Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 11 ABR 2026 7:01
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/04/11/confrontando-guerra-paz-128968963.html
La paz impuesta no es paz, sino sumisión del vencido. La paz verdadera es la que consensua la convivencia en libertad.
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| President Donald J Trump and Prime Minister Benjamin Netanyhu of Israel, / Europa Press/Contacto/Jim LoScal / Europa Press ======================== |
En estos días de Semana Santa,
huyendo de la ciudad y de su agobiante histrionismo procesional, decidí
retirarme a un lugar sereno y tranquilo para encontrar el sosiego que demanda
el mundo que nos atenaza. La
Alpujarra granadina fue el lugar elegido para iniciar este texto.
A la falda de la sierra
Sería bueno que nos plantáramos y
dijéramos: ¡Basta! Sería bueno sentarnos en la falda de la sierra, con la vista
en lontananza, como yo estoy en este momento, y nos dejáramos llevar por el
sentido de la lógica para ubicarnos en esta realidad existencial que, muchas
veces, pretendemos esquivar. Sería bueno que nos diéramos a la meditación, a la
reflexión como seres pensantes, que nos desprendiéramos del amargo influjo de un entorno que nos atosiga.
Nuestra estupidez nos impide ver la
realidad del gozoso ecosistema que nos envuelve y que puede desaparecer a manos
de perversos dirigentes. Desde aquí, se observa, en panorámica, la caprichosa morfología de la tierra,
los árboles que conforman el bosque y el perfil de la sierra de la Contraviesa
o del Cehel, que delimitan un horizonte frustrado, que se oculta tras de ella,
generando la eterna curiosidad que alimenta la fantasía del ser humano allende
la mar. El cielo, mientras tanto, gesta un teatro etéreo donde las nubes,
empujadas por el viento, dibujan caprichosas figuras que marchan rutilantes,
bebiendo de la luz del sol que declina, con su ocaso diario hacia el oeste, en
un ciclo de eterno retorno.
Aquí, al amparo de este bucólico
espacio, parece que estamos a
resguardo de la vida hostil que se nos va imponiendo por infames sujetos que
perdieron su esencia humanista junto a su sensibilidad. Ya no se busca la
eterna alianza del bien, la simbiosis entre todos y cada uno de los elementos
que conforman el cosmos en que habitamos. Los malvados solo pretenden sembrar
la confusión. Procuran un profundo y destructivo caos que diluya el presente,
el orden que nos vio nacer sustentando el equilibrio y la esperanza en un
mañana de progreso y desarrollo del ser humano en su sentido más integral.
Trabajan en favor de otra disposición asimétrica donde ganan unos pocos y
pierden unos muchos. El dios dinero se impone y amenaza con la plutocracia.
El poder sin escrúpulos
El espacio donde habitó la
tolerancia, el respeto a los demás, a la diversidad y al derecho internacional,
se está dinamitando. Han alcanzado el poder, o se lo hemos otorgado, lo que es
peor, a gente sin escrúpulos, sin madurez psicológica y social, sin los
sentidos y valores humanos que requiere cualquier gobernante. Integristas, pendencieros,
insultadores, belicosos y sociópatas están colonizando los espacios de
gobierno, entre libros sagrados o motosierra en mano. Amenazan y chantajean desde la fuerza y el
grito, desde el puro histrionismo, amparados por el aparato militar
que les avala con su fuerza, o de la cohorte de hooligans enfervorizados y
adeptos acérrimos que les siguen. Su calaña es desalentadora, su prepotencia es
frustrante, su insidia desesperante, su chulería infantiloide es perturbadora.
Cuesta, ante estas circunstancias,
mantener la cordura y el sosiego para comprender lo que ocurre y, lo que es
peor, aquello que se avecina. La inseguridad y la duda habitan en nuestra mente
mientras observamos amenazantes nubarrones negros que siembran el temor y el
miedo ante el mañana. El mundo y su orden se están rompiendo y el caos va
ganando terreno como determinante de una nueva era que pretenden gestionar los
«sin-alma», los deshumanizados, los sociópatas que no diferencian entre el bien
y el mal, pues para ellos el bien y el mal tienen como referente su propio
beneficio.
La amenaza disuasoria
Sus actitudes y conductas belicosas, irracionales y carentes de ética y
escrúpulos, usan la amenaza como arma de disuasión ante los que ellos
califican como enemigos de sus intereses. Se sienten con derecho a imponer su
orden, a someter a los pueblos y arrebatarles lo que es suyo, a pretender
globalizar los recursos para adueñarse de ellos desde el poder de sus empresas
y fuerza bruta. Si alguien se opone a sus designios lo estigmatizan. Buscan el
apoyo de los vendidos políticos, de falsos patriotas, que secunden sus
planteamientos usándolos de quita columna en países soberanos para someterlos.
Se autoproclaman defensores del orden, de su orden plutocrático, cuando lo que
buscan son los recursos petrolíferos y naturales. Designan el bien y el mal a
su antojo y conveniencia y, con un verbo infantiloide, de bravucón de patio
de colegio, se permiten la amenaza y el chantaje. Es
vergonzoso escuchar a todo un presidente de la primera potencia mundial decir,
con un tono chulesco y amenazante: ¡Abrid el puto estrecho, locos cabrones, o
vais a vivir en el infierno!
Es sobrecogedor enfrentar las
amenazas apocalípticas de Trump sobre una destrucción a gran escala de la población civil, cuando
expresa: «esta noche morirá toda una civilización y nunca volverá». Es una
advertencia perversa que amenaza con un crimen de guerra, de lesa humanidad, de
forma descarada sin que nadie se atreva a pararle los pies ante tales
bravatas. ¿Será capaz EEUU de
volver a destruir otra Hiroshima?
Amnistía Internacional
Agnès Callamard, secretaria general
de Amnistía Internacional, ha señalado: «El mero hecho de que el presidente
Trump lance semejantes amenazas apocalípticas, incluida su advertencia de que
acabará con `toda una civilización´, revela un nivel sobrecogedor de crueldad y
de desprecio por la vida humana, que se vuelve más aterrador aún al ir
acompañado de amenazas explícitas de atacar directamente infraestructuras
civiles iraníes provocando `la
total destrucción´ de las centrales eléctricas y los puentes del país.»
«El derecho internacional prohíbe
estrictamente los ataques contra la población civil y objetivos civiles. Con su
amenaza de exterminio y de destrucción irreparable, el presidente de Estados
Unidos pisotea descaradamente el derecho internacional humanitario, con
consecuencias potencialmente catastróficas para más de 90 millones de personas.
La declaración puede constituir una amenaza de genocidio, un crimen que la
Convención sobre el Genocidio y el Estatuto de Roma de la Corte Penal
Internacional definen como la comisión de uno o más actos definidos ’con la
intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico,
racial o religioso, como tal’.» (Fin de la cita)
Cinismo de Netanyahu
Por otro lado, el cinismo alcanza cuotas sorprendentes.
Netanyahu, acertadamente, define como crimen de guerra el ataque a la población
civil, pero se refiere al ataque a los suyos. Mientras él, con su poderoso
ejército, machaca y asesina al pueblo palestino y, ahora, a otro país soberano
como es Líbano. Marco Rubio dice con ironía que Irán debería gastar en sus
ciudadanos y ‘no en armas’, mientras Trump propone aumentar un 40% el gasto en
defensa hasta niveles récord a cambio de recortar programas sociales. ¡Qué
tremenda paradoja e incoherencia!
Ese es nuestro mundo actual. Unos sujetos irracionales y deshumanizados
asaltaron el poder y, sembrando el odio desde su prepotencia, nos abocan
a un futuro oscuro. Sentarse a la falda de la sierra y meditar no deja de ser
un acto de impotencia, pero un buen ejercicio de introspección para buscar el
equilibrio interno y los valores de esta sociedad que hemos de defender como
mejor se pueda. Las consignas siguen siendo un «no a la guerra» y un «sí a la
paz» consensuada y no impuesta por las armas.
Tal vez estemos ante la guerra de unos dioses dogmáticos manipulados por el
integrismo religioso de los hombres: judaísmo, cristianismo e islam, las
tres religiones del Libro o abrahámicas siguen a la gresca, se llevan a matar.
Habrá que meditar sobre ello.






