Opinión
| El trasluz
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 25 JUL 2026 7:00
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/07/25/alto-social-tonto-pueblo-132788954.html
![]() |
| Monedas de euro. / Europa Press |
==========================
Se cuenta una anécdota de un tonto
que en el bar del pueblo le solían tomar el pelo y reírse de él. El caso es que
le ofrecían dos monedas, una era de mayor tamaño, pero de menor valor. Él
siempre cogía la mayor, aunque su valor fuera inferior, provocando la
risa de la gente con su elección, que confirmaba su estulticia.
Un día, un sujeto ajeno al pueblo,
vio la escena y le llamó aparte, intentando ayudarle le dijo: ¿Por qué no coges
la otra que vale más, aunque sea más pequeña? El tonto le contestó: «Ya lo sé, pero en cuanto coja la otra
dejarán de darme la posibilidad de elegir y no podré coger ninguna. Mientras
coja esta se reirán pero me seguirá ofreciendo el coger una de ellas». El
visitante se quedó sorprendido y se percató de que los verdaderos tontos eran
los que menospreciaban a aquel sujeto.
Recuerdo otra anécdota cuando
andábamos implicados en la reforma psiquiátrica en Andalucía. Intentábamos
reinsertar en la sociedad a los ingresados en el manicomio, que en muchos casos
no eran más que débiles mentales. En la visita a una familia para que acogieran
a un pariente, le dijo un compañero, en un osado comentario, que el sujeto no era un paciente
psiquiátrico, sino un débil mental o tonto y que era bueno que en todos los
pueblos hubiera un tonto. El señor, como buen pueblerino era
astuto, le respondió: «Sí, pero
aquí ya tenemos al alcalde». Es cierto que a una autoridad se le
supone una capacidad intelectual y está sometido a la crítica de los demás de
forma especial, hasta poder convertirse en chivo expiatorio. Mientras más alto
esté el idiota, más elevaremos el listón de nuestra inteligencia.
En todos
los pueblos suele existir un tonto. Tiene su función social,
pero nadie lo valora como un verdadero servidor de la salud mental del pueblo.
En este mundo siempre andamos con las comparaciones. Es el espejo donde nos
vemos y nos juzgamos. Es un sistema de valoración en relación a los demás.
Recordemos que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. O sea, según lo
que haya a nuestro alrededor nos sentiremos de una u otra forma. Entre la gente bella soy feo, pero entre la
gente fea soy guapo. Somos más altos según con quien nos
comparemos, más gordos o más flacos, más listos o más tontos.
En mi barrio hay un chico que vive
feliz con su estulticia, todos cuentan anécdotas de él, haciendo reír sus
ocurrencias al poner de manifiesto su idiotez. Lo curioso es que me he
encontrado, en algún momento, riendo a otros que no le andan a la zaga en bajo
nivel de inteligencia. Entonces he pensado cuan feliz se sentiría aquel pobre
hombre que al compararse con el tonto del pueblo salía tan bien parado. El
tonto del pueblo pone el baremo bajo para que cualquiera pueda sentirse
importante, inteligente y cargado de valor. Pero eso no hace que sea más listo, ni incrementa su valor real, sino que
en la comparación sale ganando.
Sistema comparativo
En el fondo, amigos míos, es un
sistema comparativo que se establece con el exterior, pero que se olvida de lo
principal, de los valores internos y de las potencialidades de cada cual. La comparación intersujetos (con otros
sujetos) es una forma de reconocimiento o valoración social, pero la importante
es la intrasujeto (con uno mismo), aquella que nos hace ver
nuestro rendimiento en función de nuestras potencialidades.
Yo les decía a mis hijos que un
niño con inteligencia para sacar un 9 de nota y saca un 8 tiene menos valor, en
su esfuerzo, que uno con capacidad para un 4 y saca un 5, aunque en la
comparación el 8 sea muy superior al 5. A cada uno le es dado un potencial y su obligación es desarrollarse en
función del mismo.
Por
tanto, mira hacia el interior y ve cuanto vales. No te compares
solamente con los de fuera, pues puede que al final el tonto de la moneda sea
más inteligente que tú, aunque le ofrezcas las dos piezas para que elija y lo
dejes en evidencia.
Así pues, el tonto del pueblo tiene
un alto valor social, como es hacer felices a los otros tontos que se ríen de
él. Habría que meterlo en nómina o hacerlo funcionario del ayuntamiento… pero,
claro, como diría el pueblerino de la anécdota, «ya tenemos al alcalde».

No hay comentarios:
Publicar un comentario