Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 23 MAY 2026 7:00
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/05/23/tiempos-convulsos-130556513.html
El PSOE cae
a su mínimo histórico de diputados, mientras Vox y Adelante Andalucía
experimentan un notable crecimiento en la comunidad autónoma
![]() |
| Tabla elaborada por el autor con datos de prensa |
====================
Pretendo ejercitar mi habilidad,
siempre relativa y limitada, de analista político diletante o amateur,
dedicando este artículo a valorar el resultado de las elecciones andaluzas del
pasado domingo. Para ello he elaborado un cuadro en hoja Excel con esos
resultados donde se puede observar una comparativa con los datos de las
elecciones de 2022, que aparece encabezando este texto.
Análisis de los resultados
electorales
En ellos se observa como el PSOE
cae a su nivel más bajo de todos los tiempos, perdiendo 2 de los 30 diputados
que tenía, quedando maltrecho y con déficit de autocrítica. Mas su pérdida no
es de mayor importancia, dada la fuerza que ostentaba y su escasa
influencia en la política andaluza, que no significaba más que un exiguo 28
% sobre un total de 109, por lo que poco se puede hacer apuntando al PP con esa
munición, salvo ejercer una oposición sin mayor trascendencia operativa. Cayó
el PSOE un 6,67 % en número de diputados, mientras, sorprendentemente, aumentó
sus votantes en 59.388, o sea, un 6,69 %, un porcentaje similar pero en sentido
inverso. Esta incongruencia tiene su explicación en el incremento de la
participación, o sea en el crecimiento de votos emitidos a nivel general.
También al PP le ha ocurrido algo parecido: pierde 5 diputados (58-53),
lo que representa un 8,62 %, mientras suben sus votos en 146.547, o sea un 9,22
%. Los dos se han dado un buen batacazo, yo diría que casi en la misma
proporción. Otra cosa será el análisis triunfalista, autocomplaciente o
indulgente que cada uno quiera hacer, según allá donde mire y en función de qué
pretenda.
Uno de los beneficiados es Vox, que
gana un diputado (14+1), un 7,14 % y 80.017 votos, que representan un 16,11 %
más. Por Andalucía, el partido dirigido por Antonio Maillo, no pierde
diputados, pero sí votos (-20.412), quebranto más soportable por la nula
trascendencia en la representación parlamentaria, pero que merece una
reflexión.
El gran beneficiado es Adelante
Andalucía, liderado por José Ignacio García, que pasa de 2 a 8 diputados,
ampliando su representatividad en 6, o sea un 300 % más, a la par que aumenta
sus votantes en 232.772 con respecto a las pasadas elecciones de 2022, lo que evidencia
un incremento de un 137,77 %.
Los partidos con representación
parlamentaria, al haber mayor participación, han obtenido 498.312 votos más que
en las elecciones de 2022, de los cuales 271.748 han ido a formaciones de
izquierda y 226.564 a la derecha, con un balance de 45.184 votantes más
para la izquierda. Resaltar, también, que quedaron sin representación
parlamentaria 206.063 votos emitidos que fueron a parar a las 22 formaciones
diferentes que quedaron fuera del parlamento.
Destacar, finalmente, que entre PP
y Vox sumaron un porcentaje de votos emitidos del 55,45 %, mientras PSOE,
sumado a Adelante Andalucía y Por Andalucía, alcanzaron solamente un 38,64 %.
Quedando la diferencia (5,91 %), hasta el 100 %, para el resto de fuerzas que
no consiguieron representación. Por tanto, es evidente que la derecha arrasa
mientras la izquierda araña algunos diputados con relación a la anterior
legislatura, 4 en concreto.
Algunas conclusiones
Aunque el PSOE haya sufrido una
derrota desalentadora y merecedora de una profunda reflexión, el mayor perdedor
es, bajo mi opinión, el PP que se verá obligado a gestionar el llamado, por
Juanma Moreno, «lío» de su alianza con Vox. Partía de una situación ideal de
mayoría absoluta y acaba atado a la extrema derecha con quien ha de pactar,
salvo que se saque algún conejo de la chistera y sorprenda al personal.
La izquierda más a la izquierda del
PSOE sale fortalecida y abre una buena perspectiva para el futuro si
sabe gestionar las diferencias intergrupales de su espacio político, asunto
siempre tan complicado por lo visto a través de la historia, donde los egos se
conjugan mal entrando en confrontación por matices inflexibles
de enquistamiento ideológico, donde los principios y sus matices se anteponen
al pragmatismo.
En realidad, estos resultados
siembran la esperanza en la izquierda, pues, aunque el PSOE pierda, ganan sus
potenciales aliados, rompiendo el maleficio que se ha dado hasta ahora en las
elecciones autonómicas de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Esta
circunstancia ha provocado cierto nerviosismo en el PP, que no
acaba de ver con garantía su victoria electoral en la próximas generales. Pedro
Sánchez, con su probada resiliencia, tiene más vidas que un gato y sabe
aprovechar el momento para sacar un conejo de la chistera cuando el viento
sopla a su favor. Feijóo no las tiene todas consigo, su liderazgo se muestra
cada vez más débil a la par que cuestionado. No da la talla requerida para
desbancar a Sánchez, que es habilidoso y marca tendencia en determinados
esferas mundiales con sus propuestas e ideas, por mucho que la derecha le
critique. Va a China y se le critica, pero el mismo Trump, por no mencionar a
Rueda, acaba siguiendo el mismo camino para limar aspereza con Xi Jinping.
Estalla el caso Zapatero
Pero hete aquí que tras ello
estalla la bomba para resituarlo todo. Aflora el estupor con la imputación de
Zapatero por la Audiencia Nacional, cuando leo en el diario La Opinión de
Málaga:
«El juez de la Audiencia Nacional
José Luis Calama ha dado un fuerte impulso a la investigación que mantenía en
secreto del caso Plus Ultra y ha decidido imputar al expresidente José Luis
Rodríguez Zapatero por presunto delito de tráfico de influencias y otros delitos
anexos, entre los que se encontrarían la organización criminal y la falsedad
documental, según han confirmado fuentes jurídicas».
Aunque uno ya está vacunado
emocionalmente sobre estas noticias, considerando el submundo de la
política, no deja de sorprender que, precisamente, sea Zapatero el presunto
implicado en semejante asunto. En el ambiente político y de la opinión pública
persiste la inquietud y la duda que sembraron las palabras de Aznar: «El que
pueda hacer, que haga». Analizando los procesos judiciales, sus tiempos y
oportunidades, así como las conductas de medios de información afines, se
podría deducir que algo, efectivamente, se está haciendo para conseguir
derribar a Sánchez más pronto que tarde, como manifestó con absoluta claridad
el vehemente Tellado: «Nuestra obligación es acabar con este
Gobierno y lo vamos a hacer con todos los medios a nuestro alcance». Una
desafortunada expresión que propone la oscuridad del atajo. A estas alturas,
con el pelo blanco aunque escaso, acumulamos la empírica sabiduría de la
experiencia y, mediante el razonamiento abductivo, podemos inferir la vileza de
una inmoral guerra soterrada que va mucho más allá de lo que parece.
De todo hay en la viña del Señor
Parto de la base de que el ser
humano es una inagotable caja de sorpresas. «De todo hay en la viña del señor»,
proclama el dicho popular avisando de tan amplia variedad de actitudes y
conductas sociales, hasta tal punto que nunca deberíamos poner la mano en el
fuego por nadie, incluso por uno mismo, puesto que los contextos son
determinantes para generar conductas reprobables. Creo que se ha de ser
implacable con la corrupción en el ejercicio de la política, caiga quien caiga,
incluso Zapatero si fuese culpable.
El periodista Pedro Piqueras
comentaba en una entrevista: «En esta historia de la corrupción,
que me parece que es lo más desastroso para la democracia, en España y fuera de
España, nadie puede presumir de ser menos corrupto que otros». Está
sobradamente comprobado que el ejercicio del poder corrompe y con el tiempo
más. Cito a George Bernard Shaw: «Los políticos son como los pañales, deben ser
cambiados con frecuencia y por la misma razón».
Todo ser humano tiene sentimientos,
emociones, ideologías o credos propios, o debería tenerlos. Tanto que no puede
evadirse de ellos, hasta tal punto que le resulta dificultosa la imparcialidad
de su razonamiento. El sesgo de confirmación y la disonancia cognitiva, a la
que me he referido en otras ocasiones, son mecanismos de defensa que
pretenden garantizar el equilibrio mental, evitando conflictos internos o
contradicciones que cuestionen los valores que sustentan su credo y discurso.
Lo que se suele decir en román paladino: «Arrimar el ascua a su sardina».
Ahora se nos ofrece un escenario de
conflicto y confrontación que dejará aflorar la política canalla, donde el
cinismo y la manipulación de la opinión pública cobra excesivo protagonismo. A
nosotros nos toca observar y pensar desde el sentido común, si es que lo
tenemos, pues no todo vale.











