sábado, 14 de marzo de 2026

Tres cuartos de siglo

 Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 14 MAR 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/03/14/tres-cuartos-siglo-127943771.html

Hoy dedico mi texto a esa digna generación a la que se ha de respetar y considerar por su compromiso histórico. Su esfuerzo se refleja en esta España europeizada y moderna

Imagen de la posguerra / l.o.

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Ahora, cuando han transcurrido 75 años de mi generación, me gustaría escribir y dejar testimonio de un periodo ya pasado, bastante desconocido para algunos, que se apaga con nuestra silenciosa marcha. Son 75 años consumidos, que ya no tenemos, ni tampoco sabemos los que nos quedan por gastar en ese futuro incierto que nos acecha.

La marca de la postguerra

Pertenezco a la generación de la postguerra, los nacidos tras la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial (1951). Somos hijos de aquella ‘nada’. Crecimos bajo las consecuencias de una terrible destrucción provocada por unas ideologías que abocaron al mundo a la más sangrienta e inhumana confrontación de todos los tiempos, donde la parca asoló Europa y parte del mundo. Donde la indignidad humana afloró con su vileza y más altas cotas de maldad, junto a la exigencia de entrega de los inocentes ciudadanos a los que les tocó vivir el drama del conflicto, combatiendo en la obediencia forzada a psicópatas guerreros cargados de medallas, de odio y de violencia.

Los nacidos en torno a los 50, aquellos que ya andamos cerca de ese abismo existencial que define el fin de nuestro tiempo, vemos cómo se van nuestros amigos y amigas poco a poco; cómo llega el momento en que nuestra lúcida memoria debe ejercer de testigo de la historia. Es importante que las nuevas generaciones no se traguen el relato oficial e interesado de unos cuantos que obvian las vivencias de la gente humilde. La historia de esta nuestra amada patria, de este país cainita y fratricida, también es un compendio de las historias sencillas que vivieron sus hijos, unos sometidos y otros opresores e incapaces de sentir y entender la fraternidad en igualitaria libertad. Ese es el drama que estigmatiza a nuestro pueblo y recidiva a lo largo del tiempo tomando vigencia en mentes ingenuas y simplistas, abducidas por cánticos de epopeyas guerreras, cultivados en espíritus despóticos y dominantes que cercenan la libertad desde la tiranía. Son cantos de sirenas sobre una falacia que le otorga la falsa certeza al ignorante, mientras el inteligente, en su búsqueda de la verdad, se mueve entre la duda hasta acercarse a ella, como refiere Bertrand Russell.

En mi generación, la de posguerra, al descubrir el sofisma que se nos pretendía imponer, nos enfrentamos a la duda que busca la verdad, a través del librepensamiento, procurando desarrollar el propio conocimiento basado en el uso de la razón y de la mente abierta que transita los caminos de la libertad.

Mi memoria histórica

Mi memoria histórica se pierde entre recuerdos de mi infancia, en una pequeña aldea habitada por campesinos andaluces, temporeros al albor de las cosechas. Tiempos de yunta y arado al grito de ¡Arremula! Callos en las manos del gañán por apretar la mancera para hundir la reja del arado en la tierra. Después la estación de sementera, escardar la mies, siega y trilla, aceituneros altivos ya sumisos tras la guerra. Tiempo de escasez y de miseria para unos y chulesca prepotencia para otros, que disfrutan del sudor ajeno y, a caballo de sus monturas, de la visión de espaldas encorvadas para labrar la tierra con manos ásperas y encallecidas por el manejo de la hoz, de la azada, el arado o el vareo del olivar con la vara o ‘harapera’.

Olor a tomillo y romero, a tierra mojada, a alpechín de los molinos y un cúmulo de efluvios naturales que impregnaban el aire, a veces agresivos y otros acompasados. Con escasos años era experto en el uso de las trampas para cazar pajarillos, en la búsqueda de alúas para llevarlos al engaño, en la recogida de yerba para alimentar a los conejos o de leña y raíces entre olivares para quemar en el fuego de la cocina y calentar la casa.

Fueron tiempos de adoctrinamiento. El nacionalcatolicismo conformaba gente sumisa en su misa dominical; con su prédica transmitía al creyente que su misión era la sumisión. Había que obedecer el dictado del Caudillo, que lo era por la Gracia de Dios, negando la realidad impuesta por las armas, al que paseaban bajo palio como clara señal de acatamiento. La idea única que impregnaba el sistema era una confluencia entre política y religión, forjando un dogma incuestionable, donde no cabía alternativa salvo que fuera un acto de pura traición a la patria, que algunos patentaron como propia. In illo témpore se pecaba de pensamiento. Pensar diferente a los principios del Glorioso Movimiento Nacional y a la Fe Católica era pecado severo merecedor de castigo y estigmatización.

Huyendo de la nada

Huir de aquella trampa, de aquel destino miserable, que te arrodillaba bajo el olivo en los crudos y gélidos inviernos, era una obligación y un deseo. Pocas puertas daban a un mañana de promesas. Estudiar era complicado en las familias campesinas donde la cultura familiar proyectaba en los hijos el destino vivido por los padres. Abundaba la prole inserta en el proletariado. El destino era sostenido en el tiempo, mantenido generación tras generación en un mismo proyecto de vida. Como diría Miguel Hernández en su poema El niño yuntero: «Carne de yugo, ha nacido / más humillado que bello, / con el cuello perseguido / por el yugo para el cuello». Ese era nuestro destino en aquella España. Los hijos de la tierra se criarían en la tierra, con y para la tierra, trabajándola a beneficio del amo.

Para que el país progresara era inevitable saltar al vacío y lanzarse, con la fuerza de la juventud, a desprenderse del yugo, a romper las cadenas, hasta alcanzar la manumisión, la liberación del influjo de un pasado ya superado por el resto de Europa, hacia donde debíamos mirar para alcanzar el ansiado progreso.

El hándicap de estudiar

No fue tarea fácil. Mi generación debió utilizar subterfugios para poder estudiar y muchos lo hicimos a través del seminario, en primera instancia, para, luego, una vez abandonado este, cursar estudios superiores en otros centros. La losa del proletariado se mantenía sobre nuestras cabezas. La prole debía trabajar para la familia. Ese era el destino histórico y a él nos debíamos. Desde pequeños ejercimos de porqueros, cabreros o cualquier otra función productiva que pudiera ejecutar un niño según su edad… ¡carne de yugo ha nacido!

Muchos dejaban los estudios básicos para servir a la familia. La emigración era la salvación, el escape a aquella maldición condenatoria que se cernía sobre nuestro futuro. Muchos andaluces emigramos a otros lugares de España o al extranjero. Allá, trabajando en horarios estructurados, estudiábamos tras cumplir con la obligación laboral. Tiempos difíciles, salir del trabajo a las 6 de la tarde, marchar a las clases nocturnas del instituto hasta las 10 de la noche, volver a casa e iniciar el ciclo a primera hora del día siguiente en un eterno retorno, para conseguir labrarte otro futuro a través del conocimiento.

Levantar España

Unos gritaban, desde su poltrona, ¡Arriba España! mientras otros la levantábamos. Trabajar, estudiar, crecer en conocimiento y preparación era el principal interés de muchos de mi generación. Huir de aquella nada que nos vio nacer. España creció con su actividad, con el esfuerzo de los emigrantes, con la superación de la juventud en el día a día, trabajando desde tierna edad en labores muy diversas. Más tarde se construyeron carreteras, hospitales, escuelas e institutos, universidades, aeropuertos, etc. con el esfuerzo de aquellos que hoy, desde la jubilación, empezamos a decir adiós. Su esfuerzo se ve en todo el entorno, que manifiesta la transición que fuimos fraguando, mientras se luchaba por un ideal político de libertad y democracia, que también hoy se disfruta.

Ahora, cuando ya he vivido tres cuartos de siglo, me gustaría hacer un homenaje a toda esa generación que se sacrificó por mejorar este país, a su familia, sus hijos y nietos, dignificando al ser humano desde la libertad. Lo hago con mayor fuerza al ver cómo se cuestionan sus pensiones, su derecho a ser atendidos dignamente en su salud y dependencia, lamentando la soledad y el abandono en que muchos viven al declive de su vida.

Hoy dedico mi texto a esa digna generación a la que se ha de respetar y considerar por su compromiso histórico. Su esfuerzo se refleja en la realidad que vivimos hoy en esta España europeizada y moderna, en sus infraestructuras y servicios, en su nivel cultural. ¡Se le debe tanto!

 

sábado, 7 de marzo de 2026

Día internacional de la mujer, 8 de marzo

 Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Profesor jubilado de la UMA

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 07 MAR 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/03/07/dia-internacional-mujer-8-marzo-127658250.html

Una interesante nómina de mujeres se dejaron la piel y/o ejercieron una labor primordial en ese proceso de lucha que el feminismo ha llevado a término a lo largo de los tiempos

Manifestación feminista del 8M, en 2025 GREGORIO MARRERO

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En estas fechas, con motivo del 8 de marzo, es obligado hablar del Día Internacional de la Mujer, a pesar de las vicisitudes que nos atenazan. Celebrar este día reivindicativo es un claro síntoma de que hay tarea pendiente para conseguir la igualdad, a la vez que se homenajea a quienes trabajan y han trabajado por ella a través del feminismo.

Es necesario aclarar, o puede que lo sea para alguna gente que no acaba de comprender y entender el concepto de feminismo, que el diccionario de la RAE lo define como el «principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre». También, en una segunda acepción, lo concreta como el movimiento que lucha por la realización efectiva de esta igualdad en todos los órdenes de la vida; o sea, hablamos de un derecho a defender. Por tanto, la palabra feminismo tiene una doble acepción, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y la lucha para conseguirlos. Machismo y feminismo no son, pues, dos elementos antagónicos o antónimos, dado que el machismo se recoge en la Constitución como un delito y el feminismo es un derecho igualitario.

No es necesario repasar la historia para comprobar y ver hasta qué punto la mujer ha sido marginada a través de los tiempos. Son muchos y variados los hechos y argumentos que lo evidencian. Si bien es cierto que su rol social ha ido cambiando conforme las sociedades han evolucionado, o involucionado, hasta desembocar en el presente. La antigua Grecia, la Roma clásica y, posteriormente, desde la Roma cristiana en adelante, las religiones toman un especial protagonismo en la marginación de la mujer, bien sea el cristianismo o el islamismo con un patriarcado machista que las mantiene sometidas al poder del hombre.

La lucha de la mujer a través de la historia

En esa transición histórica han sido muchas las mujeres que han luchado y reivindicado su derecho a la igualdad con el hombre. Si hablamos de la Grecia clásica, se da un interesante relato de confrontación entre el hombre y la mujer, en la comedia Lisístrata, de Aristófanes (siglo V a. C.), donde se encuentra un referente literario de esa lucha. La protagonista, Lisístrata, encabeza una huelga sexual contra los hombres para forzar a que pongan fin a la guerra. No plantearía yo la obra de Aristófanes como un ejercicio de libertad de la mujer, sino como un acto de fuerza y poder desde la asimetría, para exigir a los hombres concluir una guerra.

Pero ya metidos en faena habría que aludir a una interesante nómina de mujeres que se dejaron la piel y/o ejercieron una labor primordial en ese proceso de lucha que el feminismo ha llevado a término a lo largo de los tiempos.

Para mí es de resaltar el caso de Hipatia de Alejandría (370-415), que es uno de los más reseñables. Fue una científica, matemática y astrónoma, icono de la libertad de pensamiento y la autonomía personal de la mujer. Tuvo la mala suerte de vivir en una época donde se anatemiza, con especial virulencia, la cultura clásica desde la religión cristiana. El fanatismo religioso acabó cruelmente con su vida y con la propia biblioteca de Alejandría, destruyendo gran cantidad de documentos y obras de especial trascendencia histórica.

La mujer en el mundo de la literatura

Siguiendo con el mundo de la cultura, literatura y el conocimiento, vedado a la mujer hasta épocas recientes, y referidos a la iglesia, romperé una lanza en favor de Santa Teresa de Ávila o de Jesús y sor Juana Inés de la Cruz. Con su brillo en el mundo de las letras tuvieron sus más y sus menos con la jerarquía eclesiástica, incluso la Inquisición, pero dejaron su impronta en la literatura de lengua hispana rompiendo esquemas marginales de la mujer en la iglesia. Sor Juana Inés de la Cruz fue considerada por Dorothy Schons, «la primera feminista en el Nuevo Mundo», yo añado a ello su dificultad por la condición que conlleva profesar la religión. Por cierto, tuvo un encontronazo con el obispo de Puebla que le recriminaba no dedicarse a temas propios de la fe, como debe hacer una mujer, sino a la ciencia y la filosofía. Sor Juana contesta con el texto «Respuesta a sor Filotea,« donde defiende su labor intelectual y en la que reclamaba los derechos de la mujer a la educación. Un poema suyo que me parece de especial relevancia es ‘Hombres necios que acusáis’.

Sin dejar el tema de la intelectualidad, en un estudio biográfico que realicé sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, la escritora hispano cubana del siglo XIX, publicado en el libro ‘Voces perdidas, voces olvidadas’, compilado por María Isabel Castro y Roberto J. Martín, y editado por Ediciones del Genal, dejé constancia de la marginación e infravaloración de la mujer en el mundo literario a lo largo de los últimos siglos. Me permití extraer interesantes datos de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, donde se relacionan los autores fundamentales de la Literatura Castellana, concluyendo que desde el siglo XI hasta el XX, aparecen 109 hombres y solo 11 mujeres. Todas ellas se ubican en los siglos XVIII (1), XIX (5) y XX (4), salvo Santa Teresa de Jesús que vivió en el siglo XVI.

La concepción machista de la RAE

Señalo también, que la primera mujer propuesta para ocupar un sillón en la RAE fue Gertrudis Gómez de Avellaneda (Tula) en 1853, siendo rechazada su candidatura por los misóginos académicos que consideraron que una mujer no podía ocupar esa dignidad, aunque su fama y reconocimiento fueran patentes. Incluso, al escritor José Zorrilla, se le adjudica una frase contundente, pues dice que la mujer que escribe es «un error de la naturaleza».

Y no fue hasta 1979 cuando una mujer pudo entrar en la RAE, es Carmen Conde. Antes había quedado también desechada, en tres ocasiones si mal no recuerdo, Emilia Pardo Bazán de la que cabe resaltar su propia identificación con la defensa del feminismo, pues se definía a sí misma como feminista radical: «Yo soy una radical feminista; creo que todos los derechos que tiene el hombre debe tenerlos la mujer». Posteriormente también se rechazó la candidatura de María Moliner, lexicógrafa y autora de su interesante diccionario del uso del español. En la actualidad son 11 las mujeres de 46 miembros de la RAE (24%).

Libertad, igualdad y fraternidad

Dentro de la lucha social y política, la Revolución francesa, que bebió del llamado Siglo de las luces, o Ilustración, trajo otra corriente de protagonismo y libertad de la mujer. En 1791, redactado por Olympe de Gouges, se proclama la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, que viene a equiparar los igualitarios derechos de hombres y mujeres.

El siglo XIX tiene una especial relevancia, dado que afloran poderosos movimientos reivindicativos sobre la igualdad. Se consolida el movimiento sufragista. Importante aportación tuvieron Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott reivindicando las condiciones y derechos sociales, civiles y religiosos de la mujer.

Aparte de las figuras ya aludidas, no quisiera olvidarme de mencionar otras mujeres que dieron impulso, con su aportación intelectual y actividad a la lucha por la igualdad, como son: Mary Wollstonecraft, Simone de Beauvoir, Angela Davis y Judith Butler. Así como Flora Tristán, Emmeline Pankhurst, Betty Friedan, etc. Pioneras en España fueron: Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor, Victoria Kent o Federica Montseny, primera mujer ministra en España, anarquista y activista.

La aportación de Friedrich Engels

Finalmente, me siento obligado a evocar a Friedrich Engels, y su ensayo ‘El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’ publicado en 1884, que, enmarcando la sociedad desde la perspectiva antropológica y cultural, ejerció de soporte teórico a los primeros grupos feministas en el movimiento obrero y el anarquistas, que reivindicaban, desde el neomaltusianismo, la procreación consciente del proletariado, la separación entre sexualidad y reproducción, la defensa de la maternidad libre, la liberación femenina, la libertad sexual, la promoción de la planificación familiar, el cuidado de los niños así como el uso y difusión de métodos anticonceptivos artificiales. Una propuesta revolucionaria rompedora con los esquemas tradicionales, liberando a la mujer, a través de una nueva concepción de su rol social y familiar. Abriendo las puertas al protagonismo de la mujer en la gestión de su propia entidad, sus derechos y libertades.

 

miércoles, 4 de marzo de 2026

Con los dientes apretados

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Profesor jubilado de la UMA

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 04 MAR 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/03/04/dientes-apretados-127510420.html

El peligro aflora cuando alguien, ejerciendo el poder de la fuerza, actuando como el matón del patio del colegio, pretenda imponer su voluntad

El presidente de EEUU, Donald Trump / Samuel Corum

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Con los dientes apretados, la faz tensa, serio y aturdido se muestra el azaroso mundo. Los últimos hechos son preocupantes. Ver cómo las bombas, misiles, drones y demás artilugios de guerra planean por los aires de diferentes países de Oriente Próximo, son más que un motivo de inquietud, de desasosiego y turbación. Desgraciadamente suenan tambores de guerra, destrucción y muerte.

Estamos en un mundo regido por excéntricos, por gente que desde sus despachos han desconectado con la vida real, con la gente de a pie, con el pueblo que sufre sus decisiones irracionales. Hemos entregado la gobernanza del mundo y el poder a modelados por la egolatría y por el delirio mesiánico a caballo de su megalomanía.

Rechazo los regímenes totalitarios y, sobre todo, a las teocracias integristas que, basándose en la religión, pretenden imponer por la fuerza y la represión los principios y valores de credos anclados a la historia, como es el caso de Irán. En España tuvimos la experiencia, no hace muchos años, con el Nacional catolicismo implantado por el franquismo. Fueron tiempos en que la religión invadió nuestras vidas, arrebató nuestra libertad, marginó a la mujer y nos sometió al dictado de una fe y unas normas y conductas impuestas por el clero en alianza con el poder militar que gobernaba desde la dictadura.

En ese sentido, el régimen iraní de los ayatolas es rechazables para cualquier demócrata. Su exigente imposición, su represión contra la disidencia, sus impunes ejecuciones y el desprecio a las libertades ciudadanas y a los derechos humanos, son evidentes. Por tanto, es justo y necesario, ante todo, manifestar la solidaridad con los iraníes, mostrando el estupor ante hechos inaceptables para nuestra concepción de la convivencia en democracia, donde ha de reinar el respeto y la tolerancia, la libertad de credo y de pensamiento…

Pero, ante esta situación de violencia impositiva, de aplicación del integrismo religioso, de desprecio a los derechos humanos que aprueba y predica la ONU, la pregunta es: qué hacer, cómo actuar ante un país que está sometido a un gobierno teocrático que no los respeta. La siguiente cuestión sería quién tiene derecho a intervenir desde fuera, unilateralmente, para imponer un régimen democrático o cambiar el actual, sin contar con el beneplácito de la ONU. El pasado nos demostró que las primaveras árabes fueron un fracaso y, sospechosamente, parece que guardaban otra intencionalidad orientada al negocio y a la obtención de recursos naturales y dominios geoestratégicos, no al establecimiento de la democracia.

En todo caso, respetando la multilateralidad representada en la ONU como órgano internacional, es a ella a quien compete, a través de su Consejo de Derechos Humanos, determinar el incumplimiento de esos derechos, denunciando su violación. Es a ella a quien concierne avalar la intervención en cualquier país que no los observe para que los restablezca, por la fuerza si fuera necesario. Mas no todos los gobiernos están por obedecer sus dictámenes, entre otros Israel, que ha pasado olímpicamente de ellos muchas veces y siempre fue por libre, apoyado incondicionalmente por los EEUU. Entiendo que solo la ONU tendría derecho a determinar una intervención, sobre uno de sus miembros, acogiéndose a los acuerdos establecidos en sus normas y reglamentos.

El peligro aflora cuando alguien, ejerciendo el poder de la fuerza, actuando como el matón del patio del colegio, pretenda imponer su voluntad rompiendo las reglas del juego. Ahí andamos. El señor Trump, al que la ONU le importa un bledo y ya ha dejado constancia verbal de que será su santa voluntad la que se imponga, va haciendo de su capa un sayo, reivindicando el papel de pacificador de la paz impuesta por las armas. Sin olvidarnos, en este caso, de la mano que mece la cuna, que es Netanyahu.

El riesgo es grande. Hoy toma esta determinación, mañana podrá tomar otra que nos afecte a los demás, pasándose nuestros derechos por el arco del triunfo. Ayer fue Venezuela, hoy es Irán, mañana ya apunta a Cuba y Groenlandia, ¿pasado será Europa? Maquiavelo ha vuelto de forma descarada, sin subterfugios. Al menos se le ve venir, aunque no nos guste adónde pretende llevar al mundo. ¿Qué han de hacer la ONU, la Unión Europea, los BRICS+?

Nosotros, haciendo honor a nuestra idiosincrasia, seremos D. Quijote. Europa ejerce de Sancho Panza. China, sentada a la puerta de su casa, espera ver pasar el cadáver de su enemigo, que se empieza a hacer el harakiri con su prepotencia y volubilidad. Traspasado mañana, tal vez, el mundo sea amarillo.

 

Tres cuartos de siglo

  Opinión | Tribuna Por: Antonio Porras Cabrera Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 14 MAR 2026 7:00 Enlace: https://ww...