Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 26 OCT 2026 7:01
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/10/26/ruy-gonzalez-clavijo-samarcanda-135748501.html
Exótica y
famosa urbe en la Ruta de la seda, lugar de confluencia de culturas y rutas
comerciales, cargada de historia
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Pasear por la ciudad siempre es un
buen ejercicio para pensar y escabullirse de la maledicencia que se da en el
mundo de la política. Hoy me sirvió para centrar la temática cuasi evasiva de
mi texto ante tanta cosas que chirrían,
o deben chirriar, al sentido común.
Ver a un presidente extranjero, que
en una visita a nuestro país se permita insultar estentóreamente al presidente
español y a todos los españoles de izquierda, a los que él llama zurdos, como
ha hecho Milei, me resulta indignante y, también, especialmente degradante para
este espécimen que emite semejante dislate. Por otro lado, me ha sorprendido la pasiva, por no decir
cómplice, presencia del presidente del Senado siendo una institución del
Estado.
Me vino a la memoria la defensa del
expresidente Aznar que hizo Zapatero y el Rey, cuando Hugo Chaves, en la XVII
Cumbre Iberoamericana (2007), expresó los calificativos insultantes sobre
Aznar, acusándolo de «fascista» y
«racista»... El presidente Zapatero pidió la palabra para defender a
Aznar, señalando que había sido elegido democráticamente por los ciudadanos
españoles y le exigió respeto para las autoridades de España. Y se oyó la
famosa frase: ¡Por qué no te callas! proveniente
del emérito, que pasará a la historia.
Se adivina sucia esta campaña, tal
vez porque se jueguen demasiados intereses económicos y políticos. El mundo
está cambiando y el poder será la clave para arrimar el ascua a la sardina de
cada cual. Vuelve la idea de
verticalidad y la venta del orden que ella establece. En lontananza se
adivina un neofeudalismo tecnológico (o tecnofeudalismo) con un importante
matiz de sumisión a través del control sistemático del ciudadano mediante el
uso de la tecnología.
Andaba dando vueltas a estas y
otras ideas en mi pausado caminar, cuando decidí compartir con el lector la
experiencia de un exótico viaje para evadirnos de esta agobiante situación. Le propongo me acompañe al lugar donde
descubrí la figura de Ruy González de Clavijo, allá por la excepcional
Samarcanda, ciudad uzbeka, donde viajamos hace ocho años.
Taskent
Aterrizamos en Taskent, capital de
Uzbekistán, que resultó espléndida, plena de luz en aquella primavera de 2018,
con una floración exuberante en sus parques y amplias avenidas que conformaba
una policromía sorprendente. La ciudad, prácticamente destruida por el
terremoto de 1966, fue reconstruida y rediseñada en su estructura urbana,
adquiriendo un aire moderno y gran espaciosidad, avenidas, parques, fuentes,
museos, ostentando un verdor y monumentalidad como le corresponde a la capital
del país. Sus habitantes amables, serviciales y atentos. Nuestro guía, Ruslan, un uzbeco amable y documentado, al
que desde aquí mando un fraternal abrazo, fue un excelente cicerone para
tan singular viaje.
Jiva o Khiva
Jiva era otro mundo. Una ciudad
antigua. Mezquitas y minaretes cargados de historia. Bastantes calles sin
asfaltar y gente tomando el fresco a las puertas de sus casas, en algunos casos
con sus condecoraciones militares en el pecho, honrosos recuerdos de la guerra.
Provocaba cierto sentimiento de
traslación al pasado, casi al medievo. El pan tradicional de Jiva se
cuece en un «tandir», un horno de barro a más de 300 °C que se encuentran por
la calle. Se humedece la base de la masa decorada y se pega directamente a las
paredes calientes del horno. En pocos
minutos tienes una fina hogaza de pan muy apetitosa.
Gran curiosidad me causó ver las
tumbas en la base de la muralla defensiva. Los supersticiosos atacantes no se
atreverían a profanarlas. ¡Buen recurso
defensivo!
Bujará
Bujará es otra ciudad que rezuma
historia, monumentalidad y exotismo. Es sorprendente el Mausoleo de Ismaíl Samaní, una de las obras más
estimadas de la arquitectura de Asia central (siglos IX y X).
Son abundantes los monumentos con
que nos obsequia la ciudad como: el Complejo Po-i-Kalyan, el Conjunto Lab-i
Hauz, la magnífica fortaleza el Arq; el
mausoleo de Chashma-Ayub; la mezquita de Bolo Haouz; Char Minor o Madrasa de
Jalif Niyaz-kul; la antigua mezquita de Magoki Attori; el Complejo
arquitectónico de Bahoutdin y otros muchos lugares sorprendentes.
Samarcanda
Siempre me atrajo la ciudad de
Samarcanda. Exótica y famosa urbe en la Ruta de la seda, lugar de confluencia
de culturas y rutas comerciales, cargada de historia, fundada hace más de 2.700 años, más o menos coetánea de nuestra Málaga.
Su nombre suena a los cuentos de ‘Las mil y una noches’. Aunque Sherezade no la
incluyera en sus relatos la ciudad evoca cuentos orientales.
Era la última etapa de nuestro
viaje a Uzbekistán que, ya de por sí, estaba resultando fascinante. Es la
tierra de las 5 M: Mezquitas, Madrasas,
Mausoleos, Minaretes y Mercados, siempre presentes y a cual más
espectacular. Yo añadiría otra M la de
Museos.
Es aquí, en el museo del
Observatorio de Ulugh Beg, donde descubrí la historia vivida por un español en
Samarcanda en los inicios del siglo XV. Se trata del libro que cuenta la
embajada que el rey Enrique III de Castilla envió a la corte de Tamerlan,
encabezada por Ruy González de Clavijo. Era un precioso ejemplar, guardado como
oro en paño, del libro ‘Misión
diplomática de Castilla a Samarcanda (1403-1406)’. Editado por Leoncio
Cabrero y traducido al ruso por Claudio Klotchkov.
El descubrimiento despertó mi
interés y, posteriormente, indagando en los medios digitales llegué a un mejor
conocimiento de tan interesante aventura y del contexto social, político y
militar que se daba en aquellos tiempos.
Tamerlán
Tamerlán (1336-1405) de origen
turcomongol, fundó el Imperio timúrida. En poco más de dos décadas conquistó
ocho millones de kilómetros cuadrados de Eurasia. Se le considera uno de los
mayores líderes militares y tácticos de la historia, así como de los más
sanguinarios. En cierto sentido
pretendía la restauración del Imperio mongol. Por tanto, era un gran
opositor al expansionismo otomano de finales del siglo XIV, cuando Bayezid I,
conocido en Occidente como Bayaceto, asolaba los Balcanes y expandía su imperio
por oriente. El conflicto con el Imperio timúrida de Tamerlan se resolvió el 20
de julio de 1402 con la decisiva Batalla de Ankara, donde Tamerlán derrotó y
capturó a Bayaceto, que murió en cautiverio al año siguiente (1403).
Tamerlán falleció en 1405 en la
localidad de Otrar a los 68 años. Su cuerpo descansa en el impresionante
Mausoleo de Gur-e Amir de Samarcanda. En una de sus lápidas dice: «Si yo me levantase de mi tumba, el mundo
entero temblaría». En 1941 el ejército alemán invadió Rusia, coincidiendo
con la apertura de su tumba, premonitoriamente la leyenda ya lo advirtió.
Los temores de Occidente
Mientras tanto, en Occidente
existía gran temor tras la aplastante victoria de Bayezid I en la batalla de Nicópolis (1396), en la actual
Bulgaria, donde los cristianos quedaron ampliamente derrotados.
Enrique III temió que el poderío
otomano desequilibrara el Mediterráneo y fortaleciera a los reinos musulmanes
próximos, básicamente el de Granada. Como buen estratega pretendió pactar con
Tamerlán para someter a los otomanos a una pinza entre Oriente y Occidente, por
lo que decidió enviar una embajada diplomática encabezada por Ruy González de Clavijo, a concertar
con Tamerlán. De esa embajada trata el libro que encontré en el museo del
Observatorio de Ulugh Beg en Samarcanda, como ya he mencionado.
Lo interesante del relato, que
publicó el propio Ruy González de Clavijo en 1406, más que la cuestión militar
y las alianzas, que no tuvieron tanta trascendencia como la deseada respecto a
los otomanos, lo que sí aporta es su gran crónica del viaje, además de los
lazos de amistad creados entre timúridas y castellanos, llegando Tamerlan a
calificar a Enrique III cono su hijo y enviarle amplios presentes y regalos. El libro describe minuciosamente la cultura y
los hábitos y costumbres de los pueblos que fueron visitando; la flora y
la fauna que observaron, su orografía, diversidad y credo, con cierta
precisión. Por tanto conlleva una crónica bastante completa del viaje y los
lugares visitados.
La embajada
La embajada la formaron: Ruy
González de Clavijo, Fray Alonso Páez de Santa María (fraile dominico), Gómez
de Salazar, unos 14 criados y escribas (encargados de tomar notas y custodiar
los regalos) y Mahomad Alcaxi (guía de la delegación). Partiendo el 21 de mayo de
1403 de El Puerto de Santa María, recorrieron
unos 9.000 kilómetros, combinando una larga travesía por el Mediterráneo
y un duro tránsito por tierra a través de Asia Central. En Samarcanda solo
estuvieron dos meses y medio de los casi tres años que duro la expedición. Sin duda una ardua y penosa aventura que
merece ser recordada por la historia.

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