
Hace ocho años, en una propuesta de negociación que participé, decía lo siguiente:
“La filosofía que sustente la Universidad ha de orientarse a la formación de individuos de forma integral, desarrollando valores de trascendencia social y humana, que permitan la evolución de nuestra sociedad en los diferentes campos que articulan el sistema. En este sentido, cabe señalar las aportaciones y novedades que se desarrollan en las empresas vinculadas a cada titulación académica, pero no es menos importante formar en valores humanos donde se oriente al individuo hacia la consecución de su propio desarrollo personal a través del ejercicio de su actividad profesional y sus relaciones sociales en un sentido amplio. Es decir, la Universidad tiene como una de sus importantes misiones dotar a los estudiantes de conocimientos y habilidades o pericia para el desarrollo de su profesión, pero sobre todo conformar sujetos con actitudes orientadas hacia la innovación, el cambio, la creatividad, la investigación, el desarrollo, etc. basado en un espíritu crítico y constructivo, que permita ir más allá de lo que se plantea desde un punto de vista meramente técnico, formando sujetos de “calidad” como garante de esa calidad de la que se pretende dotar el ejercicio de su actividad profesional.”
Hoy, no solo me reafirmo en esta posición, sino que sostengo que la Universidad ha de retomar su papel humanista y evitar convertirse en una fábrica de técnicos al servicio de la empresa y el sistema. Debe prevalecer la formación integral y la búsqueda del desarrollo intelectual de lo sujetos en la dirección de la simbiosis social. El objetivo social no es crear y tener más medios materiales exclusivamente, sino que estos se orienten a un crecimiento integral del sujeto más en consonancia con su entorno.
Debemos formar a personas que critiquen y se opongan a la predación y el egoísmo imperante en el sistema de mercado libre y que apoyen la sinergia simbiótica, es decir, la confluencia de esfuerzos del colectivo social en un objetivo integrador y solidario. La Universidad como abanderada del desarrollo intelectual debe apostar por el ser humano, en un sentido amplio y universal, antes que por los intereses comerciales de las empresas y el sistema financiero, que nos ha llevado a esta crisis irresponsablemente.
Por tanto, entiendo que la Universidad ha de reivindicar su papel de preceptora, para orientar y desarrollar el intelecto colectivo hacia un objetivo humanista, que anteponga el interés de las personas al de las empresas, que entienda toda actividad creativa volcada y sometida a esa premisa. Que introduzca en la actividad empresarial y su gestión de recursos humanos, esa perspectiva humanista donde el capital más importante sea el propio trabajador y su potencial creativo. Pero, sobre todo, que luche para evitar la proliferación del hombre mediocre, que decía José Ingenieros, y potencie el idealismo y la innovación como elemento de crecimiento personal y social. En frente tendrá a la TV y muchos medios, que buscan la alienación social en base en un mercado libre donde el mediocre, falto de criterio, siga siendo presa fácil de su política consumista.
Hoy me ha llagado un manifiesto de mis antiguos compañeros de la universidad, donde se reivindica el pensamiento crítico. Me permito reproducirlo para crear conciencia de una realidad que se nos está escapando de las manos y que puede desembocar en una situación irreversible, donde el ser humano quede esclavizado del sistema, en lugar de que el sistema sirva y sea garante del desarrollo personal del ser humano.
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CRITICOS Y CIUDADANOS
La Ciencia y la Universidad reivindican el pensamiento crítico
Ante los acontecimientos económicos, políticos y sociales de nuestro país en las últimas semanas, han aflorado voces que ponen en cuestión el papel de los intelectuales en la vida pública española. De hecho, estamos asistiendo a duros ataques y agresivas campañas de desprestigio por el mero hecho de adoptar, públicamente y en el marco de instituciones públicas como la Universidad, posiciones críticas con determinados poderes, en debates sobre nuestro modelo político, económico, institucional o judicial.
La amalgama ideológica liberal-conservadora llevaba ya años intentando relegar el pensamiento crítico al ostracismo, a la inhibición y a la autocensura, abriendo dudas sobre la función social de los intelectuales y tratando de modelar el comportamiento de la ciudadanía en contra de los valores más positivos de una democracia. El debate ideológico parecía haber desaparecido.
La crisis del modelo económico, la decepcionante respuesta política y judicial ante el clamor de las víctimas del franquismo, y el creciente cuestionamiento de la versión oficial de la transición a la democracia, han acentuado aún más la campaña de acoso ante cualquier pensamiento crítico.
Los hombres y las mujeres de la ciencia, parte sustancial del sujeto que denominamos “los intelectuales”, nos hemos instalado en una “neutra” eficiencia profesional olvidando, muchas veces, nuestra ineludible responsabilidad social. La actividad investigadora no puede permanecer encerrada en una torre de marfil, sino que es preciso mirar más allá del propio microscopio y ocuparse de la realidad social en que se asienta el sistema científico.
Nuestra condición intelectual y ética nos exige estar presentes en los debates públicos, en particular en la Universidad y en los centros públicos de investigación, aportando conciencia crítica a los procesos sociales y políticos, venciendo al miedo con la palabra. Es nuestro derecho y nuestra responsabilidad porque en ellos se dirimen principios y valores fundamentales para la convivencia en nuestro país y el futuro del mundo que queremos .
Hacemos ciencia y la difundimos al servicio del nuevo conocimiento y del desarrollo humano de toda la sociedad. Desde esas premisas, afirmamos nuestra voluntad de actuar también como conciencia crítica ante el discurso dominante y como vigilantes de las tentaciones involucionistas que afectan al desarrollo de la ciencia, pero también a los derechos democráticos, al pluralismo ideológico efectivo y al imperio de la justicia frente a toda corrupción o discriminación del diferente o marginado.
Si quieres adherirte a él firma en este link:
http://www.petitiononline.com/ADEC2010/petition.html