miércoles, 23 de febrero de 2011

30 + 30 = 60 y se querían llevar una. Mi memoria histórica del 23F.




Hoy 23F, a mis 60 años recién cumplidos, rememoro que en el ecuador de mi existencia, hace 30 años, cuando contaba otros 30 (de ahí el título), se dio un hecho insólito, aunque propio de la España anacrónica del XIX, la España bananera, rancia, típica de la pandereta y el triunfalismo trasnochado de mentes enfermas, cargadas de ideas megalomaniacas y delirios de grandeza del imperio y la reserva espiritual de occidente. Era el coletazo de un tardofranquismo que se resistía a desaparecer y que solo claudicaría, aparentemente, con condiciones claras y beneficiosas para sus herederos.

Si bien es cierto que no se han vuelto a dar asonadas cuarteleras de forma clara, no lo es menos que sirvió para frenar el proceso democrático, la descentralización (aún quedan por desarrollar competencias autonómicas), y cualquier intento de pedir justicia por las injusticias cometidas por el franquismo y sus seguidores, tal como aún andamos viendo con la propia ley de la memoria histórica. El ejército se modernizó; es decir, se adecuó a la función de la OTAN, que “de entrada NO”, haciendo que el Sr. González se comiera sus palabras y claudicara para mantener el equilibrio, con el visto bueno de papá EE. UU. y de Europa. Hay C.E.E. si hay OTAN. Y ahí andamos… bueno, en Afganistan, los Balcanes (hasta hace bien poco), el Líbano, etc… como tributo al grupo de pertenencia.

A mí, cada vez que aparece la imagen del energúmeno de Tejero, pistola en mano, irrumpiendo en lo más sagrado que hay para una democracia, como es un parlamente, se me revuelven las tripas. Si a esto se le añade la cara biliosa de Milans con su gorra cuartelera y un conjunto de otras que dan miedo, no por su poder personal, sino por el mal uso que pudieran hacer del poder de las armas que le dimos los españoles para defendernos de agresiones imaginarias, no puedo menos que sentir el pánico de la reversión a tiempos pretéritos.

A parte de la repugnancia personal que sienta por sujetos de tal calaña, que se creen guardianes de valores patrios, y no sé cuantas cosas más, solo se me ocurre decir que son verdaderos traidores a su patria, entendiendo que su patria está formada por su gente, por la gente que la habita, y no por las tierras exclusivamente; la voluntad de esa gente es el valor principal que se ha de defender en sistema democrático de soberanía popular, y no de servilismo al señor. Son concepciones políticas antagónicas, que no pueden ser apoyadas por ningún sujeto que tenga una pizca de sentido común, dándole el sentido de común a todo aquello que se comparte entre gente adulta, responsable y madura que ejercen esa soberanía popular en un Estado moderno.

Ahora, desde el recuerdo de ese ecuador de mi vida, evoco con tristeza, aunque sin miedo, aquellos momentos terribles en que “se querían llevar una” naciente democracia para volver a humillarnos y someternos, cuando ya habíamos cambiado de señor, como se está viendo. Muchas dudas y preguntas siguen en el aire, muchas cuestiones sucias tapadas bajo la alfombra, muchas inquietudes sobre lo que fue, qué pasó y como se resolvió, si hubo o no pactos secretos, etc… No sé si la historia lo alumbrará, pero tengo, como siempre, mis recelos sobre la verdad que cuenta la historia, no por lo que cuenta, sino por lo que calla.

Mi hija cumplía 5 años al día siguiente y mi hijo 6 meses ese mismo día. No se planteó un día de cumpleaños festivo y alegre, sino temeroso y amenazante, aunque al final el mismo 24 respiramos tranquilos. Trabajaba en la UCI, en la unidad de Cirugía Cardiovascular, de reciente apertura, y mientras luchaba contra los drenajes cardiacos para evitar coagulaciones, vigilaba y controlaba el flujo sanguíneo y los ritmos cardiacos, presiones arteriales, estados de conciencia, etc., una auxiliar, militante de Fuerza Nueva, se inundaba de alegría, creando tensión en el ambiente, y se vanagloriaba de los hechos. Por más que los compañeros y compañeras le pedíamos contención ella, exaltada, volaba en su mundo de ominosa fantasía. La radio era nuestro único contacto con el exterior, aunque el teléfono echaba chispas. Fueron horas de preocupación, de miedo y de frustración ante la posibilidad de regresar al pasado y echar por tierra todo un lustro de lucha y avance hacia una concepción unitaria de una nueva España.

Indecisión, inseguridad, miedo, animadversión, repugnancia, hostilidad, fastidio, desprecio, abominación, horror, etc… y, consecuentemente, acopio de alimentos, conforman un conjunto de sensaciones y recuerdos que me vienen a la memoria. Difíciles momento ante el patetismo de las torvas miradas de unos militarse traidores, que recordaban alzamientos bendecidos por otras fuerzas, y que sometieron a España a la vileza histórica de la dictadura. Hoy, treinta años después, se me sigue erizando la piel en el recuerdo, pero con el convencimiento, aunque el ser humano sea el único animal que tropieza con la misma piedra una y otra vez, de que esa historia, lastimera y cruel, no vuelva a producirse a pesar de los herederos del franquismo que quieren seguir enfrentando a las Españas y su gente, desde su idea territorial y del desprecio a la voluntad de sus pueblos soberanos.

lunes, 21 de febrero de 2011

Viajando con el IMSERSO (y II)


El jueves día 10 decidimos visitar Montserrat. Alquilamos un coche para las dos parejas que teníamos ese propósito y pusimos el GPS, dirección Monistrol, para subir con el aéreo, pero al final estaba cerrado y subimos en el cremallera.

El monasterio de Montserrat tiene su origen en una pequeña iglesia, Santa María, documentada ya en el año 888. De ella no queda nada, pero sí de la iglesia románica que la sustituyó. La basílica actual es renacentista, del siglo XVI. Es un monasterio Benedictino que, no solo tiene en su haber su historia y dedicación a la Moreneta, sino que es un centro catalanista de primera magnitud. Es, por excelencia, el lugar de mayor prestigio y devoción del pueblo catalán, siendo, también, lugar de peregrinación conocido en todo el mundo. Sus abades siempre tuvieron gran peso específico en lo religioso, la política y la sociedad catalana. En mis tiempos jóvenes hice el camino a pie desde Vallvidrera a Montserrat, 60 kilómetros andando, que solo se soportan desde la lozanía de los 18 años.

Tuvimos la suerte de poder escuchar en directo a la escolanía de Montserrat en el interior de la basílica, por lo que estaba repleto de gente. Voces infantiles, de tono angelical, que cautivaban al público asistente. Tras tomar diversa fotografías pasamos al camerino de la virgen y a la capilla aneja a su espalda, que resultó esplendorosa. Son varias las veces que he visitado Montserrat y me sigue fascinando, no solo por el monasterio, sino por la montaña en sí misma, con su especial morfología, su magia y todo el conglomerado que se ha fraguado en su alrededor. Anduvimos por el entorno admirando las vistas y edificaciones. Los rayos del sol guiñaban desde la espalda de la montaña, en un juego de huída y presencia fascinador, mientras la gente se asomaba a los miradores intentando llevarse, presa en la pupila, la imagen impactante que observaba.

No tuvimos el valor de subir a San Joan ni bajar a la llamada Santa Cueva con el funicular, no quisimos forzar a los miedosos a las pendientes excesivas y al artilugio mecánico que las vencía. Nos conformamos con ver como se cruzaban las cabinas sobre una doble vía en el centro del trayecto. Fotos y más fotos y adiós, hasta otro día.

El viernes y sábado lo dedicamos a Barcelona. Poco tiempo para tanta cosa. Realizamos un itinerario intentando adecuarlo a la brevedad disponible. El viernes empezamos por visitar la Sagrada Familia que se muestra, como siempre, sorprendentemente impactante. Una cola inmensa nos hizo desistir de entrar a los que ya la habíamos visitado y paseamos por los alrededores, mientras los interesados pasaban al interior.

Después de comer nos desplazamos al Parque Güell, que al hacer tanto tiempo que no lo visitaba me sorprendió gratamente. Fue encargado a Antonio Gaudí por el Conde Güell y se construyó entre 1900 y 1914. No serán mis torpes palabras las que le quiten mérito, por lo que más que hablar sobre él os remito a las fotos y a una visita personal para sorprenderse de tanta originalidad y belleza Gaudiniana. Su plaza ofrece una vista esplendorosa e inaudita de Barcelona. Mis amigos, que no conocían Cataluña, estaban encantados, aunque cansados de tanto caminar.

Siguiendo con la obra de Gaudí, aunque no llegamos con tiempo para entrar a visitar su interior, observamos la casa Batlló. Ésta obra, realizada por Gaudí a principios del pasado siglo, es consecuencia de una remodelación de una casa normal, que le solicitó el industrial Batlló a Gaudí y que resultó polémica y sorprendente por su originalidad dentro del modernismo. Los balcones parecen fragmentos de cráneos con las aberturas de los ojos y la nariz. Las columnas de la tribuna del primer piso parecen huesos humanos.

Al otro lado del Paseo de Gracia se encuentra otra de las obras más significativas de Antonio Gaudí, la Casa Milá, llamada popularmente la Pedrera. El edificio, por lo innovador, es una típica obra gaudiniana en la que, por lo que he leído, las líneas geométricas son sólo rectas formando planos curvos, y eso no lo entiendo, dado mi limitado conocimiento sobre arquitectura. Fue construida entre los años 1906 y 1910 en estilo modernista. Es patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO. Cabe destacar la belleza del hierro forjado de sus balcones, que simulan plantas trepadoras.

El paseo se culmina con vista a las Ramblas, la Boquería (mercado de San Josep), una cerveza en la Plaza Real y cena en C/. Carmen, en El Rincón de Aragón… y a dormir hasta mañana.

El sábado lo dedicamos a visitar, a vuela pluma, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) sito en el Palacio Nacional (o de las Naciones, nunca lo sé con exactitud, aunque sí que fue construido para la exposición de 1929) de Montjuic. Hace falta tiempo, bastante tiempo, para su visita completa. El MNAC comprende todas las artes (escultura, pintura, artes del objeto, dibujos, grabados, carteles, colección de fotografía y colección de numismática) y tiene la misión de explicar un discurso global del arte catalán, desde el románico hasta mediados del siglo XX. Os sorprenderán el contenido, las obras expuestas, y la arquitectura del continente.

De allí marchamos a un paseo por el barrio Gótico, con la catedral cerrada y andamiada su fachada, nos fuimos, vía Carrer del Bisbe, hasta la Plaça Sant Jaume, para ver las fachadas del Ayuntamiento y la Generalitat. Suerte tuvimos y encontramos el Ayuntamiento de puertas abiertas para visitarlo. Al parecer solo se da esta circunstancia cuatro días al año y, en este caso, era Santa Eulalia, la antigua patrona de Barcelona que es uno de esos días. Lástima que no pudiéramos ver la cripta de Santa Eulalia en la catedral. De allí deambulamos por el Barrio Gótico, sus calles y plazas, llegando a Santa María del Mar, la llamada catedral del mar en la novela de Ildefonso Falcones.

Al lado se encuentra Al fossar de les moreres, con una inscripción en catalán que dice: “Al fossar de les Moreres no s'hi enterra cap traïdor, fins perdent nostres banderes serà l'urna de l'honor”. Que en castellano sería: En el Fosar de les Moreres no se entierra ningún traidor, hasta perdiendo nuestras banderas será la urna del honor. Convertido en un cementerio adyacente a la iglesia de Santa María del Mar desde el siglo XII, es famosa porque en ella se enterraron los restos de los patriotas catalanes que defendieron la ciudad de Barcelona contra las tropas francesas que apoyaron a Felipe V al final de la guerra de sucesión, ya que ellos habían firmado un pacto de defensa de los intereses del Archiduque Carlos de Austria, junto a los ingleses, que les dejaron a los pies de los caballos.

Según he leído, porque uno no es experto en historia catalana ni de ningún otro lugar, cuando Inglaterra firmó el tratado de Utrecht, salieron de Barcelona, dejándola a su suerte y empeñada en seguir la guerra, por lo que las tropas de Felipe V cercaron la ciudad, pero, ante la dificultad, requirió la ayuda de su abuelo Luis XIV de Francia para someterla, que le mandó al mariscal duque de Berwick al frente de nuevos efectivos. Tras largos meses de asedio, creo haber visto escrito que once meses, se dio la capitulación de la ciudad el 11 de septiembre de 1714, que fue confusa, y Rafael de Casanova, Conseller en Cap, fue dado por muerto aunque escapó herido, siendo ajusticiados otros de los llamados héroes de esta guerra y enterrados en aquel lugar. Ganada la guerra por los seguidores de Felipe V, se derogan todos los derechos y se proclama el Decreto de Nueva Planta, que centralizaba el gobierno y dejaba si efecto las leyes catalanas y sus fueros, a la par que los demás reinos que apoyaron al Archiduque Carlos de Austria, salvo el Valle de Arán, quedando todos sometidos al sistema administrativo castellano. En la actualidad, la plaza es un lugar dónde, cada 11 de septiembre, se conmemora la Fiesta Nacional de Cataluña y se rinde homenaje a los defensores de la ciudad, muertos y enterrados en este lugar. No es el caso de Rafael de Casanova, pues este está enterrado en la iglesia de Sant Baldiri de Sant Boi, ya que murió en 1743, en esta localidad donde residía ejerciendo la abogacía, según tengo entendido.

Tras este pequeño paseo por la historia, paseamos, también, por la zona portuaria y nos aprestamos a tomar el tren de vuelta para llegar a Salou a la hora de la cena. Nuestro agradecimiento a Antonio y Carmen y Miguel y Magda por su acogida y compañía.

El domingo fue día de asueto, con visita de mi hermano, residente en Barcelona, paseo y comida en Salou y preparación de la vuelta a casa.

Fin de mi relato y os exhorto a visitar esa maravillosa tierra, que es Cataluña, y a conocer a su gente para romper tópicos y sentirse más cerca de ellos. Vale la pena. En todo caso, os dejo cincuenta fotos más para que la observéis en diferido.




viernes, 18 de febrero de 2011

Viajando con el IMSERSO (I)


Las siglas IMSERSO corresponden al organismo: “Instituto de Mayores y Servicios Sociales”, dependiente del “Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad”, en España. Ya sabréis, la mayoría, que tiene un programa de vacaciones subvencionadas para mayores de 60, siempre que estas se hagan en temporada baja y de acuerdo a su propia planificación. Forma parte de una política social que cubre dos frentes: por un lado facilita vacaciones y posibilita viajar y conocer mundo, aunque sea fuera de temporada, a personas de bajos recursos económicos y, por otra, mantiene actividad en la hostelería en lugar de cerrar los hoteles, dando vida a esos servicios…

Pues bien, como ya visteis, cumplí los sesenta recientemente, por lo que nos fuimos a Salou ocho días con el IMSERSO, acompañados de dos parejas más de amigos. Como se me subvencionó, por parte del Estado, cierta cantidad del coste, creo que tengo la obligación moral de compartir algo con quienes, pagando sus impuestos, colaboran en el sostenimiento de esta prestación del sistema, jejeje… Por tanto a ellos dirijo mi crónica y a todo aquel que sea amante de los viajes, de la fotografía y del conocimiento de otros pueblos… amén de dejar constancia escrita, para la historia, de semejante acontecimiento.

El viaje se inició con algún sobresalto, pues una señora se cayó en el aeropuerto de Málaga y se fracturó un brazo, por lo que quedó frustrado su deseo. No sería este el único incidente sobre accidentes y cuestiones de salud.

Llegamos al hotel Calypso muy tarde (23,30 horas), ya que una vez en el aeropuerto del Prat, de Barcelona, nos trasladaron en autobús hasta Salou. Cena fría, bien fría, y aire acondicionado mal funcionando en nuestra habitación y la de otra pareja de las tres que formamos el grupo de amigos, que, por suerte, fue reparado al día siguiente, dejando las habitaciones confortables.

Empecemos, pues, la crónica sin demora. El día ocho nos desplazamos a Tarragona, donde pasamos toda la jornada. Paseamos por La Rambla Nova hasta el Balcón del Mediterráneo. Un mercadillo en el centro de la Rambla nos distrajo, sobre todo a las señoras, con su oferta variada de ropa y otros elementos afines.

Visitamos el Anfiteatro romano, que, como siempre, sufrió un atentado a su integridad. Dado que en 259 d C. quemaron en él al obispo Fructuoso y a dos de sus diáconos, acabaron haciendo en su interior una basílica martirial a finales del siglo VI, usando el material procedente del desmontaje del propio anfiteatro. Las vibraciones del tren que transcurre a su lado también atentan a su integridad.

Después recorrimos los restos del Circo romano, sobre cuya tribuna principal se asentó el ayuntamiento y en su base un aparcamiento subterráneo en una espléndida plaza. No quiero ni pensar la cantidad de material arqueológico de valor que ha sido usurpado, destruido y ocultado para construir nuevos edificios. Se comenta que los arquitectos se echan a temblar cuando tiene que excavar unos cimientos, comentario similar al que una vez me hicieron en una visita a Mérida.

Pasamos luego al Pretorio romano (siglo I a. C.), edificio romano reformado, también llamado Torre de Pilato, y el Museo Nacional Arqueológico, donde se pueden apreciar gran cantidad de restos arqueológicos provenientes de la ciudad. Como es habitual se pueden observar algunas esculturas en mármol, decapitadas y, en sala adjunta, diversas cabezas de próceres tarraconenses. Ello es debido a que en cada casa importante existía una estatua del dueño y señor amo. Cuando este fallecía, su heredero, para ahorrar dinero, cambiaba la cabeza por la suya y mantenía el cuerpo. La cabeza del padre, o anterior dueño, se almacenaba y se exhibía la escultura actualizada.

La catedral, que puede observarse desde la Torre de Pilato, la encontramos cerrada por la hora y obras, no pudendo entrar a visitarla. Las murallas merecen un paseo para disfrutar de bella vistas y admirar su sillería y las distintas etapas de su construcción en función del material y forma utilizados. Sus calles y plazas, junto a otros lugares de interés completaron la visita que resultó ser bastante agotadora, pero enriquecedora en suma.

El miércoles día 9 hicimos la ruta de los monasterios, visitando Santes Creus y Poblet, además de Montblanc y Reus. Otro día intenso. Yo ya había hecho esta ruta, pero hace treinta años y los recuerdos eran muy vagos.

Los monasterios, cistercienses, son espléndidos. Forman parte de ese catálogo de grandes obras arquitectónicas, cargadas de arte, que fueron dejando, a lo largo de todo el país, las órdenes religiosas, como aglutinadores de poder y conocimiento en su tiempo. La orden de San Benito se expandió por Europa y cuajó un papel primordial, de gran influencia.

A uno, con estas cosas, siempre le queda un regusto con cierta ambivalencia, entre la obra en sí, su magnificencia en todos los sentidos de la palabra, y el sufrimiento o sacrificio económico de quienes la soportaron, que, como siempre, acabó siendo un pueblo oprimido por sus señores civiles y religiosos. En contraposición a la obra romana, centrada en lo civil (anfiteatros, circos, vías, acueductos, etc.) que vimos en Tarragona capital, en este caso nos centramos en lo religioso que, teniendo voto de pobreza, está cargada de esplendor para alabanza y gloria del creador y disfrute de sus hijos elegidos para servirles (entiéndaseme el sarcasmo). Es fácil imaginar estas inmensas moles, rodeadas de humildes casitas o chabolas, donde acudían los siervos bajo el impacto de su inmenso poder coercitivo, para ser aleccionados desde el púlpito, y seguir en la sumisión al espíritu emanante de la divinidad que ellos, los frailes y abades de los monasterios, administraban, tanto desde la influencia en el poder terrenal como en el dominio del conocimiento y su control.

Esto no quita para que hoy podamos disfrutar de toda una obra, que si bien pudiera haber sido civil, se presenta con todo su esplendor y belleza. No pretendo hacer un panegírico sobre los monasterios, ya que pueden encontrarse en Internet muchas y mejores informaciones de las que pudiera yo aportar, sino un relato del viaje para adornar el Slide fotográfico que acompaño.

Por tanto, tras esa pequeña reflexión de componente social, he de decir que, en el caso de Santes Creus, me impresionó su claustro, me encantó el video explicativo de su historia y actividad (eso sí, algo comprensiblemente tendencioso), la iglesia, el conjunto de dependencias que visitamos y su monumentalidad, desde la entrada al complejo hasta la salida.

La siguiente parada fue en Montblanc, pueblo amurallado con encanto en sus calles y plazas, sus iglesias y torreones, su gente y sus casas. Comimos sorprendentemente barato en un buffet libre y continuamos hasta Poblet.

El monasterio de Poblet vuelve a ser otra muestra del cisterciense de espectacular belleza. Ocupa un amplio espacio monumental, donde habitan 32 monjes, tres de ellos postulantes. Tiene un pequeño museo con piezas de gran valor. La visita se hace acompañados de un guía que da las explicaciones oportunas. Encontramos, en él, un panteón real donde reposan los restos de reyes de Aragón y Condes de Barcelona. El claustro, en obras, no permitió verse en toda su belleza. Una vez más repetir las mismas sensaciones que tuvimos en Santes Creus. Eso sí, mientras que en Poblet pagamos una buena entrada, sin rebaja para pensionistas si no tenían los sesenta y cinco años (pronto serán sesenta y siete si no lo remediamos), en el otro tuvimos entrada gratis. Se ve que el negocio sirve para mantener al colectivo de monjes que lo habitan, supongo… Aparte del claustro, los panteones reales, la iglesia y demás dependencias, me maravilló el retablo, con su conjunto escultórico.

En todo caso, se ve la mano indolente, que llevó a su abandono y, en cierto sentido, expolio, con la desamortización de Mendizabal. Eso sí, tengo que hacer honor el excelente trato y amabilidad de la gente con quien contactamos en todos los casos, con contadas excepciones. El pueblo catalán es acogedor, respetuoso y afable, tal como pudimos comprobar.

Finalmente, ese día acabamos en Reus. Visitamos el museo del Centro Gaudí y poca cosa más, salvo dar una vuelta por la ciudad y admirar algunas de sus fachadas modernistas, la catedral, sus calles y sus plazas.

Ahora coloco un Slide con 50 de las más de seiscientas fotos que hice en el viaje.

domingo, 6 de febrero de 2011

Mis 60 años


Esta entrada es diferente. También está cargada de reflexión, de serena reflexión. De la reflexión propia de la edad, de la madurez y del posicionamiento en el camino de la llamada tercera edad cronológica. El día 4 cumplí oficialmente 60 años, digo oficialmente porque en el registro, por aquello que pasaba en los tiempos pretéritos, se me apuntó el cuatro cuando ya tenía dos días de vida, aunque con mala salud, por lo que me han contado.

En estos sesenta años uno ha vivido muchas y variadas experiencias, unas gratificantes y otras menos, pero todas han contribuido a fraguar el sujeto que ahora soy. No renuncio a nada de lo que me pasó y solo me quejo de no haber sabido sacar las mejoras conclusiones de todo ello. No me enseñaron a enfrentar las cosas desde la afrontación positiva, desde la actitud de sacar beneficio de todas las experiencias, y fue la propia vida la que me mostró, en un proceso de ensayo error, como ir modelándome para crecer y hacer mi camino sin influencias nefastas y condicionantes, que pretendían hacer de mi lo que ellos querían y les iba bien. Me sometieron a una formación del nacional-catolicismo, me birlaron u ocultaron ideas, razones y visiones de la vida, me engañaron con la patria, la sociedad y su formación del espíritu nacional, procuraron aborregarme y someterme alienándome y haciéndome comulgar con ruedas de molino. Me cargaron de prejuicios que me fue muy penoso y difícil de eliminar para ser libre, sin llegar a conseguirlo totalmente.

Por suerte, la vida, la naturaleza, me dotó de cierta inteligencia (perdón por la pedantería) que me facultó para analizar y ver las cosas desde un espíritu crítico, mostrando un camino alternativo desde la mente abierta y aséptica, que me permitió ver y comprender otras cosas distintas, diferentes, que me enriquecieron. El resultado deja mucho que desear, pero confieso que aún no he terminado mi obra. Los sesenta años es un buen momento para hacer una reflexión, una parada en el camino, descansar bajo la fresca sombra del árbol de la vida y reconsiderar muchas cosas, tantas como sean necesarias para afrontar esta etapa final con ilusión y alegría, con propósito de encontrar la libertad personal que me permita ser, como somos todos, único y singular.



Soy el resultado de lo que fui y de cómo lo gestioné. Recuerdo a Sabina en su canción del pirata cojo y su repaso a los oficios de la vida, en ese viaje imaginario de quien quiso ser y no fue. Yo, sin embargo, fui hijo de campesino, de madre analfabeta, que con sus manos sacaban el fruto a una tierra que se resistía a darles lo que le pedían, pensando que, seguramente, se lo quedaría el señorito que no la labraba.

Fui monaguillo en mi pueblo, estudiante de cura en un seminario, aceitunero de dedos helados en el crudo invierno, ayudante inexperto de albañil, emigrante con 16 años en una Barcelona distinta a lo que el régimen me dijo, sufrido oficinista entre papeles y máquinas hoy obsoletas, denodado estudiantes nocturno de bachiller y ATS, enfermero psiquiátrico implicado en la reforma psiquiátrica de Andalucía, a la par que enfermero de Cuidados Intensivos, supervisor general de un hospital, subdirector de enfermería, estudiante y licenciado en psicología y sus cursos de doctorado mientras trabajaba, profesor titular de escuela de la universidad de Málaga, subdirector de la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud. Di y recibí cantidad de cursos de muy variada temática, conferencias y ponencias en congresos, artículos y publicaciones varios; fragüé un curriculum competente y dediqué mi tiempo a todo ello, olvidándome de mí mismo y a veces de mi gente y entorno. También fui hijo, hermano, esposo, padre, abuelo, amigo…que no es poco.


En 2005 fui tocado por la gracia de la enfermedad y esta me dio con creces el tiempo que había perdido. Entonces me di cuenta de que este tiempo nuevo, de regalo, que se me otorgaba, tenía una doble finalidad, por un lado recopilar el bagaje que la vida me dio, estructurarlo y conformar (dar forma) mi línea de pensamiento y, por otro, seguir con el compromiso social que ya había asumido, gestionar esta nueva etapa para, desarrollándome yo, ayudar a mi entorno con mi humilde aportación y dedicarme a mi familia. Pero sobre todo, para descubrirme a mí mismo, para descubrir todo aquello que llevaba dentro y el compromiso laboral no me permitió hacer. Ahora ando buscando mi verdad, desarrollando mi librepensamiento para gestionar el conocimiento que acumulé y hacerlo crecer, con el objetivo básico de mi modesta autorrealización, de llegar a lo que defino como la bonhomía, de ser un ente maduro y adulto en mi forma de ver, vivir y pensar… En ello ando y por ello creé este blog.

Ya no me importa tanto lo que la gente piense de mí, de dar a los demás aquello que esperan. Mi lema ahora es “Compartir”. He dejado de ser competitivo para ser complementario, quiero poner sobre la mesa lo que sale de mi interior sin condicionamientos, de ser como la vida me hizo desde la responsabilidad y el respeto, pero exigiendo también el mismo respeto a mi autonomía y mi propia necesidad para marchar a mi autoencuentro. Desde mi agnosticismo y eclecticismo voy caminando, haciendo el camino propio que solo a mí me llevará a donde iré, a ese lugar desconocido cercano a la verdad absoluta que nadie consigue y a la que todos buscamos.


Ahora, a mis sesenta, me paro a pensar y reflexionar sobre ese camino y su orientación. No me gustaría perderme con GPSs ajenos que me dirijan hacia lugares impropios, sino de rentabilizar lo sembrado en mi interior, que actúa como brújula personal en el proceso de racionalización y razonamiento que mi mente va forjando. Es posible que después de escribir esto me conozca aún mejor y también que tú, lector, me comprendas y entiendas mejor.
Soy el producto de toda una vida, desde sus inicios, cargados de penurias, a su estado actual, donde ando recogiendo el fruto de una siembra de labriego infuso y ávido bebedor de las fuentes que esa vida puso en mi camino, desde aquel monaguillo a este jubilado. ¿Qué me depara ahora?... sinceramente no lo sé, pero espero, al menos, que la dinámica establecida no se trunque y la inercia me lleve al final de mis días con el mismo espíritu de mente abierta y desarrollo asertivo… Cuando me vaya no me llevaré nada, pues nada traje, pero dejaré algo y quiero que ese algo sea positivo, para que mi gota de agua en el inmenso océano de la vida sirva para mejorar en una pizca la calidad y pureza de esa agua que lo integra.

Mis hijos, mis dos maravillosos hijos, que fuimos forjando durante tanto tiempo su madre y yo, son una realidad, mis nietos una prolongación de esa realidad. Hoy, a los sesenta, me siento orgulloso de ellos y de mi familia, de esa familia que fraguamos desde la nada mi esposa y yo, con nuestro sudor, preocupación y esfuerzo, a quienes dimos nuestro amor desinteresados de padres, solo a cambio del gozo de verlos crecer en libertad, sanos y con mente abierta para entender y comprender el mundo.

Los sesenta, la tercera etapa, la tercera edad, son el inicio del tobogán vertiginoso que lleva al merecido final donde todos iremos… No os preocupéis, es cuestión de tiempo… Lo importantes es llegar con el trabajo bien hecho, cargados de bonhomía, de sencillez y afabilidad para sembrar y cultivar un buen fruto en esta sociedad que va lanzada a la deshumanización y al materialismo si no ponemos remedio.



Un brindis por todos

Después del día cargado de sorpresas, con la fiesta organizada por Loli y mis hijos, con la presencia de mi hermano, mi cuñado, toda mi familia nuclear y mis amigos, me he permitido, también, homenajearme con un Slide de fotos de mi vida, desde mi infancia hasta la actualidad, que comparto con el visitante. Entre el texto entrelazo algunas fotos de esa fiesta cargada de sorpresas y emociones…







lunes, 31 de enero de 2011

La adulteración del conocimiento.



Empezaré por explicar el título. Adulteración, como es lógico, hace alusión a la acción de adulterar, mientras que adulterar se refiere a: “Viciar, falsificar algo”. Por tanto, si hablamos de adulterar el conocimiento estaremos planteando el proceso mediante el cual se vicia o falsifica dicho conocimiento. Pero… ¿Éste se puede adulterar?

Es evidente que a lo largo de la historia se ha manipulado, bien orientándolo a conveniencia del poder, bien neutralizando y bloqueando el desarrollo del mismo. Los procesos y programas educativos, el desarrollo cultural, el enfoque de la investigación y la ciencia, etc. han sido orientados hacia los intereses de los colectivos que ostentaron y ostentan el poder. Es más, el control del conocimiento supuso siempre el control de la propia sociedad. Un claro ejemplo lo tenemos en las religiones, que condicionaron la evolución de la ciencia y la sometieron a sus intereses y creencias. No sería necesario sacar a colación a Hipatia, a Galileo u otros muchos, que fueron reprimidos, cuando no eliminados, por defender la ciencia y la razón en contraposición a la fe y los dogmas irracionales. Si bien hay científicos que sostienen la compatibilidad entre religión y ciencia, no es menos cierto que solo se sostiene esa afirmación con la asimilación y adaptación de la religión al modelo explicativo de la ciencia. Ya no son Adán y Eva nuestros primeros padres, ni el mundo se hizo en seis días y al séptimo descanso (como si Dios tuviera que descansar, lo que viene a manifestar que ese dios ha sido creado a imagen y semejanza del hombre y por este), sino que se dice que era una forma de explicar las cosas para que la gente sencilla lo entendiera. Llegados aquí, la religión se ha desprendido de su soberbia impositiva para poder subsistir, argumentalmente, ante la ciencia y ha renunciado a su intransigencia para contrarrestar el efecto de la misma. Se acepta, en general, el proceso evolutivo darwiniano, pero se critica desde muy diversas fuentes hasta dejarlo cuestionado en la esencia humana, los principios y valores que colisionan con los religiosos.

En este sentido cito a Steven Weinberg, físico estadounidense Premio Nobel de física en 1979, que escribe en The New York Review of Books que “las creencias religiosas se han debilitado en Occidente gracias al avance científico, que ha golpeado algunas de las bases de la religiosidad. Una de ellas: el hecho de que la ciencia explique fenómenos antiguamente considerados como misteriosos (el trueno o el fuego). Otra importante tensión es que la ciencia nos haya obligado a replantearnos el papel del ser humano en el mundo: de ser un actor creado por Dios ha pasado a ser un producto de la evolución animal”. En definitiva, señala Weinberg, la ciencia ha debilitado las creencias religiosas.

Pues bien, mientras que las religiones (obsérvese que no hablo solo de la católica aunque sea la nuestra, culturalmente hablando) tuvieron, o tienen, el control del conocimiento, manipularon, ocultaron o destruyeron aquello que no les interesaba y potenciaron y desarrollaron aquel que les era afín. Lo curioso es que presentaron, y presentan, este hecho como salvador del conocimiento, dado que se autoproclaman guardianes de la ciencia y la erudición a través de sus monasterios, cuando eso es un falacia, pues si bien es cierto que lo custodiaron, no lo es menos que lo controlaron y manipularon en su propio beneficio hasta adulterarlo. De aquí el título de mi escrito.

Pero no son las religiones las únicas que manipulan y adulteran el conocimiento. Aunque en un tiempo fueron aliados inquebrantables, incluso, simbióticamente, del poder terrenal, asumiendo esta función mientras los otros se ocupaban de las armas y la administración, hoy, al menos en nuestra esfera, como dice Weinberg, esta responsabilidad la comparten con las empresas, los medios de comunicación, las universidades y un largo etc. que ha llevado a diversificar el cultivo del conocimiento.

Pero no nos engañemos, las religiones, en según que países, siguen ejerciendo ese control y siendo las encargadas de la formación y educación desde la escuela primaria a la universidad de forma absoluta, mientras en otros, como el nuestro, se defienden como garo panza arriba ante lo que ellos consideran adoctrinamiento civil, sin renunciar a la idea de adoctrinamiento que ellos mismos han practicado, y practican, para su reafirmación y captación de fieles. Lo malo de las religiones, cuando muestran su rancio integrismo y su idea de posesión de la verdad absoluta, es que no admiten otro pensamiento, otra forma de ver las cosas, y se autoproclaman iluminados de Dios, como si ese Dios fuera idiota y hubiera permitido negligentemente aparecer otras ideas, por lo que necesitaría de esos iluminados para hacer ver la verdad. Esa idea megalomaniaca y mitómana raya en lo patológico y desprecia al propio Dios, que dicen representar, en tanto lo descalifican, pues yo entiendo que la vía para ver y conocer la verdad es el desarrollo del conocimiento y la inteligencia, con el libre albedrío, con que dotó al propio ser humano. Dios, de existir, ya ha creado los mecanismos para el avance del conocimiento que acerque el hombre a la verdad y estos son la razón, la investigación y la ciencia.

Pero, no es que pretenda no dejar títere sin cabeza, es que esa vieja tendencia y la firme convicción de que el poder se ejerce desde el control del conocimiento, se ha instalado en nuestro sistema, llevando a este por los caminos del interés general de los poderosos, de las empresas, de la banca y del desarrollo tecnológico económicamente rentable para ellos. Se investiga en aquello que puede dar beneficios y se obvia, neutraliza, oculta o desprecia a la investigación que no aporta beneficios mercantiles. El dinero pues, es el nuevo dios, que orienta, manipula, controla y, por ende, adultera el desarrollo del conocimiento. Cuando se le escapa algo, tiende a comprarlo. Obsérvese los intentos de influir en la investigación universitaria mediante acuerdos de cooperación entre esta y la empresa, aportando capital y recogiendo los frutos. La universidad cada vez orienta más sus investigaciones a los intereses del desarrollo social, que representan las empresas y su filosofía de vida y de progreso, en el sentido de TENER, mientras relaja el enfoque investigador hacia el sentido del SER HUMANISTA y su desarrollo integral.

Eso quiere decir que nos están adulterando el conocimiento mediante el enfoque exclusivo hacia aquello que les interesa a los poderosos, económicamente hablando, mientras que obvian aquel que se orienta al desarrollo del individuo, como comentaba. Investigan en armamento, en genética tanto de salud como alimentaria, en astronomía, en tecnologías, etc… pero, en todo caso, las armas se emplearán para matar en casa de los otros, mientras que los demás adelantos se utilizarán para mejorar nuestra casa, que es donde hay dinero para pagar y sacar beneficios y rentabilidad. Eso sí, la tendencia neoliberal, entiende que los adelantos solo pueden llegar a quien los puedan pagar, los demás que se espabilen, que entren en el mercado y jueguen si son capaces para entrar en la rueda de la fortuna mercantil, del trabajo explotador y del comercio…

En este sentido, sin soslayar ningún tipo de expansión del conocimiento, me parece mucho más constructiva la búsqueda de la evolución del ser humano como ente individual y colectivo que centrarse en lo meramente material y comercial. Evidentemente, los nutrientes del cuerpo son básicos, facilitar la actividad mecánica es deseable, pero han de servir para un mayor crecimiento del ser integral, de su intelecto, de lo contrario andaremos anclados en la simpleza de lo instrumental.

Si bien es cierto que se ha complicado el tema del control del conocimiento debido a los medios informáticos y al campo desarrollado en Internet, que está permitiendo el flujo masivo de ideas e información entre los pueblos y la gente, no es menos cierto que la alta tecnología y el control de esos flujos sigue estando en las manos del poder que, como se está viendo en los movimientos populares de Túnez y Egipto, los gobiernos y ese poder pueden bloquearlo a conveniencia cuando se sientan agredidos o cuestionados por los ciudadanos a través de estos medios.

Mientras tanto, retomando la idea de librepensador de mi entrada anterior, les mando a la mierda y me doy cuenta de que me tienen atrapado en este sistema consumista. Mi alienación me somete, pero al tomar conciencia de ella empiezo a imponer criterios de uso y dependencia que me permitan liberarme de esa subordinación… No sé si lo conseguiré en todo o en parte. Si es, al menos, en parte me empezaré a dar por satisfecho según evolucione… Eso sí, queridos amigos, eso de poder expresar mis ideas y leer las de los demás a través del ejercicio libre que nos facilita el mundo bloguero, me ayuda a enfrentar esta situación de búsqueda y de encuentro del conocimiento.





jueves, 27 de enero de 2011

Ocurrencia 19: “Alienación y librepensamiento"








“El librepensamiento es la vacuna contra la alienación”


Para explicar esta afirmación me he de permitir hacer una aproximación clara a los conceptos que la respaldan. No sería lógico dejar sobre el tejado una expresión o afirmación sin desvestirla para mostrar su fundamentación y estructura, al menos en la que yo me apoyo. En este sentido, hay dos palabras claves que determinan posiciones muy diferenciadas y que, a su vez, son contrapuestas, de ahí la inclusión de la palabra vacuna como muestra de la influencia de una sobre otra. Estas son: Alienación y librepensamiento.

La RAE de la lengua define alienación como “El proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición”. Wikipedia refiere que “La alienación o enajenación es el fenómeno de suprimir la personalidad, desposeer al individuo de su
personalidad o deshacer la personalidad del individuo, controlando y anulando su libre albedrío, para hacer a la persona dependiente de lo dictado por otra persona u organización”. En todo caso, resalto la alusión a la anulación del libre albedrío como uno de los ejes fundamentales que se oponen al librepensamiento.

Referido al Librepensamiento, la misma RAE, lo identifica con: “Doctrina que reclama para la razón individual independencia absoluta de todo criterio sobrenatural”. Wikipedia, por seguir con las dos fuentes básicas de las que me nutrí, describe: “El término
librepensamiento a partir de la Ilustración define una actitud filosófica consistente en rechazar todo dogmatismo, bien sea de tipo religioso o de cualquier otra clase, y confiar en la razón para distinguir lo verdadero de lo falso. Por este rechazo del dogma religioso, entre los librepensadores encontramos masones, ateos, agnósticos, deístas y racionalistas. Existen estrechas relaciones entre la palabra librepensamiento y los términos escepticismo y laicismo. Sin embargo, una definición precisa hay que buscarla en el origen histórico del pensamiento revolucionario que dio origen a la Revolución francesa. El librepensamiento es la base filosófica para el movimiento del Humanismo secular. También es la base pedagógico-filosófica para la escuela racionalista.” Dejo activados los enlaces por si es del interés de alguien ampliar su consulta.

Visto lo anterior cabría preguntarse si existe la libertad y la capacidad de librepensar. Es evidente que la de pensar sí existe, pero no estoy tan seguro de que exista la de librepensar. Sin entrar en la apelación a la ciencia infusa, o ese saber adquirido sin el estudio, innato, es cierto que todo ser inteligente va desarrollando su conocimiento y sus convicciones, su personalidad, principios y valores, a lo largo de su vida en función de sus propias experiencias y su capacidad de computar, analizar y concluir resultados, dentro de la sociedad donde vive, mediante el proceso de aprendizaje, de socialización e integración cultural, lo que se entronca con el adoctrinamiento. Cabría decir, pues, que dicho proceso de aprendizaje tiene por objetivo canalizar y estructurar un sistema de pensamiento condicionado por los valores y principios que sustentan esa sociedad. Por tanto, estaríamos a caballo entre la sumisión de un pensamiento modulado y la tendencia al libre pensamiento que todo ser humano tiene como forma de entender y comprender su entorno.

El libre albedrío, el espíritu crítico, la duda y la búsqueda de alternativas mediante la observación, estudio e investigación u otros planteamientos de mejora, son la base del desarrollo, tanto de la propia evolución individual como social, mientras la racionalidad es el soporte donde se fundamenta el lógico entendimiento.

En la alienación se malogra el libre albedrío, llegando a perder la propia personalidad y delegar en otro la capacidad de decidir sobre algo y se acepta su opinión o criterio como incontestable, bien por reconocimiento de su autoridad en el tema, bien por la sumisión ideológica, o por la propia fe religiosa, entre otros… Por tanto, hay cosas que, siendo irracionales, las asumimos como irrebatibles por estar enmarcadas en principios, dogmas o creencias que se nos inocularon en su día. Es lo que en le definición que transcribí se refleja: “transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición”, en este caso de librepensador.

El objetivo de toda sociedad basada en el ejercicio del poder, es decir en la existencia de la autoridad y la asimetría, tiende a inculcar principios y valores alienantes que controlen la libertad del pensamiento crítico y, por ende, lesivo y nocivo para esa estructura social. Qué mejor que determinados dogmas religiosos, preceptos y creencias provenientes de un Ser Superior o del propio Estado, que ejerce la máxima autoridad sobre las cosas, para implantar y sostener un “estatus quo” avalado por ello. De esta forma se garantiza el control de la situación, el sostenimiento de la asimetría y el dominio y el poder sobre la gente y las cosas. El alienado, deduzco, tiende a neutralizar su disonancia cognitiva entre lo que racionalmente emana de su razón y lo que le viene dado o impuesto, mediante el conformismo, la renuncia a su propio criterio, y la sumisión a la autoridad reconocida por él. En su interior ahogará al librepensador que todos llevamos dentro hasta evitar el conflicto interno, generando un estado de conciencia asumible y adaptado al entorno alienante.

En este aspecto me referiré a cuatro tipos de alienación social:
Religiosa: Resignándose a un dogma y justificando la consagración del dogma que frustra el desarrollo de la individualización de la conciencia humana.
Política: Se pertenece al Estado, o se consiente la expoliación y la opresión por parte de un gobierno.
Económica: En la cual los productos o medios producidos por el hombre dominan al individuo.

Consumista: Compramos lo que la publicidad dicta, sin evaluación racional de la utilidad del producto, identificando la felicidad con el mero consumo.

El librepensador, mientras tanto, busca lo racional de las cosas, la duda es su guía y las conclusiones libres su objeto. No se deja llevar por dogmas irracionales, por condicionantes distorsionadores o imposiciones, sino por convicciones razonadas desde su libre albedrío, desde su capacidad de observación y análisis, desde su eterno cuestionamiento de las cosas, hasta ir cada vez más lejos en su conocimiento.

Para mí, uno de los objetivos del librepensador es escudriñar en sí mismo para desenvolver la espiral de sus potencialidades. Cada cual tiene unas capacidades que ha de administrar. Es como si a cada uno le dieran unos recursos a gestionar y tuviera que aprender a usarlos y sacarles el máximo provecho. Pero si no le advierten que encontrará, en el camino, a sujetos que querrán tutelarle sus bienes y aprovecharse de él en beneficio propio, haciéndole ver que lo hace por su bien, podrá caer en la sutil trampa del astuto regidor, pastor y salvador que se le acerque y entregarle sus recursos, en este caso, de librepensador.

Por tanto, el librepensamiento es consecuencia de un proceso de confrontación con el sistema educacional, de rebeldía crítica racional, de reivindicación de la calidad de libre pensante, de autonomía de gestión de los principios y valores con base en la responsabilidad y con el objetivo prioritario de potenciar el autodesarrollo y la autorrealización como ser humano, incluyendo el campo del conocimiento intelectual y la simbiosis con el entorno que nos sustenta y nutre, hasta llevar a una mejora y perpetuación de la especie en equilibrio con el ecosistema, pues de lo contrario estaremos cavando la propia fosa a medio o largo plazo. Este es, bajo mi punto de vista, el objeto del hombre racional en su existencia, pero hay matices que, al amparo de los propios instintos de supervivencia, se desvirtúan y orientan hacia conductas irracionales. Es decir, conductas miopes que solo pretenden el bien de uno o unos cuantos en detrimento de toda una colectividad, incluyendo a otras especies, sin percibir que andan exterminando, indirectamente, a la propia especie humana, y para mantenerlas socialmente es necesaria la alienación de los colectivos afectados.

Concluyo que la alienación bloquea el libre crecimiento del ser humano, mientras el librepensamiento le ayuda en ese desarrollo hacía el encuentro con sus potencialidades que le llevan a la evolución integral. Por tanto, vacunémonos contra la alienación mediante el uso del librepensar, asumiendo la responsabilidad que de ello se deriva. Huyamos de los dogmatismos religiosos, políticos y de cualquier otra procedencia y abramos la mente a los nutrientes que nos ofrecen la vida y la existencia de tantas y diversas fuentes, mediante una digestión responsable de esos alimentos del intelecto. Finalmente, hago una llamada al humanismo secular o laico como filosofía de la vida y forma de mejorar la condición humana.

viernes, 21 de enero de 2011

Nuestro software y nuestro hardware.


Salvando las distancias y en aras de un modelo explicativo simple y asequible, me permito hacer una odiosa comparación entre el hombre y la máquina. No pretendo equiparar el puro mecanicismo de la máquina a la complejidad humana, a sus procesos cognitivos y sus condicionantes emocionales, que hacen del ser humano una singularidad excepcionalmente enrevesada y complicada. Más bien pretendo determinar las bases elementales que puedan justificar el confuso proceso del desarrollo del sujeto y su integración o socialización en su medio cultural.

De forma simple, entiendo al ser humano desde la dualidad de cuerpo y mente. O sea, el cuerpo es el soporto físico, de mayor o menor calidad, que sustenta a la mente, que es el soporte intelectual que elabora el conocimiento mediante el proceso cognitivo en función de los datos y la forma, principios, valores, represiones, orientaciones, moral, ética, etc. que determina la cultura donde se inserta el sujeto.

Considerando que no soy un experto en cuestiones informáticas, intento hacer una abstracción conceptual, y según Wikipedia, “…se conoce como software al equipamiento lógico o soporte lógico de una computadora digital; comprende el conjunto de los componentes lógicos necesarios que hacen posible la realización de tareas específicas, en contraposición a los componentes físicos, que son llamados hardware”. Por tanto el software hace alusión a los programas operativos o formas de computar y analizar los datos, teniendo relación con el objetivo básico para el que fueron desarrollados. Cada programa tiene su complejidad y requiere de una capacidad de memoria y del procesador. Estamos hablando, pues, de formas e instrumentos para afrontar y resolver el proceso. En el caso de las personas la instalación cabría compararlo con el proceso educativo, la formación que se va dando para que cada sujeto afronte la vida y los hechos que puedan presentársele en ella. Es decir, en el ordenador se instala un programa en función de los objetivos que se persigan y al sujeto se le educa y forma.

Ciertamente, el hardware, comparado con el cuerpo físico, hace alusión a la capacidad intelectual del sujeto, a su calidad y componente genético, más memoria, más CI (Cociente de Inteligencia), más capacidad intelectiva… A más inteligencia más posibilidad de instalar programas más elevados, es decir, más posibilidad de que el sujeto entienda y comprenda mejor, que tenga más capacidad de razonamiento y crítica, que procese mejor los estímulos que va percibiendo, que su potencialidad le lleve a ser un científico, filósofo o de alto nivel intelectual…

Dicho esto, ahora quiero centrarme en el objetivo diana de esta reflexión. La diferencia sustancial entre el ser humano y la computadora, con perdón como ya dije por la simpleza de la comparación, radica en que a la computadora podemos borrarle programas e instalarles otros mejores que vayamos descubriendo o elaborando, siempre y cuando el hardware lo pueda soportar, mientras que en el ser humano tenemos que trabajar modificando los ya instalados sin poder borrarlos, aunque se pudieran relegar a la memoria oculta. Es decir, no podremos sustraernos a los esquemas educacionales que nos fueron instalados a lo largo de nuestra infancia, aunque les dejemos en el subconsciente más profundo. Por tanto tenemos que trabajar modificando los programas ya instalados, pero dentro de las posibilidades que estos nos dejen.

No podemos borrar nuestro disco duro, formatearlo y empezar de nuevo a instalar un programa de grado superior obviando el anterior. Tenemos que trabajar sobre el ya existente y adaptarlo a los nuevos tiempos, a las nuevas exigencias. Por tanto vamos comprendiendo y evolucionando desde el programa inicial, lo que condiciona la capacidad de asimilación y desarrollo, pues los esquemas aprendidos no siempre son adaptables a la evolución social.

En estos casos puede aflorar el conflicto interno, como resultante de un choque entre un valor instaurado en nuestra infancia y un nuevo principio que, de forma racional, intentamos asumir. Ese principio puede ser asumido sin problemas por otra generación que no ha sufrido nuestro proceso educativo y los condicionantes que conlleva, pero nosotros estamos condenados a elaborar el conflicto referido y a manejar y gestionar el proceso culposo que se genera mediante el mismo.

Esos esquemas infantiles instaurados en los años del nacional catolicismo, por ejemplo, han marcado toda una generación que hemos sido responsables de una transición, desde la sumisión al sistema y sus referidos principios inculcados en la infancia, hacia un estado de libertad idealizada y mimetizada del entorno europeo. Fue necesario el conflicto generacional, la confrontación de esa juventud ansiosa de esa libertad, con el grupo dominante, marcado por los principios y la rancia y anacrónica política del poder establecido. Curiosamente ese bum tuvo sus válvulas de escape, sus fugas incontroladas, que hicieron pensar a muchos que una educación en libertad era dejar que cada cual evolucionara a su antojo, sin imponer cierto orden o principios que cultivaran valores constructivos para afianzar esa emancipación responsable que se pretendía.

Ciertamente, la ley del péndulo es inexorable. Solo se neutraliza una fuerza, que ubica el péndulo en un lado, si se opone otra de mayor potencia para el otro, lo que lleva, una vez rota la cuerda contraria, al desplazamiento del péndulo de forma incontrola hacia el extremo opuesto. Conseguir el equilibrio suele ser una cuestión de tiempo y de estrategia para soltar presión y situar en su justo término el péndulo hasta que por sí mismo se sostenga en equilibrio, sin presión de ninguna parte.

Vuelvo de los cerros de Úbeda, por donde anduve en estos dos párrafos anteriores, para centrarme en la repercusión de los esquemas infantiles en la vida del adulto mayor de hoy. Me refiero a gente de cincuenta para arriba, según que casos. No aludo solo a la disposición y habilidad en el manejo de las nuevas tecnologías y su aplicación, que deja de manifiesto las grandes diferencias que hay entre el joven y el adulto, sino a los propios principios y valores que se fueron inculcando y que condicionan las conductas y actitudes.

Las nuevas posiciones, y actitudes ante determinadas cuestiones como el sexo, la relación hombre mujer, el rol familiar, la intransigencia, la impermeabilidad a otros razonamientos y un amplio etc., que conformó posicionamientos que han sufrido un importante cambio en su desarrollo social y cultural, han cuajado con frescura en las mentes nuevas, en los infantes educados en estas generaciones, mientras que la capacidad de adaptación de las viejas generaciones ha requerido de un mayor esfuerzo, cuando no de conflictos inter e intrapersonales hasta asimilar una nueva situación que se fragua sobre la vieja con sus condicionantes. Es decir, los antiguos esquemas inoculados en la infancia siguen haciendo mella y condicionando nuestras conductas en mayor o menor medida, según y como. Nuestro viejo programa no admite los cambios con la soltura que exige el nuevo. Nuestro software antiguo adaptado no puede dar el mismo resultado que el actual. Para eso habría que haber borrado el viejo e instalado el moderno.

Es curioso, pero ya me lo han comentado algunos amigos de edad respetable, que han sido adalides del cambio, incluido yo: “A veces, cuando hago algo mal u ofensivo, suelto un taco o un me cago en… con cierta desazón, me viene a la memoria, de forma automática, el “te vas a condenar” que, de pequeño, me decía el cura, el maestro o los mayores de mi pueblo ante estos hechos. Mi software viejo sigue funcionando y eso que no creo en Dios ni en la religión. Y de las vivencias sexuales ya ni hablamos…” Será que el fin se acerca, que mi energía se apaga y vuelven los miedos que persisten en lo más profundo del ser, aquellos miedos al Dios Justiciero del juicio final.

Ahora bien, dado que estos programas, que se van instalando a lo largo de la infancia, sirven para gestionar la vida y la relación con el entorno, cabe preguntarse: ¿Cuáles deberían ser los principios y valores a inculcar a los pequeños para garantizar que no habrá trabas al desarrollo personal, que habrá capacidad de adaptación y asimilación de los cambios que puedan presentarse, que garanticen la idea del ser humanista que evite el embrutecimiento y la incultura, que cultive las esencias del ser humano social y solidario, la paz, la implicación, la responsabilidad y el entendimiento entre los pueblos?

Creo que ese es el reto del sistema educativo, el elaborar programas, software, que hagan hombres y mujeres libres y responsables, implicados y solidarios, sin traumas y dogmas que les condicionen y frustren en el futuro. Cada uno tendremos nuestro hardware de mayor o menor calidad, pero debe existir un programa básico, un software, que sitúe a todos en la misma rampa de salida, que permita su mejora continua sin limitación y su versatilidad; después se podrán incluir otros softwares según cada capacidad y motivación.

Los BRICS+, una dudosa alternativa

  Opinión | Tribuna Por:  Antonio Porras Cabrera Publicado en el diario La Opinión d...