
El sistema neoliberal está descubriendo a su enemigo en el propio Estado. Empiezan a entender que los estados son rémoras o cargas al desarrollo económico de las multinacionales y de los poderes financieros. El dinero es el motor del mundo y, por ende, quien lo tiene es el dueño. Los gobiernos y los parlamentos, que son los que legislan, tienen que ser neutralizados o sometidos y hacer lo mejor para los intereses del capital.
Se enfrenta, pues, dos posiciones. Por un lado el gobierno democrático elegido por el pueblo y, en teoría, para el pueblo, propio de las democracias occidentales, cuya función es la equidad, la justicia social, el reparto adecuado del crecimiento, la vigilancia de los excesos, el respeto a los derechos humanos, potenciar el acuerdo, la negociación y el encuentro entre las partes… En suma, la gestión y administración del Estado y la convivencia en una sociedad donde el objetivo sea el bien común y no el de unos pocos solamente.
Por otro lado, el capital ha expandido sus tentáculos por todo el mundo. Se ha adueñado del dinero controlando la banca, la bolsa, las empresas, los medios de comunicación y, al abrigo de la libertad de expresión, los manipulan en su propio beneficio. Tiene el poder y la capacidad de controlar la gasolina que mueve el motor. Si quiere ahogar una economía solo tiene que cortar el grifo, ponerle pegas o subir el precio. Pero como para parecer justos hay que actuar según el contexto, crean contextos forzando las cosas, especulan contra países y, con sus sistemas de evaluación les ponen categorías a su solvencia, en función de parámetros que ellos mismos van provocando en mayor o menor medida. Es decir, que con su capacidad inversora y de reactivación económica, pueden poner de rodillas al gobierno que fuere de cualquier país de clase media. En todo caso, su objetivo final es hacer del Estado un cliente, que les vaya pasando el dinero del contribuyente, para prestar los servicios que las constituciones definen como derechos del ciudadano. Para ello tienen que poner en los gobiernos a los suyos, a los que comulgan con esos planteamientos, o conseguir que los otros se dobleguen…
Puede que sea un pesimista, que no entienda mucho de economía, que la visión del bosque no me deje ver los árboles; pero también creo que ellos miran sus árboles importándoles un bledo el bosque, que se cargarán el bosque siempre que crezcan sus árboles, sus empresas, y que sus árboles van creciendo hasta ocupar todos los terrenos que tiene el bosque. Eso es la globalización como la están concibiendo ellos. La gente les importa un pimiento y se hacen guerras sin valorar la muerte, pero sí el fruto económico de las mismas, gastando cuidado de controlar el flujo del voto de una engañifa democrática sostenida bajo principios del sistema neoliberal.
Pues esta guerra la estamos perdiendo. Ellos la iniciaron con la crisis financiera. Debieron valorar su poder y entendieron que al final, al crear la crisis se creaba una oportunidad para reafirma ese poder y consolidar las estructuras neoliberales, poniendo contra las cuerdas a los gobernantes y estableciendo un supraestado, que sometiera a los gobiernos, basado en las organizaciones económicas y empresariales. Ahora el FMI, las agencias evaluadoras, las organizaciones empresariales, tienen la llave de la inversión y la creación de empleo, pues son quienes controlan el flujo económico crediticio, y los gobiernos deben asumir la solución a la crisis que a ellos les interesa, la que les fortalece, y merma el poder de los propios gobiernos.
Hubo un momento en que el reto daba la oportunidad de cambiar las estructuras financieras hacia los intereses de los pueblos; de dar a los gobiernos más protagonismo en la solución de la crisis; de mostrar que la democracia existía de verdad y no era un instrumento al servicio del poder económico; de poner contra las cuerdas a la banca y el capital y realzar los aspectos más humanos de una estructura social anticrisis, que recondujera la situación hacia una mayor justicia social de componente universal, con principios y valores solidarios, de desarrollo sostenido, de sumisión de la empresa a los intereses de la comunidad y no de esta a aquella, de someterse al gobierno elegido por los pueblos y no al de los consejos de administración de las mutinacionales. Estaban tocados por lo que habían hecho y a la espera de ver cómo reaccionaban los gobiernos. Pero estos no tuvieron agallas y se sometieron al dictado del patrón. Entonces, ante el terror del crack, les ayudaron a neutralizar su propia crisis, volvieron a inyectarle dinero en los bolsillos y hacerlos solventes, sumiendo a la sociedad en otra crisis peor, evidenciando que el capital seguía siendo el motor depredador que había sido hasta ahora, pero ahora con más protagonismo y poder.
Se ha creado un nuevo caldo de cultivo donde el rico va lanzado a ser más rico y el pobre más pobre, donde el poder del dinero traspasa fronteras y se adueña de todo, sin importarle el valor humano. Dentro de poco tendremos una clase dominante de gente con acceso a todo y una inmensa clase media-baja que estará sometida a la producción y esclava de las empresas que cubran sus necesidades sanitarias, educacionales, de pensión y seguridad en general. El papel del Estado habrá sucumbido ante el poder succionador de las empresas que convierten los derechos en material vendible, en mercancía, con lo que dejan de ser derechos para ser objetos de venta.
Ellos se refortalecieron, rehicieron su bolsa y tras el esfuerzo de los gobiernos para afrontar la crisis, emitiendo deuda pública, los atraparon cuando fueron a pedir dinero a quienes habían protagonizado la propia crisis…. ¡Qué paradoja! Mordieron la mano que les dio de comer, en cuanto comieron.
Para colmo y a modo de escarmiento, especularon y viendo las dificultades griegas, se abalanzaron sobre ella como buitres a carroña y, a modo de escarmiento, la hicieron naufragar. Esto para que aprendan. Ahora apriétense los machos los demás, que si no se hace lo que se dice desde los organismos internacionales que protegen el sistema, el próximo en caer puede ser usted… ¿Me ha comprendido?
Y aquí andamos, acobardados, con la espada de Damocles sobre la cabeza, esperando, a ver si al final se imponen los criterios de la derecha para salir de la crisis y volver al buen camino, que es la elevación de los beneficios del señor capital y a esperar que caiga algo de su mesa abundante para poder recogerlo. No se preocupen del resto del mundo, salven su culo que es lo importante… al fin y al cabo nuestro Estado es lo nuestro y los demás que arreen. Las sirenas de la derecha nos cantan las bondades del sistema y las políticas a seguir para salir de la crisis, los poderes económicos le avalan y al final, ante el temor a la crisis y la banca rota, acabaremos apoyando las políticas antisociales que nos plantean.
Creo que andamos atrapados entre subir a un tren que no nos gusta a donde va o dejarlo pasar y quedar fuera del desarrollo tecnológico, industrial y financiero. Este tren va a mucha velocidad, si bajamos deberemos montarnos en el burro y seguir caminando. Eso sí con mucha dignidad y cargados de humanismo… Pero puede que haya otra vía, que al menos les frene, la de la concienciación y la beligerancia pedagógica para hacer pensar a la gente, para que comprendan que los valores humanos se están perdiendo o alterando, y rechazar una dependencia cultural de unos principios que sustentan una carrera hacia el abismo de la deshumanización y la discriminación, que potencia la explotación, por parte de una minoría, sobre la mayoría del mundo. Tengo miedo… pero seguiré montado en este tren intentando reconducirlo.

















