sábado, 7 de febrero de 2026

Saludar es dar salud

 


Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario la Opinión de Málaga el día 07 FEB 2026 7:00

Enlace al diario: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/02/07/saludar-dar-salud-126534602.html

Nuestra imagen, y la opinión que tengan los demás enfermos de nuestra conducta profesional, determinarán prejuicios y expectativas

Cuando un paciente llega a un centro sanitario por requerir algún tipo de asistencia, también elabora una hipótesis y establece unas expectativas. / Álex Zea

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Como profesional de la salud, siempre me preocupó la influencia que pudiera tener, en la relación con los pacientes y su familia, la forma de establecer el primer contacto. También como docente, ha sido habitual hacerles ver a mis alumnos la importancia de realizar una buena gestión del momento de la recepción del enfermo y la familia. Esta tiene una serie de connotaciones que hace del acto una pieza definitiva en el sistema de relación que se establecerá y desarrollará durante todo el tiempo de la asistencia sanitaria; la gestión del primer contacto, pues, es un elemento clave sobre el que pivotará el proceso de interacción.

La acogida

Nuestra habilidad radica en la capacidad que tengamos para analizar la situación inicial y definir el perfil y características del paciente en los aspectos de su personalidad, nivel de maduración, sus preocupaciones, nivel de ansiedad y angustia que le genera la situación, sus expectativas, experiencias anteriores con el sistema sanitario, información que tiene sobre su funcionamiento, conocimiento del medio, disponibilidad y actitudes receptivas o de rechazo, sus habilidades de relación, su nivel cultural, relaciones interfamiliares, rol que desempeña en la familia y sociedad, etc. En suma, hacer un buen análisis de su perfil o rasgos personales.

Una vez detectadas y analizadas estas variables es conveniente poner en marcha un proceso de comunicación que nos haga llegar al paciente y a su familia de la forma más clara y precisa posible, buscando la plena confianza, tranquilidad y colaboración de todos ellos. En este punto, juega un papel importantísimo nuestra capacidad de reconducir la situación hasta el lugar en que nos sintamos gestores del contacto, controlando la interacción inteligentemente para conseguir el objetivo al que me he referido.

Hablar el idioma del que escucha

El control de la capacidad comunicadora es clave. Comunicarse no es informar, es algo más, ya que implica la interacción entre dos o más partes. Por tanto, debemos conocer el nivel de comprensión de la otra parte para garantizar que el mensaje le llegue nítidamente. En este caso, un axioma importante es que «el arte de comunicar es hablar el idioma del que escucha». Recuerdo el caso de un facultativo que informaba a la familia del estado del paciente, con absoluta precisión, pero sobre los resultados de una gasometría. Le daba detalles precisos de los parámetros resultantes de la analítica… que si el pH, la presión parcial de oxígeno (PaO₂), del dióxido de carbono (PaCO₂), el bicarbonato (HCO₃⁻) y la saturación de oxígeno (SaO₂), etc. para concluir en el estado preocupante del paciente y reservándose el pronóstico ante lo inestable de la situación. El familiar que era vecino de un pueblo de la provincia dedicado a la labranza no entendía nada, aunque escuchaba con mucha atención; al final le preguntó: ¿Entonces Dr. cuando lo operan?

Con esta anécdota solo pretendo dejar claro la necesidad de hablar el idioma del que escucha, garantizando, como decía, la correcta comprensión del mensaje por parte del enfermo o el familiar.

Empatizar para comprender

Por otro lado, para comprender la situación, es necesario ponerse en el lugar de la otra persona, empatizar con ella. Sabemos, por propia experiencia, que cuando acudimos a un lugar nuevo o nos presentan a alguien, solemos tomar una posición expectante y elaboramos una hipótesis sobre lo recién conocido. Aquí juegan los prejuicios, la información que tenemos sobre el mismo, experiencias anteriores, etc.

Cuando un paciente llega a un centro sanitario por requerir algún tipo de asistencia, también elabora una hipótesis y establece unas expectativas. Esta hipótesis, con disposición a ser modificada en función de las nuevas informaciones y observaciones que se vayan practicando, es de carácter dinámico y con la intención de aproximarse lo más posible a la realidad, tiene como singularidad el ser abierta. El personal sanitario debe aprovechar esta circunstancia para hacer la reconducción adecuada, buscando la forma de cambiar la desconfianza del sujeto y situarla en la receptividad, confianza, colaboración y, en suma, en una actitud positiva, que permita integrarlo en la actividad terapéutica como un elemento activo desde la perspectiva de paciente. Para ello debemos tener capacidad para interpretar su situación y saber utilizar todos los elementos en que se apoya la comunicación para llegar a él. Nuestra imagen, y la opinión que tengan los demás enfermos de nuestra conducta profesional, determinarán prejuicios y expectativas. Si somos conscientes de que es necesario sembrar un buen concepto personal, donde los propios pacientes se comuniquen valores positivos con relación a nuestra actitud y profesionalidad, llevaremos medio camino andado. Yo, por propia experiencia en mis ingresos hospitalarios como paciente, he vivido esos momentos de toma de información entre pacientes. Es habitual que el sujeto ingresado indique al recién llegado, a petición de éste o por propia iniciativa, quiénes son los profesionales que mejor atenderán sus peticiones, con los que podrá tener mayor confianza, los más agradables, los más competentes, etc.

Capacidades de afrontamiento

Pero, ¿nos faltan habilidades para establecer la relación? Es posible. A veces huimos de las situaciones conflictivas por no tener los recursos y habilidades que garanticen una gestión adecuada del conflicto. Justificamos esto diciendo que no soportamos a tal o cual paciente y que nos crea situaciones estresantes insuperables. Hacemos un afrontamiento de escape-evitación. Sabemos, por experiencia y estudios realizados, que el afrontamiento más efectivo es el directo. Es el que resuelve mejor las situaciones y elimina la persistencia de estrés mantenidas en el tiempo. Dotémonos, pues, de esa capacidad para afrontar los problemas; es una excelente herramienta de trabajo. Podemos y debemos recurrir al intercambio de experiencias con los compañeros en momentos difíciles; ello nos permitirá enriquecernos y nos proporcionará apoyo social dentro del grupo de trabajo.

Por tanto, tú siembras, tú recoges. Si somos inteligentes, entenderemos que una buena siembra lleva a una buena cosecha. Que el cultivo y el trabajo que conlleva es menor cuando la mitad de la faena nos la hacen otras personas, cuando nos disponen de forma receptiva a los nuevos pacientes que vayamos encontrando día a día. Debemos aprovechar la permeabilidad inicial para ir conformando una opinión y una disposición que facilite la relación. Si dejamos que el sujeto establezca un juicio equivocado o no adecuado para la interacción, estaremos permitiendo que se establezca un obstáculo difícilmente superable en días sucesivos, que nos complicará la actuación, el entendimiento y la colaboración del paciente y de su propia familia. Por lo cual el primer objetivo es ganarse al paciente.

Salud dar

Siempre fui aficionado a jugar con las palabras. Además mantuve que no se puede dar aquello que no se tiene. No podrás dar salud ni no la posees; por tanto, preservar la salud del profesional, especialmente mental, es una forma de capacitarle para la ayuda. Hemos que tener, pues, profesionales saludables, que gocen de buena salud y que puedan saludar competentemente. Medio en broma medio en serio, les decía a mis compañeros de facultad que hay que tener clase para dar clase. Fuera de estos toques con ligero tinte humorístico, me gustaría hacer una reflexión sobre el tema que andamos tratando.

El primer contacto que se hace con el paciente es el saludo inicial. Creo que este momento es de vital importancia, ya que es el marco de referencia para establecer la relación terapéutica en su sentido más amplio. Esa relación en la que le vas a dar salud; o sea, saludar, está llena de comunicación no verbal. Dar la mano es un acto cargado de simbología y de matices que crean expectativas en función de esa comunicación no verbal a la que aludía.

En mis tiempos docentes dedicaba, exclusivamente, un seminario sobre comunicación no verbal al saludo. Esperaba a mis alumnos en la puerta del aula y les daba la mano a cada uno de ellos de diferente forma, intentado abarcar el mayor número posible de sus variables, desde el más indiferente al más afectuoso. Luego debatíamos sobre lo que habían sentido ellos en el momento del saludo y cómo les había predispuestos con respecto a mí para establecer el contacto. Finalmente ejercitaban el saludo.

El resultado era muy interesante, tomaban conciencia del poder del saludo y su incidencia en las expectativas del paciente, en la generación de confianza y su actitud para establecer una relación terapéutica. Irvin Yalom y Viktor Frankl, mantenían que «Lo que cura es la relación», es decir la calidad del vínculo humano auténtico entre las personas…

 



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