
Madrid es una espléndida y maravillosa ciudad donde se conjuga la historia, el arte y la buena vida. Eso sí, en construcción continúa, en obras por doquier, pensando en las frustradas olimpiadas y en no sé qué más cosas… eso lo sabrá el señor Gallardón, su alcalde. Mi visita de tres días ha sido de relajo, ocio y disfrute de familiares, amigos y entorno.
Desde hace dos años tenemos la oportunidad de hacer un recorrido en dos horas y media desde Málaga a Madrid con el AVE. El AVE (Alta Velocidad Española), para quien no lo conozca, no es un pájaro volador, sino un tren de alta velocidad que circula a unos 270 Kms/hora, llegando en momentos, según el caso, a los 300 Kilómetros/hora. La suavidad con la que circula da sensación de ir a 90. Para allá nos fuimos en preferente, donde nos dieron el desayuno, la prensa y bebida, amén de la comodidad de los asientos. La vuelta la hicimos en clase turista que es casi lo mismo salvo el servicio de restauración, atención y precio.
Pensaba que encontraríamos lluvia y frío en la capital, pero nos sorprendió un noviembre primaveral, cálido, incluso caluroso en determinados momentos. Ello nos permitió hacer las visitas programadas, tanto para el día como para la noche.
A destacar la visita al museo Reina Sofía, donde presentaban la exposición “Definiendo el constructivismo” de Rodchenko y Popova, que nos situó en los años post-revolucionarios rusos, mostrando los cambios sufridos por el arte en su adaptación al proceso revolucionario. A parte de la visita al Guernika, pulular por el museo siempre es sorprendente, pues descubres nuevas obras no observadas antes. El edificio en sí, es una magnífica obra arquitectónica, dedicada a hospital en su creación por el rey Carlos III, modernizada y adecuada a su atividad actual.
Otra visita obligada para los amantes del arte, es el Museo del Prado, sobretodo después de su ampliación con los Jerónimos. Tuvimos la suerte de celebrarse el 190 aniversario de su inauguración, con entrada libre, televisión, radio y medios de comunicación en general, bullendo por allí. Visita, también obligada, a la exposición sobre la obra de Maino que se daba en el recinto ampliado. No se tiene perdón si no pasamos a saludar a nuestros amigos Velásquez, Goya, Murillo, Rubens, El Greco, etc… Un sinfín de obras pictóricas, soportadas en una excelente arquitectura, que hacen del museo uno de los mejores del mundo.
Descubrí algo que en mis visitas anteriores no había visto, como es el llamado “Tesoro del delfín”. Es una impresionante muestra de obras de orfebrería, cristalería y ornamentación que heredó Felipe V de su padre Luis, el Delfín de Francia, fallecido de viruela antes de llegar a suceder a su padre Luis XIV (el rey Sol), por lo que, al morir el rey, reinó en Francia Luis XV, su nieto, que escapó de la viruela que se había llevado por delante a su padre, su madre y sus hermanos mayores. Ocupando al trono de España Felipe de Anjou, llamado Felipe V, al morir sin descendencia Carlos II, desplazando la casa de Borbón a la casa de Austria, tras una larga y cruenta guerra civil donde sacaron la mayor tajada los ingleses. Siendo Gibraltar una de sus secuelas históricas.
Bueno, no todo va a ser arte pictórico y orfebrería. Existe otro arte que alegra la vida, como es el arte culinario, de la copa de vino y la tapa. Por cierto, la palabra tapa surge, precisamente, en Madrid, allá por el siglo XIX, cuando para que no cayeran moscas en el vaso de vino se tapaba este con un trozo de pan a modo de tapadera, pasando luego a comerse el pan después de beber el vino. Pues bien, nos fuimos de tapeo, de picos pardos, de pardeo, a echar unas cañas, a tomar copas, etc… existe un amplio abanico de expresiones para definir el acto social de tomar vinos con los amigos.
Madrid es una ciudad especial para el tapeo. Tiene infinidad de lugares donde encontrar diferentes ofertas y variedades de todo tipo, tanto de procedencia nacional como internacional. De todas formas hay lugares clásicos, con solera, que por sí mismos son un reclamo. Aparte de tomar un excelente bacalao y unas exquisitas croquetas en el Labra, de degustar el vino y las gambas de El Abuelo, los mariscos de la Ría, o estupendas cervezas, adornadas de paté y embutidos, en la plaza de Santa Ana, además de otros muchos y maravillosos sitios de nutrientes para el cuerpo y cultivo de la amistad, un buen paseo por sus iluminadas calles cosmopolitas, repletas de gente variopinta, es una experiencia saludable.
La sorprendente cálida noche otoñal, hace que disfrutes de ella con más ahínco y empeño. Es una alianza con la diosa Gea que controla el meteoro y nos ofrece el disfrute y gozo del contacto con un entorno bullicioso y afable para el deleite de los valores que sustentan y promueven el encuentro social en armonía.
No podemos olvidar su rica gastronomía. Nosotros, llevados por el famélico instinto, buscamos los placeres gastronómicos que ofrecía la villa y corte. Avanzando por la Avda. de Barcelona, disfrutamos de El Segoviano y su cochinillo, de la Chelito y su cocidito madrileño, del Royal y su codillo, etc… En suma, de los deleites de la cocina madrileña que rayaba en el puro hedonismo de la gula.
Desde aquí homenajeo a mis cuñados Antonio y Carmen, a los amigos Pepe y Adeli, a Pepe Arjona y Amparo, en cuya compañía todo fue más saludable y reconfortante. Cogidos, simbólicamente, de su mano deambulamos por la noche madrileña y solo nos faltó acudir al teatro para ver Bodas de Sangre, que por falta de tiempo se quedó fuera del programa.
Queridos amigos, Madrid es una de las ciudades que siempre vale la pena visitar, a pesar de las obras que dificultan el tránsito por sus calles. Os dejo un Slide con algunas fotos de la visita.
Desde hace dos años tenemos la oportunidad de hacer un recorrido en dos horas y media desde Málaga a Madrid con el AVE. El AVE (Alta Velocidad Española), para quien no lo conozca, no es un pájaro volador, sino un tren de alta velocidad que circula a unos 270 Kms/hora, llegando en momentos, según el caso, a los 300 Kilómetros/hora. La suavidad con la que circula da sensación de ir a 90. Para allá nos fuimos en preferente, donde nos dieron el desayuno, la prensa y bebida, amén de la comodidad de los asientos. La vuelta la hicimos en clase turista que es casi lo mismo salvo el servicio de restauración, atención y precio.
Pensaba que encontraríamos lluvia y frío en la capital, pero nos sorprendió un noviembre primaveral, cálido, incluso caluroso en determinados momentos. Ello nos permitió hacer las visitas programadas, tanto para el día como para la noche.
A destacar la visita al museo Reina Sofía, donde presentaban la exposición “Definiendo el constructivismo” de Rodchenko y Popova, que nos situó en los años post-revolucionarios rusos, mostrando los cambios sufridos por el arte en su adaptación al proceso revolucionario. A parte de la visita al Guernika, pulular por el museo siempre es sorprendente, pues descubres nuevas obras no observadas antes. El edificio en sí, es una magnífica obra arquitectónica, dedicada a hospital en su creación por el rey Carlos III, modernizada y adecuada a su atividad actual.
Otra visita obligada para los amantes del arte, es el Museo del Prado, sobretodo después de su ampliación con los Jerónimos. Tuvimos la suerte de celebrarse el 190 aniversario de su inauguración, con entrada libre, televisión, radio y medios de comunicación en general, bullendo por allí. Visita, también obligada, a la exposición sobre la obra de Maino que se daba en el recinto ampliado. No se tiene perdón si no pasamos a saludar a nuestros amigos Velásquez, Goya, Murillo, Rubens, El Greco, etc… Un sinfín de obras pictóricas, soportadas en una excelente arquitectura, que hacen del museo uno de los mejores del mundo.
Descubrí algo que en mis visitas anteriores no había visto, como es el llamado “Tesoro del delfín”. Es una impresionante muestra de obras de orfebrería, cristalería y ornamentación que heredó Felipe V de su padre Luis, el Delfín de Francia, fallecido de viruela antes de llegar a suceder a su padre Luis XIV (el rey Sol), por lo que, al morir el rey, reinó en Francia Luis XV, su nieto, que escapó de la viruela que se había llevado por delante a su padre, su madre y sus hermanos mayores. Ocupando al trono de España Felipe de Anjou, llamado Felipe V, al morir sin descendencia Carlos II, desplazando la casa de Borbón a la casa de Austria, tras una larga y cruenta guerra civil donde sacaron la mayor tajada los ingleses. Siendo Gibraltar una de sus secuelas históricas.
Bueno, no todo va a ser arte pictórico y orfebrería. Existe otro arte que alegra la vida, como es el arte culinario, de la copa de vino y la tapa. Por cierto, la palabra tapa surge, precisamente, en Madrid, allá por el siglo XIX, cuando para que no cayeran moscas en el vaso de vino se tapaba este con un trozo de pan a modo de tapadera, pasando luego a comerse el pan después de beber el vino. Pues bien, nos fuimos de tapeo, de picos pardos, de pardeo, a echar unas cañas, a tomar copas, etc… existe un amplio abanico de expresiones para definir el acto social de tomar vinos con los amigos.
Madrid es una ciudad especial para el tapeo. Tiene infinidad de lugares donde encontrar diferentes ofertas y variedades de todo tipo, tanto de procedencia nacional como internacional. De todas formas hay lugares clásicos, con solera, que por sí mismos son un reclamo. Aparte de tomar un excelente bacalao y unas exquisitas croquetas en el Labra, de degustar el vino y las gambas de El Abuelo, los mariscos de la Ría, o estupendas cervezas, adornadas de paté y embutidos, en la plaza de Santa Ana, además de otros muchos y maravillosos sitios de nutrientes para el cuerpo y cultivo de la amistad, un buen paseo por sus iluminadas calles cosmopolitas, repletas de gente variopinta, es una experiencia saludable.
La sorprendente cálida noche otoñal, hace que disfrutes de ella con más ahínco y empeño. Es una alianza con la diosa Gea que controla el meteoro y nos ofrece el disfrute y gozo del contacto con un entorno bullicioso y afable para el deleite de los valores que sustentan y promueven el encuentro social en armonía.
No podemos olvidar su rica gastronomía. Nosotros, llevados por el famélico instinto, buscamos los placeres gastronómicos que ofrecía la villa y corte. Avanzando por la Avda. de Barcelona, disfrutamos de El Segoviano y su cochinillo, de la Chelito y su cocidito madrileño, del Royal y su codillo, etc… En suma, de los deleites de la cocina madrileña que rayaba en el puro hedonismo de la gula.
Desde aquí homenajeo a mis cuñados Antonio y Carmen, a los amigos Pepe y Adeli, a Pepe Arjona y Amparo, en cuya compañía todo fue más saludable y reconfortante. Cogidos, simbólicamente, de su mano deambulamos por la noche madrileña y solo nos faltó acudir al teatro para ver Bodas de Sangre, que por falta de tiempo se quedó fuera del programa.
Queridos amigos, Madrid es una de las ciudades que siempre vale la pena visitar, a pesar de las obras que dificultan el tránsito por sus calles. Os dejo un Slide con algunas fotos de la visita.
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