Opinión
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 31 OCT 2026 7:00
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/10/31/dias-santos-difuntos-135939934.html
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| Cementerio de Cuevas de San Marcos. Foto A. Porras |
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Como cada año por estas fechas planificaba mi visita al cementerio donde
yacen mis antepasados. Son momentos para revivir los recuerdos de
nuestros familiares y conocidos que ya nos dejaron. Siempre dije que los
muertos viven en la memoria de los vivos y en estos días de los santos y
difuntos, retoman su vitalidad e influencia en nuestras vidas a través de la
nostalgia y la memoria. Flores, luminarias, adecentamiento de los panteones…
son un claro homenaje a los seres
queridos que se fueron, dejando su huella en nuestros corazones.
Aunque la cosa dé un poco de yuyu,
o sea miedo, aprensión, rechazo o malestar, la muerte forma parte de la vida,
eso sí, de la última etapa… ¿Qué pasa
después? cabe preguntarse. Pues depende de lo que usted crea piense o
espere dentro de la pura especulación, deducciones personales o de la fe del
credo que practique; en todo caso es inevitable. Lo que viene luego es ignoto,
desconocido. Lo más probables es que se dé, digamos, la deconstrucción biológica
de nuestro organismo a través de un proceso natural llamado descomposición o
ciclo tafonómico. Digo deconstrucción porque nuestros átomos no desaparecen,
sino que se integran en otras estructuras, por lo que siguen configurando la
ordenación cósmica.
Es natural como fin del camino que
venimos transitando dentro de unas expectativas normales del vital proceso
evolutivo, o sea cuando ya se es mayor y se han cumplido los plazos naturales
de los distintos ciclos vitales. Lo que no es de recibo y, además, rechazable
desde la lógica, es que asistamos al
fallecimiento de gente joven que aún no han recorrido toda la ruta. Recuerdo
que una amiga, que había sufrido la pérdida de un hijo relativamente joven,
decía: «No hay pena mayor que ver morir a un hijo, eso no es lo natural,
primero he de morir yo».
A este lado de la vida
Mientras rumiaba sobre estos
pensamientos conduciendo para pasar la ITV de mi vehículo, la radio disparaba
noticias y comentarios mañaneros sobre cosas ocurridas a este lado tan convulso
de la valla.
Bolsonaro
ha hecho un Puigdemont y se ha dado a la fuga a los EEUU, a su
propio Waterloo, aunque sin maletero según parece. Puede que le haya visto las
orejas al lobo y ante las acusaciones de blanqueo de capitales y corrupción ha
puesto pies en polvorosa no vaya a acabar entre rejas.
Netanyahu, aunque gana las
elecciones en Israel, pierde capacidad para formar gobierno. Tampoco puede
hacerlo el general retirado Eisenkot, su oponente. Toman protagonismo o
capacidad de influencia los partidos árabes que han incrementado su
representación considerablemente. Puede que Israel quede bloqueado para
configurar un gobierno… ¿Habrá nuevas elecciones o pactara Eisenkot con los
partidos árabes? Ojalá fuera esto último y diera un giro la política en
Palestina mediante un gobierno israelí más razonable y humano.
Mientras, aquí al lado, en Serbia,
salta la sorpresa y Aleksandar Vučić pierde las elecciones ante una lista
estudiantil cuasi acéfala, que le gana por mayoría absoluta. El caso recuerda a la caída del húngaro
Viktor Orbán. Al menos ha reconocido su derrota.
Nos queda por ver qué pasará en las
elecciones de medio mandato de los EEUU. Parece que el emperador naranja no las
tiene todas consigo y peligra su control sobre ambas cámaras. Si las pierde…
¿habrá impeachment? ¿Podemos tener
esperanza en que este desquiciado mundo que nos trajo el trumpismo pueda
reconducirse hacia la paz y el orden basado en el derecho internacional?
Tal vez no, porque esta guerra ya se ha iniciado ensayando modos y estrategias
diferentes, basadas en el uso y abuso de la IA y de la alta tecnología e
ingeniería que pregona el neoliberalismo. El caos puede que sea el principal
elemento del proceso para instaurar el darwinismo social.
La parca esperaba en Urda
Sobre muerte, conflictos e ITV
andaba mi preocupación cuando saltó la noticia. El locutor corta el discurso
para indicar que se ha producido un accidente de tren de dimensiones aún no
conocidas, pero que pudiera ser de gran importancia.
A partir de ese momento cambia todo
el panorama informativo. El horror se pasea por la televisión y la radio y los
corazones constreñidos por el dolor y la desgracia ajena sangran lágrimas de
pena solidaria con el sufrimiento de las víctimas. Salta en la memoria Adamuz y
la incomprensión. ¿Cómo es posible que
otra vez se haya producido otro trágico accidente de tales dimensiones?
No es momento de señalar a nadie, pero sí de exigir e iniciar las
investigaciones oportunas para esclarecer los hechos. Anoche ya se podían oír
los mensajes con instrucciones remitidos desde el centro de control de Atocha a
los conductores de trenes, por los que el AVE inició su marcha.
Como casi siempre, los servicios
públicos encargados de afrontar la crisis muestran su competencia y disposición
para atajar el momento. Bomberos, policía, Guardia Civil, UME, Cruz Roja,
servicios sanitarios de emergencias, hospitales y los vecinos de Urda, junto
con otros muchos entes de cooperación, se vuelcan para afrontar tan grave
accidente, aunque la desgracia es irreparable. Creo que todos ellos merecen
nuestro especial agradecimiento como ciudadanos solidarios ante la tragedia.
Estamos en precampaña y existe el riesgo de que la tragedia sea utilizada
políticamente, ejerciendo juicios previos y temerarios como estrategia de
campaña. La verdad debe ser descubierta y mostrada por aquellos que,
teniendo la capacidad y el conocimiento necesarios, puedan alcanzar
conclusiones definitivas basadas en evidencias y no en suposiciones y
especulaciones imparciales e interesadas de algunos medios venales afines a una
u otra cuerda. Por tanto, son los resultados del proceso de investigación y las
conclusiones judiciales los que deben poner negro sobre blanco lo ocurrido,
identificar a los culpables y exigir las responsabilidades consiguientes, caiga
quien caiga, incluso por vía penal.
La política
Sabemos que no nos libraremos de la política canalla que se viene ejerciendo desde
casi el inicio de la legislatura, pero, al menos, no deberíamos dejarnos
llevar por intereses espurios. La batalla política se dará, sin duda y sin
cuartel. La campaña ha dado un giro incuestionable y el accidente será un
elemento emocional de primer orden. Tal vez acabe opacando a los demás
problemas de interés ciudadano. Pero seguimos teniendo derecho a exigir al
mundo político una oferta programática clara donde se integre toda lo
problemática que nos afecta, incluida, por supuesto, la gestión ferroviaria.
No queremos, al menos yo, ruido,
fango, bulos, insultos y heces esparcidas por las RRSS. Evitemos el morbo donde
se regocija la mala gente, donde la vileza y ruindad se muestra incluso por el
verbo o la palabra que retrata a quien la emite.
Mientras tanto, seguimos afectados emocionalmente por la
desgracia del accidente de Urda, tanto que no será posible olvidarlo en
ningún caso, como no los anteriores que ocasionaron pérdidas humanas, las
materiales son otra cuestión. Siguen presentes; Adamuz (2026), Rodalies (2026),
Angrois (2013), metro de Valencia (2006), Chinchilla (2003) y un amplio etc.
que se pierde hasta 1944 con el de Torre del Bierzo (León) del que no se tienen
noticias del número de fallecidos, pues el régimen no lo difundió aunque se
habla de entre 100 y 800 fallecidos según que fuente. Un trágico historial
martilleando en la memoria colectiva cada vez que se da otro caso similar.
Este año, además de acordarnos de
nuestros ancestros y ascendientes más cercanos, sentiremos el peso de la
desgracia de Urda. Son, de momento, 69
conciudadanos que no estarán con nosotros en este lado del recuerdo, sino al
otro lado de la memoria. Hoy todas las víctimas son iguales, nuestras,
sean del credo o ideología que fueren. Con todas debemos empatizar y sentirnos
unidos a su sufrimiento…
Especial cariño y homenaje para mi vecina de Cuevas de San Marcos, María de
los Ángeles Mazo Banegas, regente del hostal R-Conecta, fallecida en el
trágico accidente de Urda. No era natural del pueblo pero se asentó en él para
potenciar el turismo rural y el encuentro con la naturaleza. Pretendía, tal
como indica el nombre de su casa rural, conectar con las esencias del pueblo
donde se había integrado. Le obsequié con algunos de mis libros para que los
pusiera a disposición de sus clientes, unas lecturas sosegadas para el
descanso. Amiga, Ángeles, descansa en paz, que la tierra, que tanto amabas, te sea
leve.

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