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| Poder y sumisión |
A tenor del video que colgué
anteriormente, he desarrollado esta reflexión que comparto con vosotros. Me
parece que es adecuada, considerando que estamos inmersos en una lucha por el
poder de gestión de los recursos, donde el capital intenta escapar al control
del Estado, incluso, ponerlo a su servicio en contra de los intereses de la
ciudadanía en general. Aunque es un contenido largo y denso he preferido dejarlo en una sola entrada para mantener la consistencia y evitar la dispersión.
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En cierto sentido, aunque
uno esté jubilado, añora algunas actividades docentes que realizaba en tiempos
pretéritos. Y ahora, desde la perspectiva que da la madurez, se pueden usar
determinados conceptos emanantes del tema para buscar una aplicación más real a
la vida cotidiana.
Tenía uno en una de mis
asignaturas que trataba sobre el poder, el conflicto y negociación, todo ello
entendido dentro de una organización empresarial o laboral. Ahora, que paso de
esas apreciaciones y mi situación me ha llevado a mirar la vida desde la
prevalencia del ser humano en un entorno social amplio, que sobrepasa la
organización empresarial, me lleva a otras reflexiones más propias para
compartir con mis amigos y seguidores del blog.
No obstante, como decía,
tomo de mis temas docentes algunos conceptos como son los siguientes:
¿Qué es
el poder? Podemos decir que existe una relación de poder cuando las
acciones de un sujeto están determinadas por la influencia de otro u otros; o
sea, que, siguiendo a Pruit (1981), concluimos que el poder es “la capacidad de
influir sobre otra persona”.
¿En
qué se basa el poder? Lawles (1979) distingue tres bases en la
relación de poder: Los recursos, la
dependencia y las alternativas. Es decir, si necesito un recurso que no
poseo, del cual soy dependiente, estaré en manos de quien lo posea y me lo
ofrezca en función del peso de dicha necesidad y de las alternativas que tenga para
poder conseguirlo. Si necesito pan y solo lo puedo conseguir en la tienda de
fulano, ese fulano tendrá mucho poder sobre mí, pero si tengo alguna alternativa
para conseguirlo ya podría valorar en cuál de las panaderías me es más
provechoso su adquisición. Es más, el colectivo de clientes podría tener un
gran poder sobre él si se organiza y le boicotea la compra en su
establecimiento. En resumen, yo tengo necesidad de su pan y él tiene necesidad
de los clientes para subsistir.
Eso llevado al mercado
amplio nos da un ejemplo en la gestión del mercado libre, donde la astucia,
especulación y alianzas pueden organizar monopolios donde quede atrapado el
cliente. Por tanto, si poseo un recurso, le creo necesidad al cliente y
controlo las alternativas al mismo, tendré un inmenso poder sobre el
consumidor… petróleo, energía, alimentación, transporte… salvo que haya un
Estado que legisle en defensa del ciudadano y controle y neutraliza los
desafueros que se puedan cometer. Bajo mi punto de vista, en este sistema de
mercado, el Estado está para eso, para vigilar y controlar que los mercaderes
no abusen y dominen ese mercado con sus estrategias y para que todo fluya
buscando el bien del conjunto de la ciudadanía.
¿Cuáles
son las fuentes del poder? Entendiendo ello por dónde y cómo se
justifica el poder de un sujeto o grupo sobre otro u otros. French y Raven establecen cinco tipos
distintos de poder:
1. Poder
de recompensa: Cuando alguien tiene la capacidad de
proporcionar elementos valiosos al sujeto que realiza las conductas demandadas.
En su simpleza mayor sería: “Niño si haces esto te daré un caramelo”. Estos nos
debe sonar pues es una forma de influir desde el poder muy extendida.
2.
Poder
coercitivo: Es la percepción que tiene el destinatario sobre
la capacidad del portador de poder para distribuir castigos. Entiéndase que
hablo de percepción, que no tiene por qué ser real, sino que uno interprete que
tiene ese poder. Es importante, porque si uno modifica la percepción y desviste
de ese poder al sujeto, acaba desmontando el sistema de relación.
3.
Poder
de experto: Se refiere al reconocimiento de la
superioridad del agente de poder en cuento a conocimientos, habilidades, etc.
sobre la materia en cuestión. Aquí cabe el catedrático, el maestro, el padre,
el mayor y hasta el cura. Asuntos médicos del médico, matemáticas del
matemático, la religión del cura, etc. que son los que más saben sobre esa
materia.
4. Poder
referente: Cuando el portador del poder posee para él otro
valores, características o rasgos personales atractivos y valiosos. Sería como
el modelo a seguir.
5.
Poder
legítimo: El destinatario entiende que el agente de poder está
investido legítimamente del mismo, siendo obligación acatarlo. Un ministro, el
juez, el padre, el maestro, el cura, etc.
6.
Incluyo yo, con permiso de French y Raven,
otro tipo de poder de las organizaciones sociales, como es el Poder democrático, que es un poder
legítimo pero con la salvedad de estar otorgado por el verdadero dueño del
poder, los miembros de esa comunidad, en función de un acuerdo programático,
por lo que es un poder temporal y delegado.
En mi reflexión me querría
parar en el primer planteamiento sobre la base del poder. Es decir, recursos, dependencia y alternativas.
El poder en el mundo, desde que es mundo, se ha basado en el control de los
recursos, de los bienes y, para ello, se ha recurrido a las diversas formas de
poder: recompensa, coercitivo, experto, referente, legítimo y, en nuestra era,
democrático. Lo importante era controlar los recursos y los medios de
producción y en ello andan.
Y si hablamos de
recursos… ¿para qué sirve un Estado? Un
Estado no tiene sentido si no está para garantizar que cada uno de los
ciudadanos tenga cubiertas sus necesidades básicas, su alimentación, cobijo,
abrigo, educación y salud, amén de otra cosas de orden superior. Eso lo
reconocen las constituciones modernas, pero, en general, se las pasan por el
forro al aprobar las leyes que las desarrollen.
El poder, por tanto, está en
el control del recurso. Se tendrá más poder si ese recurso es imprescindible
para la supervivencia. Dado que el instinto principal del ser humano, o sea, el
objetivo primordial, es la supervivencia de la
especie a través del protagonismo personal de cada individuo, este se ve
obligado a priorizar aquellos elementos que necesita para ello. Maslow, en su
pirámide de necesidades (ver aquí), que
tiene mucha vigencia a pesar de sus más de sesenta años, lo deja bien claro. Lo
primero es nutrirse, es decir, respirar, hidratarse, comer y dormir, junto a
las excreciones (orinar y defecar), luego afloran las demás tal como se observa
en la pirámide.
Pero vayamos a desmenuzar un
poco este asunto de la pirámide:
En primer lugar, en la base,
aparecen las necesidades llamadas fisiológicas, que serían: respiración,
alimentación, descanso, sexo, homeostasis.
En segundo lugar las de
Seguridad, que corresponderían a: seguridad física, de empleo, de recursos,
moral, familiar, de salud, de propiedad privada.
En tercer lugar las de
Filiación, que incluyen: amistad, afecto, intimidad sexual…
En cuarto lugar las de
Reconocimiento, que integran: autorreconocimiento, confianza, respeto, éxito.
Y finalmente la
Autorrealización, donde aparece: la moralidad, creatividad, espontaneidad,
falta de prejuicios, aceptación de hechos y resolución de problemas… Es decir
la maduración del ser humano con el desarrollo máximo de sus potencialidades.
Bueno, pues este es el
proyecto de ser humano que llevamos dentro: “Desarrollar nuestras
potencialidades”, si nos dejan, claro. ¿Y por qué no nos dejan? No nos dejan
por una cuestión cultural, de funcionamiento del sistema, donde el poder lo
ostentan unos pocos desde siempre y los otros se dedican a producir bienes de
consumo que inundan el mercado en beneficio de los poderosos que son los dueños
de los recursos. O lo que es lo mismo, hay un grupo que anda por el vértice
superior de la pirámide viviendo su “realización” personal (entre comillas),
mientras en la base y primeros escalones andan atrapados los menesterosos, los
pobres, sin recursos y que han de someterse a quien los tiene para conseguir
subsistir. Eso ha pasado siempre y sigue pasando, porque hay miopes, egoístas,
codiciosos y avaros, que entiende su mayor beneficio desde la pobreza de los
demás. En el fondo somos más o menos ricos en función de quienes nos rodean,
pero ese es otro tema de reflexión a tener en cuenta.
El gran beneficio social
está en conseguir ciudadanos competentes, creativos, con capacidad de enfrentarse
y resolver los problemas desde la implicación responsable, crear una sociedad
sana de gente realizada y contenta consigo misma, motivada y socialmente
solidaria. Ahí ganamos todos porque hay un mecanismo de sinergia que nos
enriquece como personas. Aquí entra en juego el Estado, la conveniencia de
tener un gobierno democrático, que procure el bien del colectivo y no de unos
cuantos para hacer a la sociedad más libre y humanamente rica, en humanismo,
desde la soberanía del ciudadano. Un Estado que controle el mercado y la
producción de bienes desde la conveniencia social y la sostenibilidad para
garantizar el progreso del SER en equilibrio con el entorno. Que neutralice esa
codicia mercantilista y haga que este se cometa a los intereses del colectivo
general, como ya he apuntado.
Pero eso no es lo que se
pretende. A la vista está. Es el mercado el que esta adueñándose de los
recursos, que se traducen en finanzas en un último sentido, y al controlar los
recursos someten al pueblo y al propio Estado, como se está viendo. Estados de
rodillas ante la banca mundial enfrentados a sus pueblos, con una jodida prima
de riesgo por en medio. El juego se ha impuesto a la razón y, perdida la razón,
vienen los miedos, el terror a quedar marginado por ese poder que se antoja
cada vez más inhumano, cruel e insensible, pues no son personas razonables y de
moral límpida las que lo ostentan, sino organizaciones macroeconómicas
dirigidas, entre bastidores, por mafias poderosas.
Por tanto, si el Estado no
controla los recursos básicos como alimentación, vivienda, educación, sanidad,
empleo, etc. y los deja en manos de grupos privados de poder con intereses de
mercado ajenos al colectivo social, acabaremos a los pies de esas
organizaciones que nos van apretando el lazo en la garganta hasta hacernos
rendir por la miseria y situarnos en la base de la pirámide, donde por cuatro
ochavos andaremos entregándonos al trabajo para poder subsistir y no buscando
ese desarrollo de potencialidades de cada cual, como decía. En lugar de evolucionar
los países en vías de desarrollo acabaremos involucionando nosotros hacia su
situación actual. Pero el tema de la globalización es otro asunto de debate que
no cabe en esta entrada pero que promete interés para su desarrollo.
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| Pirámide Maslow |










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