Opinión | tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 27 JUN 2026 7:01
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/27/jubilacion-ahora-131863886.html
La
generación de mayores se enfrenta a la brecha digital, obligada a depender de
las nuevas generaciones para el manejo de la tecnología
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| Celebración del fin de curso de mayores de 55 años en la Universidad. / l.o |
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Confieso que no tengo nada claro a
qué vine a este mundo o, si lo prefiere, para qué me trajeron. He de reconocer
que sigo sin saberlo con suficiente claridad, solo tengo sospechas, creencias o
suposiciones e intuiciones adquiridas mediante una razonable conjetura, que me
lleva a inferir un objetivo de desarrollo humanista, de mejora y evolución de
la especie mediante el incremento sistemático del conocimiento y la aportación y creatividad individual y
colectiva. Entiendo, como macro-objetivo, que la mejora de la especie
implica conseguir que nuestros hijos nos superen, que la vida fluya caminando
hacia el mayor conocimiento, acercándonos a la utópica verdad del universo,
buscando la bonhomía y la felicidad del individuo y la sociedad desde un
humanismo solidario y comprometido.
Las tecnologías nos desbordan
Es curioso cómo una mayoría de
jubilados hemos sido ampliamente superados por el desarrollo tecnológico, por
lo digital, dado que fuimos educados y formados en lo analógico. Nuestros hijos
y nietos se han fraguado, o se están formando, en contacto con el mundo digital
que se abre a otra dimensión en el desarrollo y uso del conocimiento de las
tecnologías. Desde pequeños, tal vez en exceso, se familiarizan con su manejo y dominio con pasmosa
facilidad y capacidad de aprendizaje y adaptación. La generación de los mayores
ha sido atrapada y rebasada por la cuarta revolución industrial, lo que, en
muchos casos, nos obliga a recurrir a estos hijos o nietos para superar
determinadas situaciones de incompetencia en
la usanza y manipulación de las modernas tecnologías.
La cuarta revolución industrial, a
la que me he referido en otras ocasiones, está marcada por la convergencia de
tecnologías digitales, físicas y biológicas, lo que nos permite vislumbrar
hasta qué punto cambiará el mundo que conocemos. El cambio está ocurriendo a
gran escala y a toda velocidad. «Estamos al borde de una revolución tecnológica
que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos
relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será
distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes»,
vaticina Klaus Schwab, fundador del Foro de Davos y autor del libro «La cuarta
revolución industrial» publicado en 2016. Desde esa fecha hasta el momento se
ha venido confirmando ese vertiginoso proceso que lo cambia todo.
El impresionante proceso evolutivo
La mayoría de los jubilados, donde
se incluye una amplia generación del pasado siglo que abarcaría hasta los
nacidos en los años sesenta, hemos vivido un impresionante proceso evolutivo de
la sociedad española, que comprende los aspectos políticos, sociales, económicos y, sobre todo,
educativos o formativos, donde el conocimiento y desarrollo intelectual
adquirido era impensable en nuestra infancia. Hemos tenido una vida intensa en
experiencias al transitar desde una situación miserable, sobre todo para
determinadas clases sociales, a la que actualmente gozamos. No ha sido fácil
salir de allí para llegar aquí. Tuvimos que dejar nuestros pueblos blancos
anclados en la Andalucía profunda, sus olivares y campiñas, para integrarnos en
ciudades ignotas, con estresantes ritmos de vida, donde había más oportunidades
de trabajo y subsistencia.
Todo fue complicado, un reto
continuado, que exigía habilidad y
disposición, mente abierta y motivación para aprender, para
asimilar hábitos y costumbres diferentes, para subirse a un carro que llevaba a
otra dimensión, cuando no para tirar de él con nuestro esfuerzo y dedicación.
En muchos casos, lo sé por experiencia, saliendo de la nada alcanzamos
importantes puestos de responsabilidad en diversos campos. He conocido muchos
casos en el mundo de la docencia universitaria de profesores que han ganado su
plaza con ímprobos esfuerzos saltando de aquella nada a la cátedra.
Es maravillosamente aleccionador
ver cómo los mayores, ávidos aún
de conocimiento, sobre todo las mujeres, acuden, en gran medida, al Aula
de Mayores de la UMA, buscando llenar vacíos que la vida no permitió ocupar
desde su infancia. Ese lugar de encuentro donde se conjuga conocimiento,
interacción amistosa, inquietud y ansia de vivir lo no vivido, limando
frustraciones del pasado, ejerce una de las labores más preciosas y sublimes
que se pueden realizar desde la universidad. En la entrega de diplomas, tras
superar los tres años de estudio, se observaba la lozanía y alegre juventud en
la cara de las chicas septuagenarias.
El remanso de la sabiduría
Mas sea como fuere, en llegando
esta hora de la jubilación con mayor o menor resguardo económico, nos enfrentamos
al recorrido final de la vida antes de desembocar en el mar definitivo que nos
diluirá en el cosmos.
La jubilación es un gran viaje, el
viaje final por el que se recorre el último tramo del camino. Si nuestras vidas son los ríos que van a
dar a la mar, como decía Jorge Manrique, estaremos en ese remanso donde el agua
transita suavemente, sin exacerbadas pasiones, donde la sabiduría adquirida a
lo largo del cauce se va manifestando hasta alcanzar la deseada bonhomía para
lo que, tal vez, hayamos venido a este mundo.
La juventud tiene el ímpetu, el
conocimiento de las nuevas tecnologías, pero la sabiduría que otorga la
experiencia va adquiriéndose en el tránsito y, con la edad, se incrementa.
Porque si la luz hace que tus ojos vean la vida, la sabiduría te permite
comprenderla, y ello se consigue con la experiencia.
La senectud es tiempo de paz y de
sosiego, o debería serlo, porque desde esa actitud afloran las conductas que
pueden llevarnos al autoconocimiento,
a la introspección que nos permita el sosegado análisis del tránsito vital para
encontrar la paz interior y el equilibrio que otorga la sabiduría con su capacidad de
integrar el conocimiento, la experiencia y la reflexión profunda para tomar
decisiones éticas y juicios sensatos.
Pero, además, la jubilación es un
interesante momento de reflexión, de meditación y valoración de todo aquello
que hemos hecho a lo largo de nuestra vida, o sea que lleve al balance
definitivo. Es esa especie de examen que nos permite tomar conciencia de todo lo bueno y menos bueno que hemos
practicado. Aún estamos a tiempo de aprender de los errores y de,
incluso, repararlos si ello es posible, en beneficio de nuestra paz interior.
Por otro lado, conlleva ciertas
obligaciones para cualquier persona que se sienta compelida por el compromiso
social, por el deber de compartir sus propias experiencias con el resto de la
ciudadanía con la que convive. Dar fe de esas experiencias es poner al
servicio de los demás nuestro propio aprendizaje, no para imponer sino para
ofrecer y aportar una experiencia vital que pudiera ser de interés para otros.
Hablo de nuestras ideas y pensamientos, nuestras deducciones y razonamientos,
nuestras propias conclusiones al afrontar las diferentes situaciones que
vivimos.
La necesidad del encuentro
Mas, también emerge el deseo de
relacionarse con los demás, de escapar de la amenazante soledad o revivir
recuerdos y despertar agradables remembranzas. Por eso necesitamos, en la
mayoría de casos, lugares de encuentro con las nuevas y viejas amistades, con
agradables compañeros y compañeras
de trabajo. Determinadas asociaciones, o grupos de mayores, tienen una
interesante función terapéutica para preservar la salud mental y la viveza de ánimo, para confrontar
problemáticas y compartir sus soluciones, ejerciendo como verdaderos grupos de
apoyo.
Lo traigo a colación por lo
importante que es poder contar con esa opción tras la jubilación. Soy de los
que piensan que este ciclo vital es una gran oportunidad para llenar nuestro
tiempo con actividades enriquecedoras, para cumplir aquellos deseos que siempre
quisimos llevar a término pero las obligaciones profesionales nos obligaron a
posponer una y otra vez, dado el compromiso laboral. En todo caso, subyace
también, como es lógico, un componente actitudinal muy ligado a la personalidad
de cada cual, sus necesidades de socialización y a sus objetivo existenciales.
Asprojuma
Como profesor jubilado de la
universidad de Málaga, me satisface pertenecer a la Asociación de Profesores
Jubilados de la UMA (Asprojuma). Es un espacio donde pueden integrarse los
profesores jubilados de la Universidad de Málaga, incluso aquellos que estén
activos una vez cumplidos los 65 años. Me honra haber pertenecido a su Junta
Directiva durante 16 años, siendo inicialmente vocal, para ejercer luego la
vicepresidencia y finalmente la presidencia hasta octubre de 2024. Mi
dedicación a ella y mi implicación
en la organización de sus actividades siempre fue orientada a
conseguir satisfacer las necesidades que he descrito. Hoy, sigue con su
actividad y expansión y ojalá tenga larga vida en beneficio de sus asociados.

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