miércoles, 2 de abril de 2025

Cuartetos de la esperanza

 

Fotopoema

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 Las nubes en el cielo se diluyen,

el viento las arrastra en un intento

de limpiar con su fuerza el firmamento

y ellas, sumisas, a los vientos huyen.

 

Un azul vigoroso te deslumbra

y aviva los colores de la mar

que invita por sus aguas a bogar

orientado por el sol que te alumbra.

 

Todo pasa, y en primavera la brisa

del barco volverá a inflarnos las velas 

para andar por la vida que tú anhelas

hasta el puerto en que anide tu sonrisa.

 

Tú no llores por sentirte recluido

pues el virus que muestra su maldad

no podrá despojar de libertad

a un pueblo que al cantar se siente unido.

 

© Antonio Porras Cabrera

Málaga, 21 marzo de 2020

(7º día de encierro)

 

 

 

lunes, 31 de marzo de 2025

11º día de encierro (25-marzo-2020)



En estos días, tras cinco años, estoy recordando aquel pretérito imperfecto que nos tocó vivir con la pandemia, que nos obligó a incomunicarnos y experimentar la soledad compartida con la familia nuclear. A mí me dio por escribir, sobre todo poesía, como forma de evadirme de aquella realidad amenazante, y expresar sobre una foto muchos de mis poemas a los que llamé fotopoemas, pues los versos iban apoyados por la imagen que también mandaba un mensaje complementario al sentido del propio poema. Este fue escrito el 25/03/2020 al cumplirse 11 días del encierro.

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Sigo pensando que en este encierro

lleno de pena y de sufrimiento

lo que me salva son tus recuerdos.

La remembranza de lo vivido

va mitigando mi enclaustramiento,

he ahí la clave de mi esperanza

que me permite seguir viviendo.

Son ilusiones para el mañana,

y en mi retiro sigo soñando,

desde mi casa, con el encuentro

entre tus brazos y con tus besos

que en la distancia solo son sueños.

© Antonio Porras Cabrera

Málaga. 25 de marzo de 2020

(11º día de encierro)

 

 

 

sábado, 29 de marzo de 2025

Lo de Rusia se veía venir

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el 29 MAR 2025 7:01

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/03/29/rusia-veia-venir-putin-115810978.html


 Vladimir Putin, presidente de Rusia / -/Kremlin/dpa

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En agosto de 2017 viajamos en ruta turística a Rusia, visitando Moscú y San Petersburgo. Indudablemente fue un viaje maravilloso, donde descubrimos la singularidad y el colorido de un exótico país cargado de historia peculiar. El imperio zarista se fraguó bajo el sometimiento del pueblo a una estructura feudal que se mantuvo hasta más allá de la mitad del siglo XIX, cuando el zar Alejandro II inició reformas sustanciales en la educación, el gobierno, la judicatura y el ejército. En 1861 proclamó la emancipación de casi 20 millones de siervos, si bien se mantuvo la servidumbre de forma solapada en campos y aldeas.

La sociedad rusa mostraba dos clases bien diferenciadas, la nobleza y sus adláteres, rica y opulenta, dominando los resortes del imperio, y los siervos o pueblo llano, la plebe, que vivía en extrema pobreza, en hábitats insalubres y sus dosis de vodka. Sorprende observar los inmensos palacios, con su opulencia y magnificencia, que nos ofrece San Petersburgo, más de 260, mientras el pueblo vivía en sus isbas o casas típicas de campo hechas con madera. Dos extremos de una línea que acabó por romperse con la revolución de 1917 y la irrupción del comunismo.

Lo curioso es que lo que prometía ser la liberación del pueblo, acabó sometiéndolo a un nuevo zarismo de la mano de Stalin y su paranoia, una dictadura cruel dueña de bienes y voluntades según criterio del sanguinario dictador. El pueblo, secularmente obediente cuando no aterrado, y sumiso con el zar, siguió siéndolo con el nuevo poder, atrapado en una farsa nada democrática, donde el Partido y sus prebostes eran los amos dada la deriva que había tomado la ideología comunista, otrora prometedora de un futuro de progreso comunal. El Estado, en nombre del pueblo, centralizaba el dominio y propiedad de todos los medios y resortes de la industria, agricultura, bienes y servicios que empleaban a ese pueblo en su labor. Esta concentración del poder en el Partido sometió a la ciudadanía haciéndolos súbditos y no soberanos, como debería haber sido siguiendo los ideales del Marxismo. La mano de hierro de Stalin y, después, de los otros secretarios generales del Partido, fue determinante, hasta que colapsó el sistema a caballo de la corrupción, las grandes deudas y la disminución de las reservas de oro, entre los años 1989-92. En estas circunstancias ejercía el poder Mijaíl Gorbachov, que aportó los términos glásnost (liberalización, apertura, transparencia) y perestroika (reconstrucción o intento de convertir a la Unión Soviética en una economía de mercado, mediante aperturas económicas y el estrechamiento de relaciones con Occidente), se hicieron muy populares. En noviembre de 1989 se produjo la simbólica caída del Muro de Berlín a la que contribuyó decisivamente la política exterior del gobierno de Gorbachov.

Con este breve relato, que no deja de ser una leve pincelada inconclusa de un proceso complejo de intereses políticos y económicos, solo pretendo ubicar y contextualizar el tema para mejor comprender el tránsito de la historia. La reconversión de la extinta Unión Soviética, en una democracia parlamentaria, parecía que acabaría con la confrontación entre oriente y occidente y ello nos satisfizo, pensando en la distensión y en la homogeneización política de los dos grandes bloques. El abrazo y hermanamiento abrió las puertas al entendimiento y al intercambio entre dos sociedades antes enfrentadas. Después vendría Boris Yeltsin, presidente de la RSFS (República Socialista Federativa Soviética) de Rusia, subido en un tanque en pleno Moscú para neutralizar el golpe de Estado involucionista intentado por altos funcionarios del PCUS, del Gobierno y la KGB en 1991. Yeltsin se comprometió a transformar la economía socialista de Rusia en una economía de libre mercado mediante el cambio económico, la liberalización de los precios y los programas de privatización. En este proceso una buena parte de la riqueza nacional, patrimonio del Estado, cayó en manos de un pequeño grupo de oligarcas bajo el paraguas del poder, que buceaba en un océano de corrupción.

Con la caída en desgracia de Boris Yeltsin emerge como presidente la figura de Vladímir Putin, que era entonces primer ministro. Yeltsin se marchó con gran impopularidad entre la población rusa, mientras Putin es elevado a los altares como salvador de Rusia.

La historia de Putin es sobradamente conocida, su trayectoria en la KGB y sus manejos para mantenerse en el poder, desde la frialdad y falta de escrúpulos adquiridos en la agencia rusa, le han hecho solvente en el ejercicio de la tiranía presidencial que ejerce. El manejo y control de los medios de comunicación y la abducción que provoca en gran parte del pueblo ruso son bastante claros, donde demuestra su habilidad. Rompe con el pasado, eleva al poder a la clase religiosa otorgándoles prebendas, reconstruye la impresionante catedral de Cristo Salvador (Redentor) de Moscú, que había sido derruida en 1931 para dar lugar a la construcción del Palacio de los Sóviets y firma una alianza tácita con el clero ortodoxo para mutuo beneficio. Con este hábil proceder y con su discurso de recuperación del poderío imperial ruso, se gana al pueblo tradicionalmente religioso y, ahora, llevado por la ley del péndulo.

No describiré el viaje, que fue espectacular en todos los sentidos, tanto en una como otra ciudad y sus aledaños, o la visita al monasterio de la Trinidad de San Sergio. Pero resalto la amabilidad y exquisito trato del pueblo ruso para con los visitantes. Pero, dentro de mi preocupación por conocer el ambiente y la opinión de este respecto a occidente, sí que mantuve conversaciones interesantes, básicamente con la guía, sobre el asunto, contrastando opiniones respecto al tema, dado lo ocurrido el año 2014 con la invasión de Crimea y la guerra del Dombás.

También hablamos de la transición política de la URSS hacia la democracia y cómo se desarrolló y la vivió el ciudadano ruso. Una de ellas prefirió no hablar del tema pero su colega se explayó.

Para ella, y otros muchos ciudadanos, comentó que la perestroika de Gorbachov fue una traición al pueblo ruso desmantelando el patrimonio del Estado en beneficio de los grupos de oligarcas afines al poder. Pensaba que se entregó a occidente, renunciando a la esencia rusa en beneficio de sus enemigos en la guerra fría. Pero que, al menos, abrió las puertas a la democracia creando unas expectativas que luego no se cumplieron.

De Boris Yeltsin decía pestes. Si bien al principio pareció una promesa, pronto se vio que era un borracho que había hecho mucho mal a Rusia dando una imagen terrible. Era una vergüenza denigrante, según ella, con aquella exhibición, bajo los efectos del alcohol, tocando el trasero a la secretaria, o sus risotadas con Bill Clinton en la conferencia de prensa en Nueva York, en octubre de 1995, en la que parecía estar ebrio.

La joven se declaró admiradora de Putin, porque este había traído un nuevo liderazgo a Rusia, con su seriedad y prestigio. Había unido al pueblo y lo dirigía con mano firme. A mí me recordó la sumisión al nuevo Zar. El discurso de Putin mostraba el peligro de la expansión de la OTAN, que pretendía colocar en Ucrania sus misiles apuntando a Rusia y eso no se podía permitir, aunque fuera necesario ir a la guerra.

Entonces comprendí que ya se estaba creando en Rusia un estado de opinión afín al conflicto que se andaba vislumbrando y que se había iniciado en 2014 con la ocupación de Crimea y parte del Dombás por las fuerzas de la federación rusa.

He de reconocer que me preocupé y tuve miedo al valorar aquella posibilidad que ponía sobre la mesa la guía rusa, mientras en relajada amistad pasábamos la botella de vodka por el grupo para llenar el vaso, el «stopka» o chupito ruso, que nos proporcionaba una adecuada dosis, en aquel lago de los cisnes junto al Monasterio de Novodevitchiy, en una cálida noche del Moscú en pleno estío. Aquella joven albergaba en su interior la idea de Putin, borrar la imagen de la Rusia de Boris Yeltsin y llevarla al perdido imperio zarista en una nueva era. El caldo de cultivo de la guerra estaba fermentando. El pueblo ruso, una vez más, se disponía a dar su sangre por el zar. En esas estamos… ¿hasta dónde llegaremos? Creo que Putin, curtido en el KGB, es un viejo zorro que le da sopas con honda a un infantiloide Trump, que vive en su mundo y no da la talla como estadista.



 

viernes, 28 de marzo de 2025

La libertad de los pájaros

 


Hace 5 años, al cumplirse los 12 días del encierro por la COVID19, escribí este poema que hoy comparto con vosotros, lo monté sobre un amanecer captado desde mi terraza. Está escrito en verso alejandrino, o sea de 14 sílabas, con dos hemistiquios de siete sílabas y cesura o pausa medial. La rima es libre o blanca. Expresa mi sentir en el encierro al contemplar la vida de la calle desde mi ventana. Le llamé fotopoema porque conjuga el verso y la imagen.

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Desde mis ventanales hoy vi la libertad.

Los pájaros volaban jugando entre los cielos

con un fondo de rojo, de rojo terciopelo,

en una amanecida cargada de silencio.

 

Los pájaros son libres y yo sigo aquí preso

burlando al enemigo, sufriendo este destierro,

encerrado en la casa viviendo prisionero

del miedo y de la angustia que siento en mis adentros,

pero escapó mi mente buscando el firmamento

para volar con ellos en plena libertad

rompiendo así mi encierro para buscar consuelo.

 

Los pájaros no entienden de ciencia ni de cuentos

de virus que nos matan, de miedo y desespero,

los pájaros son libres cuando dejan el suelo

y surcan por los mares, las montañas y cielos,

como surca la brisa con caricias y versos,

danzando las bandadas en caprichosos vuelos.

 

Yo quisiera ser libre para volar con ellos

para bañar mi cuerpo de rojo terciopelo.

¡Quién fuera pajarillo para habitar el cielo!

 

© Antonio Porras Cabrera

Málaga, 25 de marzo de 2020

(12º día de encierro)

jueves, 27 de marzo de 2025

El bosque de Sierra Bermeja

 

(In memoriam del bosque quemado en Sierra Bermeja)

Nacimiento del Genal. Igualeja.


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El bosque en esencia conserva la vida

y gesta en su vientre la fauna y la flora

haciendo del monte tierra prometida.

 

Es ópera prima de la ecología

donde el ave anida, donde canta al alba

melodiosos trinos de celos y amores

que siembran romances con su sinfonía,

con su melodía de arrullo y cortejo

en gestos sublimes de amor y deseo.

  

Me encanta el follaje cuando en primavera

con mimo y caricia con la brisa juega,

y viste a las ramas, a la par que danza,

con sus suaves tonos de verde esperanza.

 

El follaje tiene el valor inmenso

de las sensaciones de amores y besos,

de sensibles almas que destilan versos

buscando aventuras donde el sentimiento

dé vida a la vida para no estar muerto.

 

Mas si el bosque arde con fuego de infierno

todos nos quemamos en nuestros adentros

porque somos hijos de ese bosque muerto.

 

© Antonio Porras Cabrera

Otoño 2021

 

martes, 25 de marzo de 2025

Yo nací llorando

 


En el 74 aniversario de mi nacimiento
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Yo nací, como todos nacen,

con llanto en mis ojos, llorando,

al ver, sin saberlo,

aquel mundo de dolor y espanto,

en un gélido invierno

de una noche cubierta de un oscuro manto.

 

La guerra dejaba sus huellas

y el llanto del pueblo que fue derrotado

gritaba su furia sobre los tejados.

Del cielo brotaban lágrimas de agua

que bañan las calles de miedo,

de recelo y pasmo.

 

El helor del frío

clavaba su espada en mi frágil piel

helándome el alma en aquella España

de heridas sangrantes de claveles rojos

de espinas de guerra

que cantó Machado.

 

Ese llanto y frío, ese miedo y pasmo

solo lo calmaron el calor de madre

en sus dulces brazos

junto a aquellos pechos

que me amamantaron de amor y esperanza

en un futuro incierto que evade el pasado.

 

© Antonio Porras Cabrera

Málaga, 4 de febrero de 2025


          

sábado, 22 de marzo de 2025

La trágica primavera de 2020


Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el 22 MAR 2025 7:00

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2025/03/22/tragica-primavera-115564058.html

Éramos todo un país, por no decir un mundo, encarcelado y sometido al miedo de la contaminación del virus mortífero


El enemigo imperceptible atacaba amparado por la invisibilidad que le hacía indetectable / l.o.

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En estos días debería escribir sobre el drama humano que estamos viviendo, donde la guerra y destrucción persisten de la mano de dirigentes inhumanos e indiferentes al dolor y al sufrir de los pueblos y su gente, lo que no deja de ser un mal augurio de cara a nuestro futuro y el de nuestros hijos. La llegada al poder de gobernantes sin escrúpulos, que entiende la existencia como una competición económica o militar, caiga quien caiga, sin reparar en la vida y felicidad de los semejantes si con ello consiguen sus degradados objetivos imperialistas y los beneficios de un mercado neoliberal para su grupo, es terriblemente preocupante.

Pero hoy, dado que es mucha la tinta que corre y las imágenes que nos ofrecen tratando el tema, tras empezar aludiendo a esta desgarradora situación donde seres humanos siguen siendo masacrados abominablemente en Gaza, Ucrania y un sinfín de lugares en todo el mundo, quiero centrarme en unos hechos que, hace cinco años, nos hicieron vivir una trágica primavera encerrados en casa, como presos, con la esperanza de salir vivos de la prisión que nos recluía. Esperemos que se haya aprendido la lección, aunque lo dudo, y que ante otra pandemia sepamos reaccionar con eficacia y eficiencia para neutralizarla.

El encierro del 14 de marzo

Éramos todo un país, por no decir un mundo, encarcelado y sometido al miedo de la contaminación del virus mortífero que hacía estragos entre la población, sobre todo entre los mayores. Fue traumatizante ver cómo la muerte acometía al paciente solitario, “apestado” y desprovisto del afecto y el cariño de la familia, emocionalmente indefenso, cuando no en situación de abandono, lo que genera un terrible pánico. Y aunque yo escribí en aquellos tiempos la frase: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! Debería decirse: ¡qué solos murieron los vivos!

El enemigo imperceptible atacaba amparado por la invisibilidad que le hacía indetectable. Nuestro ejército era el sistema sanitario, los profesionales que, en actos heroicos, se enfrentaban al atacante poniendo en riesgo su vida, casi sin armas defensivas donde ampararse. Mientras, sujetos sin escrúpulos llenaban sus bolsillos con pingües beneficios a través de las comisiones y mordidas sacadas al erario público con el beneplácito de ciertos gobernantes y gobernantas. El miedo cundía entre la gente, a la vez que su firme propósito de enfrentar la situación hasta vencerla. Los cánticos de “Resistiré” sonaban en las ventanas y balcones junto a los aplausos a los sanitarios y demás ciudadanos que, con su valor, seguían al pie del cañón para devolvernos la salud y/o garantizar la cobertura de nuestras necesidades básicas para subsistir.

Mientras, la primavera de aquél marzo de 2020, eclosionaba indiferente a todo lo que sucedía. La savia volvía a fluir por las ramas de los árboles cubriéndolas de brotes y promesas, anunciando la flor y el fruto. Como siempre el ciclo de la vida seguía imperturbable, salvo la incidencia de aquel maldito virus que atacaba a los seres humanos.

A causa del encierro se palió los efectos de la mano del hombre en la naturaleza. Desde la ventana se observaba el aire más limpio, descontaminado, un cielo azul más claro transitado por nubes de forma caprichosa, calles silenciosas sin autos ni gente. Solo daban testimonio de vida las aves con su vuelo, las gaviotas y palomas que seguían su rutina de siempre y el viento que mecía el árbol en la acera mostrando su verdor primaveral. De no ser por la terrible causa que producía aquel ambiente, la percepción tenía su encanto.

Qué hacer en casa con nuestro tiempo

Pero aquella primavera, tan negra para nosotros, nos sometió a un terrible reto, nos regaló tiempo sobrado para pensar, nos cambió los hábitos y costumbres personales y familiares, así como las conductas elementales, separándonos de los amigos y la familia. Para mantener el contacto, convinimos con los amigos que todos los días, a las 13:30 horas, asomados al balcón, brindaríamos, con una copa de vino y un piscolabis, por la amistad y la salud, cuando no por teléfono, interesándonos por cómo estaba cada cual.

En aquel contexto, y dado que nos sobraba el tiempo, fuimos obligados a aprender a gestionarlo a la vez que convivir con la familia todo el día. Es difícil conseguir que la vitalidad de un niño se ajuste al encierro, pero hubo que hacerlo, lo que no siempre fue fácil, creándose tensiones familiares en muchos casos.

En mi caso, aunque inicialmente lo usé para ordenar la biblioteca, escribir algunos poemas o texto en mi blog, leer algunos libros o poner al día asuntos atrasados, un amigo, Antonio García Velasco que en paz descanse, nos propuso un interesante proyecto. Consistía en escribir una novela entre cinco conocidos, a cinco manos. La propuesta era original, dado que nunca se había llevado a efecto un ejercicio semejante. Era una forma de mantenernos ocupados, dar rienda suelta a nuestra creatividad y seguir el contacto desde la distancia. Un reto literario la mar de interesante que concluyó en la publicación de la novela ESTUPOR.5, cuyo subtítulo es: Aires de locura, misterio, pasiones... y que nos editó Ediciones ALGORFA. Aquella era nuestra primavera intelectual, dentro de la negra primavera de la COVIP19. Fue la eclosión de creatividad que surgía de nuestro condicionado espíritu literario.

Cómo acometer el proyecto de novela

Las bases de la articulación entre los cinco fueron claras: La novela la iniciaría uno de nosotros ―en este caso Antonio, que fue su impulsor― con una breve narración inicial de una historia abierta, plasmada en unos párrafos, para pasar el relevo al siguiente coautor, y así hasta que todos los coautores aportaran su parte cerrando el ciclo, al que llamamos tranco. La espiral siguió dando vueltas hasta concluir la obra llegando a 13 trancos. Al final de la misma introdujimos un texto personal relatando la percepción singular de cada uno de nosotros durante el experimento.

Pero volviendo a la esencia del caso, cada coautor era libre de conducir la trama por los senderos que estimara oportunos, sin consultar con nadie, dado que no había escaleta estructural de la trama, siempre que su narración fuera coherente con lo ya escrito. Podía crear personajes y escenarios, fijar relaciones y argumentos, o escribir sin límite de espacio, salvo lo prudencial, ya que éramos cinco autores, además diferentes en la técnica y en las formas de expresión. En un principio al leer el texto se veía quién era el autor de cada tramo en razón a cada estilo y argumentación, pero con el tiempo fuimos homogeneizando la forma de expresión y nos costaba identificar al escritor. Durante el experimento cada uno nos convertimos en autor y lector a la vez, pues al recibir el texto elaborado por el compañero anterior, debíamos leerlo atentamente y meditar sobre cómo continuar la narración para darle cuerpo lógico al texto. Esperabas con cierta ansiedad la recepción del texto para ver por qué caminos habían reconducido los compañeros precedentes la trama que dejaste la última vez. Podías encontrarte que tal o cual personaje había muerto violentamente, o la aparición en escena de otro que condicionaba la historia que tenías pensada en tu fuero interno. Tras continuar al relato de “tu puño y letra”, los remitías al siguiente por email, esperando que retornara a ti pasado un prudencial tiempo, para seguir la historia.

Fue curioso cómo, a pesar de las dudas iniciales, resultó una novela de una sorprendente coherencia argumental, con una compleja trama que conjugaba crimen, política, pasión, amor y odio, mafia y corrupción, psicología y el formalismo de una sociedad hipócrita digna de ser psicoanalizada. Una novela que ninguno de los cinco podría haber escrito por sí mismo, pues su resultado fue la conjunción del espíritu creativo de cinco autores y amigos, que acabó acercándonos aún más al compartir esa maravillosa experiencia.

Con este recuerdo, que plasmo en este texto, quiero homenajear a mis otros cuatro compañeros, especialmente a Antonio García Velasco y Carlos Guillermo Navarro, que nos dejaron un poso de dolor con su fallecimiento el año 2023, así como a los otros amigos y compañeros de autoría José Olivero Palomeque y Juan Pérez Pozo. Con todos ellos tuve el honor y el placer de dar a luz esta interesante y trepidante novela que merece ser leída, dado el resultado obtenido y la forma y circunstancias en que fue escrita en un entorno de enclaustramiento, cercados por el agresivo virus de la COVID19, lo que pudo influir sobre el resultado final. Hasta en los momentos más difíciles nuestro espíritu ha de buscar como sobreponerse para seguir viviendo y desarrollando la inteligencia.



Cuartetos de la esperanza

  Fotopoema ============================   Las nubes en el cielo se diluyen, el viento las arrastra en un intento de limpiar con su fu...