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| ¿Es una vieja o una joven? |
Decía
Unamuno que entre tú y yo contamos seis personas… tú tal como eres, tú tal como
te ves y tú tal como yo te veo… y a la inversa, como yo soy, como me ves y como
me veo. Pero las cosas parecen ser porque uno las interpreta, o sea, como una
visión subjetiva de una realidad inconfirmable por esa propia subjetividad.
La
cuestión queda demostrada cuando nos presentan a alguien y hacemos una
hipótesis de cómo es el sujeto en cuestión, que se va modificando conforme
vamos tratándolo en mayor profundidad. Esto no ocurre solo con personas, sino
con parejas o grupos humanos de distintos niveles.
Pero
vayamos un poco más lejos. Un sujeto, cuando se nos muestra, considera, por lo
general, al auditorio y los intereses que le atan al mismo, de tal forma que
hay matices de conducta que solo se aprecian bajo una especial sensibilidad. La
conducta ante una chica o chico que nos guste nunca será la misma que la
mantenido ante un sujeto anodino de escaso interés personal, o bien cuando
quien nos escucha tiene la llave de una decisión que nos pueda beneficiar o
perjudicar. Son pocos, pues, yo diría que nadie, los que se escapan de esta
conducta interesada. En conclusión: Qué imagen queremos dar…
Pero
hay más, también influye el sujeto receptor, aquel que está escuchando y que se
formarán la opinión de como es tal o cual. La interpretación interesada, le
llamaremos, consiste en sacar y sustraer del mensaje del otro aquello que nos
interesa más o que nuestro estado de ánimo condiciona. No es lo mismo la
interpretación en un estado pesimista que optimista. Por tanto, ¿qué es lo que
yo quiero escuchar de lo que me están diciendo? O bien ¿cómo me gustaría que
fuera el sujeto que me habla y al que ando valorando? Deberíamos pensar que esas diferencias, que
son sutilezas, determinan variaciones importantes en la disposición del que
observa. El lunar del enamorado acaba convirtiéndose en verruga cuando
desaparece esa actitud de delirio amoroso, donde hasta el pedo tiene gracia. Y
aquí, también, en conclusión: Qué imagen necesitamos recibir…
Existe
otra variable que nos acaba despistando, como es el proceso evolutivo de cada
uno, por el cual lo que eras ayer no lo eres hoy. Eso implica un ejercicio
sistemático de adaptación y comprensión de los cambios y la capacidad de
adecuar el juicio sobre el otro al momento presente, considerando que hasta
nuestra propia capacidad de discernimiento y manera de razonar también sufre
variación.
O
sea, que siguiendo a Unamuno, lo que yo pensaba de ti hace un tiempo no es lo
que pienso ahora, y me pregunto: ¿Cuánto has cambiado tú? ¿Cuánto he cambiado
yo en mi forma de apreciar? Y a la vez ¿Cuánto he tenido que modificar mi
hipótesis primara por error de apreciación inicial?
Conozco
matrimonios que parecían ideales y al poco tiempo se fueron al traste. Casos de
empresas que parecían solventes y al poco tiempo se fueron a la quiebra,
personas que parecían tus amigos y al poco tiempo desaparecen, etc…. En el
fondo NADA ES LO QUE PARECE, por lo que la cautela a la hora de emitir juicios
debe ser exquisita, para evitar que sean falsarios, cuando no falaces o
mentirosos.
Por
tanto, si no nos conocemos a nosotros mismos, ya que como nos vemos no coincide
con como somos realmente, ¿por qué nos atrevemos a sentenciar como son los
demás? A veces son ensalzamos en resolver los problemas que se dan en casa
ajena, en un acto inútil de proyección de nuestros verdaderos problemas, cuando
en realidad no sabemos, ni somos capaces de, resolver los propios.
Recuerda: “Lo que los demás piensen de ti, no
dependen tanto de cómo tú eres, sino de cómo son ellos”.













