Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario la Opinión de Málaga el día 07 FEB 2026 7:00
Enlace al
diario: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/02/07/saludar-dar-salud-126534602.html
Nuestra
imagen, y la opinión que tengan los demás enfermos de nuestra conducta
profesional, determinarán prejuicios y expectativas
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| Cuando un paciente llega a un centro sanitario por requerir algún tipo de asistencia, también elabora una hipótesis y establece unas expectativas. / Álex Zea |
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Como profesional de la salud,
siempre me preocupó la influencia que pudiera tener, en la relación con los
pacientes y su familia, la forma de establecer el primer contacto. También como
docente, ha sido habitual hacerles ver a mis alumnos la importancia de realizar
una buena gestión del momento de la recepción del enfermo y la familia. Esta
tiene una serie de connotaciones que hace del acto una pieza definitiva en el
sistema de relación que se establecerá y desarrollará durante todo el tiempo de
la asistencia sanitaria; la gestión del primer contacto, pues, es un elemento
clave sobre el que pivotará el proceso de interacción.
La acogida
Nuestra habilidad radica en la
capacidad que tengamos para analizar la situación inicial y definir el perfil y
características del paciente en los aspectos de su personalidad, nivel de
maduración, sus preocupaciones, nivel de ansiedad y angustia que le genera la
situación, sus expectativas, experiencias anteriores con el sistema sanitario,
información que tiene sobre su funcionamiento, conocimiento del medio,
disponibilidad y actitudes receptivas o de rechazo, sus habilidades de
relación, su nivel cultural, relaciones interfamiliares, rol que desempeña en
la familia y sociedad, etc. En suma, hacer un buen análisis de su perfil o
rasgos personales.
Una vez detectadas y analizadas
estas variables es conveniente poner en marcha un proceso de comunicación que
nos haga llegar al paciente y a su familia de la forma más clara y precisa
posible, buscando la plena confianza, tranquilidad y colaboración de todos
ellos. En este punto, juega un papel importantísimo nuestra capacidad de
reconducir la situación hasta el lugar en que nos sintamos gestores del
contacto, controlando la interacción inteligentemente para conseguir el
objetivo al que me he referido.
Hablar el idioma del que escucha
El control de la capacidad
comunicadora es clave. Comunicarse no es informar, es algo más, ya que implica
la interacción entre dos o más partes. Por tanto, debemos conocer el nivel de
comprensión de la otra parte para garantizar que el mensaje le llegue
nítidamente. En este caso, un axioma importante es que «el arte de comunicar es
hablar el idioma del que escucha». Recuerdo el caso de un facultativo que
informaba a la familia del estado del paciente, con absoluta precisión, pero
sobre los resultados de una gasometría. Le daba detalles precisos de los
parámetros resultantes de la analítica… que si el pH, la presión parcial de
oxígeno (PaO₂), del dióxido de carbono (PaCO₂), el bicarbonato (HCO₃⁻) y la
saturación de oxígeno (SaO₂), etc. para concluir en el estado preocupante del
paciente y reservándose el pronóstico ante lo inestable de la situación. El
familiar que era vecino de un pueblo de la provincia dedicado a la labranza no
entendía nada, aunque escuchaba con mucha atención; al final le preguntó:
¿Entonces Dr. cuando lo operan?
Con esta anécdota solo pretendo
dejar claro la necesidad de hablar el idioma del que escucha, garantizando,
como decía, la correcta comprensión del mensaje por parte del enfermo o el
familiar.
Empatizar para comprender
Por otro lado, para comprender la
situación, es necesario ponerse en el lugar de la otra persona, empatizar con
ella. Sabemos, por propia experiencia, que cuando acudimos a un lugar nuevo o
nos presentan a alguien, solemos tomar una posición expectante y elaboramos una
hipótesis sobre lo recién conocido. Aquí juegan los prejuicios, la información
que tenemos sobre el mismo, experiencias anteriores, etc.
Cuando un paciente llega a un
centro sanitario por requerir algún tipo de asistencia, también elabora una
hipótesis y establece unas expectativas. Esta hipótesis, con disposición a ser
modificada en función de las nuevas informaciones y observaciones que se vayan
practicando, es de carácter dinámico y con la intención de aproximarse lo más
posible a la realidad, tiene como singularidad el ser abierta. El personal
sanitario debe aprovechar esta circunstancia para hacer la reconducción
adecuada, buscando la forma de cambiar la desconfianza del sujeto y situarla en
la receptividad, confianza, colaboración y, en suma, en una actitud positiva,
que permita integrarlo en la actividad terapéutica como un elemento activo
desde la perspectiva de paciente. Para ello debemos tener capacidad para
interpretar su situación y saber utilizar todos los elementos en que se apoya
la comunicación para llegar a él. Nuestra imagen, y la opinión que tengan los
demás enfermos de nuestra conducta profesional, determinarán prejuicios y
expectativas. Si somos conscientes de que es necesario sembrar un buen concepto
personal, donde los propios pacientes se comuniquen valores positivos con
relación a nuestra actitud y profesionalidad, llevaremos medio camino andado.
Yo, por propia experiencia en mis ingresos hospitalarios como paciente, he
vivido esos momentos de toma de información entre pacientes. Es habitual que el
sujeto ingresado indique al recién llegado, a petición de éste o por propia
iniciativa, quiénes son los profesionales que mejor atenderán sus peticiones,
con los que podrá tener mayor confianza, los más agradables, los más
competentes, etc.
Capacidades de afrontamiento
Pero, ¿nos faltan habilidades para
establecer la relación? Es posible. A veces huimos de las situaciones
conflictivas por no tener los recursos y habilidades que garanticen una gestión
adecuada del conflicto. Justificamos esto diciendo que no soportamos a tal o
cual paciente y que nos crea situaciones estresantes insuperables. Hacemos un
afrontamiento de escape-evitación. Sabemos, por experiencia y estudios
realizados, que el afrontamiento más efectivo es el directo. Es el que resuelve
mejor las situaciones y elimina la persistencia de estrés mantenidas en el
tiempo. Dotémonos, pues, de esa capacidad para afrontar los problemas; es una
excelente herramienta de trabajo. Podemos y debemos recurrir al intercambio de
experiencias con los compañeros en momentos difíciles; ello nos permitirá
enriquecernos y nos proporcionará apoyo social dentro del grupo de trabajo.
Por tanto, tú siembras, tú recoges.
Si somos inteligentes, entenderemos que una buena siembra lleva a una buena
cosecha. Que el cultivo y el trabajo que conlleva es menor cuando la mitad de
la faena nos la hacen otras personas, cuando nos disponen de forma receptiva a
los nuevos pacientes que vayamos encontrando día a día. Debemos aprovechar la
permeabilidad inicial para ir conformando una opinión y una disposición que
facilite la relación. Si dejamos que el sujeto establezca un juicio equivocado
o no adecuado para la interacción, estaremos permitiendo que se establezca un
obstáculo difícilmente superable en días sucesivos, que nos complicará la
actuación, el entendimiento y la colaboración del paciente y de su propia
familia. Por lo cual el primer objetivo es ganarse al paciente.
Salud dar
Siempre fui aficionado a jugar con
las palabras. Además mantuve que no se puede dar aquello que no se tiene. No
podrás dar salud ni no la posees; por tanto, preservar la salud del
profesional, especialmente mental, es una forma de capacitarle para la ayuda.
Hemos que tener, pues, profesionales saludables, que gocen de buena salud y que
puedan saludar competentemente. Medio en broma medio en serio, les decía a mis
compañeros de facultad que hay que tener clase para dar clase. Fuera de estos
toques con ligero tinte humorístico, me gustaría hacer una reflexión sobre el
tema que andamos tratando.
El primer contacto que se hace con
el paciente es el saludo inicial. Creo que este momento es de vital
importancia, ya que es el marco de referencia para establecer la relación
terapéutica en su sentido más amplio. Esa relación en la que le vas a dar
salud; o sea, saludar, está llena de comunicación no verbal. Dar la mano es un
acto cargado de simbología y de matices que crean expectativas en función de
esa comunicación no verbal a la que aludía.
En mis tiempos docentes dedicaba,
exclusivamente, un seminario sobre comunicación no verbal al saludo. Esperaba a
mis alumnos en la puerta del aula y les daba la mano a cada uno de ellos de
diferente forma, intentado abarcar el mayor número posible de sus variables,
desde el más indiferente al más afectuoso. Luego debatíamos sobre lo que habían
sentido ellos en el momento del saludo y cómo les había predispuestos con
respecto a mí para establecer el contacto. Finalmente ejercitaban el saludo.
El resultado era muy interesante,
tomaban conciencia del poder del saludo y su incidencia en las expectativas del
paciente, en la generación de confianza y su actitud para establecer una
relación terapéutica. Irvin Yalom y Viktor Frankl, mantenían que «Lo que cura
es la relación», es decir la calidad del vínculo humano auténtico entre las
personas…

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