Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 16 FEB 2026 7:01
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/02/16/marte-esperar-126870146.html
Estamos
ante oligarcas triopes, marcados por la triada oscura de la personalidad, con
rasgos de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía
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| Elon Musk, director ejecutivo de Tesla. / EFE |
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Nunca como en estos oscuros tiempos
de desasosiego y tribulaciones, ha sido tan necesaria la luz para esclarecer el
futuro. Pero la luz se muestra entre tinieblas, entre tergiversaciones, bulos y
manipulación, desenfocada de la verdad, con discursos forjadores de posverdades
para atrapar voluntades desde lo emocional, obviando lo racional y engañando a
la gente de bien, hasta llevarla al puro egoísmo que les hace crueles con sus
semejantes, sin percatarse de que sus actos irán contra ellos mismos en el
futuro que se fragua, como ocurrió hace un siglo en la vieja Europa que aún
llora su desgracia y persisten las heridas y el trauma que la avoca a la
nimiedad si no espabila.
«Marte puede esperar, pero la
humanidad no», decía Pedro Sánchez en referencia a los proyectos megalómanos de
Elon Musk. Tal vez esa frase sea la representación verbal más significativa de
una realidad que va cuajando. Donde se encierra toda una filosofía social y
política, sobre todo cuando se hace hincapié en que la humanidad no puede
esperar, a pesar de que lleva siglos esperando con su desesperanza. Subyace la
preocupación sobre los derechos del ser humano y su desarrollo igualitario. Se
tambalea la sensibilidad social y la aplicación de la filosofía de vida de un
sistema político de justicia social, que hoy ningunea el espíritu MAGA sembrado
en el entorno de los oligarcas y propagado a caballo de sus propias redes
sociales, con clara intención de beneficio propio.
La amenaza del nuevo orden
Curiosamente, cuando Sánchez ha
manifestado esa preferencia de la humanidad sobre Marte, plantea una seria
reflexión que cada cual, sea o no de su cuerda, debería ejercitar para ver con
mayor claridad en estos oscuros tiempos, como ya he mencionado. Debió de
hacerle pupa a Elon ese cuestionamiento, la propuesta de legalizar a los
inmigrantes residentes en España desde antes de fin del pasado año y las
declaraciones del presidente español en la Cumbre Mundial de los Gobiernos en
Dubai, pues saltó de inmediato con toda su artillería, en una injerencia en la
soberanía nacional, llamando a Sánchez «tirano y traidor al pueblo de España»,
a través de un mensaje en su red social. Estamos ante oligarcas triopes,
marcados por la triada oscura de la personalidad, con rasgos
de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía. Es un claro
síntoma de que pasan al ataque, a defender su proyecto de futuro, de dominación
desde el trono del poder que otorga el dinero.
La cuarta revolución industrial, la
tecnológica, la de la inteligencia artificial (IA), la nanotecnología y la
gestión de la Big Data, está rompiendo el tablero. Se trata de establecer un
nuevo orden en un contexto diferente donde esas tecnologías son determinantes
y, por tanto, quien las domine dominará el mundo. Lo que pone en peligro la
democracia en aras de una plutocracia o gobierno de los ricos, si ellos son, al
final, los dominadores de ella y escapan a la ley y norma del marco ideológico
vigente. Por tanto, necesitan cambiarlo para ejercer el dominio desde el nuevo
orden mundial.
Es difícil mantener un equilibrio
entre desarrollo tecnológico y social cuando el interés se centra más en el
dominio de la tecnología que en el desarrollo del ser humano desde una visión
humanista y solidaria. Se están dinamitando los valores esenciales de la
convivencia, se rompen mediante el insulto y la descalificación, cuando el
sectarismo coloniza las mentes y las arrastra a la alienación defendiendo
principios y valores inhumanos, con el claro interés de deconstruir el sistema
para conformar otro alternativo, donde aflore la idea de un feudalismo
tecnocrático para sustituir la democracia por una plutocracia basada en la
sumisión de sus súbditos abducidos por la simpleza del pensamiento único.
Estamos perdiendo el norte
Estamos perdiendo el norte de la
esencia humana, si es que alguna vez lo hemos tenido. Los modelos educativos
han creado los perfiles ciudadanos que interesaban al poder desde siempre.
Ahora podría ser diferente, dado el influjo de las redes y los medios en una
sociedad que se presume la mejor preparada de la historia en cuanto a
conocimiento y recursos. Pero seguimos forjando personas acríticas cuyo
pensamiento obvia su propio interés en el autodesarrollo para proyectarse en
bendiciones a los megalómanos proyectos de otros, que se llenan los bolsillos
en contra del propio votante. Decía Honoré Balzac que «detrás de toda gran
fortuna existe un crimen». Lope de Vega, tres siglos antes, viene a decir casi
lo mismo: «Que la sombra de un hombre poderoso, /claro en linaje, mil delitos
cubre».
Mas no digo esto como mera
acusación ante el enriquecimiento exacerbado, sino como invitación a la
reflexión sobre el tema. El rápido enriquecimiento tiene hoy variados métodos y
formas que ofrecen los mercados, cada vez más ausente de moral y de ética, si
es que alguna vez la tuvieron, dentro de una filosofía neoliberal que nos vende
libertad cuando habla de darwinismo social, de depredación y estrategias
mafiosas de grupos de poder. La explotación de los propios seres humanos
incluyendo la infantil, la ingeniería financiera, las bolsas, el surgir de los
nuevas valores económicos como las criptomonedas que nos ubican en otra
dimensión, son un campo de cultivo de esa riqueza que se consigue más acorde
con la especulación que con la producción.
Los oligarcas surgen como setas al
amparo de esos grupos que cobran poder para reafirmar la tendencia hacia la
plutocracia. El Estado les sobra o, en todo caso, se ha de plegar a sus
designios para que sea su servidor y no su controlador. Cualquier idea de
igualdad, justicia social o impuestos como forma de redistribución de la
riqueza o discriminación positiva es considerada atentatoria para sus intereses
y, por tanto, denostada y censurada. Todos los males se le adjudican,
despectivamente, a la llamada ideología woke, asimilada al progresismo por los
defensores de la otra ideología, la MAGA, que entiende el progreso como la
riqueza material.
El cambio del proceso educativo
Por tanto, les es imprescindible
conseguir, no solo dominar el poder, sino cambiar el sistema educativo,
desvestirlo de valores filosóficos clásicos, del espíritu crítico, de la
intencionalidad de enseñar a pensar, a razonar objetivamente mediante un vasto
conocimiento que garantice la excelencia del pensamiento racional, para
llevarlo a la simpleza del pensamiento lineal superficial basado en consignas y
frases de puro marketing, de eslóganes sencillos y contundentes con un mensaje
vacuo, de una simpleza insultante.
Las redes sociales son el
instrumento esencial para ese fin. En ellas se otorga el mismo valor a un
idiota que a un científico y se manipula, a conveniencia, cualquier relato
mediante posverdades, bulos y falsas noticias. Lo verdaderamente peligroso es
que cada vez se accede antes a los instrumentos que soporta esas redes. Es normal
ver a niños colgados de un móvil y a jóvenes sometidos a influencer. El
contexto educacional ya se ha alterado, las redes están arrebatando a las
escuelas el protagonismo en el proceso educativo y su oferta de conocimiento
elaborado, aunque fuera falsario, permite no esforzarse en sacar conclusiones,
ya te las dan hechas, ofreciendo un amplio abanico de materias y productos de
distracción que apresan al joven en la trampa.
Tal vez por eso exista tanto cabreo
cuando aparece la idea de controlar el acceso a las redes de jóvenes menores de
16 años. Son ellos los verdaderos objetivos de esta tendencia para lograr el
cambio a medio plazo. Son permeables, adultos votantes del futuro y campo de
cultivo para crear perfiles de sujetos egoístas, abducidos y sumisos al nuevo
orden. El necio dependiente es de especial interés como súbdito de su graciosa
plutocracia.
En defensa del valor democrático
En este entorno de hostilidad y
tiempos oscuros, renunciamos al derecho de ejercer el valor democrático, a la
pacífica convivencia, a la concordia, y nos dejamos arrastrar por el odio y la
confrontación irracional entre la ciudadanía al otorgarle el poder a gente de
turbios programas, carentes de respeto, tolerancia, empatía y demás valores de
convivencia para la paz y el encuentro entre los pueblos y la gente que puebla
el planeta. Somos gente pacífica, que solo pretende una vida sana y feliz, de
trabajo y desarrollo personal, sin presiones agobiantes que nos lleven a esta
locura que nos están creando con sospechosos intereses que se adivinan
perversos entre las tinieblas de la noche que nos ha tocado vivir. ¿Seguiremos
comiendo las migajas que caen de la mesa del señor?

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