lunes, 23 de febrero de 2026

IN MEMORIAM DE ANTONIO MACHADO

 


Antonio Machado, el más joven de los representantes de la generación del 98, fallecía el día 22 de febrero del año 1939 en Colliure, en un forzado exilio al que le llevó la guerra provocada por el levantamiento militar contra la II República. Aunque hoy se cumpla el 87 aniversario de aquella desgracia, Machado se hizo inmortal a través de su obra. 

Recientemente se ha producido un debate y confrontación respecto a las jornadas que en Sevilla se pretendían llevar a término, sobre si la guerra la perdieron todos los españoles. En realidad y es de lo más lamentable, la guerra la ganaron los curas y la perdieron los maestros y con ello, la perdió el pueblo que volvió a someterse al clero que ahogó la enseñanza libre e impuso el dogma religioso y la sumisión, asfixiando la libertad.

Antonio Machado, digno hijo del Instituto Libre de Enseñanza, fue un ejemplo de compromiso social con una España que empezaba a despertar desde el laicismo, confrontando con viejos planteamientos docentes de contenido religioso, adoctrinador, que pretendían mantener el influjo anacrónico de la Iglesia.

El 14 de abril participó activamente en la proclamación de la II República desde el balcón del Ayuntamiento de la ciudad de Segovia y se mantuvo fiel a ella hasta el final de sus días.

Hace años, cuando visité su tumba en Colliure, dejé en un buzón, que disponen para ello, un poema dedicado a su figura. Hoy querría también dejar mi testimonio y admiración al gran poeta a modo de recuerdo en este día tan señalado. Le escribo esta décima especial, pues no es octosílaba sino endecasílaba, dedicada a su figura.

 

Recuerdos de su patio de Sevilla

con intenso perfume de azahar

que eleva a la memoria del altar

la gloria que sembrara su semilla.

Resultó de tal lance maravilla

que fraguando en su esencia de poeta

su espíritu sutil en la meseta,

dedicando sus versos a Castilla

convertida en recuerdos de Sevilla,

al olmo viejo canta su saeta.

sábado, 21 de febrero de 2026

El poder de un dios menor

 

Opinión | Tribuna

 Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 21 FEB 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/02/21/dios-menor-127089970.html

El ego, cuando alcanza límites tan elevados, suele ir acompañado de un sentido de impunidad, como ser superior que se ubica por encima de todos los demás

Frío saludo entre Pedro Sánchez y Felipe González / agencias

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El gran escritor ruso Fiódor Dostoyevski, en su excelsa obra ‘Crimen y castigo’, pone en boca del protagonista, Rodión Raskólnikov, una interesante reflexión al manifestar la convicción de Rodión de que es lícito el crimen ejecutado por seres superiores, por líderes y mentes privilegiadas, que lo cometerían para salvar a la sociedad de una situación deleznable, de injusticia, o procurarles una mejor vida. Los grandes líderes, los Napoleones, han cometido asesinatos y crímenes bajo el convencimiento de que era un mal menor para conseguir un objetivo superior. Esa idea, descrita por él en un artículo publicado por una revista, parece que cuaja en su mente y, ante la miserable y usurera prestamista, Aliona Ivánovna, él se siento autorizado para eliminarla y salvar al mundo de una arpía, por lo que decide matarla, tras visitarla en numerosas ocasiones y humillarse ante ella para conseguir empeñar, lo mejor posible, sus prendas, entendiendo que es justo que él le arrebate su dinero.

Finalmente la asesina al amparo de ese convencimiento de ser superior que se asigna. Pero ha de asesinar también a su hermana Lizaveta, mujer virtuosa, para no ser descubierto, entendiéndolo como un daño colateral. En todo este maremágnum emocional, de crisis existencial y de conflicto interno ético y moral, acaba descolocado, enfermo y su pensamiento trastornado. Así entiende que no es el superhombre que tenga derecho a cometer un crimen, sino el ser normal que ha de gestionar su culpa y, como culposo, requiere reparar el mal. La culpa le va hostigando hasta entregarse y confesar el crimen.

El héroe inimputable

En esta línea cabe denotar que los héroes de nuestra sociedad no suelen ser las buenas y virtuosas personas, sino los aguerridos guerreros que mataron enemigos hasta derrotarlos en la batalla, usando variados recursos poco exigentes de ética o moral, donde la crueldad puede llegar a ser un valor añadido del héroe. Tenemos una perversa concepción del heroísmo, una atracción fatal por la maldad, una exaltación de la fuerza como manifiesta Rodión a Sonia: «Y ahora sé, Sonia, que tiene poder sobre las personas quien es más fuerte por su inteligencia y su espíritu. Para la gente, el que se atreve a mucho es el que lleva la razón. El que más cosas menosprecia se convierte en su legislador y el más atrevido es el más escuchado. Así ha ocurrido hasta ahora, y así será siempre. ¡Sólo un ciego no lo vería!»

La teoría de Nietzsche sobre el superhombre guarda cierta coincidencia con el planteamiento que manifiesta Rodión Raskólnikov, en el artículo ya mencionado. En todo caso, dejo estas pinceladas sobre la trama a modo de marco de referencia, para encuadrar mi argumentario posterior.

Los dioses menores en la historia

A lo largo de la historia se ha asociado el poder con la divinidad. Faraones, emperadores, reyes y dictadores se proclamaron bendecidos y legitimados por Dios, cuando no sus hijos o dioses menores, con poder sobrenatural para hacer y deshacer a su antojo. Nuestros reyes lo eran por la gracia de Dios, incluso Franco se otorgaba su bendición y hacía poner en las monedas ‘Caudillo de España por la gracia de Dios’. El inculto y analfabeto pueblo, sometido intelectualmente a los gurús religiosos y políticos del momento, quedaba atrapado en sus discursos al no tener razones argumentadas para rebatirlos.

Lo curioso es que en estos tiempos, cuando no debería existir la indigencia intelectual que se viene observando, dado el acceso a medios de información y la teórica capacitación de la gente, avalada por un mayor conocimiento y desarrollo intelectual, seguimos cayendo en la trampa. Asumimos el papel de gregarios de sujetos de escaso intelecto pero expertos en el manejo de la comunicación y la manipulación, dando valor al «puto amo» o al Dios menor que asume el liderazgo del grupo.

Dios, «el puto amo» y la megalomanía

Se asigna a Pedro Sánchez ser el «punto amo», idea sembrada en sus propias filas, que recoge Óscar Puente en unas declaraciones cuando dice: «Pero es que Pedro Sánchez no es que tenga predicamento, es que es el ‘puto amo’. Esa es la realidad». Frase muy criticada por la oposición y por algunos de su propio partido. En realidad es un término poco agraciado y prosaico, pero que viene a mostrar que no tiene rival en el partido que pueda competir con él. Feijóo no es el ‘puto amo’ en el PP, pues tiene rivalidad interior por alcanzar el calificativo, como puede ser el de ‘puta ama’ que parece pretender Ayuso, que tanto disfruta de la fruta. En todo caso el calificativo tiene un tufo poco halagador, con matices autoritarios que suenan desagradables al oído democrático.

Luego está otro calificativo de mayor postín como es la identificación de Felipe González con Dios. Es el sumun, pues si Pedro es el ‘puto amo’, González le superó desde el trono divino que gozó su figura en los mejores momentos de su liderazgo. Entiendo que cuando un colectivo percibe a su líder como el ‘puto amo’ o el Dios ha entrado en una dinámica de sumisión que le hará perdonar cualquier barrabasada que cometa en base a la teoría del ser superior, al que se le permite todo porque se comprende que sus actos, aunque puedan ser reprobables, se orientan a un beneficio mayor para la sociedad, siguiendo el planteamiento de Rodión en ‘Crimen y Castigo’.

La exaltación del líder, que hoy debería ser siempre cuestionable, es un ejercicio de consolidación del liderazgo autoritario. No deja de ser significativa, y con cierta dosis de humor, la alusión a la iglesia Aznariana que Wyoming hace, de vez en cuando, en el programa El Intermedio. No obstante, tengo la leve sospecha de que el señor Aznar disfrutará con esa imagen que transmite de él y de su influjo divino. Es evidente que, en gente como esta, en líderes políticos y de cualquier otro tipo, el ego se alimenta de estos y otros hechos que, aunque sean a caballo del humor, hacen resaltar ese yo desmesurado que les suele acompañar.

El ego impune

Mas el ego, cuando alcanza límites tan elevados, suele ir acompañado de un sentido de impunidad, como ser superior que se ubica por encima de todos los demás, y que solo ha de dar cuentas ante Dios y ante la historia, olvidando que en democracia las cuentas se rinden ante el elector (he ahí el caso de Trump, Netanyahu y otros). Es una megalomanía delirante, que aboca a la sociopatía, en la que una persona no demuestra discernimiento ético entre el bien y el mal e ignora los derechos y sentimientos de los demás. También entendida como un patrón crónico de manipulación, engaño, desprecio por los derechos de los demás y ausencia de remordimiento, al sentirse por encima de leyes y normas que puedan condicionar sus decisiones.

Es importante evitar el acceso al poder de gente con patologías y alteraciones o trastornos de la personalidad que pudieran condicionar el buen ejercicio de la política, cosa que parece no se consigue, dado que venimos observando conductas poco edificantes entre muchos de nuestros líderes y lideresas a nivel nacional e internacional, donde parece que ha aflorado la era de los dioses menores ejerciendo la política y actuando desde la prepotencia, propia de la egolatría, carente de respeto a la ley y la norma democrático que permitió su ascenso al poder. Las ideologías del pasado asoman la patita amenazante.

Algunos posibles trastornos de la clase política

Concluyo indicando que se han descrito variadas manifestaciones, síndromes o alteraciones que pudieran considerarse nada recomendables, en las que pudieran encajar las conductas de algunos de nuestros líderes, como son:

El síndrome de Hubris (o de hibris), que es un trastorno de la personalidad caracterizado por un ego desmedido, soberbia, confianza excesiva y desprecio por las opiniones ajenas, comúnmente denominado «la enfermedad del poder».

La triada oscura de la personalidad, que agrupa tres rasgos negativos que comparten una naturaleza malévola: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía.

El trastorno histriónico de la personalidad, que se caracteriza por una búsqueda constante de atención, emotividad excesiva y comportamientos teatrales o seductores, tan presente en el escenario político.

Y alguna otra alteración que suele afectar a líderes y personas en altos cargos, provocando aislamiento de la realidad y comportamientos imprudentes. Aunque no se pueda, en general, considerar una patología psiquiátrica formal, pueden entenderse como una definición sociológica de conductas reprobables. En todo caso, propongo al lector el ejercicio de vislumbrar los rasgos que revisten a cada uno de nuestros líderes desde su neutral independencia, si ello le es posible.

 

lunes, 16 de febrero de 2026

Marte puede esperar

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 16 FEB 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/02/16/marte-esperar-126870146.html

Estamos ante oligarcas triopes, marcados por la triada oscura de la personalidad, con rasgos de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía

Elon Musk, director ejecutivo de Tesla. / EFE

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Nunca como en estos oscuros tiempos de desasosiego y tribulaciones, ha sido tan necesaria la luz para esclarecer el futuro. Pero la luz se muestra entre tinieblas, entre tergiversaciones, bulos y manipulación, desenfocada de la verdad, con discursos forjadores de posverdades para atrapar voluntades desde lo emocional, obviando lo racional y engañando a la gente de bien, hasta llevarla al puro egoísmo que les hace crueles con sus semejantes, sin percatarse de que sus actos irán contra ellos mismos en el futuro que se fragua, como ocurrió hace un siglo en la vieja Europa que aún llora su desgracia y persisten las heridas y el trauma que la avoca a la nimiedad si no espabila.

«Marte puede esperar, pero la humanidad no», decía Pedro Sánchez en referencia a los proyectos megalómanos de Elon Musk. Tal vez esa frase sea la representación verbal más significativa de una realidad que va cuajando. Donde se encierra toda una filosofía social y política, sobre todo cuando se hace hincapié en que la humanidad no puede esperar, a pesar de que lleva siglos esperando con su desesperanza. Subyace la preocupación sobre los derechos del ser humano y su desarrollo igualitario. Se tambalea la sensibilidad social y la aplicación de la filosofía de vida de un sistema político de justicia social, que hoy ningunea el espíritu MAGA sembrado en el entorno de los oligarcas y propagado a caballo de sus propias redes sociales, con clara intención de beneficio propio.

La amenaza del nuevo orden

Curiosamente, cuando Sánchez ha manifestado esa preferencia de la humanidad sobre Marte, plantea una seria reflexión que cada cual, sea o no de su cuerda, debería ejercitar para ver con mayor claridad en estos oscuros tiempos, como ya he mencionado. Debió de hacerle pupa a Elon ese cuestionamiento, la propuesta de legalizar a los inmigrantes residentes en España desde antes de fin del pasado año y las declaraciones del presidente español en la Cumbre Mundial de los Gobiernos en Dubai, pues saltó de inmediato con toda su artillería, en una injerencia en la soberanía nacional, llamando a Sánchez «tirano y traidor al pueblo de España», a través de un mensaje en su red social. Estamos ante oligarcas triopes, marcados por la triada oscura de la personalidad, con rasgos de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía. Es un claro síntoma de que pasan al ataque, a defender su proyecto de futuro, de dominación desde el trono del poder que otorga el dinero.

La cuarta revolución industrial, la tecnológica, la de la inteligencia artificial (IA), la nanotecnología y la gestión de la Big Data, está rompiendo el tablero. Se trata de establecer un nuevo orden en un contexto diferente donde esas tecnologías son determinantes y, por tanto, quien las domine dominará el mundo. Lo que pone en peligro la democracia en aras de una plutocracia o gobierno de los ricos, si ellos son, al final, los dominadores de ella y escapan a la ley y norma del marco ideológico vigente. Por tanto, necesitan cambiarlo para ejercer el dominio desde el nuevo orden mundial.

Es difícil mantener un equilibrio entre desarrollo tecnológico y social cuando el interés se centra más en el dominio de la tecnología que en el desarrollo del ser humano desde una visión humanista y solidaria. Se están dinamitando los valores esenciales de la convivencia, se rompen mediante el insulto y la descalificación, cuando el sectarismo coloniza las mentes y las arrastra a la alienación defendiendo principios y valores inhumanos, con el claro interés de deconstruir el sistema para conformar otro alternativo, donde aflore la idea de un feudalismo tecnocrático para sustituir la democracia por una plutocracia basada en la sumisión de sus súbditos abducidos por la simpleza del pensamiento único.

Estamos perdiendo el norte

Estamos perdiendo el norte de la esencia humana, si es que alguna vez lo hemos tenido. Los modelos educativos han creado los perfiles ciudadanos que interesaban al poder desde siempre. Ahora podría ser diferente, dado el influjo de las redes y los medios en una sociedad que se presume la mejor preparada de la historia en cuanto a conocimiento y recursos. Pero seguimos forjando personas acríticas cuyo pensamiento obvia su propio interés en el autodesarrollo para proyectarse en bendiciones a los megalómanos proyectos de otros, que se llenan los bolsillos en contra del propio votante. Decía Honoré Balzac que «detrás de toda gran fortuna existe un crimen». Lope de Vega, tres siglos antes, viene a decir casi lo mismo: «Que la sombra de un hombre poderoso, /claro en linaje, mil delitos cubre».

Mas no digo esto como mera acusación ante el enriquecimiento exacerbado, sino como invitación a la reflexión sobre el tema. El rápido enriquecimiento tiene hoy variados métodos y formas que ofrecen los mercados, cada vez más ausente de moral y de ética, si es que alguna vez la tuvieron, dentro de una filosofía neoliberal que nos vende libertad cuando habla de darwinismo social, de depredación y estrategias mafiosas de grupos de poder. La explotación de los propios seres humanos incluyendo la infantil, la ingeniería financiera, las bolsas, el surgir de los nuevas valores económicos como las criptomonedas que nos ubican en otra dimensión, son un campo de cultivo de esa riqueza que se consigue más acorde con la especulación que con la producción.

Los oligarcas surgen como setas al amparo de esos grupos que cobran poder para reafirmar la tendencia hacia la plutocracia. El Estado les sobra o, en todo caso, se ha de plegar a sus designios para que sea su servidor y no su controlador. Cualquier idea de igualdad, justicia social o impuestos como forma de redistribución de la riqueza o discriminación positiva es considerada atentatoria para sus intereses y, por tanto, denostada y censurada. Todos los males se le adjudican, despectivamente, a la llamada ideología woke, asimilada al progresismo por los defensores de la otra ideología, la MAGA, que entiende el progreso como la riqueza material.

El cambio del proceso educativo

Por tanto, les es imprescindible conseguir, no solo dominar el poder, sino cambiar el sistema educativo, desvestirlo de valores filosóficos clásicos, del espíritu crítico, de la intencionalidad de enseñar a pensar, a razonar objetivamente mediante un vasto conocimiento que garantice la excelencia del pensamiento racional, para llevarlo a la simpleza del pensamiento lineal superficial basado en consignas y frases de puro marketing, de eslóganes sencillos y contundentes con un mensaje vacuo, de una simpleza insultante.

Las redes sociales son el instrumento esencial para ese fin. En ellas se otorga el mismo valor a un idiota que a un científico y se manipula, a conveniencia, cualquier relato mediante posverdades, bulos y falsas noticias. Lo verdaderamente peligroso es que cada vez se accede antes a los instrumentos que soporta esas redes. Es normal ver a niños colgados de un móvil y a jóvenes sometidos a influencer. El contexto educacional ya se ha alterado, las redes están arrebatando a las escuelas el protagonismo en el proceso educativo y su oferta de conocimiento elaborado, aunque fuera falsario, permite no esforzarse en sacar conclusiones, ya te las dan hechas, ofreciendo un amplio abanico de materias y productos de distracción que apresan al joven en la trampa.

Tal vez por eso exista tanto cabreo cuando aparece la idea de controlar el acceso a las redes de jóvenes menores de 16 años. Son ellos los verdaderos objetivos de esta tendencia para lograr el cambio a medio plazo. Son permeables, adultos votantes del futuro y campo de cultivo para crear perfiles de sujetos egoístas, abducidos y sumisos al nuevo orden. El necio dependiente es de especial interés como súbdito de su graciosa plutocracia.

En defensa del valor democrático

En este entorno de hostilidad y tiempos oscuros, renunciamos al derecho de ejercer el valor democrático, a la pacífica convivencia, a la concordia, y nos dejamos arrastrar por el odio y la confrontación irracional entre la ciudadanía al otorgarle el poder a gente de turbios programas, carentes de respeto, tolerancia, empatía y demás valores de convivencia para la paz y el encuentro entre los pueblos y la gente que puebla el planeta. Somos gente pacífica, que solo pretende una vida sana y feliz, de trabajo y desarrollo personal, sin presiones agobiantes que nos lleven a esta locura que nos están creando con sospechosos intereses que se adivinan perversos entre las tinieblas de la noche que nos ha tocado vivir. ¿Seguiremos comiendo las migajas que caen de la mesa del señor?

 


sábado, 7 de febrero de 2026

Saludar es dar salud

 


Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario la Opinión de Málaga el día 07 FEB 2026 7:00

Enlace al diario: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/02/07/saludar-dar-salud-126534602.html

Nuestra imagen, y la opinión que tengan los demás enfermos de nuestra conducta profesional, determinarán prejuicios y expectativas

Cuando un paciente llega a un centro sanitario por requerir algún tipo de asistencia, también elabora una hipótesis y establece unas expectativas. / Álex Zea

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Como profesional de la salud, siempre me preocupó la influencia que pudiera tener, en la relación con los pacientes y su familia, la forma de establecer el primer contacto. También como docente, ha sido habitual hacerles ver a mis alumnos la importancia de realizar una buena gestión del momento de la recepción del enfermo y la familia. Esta tiene una serie de connotaciones que hace del acto una pieza definitiva en el sistema de relación que se establecerá y desarrollará durante todo el tiempo de la asistencia sanitaria; la gestión del primer contacto, pues, es un elemento clave sobre el que pivotará el proceso de interacción.

La acogida

Nuestra habilidad radica en la capacidad que tengamos para analizar la situación inicial y definir el perfil y características del paciente en los aspectos de su personalidad, nivel de maduración, sus preocupaciones, nivel de ansiedad y angustia que le genera la situación, sus expectativas, experiencias anteriores con el sistema sanitario, información que tiene sobre su funcionamiento, conocimiento del medio, disponibilidad y actitudes receptivas o de rechazo, sus habilidades de relación, su nivel cultural, relaciones interfamiliares, rol que desempeña en la familia y sociedad, etc. En suma, hacer un buen análisis de su perfil o rasgos personales.

Una vez detectadas y analizadas estas variables es conveniente poner en marcha un proceso de comunicación que nos haga llegar al paciente y a su familia de la forma más clara y precisa posible, buscando la plena confianza, tranquilidad y colaboración de todos ellos. En este punto, juega un papel importantísimo nuestra capacidad de reconducir la situación hasta el lugar en que nos sintamos gestores del contacto, controlando la interacción inteligentemente para conseguir el objetivo al que me he referido.

Hablar el idioma del que escucha

El control de la capacidad comunicadora es clave. Comunicarse no es informar, es algo más, ya que implica la interacción entre dos o más partes. Por tanto, debemos conocer el nivel de comprensión de la otra parte para garantizar que el mensaje le llegue nítidamente. En este caso, un axioma importante es que «el arte de comunicar es hablar el idioma del que escucha». Recuerdo el caso de un facultativo que informaba a la familia del estado del paciente, con absoluta precisión, pero sobre los resultados de una gasometría. Le daba detalles precisos de los parámetros resultantes de la analítica… que si el pH, la presión parcial de oxígeno (PaO₂), del dióxido de carbono (PaCO₂), el bicarbonato (HCO₃⁻) y la saturación de oxígeno (SaO₂), etc. para concluir en el estado preocupante del paciente y reservándose el pronóstico ante lo inestable de la situación. El familiar que era vecino de un pueblo de la provincia dedicado a la labranza no entendía nada, aunque escuchaba con mucha atención; al final le preguntó: ¿Entonces Dr. cuando lo operan?

Con esta anécdota solo pretendo dejar claro la necesidad de hablar el idioma del que escucha, garantizando, como decía, la correcta comprensión del mensaje por parte del enfermo o el familiar.

Empatizar para comprender

Por otro lado, para comprender la situación, es necesario ponerse en el lugar de la otra persona, empatizar con ella. Sabemos, por propia experiencia, que cuando acudimos a un lugar nuevo o nos presentan a alguien, solemos tomar una posición expectante y elaboramos una hipótesis sobre lo recién conocido. Aquí juegan los prejuicios, la información que tenemos sobre el mismo, experiencias anteriores, etc.

Cuando un paciente llega a un centro sanitario por requerir algún tipo de asistencia, también elabora una hipótesis y establece unas expectativas. Esta hipótesis, con disposición a ser modificada en función de las nuevas informaciones y observaciones que se vayan practicando, es de carácter dinámico y con la intención de aproximarse lo más posible a la realidad, tiene como singularidad el ser abierta. El personal sanitario debe aprovechar esta circunstancia para hacer la reconducción adecuada, buscando la forma de cambiar la desconfianza del sujeto y situarla en la receptividad, confianza, colaboración y, en suma, en una actitud positiva, que permita integrarlo en la actividad terapéutica como un elemento activo desde la perspectiva de paciente. Para ello debemos tener capacidad para interpretar su situación y saber utilizar todos los elementos en que se apoya la comunicación para llegar a él. Nuestra imagen, y la opinión que tengan los demás enfermos de nuestra conducta profesional, determinarán prejuicios y expectativas. Si somos conscientes de que es necesario sembrar un buen concepto personal, donde los propios pacientes se comuniquen valores positivos con relación a nuestra actitud y profesionalidad, llevaremos medio camino andado. Yo, por propia experiencia en mis ingresos hospitalarios como paciente, he vivido esos momentos de toma de información entre pacientes. Es habitual que el sujeto ingresado indique al recién llegado, a petición de éste o por propia iniciativa, quiénes son los profesionales que mejor atenderán sus peticiones, con los que podrá tener mayor confianza, los más agradables, los más competentes, etc.

Capacidades de afrontamiento

Pero, ¿nos faltan habilidades para establecer la relación? Es posible. A veces huimos de las situaciones conflictivas por no tener los recursos y habilidades que garanticen una gestión adecuada del conflicto. Justificamos esto diciendo que no soportamos a tal o cual paciente y que nos crea situaciones estresantes insuperables. Hacemos un afrontamiento de escape-evitación. Sabemos, por experiencia y estudios realizados, que el afrontamiento más efectivo es el directo. Es el que resuelve mejor las situaciones y elimina la persistencia de estrés mantenidas en el tiempo. Dotémonos, pues, de esa capacidad para afrontar los problemas; es una excelente herramienta de trabajo. Podemos y debemos recurrir al intercambio de experiencias con los compañeros en momentos difíciles; ello nos permitirá enriquecernos y nos proporcionará apoyo social dentro del grupo de trabajo.

Por tanto, tú siembras, tú recoges. Si somos inteligentes, entenderemos que una buena siembra lleva a una buena cosecha. Que el cultivo y el trabajo que conlleva es menor cuando la mitad de la faena nos la hacen otras personas, cuando nos disponen de forma receptiva a los nuevos pacientes que vayamos encontrando día a día. Debemos aprovechar la permeabilidad inicial para ir conformando una opinión y una disposición que facilite la relación. Si dejamos que el sujeto establezca un juicio equivocado o no adecuado para la interacción, estaremos permitiendo que se establezca un obstáculo difícilmente superable en días sucesivos, que nos complicará la actuación, el entendimiento y la colaboración del paciente y de su propia familia. Por lo cual el primer objetivo es ganarse al paciente.

Salud dar

Siempre fui aficionado a jugar con las palabras. Además mantuve que no se puede dar aquello que no se tiene. No podrás dar salud ni no la posees; por tanto, preservar la salud del profesional, especialmente mental, es una forma de capacitarle para la ayuda. Hemos que tener, pues, profesionales saludables, que gocen de buena salud y que puedan saludar competentemente. Medio en broma medio en serio, les decía a mis compañeros de facultad que hay que tener clase para dar clase. Fuera de estos toques con ligero tinte humorístico, me gustaría hacer una reflexión sobre el tema que andamos tratando.

El primer contacto que se hace con el paciente es el saludo inicial. Creo que este momento es de vital importancia, ya que es el marco de referencia para establecer la relación terapéutica en su sentido más amplio. Esa relación en la que le vas a dar salud; o sea, saludar, está llena de comunicación no verbal. Dar la mano es un acto cargado de simbología y de matices que crean expectativas en función de esa comunicación no verbal a la que aludía.

En mis tiempos docentes dedicaba, exclusivamente, un seminario sobre comunicación no verbal al saludo. Esperaba a mis alumnos en la puerta del aula y les daba la mano a cada uno de ellos de diferente forma, intentado abarcar el mayor número posible de sus variables, desde el más indiferente al más afectuoso. Luego debatíamos sobre lo que habían sentido ellos en el momento del saludo y cómo les había predispuestos con respecto a mí para establecer el contacto. Finalmente ejercitaban el saludo.

El resultado era muy interesante, tomaban conciencia del poder del saludo y su incidencia en las expectativas del paciente, en la generación de confianza y su actitud para establecer una relación terapéutica. Irvin Yalom y Viktor Frankl, mantenían que «Lo que cura es la relación», es decir la calidad del vínculo humano auténtico entre las personas…

 



sábado, 31 de enero de 2026

Solidaridad… o egoísmo

Publicado en el diario La Opinión de Málaga


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Hay quien habla de solidaridad, de compartir, y se plantea si compartir es egoísmo en su fin último. Siempre mantuve que el motor principal que mueve al ser humano es el egoísmo. Asume sobre sí mismo, en un proceso de filogénesis, la responsabilidad de la perpetuación de la especie. Su principal objetivo es crecer y multiplicarse, para lo cual ha de preservarse por encima de todo, incluso de los de su propia especie, que son rivales en muchos campos, incluido el reproductor. La confrontación darwiniana con el entorno es el campo donde se juega el futuro toda especie. En este sentido, casi todas ellas tienen adquirida una conformación social, por lo general estructurada y poco flexible e instaurada a lo largo del tiempo, como mero resultado del acoplamiento en el proceso evolutivo que procura su supervivencia. Lo sorprendente es cómo un ser tan indefenso y sin recursos físicos para afrontar a sus depredadores, como es el ser humano, puede salir airoso de ese trance si no es desde la solidaridad y la cooperación.

Inteligencia y supervivencia

La inteligencia es la clave, el saber deducir y sacar conclusiones de sus vivencias, el poder discernir sobre los hechos que le acontecen y aprender a enfrentarse a ellos con recursos instrumentales. Desarrollar herramientas y habilidades en función del enemigo al que se enfrenta y todo un proceso de aprendizaje, incluido el control de sus reacciones emocionales, como miedos y actos instintivos instaurados ancestralmente, a la par que una mente flexible y reflexiva de inteligencia superior, le permite discernir y establecer estrategias sociales o solidarias de supervivencia.

Dentro de este sistema de alianzas está la socialización, que es el proceso mediante el cual un sujeto introyecta las normas y leyes que rigen el grupo de personas que integran su cultura social. En suma, un acuerdo tácito a veces escrito, de convivencia para asociarse solidariamente en la defensa, mejora y sostenimiento del grupo o la tribu.

La cultura como argamasa de la sociedad

Para ello, se crean culturas con una serie de principios y valores que consolidan la alianza en la línea que se establezca, si bien esa línea se suele determinar desde el propio poder. Tú no puedes morir, tienes que conservarte, pero si no haces lo que el poderoso o la ley grupal te diga acabarás fuera del grupo, sin protección e, incluso, muerto por ellos mismos. Puedes matar a tus semejantes para mantenerte en el grupo, puedes poner bombas para destruir al infiel, puedes asesinar por la idea alienante que se ha sembrado en ese grupo… El mundo y la historia están cargados de casos en que se hicieron verdaderas barbaridades, por parte de la gente, basándose en que, si no, les matarían a ellos, o defendiendo los valores imperantes en esa sociedad… “Por Dios, por la Patria y el Rey”. La deserción en la guerra estaba castigada con la muerte… O vas a matar o te matamos nosotros por traidor, pero si tú matas al identificado como enemigo serás nuestro héroe y tendrás prestigio social, que es el reconocimiento de haber hecho algo importante por el propio grupo, que es el gran representante de la especie para ese colectivo. Fijémonos en que hay pueblos que se adjudicaron el derecho a ser el pueblo elegido por Dios, para darle más consistencia y verosimilitud al hecho. Eso merece un tema especial de reflexión.

Pues bien, cuando creamos estructuras solidarias con nuestro grupo de referencia estamos estableciendo una vía de solución de problemas personales a través del propio grupo, o lo que es lo mismo, nuestro egoísmo trasciende lo aparente para pasar a ser una conducta de intercambio que favorezca a las partes. ¿Es solidaridad o es buena vista para el negocio compartido?

La conciencia de cooperación

El ser humano tiene otro factor añadido, que son los principios y valores que hemos comentado. Si se crea una conciencia de cooperación con los demás, no podremos sostener situaciones de disonancia donde nuestra conducta sea contraria a nuestros principios, por lo que pasamos a ayudar y solidarizarnos con la otra parte, aunque sea en una mínima, pero suficiente, cantidad que acalle nuestro conciencia y cubra el principio cultural o de valores que nos motivó a ello.

Y aquí presento dos formas de afrontar la relación social y con el propio entorno. Una, que podríamos identificar con el egoísmo más burdo, sería la de aprovecharse de los demás, usar a los otros para cubrir nuestra necesidades, dándoles a cambio lo menos posible; incluso usar la amenaza: “Si no haces esto lo pasarás mal, te castigaré desde mi poder”. El miedo hará el resto. Esta es la tendencia imperante en nuestra cultura y sistema capitalista, donde el ser humano puede no ser un ente respetable, sino un instrumento de producción. Solo ha sido respetado cuando ha exhibido su poder ante el otro, que se ha visto forzado a negociar el intercambio y la colaboración. En este caso sigo utilizando el símil biológico del parásito que vive del trabajo de los demás y el saprofito que vive de la descomposición, la miseria y la muerte de los otros.

Pero el “ser” inteligente lleva su egoísmo más allá. Lo fusiona con el egoísmo ajeno y se alían para sacar provecho los dos. A esto le llamaremos simbiosis. Lo que yo hago te aprovecha a ti y lo que tú haces me aprovecha a mí, por lo que los dos crecemos. No me interesa tu incompetencia, sino tu competencia para crecer yo. Entonces ya no se nominan egoístas, sino solidarios, pero la motivación sigue siendo la misma. Son, pues, las sinergias y alianzas las que nos llevan a ambos hacia un desarrollo común. Tú no eres un objeto de explotación para mí, sino un aliado que comparte su crecimiento personal mediante el intercambio justo y consentido o consensuado.

Tal vez, lo que haya que hacer en estos tiempos sea potenciar esa idea para ser simbiontes y no parásitos. Los simbiontes crecen ambos, el parásito solo vive, pero no adquiere habilidades y se desarrolla, pues es el parasitado el que desarrolla las habilidades para satisfacer esas necesidades. Cuando el parasitado muere, el parásito queda sin recursos y muere también o parasita a otro.

Entonces, ¿hablamos de egoísmo o de solidaridad?, ¿son dos caras de una misma moneda?, ¿es la solidaridad un egoísmo inteligente?... En todo caso, puede que prevalezca el instinto de conservación y desarrollo de la especie, incluida la espiritualidad o la inteligencia superior.

La Teoría de la Evolución de Richard Dawkins

Mas, antes de concluir propongo echar un vistazo a la Teoría de la Evolución de Richard Dawkins, expuesta en su obra “El gen egoísta: las bases biológicas de nuestra conducta”.

Dawkins parte del principio de que el gen es lo único que trasciende de nosotros, lo que pasa de una generación a otra. Aceptando esa hipótesis, una persona puede entonces considerarse como una colonia de células que actúan simbióticamente. Necesitan pues de un ego que las represente y defienda en un sistema superior donde las colonias son elementos. En su obra “El gen egoísta”, postula que la evolución se centra en los genes, no en los individuos, siendo estos últimos "máquinas de supervivencia" para replicar sus genes.

Los individuos (y sus genes) necesitan trascender, que el concepto de lo que son se replique y hacer un esfuerzo altruista, puesto que en sí mismo, ni el individuo ni el gen sobreviven materialmente. Por tanto se complicaran la vida formando una familia integrada en la tribu.

Si la tribu perece, ni el gen, ni el individuo, ni la familia, sobrevivirán por lo que es necesario, no solo la colaboración simbiótica, sino también el altruismo; de ahí que para defender al grupo, a veces, los individuos se sacrifican y se les reconoce como héroes. Además de eso, la tribu pertenece a la especie. Si la especie desaparece, desde el gen a la tribu perecerán.

Ahora bien, la tribu, el grupo, forman parte de un sistema superior que habita la biosfera. Si desaparece la biosfera, derrotado el sistema regulador que establece la hipótesis Gaia, ni el gen, ni el individuo, ni la familia, ni la tribu, sobrevivirán. Si bien es cierto que la vida podría volver a surgir. En este sentido el altruismo podría explicar el egoísmo como la necesaria defensa del ser. Entonces cabe la pregunta: ¿altruismo y egoísmo son dos caras de una misma moneda?

 

 


sábado, 24 de enero de 2026

Atrapados por la nieve

Publicado en el diario La Opinión de Málaga 

Pittsburgh
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No sé si volveré a los EEUU algún día. No quiero que se me confunda con un inmigrante y se me deporte por arte de magia trumpista a manos del ICE. Siendo un país que me sorprendió en las cuatro ocasiones en que lo visité, ahora no me resulta atrayente, aunque echo de menos a mis amigos de allá. Han sido tantas las vivencias que hemos compartido que siempre permanecerán en mi memoria sus gratos recuerdos.

Por ello, me gustaría, para sortear el agobio que las amenazas e imposiciones de Trump nos anda provocando, invitaros a vivir una intensa experiencia acaecida en enero de 2016 en el tránsito de Filadelfia a Pittsburgh, cuando, camino de las Vegas, y estando cerrado el aeropuerto de Filadelfia, decidimos marchar a Pittsburgh y tomar allí otro vuelo, para lo que alquilamos un vehículo.

En la oficina de National tomé cuatro botellitas de agua y cuatro pastelillos para el camino, que ofrecía la compañía para sus clientes. Bendita decisión que solo se justifica por el instinto de prever un posible incidente. Eran las 18,30 h. del viernes 21 de enero de 2016, cuando iniciamos el viaje.

Apresados en la nieve



Nada más salir hacia el destino aparecieron los primeros copos que fueron arreciando, aunque las quitanieves dejaban expedita la vía. La circulación recomendada era 45 millas por hora (una milla es 1,6 Km. aproximadamente). Todo iba bien. Con cierta dificultad visual, pero con seguridad, progresábamos en la carretera hacia el destino final, Pittsburgh, al norte de Pensilvania, cerca ya de Canadá y lindando con Ohio. Aunque guardábamos la debida prudencia observamos como los camiones, con ese aspecto monstruoso de los modelos que vemos en las películas americanas, pasaban a considerable velocidad, vulgarmente “cagando leches”. En un momento dado encontramos un atasco por un accidente. Al quedar cortada la circulación no podían actuar las quitanieves, los camiones y coches se acumulaban quedando atrapados en un embotellamiento de proporciones desconocidas. La trampa estaba servida. No había escape posible; a la derecha nieve, a la izquierda nieve, al frente y a la espalda vehículos parados rodeados de nieve. Eran las 12.30 de la noche, empezaba la madrugada del sábado y estábamos a unas dos horas de la ciudad de destino.

En ese momento aparecieron los fantasmas, tuvimos conciencia de que se presentaba una noche fría, atrapados en la nieve, con el riesgo de quedar sin combustible para mantener la temperatura interior del vehículo, sin alimentación (solo el agua y los pastelillos que he mencionado), con inseguridad, pero sin miedo, y con la incertidumbre que conllevan estos casos. Cuándo y cómo podríamos escapar de la trampa. Cómo pasar el tiempo de la espera sin agobio. He de decir que nos sorprendió la sensatez que mostramos, la madurez y racionalidad con que abordamos el problema, la capacidad de afrontamiento en una situación extraña, desconocida, con la que tuvimos que lidiar.

La larga noche

Fue una larga noche entre somnolencia y vigilia, cabezadas y expectativas por ver si aparecía alguna máquina o recurso que nos sacara del atolladero. Conversamos, contamos anécdotas y chistes. La noche fue pasando sosegadamente entre copos y más copos de nieve que nos fueron aislando hasta superar el borde inferior de la puerta y crear una capa de 30 centímetros sobre el techo del coche. El agua racionada para cubrir las necesidades básicas. Poco apetito, por suerte.

Amaneció entre una suave luz que hizo resaltar con su brillo la alfombra nívea y la silueta de los camiones que nos cercaban, mientras observábamos el muro de hormigón que nos separaba de la otra dirección de la autopista por donde, causando gran envidia, circulaban los vehículos en dirección contraria. Estos americanos, tan adelantados, no habían pensado en establecer vías de escape, conectando con la otra dirección, para volver en libertad hacia atrás.

En todo caso no nos apareció ayuda de nadie hasta bien entrada la mañana.  Me dio la sensación de indolencia, de pasotismo y despreocupación por parte de los auxiliares de los troppers, la policía de carreteras responsables de mantener la circulación. Debieron pensar que solo un gran colapso merece su atención… “dejémoslo crecer hasta que llegue a esa dimensión”.

A media mañana pasó una chica, bien abrigada, preguntando si necesitábamos algo… claro, queríamos salir de allí. Mas ella solo nos podía ofrecer unas botellas de agua… ¿y comida? No, solo agua… pero ya estábamos rodeados de agua en forma de nieve… de sed no moriríamos. El tiempo pasaba lentamente y nosotros, en nuestra charla habitual, nos maravillábamos de la serenidad que presentábamos. Nada de histeria, de verbalizar angustias, de mostrar desaliento, miedo o inseguridad. Todo estaba dominado, todo era previsible, nada podía complicarse, solo había que esperar a que se iniciara el proceso de limpieza de la vía que facilitara la circulación. ¡Resignación! La esperanza estaba en que actuaran los de fuera, los que tenían los recursos.

El rescate

El tiempo evolucionaba perezoso, tedioso, amenizado, si se puede decir eso, por la música, la charla, conversando sobre las cosas de la vida, la familia, los amigos, los viajes, los recuerdos, los proyectos, la terrible tormenta de nieve que asolaba el noreste. Sobre las 18,30 empezamos a oír un pitido de una máquina que se acercaba… era un “pipipipi” de una excavadora que iba retirando la nieve de alrededor dejando expedito un carril que se estaba habilitando en el arcén. Empezaba la maniobra de escape y liberación. Cuando nos hubo retirado la nieve de atrás pudimos, no sin dificultad, salir a esa vía libre, mas nos encontramos con un Maserati delante que no podía circular. Como sabréis, el Maserati, que es un vehículo de alta gama, suele tener tracción trasera, por lo que las ruedas delanteras iban a su bola sobre el hielo. Al fin, tras múltiples esfuerzos, se consiguió escapar de la trampa. Eran las 20,30 horas del sábado. Habíamos salido de Filadelfia 26 horas antes y aún nos quedaban unas cuantas más para llegar a Pittsburgh.

¡Libres al fin! Buscamos dónde repostar gasolina y tomar alimento. Incomprensiblemente las dos primeras gasolineras encontradas estaban fuera de servicio. Poca gasolina, esperemos no quedar atrapados nuevamente por falta de combustible. La tercera nos sirvió y pudimos comer algo en esa especie de tugurios de comida rápida… Yo no tenía hambre, solo una extraña sensación de vacío que no demandaba nada específico para llenarse. Quedaban más de dos horas para llegar a Pittsburgh. Paciencia… ya queda poco. El hotel nos espera con una buena ducha, algo caliente para tomar y una cómoda cama para descansar.

La marcha hacia la ciudad se mantuvo a un ritmo prudente y lento, temerosos de que el hielo en la calzada nos juagara una mala pasada. Dejamos la 76 para pasar a la 66 en New Stanton, después a la 376 hasta Pittsburgh. Transitando por las zonas montañosas alcanzamos los 15 grados bajo cero. Ya no nevaba. Cuando llegamos a la ciudad estábamos a 10 bajo cero. Los cristales no obedecían a los elevalunas, estaban apresados en sus marcos por el hielo.

Monumento a Washington con el jefe Seneca
Pittsburgh al fin

El hotel Marriot, acogedor, nos abrió sus puertas y sus cálidas estancias. Tomamos unas frutas antes de la ducha y a la cama. A la mañana siguiente una alfombra de nieve envolvía la ciudad. Pittsburgh resultó espectacular. Subimos a Point of View Park para observar la impresionante vista, desde las alturas, sobre el punto donde confluyen los ríos Allegheny, Monongahela y Ohio. A nuestro lado el monumento a la reunión que mantuvo Washington con Seneca, el líder de la tribu Guyasuta que habitaba la zona, en 1770, para cerrar el paso a los franceses provenientes de Canadá. La panorámica era impresionante con los helados ríos confluyendo abajo. Más al fondo el estadio Heinz Field donde juega el equipo de futbol americano Pittsburgh Steelers, a la derecha los grandes edificios del centro económico y administrativo de la ciudad… Frio a manta, nieve y blancura por doquier que ofrecía una visión novedosa para un malagueño nada acostumbrado a estos parajes. Gorra con orejeras bien calada, nariz helada y sumo cuidado con los resbalones en un suelo cubierto por capas de hielo.

Tras la visita, adiós Pittsburgh, adiós, nos vamos. También nos habían cancelado el vuelo aquí y tendríamos que embarcar en Cleveland si queríamos llegar a Las Vegas y cumplir mínimamente el plan de viaje previsto.

Espero que hayas disfrutado del viaje.

 

 

sábado, 17 de enero de 2026

La duda, antesala de la verdad

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 17 ENE 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/01/17/duda-antesala-125769897.html

La vida nos fue mostrando que la supuesta verdad ignota no es alcanzable y que cada cual tiene su propia verdad relativa, fundamentada en sus propias convicciones

George Gerbner / L.O.

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Malos tiempos para los dudantes, para aquello que siempre andamos cuestionando cosas y dudando hasta de lo que hemos dado por verdad. «Solo sé que no sé nada», decía Sócrates, porque el verdadero saber comienza al reconocer la propia ignorancia. Ese nada es poco, casi nada, en relación a lo que esconde el cosmos, a la verdad absoluta, si es que existe, ya que escapa a nuestra pobre inteligencia.

Yo soy dudante

El 8 de febrero de 1992, en Zurich, dio su último recital Atahualpa Yupanqui, junto al chileno Ángel Parra. Antes de interpretar la canción ‘Preguntitas sobre Dios’, comentaba: «Cuando mi madre decía: ‘yo soy creyente’, mi padre la miraba y decía: ‘yo soy dudante’».

Tal vez haya que ser un dudante activo, es decir alguien que duda porque busca la verdad y conoce sus propias limitaciones para comprenderla. Cuando se piensa que ya se encontró la verdad, no te preocupas de ir más allá, pues has llegado al final. Dentro de esa pedantería soberbia vivirás en la mentira de una fantasía que, casi siempre, te transmiten otros. La ciencia es dudante por definición. Incluso, en muchos casos, ante las certezas que ya han sido demostradas, siempre existe la duda de que, en otras circunstancias o contextos que afloraran, pudieran no ser ciertas, dado nuestro limitado conocimiento.

En este sentido quiero traer a colación unos aforismos que recientemente publiqué: 1) «Hace tiempo que dejé de creer en lo que me dijeron que tenía que creer, porque ya no creía en quien me lo decía»; 2) «Ahora, de mayor, solo creo en lo que creo que se puede creer; pensando que mañana, con la evolución, tal vez, parte de lo que creo, ya no sea creíble». He aquí, bajo mi opinión, el razonamiento del dudante… sin entrar en la disonancia cognitiva que provoca todo cuestionamiento del propio pensamiento. El primero de ellos surge con la pérdida de la fe en las religiones y la reivindicación de la libertad de pensamiento que estructura este otro apotegma: 3) «Dios creó el espíritu libre y los hombres inventaron las religiones para someterlo». Reivindicar el espíritu libre es reivindicar la duda como forma de ejercer la libertad.

El dudante ‘sufre’ al estar sometido a la angustia de la búsqueda sistemática de la utópica verdad, ante esa inquietud que le genera el continuo elaborar del pensamiento. Dudar es complejo, te exige un trabajo intelectual importante de contrastación crítica y un posicionamiento equilibrado, abierto de mente, para no caer atrapado en una agobiante red estresante. Tomar conciencia de la duda no debe significar agobio sino un prudente sosiego que te capacite para que la vida no te arrastre el desequilibrio irracional de la duda atenazadora. La duda debe ser un éter que envuelva una serena actitud que permita la claridad de la mente motivada.

La búsqueda de la certeza desde la nimiedad

Ahora, cuando llevamos tres cuartos de siglo a la espalda, las dudas se incrementan desde la certeza de nuestra propia nimiedad. La vida nos fue mostrando que la supuesta verdad ignota no es alcanzable y que cada cual tiene su propia verdad relativa, fundamentada en sus propias convicciones, o lo que es lo mismo, ve una cara del prisma que la conforma sin llegar a comprender el todo. Lo malo es cuando pretendes poseer la verdad desde la visión parcial de una de sus caras y, además, imponerla como dogma de fe y a la fuerza.

La verdad de cada cual se fragua en la experiencia, en la forma de comprender y entender las cosas al hacer el camino, como dice Antonio Machado: «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar», que es donde se consolida el verdadero aprendizaje. Por tanto es un camino personal, individual e irrepetible, que no lo puede recorrer otra persona, aunque pueda, incluso, acompañarte haciendo un aprendizaje vicario, en la línea que define Albert Bandura en ‘La teoría del Aprendizaje Social’.

La teoría del cultivo de Gerbner

Si profundizamos un poco más nos encontraremos otro planteamiento muy interesante, como es la ‘Teoría del Cultivo de George Gerbner (1919-2005)’. En ella se plantea el modelaje que ejerce la televisión sobre el ser humano a nivel cognitivo, cuando se da una exposición larga a sus efectos, produciéndose una representación social del mundo, una realidad percibida, que cada individuo construye ante el mensaje más o menos tergiversado que nos transmite la tele, haciéndonos creer que el mundo social es similar a lo que se muestra en la pantalla. Como ejemplo tomamos que «la exposición a la violencia continuada crea una imagen de mundo hostil», que generalizamos al conjunto de la sociedad.

Mas, últimamente, cuando irrumpen en tropel los medios digitales de comunicación, como los videojuegos y los contenidos que se pueden encontrar en internet, sean redes sociales, WhatsApp u otros, se consolidan como instrumentos de manipulación y conforman un aprendizaje vicario, digamos de riesgo, pues exponernos a ciertos medios hace que confundamos la realidad social con la sociedad mostrada en ellos.

Decía Bertrand Russell: «Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas». Ese es el riesgo que corremos con los medios de comunicación, que se imponga la certeza del necio ante la duda del inteligente, porque la gente quiere certezas, aunque sean absurdas, y no las lógicas dudas que le coman el coco.

Dicho esto, retomo el tema, pues parece que ande ya por los cerros de Úbeda atraído por lo interesante del tema, pero volvamos al motivo que me ocupa.

Somos un mundo de dudas

Comentaba que, con tres cuartos de siglo a las espaldas, somos un mundo de dudas. Y está bien que así sea, siguiendo la idea de Russell. La primera duda es, precisamente, si desde la experiencia acumulada a lo largo de ese tiempo, tenemos el derecho a pedir a las generaciones venideras una conducta afín a nuestros planteamientos, sin considerar que cada generación, al igual que cada individuo, debe tener su singularidad.

Decía Saramago que intentar convencer a alguien de tus ideas es querer colonizar su pensamiento. Por tanto, ¿qué hacer con nuestra experiencia? Las siguientes generaciones se van formando a otros niveles, expertos en el uso de la tecnología, adaptados a otros modos y tendencias, con mente más abierta, con capacidades y disposiciones diferentes y en un mundo nuevo del conocimiento. Pero esta abducción puede que les haya apartado del necesario espíritu crítico.

A veces me planteo que los de mi generación somos el pasado, nuestros hijos el presente y nuestros nietos el futuro. En todo caso, somos testigos de la historia, y estamos obligados a presentificar el pretérito para evitar que se repitan los errores cometidos o, al menos, para que las generaciones posteriores los conozcan y actúen en consecuencia.

A nuestra obsolescencia la rodea la experiencia

Nosotros, que en nuestra infancia se nos introdujo un software educativo ya anacrónico o caduco, hemos pasado por cambios importantes, desde el punto de vida social y del conocimiento, a veces traumáticos, hasta llegar a este momento. La actual sociedad se ha hecho desde el cambio que soportamos y ejercimos desde una nueva conciencia social, de igualdad y justicia, que asumimos y cultivamos al desarrollar nuestro autocrecimiento y evolución desde una sociedad totalitaria, transitando de la dictadura a la democracia.

Hemos hecho grandes esfuerzos por mantenernos al día ante el avance de la tecnología y nos vemos, con orgullo, superados por nuestros hijos, a veces por nuestros nietos. No representamos la sabiduría del anciano de la tribu, porque el conocimiento nos ha desbordado y la tribu ya no existe, incluso ni la familia tiene la estructura de influencia del ayer; pero seguimos acumulando el saber del tiempo y la experiencia. Eso sí, al traspasar el saber a los más jóvenes debemos ser conscientes de que está sometido al cedazo de su época, de este tiempo que ya escapa a nuestra generación.

Solo queda el consejo filosófico, la incitación a la reflexión desde un buen razonamiento, para que no se dejen llevar por cantos de sirena, para que no se aborreguen y se sumerjan en un rebaño conformista y sumiso ante un líder ególatra y narcisista que imponga su voluntad por encima de la ley y el sentimiento humanitario, que arrebate su libertad y sus derechos.

 

IN MEMORIAM DE ANTONIO MACHADO

  Antonio Machado, el más joven de los representantes de la generación del 98, fallecía el día 22 de febrero del año 1939 en Colliure, en un...