Ayer fue un día de manifestaciones públicas, de concentraciones para expresar ideas, sentimientos y actitudes. A mí me parece estupendo que la gente se manifieste, que exprese sus ideas en libertad, que lo haga con respeto, que comprenda que es solo una parte del todo y que pueden existir otras ideas. Entiendo que es su obligación democrática y responsable, para que su punto de vista sea tenido en cuenta y analizado por el bien de la sociedad plural de la que forma parte.
Para el día 17 se han hecho tres convocatorias de especial importancia, no solo por el tema que tratan, sino por la asistencia que se ha dado. Por un lado, en el País Vasco, al entender los asistentes que el encarcelamiento de determinados señores acusados de reorganizar Batasuna bajo los auspicios y el servicio a ETA, era un acto antidemocrático y coartador de las libertades públicas, en contraposición a los planteamientos del juez, que entiende se dan circunstancias suficientes para colegir que están al servicio de ETA como entidad que ejerce el terrorismo para conseguir fines políticos.
Por otro, se han realizado una serie de concentraciones a lo largo del país para denunciar el hambre en el mundo, la injusticia que ejerce la avaricia y la codicia de nuestra sociedad opulenta y “civilizada” sobre los países subdesarrollados, de donde importamos las materias primas, dejándoles miseria, pobreza y enfermedades, y exportamos armas, guerras y odios que cultiven el conflicto para seguir sacando a buen precio sus riquezas. Para mí esta ha sido la de mayor calado humano desde el punto de vista de los valores solidarios que tanto echamos en falta.
Finalmente, otra montada por amplios colectivos ciudadanos, alentada desde los púlpitos y desde la derecha más anacrónica, contra el aborto, a favor de la vida… (No entiendo como no estaban en la del hambre si se manifiestan por la vida). Una vez más, como en los viejos tiempos, se fletaron autobuses desde los cuatro rincones de la patria par confluir en Madrid. Las cifras de asistencia son manipuladas en función de los intereses, pero es posible que estudios con mayor fiabilidad científica, basados en alta tecnología, nos muestren su alcance real y dejen en evidencia, a amparo de sus falacias y mentiras compulsivas, a determinados colectivos o medios de comunicación. Ya veremos, pues no han descontado la cantidad de gente que, con la excusa de la manifestación, vino y luego fue a ver el partido del Madrid (perdón por esta licencia humorística, pero real). Claro que siempre queda el recurso de descalificar a quien no está de acuerdo con ellos.
Esta, al igual que la primera, tiene trampa. Intenta suplantar la capacidad de decisión individual de la persona, sobre algo que le atañe prioritariamente a ella, y criminalizarla. Es decir, tú no estás capacitada para decidir por ti misma, pero yo sí que lo hago en tu lugar. Incluso, yendo más lejos, “yo soy el portavoz de la justicia divina que te exige una conducta moralmente correcta según mis cánones”. Aquello de que Dios pedirá a cada uno responsabilidad por sus obras, queda al margen. “Dios, todopoderoso, que ha permitido y dejado en evidencia a esta persona para que ella tome sus propias decisiones, se ha equivocado y aquí ando yo para corregirlo y condenarla de antemano”.
La soberanía popular en tanto a la legislación civil se la pasan por el forro en plan talibán, pidiendo que sean las leyes divinas, según ellos, las que rijan nuestros destinos. Esto tiene muy mala pinta. Poro… ¿dónde está el respeto a la democracia? En todo caso, si se respetara, deben de hacer un recurso ante los tribunales y que sean ellos los que decidan. Ese es el juego y las reglas. Eso sí, que a ninguna católica se le ocurra abortar salvo excomunión inmediata, como es lógico en cualquier organización que tienes sus normas internas.
No entiendo que esas concentraciones sean insultantes, que pidan cosas antidemocráticas, que sean impositivas, descalificadoras y criminalicen otras ideas. No pueden ni deben ser para defender acciones que impliquen atentados a los principios democráticos. Es decir, no concibo defender la violencia, la imposición de ideologías mesiánicas que obvian a los demás planteamientos, la reivindicación del monopolio de la moralidad. Vemos muy a menudo el espectáculo bochornosos de colectivos gritones, peleones, con pancartas insultantes, que se creen representar a toda la comunidad, exigiendo dimisiones de gobiernos elegido democráticamente, que dicen defender la vida y piden la muerte para el opositor. Aún recuerdo aquello de: “Tarancón al paredón” de la transición gritado por los ultracatólicos del régimen, que tiene su parangón en los gritos que lanzan algunos contra el presidente Zapatero. Esta autodescalificación les deja en evidencia. Con caras de odio no se defiende la vida.
Las imágenes de ayer en Madrid me dejaron seriamente preocupado. Por un lado la presencia de políticos que tuvieron y tienen responsabilidad de gestión pública, como el Sr. expresidente y sus adláteres, y que durante su gestión no abolieron la ley y soportaron y ampararon, bajo la legalidad, la realización de 500 mil abortos en su periodo de gobierno, lo que me parece una actitud de cinismo político, a la que ya empezamos a estar acostumbrados con sus formas de entender la administración pública en el caso Gürtel, las corrupciones, los espías, y en su propia actividad opositora. Por otro lado, imágenes de niños de corta edad gritando consignas, al abrigo de sus padres como modelo a seguir, inmersos en un proceso de adoctrinamiento que siembra el odio, la incompresión y el desencuentro y que crea el caldo de cultivo de la confrontación hasta la muerte por la defensa de ideas, de la que en este país, por desgracia, tenemos experiencias. Nadie se volvió hacia Aznar para gritarle asesino de niños durante su mandato presidencial. Esta parcialidad, es un ejemplo claro de la necesidad de formación en los aspectos de educación ciudadana. No estaría mal dejar estos adoctrinamientos irracionales y pasar a la educación sensata y objetiva en la convivencia.
Entiendo y aplaudo que quien se manifiesta pretenda dar a conocer un planteamiento colectivo sobre un tema, sin descalificar a los otros planteamientos, siendo consciente de que una manifestación o concentración no es un plebiscito y que, en todo caso, esa idea que defiende, tendrá un peso específico en un proceso electoral, que es el verdadero instrumento donde se decide a quien se le otorga el poder para ejercer el gobierno y qué proyecto político es el apoyado por la mayoría. Por tanto, el envalentonamiento antidemocrático que producen las grandes concentraciones, es un acto pueril, de inmadurez democrática. Insultar al señor Zapatero es insultar a los más de 11 millones de ciudadanos que le votaron, que es a quien representa gobernando para todos; es insultar al resto de ciudadanos que votaron a otros partidos que apoyan el proyecto. Están en su legitimidad de mostrar sus ideas e intentar convencer a los ciudadanos para que no le voten la próxima vez, pero con la nobleza y la lealtad democrática que se requiere.
Sin entrar en mayores consideraciones de forma y respetando, como es lógico, salvo algunas ostentaciones, esta manifestación, al igual que todas las que se hagan pacíficamente para expresar ideas o posicionamientos políticos o religiosos, me he entregado a una reflexión personal sobre el caso del aborto que también quiero manifestar con el ánimo de compartir en este mundo bloguero.
El asunto no deja de ser complejo. Por un lado, se trata de un proyecto de vida que cursa en el vientre de una mujer; es decir es un proyecto supeditado a la gestante. No tendrá vida propia independiente hasta que no sea viable el feto, hasta que se le pueda administrar los nutrientes sin el recurso de cordón umbilical, cuando ya no dependerá de la madre. Por tanto, es la futura madre o gestante, la única responsable de mantener y desarrollar ese proyecto, que se integrará en una sola unidad funcional hasta el parto, entendiéndola como una subunidad subordinada fisiológicamente a otra unidad matriz, donde la madre le nutre con su sangre, le elimina las toxinas de su propio cuerpo y le protege de infecciones y agresiones externas, pero que también, según mi opinión, puede ser abortado en función de criterios que corresponden determinar a la gestante, como máxima responsable del proyecto, dentro de los límites que establezca la ley. La sociedad no puede ni debe, bajo mi punto de vista, decidir u obligar a nadie a realizar un acto contra su voluntad, respetando la libertad de decisión de los sujetos en aquello aspecto de tal intimidad, donde su implicación está muy por encima de cualquier otra consideración por parte de sujetos ajenos al problema.
Yo mantengo que nadie está más capacitado para tomar una decisión, en este o aquel sentido, que la propia gestante. Es ella la que, conocedora de sus circunstancias y de la trascendencia que pudiera tomar el hecho, debe decidir. Yo, desde fuera… ¿cómo voy a tener capacidad para tomar una determinación en su nombre? En todo caso, puedo intentar darle la mayor información posible para que ella pueda conocer todas las alternativas y tomar la mejor solución viable, pero nunca imponerla.
Por otro lado, como hombre, hay algo que me cuesta todavía más conocer. La vivencia de la maternidad y el embarazo son de tal singularidad que me siento totalmente condicionado para opinar en profundidad sobre el hecho que se da en la experiencia maternal. Creo que esta circunstancia la compartimos todos los hombres y solo cabe hacer una proyección en mujer, con todas sus limitaciones y condicionantes, para posicionarse empáticamente. Por eso, no comprendo la actitud férrea e indolente de colectivos de machos (machistas) que se permiten imponer su criterio a la mujer. Curiosamente, los padres de la iglesia que pregonan el credo religioso y la oposición a esta práctica, son hombres. Item más, hombres solteros sin hijos conocidos o admitidos y sostenedores de una estructura organizacional anclada en el medioevo, donde la discriminación de género es aplastante. De todos es conocido esta actitud machista, aunque muchos lo nieguen como creyentes, en la que la iglesia solo salva de la quema a la Virgen María, eximiéndola del pecado original. Curiosamente el pecado original lo encarna la mujer y su tentación a Adán con la manzana; creo que, como dirían mis amigos catalanes, debió ser la patata lo que le ofreció a Adán, pues de lo contrario no entiendo esa animadversión hacia el sexo por parte de la religión.
No he ido a ninguna manifestación de las mencionadas, lo reconozco, pero de haber ido a alguna habría sido a la celebrado contra el hambre. Por eso me he permitido colgar estas consideraciones, para manifestarme también desde la reflexión incontaminada por los gritos y tendencias del vecino. Para poder decir lo que quiero decir sin que nadie lo interprete como le de la gana, para que no manipulen mi pensamiento y usen mi presencia para intereses bastardos o espurios, para hacer una meditación seria y sosegada que me permita tener las ideas más claras y si a alguien le sirve que lo use para su propia reflexión.
Mi conclusión final es:
1.- Estoy en contra del aborto, salvo como mal menor.
2.- Le corresponde decidir si es un mal menor o mayor a la gestante, y no a mí ni a nadie de su entorno.
3.- Respeto la decisión que pueda tomar la mujer en este sentido y me solidarizo con su dolor y preocupación
4.- Por la trascendencia vital del hecho le corresponde a ella, aún siendo menor, la toma de la decisión y no a los padres que, en todo caso, es deseable que le apoyen.
5.- Para que su decisión sea responsable y razonada debe tener toda la información posible que pueda incidir en la toma de decisiones.
6.- El estado debe garantizar la viabilidad sanitaria del hecho poniendo a disposición de la mujer los recursos del sistema de salud.
7.- La administración debe ofrecer la información y educación sanitaria desde todos los campos posibles, a los padres y jóvenes en general, para evitar los embarazos no deseados.
8.- Concibo que la moral no es patrimonio de ninguna religión y es el parlamento quien define y determina las leyes que nos rigen en base a los principios democráticos.
9.- La religión y religiosos están en su perfecto derecho de manifestar sus ideas, pero también de respetar las demás sin imponer nada, salvo a sus correligionarios, y someterse a la crítica en el juego democrático.
10.- Todo manifestante que insulta al adversario pierde parte de su razón y sensatez.
11.- Rechazo las actitudes partidistas que cínicamente buscan ventaja política y la hipocresía de la doble moral que se ejerce desde determinados sectores de la iglesia y colectivos sociales afines.
12.- Sería más consecuente que la derecha usara esta fuerza de movilización para luchar contra el hambre y se implicara en la solución de los problemas que aquejan al mundo y no en procurar sus mesas bien repletas.
13.- Finalmente, el problema del aborto siempre ha existido y existirá, se trata de apoyar a la mujer que está en esa tesitura y ofrecerle garantías sanitarias y el amparo de la ley, para evitar las prácticas clandestinas.