sábado, 31 de enero de 2026

Solidaridad… o egoísmo

Publicado en el diario La Opinión de Málaga


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Hay quien habla de solidaridad, de compartir, y se plantea si compartir es egoísmo en su fin último. Siempre mantuve que el motor principal que mueve al ser humano es el egoísmo. Asume sobre sí mismo, en un proceso de filogénesis, la responsabilidad de la perpetuación de la especie. Su principal objetivo es crecer y multiplicarse, para lo cual ha de preservarse por encima de todo, incluso de los de su propia especie, que son rivales en muchos campos, incluido el reproductor. La confrontación darwiniana con el entorno es el campo donde se juega el futuro toda especie. En este sentido, casi todas ellas tienen adquirida una conformación social, por lo general estructurada y poco flexible e instaurada a lo largo del tiempo, como mero resultado del acoplamiento en el proceso evolutivo que procura su supervivencia. Lo sorprendente es cómo un ser tan indefenso y sin recursos físicos para afrontar a sus depredadores, como es el ser humano, puede salir airoso de ese trance si no es desde la solidaridad y la cooperación.

Inteligencia y supervivencia

La inteligencia es la clave, el saber deducir y sacar conclusiones de sus vivencias, el poder discernir sobre los hechos que le acontecen y aprender a enfrentarse a ellos con recursos instrumentales. Desarrollar herramientas y habilidades en función del enemigo al que se enfrenta y todo un proceso de aprendizaje, incluido el control de sus reacciones emocionales, como miedos y actos instintivos instaurados ancestralmente, a la par que una mente flexible y reflexiva de inteligencia superior, le permite discernir y establecer estrategias sociales o solidarias de supervivencia.

Dentro de este sistema de alianzas está la socialización, que es el proceso mediante el cual un sujeto introyecta las normas y leyes que rigen el grupo de personas que integran su cultura social. En suma, un acuerdo tácito a veces escrito, de convivencia para asociarse solidariamente en la defensa, mejora y sostenimiento del grupo o la tribu.

La cultura como argamasa de la sociedad

Para ello, se crean culturas con una serie de principios y valores que consolidan la alianza en la línea que se establezca, si bien esa línea se suele determinar desde el propio poder. Tú no puedes morir, tienes que conservarte, pero si no haces lo que el poderoso o la ley grupal te diga acabarás fuera del grupo, sin protección e, incluso, muerto por ellos mismos. Puedes matar a tus semejantes para mantenerte en el grupo, puedes poner bombas para destruir al infiel, puedes asesinar por la idea alienante que se ha sembrado en ese grupo… El mundo y la historia están cargados de casos en que se hicieron verdaderas barbaridades, por parte de la gente, basándose en que, si no, les matarían a ellos, o defendiendo los valores imperantes en esa sociedad… “Por Dios, por la Patria y el Rey”. La deserción en la guerra estaba castigada con la muerte… O vas a matar o te matamos nosotros por traidor, pero si tú matas al identificado como enemigo serás nuestro héroe y tendrás prestigio social, que es el reconocimiento de haber hecho algo importante por el propio grupo, que es el gran representante de la especie para ese colectivo. Fijémonos en que hay pueblos que se adjudicaron el derecho a ser el pueblo elegido por Dios, para darle más consistencia y verosimilitud al hecho. Eso merece un tema especial de reflexión.

Pues bien, cuando creamos estructuras solidarias con nuestro grupo de referencia estamos estableciendo una vía de solución de problemas personales a través del propio grupo, o lo que es lo mismo, nuestro egoísmo trasciende lo aparente para pasar a ser una conducta de intercambio que favorezca a las partes. ¿Es solidaridad o es buena vista para el negocio compartido?

La conciencia de cooperación

El ser humano tiene otro factor añadido, que son los principios y valores que hemos comentado. Si se crea una conciencia de cooperación con los demás, no podremos sostener situaciones de disonancia donde nuestra conducta sea contraria a nuestros principios, por lo que pasamos a ayudar y solidarizarnos con la otra parte, aunque sea en una mínima, pero suficiente, cantidad que acalle nuestro conciencia y cubra el principio cultural o de valores que nos motivó a ello.

Y aquí presento dos formas de afrontar la relación social y con el propio entorno. Una, que podríamos identificar con el egoísmo más burdo, sería la de aprovecharse de los demás, usar a los otros para cubrir nuestra necesidades, dándoles a cambio lo menos posible; incluso usar la amenaza: “Si no haces esto lo pasarás mal, te castigaré desde mi poder”. El miedo hará el resto. Esta es la tendencia imperante en nuestra cultura y sistema capitalista, donde el ser humano puede no ser un ente respetable, sino un instrumento de producción. Solo ha sido respetado cuando ha exhibido su poder ante el otro, que se ha visto forzado a negociar el intercambio y la colaboración. En este caso sigo utilizando el símil biológico del parásito que vive del trabajo de los demás y el saprofito que vive de la descomposición, la miseria y la muerte de los otros.

Pero el “ser” inteligente lleva su egoísmo más allá. Lo fusiona con el egoísmo ajeno y se alían para sacar provecho los dos. A esto le llamaremos simbiosis. Lo que yo hago te aprovecha a ti y lo que tú haces me aprovecha a mí, por lo que los dos crecemos. No me interesa tu incompetencia, sino tu competencia para crecer yo. Entonces ya no se nominan egoístas, sino solidarios, pero la motivación sigue siendo la misma. Son, pues, las sinergias y alianzas las que nos llevan a ambos hacia un desarrollo común. Tú no eres un objeto de explotación para mí, sino un aliado que comparte su crecimiento personal mediante el intercambio justo y consentido o consensuado.

Tal vez, lo que haya que hacer en estos tiempos sea potenciar esa idea para ser simbiontes y no parásitos. Los simbiontes crecen ambos, el parásito solo vive, pero no adquiere habilidades y se desarrolla, pues es el parasitado el que desarrolla las habilidades para satisfacer esas necesidades. Cuando el parasitado muere, el parásito queda sin recursos y muere también o parasita a otro.

Entonces, ¿hablamos de egoísmo o de solidaridad?, ¿son dos caras de una misma moneda?, ¿es la solidaridad un egoísmo inteligente?... En todo caso, puede que prevalezca el instinto de conservación y desarrollo de la especie, incluida la espiritualidad o la inteligencia superior.

La Teoría de la Evolución de Richard Dawkins

Mas, antes de concluir propongo echar un vistazo a la Teoría de la Evolución de Richard Dawkins, expuesta en su obra “El gen egoísta: las bases biológicas de nuestra conducta”.

Dawkins parte del principio de que el gen es lo único que trasciende de nosotros, lo que pasa de una generación a otra. Aceptando esa hipótesis, una persona puede entonces considerarse como una colonia de células que actúan simbióticamente. Necesitan pues de un ego que las represente y defienda en un sistema superior donde las colonias son elementos. En su obra “El gen egoísta”, postula que la evolución se centra en los genes, no en los individuos, siendo estos últimos "máquinas de supervivencia" para replicar sus genes.

Los individuos (y sus genes) necesitan trascender, que el concepto de lo que son se replique y hacer un esfuerzo altruista, puesto que en sí mismo, ni el individuo ni el gen sobreviven materialmente. Por tanto se complicaran la vida formando una familia integrada en la tribu.

Si la tribu perece, ni el gen, ni el individuo, ni la familia, sobrevivirán por lo que es necesario, no solo la colaboración simbiótica, sino también el altruismo; de ahí que para defender al grupo, a veces, los individuos se sacrifican y se les reconoce como héroes. Además de eso, la tribu pertenece a la especie. Si la especie desaparece, desde el gen a la tribu perecerán.

Ahora bien, la tribu, el grupo, forman parte de un sistema superior que habita la biosfera. Si desaparece la biosfera, derrotado el sistema regulador que establece la hipótesis Gaia, ni el gen, ni el individuo, ni la familia, ni la tribu, sobrevivirán. Si bien es cierto que la vida podría volver a surgir. En este sentido el altruismo podría explicar el egoísmo como la necesaria defensa del ser. Entonces cabe la pregunta: ¿altruismo y egoísmo son dos caras de una misma moneda?

 

 


sábado, 24 de enero de 2026

Atrapados por la nieve

Publicado en el diario La Opinión de Málaga 

Pittsburgh
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No sé si volveré a los EEUU algún día. No quiero que se me confunda con un inmigrante y se me deporte por arte de magia trumpista a manos del ICE. Siendo un país que me sorprendió en las cuatro ocasiones en que lo visité, ahora no me resulta atrayente, aunque echo de menos a mis amigos de allá. Han sido tantas las vivencias que hemos compartido que siempre permanecerán en mi memoria sus gratos recuerdos.

Por ello, me gustaría, para sortear el agobio que las amenazas e imposiciones de Trump nos anda provocando, invitaros a vivir una intensa experiencia acaecida en enero de 2016 en el tránsito de Filadelfia a Pittsburgh, cuando, camino de las Vegas, y estando cerrado el aeropuerto de Filadelfia, decidimos marchar a Pittsburgh y tomar allí otro vuelo, para lo que alquilamos un vehículo.

En la oficina de National tomé cuatro botellitas de agua y cuatro pastelillos para el camino, que ofrecía la compañía para sus clientes. Bendita decisión que solo se justifica por el instinto de prever un posible incidente. Eran las 18,30 h. del viernes 21 de enero de 2016, cuando iniciamos el viaje.

Apresados en la nieve



Nada más salir hacia el destino aparecieron los primeros copos que fueron arreciando, aunque las quitanieves dejaban expedita la vía. La circulación recomendada era 45 millas por hora (una milla es 1,6 Km. aproximadamente). Todo iba bien. Con cierta dificultad visual, pero con seguridad, progresábamos en la carretera hacia el destino final, Pittsburgh, al norte de Pensilvania, cerca ya de Canadá y lindando con Ohio. Aunque guardábamos la debida prudencia observamos como los camiones, con ese aspecto monstruoso de los modelos que vemos en las películas americanas, pasaban a considerable velocidad, vulgarmente “cagando leches”. En un momento dado encontramos un atasco por un accidente. Al quedar cortada la circulación no podían actuar las quitanieves, los camiones y coches se acumulaban quedando atrapados en un embotellamiento de proporciones desconocidas. La trampa estaba servida. No había escape posible; a la derecha nieve, a la izquierda nieve, al frente y a la espalda vehículos parados rodeados de nieve. Eran las 12.30 de la noche, empezaba la madrugada del sábado y estábamos a unas dos horas de la ciudad de destino.

En ese momento aparecieron los fantasmas, tuvimos conciencia de que se presentaba una noche fría, atrapados en la nieve, con el riesgo de quedar sin combustible para mantener la temperatura interior del vehículo, sin alimentación (solo el agua y los pastelillos que he mencionado), con inseguridad, pero sin miedo, y con la incertidumbre que conllevan estos casos. Cuándo y cómo podríamos escapar de la trampa. Cómo pasar el tiempo de la espera sin agobio. He de decir que nos sorprendió la sensatez que mostramos, la madurez y racionalidad con que abordamos el problema, la capacidad de afrontamiento en una situación extraña, desconocida, con la que tuvimos que lidiar.

La larga noche

Fue una larga noche entre somnolencia y vigilia, cabezadas y expectativas por ver si aparecía alguna máquina o recurso que nos sacara del atolladero. Conversamos, contamos anécdotas y chistes. La noche fue pasando sosegadamente entre copos y más copos de nieve que nos fueron aislando hasta superar el borde inferior de la puerta y crear una capa de 30 centímetros sobre el techo del coche. El agua racionada para cubrir las necesidades básicas. Poco apetito, por suerte.

Amaneció entre una suave luz que hizo resaltar con su brillo la alfombra nívea y la silueta de los camiones que nos cercaban, mientras observábamos el muro de hormigón que nos separaba de la otra dirección de la autopista por donde, causando gran envidia, circulaban los vehículos en dirección contraria. Estos americanos, tan adelantados, no habían pensado en establecer vías de escape, conectando con la otra dirección, para volver en libertad hacia atrás.

En todo caso no nos apareció ayuda de nadie hasta bien entrada la mañana.  Me dio la sensación de indolencia, de pasotismo y despreocupación por parte de los auxiliares de los troppers, la policía de carreteras responsables de mantener la circulación. Debieron pensar que solo un gran colapso merece su atención… “dejémoslo crecer hasta que llegue a esa dimensión”.

A media mañana pasó una chica, bien abrigada, preguntando si necesitábamos algo… claro, queríamos salir de allí. Mas ella solo nos podía ofrecer unas botellas de agua… ¿y comida? No, solo agua… pero ya estábamos rodeados de agua en forma de nieve… de sed no moriríamos. El tiempo pasaba lentamente y nosotros, en nuestra charla habitual, nos maravillábamos de la serenidad que presentábamos. Nada de histeria, de verbalizar angustias, de mostrar desaliento, miedo o inseguridad. Todo estaba dominado, todo era previsible, nada podía complicarse, solo había que esperar a que se iniciara el proceso de limpieza de la vía que facilitara la circulación. ¡Resignación! La esperanza estaba en que actuaran los de fuera, los que tenían los recursos.

El rescate

El tiempo evolucionaba perezoso, tedioso, amenizado, si se puede decir eso, por la música, la charla, conversando sobre las cosas de la vida, la familia, los amigos, los viajes, los recuerdos, los proyectos, la terrible tormenta de nieve que asolaba el noreste. Sobre las 18,30 empezamos a oír un pitido de una máquina que se acercaba… era un “pipipipi” de una excavadora que iba retirando la nieve de alrededor dejando expedito un carril que se estaba habilitando en el arcén. Empezaba la maniobra de escape y liberación. Cuando nos hubo retirado la nieve de atrás pudimos, no sin dificultad, salir a esa vía libre, mas nos encontramos con un Maserati delante que no podía circular. Como sabréis, el Maserati, que es un vehículo de alta gama, suele tener tracción trasera, por lo que las ruedas delanteras iban a su bola sobre el hielo. Al fin, tras múltiples esfuerzos, se consiguió escapar de la trampa. Eran las 20,30 horas del sábado. Habíamos salido de Filadelfia 26 horas antes y aún nos quedaban unas cuantas más para llegar a Pittsburgh.

¡Libres al fin! Buscamos dónde repostar gasolina y tomar alimento. Incomprensiblemente las dos primeras gasolineras encontradas estaban fuera de servicio. Poca gasolina, esperemos no quedar atrapados nuevamente por falta de combustible. La tercera nos sirvió y pudimos comer algo en esa especie de tugurios de comida rápida… Yo no tenía hambre, solo una extraña sensación de vacío que no demandaba nada específico para llenarse. Quedaban más de dos horas para llegar a Pittsburgh. Paciencia… ya queda poco. El hotel nos espera con una buena ducha, algo caliente para tomar y una cómoda cama para descansar.

La marcha hacia la ciudad se mantuvo a un ritmo prudente y lento, temerosos de que el hielo en la calzada nos juagara una mala pasada. Dejamos la 76 para pasar a la 66 en New Stanton, después a la 376 hasta Pittsburgh. Transitando por las zonas montañosas alcanzamos los 15 grados bajo cero. Ya no nevaba. Cuando llegamos a la ciudad estábamos a 10 bajo cero. Los cristales no obedecían a los elevalunas, estaban apresados en sus marcos por el hielo.

Monumento a Washington con el jefe Seneca
Pittsburgh al fin

El hotel Marriot, acogedor, nos abrió sus puertas y sus cálidas estancias. Tomamos unas frutas antes de la ducha y a la cama. A la mañana siguiente una alfombra de nieve envolvía la ciudad. Pittsburgh resultó espectacular. Subimos a Point of View Park para observar la impresionante vista, desde las alturas, sobre el punto donde confluyen los ríos Allegheny, Monongahela y Ohio. A nuestro lado el monumento a la reunión que mantuvo Washington con Seneca, el líder de la tribu Guyasuta que habitaba la zona, en 1770, para cerrar el paso a los franceses provenientes de Canadá. La panorámica era impresionante con los helados ríos confluyendo abajo. Más al fondo el estadio Heinz Field donde juega el equipo de futbol americano Pittsburgh Steelers, a la derecha los grandes edificios del centro económico y administrativo de la ciudad… Frio a manta, nieve y blancura por doquier que ofrecía una visión novedosa para un malagueño nada acostumbrado a estos parajes. Gorra con orejeras bien calada, nariz helada y sumo cuidado con los resbalones en un suelo cubierto por capas de hielo.

Tras la visita, adiós Pittsburgh, adiós, nos vamos. También nos habían cancelado el vuelo aquí y tendríamos que embarcar en Cleveland si queríamos llegar a Las Vegas y cumplir mínimamente el plan de viaje previsto.

Espero que hayas disfrutado del viaje.

 

 

sábado, 17 de enero de 2026

La duda, antesala de la verdad

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 17 ENE 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/01/17/duda-antesala-125769897.html

La vida nos fue mostrando que la supuesta verdad ignota no es alcanzable y que cada cual tiene su propia verdad relativa, fundamentada en sus propias convicciones

George Gerbner / L.O.

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Malos tiempos para los dudantes, para aquello que siempre andamos cuestionando cosas y dudando hasta de lo que hemos dado por verdad. «Solo sé que no sé nada», decía Sócrates, porque el verdadero saber comienza al reconocer la propia ignorancia. Ese nada es poco, casi nada, en relación a lo que esconde el cosmos, a la verdad absoluta, si es que existe, ya que escapa a nuestra pobre inteligencia.

Yo soy dudante

El 8 de febrero de 1992, en Zurich, dio su último recital Atahualpa Yupanqui, junto al chileno Ángel Parra. Antes de interpretar la canción ‘Preguntitas sobre Dios’, comentaba: «Cuando mi madre decía: ‘yo soy creyente’, mi padre la miraba y decía: ‘yo soy dudante’».

Tal vez haya que ser un dudante activo, es decir alguien que duda porque busca la verdad y conoce sus propias limitaciones para comprenderla. Cuando se piensa que ya se encontró la verdad, no te preocupas de ir más allá, pues has llegado al final. Dentro de esa pedantería soberbia vivirás en la mentira de una fantasía que, casi siempre, te transmiten otros. La ciencia es dudante por definición. Incluso, en muchos casos, ante las certezas que ya han sido demostradas, siempre existe la duda de que, en otras circunstancias o contextos que afloraran, pudieran no ser ciertas, dado nuestro limitado conocimiento.

En este sentido quiero traer a colación unos aforismos que recientemente publiqué: 1) «Hace tiempo que dejé de creer en lo que me dijeron que tenía que creer, porque ya no creía en quien me lo decía»; 2) «Ahora, de mayor, solo creo en lo que creo que se puede creer; pensando que mañana, con la evolución, tal vez, parte de lo que creo, ya no sea creíble». He aquí, bajo mi opinión, el razonamiento del dudante… sin entrar en la disonancia cognitiva que provoca todo cuestionamiento del propio pensamiento. El primero de ellos surge con la pérdida de la fe en las religiones y la reivindicación de la libertad de pensamiento que estructura este otro apotegma: 3) «Dios creó el espíritu libre y los hombres inventaron las religiones para someterlo». Reivindicar el espíritu libre es reivindicar la duda como forma de ejercer la libertad.

El dudante ‘sufre’ al estar sometido a la angustia de la búsqueda sistemática de la utópica verdad, ante esa inquietud que le genera el continuo elaborar del pensamiento. Dudar es complejo, te exige un trabajo intelectual importante de contrastación crítica y un posicionamiento equilibrado, abierto de mente, para no caer atrapado en una agobiante red estresante. Tomar conciencia de la duda no debe significar agobio sino un prudente sosiego que te capacite para que la vida no te arrastre el desequilibrio irracional de la duda atenazadora. La duda debe ser un éter que envuelva una serena actitud que permita la claridad de la mente motivada.

La búsqueda de la certeza desde la nimiedad

Ahora, cuando llevamos tres cuartos de siglo a la espalda, las dudas se incrementan desde la certeza de nuestra propia nimiedad. La vida nos fue mostrando que la supuesta verdad ignota no es alcanzable y que cada cual tiene su propia verdad relativa, fundamentada en sus propias convicciones, o lo que es lo mismo, ve una cara del prisma que la conforma sin llegar a comprender el todo. Lo malo es cuando pretendes poseer la verdad desde la visión parcial de una de sus caras y, además, imponerla como dogma de fe y a la fuerza.

La verdad de cada cual se fragua en la experiencia, en la forma de comprender y entender las cosas al hacer el camino, como dice Antonio Machado: «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar», que es donde se consolida el verdadero aprendizaje. Por tanto es un camino personal, individual e irrepetible, que no lo puede recorrer otra persona, aunque pueda, incluso, acompañarte haciendo un aprendizaje vicario, en la línea que define Albert Bandura en ‘La teoría del Aprendizaje Social’.

La teoría del cultivo de Gerbner

Si profundizamos un poco más nos encontraremos otro planteamiento muy interesante, como es la ‘Teoría del Cultivo de George Gerbner (1919-2005)’. En ella se plantea el modelaje que ejerce la televisión sobre el ser humano a nivel cognitivo, cuando se da una exposición larga a sus efectos, produciéndose una representación social del mundo, una realidad percibida, que cada individuo construye ante el mensaje más o menos tergiversado que nos transmite la tele, haciéndonos creer que el mundo social es similar a lo que se muestra en la pantalla. Como ejemplo tomamos que «la exposición a la violencia continuada crea una imagen de mundo hostil», que generalizamos al conjunto de la sociedad.

Mas, últimamente, cuando irrumpen en tropel los medios digitales de comunicación, como los videojuegos y los contenidos que se pueden encontrar en internet, sean redes sociales, WhatsApp u otros, se consolidan como instrumentos de manipulación y conforman un aprendizaje vicario, digamos de riesgo, pues exponernos a ciertos medios hace que confundamos la realidad social con la sociedad mostrada en ellos.

Decía Bertrand Russell: «Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas». Ese es el riesgo que corremos con los medios de comunicación, que se imponga la certeza del necio ante la duda del inteligente, porque la gente quiere certezas, aunque sean absurdas, y no las lógicas dudas que le coman el coco.

Dicho esto, retomo el tema, pues parece que ande ya por los cerros de Úbeda atraído por lo interesante del tema, pero volvamos al motivo que me ocupa.

Somos un mundo de dudas

Comentaba que, con tres cuartos de siglo a las espaldas, somos un mundo de dudas. Y está bien que así sea, siguiendo la idea de Russell. La primera duda es, precisamente, si desde la experiencia acumulada a lo largo de ese tiempo, tenemos el derecho a pedir a las generaciones venideras una conducta afín a nuestros planteamientos, sin considerar que cada generación, al igual que cada individuo, debe tener su singularidad.

Decía Saramago que intentar convencer a alguien de tus ideas es querer colonizar su pensamiento. Por tanto, ¿qué hacer con nuestra experiencia? Las siguientes generaciones se van formando a otros niveles, expertos en el uso de la tecnología, adaptados a otros modos y tendencias, con mente más abierta, con capacidades y disposiciones diferentes y en un mundo nuevo del conocimiento. Pero esta abducción puede que les haya apartado del necesario espíritu crítico.

A veces me planteo que los de mi generación somos el pasado, nuestros hijos el presente y nuestros nietos el futuro. En todo caso, somos testigos de la historia, y estamos obligados a presentificar el pretérito para evitar que se repitan los errores cometidos o, al menos, para que las generaciones posteriores los conozcan y actúen en consecuencia.

A nuestra obsolescencia la rodea la experiencia

Nosotros, que en nuestra infancia se nos introdujo un software educativo ya anacrónico o caduco, hemos pasado por cambios importantes, desde el punto de vida social y del conocimiento, a veces traumáticos, hasta llegar a este momento. La actual sociedad se ha hecho desde el cambio que soportamos y ejercimos desde una nueva conciencia social, de igualdad y justicia, que asumimos y cultivamos al desarrollar nuestro autocrecimiento y evolución desde una sociedad totalitaria, transitando de la dictadura a la democracia.

Hemos hecho grandes esfuerzos por mantenernos al día ante el avance de la tecnología y nos vemos, con orgullo, superados por nuestros hijos, a veces por nuestros nietos. No representamos la sabiduría del anciano de la tribu, porque el conocimiento nos ha desbordado y la tribu ya no existe, incluso ni la familia tiene la estructura de influencia del ayer; pero seguimos acumulando el saber del tiempo y la experiencia. Eso sí, al traspasar el saber a los más jóvenes debemos ser conscientes de que está sometido al cedazo de su época, de este tiempo que ya escapa a nuestra generación.

Solo queda el consejo filosófico, la incitación a la reflexión desde un buen razonamiento, para que no se dejen llevar por cantos de sirena, para que no se aborreguen y se sumerjan en un rebaño conformista y sumiso ante un líder ególatra y narcisista que imponga su voluntad por encima de la ley y el sentimiento humanitario, que arrebate su libertad y sus derechos.

 

sábado, 10 de enero de 2026

El moderno caballo de Troya

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 10 ENE 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/01/10/moderno-caballo-troya-125532264.html

Las Redes Sociales han resultado un excelente medio de influencia, sobre todo por la simpleza del mensaje elaborado casi a modo de consigna y su capacidad para despertar emociones

Caballo de Troya. / l.o.
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La trampa se tendió hace tiempo. Desde que el ser humano se dio cuenta del poder de la palabra. Mediante ella se abduce, se persuade, se convence y somete. La palabra es el bien más preciado del ser humano, pues permite canalizar el pensamiento, conformar los sistemas de comunicación y, con ello, consolidar estructuras organizativas y de relación entre los seres humanos mediante principios, ideas, dogmas y valores, a modo de argamasa que consolida las culturas sociales que enmarcan actitudes y conductas de los pueblos. En suma transmitir y compartir conocimientos, ideas y valores… o sea, comunicarse.

Esa argamasa tiene como especial referente histórico las religiones y sus dogmas. El castigo diferido del aterrador infierno permite domeñar voluntades y sembrar la sumisión. Desde tiempo inmemorial, el clero con sus homilías, con su palabra de Dios, anatemizó todo aquello que no se ajusta a los intereses de la sociedad y la fe que predica.

El Pepito Grillo y el superyo

Pero también el sistema educativo, al que tanto aportan las religiones a lo largo y ancho del mundo, fragua con el proceso formativo un sistema de socialización, de creación en nuestro interior de un Pepito Grillo que ocupa la conciencia. Es el superego (superyó) de la segunda tópica freudiana, que actúa como un «policía interno» que juzga, critica y castiga al yo (ego) cuando no se ajusta a las normas introyectadas, creando un conflicto que desestabiliza la paz interior del sujeto.

La introyección es un proceso psicológico inconsciente donde una persona incorpora y hace propios los valores, normas, ideas o características que conforman su cultura de inmersión. La asume como un mecanismo de defensa para protegerse emocionalmente bajo un sentimiento de integración en el grupo que le acoge si la respeta y obedece. Es fundamental en el desarrollo infantil para la socialización, que puede limitar su autonomía y su libre pensar si no es capaz de separar lo propio de lo introyectado.

Todo este proceso conforma un continuo a lo largo de la vida, si bien, según el momento del ciclo vital, es mayor o menor su influencia; o sea, el niños es muy permeable a las influencias, mientras el mayor lo es menos según su capacidad de razonar y discernir. Pero la persuasión y el convencimiento del adulto, siempre están sometidos a su criterio y su vinculación con los estados de opinión del grupo de referencia, modelado por su capacidad racional crítica y la fundamentación de un pensamiento propio y su sensibilidad a la sugestión.

Desde pequeños estamos expuestos al entorno y su influencia. Somos lo que somos por ese influjo y la forma de computar la información que se nos presentó. Históricamente nuestro sistema educativo no está enfocado nítidamente para la elaboración de un pensamiento propio, sino para hacernos receptivos al pensamiento ajeno, el de quienes ejercen el poder. Desde pequeños se nos enseña en la obediencia, pero escasamente en el razonamiento. Por tanto, de adultos, en una gran mayoría, estamos dispuestos a aceptar las ideas ajenas, que ya nos vienen estructuradas, para evitar su elaboración por nuestra parte, sin pasarlas suficientemente por el cedazo del buen criterio. Pensar conlleva el peligro de errar y ello implica asumir la responsabilidad de tal error, mientras asumir las ideas del otro nos libera de la conciencia del error propio.

El hombre idealista y el mediocre

José Ingenieros (1877-1925), el polifacético médico, filósofo, farmacéutico, masón, etc. italoargentino distinguía entre el hombre inferior, el mediocre y el idealista. El idealista es peligroso, pues es creativo y rompedor, es librepensador con capacidad crítica y cuestionará todo cuando busca la verdad. En realidad es un revolucionario del cambio social y defensor de los procesos de cambio y desarrollo de la sociedad. El mediocre, es sobradamente leal, carece de estímulos para elaborar pensamientos complejos y es acomodaticio, es gregario y se subyuga, desde su indolencia, a las normas sociales sin cuestionarlas o someterlas a crítica razonable. El inferior lo define como un bellaco, un inepto inadaptado social, en muchos casos fuera de la ley y la moralidad. En realidad nuestro sistema educativo potencia más el segundo (el mediocre) que los otros dos. Pero especialmente le teme al idealista, ya que tiene capacidad para cuestionar, criticar y liderar a los demás.

El sistema siempre procuró conformar sujetos adeptos, gregarios y leales a sus normas, fácilmente sometidos al poder. Para ellos sostuvo y mantuvo un modo de influencias que fuera más allá de la formación escolar. Procurando un continuo reciclaje a través de los estados de opinión de la propia sociedad. El problema se dispara cuando empieza a desaparecer el analfabetismo, el individuo lee y se informa libremente fuera de los cauces oficiales. Son los medios informativos, los periódicos, los libros, la radio y otros procedimientos que se van incorporando, los que inciden en esa formación y pueden abrir la ventana que da a la luz de la sabiduría. En esta circunstancia, el control de los medios es clave para seguir conformando sujetos mediocres mediante los estados de opinión del grupo de pertenencia.

El caballo de Troya de los medios

El gran caballo de Troya, bajo mi opinión, ha sido la televisión, sin obviar la radio. Es como abrir la puerta al enemigo dejarlo pasar y prestarle la atención requerida para que ejerza su influencia entremezclada con su agradable distracción. El sermón del cura se recibía en misa. Ahora el sermón político te lo sirven en casa, como un plato más cuando comes y ves la tele, cuando los tertulianos te someten a la balacera de sus ideas y argumentos, muchas veces claramente manipulativos y tendenciosos.

Recuerdo que el periodista Joaquín Arozamena, en un curso de comunicación que impartía en la Escuela Andaluza de Salud Pública, decía que todos los medios tienen su línea editorial, pero también tienen sus dueños o propietarios, que son determinantes para definir esa línea, y en función de su ética profesional y orientación ideológica, así actúan.

Pero ha surgido otro medio de comunicación que ha hecho saltar por los aires gran parte de los principios de la ética comunicacional. Me refiero a las Redes Sociales (RRSS). Lo que en principio parece un campo de libertad de expresión está siendo un campo de batalla, un ‘anarcomedio’ donde no se establecen límites éticos y morales adecuados a los principios de nuestra propia sociedad y cultura, ya que son medios privados con capacidad de censurar, o no, según lo estimen sus dueños. Esto puede llegar a convertirlos en una correa de transmisión de intereses espurios, volcados a través de militantes o activistas, tendenciosos y dogmáticos que se saltan a la torera las normas más elementales de tolerancia y respeto al divergente; incluso un medio de control del pensamiento ciudadano.

Las Redes Sociales como elemento de confrontación

Las RRSS han resultado un excelente medio de influencia, sobre todo por la simpleza del mensaje elaborado casi a modo de consigna y su capacidad para despertar emociones, o sea una adecuada herramienta para el uso de la manipuladora posverdad. Escasamente se ven sólidas argumentaciones que sostengan un planteamiento razonado y razonable. Es muy frecuente el insulto y la descalificación, por parte del aguerrido militante, que pretende la vehemente imposición de sus ideas más que el debate. Es el perfecto huerto para sembrar odio y confrontación. Nuestras costumbres han evolucionado a caballo de la salsa rosa televisiva y ha desembocado en formas poco académicas y ortodoxas de compartir ideas en leal conversación.

El despertar al conocimiento y, con ello, a la excelencia del ser humano, tiene riesgos para el poder, que se ha de someter a la crítica racional de una ciudadanía docta. Ese problema lo resuelven mediante la confrontación directa de las ideas en las RRSS, donde se puede otorgar el mismo valor a la opinión de un necio que a la de un genio, donde el primero se siente realizado, quedando relegado el mundo intelectual ante el necio, en muchos casos, más adepto a la barbaridad que a la razón.

Los caballos de Troya de los medios, sobre todo la manipulación de la televisión y ahora RRSS, pretenden colonizar el pensamiento para, desde la mediocridad, crear una ciudadanía dócil y maleable, hasta tal punto, que entren al combate y la confrontación desde su alienación… Es la conjura de los necios, que pueden llegar a defender al líder disruptivo, como sucede muchas veces, en contra de su propio interés.

 

miércoles, 7 de enero de 2026

Gertrudis Gómez de Avellaneda, una polígrafa rompedora en el siglo XIX


Gertrudis Gómez de Avellaneda

(Texto publicado en SUR. Revista de Literatura)

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Por: Antonio Porras Cabrera

La figura de María Gertrudis de los Dolores Gómez de Avellaneda y Arteaga (1814-1873) es única en el mundo de la literatura. En el contexto de la España del siglo XIX, Gertrudis (Tula, de nombre hipocorístico) es un ejemplo reivindicativo del poder de la creatividad y la libertad femenina. Una voz que clama contra las costumbres anacrónicas de una España misógina y decadente que relega a la mujer al papel de madre y esposa. Fue una de las mejores expresiones del movimiento romántico. Pero se le identifica también como precursora del feminismo, abolicionista y rebelde, crítica con la sociedad imperante.

Su biografía ha sido recogida por numerosos escritores y escritoras, incluso por ella misma en la autobiografía que le envía a Ignacio de Cepeda (Fuentes, 1914), al comenzar con él su intercambio epistolar, allá por 1839, y otra que escribe para publicar en el periódico La Ilustración, el año 1850. Por tanto, me limitaré a dar unas pinceladas sobre ella, con el ánimo de no extenderme demasiado, cosa harto compleja.

Su infancia

Gertrudis nace el año 1814 en la localidad cubana de Puerto Príncipe, hoy Camagüey. Era hija de Don Manuel Gómez de Avellaneda y Gil de Taboada (1764-1823), un capitán de navío español, nacido en Constantina (Sevilla), y de Doña Francisca María del Rosario de Arteaga y Betancourt (1790-1854), respetable dama de abolengo, descendiente de vascos españoles y canarios. El matrimonio tuvo 5 hijos de los que solo Gertrudis y su hermano Manuel sobrevivieron a la niñez.

Su infancia transcurre felizmente hasta que muere su padre en 1823 causándole gran dolor y quebranto dados los lazos afectivos que les unen. Se sentía orgullosa de los altos valores morales de su progenitor y de la alcurnia de su madre, lo que le hace sentirse superior. Tuvo la oportunidad de recibir una educación esmerada y desenvolverse en un ambiente cultural muy por encima del habitual. Creció pensando en el teatro, interpretando con sus amiguitas, leyendo obras dramáticas como si fuera una adicción. La lectura de escritores románticos franceses e ingleses como Byron[1][AG1] , Víctor Hugo, François-René de Chateaubriand,[AG2]  Lamartine,[AG3]  George Sand[AG4]  o Madame de Staël,[AG5]  avivaría su vocación literaria.

Otro gran quebranto le produce el casamiento de su madre, en ese mismo año, con el militar español de ascendencia gallega, destinado en Cuba, D. Gaspar Isidoro de Escalada y López de la Peña, matrimonio que Tula nunca acabará de aceptar. De este matrimonio nacieron tres hijos.

Su familia le preparó matrimonio con un pariente hacendado que, tras un tiempo, ella rechazó, causando un importante conflicto familiar.

La partida de Cuba 

En 1836 decide la familia trasladarse a España. Desembarcan en Burdeos y de allá se trasladan a Galicia. A su salida de Cuba escribe el soneto Al partir cargado de añoranza, tal vez una de sus mejores composiciones poéticas, que se reproduce a continuación:

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!

¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo

la noche cubre con su opaco velo,

como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!… La chusma diligente,

para arrancarme del nativo suelo

las velas iza, y pronta a su desvelo

la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!

¡Doquier que el hado en su furor me impela,

tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Adiós!… Ya cruje la turgente vela…

el ancla se alza… el buque, estremecido,

las olas corta y silencioso vuela.

Instalados en Galicia, surgen desencuentros con la familia de su padrastro, que la consideran una señorita mal criada, irreverente y poco hacendosa. Le llaman la Doctora y la llegan a acusar de atea por leer a Rousseau y sabihonda con ínfulas de grandeza, cuestión que ella misma transcribe en su autobiografía a Cepeda (Fuentes, 1914).

Se refugia en el amor de Mariano Ricafort, hijo del Capitán General de Galicia, al que se refiere como “noble, sensible, desinteresado, lleno de honor y delicadeza”. Pero la asimetría de sus talentos y las exigencias de este para que abandonara el mundo de las letras le llevan a romper la relación, oportunidad que le da la partida de Ricafort a la Guerra Carlista.

Estancia en Sevilla

Agobiada por la problemática familiar y la dificultad en la convivencia, decide trasladarse con su hermano Manuel a Sevilla, la tierra de su padre, a la que él, en vida, ya tenía la intención de volver.  Era 1839 y empezó a destacar en los círculos literarios de Sevilla, Cádiz e incluso Málaga, apoyada por Alberto Lista y Manuel Cañete utilizando, en algunos casos, el seudónimo de La Peregrina.

Conoce a Ignacio de Cepeda y Alcalde, joven estudiante de leyes con quien vive una atormentada relación amorosa, de la que dan sobrado testimonio la biografía y un intercambio epistolar durante 14 años.

Marcha a Madrid y a la fama

En 1840 se trasladó a Madrid y pronto comenzó a frecuentar los círculos literarios a los que concurrían los poetas románticos más conocidos: José de Espronceda, José Zorrilla, José Quintana, Juan Nicasio Gallego, Fernán Caballero, con los que entabló duradera amistad.

En ese mismo año de 1841 vio la luz su novela Sab, aunque según la propia Gertrudis se escribe en Galicia entre 1836 y 1838, que es considerada por muchos como la primera novela de la literatura castellana en la que se hace presente el tema de la esclavitud, a la que critica abiertamente.

Para José María de Cepeda, tataranieto de Ignacio de Cepeda, con esta obra “… la Avellaneda aportó, además, a la novela española y europea del siglo XIX el ambiente caribeño, bastante desconocido en estas tierras… un tono melancólico y lánguido…”. En todo caso muchos la consideraban poseedora de un romanticismo ecléctico.

Llamó la atención en los círculos madrileños, donde se cultivaba el romanticismo, la belleza y ademanes de Tula, siendo la admiración de todos, sorprendidos por la profundidad e independencia de sus juicios y el dinamismo y actividad que mostraba. Bretón de los Herreros llegó a exclamar: “¡Es mucho hombre esta mujer!”.

Aparece Tassara

En 1844 publica numerosos artículos en periódicos y revistas, y, también, su novela Espatolino, así como estrena su drama Munio Alfonso. En este tiempo aparece Gabriel García Tassara, un poeta sevillano afincado en Madrid, al que se entrega, tal vez dando fluidez al amor contenido por Cepeda, que dejó en Sevilla.

La Avellaneda queda embarazada, él se marcha sin querer saber nada, pues, puede que su soberbio objetivo fuera solo conquistar a la diva. Ella acaba sola, y es vilipendiada como madre soltera, mientras da a luz a su hija María (Brenhilde para ella). Su hija muere a los pocos meses y Tassara no se digna acudir a conocerla. Es cuando escribe a Cepeda: “Envejecida a los treinta años, siento que me cabrá la suerte de sobrevivirme a mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insignificante para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras.” Se denota aquí una actitud depresiva con pensamiento suicida.

En 1851, cuando Tula ya es viuda, aparece Tassara y mantienen una relación como si antes no hubiera ocurrido nada entre ellos, intercambiándose libros con total naturalizad, pero la conducta de Tassara marcó esa relación. El orgullo herido de Tula le lleva a prohibir a Cepeda que mencione su nombre a Tassara, cuando este le dice que quiere hablar de ella con su antiguo amante.

Primer matrimonio

Ante las mil adversidades que la causó Tassara, es receptiva a la propuesta matrimonial que recibe de un hombre respetado y político prestigioso, gobernador de Madrid, D. Pedro Sabater. Era 1846 y la Avellaneda decide contraer matrimonio con él buscando la serenidad y el sosiego de su espíritu. Mas la felicidad dura poco, a los tres meses, cuando realizaban un viaje por Francia, fallece en Burdeos de una enfermedad que ya acarreaba.

En su desespero se retira a un centro espiritual y allí escribe el Manual del Cristiano y posteriormente compuso dos elegías que son de lo más destacado de su obra poética, de las que reproduzco dos estrofas de la primera de ellas, donde muestra su estado de ánimo (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2016).

Elegía I

(Después de la muerte de mi marido)

Otra vez llanto, soledad, tinieblas…                    

¡Huyó cual humo la ilusión querida!                  

¡La luz amada que alumbró mi vida                   

un relámpago fue!    

                 

Brilló para probar sombra pasada;                     

brilló para anunciar sombra futura;                    

brilló para morir… y en noche oscura                 

para siempre quedé…   

  

De nuevo a Madrid

Repuesta su fuerza regresa a Madrid, siendo recibida con cariño y entusiasmo por sus amigos de los círculos literarios. Entre 1849 y 1853 estrena siete obras dramáticas: Saúl (1849), Flavio Recaredo (1851), La verdad vence aparienciasErrores del corazón, El donativo del diablo y La hija de las flores (1852); La aventura (1853), reedita sus poesías y en el Seminario Pintoresco Español aparecen dos nuevas leyendas: La velada del helecho y La montaña maldita.

Candidata a la RAE

En 1853, a la muerte de su mentor, Juan Nicasio Gallego, y movida por el éxito de sus producciones, presenta su candidatura a la RAE, pero el sillón Q mayúscula fue ocupado por un hombre, rechazando su candidatura los misóginos académicos de entonces, que se lo otorgaron a Antonio Ferrer del Río.

Y no fue hasta 1979 que una mujer pudiera entrar en la RAE, Carmen Conde. Antes había quedado también rechazada la candidatura de Emilia Pardo Bazán. Y María Molinier, lexicógrafa y autora de su famoso diccionario de uso del español, tampoco lo fue, pues optando a la letra B mayúscula, se la otorgaron a Emilio Alarcos en 1973. En la actualidad son 11 las mujeres de 44 miembros existentes, quedan 2 plazas vacantes.

Tras ser rechazada su candidatura a la RAE, y ya apagada la relación epistolar con Cepeda, inicia un intercambio de cartas con Antonio Romero Ortiz, cargado de enigma al inicio (se otorgó el pseudónimo de Armand Carrol). Tras un vínculo amoroso en la primavera de 1853, esta relación se diluye ante la dificultad de entenderse tal como muestra Rosalía Rexach en el estudio de estas cartas (Biblioteca Virtual Miguel de Cevantes, 2016).

Nuevo matrimonio

En 1856 contrae matrimonio con el coronel y diputado a Cortes, Domingo Verdugo y Massieu. La boda fue apadrinada por los reyes de España. Sigue prolífica en sus obras: Simpatía y antipatía (1855), La hija del rey René (1855), Oráculo de Talía o los duendes de palacio (1855), Los tres amores (1858) y Baltasar (1858) su mejor obra dramática según la crítica.

En el estreno de Los tres amores (otros dicen que Baltasar) su marido es herido tras una disputa con Antonio Riber al que acusa de haber arrojado un gato al escenario, produciéndole un neumotorax con un estilete oculto en un bastón, que condicionará su vida.

Vuelta a Cuba

Para sanar mejor de sus heridas, contando con el nombramiento de su esposo como gobernador en la isla por parte de la reina Isabel II, marchan a Cuba en 1859. Allí la recibieron unos con entusiasmo y otros con recelo.  Mas todos como una triunfadora en la metrópolis, cargada de personalidad y esposa del gobernador. En el Liceo de la Habana es nombrada poetisa nacional y se relaciona con los líricos cubanos más notables, y funda la revista: Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello, si bien, otro sector la rechaza en el Areópago Literario, donde no incluyen ninguna de sus composiciones en el libro La Lira Cubana

¿Es cubana o española? Las dos cosas, nace en Cuba pero desarrolla su carrera en España, donde triunfa, vive y madura su arte literario, para volver a su Cuba natal por un tiempo.

Segunda viudedad, regreso a España y muerte

Su marido muere en 1863, sin haberse recuperado de las heridas, y se acentúa su espiritualidad y entrega mística a una severa y espartana devoción religiosa. En 1864 vuelve a Madrid, tras pasar por Nueva York, Londres, París y Sevilla. Muere en Madrid el 1º de febrero de 1873, a los 58 años, enferma de diabetes y sola, ordenando en su testamente sea enterrada en el panteón familiar de Sevilla, y que sean traídos los restos de su esposo desde Cuba para que reposen con ella.

Su obra

La obra de doña Gertrudis Gómez de Avellaneda ha sido y sigue siendo motivo de estudio e investigación. Son muchísimos los autores que han publicado sobre ella, su vida y su intensa productividad, están más que juzgadas por la crítica literaria y con buena nota, tal como refiera, a principios del siglo XX, el propio Lorenzo Cruz:

…ocupa lugar preeminente entre los más esclarecidos poetas que brillaron en el Parnaso español, y como el primero entre las poetisas que hablaron la lengua de Cervantes. Tal como dejaron consignado en luminosos artículos periodísticos, en cartas laudatorias o en eruditos prólogos, varones tan preciados como don Juan Nicasio Gallego, don Alberto Lista, don Nicomedes Pastor Díaz, don Juan Valera, don Pedro Antonio Alarcón, don Severo Catalina y el Duque de Frías, por no citar más, que sobresalen en la república de las letras, unos como poetas, otros como críticos, otros como novelistas, y todos como maestros consumados del bien decir (Fuentes, 1914).

Ello implica un gran reconocimiento de su obra ya en vida y en las esferas del mundo literario de mediados del XIX.

Refiere Skyler Gómez (Gómez, 2025), que «los escritos de Avellaneda alcanzaron su mayor popularidad en las décadas de 1840 y 1850. Sus historias abordaban temas como el amor, el feminismo y un mundo en evolución. Su estilo literario se vio influenciado por poetas franceses, ingleses, españoles y latinoamericanos, especialmente la poesía hispánica derivada del neoclasicismo tardío y el romanticismo».

Es evidente que llegó a ser una de las más destacadas plumas del romanticismo español, y aún permanece entre las escritoras más distinguidas de nuestra lengua. Dominó la poesía con pasión, donde manifiesta su análisis de los estados emocionales derivados de la experiencia amorosa y existencial, hasta orientarse, finalmente, a la espiritualidad.   Sus dramas llenaron los teatros de la Península. Sus obras se discutieron el primer y segundo premio, a la vez, en los Juegos Florales más selectos de Madrid.

En la biblioteca virtual Miguel de Cervantes, he encontrado 32 autores de estudios sobre nuestra escritora (Biblioteca Miguel de Cervantes, 2025). Es más, en los últimos tiempos ha tomado mayor protagonismo su obra y figura en tanto precursora y luchadora por los derechos y libertades de la mujer.

La asociación cultural y literaria La Avellaneda ha recogido más de cien mil firmas para pedir que Gertrudis Gómez de Avellaneda sea admitida en la Real Academia de la Lengua como miembro a título póstumo, dado que fue rechazada por ser mujer y no por criterios de cualidad.

Su poética 

Cada vez deriva más a temática de contenido místico y religioso, como ya he mencionado, sobre todo después de la muerte de su esposo Pedro Sabater. En este sentido destacan los poemas: Dedicación de la lira de DiosSoledad del alma La cruz.

La métrica que usa es muy variada. En la obra poética de Avellaneda se encuentran: Versos de trece sílabas con cesura tras la cuarta. De quince y de dieciséis sílabas (poco frecuentes en la poesía española). Utilizó también el verso alejandrino con el primer hemistiquio octosílabo y el segundo hexasílabo, o bien el primero pentasílabo y el segundo eneasílabo. Destaca el soneto Al partir, marcado por el desgarro existencial, A él, La vuelta a la Patria, Amor y orgullo, A la muerte de Heredia, La pesca en el mar y numerosos poemas más, recogidos en varios volúmenes.

Novela

Sab (1841). Trata temática esclavista y de amores no correspondidos, considerada por algunos como la primera novela antiesclavista de la historia, si bien es el contexto donde se desarrolla ese drama del amor imposible.

Dos mujeres (1842). Una diatriba contra el matrimonio, defendiendo el divorcio ante una unión no deseada, donde la amante y el adulterio juegan un papel importante.

Guatimozín (1853). Situada en el México de la etapa de la conquista, donde muestra gran cantidad de erudición histórica con tintes de epopeya.

En sus restantes obras narrativas sigue presente la crítica a la sociedad convencional; Espatolino, Dolores, La mano de Dios, El artista barquero, etc.

Teatro

Leoncia (1840). Tuvo buena acogida en Sevilla y poseía cierta originalidad. Drama esencialmente romántico en torno a un triángulo amoroso conformado por tres figurantes, don Carlos Maldonado, su novia doña Elena de Castro, y Leoncia, una bella y misteriosa mujer madura, hacia quien Carlos siente una atracción fatal.

Munio Alfonso (1844). Ambientada en la corte de Alfonso VII de León y Berenguela de Barcelona, que nos ofrece el dramatismo del asesinato de Fronilde, que muere a manos de su propio padre, quien desea lavar con su sangre la supuesta deshonra familiar. Es por tanto, un drama histórico que reúne casi todas las cualidades de la tragedia, al mismo tiempo que se aproxima al drama de honor calderoniano.

El príncipe de Viana (1844) donde es “envenenado” Carlos IV de Navarra, príncipe de Viana, hijo y heredero de Juan II de Aragón.

Egilona (1846). Lucha de moros y cristianos, de amor y drama. Esposa de Rodrigo, muerto en la batalla, es raptada por Abdalaziz y ella se entrega al Emir…

Además dos dramas bíblicos (romanticismo religioso):

Saul (1849), representa la rebeldía y la tragedia, donde Saúl mata a su propio hijo Jonathas

Baltasar (1858) considerada su obra cumbre en el ámbito dramático, ambientada en la Babilonia asiria.

Otras obras importantes, son:

Flavio Recaredo, Errores del corazón, La hija de las flores o Todos están locos, La verdad vence apariencias, La aventurera, La hija del rey René, Los duendes de Palacio, Simpatía y antipatía, Catilina, Los tres amores.

Su último poema

Concluyo con su último poema, titulado: El último acento de mi arpa, dedicado a su amiga Leocadia de Zamora, que nos muestra su estado de ánimo al final de su vida. Leocadia de Zamora también era nacida en Cuba, aristócrata y amiga de Gertrudis:

Lo siento ¡oh amiga! mi mente

                Ya pliega sus alas,

                Marchitas sus galas,

                Pasado su abril.

El tiempo en su rápido giro

                Se lleva veloces

                Mis plácidos goces

                De edad juvenil.

No hay ya para mi poesía

                De vagos dolores,

                De ardientes amores,

                De inmenso anhelar.

La luz de mi genio se vela,

                Se apaga mi acento,

                No admiro, no invento,

                No puedo cantar.

Ya mustia la flor de mi vida

                No vierte fragancia:

                Su antigua arrogancia

                Perdió el corazón.

Mas antes que rompa las cuerdas

                De mi arpa sonora,

                Por ti tiene ahora

                Fugaz vibración

A ti, mi Leocadia, dedico

                Su canto postrero,

                Cual leve y sincero

                Tributo de amor.

¡Tal vez, como el cisne, mi genio

                Dará en su agonía

                Más dulce armonía,

             Sonido mejor!

¡Tal vez como el sol, que en ocaso

                Más bello parece,

                La voz que enmudece

                Más grata será!

Yo al viento de otoño la entrego,

                Cual la hoja caída

                Que en su ala mecida

                Volando se va.

Bibliografía

Biblioteca Miguel de Cervantes. (25 de 09 de 2025). Gertrudis Gómez de Avellaneda. Biografías. Obtenido de https://www.cervantesvirtual.com/buscador/?q=Gertrudis+G%C3%B3mez+de+Avellaneda+biografias: https://www.cervantesvirtual.com

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (2016). Antología Poética. En G. G. Avellaneda, Antología Poética . Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Biblioteca Virtual Miguel de Cevantes. (2016). Un nuevo epistolario amoroso de la Avellaneda . En R. Rexach, Un nuevo epistolario amoroso de la Avellaneda (pág. Edición en digital). Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Fuentes, L. C. (1914). La Avellaneda (Biografía y cartas). En L. C. Fuentes, La Avellaneda (Biografía y cartas) (Segunda ed.). Madrid: Imprenta Helénica.

Gómez, S. (2025). https://www.literaryladiesguide.com/author-biography/gertrudis-gomez-de-avellaneda/. Obtenido de https://www.literaryladiesguide.com/author-biography/gertrudis-gomez-de-avellaneda/: https://www.literaryladiesguide.com

 Antonio Porras Cabrera


[1]George Gordon Byrobn, conocido por lord Byron (Londres, 1809-Mesolongi Grecia, 1824); Victor María Hugo (Besanzón, 1802-París, 1885)¸ François-René de Chateaubriand (Sant-Malo Francia, 1768-París, 1848); Lamartine: Alphonse Marie Louis Prat de Lamartine (Mâcon,1790 – París,1869); George Sand, París pseudónimo de la novelista y periodista AmantineAuroreLucile Dupin de Dudevant (Francia 1804-Nohant-Vic, Francia, 1876); Madame  de Staël, pseudónimo de Anne-Louise Germaine Necker, Baronesa de Staël Holstein, (París, 1766-1817).


 [AG1]George Gordon Byron, conocido por lord Byron. (Londres 1809- Mesolongi Grecia, 1824)

 [AG2]François-René de Chateaubriand (Saint-Malo Francia,1768 – Paris,1848).

 [AG3]Victor María Hugo (Besanzón, 1802- París, 1885)

 [AG4]George Sand, París,  pseudónimo de la novelista y periodista Amantine Auirore Lucile Dupin de Dudevant (Francia 18004-Nohant-Vic, Francia, 1976)

 [AG5]Madame de Staël, pseudónimo de Anne-Louise Germaine Necker, Baronesa de Staël Holstein, (París, 1766-1817)

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