jueves, 20 de junio de 2024

El singular caso de la ultraderecha española

 



Opinión | Tribuna

Antonio Porras Cabrera

Publicado el 20 JUN 2024 7:01 en el diario La Opinión de Málaga

 

El singular caso de la ultraderecha española

 

Nuestra derecha no era homologable a la derecha europea; una luchó y derrotó al fascismo y la nuestra se alimentó, en parte, de él…

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Resultan curiosas las conclusiones a las que se puede llegar cuando uno medita sobre el porqué la ultraderecha española no ha crecido tanto en España como en el resto de Europa. Tal vez una de las causas esté en cómo se forma y fragua la derecha en nuestro país en comparación con los demás países europeos, donde los partidos de ultraderecha, tras la elecciones, han dado un salto impresionante, ya sea Alemania, Francia o Italia y otros, sin considerar los ya afianzados, como Hungría.

La historia reciente puede aclarar, bajo mi punto de vista, esta singularidad. En la II Guerra Mundial confrontaron el fascismo y el nazismo con los países regidos por democracias de corte liberal. Ganaron finalmente los segundos, además del bloque comunista, con las consecuencias de la guerra fría, como todos sabemos. Tal vez podríamos decir que aquella guerra no concluyó con la derrota de los alemanes, sino que se prolongó, mediante la llamada guerra fría, por muchos años y, aún hoy día, pudiera ser un fleco la propia guerra de Ucrania, pero ese es otro tema.

La derecha europea, militante de los países democráticos, ganó la contienda a las ‘Potencias del Eje’; o sea, fue su enemiga y vencedora. Surge pues con una actitud de intolerancia con los postulados de ultraderecha que defendían sus enemigos. Situación bien diferenciada se da en la derecha española, que es producto de un ‘proceso evolutivo’ del tardofranquismo que tuteló la transición de manos de un rey que había jurado su lealtad al viejo régimen y bajo gobiernos regentados por miembros del propio Movimiento Nacional, incluidos Suárez y otros, o Fraga con sus adláteres de Alianza Popular.

En nuestro caso, la ultraderecha, surge del propio PP donde algunos militantes, como Abascal, se radicalizan o, tal vez, muestran su verdadera identidad inmersa, antes, en un halo más democrático. A mí me recordaron a la extinta Fuerza Nueva del notario Blas Piñar, que surgió en la transición sin grandes éxitos, pues no era el momento dada la deriva que tomaba el país hacia la democracia. La transición fue un pacto aceptado por el poder establecido, o sea por el tardofranquismo, para virar a la democracia y poder integrarse en la esfera internacional y en las instituciones europeas. Cabían dos opciones, la Ruptura o la Reforma. La primera implicaba redefinirlo todo y llevaba, sin duda, a una mayor confrontación; la segunda, la Reforma, era un cambio descafeinado donde se mantenían los privilegios del poder establecido y los cargos y estructuras del Estado con pequeños cambios normativos para adaptarlos a una Constitución de consenso. Seguían intactas la estructura administrativa y la cadena de mando militar, manteniendo los pilares que soportaban el Estado, incluso el dominio de los resortes económicos en mayor o menor medida. Por tanto, hablamos de banca, ejército, el poder judicial o la propia iglesia, que mantuvo los privilegios que le otorgaba el concordato.

Por otro lado, el régimen había escrito la historia reciente, con toques también del pasado, para su mayor gloria. No se aceptó, ni se acepta aún, una revisión de esa historia partidista que se heredó del franquismo, alegando que cambiar o cuestionar aquel pasado era reabrir las heridas con el riesgo que ello conlleva. Siguieron los muertos republicanos en las cunetas y los nacionales fueron llevados al altar de la beatificación… pero, eso no fue abrir heridas. Perdone el lector que me haya extendido en estos matices pero parece conveniente traerlos a colación.

En conclusión, esto nos deja una situación donde nuestra derecha no era homologable a la derecha europea; una luchó y derrotó al fascismo y la nuestra se alimentó, en parte, de él. Por otro lado era lógico, pues 40 años de formación del espíritu nacional y adoctrinamiento debían dejar huella. No obstante, a este sector de la derecha, hijo del viejo régimen, lo blanqueó su alianza con ideologías democráticas, como la democracia cristiana, el liberalismo, los monárquicos, etc. formando un totum revolutum heterogéneo pero avenido por los intereses de grupo. No había, pues, un rechazo absoluto a la ultraderecha, sino una conveniencia, al menos de momento, de obviarla para parecer más centrados, procurando integrarla en sus propias filas.

Por tanto, el continuum político en nuestro país estaba claramente escorado a la derecha, desplazando el centro, también, hacia ese lugar. Ya les hubiera gustado, a determinados colectivos, que hubiera funcionado la idea del espíritu del 12 de febrero de 1974, que vino a proponer Arias Navarro como forma de salir del pasado y enfrentar el futuro manteniendo el poder y la ideología del Movimiento… no sé si lo recordarán o conocerán las nuevas generaciones.

Concluyendo: Los españoles no vencimos al fascismo, convivimos con él durante 40 años, al final en su expresión más moderada, mientras que en Europa fue vencido, anatemizado y proscrito desde la propia concepción política de la sociedad, que vio y vivió sus fatales consecuencias, y le juzgó y condenó en el juicio de Núremberg. Nuestra derecha ya ocupa un espacio de la ultraderecha por propia convicción, lo que deja reducido el segmento que podría ocupar esa ultraderecha, donde la línea que divide ambas partes es más difusa. La heterogeneidad del PP da pie a que diferentes tendencias impongan su línea según el momento y poder que ostenten, cohabitando posiciones cuasi ultras con las más moderadas. Por otra parte, las estructuras militares, económicas, judiciales, políticas y religiosas están bastante condicionadas por la larga mano del pasado.

La ultraderecha lo tiene más difícil aquí que allende las fronteras porque el PP le tiene comido parte del terreno, escorado más a la derecha que en el resto de Europa. Aquí ya se ha demostrado que la derecha y la ultraderecha pueden pactar y gobernar juntos sin ningún tipo de sonrojo o cortapisa.

Todo esto nos ha llevado, en los últimos tiempos, a someter a la democracia a un test de resistencia cuyo resultado final no está nada claro. ¿Aguantará semejante prueba?

 

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sábado, 15 de junio de 2024

Los ‘septualescentes’ o septuagenarios

 

Opinión | Tribuna

 


Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga

15 JUN 2024 7:00

 

Los ‘septualescentes’ o septuagenarios

 

Los ‘septualescentes’ conforman el grupo de los nacidos en torno a los años 50, que en estas fechas andan cumpliendo los setenta y tantos años… Utilizo, e introduzco, el neologismo ‘septualescentes’, en lugar de septuagenarios, para remarcar el carácter singular de este segmento de la población, donde prevalece cierta actitud identificativa con la adolescencia como forma de abrir su mente a las nuevas tecnologías y su proyección social. Son, o somos, jóvenes de setenta años. Hemos estado tan ocupados que no tenemos conciencia de nuestro envejecimiento y nos cuesta aceptarlo.

Es esa generación que ya declina y que fue, en parte, el motor de aquella transición que aquí nos trajo. Los nacidos a mitad del pasado siglo XX, en torno a los 50, fueron sujetos clave en el proceso de desarrollo y cambio de nuestra sociedad. Yo, ya septuagenario, viví, sufrí y gocé, según el caso y el momento, ese tránsito que la generación de los 50 ha realizado.

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Nacidos en la posguerra, vivieron una infancia difícil, sobre todo los hijos de familias no agraciadas por el «honor de haber ganado la contienda» (aquella pelea entre abuelos, según Feijóo) y ser adeptos al régimen y su parafernalia, sumisos al espíritu del ‘Glorioso Movimiento Nacional’. Fue duro nacer en aquellos pueblos labriegos de la Andalucía profunda, con unos padres que, tras sufrir los avatares y miserias de una guerra fratricida, donde forzosamente hubieron de combatir y/o sufrir las circunstancias, ahora debían luchar, en el día a día, por sacar un mínimo fruto al campo, que requería un inmenso esfuerzo y el sudor del labrador, en un mundo donde reinaba la nada.

Aceituneros sumiso más que altivos, gañanes de arado y mancera en mano tirado por la yunta, segadores con sudor y cubiertos de incómodo polvo, trilla y aventada de la mies, y un sinfín de trabajos penosos y escasamente remunerados, para conseguir un poco de pan, aceite y tocino o alguna otra cosilla para criar a los chavales. Gallinas de corral, conejos, cerdos que reciclaban en su carne los desperdicios, etc. Sufridas madres, arrastrándose bajo el olivo o escardando el trigal, que, luego, una vez cumplida la jornada, tenían en casa otra labor inmensa que hacer para cubrir las necesidades del hogar, sin ayuda, sin tecnología y, a veces, incluso, sin agua para lavar la ropa que debían acarrear desde la fuente pública o acudir al lavadero en un mundo netamente machista.

Eran tiempos de sufrir. Sufriendo, en este Valle de lágrimas, se ganaba la Gloria; el dolor y la pobreza abrían sus puertas. El cura, con sus planteamientos anclados en el nacionalcatolicismo, adoctrinaba y marcaba el camino a seguir, controlando tu pensamiento a través del confesionario. Enseñaban a la gente que su misión era la sumisión, y mediante sus homilías de la misa la hacían sumisa, dejando a los prebostes el derecho a decidir por los demás.

Hubo un momento crucial para la Iglesia, fue el Concilio Vaticano II con Juan XXIII (yo andaba en el seminario), donde aflora otro espíritu discordante con el discurso religioso del clero español. La Teología de la Liberación rompe el esquema y siembra en aquella juventud la implicación en la justicia social y la lucha contra la pobreza. Parte de la Iglesia toma partido por el cambio. Los curas dan la cara, dándose la vuelta en la misa y dejando el latín, y se implican, hasta aparecer la figura de los curas obreros. El jesuita José Luis Martín Vigil publica en 1973 ‘Los curas comunistas’, novelando el tema.

En los años sesenta muchos jóvenes de esa generación dejamos nuestros pueblos blancos, colgados del barranco, como cantaba Serrat. Había que salir de aquella cárcel para llenar de esperanza nuestros corazones, para sembrar la ilusión de un proyecto de vida propio. Fuga masiva a las grandes ciudades, a las zonas industrializadas, habitando viviendas, en muchos casos, inhóspitas e insalubres y, en otros, con el solidario hacinamiento familiar. Tiempos difíciles si querías estudiar, donde había que conjugar el trabajo con los estudios nocturnos.

Empezamos a crecer ideológicamente, nos cuestionamos todo lo aprendido. Dejamos de creer en lo que nos habían dicho que teníamos que creer, porque ya no creíamos en quien nos lo había dicho. Ateísmo, agnosticismo, rechazo a la religión o una nueva alianza con ella.

Mayo francés en el 68, la lucha política y sindical, huelgas reivindicativas, manifestaciones, carreras delante de los grises, golpes, detenciones y palizas en comisaría, etc. van marcando el paso hacia una transición que lleva a la democracia, a la integración en Europa, que ya era irrenunciable, imparable, en un tardofranquismo agonizante.

Mientras, se va redimiendo España de la miseria con aquellos jóvenes adolescentes que asumieron compromisos mayores, trabajando con denuedo e ilusión por conseguir un mañana mejor. Todo fue llegando con grandes sacrificios. La libertad se impuso, la democracia ganó y la transición nos llevó a un régimen constitucional que sembró la ilusión. La España rota se fue reconstruyendo, se apilaron viviendas en bloques inmensos. El barro de las calles de los barrios obreros fue dando paso a las aceras y al asfalto. La llegada de la democracia, trajo la ilusión del voto, el placer de introducir por aquel orificio y por primera vez la papeleta (la Trinca cantaba su canción: Por primera vez, dando un toque de humor al acto de votar).

Ahora, aquella generación que cargó sobre sus espaldas la labor de cambiar a España, se apaga. La Parca nos va diezmando. En cierto sentido, al querer proteger a nuestros hijos de aquellos avatares tan duros, les hemos hurtado su derecho a conocer ese pasado y no pueden extraer las enseñanzas que se requiere para no tener que repetirlo. Con lo que está cayendo se empieza a sospechar que pudieran volver, de la inconsciente mano de populismos, aquellos viejos tiempos.

Nosotros, los ‘septualescentes’, que empezamos a trabajar con 16 años, que hemos hecho un enorme esfuerzo por mantenernos al día en todo, que hemos saltado de una España cuasi analfabeta a otra docta, con la juventud mejor preparada, vemos con tristeza cómo se diluye el resultado de tan probo esfuerzo. La democracia, la soberanía popular, la solidaridad humanista que nos guio, la libertad en su real concepto… todo aquello, que tanto nos costó, corre peligro. Vuelven viejos cantos de sirena para atrapar emocionalmente al descontento en proyectos suicidas bajo la alienación, el gregarismo y la sumisión al líder. Vuelve el odio, la vehemencia, el insulto, la imposición, el rechazo al diferente, la idea de un liberalismo de motosierra al que ya llaman ‘anarcoliberalismo’; un espacio para el darwinismo social: ‘el pez grande se come al chico’. Aflora el individualismo que se antepone a todo lo demás, pasando de: ‘lo mejor y lo primero para mi compañero’ a ‘lo mejor y lo primero, para mí, compañero’.

Malos tiempos para lírica, si no somos capaces de reconducir la situación desde el ejercicio del librepensamiento.

martes, 11 de junio de 2024

Tercetos apostillados

 


Hoy os voy a presentar esta nueva composición poética, diseñada por mí, con una estructura estrófica singular. Se trata, básicamente, de una estrofa compuesta por un terceto (endecasílabo de rima consonante en los versos impares, como es lógico), seguido de dos versos heptasílabos con rima pareada, cuyo contenido alude al texto del terceto, apostillando su significado. He decidido llamarla “Tercetos apostillados”. Este poema que presento, a modo de ejemplo, surge en el Camino de Santiago, de la mano del peregrino que hace un alto en el camino para descansar y proseguir, posteriormente, su ruta hacia el ocaso u occidente. En ese trance de sosiego, se produce la comunión con la naturaleza que describe el poema.

 

Descanso del peregrino

 

Sentado en la vereda que persigo

contemplo el esplendor de los trigales

y el grano de la espiga que es el trigo.

A modo de promesa

habrá pan en la mesa.

 

El canto de un jilguero acompasado

seduce mi mirada con su trino

dejando mi sentir embelesado.

Es un dulce candor

que palia mi dolor.

 

La villa con su torre campanera

escapa del letargo adormecida

danzando con la suave primavera.

De su sueño la gente

despierta a su presente.

 

La lluvia inicia en forma persistente

la suave candidez de su caricia

empapando los campos mansamente.

Es signo de una vida

de gozo prometida.

 

Descansado prosigo mi camino

con mi cuerpo cargado de energía

y la fe de llegar a mi destino.

Andando paso a paso

camino hacia el ocaso.

 

© Antonio Porras Cabrera

 

sábado, 8 de junio de 2024

8 de mayo. Jornada de reflexión

Sopesar las cosas

Hoy es día de reflexión, según dicen… como si no lo fueran los demás días, cuando la reflexión ha de ser una constante en la vida de cualquier ser humano. Mediante ella analizamos el pasado y el presente y vamos intentando comprender la realidad que nos envuelve, la repercusión de nuestros actos, y los de los demás, en la vida personal y en el entorno social.

Ahora, tras los innumerables y variados mensajes que el mundo de la política nos ha lanzado en estas fechas de campaña electoral, pretenden que decidamos, que reflexionemos. No sé muy bien si persiguen que digiramos tanto mensaje, a veces absurdo, contradictorio y malintencionado, excesivamente partidista y poco clarificador sobre una realidad europea, que es la que nos interesa. Se nota la descolocación del PP que sigue, erre que erre, intentando presentar estas elecciones como un plebiscito contra, el llamado por ellos, “sanchismo” en un intento de desconectar a Pedro Sánchez del partido socialista, como intentando separar “sanchismo” y socialismo, tal vez con la intención de anatemizar a Pedro y reivindicar a sus opositores dentro del partido.

Esta especie de locura o insensatez fue caballo de batalla en las elecciones anteriores, “derogar el sanchismo” era el lema, ya sabemos todos como terminó, con la mayor frustración de un parido que vendió la piel del oso entes de cazarlo. Ahora, tras los últimos resultados electorales, donde en Galicia le fue mal al PSOE, en el País Vasco les fue bastante bien y en Cataluña ganaron las elecciones, las cosas siguen prácticamente como estaban, con un PP anclado a la ensoñación y al deseo de acabar como fuere con el liderato de Sánchez, al que acometen por todos los flancos posibles, ya sean propios o de su entorno, con la intención de desprestigiarlo, cosa que vienen haciendo desde el principio.

Seguramente hay suficientes argumentos para criticar a Sánchez, muchos de ellos los podemos compartir, pero cuando se ve el ensañamiento, incluido lo de miento, de una forma tan evidente, solo cabe pensar que el deseo de alcanzar y ejercer el poder que tienen es tan manifiesto que acaba sembrando la duda sobre sus intenciones y ejerciendo de boomerang. Su programa se reduce a resolver los problemas de España quitando a Sánchez. Pero, ¿cuál es en realidad el programa del PP? ¿Es algo oculto que va más allá de lo presentable y solo cabe denostar al contrincante para que, sin pedir mayores explicaciones, se le otorgue el voto como mal menor, como escape a una situación calamitosa?

Pero reflexionemos. La economía va bien, la creación de empleo crece y el paro baja, el SMI sube sustancialmente y las previsiones de crecimiento para nuestro país son bastante buenas comparadas con el entorno. Hemos salido de la pandemia relativamente bien gracias a las políticas de protección a la empresa y al trabajador mediante los ERTEs y una aceptable política de vacunación. El coste de las energías, que estaba disparándose, se consiguió controlar bastante bien con iniciativas que la propia UE acabó asumiendo y adoptando. En resumen, un más que aceptable resultado de gestión, que no permite al PP centrar sobre ella el debate, pues el balance lo dejaría en evidencia. Por tanto solo cabe buscar otros puntos débiles, aunque fueren de menor incidencia, para magnificarlos y hacerlos parecer de una importancia suprema.

No sé qué recorrido pueda tener el caso Begoña, si es que lo hay, pues parece ser que no se sustenta la investigación sobre sólida base, según la UCO y la fiscalía (a las que el PP siembra de sospecha). El caso Koldo parece más consistente y debemos apoyar que se esclarezca, desde la presunción de inocencia, que es una garantía procesal de nuestra Constitución. Pero no se habla con tal contundencia, o se mantiene a bajo nivel, el asunto de la pareja de Ayuso, donde sí están reconocidas y confirmadas las irregularidades por el propio autor, y algunos otros casos que subyacen en el mundo del PP.

No parece lógica su postura, defendida por sus agresivos guardianes, con Tellado a la cabeza, cuando son incapaces de la más mínima autocrítica. La historia del PP está plagada de casos de corrupción, condenas incluidas, con unas obras en su sede pagadas con dinero negro, un tesorero en la cárcel, una historia truculenta de sobres y libretas de anotaciones, una defenestración del líder anterior por sacar a relucir la posible mordida del hermano de Ayuso y un amplio etc. que los cuestiona como ejemplo de limpieza ética a seguir. Parece que la histriónica agresividad es una buena defensa ante el uso de la razón del contrario.

Lo curioso es que, a pesar de todo esto, se ha conseguido demonizar al “sanchismo” apartando la vista de los hechos relatados, obviando sus propios pecados mayores para orientarnos hacia la paja del ojo ajeno. Pero, en fin, todas estas cosas cada cual ha de valorarlas, en un día como este, antes de ir a las urnas, aunque ya se tengan más que valoradas, visto lo visto.

Yo entiendo que para juzgar los mejores programas, lo más adecuado es mirar lo que han hecho y no lo que dicen que quieren hacer. Yo, al menos, ahí centro mi reflexión. El PP gobierna en varias comunidades y nos da información para comparar con los demás.

Lo lamentable es que la campaña electoral de estos días se haya centrado sobre un plebiscito entre PP y PSOE, Feijóo y Sánchez. Se nos ha hurtado el debate sobre la esencia de estas elecciones y siguen, erre que erre, con la eterna diatriba sobre Pedro Sánchez.

Mañana veremos lo que pasa, yo seguiré reflexionando para decidir mi voto. Eso sí, hoy no iré al rezar el rosario a calle Ferraz…

lunes, 27 de mayo de 2024

No podemos quedar impasibles



Hay momentos en que uno no puede quedar impasible ante determinados hechos. Viendo, esta mañana, las noticias de la TV observo que Feijóo comenta que el reconocimiento de Palestina le hará daño a los propios palestinos… puede que tenga razón porque la cólera de Netanyahu se incrementa al quedarse cada vez más solo y acusado de crímenes de guerra y lesa humanidad. 

La noticia siguiente que aparece es la de un bombardeo sobre un campo de refugiados en Gaza, tenido por seguro, dado que el propio Gobierno de Israel orientó a los palestinos a esa zona de seguridad, que ha causado más de 50 muertos, muchos de ellos niños. Las imágenes son terroríficas, “de terror propio de terroristas”. No podemos sentirnos insensibles ante tanta destrucción. Vemos la devastación que los bombardeos causan y su dimensión es apocalíptica, el sufrimiento humano, el dolor y la desesperación de un pueblo atrapado en un eterno conflicto de difícil solución mientras los dirigentes de ambos bandos no sean sustituidos por gente de paz y concordia.

El terrorismo de Hamás y en concreto su actuación del 7 de octubre, que fue el detonante de esta situación, es de la más condenable y solo se justifica en la maldad irracional de sus autores inmersos en una locura inhumana y criminal. Dicho esto, un Estado democrático, como dice ser Israel, no puede ejercer acciones de terror sobre la población civil, y menos de forma sistemática, porque eso se convierte en terrorismo de Estado.

Cuando lee uno que (cito textualmente): “El fiscal de la Corte Penal Internacional, Karim Khan, solicitó, el 20 de mayo de 2024, que se dictaran órdenes de detención contra tres líderes de Hamás y contra el primer ministro y el ministro de defensa de Israel por actos que ha calificado como crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad”, acaba reafirmándose en esa dirección: crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad…y esos crímenes no se pueden tolerar por el derecho internacional y por el espíritu y los valores de una sociedad humanista.

La influencia de Hamás en Palestina y la de Netanyahu y su gobierno en Israel deben desaparecer y abrirse paso otros dirigentes de paz, amparados por acuerdos, desde la simetría de dos estados soberanos, que impliquen a las grandes potencias en su control. Necesitamos líderes de luz que nos alumbren en un camino nuevo hacia la convivencia, porque las actuaciones que estamos viendo solo sirven para eternizar el conflicto a través del odio…

Mientras tanto, mejor sería que la señora Ayuso no dijera más barbaridades e impertinencias con su irracional y desmedido discurso, cuando dice: «Tú mata, que yo te daré una comunidad autónoma. Tú mata, que yo te daré un Estado. Ese es el mensaje que están dando». La Comunidad autónoma la otorga la Constitución y el Estado palestino lo acordó dar la ONU.

Difíciles tiempos se avecinan para el mundo y las nuevas generaciones si no se reconduce este dislate.

domingo, 28 de abril de 2024

Deberíamos saber lo que pasa de verdad…

 


No termina uno de sorprenderse con los avatares que nos viene presentando la política, aunque cada día el umbral está más alto ante el continuo goteo, cuando no lluvia torrencial, que nos presenta.

Estamos habituándonos a la “política canalla”, al filibusterismo y la manipulación, a la creación de bulos y al uso de la posverdad y de un sinfín de técnicas de marketing para vendernos el producto político, que no es otra cosa que una promesa a incumplir la mayoría de las veces. Pretenden la abducción. Seducirnos con palabras para arrastrarnos a su espacio. Cosa lícita en un sistema democrático, salvo que, en muchos casos, la ética y la verdad son las grandes sacrificadas. En teoría se trata de presentar un programa, convencernos de su bondad para votarlo y alcanzar el poder mediante el voto. Así funciona el sistema. A veces asoman la patita conductas mafiosas que hacen temblar y preguntarse qué pasa entre bastidores.

En realidad estamos en un momento delicado, donde no sabemos muy bien dónde estamos. Es aquello de solo sé que no sé nada, o habría que decir “solo sé que no entiendo, o no comprendo nada”. Decía Noam Chomsky que “la población general no sabe lo que está ocurriendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe”.

Hacerse una composición de lugar, para analizar la situación y sacar conclusiones libremente y sin interferencias, es prácticamente imposible, dada la cantidad de ruido que emiten los políticos con la intención de confundirnos y opacar la verdad… la verdad ajena, claro, porque la suya la remachan sistemáticamente hasta el hastío. Pero la verdad que nos interesa a nosotros es otra, es la de las cosas de comer, como se suele decir, aquello que nos afecta en nuestra vida cotidiana. Esa es nuestra realidad.

Mi primera conclusión es que estamos ante un importante déficit democrático, lo que nos lleva a la deslealtad institucional, al sesgo interpretativo de la Constitución, haciéndose valedores de la misma aquellos que la incumplen y rechazan en alguna de sus partes. Ellos son los que otorgan el carné de constitucionalista. Tenemos una gran Constitución que respeta y defiende la libertad de pensamiento y expresión del mismo, pero hay quien cuestiona ese derecho cuando se aplica a los demás, a los que difieren de sus planteamientos. Nadie blanquea a nadie cuando es la propia Constitución la que le otorga el color blanco. La Constitución, al ser el marco que define el escenario de la soberanía popular, permite hasta su propia modificación o cambio; eso sí, establece los medios y forma en que se ha de llevar a efecto.

La segunda es que hemos perdido más de 40 años tirados por la borda, que deberían haber servido para formarnos políticamente en un espíritu democrático verdadero y crítico. Estamos en una inmadurez política y democrática que permite a nuestros falaces representantes hacer de su capa un sayo ante nuestra benevolente sonrisa de incompetentes críticos. Somos muy vulnerables a la manipulación y a creernos bulos y mentiras. Actuamos como hooligans más que como sujetos pensantes, que usan la razón para sacar conclusiones. Tal vez por eso, porque le interesa esta situación a algunos partidos y otros elementos ocultos del poder, no se haya potenciado esa formación política, sino todo lo contrario.

Tercero que se han perdido las formas de hacer política y afloran conductas cuasi punibles por ser ofensivas, insultantes y descalificadoras, cuando no difamadoras e insidiosas. Esas conductas son un atentado a la democracia que solo pueden llevar a la controversia sobre la bondad del sistema, y con ello a la muerte del mismo a manos de un salvador dictadorzuelo, que nos traiga su luz impositiva y nos arrebate la soberanía popular para entregarla a otras corporaciones más beneficiosas. De momento, para gran parte del pueblo, “están bajo sospecha” los tres poderes del Estado: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.

Y cuarto, lo dejo aquí aunque hay más, el espectáculo que hoy presenciamos es la punta del iceberg que oculta, para nuestros males y deshonra, algo mucho más profundo, algo relacionado con la lucha sin cuartel por el ejercicio del poder; un poder que puede orientar el presente y el futuro hacia intereses espurios que van contra la mayoría, para convertirse en beneficio de una minoría dominante. El único hándicap que tienen es que para lograrlo se ha ganar el voto y, como el programa oculto no se puede mostrar, se ha de proceder de otra manera, por ejemplo denostando al otro sin plasmar mi alternativa para que no me pidan el cumplimiento de un programa-contrato establecido. De ahí el discurso falaz con el que pretenden convencernos.

Por eso la frase de Noam Chomsky gana su doble sentido. Deberíamos, al menos, tener conciencia de que no sabemos lo que está ocurriendo y sospechar que si no se sabe es porque no les interesa que lo sepamos… tal vez, esa verdad sobre nuestro desconocimiento, nos hará más libres o, al menos, despierte en nuestra mente la capacidad crítica y la sospecha necesaria para hacernos pensar y llegar a conclusiones propias que defiendan el derecho a ejercer la política con nuestro voto y responsable conciencia.

viernes, 26 de abril de 2024

Necesitamos una catarsis social

 


A veces, en la vida, merece la pena frenar y parar un poco para reflexionar, cuando la reflexión cotidiana, del día a día, no resulta productiva, dado el nivel de crispación y ruido existente. Es aconsejable, y de eso saben mucho los que defiende la meditación, retirarse unos días para librarse de las influencias que interfieren o bloquean el propio pensamiento. De esta forma, desprendido de presiones, se centra uno mejor en lo importante. 

Creo, que la decisión de Sánchez es adecuada y que debería llevarnos a todos a pensar qué estamos haciendo y cómo nuestras conductas belicistas y de confrontación irracional nos pueden llevar al desencuentro y de ahí al conflicto, para pasar a la confrontación como enemigos, en lugar de conciudadanos que litigan en una democracia que es sinónimo de respeto al adversario, con quien se debate para procurar la felicidad de la ciudadanía que vota a sus representantes. Llegados a ese punto la cosa se complica, ya no somos conciudadanos, sino enemigos. Al conciudadano se le respeta y se comparte con él hábitat y todo lo que integra, se acuerda con él las decisiones que afectan a ambas partes y se interactúa razonada y razonablemente. Con relación al enemigo la cosa es diferente. Al enemigo ni agua, se suele decir; o sea, que se le ha de eliminar incluso físicamente, pues estamos en una confrontación por la supervivencia.

El sentido común nos advierte que somos conciudadanos, no enemigos. Que compartimos un espacio vital común, basado en un Estado que vertebra al país, para garantizar la convivencia a través del respeto a la ley y el orden, donde se incluye el derecho inalienable a pensar diferente, pero con la orientación de que ese pensamiento diferente no busca su imposición, sino la contrastación argumental para llegar a mejores conclusiones y alternativas en la gobernanza.

Entiendo que haya quien concibe la política como una guerra por el poder, aunque no lo comparto en absoluto, por su carácter impositivo y descalificador del contrincante, o sea del ciudadano votante de otras opciones, lo que resulta verdaderamente antidemocrático y atentatorio contra ese sistema de libertad.

Tal vez, debamos sumarnos todos a una reflexión más profunda capaz de reconducir la situación hacia un espacio o escenario apropiado para la democracia, donde la honestidad y la verdad reinen en un mundo de ética política y humana. Es obligación del ciudadano defender sus derechos y libertades, de mantener la opción participativa en la política ejerciendo su derecho al voto. Pero también, mediante ese voto y su participación activa en el debate constructivo, es su obligación implicarse en mantener la limpieza, la ética y la verdad por encima de todo, y rechazar el ejercicio de una política canalla donde la mentira y la manipulación se imponga a la verdad y al interés general que ha de pretender la gobernanza bien entendida, porque, de no ser así, estaremos enfangando el escenario y creando un ambiente irrespirable, que nos lleva a la ciénaga inmunda de la deshumanización insolidario y cínica de la egolatría y el egoísmo.

Hace tiempo que los ciudadanos necesitamos una catarsis. Una profunda meditación para, libres de influjos, sacar a flote nuestra propia ética y responsabilidad en lo que está pasando. Tal vez le demos crédito a lo que no lo tiene, aceptamos el desvío de nuestra atención a temas de rango inferior para evadir lo superior y nos sometemos con cierta facilidad a pensamientos falaces sin contrastarlos. Puede que debamos entonar un "mea culpa" por cómo gestionamos la responsabilidad del voto y dejarnos llevar a un abismo del que podremos arrepentirnos llegados a un punto de no retorno.

En muchos casos, por no decir siempre, en democracia, los políticos son la punta del iceberg que aflora sostenido por una sociedad que los soporta desde su inmersión en un mar de aguas corruptas.

¿Nos dejarán hacerlo? Tal como refleja el roto en esta viñeta, puede que, al saber a donde vamos, se nos detenga.

La crisis de Ceuta

  Opinión | Tribuna Por: Antonio Porras Cabrera Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 22 AGO 2026 7:01 Enlace: https://ww...