sábado, 21 de marzo de 2026

El emperador está desnudo

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La opinión de Málaga el día 21 MAR 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/03/21/emperador-desnudo-128235283.html

Cada vez son más los países que denuncian esa desnudez y muestran su negativa a colaborar con su orquestado delirio. Europa empieza a cerrar filas en una actitud común

El presidente de EEUU, Donald Trump, recibe a militares caídos de EEUU durante la guerra contra Irán / Europa Press/Contacto/Daniel Torok/White House

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La metáfora del emperador desnudo se plasma en un cuento de Hans Christian Andersen, titulado ‘El traje nuevo del emperador’. El autor narra cómo un rey vanidoso, al que le hablan de unos tejedores que fabrican una tela que tenía como singularidad extraordinaria el ser invisible para cualquier persona que fuera tonta o incompetente en su cargo, decide hacerse un traje con ella para descubrir a esos tontos e incompetentes, que serían quienes le vieran desnudo. Él, lógicamente no la ve, pero, aun sorprendiéndose, para preservar su honor, lo oculta sin caer en lo falsario del tejido de los pícaros tejedores.

Sabedores, sus súbditos y cortesanos, de las propiedades de la tela, ninguno comenta la desnudez del rey para no descubrir su idiotez o incompetencia creyendo que el único que no la ve es él. Hasta que un niño, dentro de su inocencia, grita que el rey está desnudo. En ese momento empiezan a cuchichear y van descubriendo que todo el mundo lo ve de la misma guisa, quedando desmontado el engaño que los tejedores hicieron al monarca y su corte.

Parece ser que esta historia la pudo extraer el autor de El Cuento XXXII de El Conde Lucanor: «De lo que sucedió a un rey con los pícaros que hicieron la tela», obra escrita por el infante Don Juan Manuel siglos antes. Incluso Miguel de Cervantes, en su entremés ‘El retablo de las maravillas’, también establece un símil, pero orientado a la pureza de sangre. En todo caso, es una forma de mostrar al mundo la hipocresía que reina en la sociedad, donde muchos andan intentando encubrir su incompetencia.

El nuevo emperador

El cuento de Christian Andersen, viene a cuento, valga la redundancia, como metáfora del nuevo emperador, título que, subrepticiamente, se ha otorgado Trump por su propia iniciativa y contra viento y marea. Se ha revestido con un traje imperial que él mismo y sus adeptos han elaborado. Eligieron la tela, el corte y la propia confección a su gusto e interés, desde la falacia y la ilegalidad, arrogándose el poder de intervenir donde le plazca, pasando olímpicamente del derecho internacional, incluso de su propio país. Nada hay, pues, que le avale y otorgue tal derecho a intervenir en asuntos ajenos erigiéndose defensor de los pueblos oprimidos según su entender y, además, decidir quiénes son y no son esos pueblos.

En realidad nos está mostrando que él tiene el poder, aunque no tenga la autoridad. «El poder es la capacidad real de influir, controlar recursos o imponer la voluntad sobre otros (fuerza o coacción). La autoridad es el derecho formal y reconocido socialmente para ejercer ese poder, basado en la posición, el respeto o la confianza (legitimidad)».

Hasta ahora el poder estaba sujeto a intereses comunes y a principios de legitimidad basados en acuerdos y el derecho internacional, avalado y garantizado por organismos de carácter multilateral. Ese era el traje que revestía de autoridad a quienes lo ejercían.

Mas Trump parece que ha cambiado el vestido. Se mudó de traje y se confeccionó otro donde la legalidad se la otorga su propia voluntad, quedando desnudo ante el mundo al no contar con la legitimidad que le otorga el citado derecho internacional. Pero, aún siendo evidente su desnudez legal, sus acólitos sumisos y temerosos no la reconocen.

La conducta errática de Trump

Su conducta, peligrosa por errática e infantiloide en su forma ―discurso, terminología, actitudes, gestualidad― y en su fondo ―historia y desarrollo del proceso de creación del personaje― nos ubica en un escenario preocupante para el mundo y su propio país, ya que no se siente compelido a cumplir las leyes internacionales ni de los EEUU.

La singularidad del personaje la define su propia sobrina Mary Trump, que es psicóloga, en su libro ‘Siempre demasiado y nunca suficiente: Cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo’, donde se alude a «los traumas, las relaciones destructivas y cómo la trágica combinación de abandono y abusos forjaron al hombre que hoy ocupa el Despacho Oval» (Cito textualmente reseña del libro).

Un ejemplo de su conducta errática y disruptiva lo muestra en la recepción oficial de los féretros de los soldados fallecidos en la guerra con Irán, en lo que debería ser un acto de solemnidad, aparece saludando con una gorra de béisbol y corbata roja. Manifiesta, en su soberbia, esa falta de respeto a los protocolos y rituales establecidos para actos tan solemnes, que puede volverse en su contra.

No obstante, esta desnudez no la reconocen sus cortesanos, como ya he mencionado, que son el conjunto de aduladores y seguidores que le acompañan, creando un entorno donde ejerce de corifeo. En todo caso le van confeccionando otro traje, otra indumentaria, afín a su espíritu imperial donde quedan fuera los principios y valores clásicos, suplantados por otros que establecen un nuevo orden, donde el respeto a la multilateralidad queda al antojo del poder coercitivo que ejerce.

El rey está desnudo

Pero alguien ha gritado que el rey está desnudo. Se ha iniciado un proceso de concienciación, yo diría que universal, a través de los medios de comunicación, mediante declaraciones políticas de diversa índole. En el debate suscitado surgen argumentos, que hacen tambalear el estatus quo del mundo, en un proceso de decantación de ideas que se ha de consolidar.

En todo caso, la evidencia no se puede negar. El rey está desnudo, ilegitimado para actuar como lo hace, según el marco jurídico internacional que se fraguó tras la II Guerra Mundial. Trump, en su vanidad, se ha vestido de emperador, se ha puesto el traje invisible, pero sigue desnudo. Su traje es un delirio megalómano que le otorga el poder universal basado en su maquinaria de guerra, aunque no pueda ejercer la autoridad legal y moral que le legitime. Lo terrible es que, desde su infantilismo, ha iniciado un juego de guerra contra ‘los malos’ en su consola del Despacho Oval.

Sánchez, némesis de Trump

Ahora está rabioso. Pedro Sánchez, entre otros, al igual que hiciera el niño del cuento, ha gritado a los cuatro vientos que está desnudo, que no le reviste la legitimidad que le otorgue tal autoridad, que es un infractor del derecho internacional y, por tanto, no está revestido con el traje que le legitima para regir el mundo y llevarlo a una guerra fatal para la humanidad.

Cada vez son más los países que denuncian esa desnudez y muestran su negativa a colaborar con su orquestado delirio. Europa empieza a cerrar filas en una actitud común… que veremos cómo acaba. En estos últimos días hasta sus allegados de MAGA lo están criticando. Incluso dimite Joseph Kent, el director de la lucha antiterrorista de EEUU, por desacuerdo con las causas de la guerra. Por otro lado, fracasa su reclamo de una gran armada de países aliados para mantener abierto el estrecho de Ormuz, más aún cuando reclama, desde lo absurdo, la intervención de China en defensa de sus premisas.

El presidente español no alcanza a comparársele a nivel de poder, no puede realmente ejercer de némesis de Trump por sí solo. En todo caso, su propuesta contra la guerra, podría ser el faro que ilumine el horizonte hacia donde navegamos en plena tormenta. Las ideas, los principios y valores y el derecho que otorga la legitimidad internacional sí pueden ejercer de némesis o antagonista, devolviendo a EEUU, con o sin Trump, al respeto y orden de los organismos internacionales que lo enmarcan.

EEUU es el ‘hegemón’

EEUU es el país ‘hegemón’ a nivel mundial y ese poder genera miedo a las represalias, pudiendo cambiar actitudes, incluso la percepción de los trajes y ver preciosas telas de seda donde no hay nada. Lamentablemente, tal como indica el dimitido Joseph Kent, Trump, en su soberbia y prepotencia, ha caído en las redes de Netanyahu, genocida de Gaza, haciéndole parte del trabajo sucio, a la vez que avala su crueldad.

El futuro es un enigma, hoy más que nunca. La batalla ha comenzado y el resultado es imprevisible. Trump proviene del mundo de la empresa y allá están sus intereses. En EEUU al poder se accede desde el dios dinero, para hacer más dinero. Es el pragmático americano surgido a finales del siglo XIX, del que Bertrand Russell dijo que era «el pensamiento puesto al servicio de la codicia del capitalista». El pragmatismo, carente de humanismo, puede ser un crimen.

 

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