones de gestión serán responsabilidad de la inteligencia superior que dirige el cotarro.

Sus amos, los oligarcas del poder, tal como dijo Elon Musk, pretenden erigirse en machos alfa para dirigir al grupo atrapado en una estructura férrea, perfectamente organizada, controlada por la Inteligencia Artificial (IA), que ejercerá la función pensante mejor que cualquier ser humano, actuando con el pragmatismo aplastante que ya he referido. 

La disgregación social

Ante esto, o por esto, nuestra sociedad se está disgregando, con escasa cohesión y mucha mala leche sembrada y cultivada por mentes aviesas de escasa lealtad al sentido común. Tenemos un exceso de sujetos que enfangan y perturban la vida social que debería llevar al sano ejercicio de la amigable felicidad. El problema es, en el fondo, que el campo de interacción donde se da una humana relación ha dejado de ser el contacto directo donde se practica la verdadera comunicación, sumando la digital y la analógica, o sea la verbal y no verbal, para transmitir y/o recibir la verdad del mensaje sin tapujos ni manipulación que tergiversen el mismo. La comunicación cara a cara, la expresión facial, incluido el contacto físico, es una garantía de cierta veracidad y, por consiguiente, básica para el desarrollo de la amistad y la convivencia.

Sin embargo, la aparición de las Redes Sociales (RRSS) ha roto el sistema de relación humanista. Se aceptan amigos virtuales que no lo son en absoluto, ni siquiera conocidos, basados muchas veces en que son amigos de tus amigos, paisanos o tiene alguna supuesta afinidad contigo. No sería mala cosa si se diera, en esaas redes, un respeto a las ideas, una ética en el trato y una actitud constructiva que facilitara esa nueva relación para fraguar amistad verdadera. Pero, en muchos casos, son infiltrados en la red que intoxican y más que amigos son enemigos o detractores que libran su batalla particular como correa de transmisión de dogmáticos posicionamientos ideológicos.

Por ello, cada vez se ve más brusquedad, descalificación, vehemencia y confrontación a través de los comentarios provocadores que se vierten en las RRSS ajenas. Es un mal síntoma ya que indica el pulso real y la temperatura que reina en nuestra sociedad, donde los grupos ideológicos, políticos o de credo se aglutinan y atrincherar en defensa propia, dispuestos a acabar con el enemigo, al que antes se le consideraba colocutor o contertulio. Ya no se acepta como esencial y básico el derecho a discernir con plena libertad de pensamiento sustentado en argumentaciones lógicas, pues se ha hecho del coloquio una batalla, un combate para imponer el propio pensamiento. De esta forma perdimos la capacidad de acercamiento y entendimiento, aproximándonos al abismo de la confrontación irracional.

El futbol como aglutinante social.

Curiosamente, cuando observamos esta peligrosa disgregación, descomposición o fragmentación, que nos lleva a la preocupante incertidumbre, aparecen momentos sorprendentes sobre los que vale la pena reflexionar.

El hecho más palmario es la reacción de todo un pueblo a la victoria española en la Copa mundial de futbol. Vimos una inmensa masa movida por la emoción que significaba ganar un mundial. Reconozco que me emocionó ver a tanta juventud asumiendo la honra de la victoria. Se habla de dos millones de personas saliendo a las calles de Madrid para celebrarlo. ¿No os parece demasiado? En todo caso estaban ávidos de compartir el triunfo, asumiéndolo como propio, en un sentimiento personal como integrantes del grupo, en este caso de España. Estamos excesivamente frustrados y agobiados por los avatares de la vida y cualquier ocasión para la autocomplacencia es bienvenida. Es evidente que el futbol tiene un componente alienante, como todo espectáculo de masas que mueve emociones, proyecciones personales y sentido de identidad grupal. Tal vez canalizar esas emociones pudiera darnos un hálito de esperanza para crear una nueva sociedad, reto harto difícil.

Falacias, bulos y manipulación

Complicado resulta cuando, en el mundo extenso de la política, aparecen determinados sujetos o grupos, potenciando la desinformación con el ánimo de confundir a la gente, sobre todo a aquellos que son asiduos en el uso de las RRSS y que dan más crédito a determinados «influencers» que a la ciencia. Aparece el indocumentado, el indigente intelectual, que pretende, en su demencial concepción del conocimiento, exponer una cosmovisión basada en la entelequia, donde la mentira y el bulo sustentan la manipulación emocional. Presentan esa posverdad a la que la RAE define como: «Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales».

«Que caiga España, que ya la levantaremos nosotros», decía Montoro en 2010. Podría ser la clave de bóveda de determinadas conductas y actitudes en el mundo de la política nacional. Tenemos un país polarizado y atrincherado en posiciones inalterables que sobrevuelan los propios intereses nacionales o de Estado. Prima el interés del partido sobre el general, lo que no deja de ser una traición al ejercicio de la propia política en democracia. Los políticos generan amor u odio en gran parte de la población, cuando no indiferencia, mientras una sombra de sospecha se cierne sobre todo, de la que no escapan componentes de la judicatura y demás poderes del Estado. Las raíces de la polarización son insondables.

Mientras tanto el mundo exterior sigue cabalgando cuan jinete apocalíptico. La política americana con sus imprevisibles e incomprensibles decisiones tiene un efecto desestabilizador a nivel mundial arrastrando a los demás. Extraños objetivos se esconden tras un halo de recelo que se van confirmando con el devenir de los acontecimientos. La concepción del mundo como un negocio no es una alternativa de contenido humanitario, al menos no cabe en la mente de los humanistas que poblamos la tierra. Vivimos tiempos difíciles, tal vez no sea un privilegio sino una maldición.

 

 

sábado, 25 de julio de 2026

El alto valor social del tonto del pueblo

Opinión | El trasluz

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 25 JUL 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/25/alto-social-tonto-pueblo-132788954.html

Monedas de euro. / Europa Press

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Se cuenta una anécdota de un tonto que en el bar del pueblo le solían tomar el pelo y reírse de él. El caso es que le ofrecían dos monedas, una era de mayor tamaño, pero de menor valor. Él siempre cogía la mayor, aunque su valor fuera inferior, provocando la risa de la gente con su elección, que confirmaba su estulticia.

Un día, un sujeto ajeno al pueblo, vio la escena y le llamó aparte, intentando ayudarle le dijo: ¿Por qué no coges la otra que vale más, aunque sea más pequeña? El tonto le contestó: «Ya lo sé, pero en cuanto coja la otra dejarán de darme la posibilidad de elegir y no podré coger ninguna. Mientras coja esta se reirán pero me seguirá ofreciendo el coger una de ellas». El visitante se quedó sorprendido y se percató de que los verdaderos tontos eran los que menospreciaban a aquel sujeto.

Recuerdo otra anécdota cuando andábamos implicados en la reforma psiquiátrica en Andalucía. Intentábamos reinsertar en la sociedad a los ingresados en el manicomio, que en muchos casos no eran más que débiles mentales. En la visita a una familia para que acogieran a un pariente, le dijo un compañero, en un osado comentario, que el sujeto no era un paciente psiquiátrico, sino un débil mental o tonto y que era bueno que en todos los pueblos hubiera un tonto. El señor, como buen pueblerino era astuto, le respondió: «Sí, pero aquí ya tenemos al alcalde». Es cierto que a una autoridad se le supone una capacidad intelectual y está sometido a la crítica de los demás de forma especial, hasta poder convertirse en chivo expiatorio. Mientras más alto esté el idiota, más elevaremos el listón de nuestra inteligencia.

En todos los pueblos suele existir un tonto. Tiene su función social, pero nadie lo valora como un verdadero servidor de la salud mental del pueblo. En este mundo siempre andamos con las comparaciones. Es el espejo donde nos vemos y nos juzgamos. Es un sistema de valoración en relación a los demás. Recordemos que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. O sea, según lo que haya a nuestro alrededor nos sentiremos de una u otra forma. Entre la gente bella soy feo, pero entre la gente fea soy guapo. Somos más altos según con quien nos comparemos, más gordos o más flacos, más listos o más tontos.

En mi barrio hay un chico que vive feliz con su estulticia, todos cuentan anécdotas de él, haciendo reír sus ocurrencias al poner de manifiesto su idiotez. Lo curioso es que me he encontrado, en algún momento, riendo a otros que no le andan a la zaga en bajo nivel de inteligencia. Entonces he pensado cuan feliz se sentiría aquel pobre hombre que al compararse con el tonto del pueblo salía tan bien parado. El tonto del pueblo pone el baremo bajo para que cualquiera pueda sentirse importante, inteligente y cargado de valor. Pero eso no hace que sea más listo, ni incrementa su valor real, sino que en la comparación sale ganando.

Sistema comparativo

En el fondo, amigos míos, es un sistema comparativo que se establece con el exterior, pero que se olvida de lo principal, de los valores internos y de las potencialidades de cada cual. La comparación intersujetos (con otros sujetos) es una forma de reconocimiento o valoración social, pero la importante es la intrasujeto (con uno mismo), aquella que nos hace ver nuestro rendimiento en función de nuestras potencialidades.

Yo les decía a mis hijos que un niño con inteligencia para sacar un 9 de nota y saca un 8 tiene menos valor, en su esfuerzo, que uno con capacidad para un 4 y saca un 5, aunque en la comparación el 8 sea muy superior al 5. A cada uno le es dado un potencial y su obligación es desarrollarse en función del mismo.

Por tanto, mira hacia el interior y ve cuanto vales. No te compares solamente con los de fuera, pues puede que al final el tonto de la moneda sea más inteligente que tú, aunque le ofrezcas las dos piezas para que elija y lo dejes en evidencia.

Así pues, el tonto del pueblo tiene un alto valor social, como es hacer felices a los otros tontos que se ríen de él. Habría que meterlo en nómina o hacerlo funcionario del ayuntamiento… pero, claro, como diría el pueblerino de la anécdota, «ya tenemos al alcalde».

sábado, 18 de julio de 2026

La historia en mi memoria (II)


Opinión | Tribuna

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La opinión de Málaga el día 18 JUL 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/18/historia-memoria-ii-132568003.html

La Guerra Civil y sus secuelas marcaron la vida de las familias humildes y la represión sufrida, junto a la precariedad, el miedo y la lucha por la supervivencia en la España de posguerra

Recoveras, el estraperlo para sobrevivir en la posguerra española

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Hoy, 18 de julio, se cumplen 90 años del Golpe de Estado que desembocó en la contienda civil. No hay nada más horroroso que una guerra entre hermanos, entre paisanos y compatriotas. Las rencillas ocultas, la confrontación ideológica y los odios encubiertos afloran con especial virulencia.

Una aciaga fecha en la historia de nuestro país que ojalá no se hubiera dado nunca y esperemos que no se repita. La semana pasada publiqué la primera parte de esta reflexión o relato personal con la única intención de presentificar parte de la historia que se vivía en mi niñez, experimentada desde las carencias, que envolvió una etapa decisiva en el desarrollo de la infancia a mediados del pasado siglo… era el mundo de la «nada», de las privaciones.

El mundo de la «nada» era rico en hambre, miseria, marginación, dolor, sufrimiento y pena, sin olvidar el miedo y el sometimiento formal y vejatorio que debía otorgarse al amo de la tierra para quien se trabajaba. Por tanto, quien nadaba en la «nada» era el campesinado andaluz en general y más en particular el que profesaba ideas republicanas y estaba estigmatizado como rojo o familiar de rojo tras la contienda. Al menor atisbo de rebeldía, de disensión, la Guardia Civil entraba en acción exhibiendo un alto grado de violencia y autoridad, metiendo el miedo en el cuerpo de los más valientes, por lo que solo en la clandestinidad se podía contactar con los correligionarios y debatir ideas.

Recuerdo, con cierto desasosiego, cuando mi padre escuchaba, a baja voz, la Pirenaica ―para quien no lo sepa era la emisora clandestina de Radio España Independiente, que lanzaba proclamas contra el franquismo― y mi madre le decía: «Antonio, por favor, que te va a escuchar algún vecino y te va a denunciar a la Guardia Civil y te llevarán preso».

Para más INRI al socaire de la penuria, algunos fieles al Movimiento, compraron innumerables patrimonios de los vencidos a precios irrisorios, obligados a vender por la apremiante necesidad, cuando no por la coacción. Esto no quiere decir que la maldad, la codicia y avaricia fueran generalizadas, pues había gente noble que, al amparo de la asimetría de poder y económica, ejercían la caridad y ayudaban a quienes padecían privaciones, en algunos casos desde el beneficio egoísta que otorga una buena obra de compasión, en otros su obra permanecía en el anonimato. De todas formas, pienso que la caridad palia la injusticia pero no la elimina. Hay momentos en que es mejor recoger las migajas de la mesa del señor antes que morir de hambre, máxime si esa voluntad de dar viene acompañada de una desinteresada bondad.

La derrota de sus aliados

En estas se andaba cuando, finalmente, son derrotadas las potencias del eje en la segunda guerra mundial. Los valedores del régimen franquista son vencidos. En el juicio o proceso de Núremberg se determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del III Reich alemán. Esa losa pesaba sobre la conciencia de los franquistas y el miedo a perder el poder y encontrarse en la circunstancia de sus aliados era lógico. Hicieron piña, manifestaciones de apoyo al Caudillo, reclamaron el título de reserva espiritual de occidente, rechazaron injerencias externas e hicieron chanza de su exclusión de la ONU: «Si ellos tienen ONU nosotros tenemos dos», decían los manifestantes en la plaza de Oriente madrileña; pero hubo algo que jugó a su favor, como era el ferviente anticomunismo del régimen. En un momento de tensión de las potencias occidentales con la extinta Unión Soviética, en plena guerra fría, Franco podía ser un buen aliado. Solo se necesitaba pactar a favor de los intereses de occidente.

EEUU, como siempre, perfecto halcón de caza, supo aprovechar la situación para negociar el abrirle las puertas de la ONU a España y sacar tajada. El convenio con los EEUU fue algo diferente a un tratado bilateral; fue el contrato que garantizaba la persistencia del régimen de Franco a la sombra de la potencia occidental. Los EEUU montaron las bases militares que necesitaron para su avanzadilla en Europa, en la retaguardia del frente de un posible conflicto con los rusos. Zaragoza, Torrejón, Morón de la Frontera, Rota y otros puntos de menor importancia, fueron entregados para su uso por los norteamericanos. A cambio, además del apoyo político al régimen, se rearmó el ejército y fluyó el dinero para paliar la mísera economía del país, pero, sobre todo, lo que importaba era el paraguas protector de los EEUU.

Vuelve el señorito a caballo

Mientras tanto, la estampa habitual del campo andaluz era la imagen del señorito montado en su caballo, con fusta en ristre, recorriendo sus posesiones y controlando, a través de sus capataces, que el campesino trabajara denodadamente. Un acto de soberbia, exhibición y poderío, que plasmaba las diferencias de clase y ponía las cosas en su sitio. Fueron muchos los hombres humillados, las mujeres atropelladas y forzadas, los niños explotados a manos de estos desaprensivos, solo por la contrapartida de contar con qué comer o por el miedo. Si bien, en muchos casos, se daba esa ética feudal de defensa de sus buenos y serviles trabajadores, a los que se respetaba como un bien en propiedad que se cuida para mantenerlo en buen uso, incluso, en algunos casos se dieron relaciones de connivencia y amistad entre el amo y el trabajador. O sea, un neo o pseudofeudalismo del campesinado andaluz.

Finalmente he de señalar que la ilusión de que las potencias occidentales, sobre todo los EEUU de donde surgió la brigada Lincoln para apoyar a la República durante la guerra, invocaran la libertad del pueblo y ejercieran presión para cambiar el régimen, se fue al garete. El pragmatismo americano se impuso a sus ideologías, tan manoseadas, sobre la libertad. La resistencia antifranquista, que se había incrementado e infiltrado desde Francia tras el final de la guerra mundial, fue muriendo per se y a causa de la presión y represión de la Guardia Civil y del ejército. El régimen quedaba a salvo y se perpetuaba con el beneplácito de los gobiernos occidentales. Eso sí, las cárceles andaban repletas de presos políticos a los que se fue liberando con cuentagotas, no sin antes someterlos a vejaciones y trabajos faraónicos, como el caso de la basílica del Valle de los Caídos, hoy Cuelgamuros.

Este esbozo sobre la historia podría ser interpretado como sesgado y parcial por los seguidores del régimen franquista, incluso, remarcar que los otros eran más malos, y reprocharme por qué no aludo a lo que hubiera sido de España si la contienda la hubieran ganado los republicanos. A parte de mi convencimiento personal de que la República hubiera sido viable con una sosegada actitud por parte de todos, y que hubiese resultado lo mejor para España si tomaba como modelo a países de marcados principios democráticos, he de decir que la tendencia o inclinación hacia el mundo comunista, que representaba Rusia, fue forzada por la falta de ayuda de las democracias occidentales incapaces de implicarse en su defensa, o miedosas de airar a Hitler. Creo, por tanto, que si hubieran cumplido su papel defensor de la libertad los países como Francia, Inglaterra y los EEUU desde un principio, todo hubiera acabado de diferente forma, ubicando a España en la órbita occidental y arrancándola de las garras del fascismo.

Pero, por otro lado, soy de las personas que no creen en el llamado razonamiento contrafáctico, es decir, en el pensamiento hipotético sobre qué hubiera sido si en lugar de este hecho hubiera sucedido este otro… O lo que es lo mismo, establecer hipótesis de cómo hubiera sido España si la guerra la ganan los republicanos. Siempre serán hipótesis no contrastadas que pueden responder más a los deseos que a la posible realidad que se fuera a dar. Por tanto, solo me he limitado, y limitaré, a analizar, desde mi punto de vista, lo que se dio en el entorno que me tocó vivir y me envolvió. En este sentido, mi verdad no es una verdad absoluta, sino la mera visión de un sujeto mediatizado por sus experiencias vitales, sus vivencias y la forma de afrontar esa vida mediante el razonamiento y las convicciones que del mismo se fueron derivando.

 


sábado, 11 de julio de 2026

La historia en mi memoria (I)

 Opinión | Tribuna

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 11 JUL 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/11/historica-memoria-132341837.html

La contienda civil de 1936-1939 dejó al país empobrecido económica, intelectual y socialmente, imponiendo una idea única y una profunda brecha entre vencedores y vencidos.

Arando la tierra. / l.o.

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El próximo sábado, 18 de julio, se cumplen 90 años de la rebelión militar que llevó a nuestro país a vivir uno de los episodios más luctuosos de su historia, como fue la contienda civil. Ojalá nunca vuelvan a darse circunstancias tan tremendas, haciendo aflorar el horror de una confrontación entre hermanos y despertar el instinto asesino de desalmados que cultivan la maldad sembrada por el odio, siempre irracional.

No era la primera vez que se daban unos hechos tan horribles. El siglo XIX fue el más nefasto para nuestra patria. Empezó con la llamada Guerra de la Independencia que destrozó el país, se diluyó el imperio, se originaron tres guerras carlistas y acabó el siglo con la derrota ante los EEUU y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas (1898). La guerra del Rif inicia mal el siglo XX.

Es importante conocer el pasado y, los que ya nos vamos y lo vivimos, no está mal que dejemos constancia del recuerdo, un testimonio del sufrimiento y la penuria de una sociedad maltrecha por la guerra civil. Tal vez sea disuasorio para las generaciones más jóvenes y les lleve a descubrir los caminos de la convivencia en paz y armonía.

Ahora estamos atravesando momentos difíciles, donde afloran viejas ideas totalitarias y excluyentes y se cultiva el desencuentro. La política ha dejado de ser constructiva para convertirse en canallesca, donde el insulto y la descalificación cobran terreno despertando el atavismo de un pasado pavoroso.

Procesiones. / l.o.

Los efectos de la Guerra

Tras tres años de guerra fratricida entre las dos Españas (1936-1939), el país quedó empobrecido económica, intelectual y socialmente… sumido en la miseria. Se impuso la idea única, el nacionalcatolicismo, el liderazgo forzado de un «caudillo» rebelde ante el poder legítimo y se abrió una tremenda e injusta brecha entre el pobre y el rico, entre las dos Españas, una ostentando el poder y la otra sometida; una soberbia y arrogante y otra humillada. Pensar distinto al sistema era considerado traición, y el traidor no merecía vivir. El pavoneo de las camisas azules, de los adeptos al poder, era denigrante y vejatorio. Si tu bando era el vencido siempre serías sospechoso, blanco de las iras y propenso a los escarnios y maltratos. La tortura era un instrumento habitual para sacar confesiones, a veces infundadas para escapar de ella.

Pero hay otra sangría que empobrece más al país, si cabe. Se trata de la marcha al exilio de grandes mentes, de personas del mundo intelectual y técnico que se ven obligadoas a refugiarse en el extranjero. No hablo, pues, solo de los ideólogos y luchadores que marcharon a Francia tras la contienda y que fueron tratados injustamente; aquellos que, a la postre, combatieron al lado de las tropas francesas en la contienda mundial contra el nazismo alemán, con la esperanza de poder volver a su patria ayudados por los vencedores de esa guerra. Me refiero, sobre todo, al mundo intelectual. A los que fueron eliminados físicamente como el caso de Federico García Lorca, al amparo de la locura asesina de un general sanguinario como era Queipo de Llano, que sembró el miedo y el terror en Andalucía con sus discursos radiofónicos incitando a la tropelía de la tropa. La historia, si es justa, debe dejar a este sujeto como inductor asesino de miles de ciudadanos andaluces, ajusticiados a sangre fría y sin juicio ni derecho a la defensa.

Ahora bien, no nos engañemos, durante la contienda cayeron intelectuales de ambos bandos a manos del enemigo. A su término siguieron cayendo los adeptos a la República a consecuencia de la represión y la cárcel, como el caso de Miguel Hernández. Fueron exaltados como héroes o mártires los caídos del bando vencedor, en monumentos funerarios, iglesias y libros de texto, mientras los fusilados republicanos permanecían en las cunetas y en fosas comunes, como muchos aún lo están.

Los intelectuales que escaparon de la muerte, según el bando, tuvieron distinta suerte. Los vencedores pasaron a ser el sostén intelectual del régimen, si bien era el régimen el que definía su conducta e ideas y no ellos a este. Es decir no había librepensamiento, sino sumisión ideológica y aportación a la consolidación del sistema. Si alguno de ellos se salía del guion era repudiado, como el caso del propio Hedilla ―aunque sea dudoso el apelativo intelectual, más bien ideólogo― jefe falangista que se opuso a la unificación de esta con los tradicionalistas bajo el mando de Franco, por lo que fue acusado de conspirar contra él y condenado a dos penas de muerte, posteriormente conmutadas, hecho que le apartó de la vida política hasta su muerte en 1970.

El exilio intelectual republicano

La intelectualidad republicana que marchó al exilio fue muy numerosa y de gran calidad en muchos casos. Las cabezas mejor dotadas de España, intelectuales, profesores, científicos, profesionales de las artes plásticas, escritores o poetas, como Francisco Ayala, Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Rafael Alberti, Pau Casals, Pablo Picasso, Ramón J. Sender, Pedro Salinas, María Zambrano, Manuel Altolaguirre, Rosa Chacel, Luis Cernuda, Juan José Domenchina, Elena Fortún, José Gaos, Jorge Guillén, María Teresa León, Emilio Prados, Claudio Sánchez Albornoz, Luis de Zulueta y un amplio etc... Todos ellos fueron a enriquecer la cultura y el conocimiento de otros países de acogida, pues aquí ya no cabían ni podían desarrollar su creatividad y pensamiento. La guerra creó un orden dictatorial donde todo estaba sujeto a los intereses del régimen. Este poema del zamorano León Felipe, una malaventura que le echa a Franco, el gran responsable de la guerra, viene a mostrar el estado de ánimo de la intelectualidad en el exilio:

«Franco, tuya es la hacienda, / la casa, el caballo y la pistola. / Mía es la voz antigua de la tierra. / Tú te quedas con todo y me dejas desnudo / y errante por el mundo... / Mas yo te dejo mudo... ¡mudo! / Y ¿cómo vas a recoger el trigo / y a alimentar el fuego / si yo me llevo la canción?»

Respecto a la ciencia pasa tres cuartos de lo mismo. Fueron numerosos los médicos españoles que se exiliaron en México y otros países al finalizar la guerra. Nombres como Augusto Pi i Sunyer, José Puche Álvarez, Isaac Costero, Gustavo Pittaluga, Ángel Garma, Severo Ochoa o Miguel Prados Such, hermano del poeta Emilio Prados, muestran lo profundo del golpe que recibieron tales disciplinas en España. En el texto de la ley que crea el Consejo Superior de Investigaciones Científicas queda de manifiesto como hasta la ciencia debía retroceder dos siglos para inspirarse en las «ideas esenciales del Glorioso Movimiento».

La España de la «nada»

Entonces se impone la España de la «nada». No había libertad de religión, de ideas política, de pensamiento, de educación, de tránsito, de sindicación… todo estaba controlado. El superyo freudiano, o sea el control de la conciencia, estaba condicionado por la iglesia, su clero y su credo e ideario político. La socialización del niño recaía en los curas y maestros, donde prevalecía el adoctrinamiento religioso y político, por lo que el cauce de las ideas, el pensamiento, los valores y principios estaban intervenidos también por la iglesia y los principios del llamado Movimiento Nacional.

La otra «nada» hace alusión al alimento, a la ropa, a la vivienda, a las necesidades más básicas. Hambre, miseria y padecimiento fueron las constantes que sufrieron los niños y mayores de la clase obrera y trabajadora. El racionamiento, el queso y la leche en polvo que, caritativamente, se recibía en las escuelas no se pueden relegar de las infantiles mentes, ya maduras y ancladas en la tercera edad en la actualidad. Cuando pienso en ello aflora a mi garganta aquel sabor singular de la leche y el queso americano.

Esta «nada» no era general, pues muchos vencedores disfrutaban de prebendas y acceso a recursos vedados a los vencidos y al pobre. El trapicheo, contrabando y estraperlo eran formas de enriquecerse más los ya pudientes y adeptos al régimen, mientras eran castigados muy severamente los otros actores. Por tanto, en ese mundo de la «nada» se trabajaba casi por nada para poder comer algo. En él estaban los campesinos, obreros y pobres, los gitanos, los proscritos, los rojos y vencidos, la clase trabajadora, salvo quienes habían luchado al lado de los vencedores o eran serviles con los poderosos y ricos hacendados.

(Continuará)

 

La crisis de Ceuta

  Opinión | Tribuna Por: Antonio Porras Cabrera Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 22 AGO 2026 7:01 Enlace: https://ww...