miércoles, 7 de enero de 2026

Gertrudis Gómez de Avellaneda, una polígrafa rompedora en el siglo XIX


Gertrudis Gómez de Avellaneda

(Texto publicado en SUR. Revista de Literatura)

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Por: Antonio Porras Cabrera

La figura de María Gertrudis de los Dolores Gómez de Avellaneda y Arteaga (1814-1873) es única en el mundo de la literatura. En el contexto de la España del siglo XIX, Gertrudis (Tula, de nombre hipocorístico) es un ejemplo reivindicativo del poder de la creatividad y la libertad femenina. Una voz que clama contra las costumbres anacrónicas de una España misógina y decadente que relega a la mujer al papel de madre y esposa. Fue una de las mejores expresiones del movimiento romántico. Pero se le identifica también como precursora del feminismo, abolicionista y rebelde, crítica con la sociedad imperante.

Su biografía ha sido recogida por numerosos escritores y escritoras, incluso por ella misma en la autobiografía que le envía a Ignacio de Cepeda (Fuentes, 1914), al comenzar con él su intercambio epistolar, allá por 1839, y otra que escribe para publicar en el periódico La Ilustración, el año 1850. Por tanto, me limitaré a dar unas pinceladas sobre ella, con el ánimo de no extenderme demasiado, cosa harto compleja.

Su infancia

Gertrudis nace el año 1814 en la localidad cubana de Puerto Príncipe, hoy Camagüey. Era hija de Don Manuel Gómez de Avellaneda y Gil de Taboada (1764-1823), un capitán de navío español, nacido en Constantina (Sevilla), y de Doña Francisca María del Rosario de Arteaga y Betancourt (1790-1854), respetable dama de abolengo, descendiente de vascos españoles y canarios. El matrimonio tuvo 5 hijos de los que solo Gertrudis y su hermano Manuel sobrevivieron a la niñez.

Su infancia transcurre felizmente hasta que muere su padre en 1823 causándole gran dolor y quebranto dados los lazos afectivos que les unen. Se sentía orgullosa de los altos valores morales de su progenitor y de la alcurnia de su madre, lo que le hace sentirse superior. Tuvo la oportunidad de recibir una educación esmerada y desenvolverse en un ambiente cultural muy por encima del habitual. Creció pensando en el teatro, interpretando con sus amiguitas, leyendo obras dramáticas como si fuera una adicción. La lectura de escritores románticos franceses e ingleses como Byron[1][AG1] , Víctor Hugo, François-René de Chateaubriand,[AG2]  Lamartine,[AG3]  George Sand[AG4]  o Madame de Staël,[AG5]  avivaría su vocación literaria.

Otro gran quebranto le produce el casamiento de su madre, en ese mismo año, con el militar español de ascendencia gallega, destinado en Cuba, D. Gaspar Isidoro de Escalada y López de la Peña, matrimonio que Tula nunca acabará de aceptar. De este matrimonio nacieron tres hijos.

Su familia le preparó matrimonio con un pariente hacendado que, tras un tiempo, ella rechazó, causando un importante conflicto familiar.

La partida de Cuba 

En 1836 decide la familia trasladarse a España. Desembarcan en Burdeos y de allá se trasladan a Galicia. A su salida de Cuba escribe el soneto Al partir cargado de añoranza, tal vez una de sus mejores composiciones poéticas, que se reproduce a continuación:

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!

¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo

la noche cubre con su opaco velo,

como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!… La chusma diligente,

para arrancarme del nativo suelo

las velas iza, y pronta a su desvelo

la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!

¡Doquier que el hado en su furor me impela,

tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Adiós!… Ya cruje la turgente vela…

el ancla se alza… el buque, estremecido,

las olas corta y silencioso vuela.

Instalados en Galicia, surgen desencuentros con la familia de su padrastro, que la consideran una señorita mal criada, irreverente y poco hacendosa. Le llaman la Doctora y la llegan a acusar de atea por leer a Rousseau y sabihonda con ínfulas de grandeza, cuestión que ella misma transcribe en su autobiografía a Cepeda (Fuentes, 1914).

Se refugia en el amor de Mariano Ricafort, hijo del Capitán General de Galicia, al que se refiere como “noble, sensible, desinteresado, lleno de honor y delicadeza”. Pero la asimetría de sus talentos y las exigencias de este para que abandonara el mundo de las letras le llevan a romper la relación, oportunidad que le da la partida de Ricafort a la Guerra Carlista.

Estancia en Sevilla

Agobiada por la problemática familiar y la dificultad en la convivencia, decide trasladarse con su hermano Manuel a Sevilla, la tierra de su padre, a la que él, en vida, ya tenía la intención de volver.  Era 1839 y empezó a destacar en los círculos literarios de Sevilla, Cádiz e incluso Málaga, apoyada por Alberto Lista y Manuel Cañete utilizando, en algunos casos, el seudónimo de La Peregrina.

Conoce a Ignacio de Cepeda y Alcalde, joven estudiante de leyes con quien vive una atormentada relación amorosa, de la que dan sobrado testimonio la biografía y un intercambio epistolar durante 14 años.

Marcha a Madrid y a la fama

En 1840 se trasladó a Madrid y pronto comenzó a frecuentar los círculos literarios a los que concurrían los poetas románticos más conocidos: José de Espronceda, José Zorrilla, José Quintana, Juan Nicasio Gallego, Fernán Caballero, con los que entabló duradera amistad.

En ese mismo año de 1841 vio la luz su novela Sab, aunque según la propia Gertrudis se escribe en Galicia entre 1836 y 1838, que es considerada por muchos como la primera novela de la literatura castellana en la que se hace presente el tema de la esclavitud, a la que critica abiertamente.

Para José María de Cepeda, tataranieto de Ignacio de Cepeda, con esta obra “… la Avellaneda aportó, además, a la novela española y europea del siglo XIX el ambiente caribeño, bastante desconocido en estas tierras… un tono melancólico y lánguido…”. En todo caso muchos la consideraban poseedora de un romanticismo ecléctico.

Llamó la atención en los círculos madrileños, donde se cultivaba el romanticismo, la belleza y ademanes de Tula, siendo la admiración de todos, sorprendidos por la profundidad e independencia de sus juicios y el dinamismo y actividad que mostraba. Bretón de los Herreros llegó a exclamar: “¡Es mucho hombre esta mujer!”.

Aparece Tassara

En 1844 publica numerosos artículos en periódicos y revistas, y, también, su novela Espatolino, así como estrena su drama Munio Alfonso. En este tiempo aparece Gabriel García Tassara, un poeta sevillano afincado en Madrid, al que se entrega, tal vez dando fluidez al amor contenido por Cepeda, que dejó en Sevilla.

La Avellaneda queda embarazada, él se marcha sin querer saber nada, pues, puede que su soberbio objetivo fuera solo conquistar a la diva. Ella acaba sola, y es vilipendiada como madre soltera, mientras da a luz a su hija María (Brenhilde para ella). Su hija muere a los pocos meses y Tassara no se digna acudir a conocerla. Es cuando escribe a Cepeda: “Envejecida a los treinta años, siento que me cabrá la suerte de sobrevivirme a mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insignificante para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras.” Se denota aquí una actitud depresiva con pensamiento suicida.

En 1851, cuando Tula ya es viuda, aparece Tassara y mantienen una relación como si antes no hubiera ocurrido nada entre ellos, intercambiándose libros con total naturalizad, pero la conducta de Tassara marcó esa relación. El orgullo herido de Tula le lleva a prohibir a Cepeda que mencione su nombre a Tassara, cuando este le dice que quiere hablar de ella con su antiguo amante.

Primer matrimonio

Ante las mil adversidades que la causó Tassara, es receptiva a la propuesta matrimonial que recibe de un hombre respetado y político prestigioso, gobernador de Madrid, D. Pedro Sabater. Era 1846 y la Avellaneda decide contraer matrimonio con él buscando la serenidad y el sosiego de su espíritu. Mas la felicidad dura poco, a los tres meses, cuando realizaban un viaje por Francia, fallece en Burdeos de una enfermedad que ya acarreaba.

En su desespero se retira a un centro espiritual y allí escribe el Manual del Cristiano y posteriormente compuso dos elegías que son de lo más destacado de su obra poética, de las que reproduzco dos estrofas de la primera de ellas, donde muestra su estado de ánimo (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2016).

Elegía I

(Después de la muerte de mi marido)

Otra vez llanto, soledad, tinieblas…                    

¡Huyó cual humo la ilusión querida!                  

¡La luz amada que alumbró mi vida                   

un relámpago fue!    

                 

Brilló para probar sombra pasada;                     

brilló para anunciar sombra futura;                    

brilló para morir… y en noche oscura                 

para siempre quedé…   

  

De nuevo a Madrid

Repuesta su fuerza regresa a Madrid, siendo recibida con cariño y entusiasmo por sus amigos de los círculos literarios. Entre 1849 y 1853 estrena siete obras dramáticas: Saúl (1849), Flavio Recaredo (1851), La verdad vence aparienciasErrores del corazón, El donativo del diablo y La hija de las flores (1852); La aventura (1853), reedita sus poesías y en el Seminario Pintoresco Español aparecen dos nuevas leyendas: La velada del helecho y La montaña maldita.

Candidata a la RAE

En 1853, a la muerte de su mentor, Juan Nicasio Gallego, y movida por el éxito de sus producciones, presenta su candidatura a la RAE, pero el sillón Q mayúscula fue ocupado por un hombre, rechazando su candidatura los misóginos académicos de entonces, que se lo otorgaron a Antonio Ferrer del Río.

Y no fue hasta 1979 que una mujer pudiera entrar en la RAE, Carmen Conde. Antes había quedado también rechazada la candidatura de Emilia Pardo Bazán. Y María Molinier, lexicógrafa y autora de su famoso diccionario de uso del español, tampoco lo fue, pues optando a la letra B mayúscula, se la otorgaron a Emilio Alarcos en 1973. En la actualidad son 11 las mujeres de 44 miembros existentes, quedan 2 plazas vacantes.

Tras ser rechazada su candidatura a la RAE, y ya apagada la relación epistolar con Cepeda, inicia un intercambio de cartas con Antonio Romero Ortiz, cargado de enigma al inicio (se otorgó el pseudónimo de Armand Carrol). Tras un vínculo amoroso en la primavera de 1853, esta relación se diluye ante la dificultad de entenderse tal como muestra Rosalía Rexach en el estudio de estas cartas (Biblioteca Virtual Miguel de Cevantes, 2016).

Nuevo matrimonio

En 1856 contrae matrimonio con el coronel y diputado a Cortes, Domingo Verdugo y Massieu. La boda fue apadrinada por los reyes de España. Sigue prolífica en sus obras: Simpatía y antipatía (1855), La hija del rey René (1855), Oráculo de Talía o los duendes de palacio (1855), Los tres amores (1858) y Baltasar (1858) su mejor obra dramática según la crítica.

En el estreno de Los tres amores (otros dicen que Baltasar) su marido es herido tras una disputa con Antonio Riber al que acusa de haber arrojado un gato al escenario, produciéndole un neumotorax con un estilete oculto en un bastón, que condicionará su vida.

Vuelta a Cuba

Para sanar mejor de sus heridas, contando con el nombramiento de su esposo como gobernador en la isla por parte de la reina Isabel II, marchan a Cuba en 1859. Allí la recibieron unos con entusiasmo y otros con recelo.  Mas todos como una triunfadora en la metrópolis, cargada de personalidad y esposa del gobernador. En el Liceo de la Habana es nombrada poetisa nacional y se relaciona con los líricos cubanos más notables, y funda la revista: Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello, si bien, otro sector la rechaza en el Areópago Literario, donde no incluyen ninguna de sus composiciones en el libro La Lira Cubana

¿Es cubana o española? Las dos cosas, nace en Cuba pero desarrolla su carrera en España, donde triunfa, vive y madura su arte literario, para volver a su Cuba natal por un tiempo.

Segunda viudedad, regreso a España y muerte

Su marido muere en 1863, sin haberse recuperado de las heridas, y se acentúa su espiritualidad y entrega mística a una severa y espartana devoción religiosa. En 1864 vuelve a Madrid, tras pasar por Nueva York, Londres, París y Sevilla. Muere en Madrid el 1º de febrero de 1873, a los 58 años, enferma de diabetes y sola, ordenando en su testamente sea enterrada en el panteón familiar de Sevilla, y que sean traídos los restos de su esposo desde Cuba para que reposen con ella.

Su obra

La obra de doña Gertrudis Gómez de Avellaneda ha sido y sigue siendo motivo de estudio e investigación. Son muchísimos los autores que han publicado sobre ella, su vida y su intensa productividad, están más que juzgadas por la crítica literaria y con buena nota, tal como refiera, a principios del siglo XX, el propio Lorenzo Cruz:

…ocupa lugar preeminente entre los más esclarecidos poetas que brillaron en el Parnaso español, y como el primero entre las poetisas que hablaron la lengua de Cervantes. Tal como dejaron consignado en luminosos artículos periodísticos, en cartas laudatorias o en eruditos prólogos, varones tan preciados como don Juan Nicasio Gallego, don Alberto Lista, don Nicomedes Pastor Díaz, don Juan Valera, don Pedro Antonio Alarcón, don Severo Catalina y el Duque de Frías, por no citar más, que sobresalen en la república de las letras, unos como poetas, otros como críticos, otros como novelistas, y todos como maestros consumados del bien decir (Fuentes, 1914).

Ello implica un gran reconocimiento de su obra ya en vida y en las esferas del mundo literario de mediados del XIX.

Refiere Skyler Gómez (Gómez, 2025), que «los escritos de Avellaneda alcanzaron su mayor popularidad en las décadas de 1840 y 1850. Sus historias abordaban temas como el amor, el feminismo y un mundo en evolución. Su estilo literario se vio influenciado por poetas franceses, ingleses, españoles y latinoamericanos, especialmente la poesía hispánica derivada del neoclasicismo tardío y el romanticismo».

Es evidente que llegó a ser una de las más destacadas plumas del romanticismo español, y aún permanece entre las escritoras más distinguidas de nuestra lengua. Dominó la poesía con pasión, donde manifiesta su análisis de los estados emocionales derivados de la experiencia amorosa y existencial, hasta orientarse, finalmente, a la espiritualidad.   Sus dramas llenaron los teatros de la Península. Sus obras se discutieron el primer y segundo premio, a la vez, en los Juegos Florales más selectos de Madrid.

En la biblioteca virtual Miguel de Cervantes, he encontrado 32 autores de estudios sobre nuestra escritora (Biblioteca Miguel de Cervantes, 2025). Es más, en los últimos tiempos ha tomado mayor protagonismo su obra y figura en tanto precursora y luchadora por los derechos y libertades de la mujer.

La asociación cultural y literaria La Avellaneda ha recogido más de cien mil firmas para pedir que Gertrudis Gómez de Avellaneda sea admitida en la Real Academia de la Lengua como miembro a título póstumo, dado que fue rechazada por ser mujer y no por criterios de cualidad.

Su poética 

Cada vez deriva más a temática de contenido místico y religioso, como ya he mencionado, sobre todo después de la muerte de su esposo Pedro Sabater. En este sentido destacan los poemas: Dedicación de la lira de DiosSoledad del alma La cruz.

La métrica que usa es muy variada. En la obra poética de Avellaneda se encuentran: Versos de trece sílabas con cesura tras la cuarta. De quince y de dieciséis sílabas (poco frecuentes en la poesía española). Utilizó también el verso alejandrino con el primer hemistiquio octosílabo y el segundo hexasílabo, o bien el primero pentasílabo y el segundo eneasílabo. Destaca el soneto Al partir, marcado por el desgarro existencial, A él, La vuelta a la Patria, Amor y orgullo, A la muerte de Heredia, La pesca en el mar y numerosos poemas más, recogidos en varios volúmenes.

Novela

Sab (1841). Trata temática esclavista y de amores no correspondidos, considerada por algunos como la primera novela antiesclavista de la historia, si bien es el contexto donde se desarrolla ese drama del amor imposible.

Dos mujeres (1842). Una diatriba contra el matrimonio, defendiendo el divorcio ante una unión no deseada, donde la amante y el adulterio juegan un papel importante.

Guatimozín (1853). Situada en el México de la etapa de la conquista, donde muestra gran cantidad de erudición histórica con tintes de epopeya.

En sus restantes obras narrativas sigue presente la crítica a la sociedad convencional; Espatolino, Dolores, La mano de Dios, El artista barquero, etc.

Teatro

Leoncia (1840). Tuvo buena acogida en Sevilla y poseía cierta originalidad. Drama esencialmente romántico en torno a un triángulo amoroso conformado por tres figurantes, don Carlos Maldonado, su novia doña Elena de Castro, y Leoncia, una bella y misteriosa mujer madura, hacia quien Carlos siente una atracción fatal.

Munio Alfonso (1844). Ambientada en la corte de Alfonso VII de León y Berenguela de Barcelona, que nos ofrece el dramatismo del asesinato de Fronilde, que muere a manos de su propio padre, quien desea lavar con su sangre la supuesta deshonra familiar. Es por tanto, un drama histórico que reúne casi todas las cualidades de la tragedia, al mismo tiempo que se aproxima al drama de honor calderoniano.

El príncipe de Viana (1844) donde es “envenenado” Carlos IV de Navarra, príncipe de Viana, hijo y heredero de Juan II de Aragón.

Egilona (1846). Lucha de moros y cristianos, de amor y drama. Esposa de Rodrigo, muerto en la batalla, es raptada por Abdalaziz y ella se entrega al Emir…

Además dos dramas bíblicos (romanticismo religioso):

Saul (1849), representa la rebeldía y la tragedia, donde Saúl mata a su propio hijo Jonathas

Baltasar (1858) considerada su obra cumbre en el ámbito dramático, ambientada en la Babilonia asiria.

Otras obras importantes, son:

Flavio Recaredo, Errores del corazón, La hija de las flores o Todos están locos, La verdad vence apariencias, La aventurera, La hija del rey René, Los duendes de Palacio, Simpatía y antipatía, Catilina, Los tres amores.

Su último poema

Concluyo con su último poema, titulado: El último acento de mi arpa, dedicado a su amiga Leocadia de Zamora, que nos muestra su estado de ánimo al final de su vida. Leocadia de Zamora también era nacida en Cuba, aristócrata y amiga de Gertrudis:

Lo siento ¡oh amiga! mi mente

                Ya pliega sus alas,

                Marchitas sus galas,

                Pasado su abril.

El tiempo en su rápido giro

                Se lleva veloces

                Mis plácidos goces

                De edad juvenil.

No hay ya para mi poesía

                De vagos dolores,

                De ardientes amores,

                De inmenso anhelar.

La luz de mi genio se vela,

                Se apaga mi acento,

                No admiro, no invento,

                No puedo cantar.

Ya mustia la flor de mi vida

                No vierte fragancia:

                Su antigua arrogancia

                Perdió el corazón.

Mas antes que rompa las cuerdas

                De mi arpa sonora,

                Por ti tiene ahora

                Fugaz vibración

A ti, mi Leocadia, dedico

                Su canto postrero,

                Cual leve y sincero

                Tributo de amor.

¡Tal vez, como el cisne, mi genio

                Dará en su agonía

                Más dulce armonía,

             Sonido mejor!

¡Tal vez como el sol, que en ocaso

                Más bello parece,

                La voz que enmudece

                Más grata será!

Yo al viento de otoño la entrego,

                Cual la hoja caída

                Que en su ala mecida

                Volando se va.

Bibliografía

Biblioteca Miguel de Cervantes. (25 de 09 de 2025). Gertrudis Gómez de Avellaneda. Biografías. Obtenido de https://www.cervantesvirtual.com/buscador/?q=Gertrudis+G%C3%B3mez+de+Avellaneda+biografias: https://www.cervantesvirtual.com

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (2016). Antología Poética. En G. G. Avellaneda, Antología Poética . Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Biblioteca Virtual Miguel de Cevantes. (2016). Un nuevo epistolario amoroso de la Avellaneda . En R. Rexach, Un nuevo epistolario amoroso de la Avellaneda (pág. Edición en digital). Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Fuentes, L. C. (1914). La Avellaneda (Biografía y cartas). En L. C. Fuentes, La Avellaneda (Biografía y cartas) (Segunda ed.). Madrid: Imprenta Helénica.

Gómez, S. (2025). https://www.literaryladiesguide.com/author-biography/gertrudis-gomez-de-avellaneda/. Obtenido de https://www.literaryladiesguide.com/author-biography/gertrudis-gomez-de-avellaneda/: https://www.literaryladiesguide.com

 Antonio Porras Cabrera


[1]George Gordon Byrobn, conocido por lord Byron (Londres, 1809-Mesolongi Grecia, 1824); Victor María Hugo (Besanzón, 1802-París, 1885)¸ François-René de Chateaubriand (Sant-Malo Francia, 1768-París, 1848); Lamartine: Alphonse Marie Louis Prat de Lamartine (Mâcon,1790 – París,1869); George Sand, París pseudónimo de la novelista y periodista AmantineAuroreLucile Dupin de Dudevant (Francia 1804-Nohant-Vic, Francia, 1876); Madame  de Staël, pseudónimo de Anne-Louise Germaine Necker, Baronesa de Staël Holstein, (París, 1766-1817).


 [AG1]George Gordon Byron, conocido por lord Byron. (Londres 1809- Mesolongi Grecia, 1824)

 [AG2]François-René de Chateaubriand (Saint-Malo Francia,1768 – Paris,1848).

 [AG3]Victor María Hugo (Besanzón, 1802- París, 1885)

 [AG4]George Sand, París,  pseudónimo de la novelista y periodista Amantine Auirore Lucile Dupin de Dudevant (Francia 18004-Nohant-Vic, Francia, 1976)

 [AG5]Madame de Staël, pseudónimo de Anne-Louise Germaine Necker, Baronesa de Staël Holstein, (París, 1766-1817)

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