sábado, 27 de junio de 2026

La jubilación… ¿y ahora qué?

 

Opinión | tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 27 JUN 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/27/jubilacion-ahora-131863886.html

La generación de mayores se enfrenta a la brecha digital, obligada a depender de las nuevas generaciones para el manejo de la tecnología

Celebración del fin de curso de mayores de 55 años en la Universidad. / l.o

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Confieso que no tengo nada claro a qué vine a este mundo o, si lo prefiere, para qué me trajeron. He de reconocer que sigo sin saberlo con suficiente claridad, solo tengo sospechas, creencias o suposiciones e intuiciones adquiridas mediante una razonable conjetura, que me lleva a inferir un objetivo de desarrollo humanista, de mejora y evolución de la especie mediante el incremento sistemático del conocimiento y la aportación y creatividad individual y colectiva. Entiendo, como macro-objetivo, que la mejora de la especie implica conseguir que nuestros hijos nos superen, que la vida fluya caminando hacia el mayor conocimiento, acercándonos a la utópica verdad del universo, buscando la bonhomía y la felicidad del individuo y la sociedad desde un humanismo solidario y comprometido.

Las tecnologías nos desbordan

Es curioso cómo una mayoría de jubilados hemos sido ampliamente superados por el desarrollo tecnológico, por lo digital, dado que fuimos educados y formados en lo analógico. Nuestros hijos y nietos se han fraguado, o se están formando, en contacto con el mundo digital que se abre a otra dimensión en el desarrollo y uso del conocimiento de las tecnologías. Desde pequeños, tal vez en exceso, se familiarizan con su manejo y dominio con pasmosa facilidad y capacidad de aprendizaje y adaptación. La generación de los mayores ha sido atrapada y rebasada por la cuarta revolución industrial, lo que, en muchos casos, nos obliga a recurrir a estos hijos o nietos para superar determinadas situaciones de incompetencia en la usanza y manipulación de las modernas tecnologías.

La cuarta revolución industrial, a la que me he referido en otras ocasiones, está marcada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, lo que nos permite vislumbrar hasta qué punto cambiará el mundo que conocemos. El cambio está ocurriendo a gran escala y a toda velocidad. «Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes», vaticina Klaus Schwab, fundador del Foro de Davos y autor del libro «La cuarta revolución industrial» publicado en 2016. Desde esa fecha hasta el momento se ha venido confirmando ese vertiginoso proceso que lo cambia todo.

El impresionante proceso evolutivo

La mayoría de los jubilados, donde se incluye una amplia generación del pasado siglo que abarcaría hasta los nacidos en los años sesenta, hemos vivido un impresionante proceso evolutivo de la sociedad española, que comprende los aspectos políticos, sociales, económicos y, sobre todo, educativos o formativos, donde el conocimiento y desarrollo intelectual adquirido era impensable en nuestra infancia. Hemos tenido una vida intensa en experiencias al transitar desde una situación miserable, sobre todo para determinadas clases sociales, a la que actualmente gozamos. No ha sido fácil salir de allí para llegar aquí. Tuvimos que dejar nuestros pueblos blancos anclados en la Andalucía profunda, sus olivares y campiñas, para integrarnos en ciudades ignotas, con estresantes ritmos de vida, donde había más oportunidades de trabajo y subsistencia.

Todo fue complicado, un reto continuado, que exigía habilidad y disposición, mente abierta y motivación para aprender, para asimilar hábitos y costumbres diferentes, para subirse a un carro que llevaba a otra dimensión, cuando no para tirar de él con nuestro esfuerzo y dedicación. En muchos casos, lo sé por experiencia, saliendo de la nada alcanzamos importantes puestos de responsabilidad en diversos campos. He conocido muchos casos en el mundo de la docencia universitaria de profesores que han ganado su plaza con ímprobos esfuerzos saltando de aquella nada a la cátedra.

Es maravillosamente aleccionador ver cómo los mayores, ávidos aún de conocimiento, sobre todo las mujeres, acuden, en gran medida, al Aula de Mayores de la UMA, buscando llenar vacíos que la vida no permitió ocupar desde su infancia. Ese lugar de encuentro donde se conjuga conocimiento, interacción amistosa, inquietud y ansia de vivir lo no vivido, limando frustraciones del pasado, ejerce una de las labores más preciosas y sublimes que se pueden realizar desde la universidad. En la entrega de diplomas, tras superar los tres años de estudio, se observaba la lozanía y alegre juventud en la cara de las chicas septuagenarias.

El remanso de la sabiduría

Mas sea como fuere, en llegando esta hora de la jubilación con mayor o menor resguardo económico, nos enfrentamos al recorrido final de la vida antes de desembocar en el mar definitivo que nos diluirá en el cosmos.

La jubilación es un gran viaje, el viaje final por el que se recorre el último tramo del camino. Si nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, como decía Jorge Manrique, estaremos en ese remanso donde el agua transita suavemente, sin exacerbadas pasiones, donde la sabiduría adquirida a lo largo del cauce se va manifestando hasta alcanzar la deseada bonhomía para lo que, tal vez, hayamos venido a este mundo.

La juventud tiene el ímpetu, el conocimiento de las nuevas tecnologías, pero la sabiduría que otorga la experiencia va adquiriéndose en el tránsito y, con la edad, se incrementa. Porque si la luz hace que tus ojos vean la vida, la sabiduría te permite comprenderla, y ello se consigue con la experiencia.

La senectud es tiempo de paz y de sosiego, o debería serlo, porque desde esa actitud afloran las conductas que pueden llevarnos al autoconocimiento, a la introspección que nos permita el sosegado análisis del tránsito vital para encontrar la paz interior y el equilibrio que otorga la sabiduría con su capacidad de integrar el conocimiento, la experiencia y la reflexión profunda para tomar decisiones éticas y juicios sensatos.

Pero, además, la jubilación es un interesante momento de reflexión, de meditación y valoración de todo aquello que hemos hecho a lo largo de nuestra vida, o sea que lleve al balance definitivo. Es esa especie de examen que nos permite tomar conciencia de todo lo bueno y menos bueno que hemos practicado. Aún estamos a tiempo de aprender de los errores y de, incluso, repararlos si ello es posible, en beneficio de nuestra paz interior.

Por otro lado, conlleva ciertas obligaciones para cualquier persona que se sienta compelida por el compromiso social, por el deber de compartir sus propias experiencias con el resto de la ciudadanía con la que convive. Dar fe de esas experiencias es poner al servicio de los demás nuestro propio aprendizaje, no para imponer sino para ofrecer y aportar una experiencia vital que pudiera ser de interés para otros. Hablo de nuestras ideas y pensamientos, nuestras deducciones y razonamientos, nuestras propias conclusiones al afrontar las diferentes situaciones que vivimos.

La necesidad del encuentro

Mas, también emerge el deseo de relacionarse con los demás, de escapar de la amenazante soledad o revivir recuerdos y despertar agradables remembranzas. Por eso necesitamos, en la mayoría de casos, lugares de encuentro con las nuevas y viejas amistades, con agradables compañeros y compañeras de trabajo. Determinadas asociaciones, o grupos de mayores, tienen una interesante función terapéutica para preservar la salud mental y la viveza de ánimo, para confrontar problemáticas y compartir sus soluciones, ejerciendo como verdaderos grupos de apoyo.

Lo traigo a colación por lo importante que es poder contar con esa opción tras la jubilación. Soy de los que piensan que este ciclo vital es una gran oportunidad para llenar nuestro tiempo con actividades enriquecedoras, para cumplir aquellos deseos que siempre quisimos llevar a término pero las obligaciones profesionales nos obligaron a posponer una y otra vez, dado el compromiso laboral. En todo caso, subyace también, como es lógico, un componente actitudinal muy ligado a la personalidad de cada cual, sus necesidades de socialización y a sus objetivo existenciales.

Asprojuma

Como profesor jubilado de la universidad de Málaga, me satisface pertenecer a la Asociación de Profesores Jubilados de la UMA (Asprojuma). Es un espacio donde pueden integrarse los profesores jubilados de la Universidad de Málaga, incluso aquellos que estén activos una vez cumplidos los 65 años. Me honra haber pertenecido a su Junta Directiva durante 16 años, siendo inicialmente vocal, para ejercer luego la vicepresidencia y finalmente la presidencia hasta octubre de 2024. Mi dedicación a ella y mi implicación en la organización de sus actividades siempre fue orientada a conseguir satisfacer las necesidades que he descrito. Hoy, sigue con su actividad y expansión y ojalá tenga larga vida en beneficio de sus asociados.

 

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