sábado, 28 de marzo de 2009

Málaga y el mar




Ahora ando preparando un pps sobre la Málaga antigua, donde quiero conjugar fotos, música y poesía. Adelanto el poema que ando fraguando para compartirlo con todos vosotros, amigos lectores.


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Háblame del mar marinero.
Marinero, háblame del mar…

Me llaga su aroma,
se baña en mi falda
y observo a lo lejos a su infinidad.
Yo sé de su vida y de sus hazañas,
puesto que las olas vienen susurrando,
y con el susurro me van desvelando
toda la verdad.

Desde mi atalaya le acecho,
entre las almenas me escondo
para vislumbrar sus cambios de luz.
Me lanza sus guiños
jugando las aguas entre la salobre brisa
y el plácido ritmo de su ondulación.
Mis ojos se pierden sobre el horizonte
y mi fantasía en un vuelo ignoto,
busca otros lugares de imaginación.

Él es mi compinche
y en las noches blancas me lanza destellos de luna
que doran mi falda y adornan mi cara
hasta la núbil llegada del alba.
Y yo, plateada, sueño con amores de otras dimensiones,
amores de allende junto a lunas claras.

Dame tú la nuevas que yo necesito,
dime cosas lindas que vieras allá.
Háblame del porte y de su tronío,
de su feroz fuerza y su dulce calma,
de su vida interna que lleva preñada
entre sus entrañas miles de esperanzas.
Pues yo, Malaka,
desde que naciera vivo de su savia,
miro por sus ojos,
siento que da vida a todos mis hijos,
mientras que sus olas, su brisa y su canto,
me colman de gozo y se van mezclando
entre las biznagas de suave perfume
que impregna mis calles
desde el mismo Palo hasta los Percheles,
en la calle Larios, la Constitución,
desde el Molinillo hasta la Estación.

Háblame del mar marinero.
Marinero, háblame del mar
que si no me muero.






Ocurrencia 8 (Heteroimagen)


"Lo que los demás piensen de ti, no depende tanto de cómo tú eres, sino de cómo son ellos".

La opinión que se forma la gente está condicionada por los esquemas que se han fraguado por razón de sus principios, valores, experiencias, etc. mediante cuya aplicación evalúan aquello que perciben. En suma, depende más de su propia personalidad y cogniciones que de cualquier otra cosa. Por tanto, la heteroimagen o imagen que creemos que los demás tienen sobre uno, es carente de fundamentación sólida, pues a su vez también se aplica el principio de esta ocurrencia, por lo que se desvía de la realidad. La gente no suele pensar de nosotros aquello que creemos. En todo caso, la relación y la comunicación corrigen las desviaciones. La proximidad, o no, de esquemas entre uno y otro, sí permite que podamos acercarnos en las apreciaciones de valoración, pues nos dota de baremos similares.

jueves, 26 de marzo de 2009

Gracias Sílice


En un principio estas reflexiones estaban dedicadas, exclusivamente, como respuesta al comentario de Sílice en mi escrito Sawabona del pasado 23, pero he decidido, por su extensión y la dimensión argumental, exponerlo en el blog dándole entidad propia y buscando una mejor accesibilidad al mismo por parte de los visitantes. Espero, pues, que no le importe las referencias que hago a su participación, a sus observaciones y a la expresión afectiva que conlleva.


Una vez más, amiga Inma, tu comentario cierne mi mente y en ese proceso de tamizado del razonamiento me obliga a desmenuzar las ideas que sustentan mis argumentaciones, cosa que agradezco enormemente. Ello hace posible, no solo que revise mis planteamientos, sino que los consolide y estructure, que me aclare y vislumbre más objetivamente la verdad, siempre relativa, que sustenta mis creencias.


El pasado 4 de febrero, mi 58 cumpleaños, colgué un relato titulado: ¡Vaya día que llevo! en cuyo último párrafo dice: “…Y llega uno a pensar que no le da miedo estar solo, no tienes tanta dependencia de otros, eres más autosuficiente que antes… y ves un peligro que contaré luego…” El peligro a que me refería es ese que tú identificas perfectamente, la no necesidad del otro como complemento a algo que requieras y, en consecuencia, la obligación de redefinir la relación en otra línea, en apoyarse en otras vinculaciones que la sustenten. Pero la gran cuestión es si estamos suficientemente maduros para enfrentarnos a ese cambio inequívoco, que nos trae la evolución social, y si seremos capaces de gestionarlo exitosamente.


Yo, en mi proceso de razonamiento, supongo que en consonancia con la mayoría de la gente, lo establezco con meridiana claridad, lo asumo e identifico, incluso me siento capaz de comprender e identificar los elementos que se tendrán que redefinir, que modificar, para esta gestión exitosa; pero en la práctica no es tan fácil, no estoy solo, tengo que compartir el análisis con mi pareja y existen, como es lógico, visiones divergentes de muchas cuestiones que implican negociación y toda negociación conlleva pérdidas y ganancias que se han de valorar para facilitar el ajuste. Existe otro problema añadido que es el “troquelado” que nuestro sistema educativo nos realizó en la infancia, los esquemas sobre conductas, principios y valores que se introyectaron y hacen de Pepito Grillo; al igual que la acomodación a determinadas situaciones, la creación de hábitos de relación e interacción familiar y los bienes materiales que en ese proceso negociador pueden quedar tocados. Esos siguen estando ahí, solidificados como una roca, a la que hay que ir diluyendo con la lluvia constante de la reflexión, la argumentación y la elaboración de nuevos pensamientos que den respuestas razonables y razonadas a la evolución social, al proceso de cambio en el que estamos inmersos, sin que te causen conflictos internos, que es el mayor y más complejo de los conflictos. Digo esto porque el conflicto interno es las antípodas de la felicidad. Una situación insostenible donde la disonancia cognitiva puede incidir, cuando no acabar, con nuestra propia salud y equilibrio mental. Por eso sostengo que el flujo evolutivo es conveniente que sea lento y pausado, acompasado y acomodado a las características de cada uno. Que permita ir digiriendo los cambios de forma no traumática para evitar esos conflictos internos y externos a los que me he referido.


En esta línea, los tres escritos que colgué en Enero, habían versado sobre este asunto, pero en especial “Relación objetiva Vs. relación objetal”, que ya habrás leído. Después seguí reflexionando sobre el tema y colgué “Ajuste de roles en la pareja” el 20 de febrero, y este que estamos comentando de Sawabona. Estos son los que sustentan mis planteamientos actuales sobre el tema, aunque a lo largo de mi blog se vislumbra, cuando no se aprecia con total claridad, mi posición vital con relación el proceso evolutivo que estamos viviendo y su complejidad. No obstante, me he sentado frente a la ventana que me abres y he iniciado un proceso de ampliación sobre estas reflexiones, que ahora cuelgo, y continuará como es natural.

Un abrazo y como siempre, gracias por hacer de musa, motivadora, estímulo o como quieras llamarlo, para mis reflexiones.

lunes, 23 de marzo de 2009

SAWABONA


A veces recibimos montajes en pps con impresionantes fotografías y magnífica presentación, adornando a un excelente mensaje. La presentación es tan llamativa que acaba imponiéndose al texto y el mensaje queda mediatizado, cuando no anulado, por ella. Si bien he remitido a muchos de mis amigos y amigas el pps SAWABONA, no he podido ni querido evitar detraer el texto y colgarlo en mi blog. No suelo, ni es la misión de este blog, colgar cosas que otros elaboren o construyan, puesto que una da las variables que lo caracterizan es la creación propia o el modo peculiar que tengo de entender y ver las cosas. Ahora bien, cuando el acuerdo es total y me identifico con lo expresado por otra persona de forma integral, hago mío ese razonamiento, esa reflexión, esa manera de ver el mundo y las cosas que nos rodean. Entonces me siento con la obligación moral de colgarlo en el blog para seguir con la filosofía que lo justifica.

El 12 de enero pasado colgué “Leyenda sioux”, que completaba magistralmente mi reflexión sobre la “relación objetiva Vs. relación objetal”. Hoy cuelgo esta que considero que también la complementa en la línea que yo sostengo. Por ello quiero hacérosla llegar, para que la reflexionéis conmigo y saquéis vuestras propias conclusiones personales. Como siempre, será un placer contar con vuestra aportación a través de los comentarios.


SAWABONA
- Sobre estar solo- (Flávio Gikovate, médico psicoterapeuta)

No es solo el avance tecnológico lo que marcó el inicio de este milenio. Las relaciones afectivas también están pasando por profundas transformaciones y revolucionando el concepto de amor.
Lo que se busca hoy es una relación compatible con los tiempos modernos, en la que exista individualidad, respeto, alegría y placer por estar juntos y no una relación de dependencia, en la que uno responsabiliza al otro de su bienestar.

La idea de que una persona sea el remedio para nuestra felicidad, que nació con el romanticismo, está llamada a desaparecer en este inicio de siglo. El amor romántico parte de la premisa de que somos una parte y necesitamos encontrar nuestra otra mitad para sentirnos completos.

Muchas veces ocurre hasta un proceso de despersonalización que, históricamente, ha alcanzado más a la mujer. Ella abandona sus características, para amalgamarse al proyecto masculino. La teoría de la unión entre opuestos también viene de esta raíz. El otro tiene que saber hacer lo que yo no sé. Si soy manso, ella debe ser agresiva, y así todo lo demás. Una idea práctica de supervivencia, y poco romántica, por más señas.

La palabra de orden de este siglo es asociación. Estamos cambiando el amor de necesidad, por el amor de deseo. Me gusta y deseo la compañía, pero no la necesito, lo que es muy diferente.

Con el avance tecnológico, que exige más tiempo individual, las personas están perdiendo el miedo a estar solas, y aprendiendo a vivir mejor consigo mismas. Ellas están comenzando a darse cuenta que se sienten parte, pero son enteras. El otro, con el cual se establece un vínculo, también se siente una parte, no es el príncipe o salvador de ninguna cosa, es solamente un compañero de viaje.

El hombre es un animal que va cambiando el mundo, y después tiene que irse reciclando para adaptarse al mundo que fabricó. Estamos entrando en la era de la individualidad, que no tiene nada que ver con el egoísmo. El egoísta no tiene energía propia; el se alimenta de la energía de los demás, sea financiera o moral. La nueva forma de amor, o más amor, tiene nuevo aspecto y significado. Apunta a la aproximación de dos enteros, y no a la unión de dos mitades. Y ella solo es posible para aquellos que consiguieron trabajar su individualidad.

Cuanto más fuera el individuo capaz de vivir solo, más preparado estará para una buena relación afectiva. La soledad es buena, estar solo no es vergonzoso. Al contrario, da dignidad a la persona. Las buenas relaciones afectivas son óptimas, son muy parecidas con estar solo, nadie exige nada de nadie y ambos crecen. Relaciones de dominación y de concesiones exageradas son cosas del siglo pasado. Cada cerebro es único. Nuestro modo de pensar y actuar no sirve de referencia para evaluar a nadie. Muchas veces, pensamos que el otro es nuestra alma gemela y en verdad, lo que hacemos es inventarlo a nuestro gusto.

Todas las personas deberían estar solas de vez en cuando, para establecer un diálogo interno y descubrir su fuerza personal. En la soledad, el individuo entiende que la armonía y la paz de espíritu solo se pueden encontrar dentro de uno mismo, y no a partir de los demás. Al percibir esto, el se vuelve menos crítico y más comprensivo con las diferencias, respetando la forma de ser de cada uno.

El amor de dos personas enteras es el bien mas saludable. En este tipo de unión, está el abrigo, el placer de la compañía y el respeto por el ser amado. No siempre es suficiente ser perdonado por alguien. Algunas veces hay que aprender a perdonarse a si mismo...


P.D. Si tienes curiosidad por saber el significado de SAWABONA, es un saludo usado en el sur de Africa y quiere decir: ”YO TE RESPETO, YO TE VALORO, Y TU ERES IMPORTANTE PARA MI".

Como respuesta las personas dicen: SHIKOBA, que es "ENTONCES, YO EXISTO PARA TI"
Stolen kiss
( Ernesto Cortazar )

jueves, 12 de marzo de 2009

Ocurrencia 7 (El encuentro)


“La vida es el arte del encuentro”. (Facundo Cabral)


La expresión de Facundo Cabral la avalo con todas las ocurrencias que he publicado hasta ahora. Todas ellas aportan algo significativo a ese arte del encuentro entre las personas, pero también al encuentro con la naturaleza y con todo el entorno que nos nutre o nos acosa. El encuentro, con visión positiva, siempre será interesante, pues hasta de lo malo se sacan consecuencias provechosas.

Ocurrencia 6 (Sonrisa)



“Una sonrisa es el inicio de la felicidad”.

En uno de aquellos cursos que solemos hacer en busca del perfeccionamiento, la felicidad y el amejoramiento en general, Fidel Delgado, psicólogo avezado en estas lides, nos decía que para empezar bien el día era conveniente asomarse al espejo y durante quince segundos mantener la sonrisa, lo que nos llevaría al buen humor, pues la distensión muscular y la disposición psicológica que se generaba, garantizaba el inicio de una buena jornada de trabajo. Yo, con el tiempo acabé confiando en ello y colgué en mi despacho un cartel con la frase de esta ocurrencia. Hoy sigo pensando que una sonrisa es el primer paso para entrar en la senda de la felicidad, tal vez por eso las sonrisas me enamoran…

Ocurrencia 5 (Paracaídas)




“La mente es como un paracaídas, solo funciona cuando se abre”.

Es una expresión que siempre me gustó. Plantea la necesidad de mente abierta para crecer y desarrollarse, hacer de esponja que capte todo lo que hay en nuestro entorno. Ahora bien, el que funcione no quiere decir que se lo trague todo, sino que inicie el sano proceso de la digestión intelectual, que el razonamiento y el discernimiento sean los jugos gástricos que permitan una buena digestión de las ideas. En boca cerrada no entran moscas, pero tampoco comida y acabas falleciendo de inanición.

lunes, 9 de marzo de 2009

La Misión



Hace algún tiempo, una amiga me pidió que le prologara un libro sobre enfermería de salud mental, cosa que realicé con sumo placer. Esta es, en parte, la reflexión que sustentó el prólogo a la obra y que ahora quiero compartir con mis lectores, tanto de España como de América, a los que animo a colgar los comentarios que estimen oportunos. Ya sabéis que no es necesario contar con una cuenta propia en blogger para aportar algún comentario, sino que basta con usar el apartado de anónimo, pudiendo identificarse en el escrito.


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La Misión


Algunas de las preguntas que sistemáticamente nos hemos planteado los seres humanos hacen referencia a qué pintamos en este mundo, cuál es nuestra misión, qué mueve nuestra existencia y hacia dónde vamos o debemos ir. Yo me atrevería a identificar la conservación de la especie como esta gran misión. Llevamos un mensaje genético (instinto de conservación) que nos orienta hacia la mejora del linaje a través de uno mismo y de su “inteligente complejidad”.

Un sujeto tan indefenso como el hombre no podría haber subsistido sin la inteligencia, sus depredadores le habrían eliminado a las primeras de cambio. Debió sentirse muy acorralado y, ante ello, desarrolló algo que le distinguió de las demás especies: el análisis de lo empírico. Ese recorrido desde lo inductivo a lo deductivo y viceversa, le permitió la creación de instrumentos para suplir sus carencias y deficiencias, a la vez que percatarse de la necesidad de asociarse para defenderse del agresor. Esto le llevó a la socialización como medida de “solidaridad de conveniencia”. Sabía que por sí mismo no podía resolver su problema de supervivencia y necesitaba de los demás para sobrevivir, tanto en lo relativo a la nutrición, como a la reproducción. Por tanto hablaríamos de una triada de instintos que garantizarían la especie; es decir, que consolidarían la gran misión de conservarla: nutrición, socialización y reproducción.

Podemos entrar en la dialéctica de cuál es la motivación central que permite esa actuación, pero no podremos negar que el celo conservacionista lleva, en último caso, al egocentrismo, siendo este una de las bases motivadoras. El primer objetivo es mi propia conservación, pero si para ello he de asociarme con otros lo haré, incluso en contra de aquellos de mi propia especie que pongan en peligro mi existencia. Por otro lado, mi poder garantizará mi independencia y libertad, y mi elección en la reproducción estará mediatizada por la competencia del compañero/a de procreación.

Por tanto, ese equilibrio entre el egoísmo hedonista instintivo y la necesidad de los demás para sobrevivir (en psicoanálisis nos llevaría a estructurar el ello, yo y superyo), es la razón del procedimiento de socialización; un equilibrio dicotómico entre puedo por mí mismo y necesito de los demás. Es el proceso de intercambio social en las relaciones humanas. Evidentemente, mientras menos necesitemos de la ayuda de los demás, más libres y autónomos seremos, pero el autoabastecimiento total es imposible y contrario a los principios que han permitido nuestra propia evolución.

Mi impresión es que en cada uno de nosotros existe un microcosmos donde se conjugan todos los elementos que integran y definen la existencia universal. Solo es necesario despertarlos en su justa medida para conseguir de cada sujeto aquello que se pretende. La socialización es el proceso por el que se elicitan e instauran esos valores o principios, que pretendemos universales, y que conforman la vía de desarrollo personal dentro del grupo al que pertenecemos. Su objetivo final sería nuestra autorrealización en un marco, muchas veces conflictivo, dentro del entorno social. Nuestro intelecto nos ha de llevar al convencimiento de que la mejoría de la sociedad solo se dará mediante una comunión de principios sembrados y aceptados libremente. Es una nutrición en vasos comunicantes. De aquí que, todos y cada uno, debamos tener conciencia de aportar lo más y mejor posible al desarrollo social en la vía hacia la excelencia.

Esa especie de búsqueda asintótica de la perfección, se plasma en la tendencia a la autorrealización, estadio final del vértice de la pirámide que Maslow nos propone. Es un camino complejo, donde vamos subiendo peldaños conforme cubrimos los anteriores, total o parcialmente; el gran reto u objetivo de nuestra vida. La inteligencia nos ha permitido, desde nuestros ancestros, forjar instrumentos y herramientas para evolucionar en la satisfacción de las necesidades. La complejidad del sistema nos ha llevado a la especialización, como mejor forma de estructuración funcional. El problema, bajo mi punto de vista, radica en la dificultad de visión total u holística; en la cantidad de elementos que escapan a nuestra comprensión y capacidad de respuesta ante una circunstancia determinada. El afrontamiento de esas situaciones, en la cotidianidad, representa el esquema básico de instrumentalización de las soluciones, hasta tal punto que debemos fraguar un repertorio de técnicas y habilidades que nos garanticen, lo mejor posible, el éxito de dicho afrontamiento.

Es evidente que mientras más y mejores recursos tiene un sujeto para enfrentarse a su entorno, mayor capacidad y poder posee para superar demandas conflictivas y estresantes. Yo diría que es más libre y autónomo, menos dependiente y con más capacidad de control sobre su propia evolución. De aquí, un justo uso de la inteligencia como continente del poder y el conocimiento. No podemos olvidar que, en gran medida, “mi poder es mi inteligencia” en la relación con mi entorno.

Mi corazón se ancla en el ayer


Mi corazón se ancla en el ayer
y confunde el pasado y el futuro.
Se aferra a la nostalgia,
y piensa que todo es como antes,
negando el vuelo de la vida
se resiste a perderte por el horizonte.

Pobre y torpe se cree tu dueño
amparado en la escritura de promesas
de delirios amorosos juveniles.

Se olvidó de cultivar el huerto del amor
y dejo que los hierbajos lo arrasaran en el tiempo,
que otros plantaran su semilla furtiva
recogiendo el fruto clandestino.

Ahora, en la vejez,
no tengo fuerza para repoblarlo,
y los nobles y maduros frutos que requiero
no los dan los árboles sembrados.

Me siento solo, pues no supe cuidar
con arte de hortelano
el árbol de la savia fresca
que me diera la vida al final del camino.
Perdí la sombra refrescante y protectora,
espacio bucólico de encuentro,
que viera cumplidos mis proyectos
llevándome a un final sosegado
cobijado por el fruto de ese huerto


A modo de sentencia
me viene a la memoria los versos,
en vida retirada, de Fray Luis de León:


Del monte en la ladera,

por mi mano plantado, tengo un huerto,

que con la primavera

de bella flor cubierto

ya muestra en esperanza el fruto cierto.


Más yo, ya perdí mi primavera,
y la esperanza de la flor y el fruto cierto
que a la sombra ahora me nutriera.

domingo, 8 de marzo de 2009

El Concierto


Hace unos días asistí a un maravilloso espectáculo en el Teatro Cervantes de Málaga. Fui al concierto de San Valentín, organizado por la Universidad de Málaga. Actuó la Orquesta de Cámara de la UMA (OCUMA) y la “bailaora” Rosi de Alva y su grupo flamenco en un alarde de expresión musical y rítmica, donde se fusionó la música clásica con la más pura demostración del cante y baile flamenco.

Dos elementos provenientes y desarrollados en mundos tan opuestos. La orquesta de cámara, propia de actuaciones palaciegas, como exponente del disfrute de la música clásica por círculos reducidos, cercanos a la nobleza y alta aristocracia; y el flamenco, propio del pueblo llano, cuando no de colectivos marginales y desamparados de la vida, expresión de las penas y alegrías, del trabajo, el llanto y sufrimiento de una masa social explotada y sometida a la clase dominante, testimonio de sus vivencias y sentimientos más íntimos. Dos formas, pues, de manifestación artística y musical de grupos tan dispares y, generalmente, enfrentados. Ambas suscitaron en mí profundas emociones y me hicieron vibrar con su expectante audición. La orquesta de cámara con la introducción y el interludio y el cuadro flamenco con su farruca, guajira, tango y seguiriyas, creando un ambiente denso y penetrante, donde el baile, flexible y acompasado, se elevaba a la máxima expresión, cargando el aire de notas que hacían entusiasmarse a los espectadores. Para mí, el punto álgido fueron los momentos en que ambas músicas se entrelazaron en una sinfonía perfecta de compenetración y hermanamiento, en la máxima expresión de la cadencia clásica con sus instrumentos de cuerda y el canto y baile con acento popular amparado en guitarras, cajones y el ritmo trepidante de las palmas.

Y yo, como a todo le busco segundas lecturas y pretendo generalizar los fundamentos de cualquier manifestación, no pude detraerme a algunas reflexiones. Como miembro del colectivo universitario me sentí orgulloso de nuestra orquesta y como vocal de la peña flamenca Juan Casillas, percibí la esencia del flamenco, en un marco incomparable, arropado y fusionado con la música de cámara. Empecé a concluir que lo diverso, cuando hay actitud y voluntad de acoplar, suma y eleva el arte, la expresión y la calidad de las cosas, complementándose. Que, por muy diferentes que se sea, siempre hay elementos o nexos comunes que pueden llevar al entendimiento y la creación de espacios de encuentro. Que quien renuncia a ello, desprecia la creación y génesis de nuevas expresiones y rechaza el enriquecimiento personal que conlleva el sencillo intercambio sin imposiciones ni condicionantes, en ese intento armónico y creativo de fusión para engendrar algo nuevo, donde confluyan las esencias de las partes.

¡Nos cuesta tanto entendernos! Andamos obstinados en poseer la verdad, en despreciar lo diferente y rendir pleitesía a lo nuestro. No comprendemos que la elevación está en conjugar la diversidad y, siempre que seamos capaces de discernir de forma racional y razonada, aprehender e introyectar la esencia de las cosas, beber de las fuentes del saber ajeno, escuchar y compartir, sin insolencia y con la mente abierta, a los demás y armonizar las expresiones y las ideas para componer una nueva melodía donde el entendimiento, el respeto y la simbiosis nos lleven a la sinergia que sume y potencie el desarrollo humano. Pero nos empeñamos en separarnos, en poner fronteras, en la intransigencia, en el enfrentamiento y el conflicto, exhibiendo actitudes miopes, que solo son entendibles desde la alienación amparada en principios dogmáticos que atenta contra el libre razonamiento.

La fusión de estas dos manifestaciones artísticas, interpretadas por la orquesta de cámara y el grupo flamenco, es una excelente lección que manifiesta la sublime expresión de dos formas de representar las sensaciones más íntimas de colectivos sociales tan dispares, pero, a la vez, tan próximos en la propia esencia del ser humano. Bonito ejemplo de fusión creativa, que canaliza y gesta sensibilidades afines, que materializa el entendimiento y la conjunción, donde solo la inteligencia es capaz de inferir elementos positivos de cohesión social y desarrollo de la convivencia.

sábado, 7 de marzo de 2009

Imbecilidad e invisibilidad (ceguera)


A la sazón del siguiente comentario colgado en el blog de mi amiga Inma Arrabal (http://siliceamni.blogspot.com/) quiero seguir con la línea de razonamiento iniciada y profundizar un poco más en ello:

“Decía Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mis circunstancias". Sabia afirmación pues uno no escapa al medio en el que se desenvuelve y sus influencias determinan nuestra situación y hasta la estructura de la propia personalidad. Ortega y Gasset, demuestra ser un gran filósofo.

Por otro lado, se dice que en las tertulias madrileñas de café, un torero (¿Joselito?) al que se tenía por inculto, respondió a quien le enfrentó a semejante afirmación filosófica: "Ezo eh que c'a cual eh c'a cual". Otra forma de decir lo mismo desde la expresión vulgar.

Podemos deducir que el ser humano es un filósofo por definición, en mayor o menor medida, y que solo le frena su expresión el miedo al ridículo; ridículo que definen los intelectuales mediante las formas expresivas académicas que les protegen y amparan.

Digo esto porque la imbecilidad a la que aludes es madre de la invisibilidad intelectual y los imbéciles intelectuales los hay muy cultivados. Yo, cuando voy a mi pueblo, en el bar, escucho la filosofía profunda de la gente expresada a su forma y estilo y debato con ellos para enriquecerme.”

Pues bien, hace un par de años realicé una exposición fotográfica en mi pueblo sobre su evolución en el pasado siglo, con motivo del segundo centenario de su segregación del ayuntamiento de Antequera, al que había sido integrado por Diego de Narvaez en 1424, tras conquistarlo al reino de Granada. La visitó una señora y me comentó que se habían hecho diversos trabajos para celebrar el evento y ella compiló 200 historias contadas por diferentes personas del pueblo según su forma y estilo. Fue un trabajo muy interesante y participativo. Esta mujer, me decía muy contrariada, que un conocido catedrático de lengua que daba clases en un instituto, la descalificó por la forma de la expresión y los fallos de sintaxis y desajustes a lo académico. Reverbero esta historia a raíz de la apreciación de mi amiga Inma sobre la invisibilidad y la imbecilidad y mi comentario al respecto.

Nuestra sociedad e historia están llenas de situaciones parecidas, donde se le presta pleitesía a las formas y se obvian los fondos. Catedráticos y "chulapos intelectuales" se ríen de la forma de expresión del pueblo llano y lo descalifican por no ajustarse a las formas académicas, sin considerar el contenido del mensaje que se transmite y su profundidad. Esta situación coarta la libre expresión de la gente y empobrece el flujo de información y conocimientos. Es una actitud calificable de imbecilidad conjugada con invisibilidad (entendida como ceguera), aplicable a la falta de visión de una realidad que trasciende las formas en el sentido de lo intelectual o uso del intelecto (inteligencia). En todo caso, subyace un posicionamiento de arrogancia, insolencia, envanecimiento, soberbia y desprecio hacia un sujeto que no usa correctamente los términos académicos. Esta actitud pueril, falta de madurez intelectual, es un mecanismo de defensa para hacer notar las diferencias que, pensamos, mantenemos con el "populacho" y evidenciar nuestra mejor y más completa formación, que lleva a la superioridad intelectual, descalificando las ideas, razonamientos y argumentos que puedan exponernos en contraposición a los propios.

Por eso, lo inteligente, si se quiere comunicar y relacionarse con los amigos, es adaptarse a su forma de hablar, de expresarse, y constatar que lo significativo es lo que se dice y no cómo se dice, siempre que sea entendido perfectamente o, al menos, saber descodificar fehacientemente el mensaje que recibimos. Lo importante es mi capacidad para comprender y asimilar las ideas, y pasando por encima de las formas en que se expresan, aprehender la esencia del pensamiento ajeno y su trascendencia. De esta forma dejaré de ser un perfecto imbécil y me convertiré en un sujeto lúcido y capaz de crecer sin complejos ni vanidades estúpidas, desde la humildad y la sencillez que lleva al respeto hacia los demás y al reconocimiento de sus propias capacidades.

Ocurrencia 4 (Comunicar)



“El arte de comunicar está en hablar el idioma del que escucha”.





Mi experiencia profesional en el mundo sanitario me hace concluir que hay gente que se parapeta en el idioma o la especialización para delimitar y ostentar el poder de su conocimiento incuestionable. Aún recuerdo la expresión del familiar de un paciente, ante la explicación del facultativo sobre el resultado de una gasometría, dándole información sobre la misma (PH, PO2, PCO2, saturación O2, etc.) que concluyó con la pregunta: ¿Y cuando lo operan?


A mis alumnos en la universidad siempre les recalqué la frase de la ocurrencia, pues entiendo que la comunicación es una herramienta de primera magnitud, no solo en la relación terapéutica, sino en todo tipo de relación humana. Cuando uno tiene por objetivo hacer llegar un mensaje a alguien, es imprescindible valorar el feed-back y reconducir el mismo mediante la conjunción del sistema de codificación y descodificación; es decir, ajustando la codificación para que sea descodificada por el receptor de forma fiel y veraz.

lunes, 2 de marzo de 2009

Ocurrencia 3




"Bienaventurado el que se ríe de sí mismo, porque nunca le faltarán motivos"

sábado, 28 de febrero de 2009

Selección de amigos



Si Un amigo es aquel con el que se puede pensar en voz alta”, puedo concluir que si digo todo lo que pienso, es decir, si soy asertivo, decantaré mis amistades y descubriré quienes son de verdad mis amigos. Por tanto, "aventaré mis ideas para separar la paja del grano".
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Os invito a participar aportando vuestras ocurrencias en los comentarios.

viernes, 27 de febrero de 2009

Ocurrencias (Dos son seis)


Empiezo a colgar, con esta etiqueta, algunas ocurrencias o pensamientos de mayor o menor ingenio, que afloran de forma inesperada como respuesta a un estímulo casual, dónde la reflexión singular pretende plasmar una idea de cierta originalidad y de especial trascendencia en el proceso de razonamiento o asimilación de las vivencias personales.

Esta no es mía (creo que es de Unamuno), pero siempre me ayudó a comprender mejor las circunstancias que se dan en una interacción con otra persona, por lo que creo tiene derecho al privilegio de ser la primera en publicarse:

“Entre tú y yo no somos dos personas, sino seis: Tú tal como eres, tú tal como te ves y tú tal como yo te veo; yo tal como soy, yo tal como me veo y yo tal como tú me ves”.

miércoles, 25 de febrero de 2009

A USSIA


Este poema es en respuesta a uno, que me mandó por e-mail una amiga, firmado por un tal Ussia, que de forma soez se metía con las víctimas del franquismo y mostraba su desacuerdo con la ley de la memoria histórica y, consecuentemente, con la rehabilitación de los caídos del bando republicano, incluso era insultante con el abuelo del presidente Zapatero. Lo compuse en 2007 y ahora lo encontré entre mis papeles, por lo que paso a colgarlo como homenaje a todos los que dieron su vida por un ideal o fueron perseguidos y marginados por esa misma causa:




A mí el Ussia, señora,
me es persona non grata.
Solo con mentar su nombre
su clasismo se destapa.

Usia, si no me equivoco,
en esa misma palabra,
lleva implícito el tratado
que a sus clases reservara.

Son los nobles que buscaron
trato especial a su casta
y para no ser tan larga
redujeron la palabra.

Nos impusieron usía
en lugar de señoría
para crear la distancia
entre el pobre y su trabajo
y el disfrute de su raza.

Yo no levanto los muertos
para dirigir palabras
solo quiero que al final
justamente descansaran
alejados de cunetas,
debajo de tierra santa.

No todo vale en política
y este señor sobrepasa
los límites que nos dicen
donde está la buena usanza.

Ya mataron al abuelo,
ya con ello les bastara.
Que descanse en paz el hombre
y que su nieto gobierne,
si los españoles mandan,
con sus votos el día nueve,
que el nieto nos gobernara.

La historia no nos la dieron
como realmente pasara.
Nos alumbraron con ascua
que a su sardina arrimaran.

No se pretende el conflicto
de nuevo entre las españas.
Se está buscando hoy día
que la memoria no caiga
en olvidos de la gente
que por España lucharan.

Que les sepulten con honra,
que reconozcan su talla,
que se curen las heridas
que la injusticia dejara.

Que la memoria que quede
sea la justa y la honrada
para que la historia diga
la verdad de esa batalla.
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Nota: La foto corresponde a la tumba de los asesinados en Cuevas de San Marcos (Málaga) por el bando franquista en 1936 y que permanecieron enterrados entre los olivos hasta la llegada de la democracia.

HAS ENTRADO EN MI VIDA


Cuando uno se cruza o ve a una mujer, en el caso opuesto hombre, especialmente atractiva, seductora y sensual, suele pensar: "Qué tía más buena..." Yo aplico otra frase a continuación: "Qué problema más gordo..." En esa fantasía parí este poema, que ahora os presento y que da cuenta del proceso de impacto y miedo a la vez, que nos genera lo deseado y lo prohibido.

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HAS ENTRADO EN MI VIDA


Has entrado con tal fuerza en mi vida
que hiciste brotar un tropel de sentidos.
Tus ojos penetrantes me trajeron
ternura.
Tus labios sensuales aportaron
pasión.
Tu cuerpo torneado
deseos libidinosos.
Tu voz firme y suave
paz a mi corazón.
Y ahora tengo miedo
de quedarme prendido
en esta situación.
Que el amor,
despertando emociones,
me quiebre la razón,
que un halo de belleza,
camino del sosiego,
me lleve a la locura
montado en un caballo
desbocado y sin control.

viernes, 20 de febrero de 2009

A MÁLAGA


En la bocana del puerto la estoy mirando. ¡Que esplendor, que belleza, que impacto! Me gustaría correr por sus calles y sobre sus tejados, para descubrir su alma, para sentir sus encantos. La diáfana luz la ilumina, preñada de mar, cargada de sal y frescura. Abro mis pupilas intentando egoístamente absorberla en el acto. En esto me invita la brisa a montar en su grupa y yo la acompaño. Volamos por entre sus calles, subiendo y bajando, y rozando a la gente con ellos jugamos. La brisa, que es muy descarada, se posa en las balconadas y mira de reojo dentro de las casas, luego, cuando la descubren, da un salto al vacío y desaparece por arte de magia. El sol que se pierde por Torremolinos queriendo gozar de una gran velada, da paso a la luna, que se nos presenta con cara plateada, como impresionada, lívida de frío buscando el calor que con él se marcha. Viene de La Cala y al pasar El Palo y ver Gifralfaro se olvida de todo y deja que se vaya el sol, y se queda en Málaga.

Y ahora me siento feliz, pues mientras la luna me presta la luz, la brisa me da la montura para visitarla. Subo por calle Granada y siguiendo a Picasso visito su casa. Atravieso el Pimpi y observo al teatro romano cantando canciones de amor, aferrado a la falda verde de nuestra Alcazaba. La catedral, de forma insolente, megalomaniaca, reta a todo el que pasa, haciendo que mire a su única torre, que levanta el vuelo sobre su fachada.

¡Qué plaza más bella! ¡Qué rincón más dulce! ¡Qué cuento de hadas! Paramos un rato y junto a una taza, tomando café, observo toda la fachada, que con al palacio doran de esplendor a toda la plaza. Entre las callejas vamos dando saltos, mirando entre las ventanas, ya nos acercamos a la calle Larios. La gente se agolpa y escucha canciones de amor de una aria furtiva, que con dulce voz les lleva en volandas de su fantasía. Al fin ya llegamos, la Constitución se muestra cargada de gente, toda iluminada. La brisa cosquillea por entre las palmeras que, en marcial fila, le prestan honores de guardia a la fuente de las tres gracias. En el Chinitas nos invita Lorca y oímos la voz de Paquiro a su hermano “Soy más valiente que tú, más torero y más gitano”. Y al final, para celebrarlo, nos vamos a tomar un vino a la Casa Guardia. La brisa me deja, la luna se apaga por el horizonte y yo, pleno de alegría, me marcho a mi casa guardando el secreto de nuestra alianza.


AJUSTE DE ROLES EN LA PAREJA





Y ahora hablemos en serio. Debo una reflexión a raíz de mi publicación sobre ¡Vaya día que llevo! Al fin y al cabo solo era una forma de situarnos en una dinámica muy habitual, que viene dándose en la relación familiar y el cambio de roles de los nuevos modelos evolutivos de la familia. Bueno, pues, ahí va.

Discernía sobre la temática del necesitar, depender y querer en mi reflexión sobre la relación objetiva y objetal, colgada el pasado 11 de enero en este blog, sobre todo en lo referente a la pareja. Sin entrar en profundidades, en las que podremos sumergirnos en otro momento, es evidente que en este tipo de relaciones se mantiene un contrato de roles o de funciones. Estos roles han ido cambiando con el tiempo hasta el momento presente.

Antiguamente existía una gran complementariedad funcional entre los cónyuges, aunque no podemos negar que se fundamentaba en una relación asimétrica, donde el hombre ostentaba el poder oficialmente y la mujer estaba sometida a sus directrices. Las normas sociales, aunque injustas, establecían las conductas de cada uno y las dependencias. Lo cierto es que la mujer reinaba en la casa y el hombre en la calle; es decir, el gobierno de la familia, aunque pareciera lo contrario, lo llevaba la mujer, mientras que el hombre aportaba, por lo general, los recursos económicos para sustentarla, sin obviar las aportaciones de la mujer con sus trabajos fuera del hogar. Habitualmente, la mujer fue superior al hombre en capacidad para sustentar la casa y educar a los hijos. Su función nutriente, protectora y educadora se elevaba hasta el propio marido. Si bien, el hombre mantenía que en su casa mandaba él, se solía apostillar “cuando no está mi mujer”. Por tanto la mujer daba solidez funcional a la casa, mientras el marido mantenía cierto prestigio social en la familia.

El hecho es que se producía una interdependencia que forjaba lazos de gran solidez entre los cónyuges. Esto no quiere decir que fueran ideales, más bien al contrario. El hombre era una nulidad en las labores de la casa; no lavaba, fregaba, cocinaba, compraba, cosía, planchaba, etc. ya que esa función era propia de la mujer. Era su oficio trabajar en la calle, aportar el dinero, defender el buen nombre de su familia y dar la cara como máximo responsable del núcleo familiar, aportando la seguridad necesaria para el crecimiento de sus hijos. Esta concepción arcaica de la dinámica familiar se va diluyendo conforme el sistema democrático se impone y la lucha feminista se va acercando a sus objetivos reivindicativos de igualdad de género.

Hasta esos momentos las rupturas matrimoniales y el divorcio eran, prácticamente, inexistentes o muy bajos. ¿Qué iba a hacer una mujer separada? Estaba marginada, mal vista y socialmente denostada, con una economía en precario y sin recursos, a la par que los “buitres” la buscaran como objeto fácil de sus deseos sexuales, al no estar “protegida” como propiedad de otro macho. El hombre separado, por lo general, era una nulidad en las tareas referentes a sus propios cuidados; no dominaba las labores del hogar y, si lo hacía, estaba mal visto. No era concebible un hombre cocinando, lavando, fregando o planchando… eran “mariconadas” propias de afeminados. Por tanto, en la relación, aunque no hubiese amor, había una dependencia que aferraba el vínculo. Yo te doy, tú me das, y si no nos queremos qué más da… “nos aguantaremos”. Si tú cumples con tu cometido, aunque ni siquiera hablemos, todo irá bien. Pero si no cumples, aunque en la casa no sea sostenible la convivencia, mantendremos la relación de cara al exterior dentro de la norma, con santa resignación; o lo que es lo mismo, también “nos aguantaremos”. El sexo, entre la pareja, obedecía más a una necesidad fisiológica, más centrada en el hombre, o de reproducción que a la búsqueda fantasiosa del pecaminoso placer, dándose un alto nivel de casos de anorgasmia en las mujeres. El hombre solía visitar prostíbulos donde buscaba las más sibilinas formas de placer sexual a través de las profesionales, o bien mantenía una querida en muchos casos. Anecdóticamente se comenta que preguntado un sujeto sobre las causas que le llevaban a visitar esos antros teniendo una mujer, contestó: “Mi señora es una señora como Dios manda y no voy a pedirle que me haga esas guarradas, para eso están las putas”. Muchas mujeres, conociendo estos hechos los justificaban o consentían en base a la “hombría” de su marido.

Difíciles tiempos aquellos en que solo el rol definido y encapsulado, de cada uno de los miembros de la pareja, era el garante de su mantenimiento en una relación de interdependencia. El mundo de la mujer y el del hombre eran distintos. Las cosas de uno y otra no se mezclaban, había “cosas de mujeres” y “cosas de hombres”. El campo de desarrollo personal no era común, por tanto no existía un flujo del crecimiento entre ambos. Dicho de otro modo, por lo general, no se daba una relación nutriente en lo referente al desarrollo personal. La comunicación era básicamente sobre aspectos funcionales, familiares y sociales. Tu a lo tuyo, yo a lo mía y los dos juntos tiramos para adelante. La cultura judeo-cristiana siempre fijó los roles bien diferenciados. También es cierto que la gran explosión del referido desarrollo personal se ha dado recientemente, por lo que el proceso evolutivo en este sentido era muy pobre y los sujetos solían tener un corto recorrido en esta materia a lo largo de su vida. Por tanto, las premisas conductuales que se dieron en el contrato matrimonial eran sostenibles en el tiempo, lo que evitaba los conflictos propios de los cambios personales. Argumentaciones como “tú ya no eres el mismo” y “tú has cambiado” eran armas arrojadizas en las discusiones matrimoniales, como si ello implicara el no cumplimiento de un contrato vitalicio; o lo que es lo mismo, estaba aceptado que, llegados a la adultez, la evolución, cambio de conductas, convicciones o la propia concepción de la relación familiar y social no debía evolucionar hacia otras esferas o planteamientos.

¿Qué ha cambiado? En un proceso lento, cuajado de dificultades y trabas, se ha ido desarrollando otra cultura relacional entre la pareja. La mujer ha reivindicado un mayor protagonismo y lo ha conseguido reincorporándose al mundo laboral de forma brillante. Pero en el hogar siguen muchas asignaturas pendientes, bien por el “escaqueo” del hombre, bien porque ella no quiera ceder la dirección y organización ante la incapacidad del compañero o bien por el arraigo de la responsabilidad del rol familiar clásico u otras causas singulares. En estas circunstancia solemos encontrarnos: Mujer que trabaja y lleva la casa de forma más o menos indirecta y hombre que trabaja y “ayuda” a la esposa bajo su dirección, pero desorientado ante esa pérdida o redefinición del rol de marido.

Bajo mi punto de vista ha ocurrido algo de especial importancia, como es el igualarse en las funciones y responsabilidades inherentes a la estructura familiar; pero sobretodo el entrar ambos en el campo de la autosuficiencia, dónde la dependencia ya no tiene tanto peso específico en el vínculo de la relación. En una pareja actual ambos asumen roles muy aproximados, ambos trabajan, cocinan, limpian, compran, ponen la lavadora, etc. En suma, aquella situación de disociación funcional, con roles diferentes y definidos, no tiene sentido. Por tanto, el lazo de la relación ha dejado de fundamentarse en la dependencia y ha pasado a consolidarse por la voluntad de mantenerlo. El “nos aguantaremos” no cabe en este marco. Cuando las cosas no funcionan, cuando el amor ha desaparecido, cuando el desarrollo personal choca con la intolerancia del otro, cuando la evolución es divergente y ambos se convierten en lastre o freno para la evolución personal del otro, y cuando la comunicación, como instrumento de entendimiento y aproximación, se ha roto o no es operativa, hay una puerta abierta menos traumática que en épocas pasadas, pues los dos son más autosuficientes y capaces de afrontar una nueva situación de independencia. Del “nos aguantamos” pasamos al “que te aguante tu madre”.

Pero, claro, no todo es tan fácil. Existen otros elementos que se han ido fraguando a lo largo de la relación que no son afectivos directos, pero sí compartidos. Los hijos, los bienes, las familias, los amigos, condicionan la relación y conforman una argamasa que debe ser considerada ante cualquier ruptura; los hijos, de forma prioritaria, son un punto de proyección afectiva común, donde confluyen las emociones de ambos con especial trascendencia. Esto explica que en conflictos de excepcional virulencia, donde el objetivo prioritario de los cónyuges es el hacer daño al otro, se usen los hijos como arma arrojadiza, estableciendo estrategias enfocadas a realizar ese daño sin pensar en la afectación que pudiera producir en los propios hijos; es una dolorosa miopía. Los bienes comunes son otro elemento de especial relevancia; su reparto causa grandes conflictos, pues es lógico que cada uno pretenda mantener la máxima capacidad económica y preservar los objetos para su uso personal. La lógica y la racionalidad choca con el egoísmo y solo en el caso de personalidades maduras, se suele conseguir un acuerdo justo en el reparto de los bienes materiales. Por tanto, la valoración de la influencia que cada uno de estos factores tenga en la argamasa que une a la pareja, y su posible dilución, determinará la viabilidad del proceso de separación.

Finalmente, pocemos convenir en que la autosuficiencia, adornada del desarrollo personal cercano a la madurez, es garante de que la relación que se establece es más objetiva que objetal, que la vinculación se mantiene en base a querencias y sentimientos más libres y que el entendimiento se realiza desde una perspectiva más igualitaria, menos chantajista e impositiva. A la par reivindicamos un mayor respeto a nuestros planteamientos, nuestros deseos y proyecto personal de desarrollo y exigimos que ese respeto se plasme en la libertad propia para llevarlo a término. La evolución individual es incuestionable y, lógicamente, puede ser divergente. La comunicación y el diálogo forman parte de esa herramienta para fraguar un entendimiento, una aproximación a la vía de desarrollo común y compartido en el proceso evolutivo de ambos, siempre que se dé una actitud de mente abierta. En este caso, la comprensión de la diferencia no tiene que llevar a la divergencia, sino a la complementariedad; es decir, somos diferentes, lo que nos permite tener una visión más amplia de la vida; lo importante es saber conjugar esas visiones para, mediante el proceso de diálogo y comunicación, poder enriquecer nuestras ideas y llevarnos a un crecimiento personal. La cuestión es si sabemos o no establecer ese diálogo, esa comunicación efectiva, si nos hemos desprendido de la rémora de los roles del pasado y si hemos introyectado nuevas formas de entendimiento rompiendo los esquemas clásicos de dependencia o situaciones asimétricas en la relación de género. De no ser así, de representar un lastre cualquiera de los cónyuges, se pasa al “que te aguante tu madre”.

martes, 10 de febrero de 2009

Granada y el Darro


Supongo que ando prolífico estos días y me estoy desquitando de todo lo que dejé de colgar los pasados meses. He de reconocer que escribir se está convirtiendo en un gusanillo que me gusta. Además, dado que recibo algún que otro feed-back animándome a hacerlo, no cabe duda que es más estimulante. Hoy os cuelgo un poema a esa ciudad inmensamente preciosa que es Granada. Forma parte de aquellas vivencias impactantes de hace años, en que periódicamente iba a la ciudad de la Alhambra. La imagen de la Alhambra y el Albaicín, separados por el río Darro, que a la altura de Santa Ana entraba embovedado bajo la ciudad para atravesarla, me inspiró y, ahora, lo plasmo en el poema. Nunca es tarde si la dicha es buena....


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Granada y el Darro


Tú no lo sabes,
pero yo quise ser río y tu Granada,
yo era el Darro y tu la Alhambra.
Había quedado prendado de tu encanto,
de tus ojos profundos cargados de misterio,
puerta de mil cuentos de líbidos deseos,
de fantasías ignotas cargadas de secretos.

Traigo de la montaña el agua pura y cristalina
que a tu faz dé frescura,
que limpie tu piel tersa y sin arrugas,
con una caricia de ternura.
Y vengo a regalarte
perfumes de agua fresca
y olores de azahar y tomillo
que nace en Sierra Harana,
la hija del Veleta.

Al pasar junto a tu falda,
rozando el Albaicín en un baile excelso de alegría,
la tentación me llama de forma irresistible
y pongo en marcha, con todo mi candor,
el arte seductor que me acompaña.
A cada salto entono cánticos de amor y de esperanza,
derramando gota a gota mi ilusión entres las jaras,
y llevado en volandas por mi fantasía
me armo de valor y juego con tu falda.
Bordeo y vuelvo a bordearla
hasta hacerme notar y sentir tu mirada,
entonces me observas desde arriba
y desde una torre mora
me arrojas la llave de tu casa.

Cerca de Santa Ana, ya todo se ha rendido,
ya no nos queda nada,
cogidos de la mano bajamos montados en pasión desenfrenada,
y entonces se inicia el juego del amor,
tu falda ya no está
y mi cauce se orienta hacia tu alma queriendo penetrarla.
Mis aguas invaden dulcemente tus entrañas
y atraviesan tu cuerpo dejándote preñada,
cargada de la vida que nace en la montaña,
y canto bailando entre tus ancas sintiéndote mi hada,
una canción de amor y sintonía,
donde le damos cuerpo a la alianza entre tú y Sierra Nevada,
entre el hombre que te vive y el agua que te baña.

domingo, 8 de febrero de 2009

Mi alianza con la luna

Te preguntarás cómo conseguí el apoyo de la luna para vencer a la tormenta del poema que presenté el otro día. Veras, estaba, en mi bodeguilla, leyendo un libro de Eduardo Punset, titulado “El alma está en el cerebro”. Con fondo musical de Sarah Brightman interpretando “Hijo de la Luna”, merodeaba alrededor de una frase: “Puede que a usted le resulte doloroso, pero debemos darle una mala noticia: está usted lleno de prejuicios”, pensando hasta qué punto esos prejuicios condicionaban mi visión de la vida, mis reflexiones y conclusiones sobre cualquier materia, evitando mi asepsia analítica. En esto estalló la tormenta.

La luna dormitaba plácidamente sobre esponjosas nubes, escrutando las estrellas, mientras escuchaba a la Brightman. Todo era paz y armonía y el flujo de la melodía la transportaba a sus fantasías en un vuelo imaginario sobre la voz suave que surgía de la bodeguilla. Ya sabéis lo sensible y sentimentaloide que es la luna. Ella protege y ampara a los enamorados, respeta su amor en la sombra, se amaga entre los árboles y juega, vergonzosamente, al escondite dando una suave luz que hace todo más bello y excitante. Desde su soledad, siempre soñó con ser madre, por lo que ampara el amor en una proyección armoniosa de sus deseos más frustrados.

Aquella vieja historia sobre la infidelidad de Zeus con Alcmena, con la que se identificó (sabéis que Alcmena significa “poder de la luna” en griego antiguo), engañando a Hera, de la que nació Heracles, le había traumatizado. Hermes se lo había arrebatado violentamente a Alcmena de su regazo y anduvo buscando a Hera para que le amamantara, pero la leche de esta se derramó y formó la Vía Láctea. Desde entonces, la luna, andaba triste y afligida buscándo a Heracles en los lugares más recónditos del universo para alimentarlo como si fuera su hijo. Por ello estaba tocada. La Brightman, con “Hijo de la Luna”, le estaba llegando al alma y la tormenta torpemente interfería el flujo de la melodía. Su resignación era evidente, y comprendía que era una circunstancia normal en pleno diciembre.

Y yo, ahí, fui más listo. Le puse “Winter in July” (Invierno en Julio) y quedó descentrada. Sin darse cuenta cayó en el engaño y pensó que no era diciembre, que era julio, que estaba siendo usurpada la noche veraniega y que la tormenta había roto el pacto rasgando la plácida noche con su exabrupto estruendoso de locura.

No se percató de que tras ella no vigilaba la Vía Láctea con sus millones de ojos nocturnos, con su polvo de estrellas, con su maternal disposición a orientar y dirigir al caminante en las cálidas noches veraniegas, esperando paciente a que Heracles pudiera nutrirse. Incluso llegó a pensar que Heracles, el hijo ilegítimo de Zeus, llevado por Hermes, había succionado la leche esparcida de Hera desvaneciéndola, lo cual le agradaba pensando que al fin se nutría.

Entonces empezó a enfadarse con la perturbada tormenta y, poco a poco, hinchó su pecho de cólera y le gritó que se fuera, que no era su tiempo y que ahora tocaban las plácidas noches, que guardara su energía para el crudo invierno. Al sentir el grito imperativo de la luna entendí su disposición a prestarme su ayuda. Esta alianza sería definitiva para derrotar a la tormenta, para ahuyentarla junto al viento, la lluvia y el trueno, para conseguir la calma y el sosiego que le diera serenidad a mi íntima noche y poder seguir mi lectura y reflexión con el Punset.

Entonces, en un momento de inspiración, le puse “Figlio perduto”. Su reacción fue inmediata. Estando tocada por “Hijo de la Luna” y engañada por “Winter in July”, este último impacto le fue irresistible. Su enojo subió de tono considerablemente y en un arrebato de ira, rayando en la locura, arremetió contra el viento quebrándole las alas. El viento ofuscado y confuso, pensando que no era respetado su tiempo, nada pudo hacer contra ella y le abrió camino hasta mi ventana. Luego se marchó esperando aflorar en otra ocasión, clamando venganza. Lo demás ya lo sabes, ya te lo he contado, te lo dije antes.

Desde entonces, al mirar la luna, me siento su cómplice en un tácito acuerdo, en el que le pongo música y ella fantasía cuando me la encuentro. Ahora, en las noches claras, me voy de paseo y por el camino nos lanzamos guiños por entre las nubes, nos tiramos besos en plena armonía, como enamorados esperando que no llegue el día. Y te juro que, si yo pudiera, la acompañaría durante la noche, a buscar a Heracles, pensando que posiblemente se encuentre en Tartessos, abriendo el camino a las naves, que permita el paso a esa extraña tierra que mentaran tanto Timeo y Critias, esa tierra ignota, la de los atlantes.
¿Comprendes ahora?

miércoles, 4 de febrero de 2009

¡Vaya día que llevo! Intento de relato en prosa rítmica


Vaya día que llevo. Hoy me he levantado y tras el arreglo, el poco que tengo, tomo la medicación y me marcho al médico. No porque esté malo, es de acompañante. Luego voy a rayos, que es lo cabreante. Espero un buen rato como el Santo Job, y al hacer la placa, no anda bien uno de esos trastos y nos dice el tío que tardará un rato. Vuelvo para casa y en comprando el pan ya me voy pasando… es que se hace tarde para que la abuela ahora se levante. En cuanto la llamo, hago el desayuno ¡Ay, cómo pasa el tiempo! Lo sirvo en la mesa y en un periquete lo tomo sin arte, sin ni siquiera poder ni sentarme. Lola me acompaña a regañadientes, pues no tiene hambre. La abuela lo toma, como siempre hace, con su parsimonia y sin inmutarse. Mientras tanto Lola, mantiene su arrastre de los virus locos, de esos gripeantes, que le dan la fiebre y la dejan luego fuera de combate. Tras comer la abuela retiro las cosas, friego habitaciones, cocina y aseo con mucho cuidado y especial esmero, pensando que luego, en la revisión, si no lo he hecho bien, me mande a paseo. Y con la lejía me quemé los dedos, ¡no me puse guante! y es tanto el efluvio que vuela en el aire que sientes por dentro como de quemarte.

Tengo que ir corriendo, como he dicho antes, a coger la placa y dársela al médico, para que me diga qué le pasa a ella, por qué está tan mal y qué hacer para repararle. La mira con su vista aviesa y en escudriñando con todo su arte, me dice el sujeto que siga adelante, que no pasa nada, que es cuestión de días que todo le pase, que guarde reposo y para evitarle alguna que otra cosa más desagradable, le manda que empiece de forma inmediata a medicarse.

Al volver a casa me encuentro con Carlos, que todo el camino me da su compaña. Y me va contando sus penas y males, sus preocupaciones y todas las cosas que el médico manda, las que ya le hicieron y las que ahora le hacen… y marcha conmigo hasta la farmacia. Maria y Antonia me llenan la bolsa y, bromas aparte, les comento a ellas: “Llegado esta edad no va uno al mercado a buscar nutrientes sin antes pasar por estos lugares, que te den pastillas para controlar lo que no funciona, para repararte y poder tirar siempre hacia delante”. Y ya me despido y vuelvo a la carga. ¡Es que ya es la una y se me hace tarde! ¡Dios mío, no llevo dinero! Paso por la caja y el supermercado, a comprar algunas cosillas que nos hacen falta. En llagando a casa espeto en la entrada: ¿Qué queréis comer? Y ella me responde: “Yo no tengo hambre, yo no tengo gana ya he desayunado en esta mañana”. Entonces calculo y, ante las reservas que quedan en casa, pongo en marcha un plan cuyo resultado resuelva la causa.

Con un poco de esto y de más allá comemos y todos contentos. Hice una tortilla, con todo mi arte, dándole la vuelta en el mismo aire. Le puse de todo, con jamón picado, verdura a la plancha que dejara antes, un poco de queso con su huevo, claro, que no se me olvide que es para cuajarle. Me salió tan buena que me fui al espejo y dije a mi cara: ¡Qué buen tortillero! Más pensando en esa expresión, me dije: ¡Cuidado, a ver la acepción que al verbo le damos! Pero al ser varón me paso por el mismo forro la propia acepción, dado que siento toda la atracción por el sexo opuesto, con toda razón.

¿Ya has hecho las camas? ¿Comieron los gatos? ¿Fregaste los suelos? ¿Y el lavavajillas? ¿Comió bien la abuela? ¿Le diste las bragas?… ¡Qué agobio Dios mío! ¡Anda, come y calla! Por cierto, que se me olvidaba, en todo este trance, reviso el diseño, que ya casi estaba, de la web que tengo encargada, y leo los correos desde mi “ordenata” y paso respuestas, según fuera el caso, a cada sujeto que lo precisara; repaso la prensa, con fondo de música, y dejo de hacerlo al ver como están las cosas fuera de mi casa. Tengo yo bastante con lo que hay dentro, nada más me falta, que arregle el gobierno tanta problemática.

Y ahora, cansado, sin haber contado aquellos detalles que el amigo Alzheimer no me recordara, me pongo en la mesa a contarte esto, como si a ti este asunto mucho te importara. Seguro que dices: “¿Pero qué me cuentas? Yo tengo bastante con el día que llevo, y por si no cuela, te diré: que cada palo aguante su vela”.

Lo cierto es mi amigo/a, que después de todo me he sentido bien. Ha sido un día de trabajo y estrés, de cuidar y cuidarse, de limpiar, comprar, cocinar, etc. Normalmente, estos trabajillos se comparten, pero en estas circunstancias se ha de asumir en su totalidad. Y llega uno a pensar que no le da miedo estar solo, no tienes tanta dependencia de otros, eres más autosuficiente que antes… y ves un peligro que contaré luego, más adelante, en escrito aparte, sin la prosa rítmica que vengo ahora usando para deleitarte. Si lo he conseguido y por un instante te ves distraído, con este relato, de todo el agobio que te da el currelo, te diré, mí amigo/a, que con ello ya me das bastante.
Hoy 4 de febrero. Mi 58 cumpleaños.

domingo, 1 de febrero de 2009

LA TORMENTA

Como ya sabéis la mayoría de mis amigos/as que habéis leído la presentación de mi bodeguilla en el blog, intenté crear un espacio para el disfrute que llevara al enriquecimiento personal. En ella oigo música, leo, medito y reflexiono, hablo con mis amigos/as y me traslado a otro mundo, el de la fantasía, la poesía, las nuevas sensaciones y la búsqueda en mi interior del sujeto que soy. Esta navidades pasadas estaba en el trance cuando la tormenta me sorprendió por su especial saña. Allí, mientras fuera tronaba, fui deshilachando estos versos hasta llegar al poema que hoy cuelgo. Fueron sensaciones que, desde el recuerdo, me elicitan emociones que puedes desprender de la lectura que presento.


LA TORMENTA

El gélido viento, en la calle,
ruge una amenaza.
Cabalga incesante sobre los tejados
y araña las tejas con su desvergüenza.
Tocando en la puerta, de forma insistente,
pretende que caiga en su trampa.
Mientras yo, plácidamente, me doy a la lectura,
al amparo del cálido fuego de mi chimenea,
y al ver su bravata,
busco refugio en la casa,
en mi bodeguilla, esperando,
a ver lo que pasa.
Se siente burlado y apremia,
se busca aliados y ataca con fuerza.
La lluvia torrencial le apoya
golpeando insidiosa sobre la ventana.
Por unos momentos
la estancia cae presa de un rayo de fuego,
que ilumina la suave penumbra,
en una promesa de luz engañosa
que lleva a la farsa.
El viento y la lluvia se escudan en ella,
para espiarme desde la ventana.
El trueno arrogante ruge con firmeza
pidiendo que le abra la puerta.

¡Qué extraña alianza!
¡El viento, la lluvia,
el rayo y el trueno en una partida
me buscan la cara,
queriendo pasar dentro de mi casa!
Más yo, precavido, atranco la puerta,
cierro la ventana, corro las cortinas
y pido resguardo al ardiente fuego;
y para matarles y ahogar sus gritos,
su insidiosa ira y colérica rabia
busco otra alianza,
elijo la suave ternura y melódica savia
que cure mi miedo desde una guitarra.
Al final conformo una colosal fuerza
que atrona en el aire a lomos de una aria.
La plácida mano,
dada por la voz de soprano,
de la Sarah Brigthman me empieza a dar alas,
retomo la fuerza y le planto cara.
A ritmo de “Winter in July”
me enfrento de nuevo a tanta amenaza.
En último esfuerzo reclamo a la luna,
que está en las montañas,
dominando el cielo,
sobre la tormenta,
para que destruya y espante su saña.
La luna,
escuchando a Sarah en “figlio perduto”,
se siente sensible y apoya la causa;
con un soplo inmenso le rompe las alas al viento,
que herido de muerte, dando un alarido,
vuelve a la montaña.
Y todos cansados de no lograr nada,
se rinden a esa extraña danza que vuela en el aire,
que les amenaza.

El viento se ha ido,
el trueno no clama,
la luz cegadora del rayo se apaga
y el agua se alía y empieza una danza
llevada por las suaves notas que salen de la aria.

La paz vuelve luego y reina el sosiego
sembrándose una dulce calma.
Mientras Sara canta,
la lluvia le crea una melodía de música sacra,
el fuego palpita en una extraña danza
elevando al cielo su cálida llama,
como si quisiera llegar a la luna a darles las gracias,
y la hija del viento,
en brisa montada,
roza suavemente sobre la ventana
queriendo pasar a compartir cama.

En la bodeguilla entra la bonanza,
la rítmica lluvia me canta,
la brisa acompaña,
el fuego me arropa y Sarah,
con voz de soprano, me da la compaña
y calma mis miedos
haciendo de madre benigna y afable.
Y vuelvo a mis sueños montado en mi libro,
volando de nuevo hacia la utopía
mediante las alas de mi pensamiento.

Para celebrarlo me sirvo una copa
y, en brindis al aire, voy dando las gracias
por haber vivido en estos momentos,
por sentirme libre,
por haber logrado imponer la calma ante la amenaza.

¡Ay! si la luna, con Sarah y mi libro, me dieran la fuerza
para darle fin a tanta bravata,
a tanta patraña,
a tanta injusticia que hoy nos espanta
y nos arrebata la esencia del ser,
de su fina alma,
que amenaza al mundo y la convivencia
desde la avaricia junto a la jactancia.

Antonio Porras Cabrera
Cuevas de San Marcos
(Navidad 2008)

lunes, 12 de enero de 2009

Leyenda sioux

Cuenta una leyenda de los indios sioux que, cierta vez, Toro Bravo y Nube Azul llegaron tomados de la mano a la tienda del viejo hechicero de la tribu y le pidieron:


- Nosotros nos amamos y vamos a casarnos. Pero nos amamos tanto que queremos un consejo que nos garantice estar para siempre juntos, que nos asegure estar uno al lado del otro hasta la muerte. ¿Hay algo que podamos hacer?


Y el viejo, emocionado al verlos tan jovenes, tan apasionados y tan ansiosos por una palabra, les dijo:


- Hacer lo que pueda ser hecho, aunque sean tareas muy difíciles. Tu, Nube Azul, debes escalar el monte al norte de la aldea solo con una red, cazar el halcón más fuerte y traerlo aquí, con vida, hasta el tercer día despues de la luna llena. Y tú, Toro Bravo, debes escalar la montaña del trueno; allá encima encontrarás a la más brava de todas las águilas. Solamente con una red deberás agarrarla y traerla para mí, ¡viva!


Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron para cumplir con la misión.


El día fijado, en frente a la tienda del hechicero, los dos esperaban con las aves.


El viejo las sacó de las bolsas y constató que eran verdaderamente hermosos ejemplares de los animales que él les había pedido.
-¿Y ahora, qué debemos hacer? Los jovenes le preguntaron.
-Tomen las aves y amárrenlas una a otra por las patas con esas cintas de cuero. Cuando estén amarradas, suéltenlas para que vuelen, libres.


Ellos hicieron lo que les fué ordenado y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron volar, pero apenas consiguieron dar pequeños saltos por el terreno.


Minutos despues, irritadas por la imposibilidad de volar, las aves comenzaron a agredirse una a otra, picándose hasta lastimarse.




Entonces, el viejo dijo:


- Jamás se olviden lo que están viendo. Y este es mi consejo: Ustedes son como el águila y el halcón. Si estuvieran amarrados uno al otro, aunque fuera por amor, no sólo vivirán arrastrándose sino tambien, mas tarde o mas temprano, comenzarán a lastimarse uno al otro.


Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos, pero jamás amarrados.


Libera a la persona que amas para que ella pueda volar con sus propias alas. Esta es una verdad en el matrimonio y también en las relaciones familiares, amistades y profesionales. Respeta el derecho de las personas de volar rumbo a sus sueños. La lección principal es saber que solamente libres las personas son capaces de amar.

domingo, 11 de enero de 2009

Relación objetiva Vs. relación objetal

Hace algún tiempo, mi amigo Juan Carlos Higuero, me incitó a reflexionar sobre el egoísmo imperante en las interacciones humanas y, sobre todo de pareja, indicándome: “… a algunos solo les prima el mí, el mío, el para mí …” Me pidió una reflexión muy interesante. Yo se la debía y hoy quiero colgarla en mi blog. Es una visión sobre las relaciones que está basada en el vínculo objetivo en contraposición al objetal.

Creo recordar que Carlos Castilla del Pino, en unas de sus obras (posiblemente “Un estudio sobre la depresión”) plasmaba una visión dicotómica sobre las relaciones humanas, donde diferenciaba la relación objetiva de la objetal. Uno, que a lo largo de su vida va asimilando, digiriendo e interpretando las distintas cuestiones con las que ha ido nutriéndose, dándole una explicación propia y razonada, que puede diferir de los planteamientos del autor de referencia, acaba elaborando sus propias conclusiones, de modo natural, como consecuencia de reflexiones y vivencias que soportan el hilo argumental de las mismas. Pues bien, estas son las mías, de momento.

En este jodido mundo, la competitividad nos lleva al poder a través del tener o poseer; no del SER, de la autorrealización, de la inteligencia y el conocimiento. Por tanto, ejerce más poder el que más tiene, posiblemente el más egoísta, con menos escrúpulos y valores sociales. Así pues, queremos, pero desde el punto de vista interesado.

Querer tiene la acepción del deseo por necesitar una cosa, es pues una relación objetal, pretendemos un objeto que nos satisfaga esa necesidad. Deseamos y queremos el objeto que nos satisface, pensando en nuestra propia felicidad básicamente. No pensamos en el amor, que tiene otra interpretación basada en la relación objetiva; es decir, sabemos que nos relacionamos con otro ser que tiene su propia proyección y que nosotros podemos ayudarle, si así lo estima, en su desarrollo personal, a la vez que él nos enriquece a nosotros. En este intercambio libre, de emociones, experiencias, vivencias y, en suma de vida, crecemos ambos. Dejemos el querer para las cosas materiales y usemos el amor para las personas.

En la relación objetal manipulamos al otro para que sea como nosotros necesitamos que sea o, al menos, lo intentamos, por lo que la convivencia se convierte en una negociación continua, en un intento de conseguir que el otro se adapta a nuestras necesidades en lugar de desarrollarse libremente y enriquecernos con ese desarrollo personal, libre y autónomo. Renunciamos a esta diversidad, que nos proporcionaría el beber de diferentes fuentes, de gran creatividad, para garantizar el beber en una sola, controlada por nosotros en la línea que nos interesa a priori.

La relación de pareja es una de las más perversas, en este sentido, cuando se enfocan al querer en lugar de al amar. Mi marido, mi mujer, mi… lo que sea, es posesivo. Lo posesivo implica “beneficiarse de…” y lleva a lo objetal. Por desgracia, históricamente, se nos ha enseñado en la dependencia, se nos han cortado las alas de la libertad, se nos ha frustrado a través de principios y conductas de componente religioso y social, se nos ha orientado en el servir a los demás miopemente. Se sirve mejor a los demás siendo más libre y buscando el propio desarrollo, que se ofrece como fuente donde beban los otros. La educación en el compromiso social y la responsabilidad garantizan esa eficacia. La siembra de estos principios, de compromiso social con la ciudadanía, permite el desarrollo de la sociedad.

Encontrar con quien compartir la vida, en sentido de pareja, y que tenga tu misma orientación en el respeto al desarrollo personal y común a la vez, es complicado, pero necesario para crecer. El problema se da en el proceso de crecimiento, en cómo se gestiona el día a día para que este sea compartido, en cómo volar sin estorbarse el uno al otro, en cómo ayudarse y darse la mano para pasar los obstáculos. La herramienta es el diálogo, hablar el mismo idioma, comprenderse mutuamente y usar la asertividad constatando que el mensaje que se quiere emitir es bien entendido y comprendido. La comunicación es la herramienta, el vehículo, que usamos para cohesionar las posiciones, para acercarnos y trasvasarnos los conocimientos, las ideas y las reflexiones que nos permitan ese crecimiento; es el soporte alimentario que nos aporta la energía necesaria para evolucionar.

Como digo en muchas ocasiones, el arte de comunicar está en hablar el idioma del que escucha. En el proceso evolutivo el leguaje se modifica, se condiciona y sufre mutación al amparo de nuestras vivencias, emociones y sentimientos, que le dotan o recubren de un contenido analógico o no verbal. Esa comunicación no verbal, que escapa a la lógica del léxico y de la estructuración gramatical, es una continua fuente de expresión de los sentimientos verdaderos, que no siempre son bien interpretados por el receptor y, en otros casos, camuflados por la parte emisora cuando le interesa controlarlos. Por tanto, cuando existe una relación objetiva la franqueza está por encima de cualquier cuestión, puesto que lo que se pretende es el desarrollo de ambas partes bajo el respeto mutuo, lo que lleva a valorar y comprender cualquier posicionamiento, sentimiento o emoción de la otra persona; el camino del entendimiento en pareja está expedito. Pero cuando la relación es objetal se da un contexto morboso y existe una tendencia a esconder los sentimientos liberalizadores, o subversivos, para evitar el conflicto, para que la incomprensión y la discordia no se adueñen de la situación.

En este tipo de relación perversa y posesiva (objetal) pretendemos que el objeto (el otro) sea como nos interesa, intentamos modelarlo a nuestra conveniencia y para ello usamos cuantas artimañas consideremos necesarias, incluyendo el chantaje emocional, el premio y castigo a través de dar o no aquello que tenemos y que le pueda interesar al otro, incluido el sexo. Y esto… ¿No parece más un intercambio comercial de objetos o partes de los mismos? Si a ello le sumamos la famosa sociedad de gananciales encontraremos el nexo que mantiene unidas a una gran cantidad de parejas, pero en una relación meramente objetal. En todo caso, se recurre habitualmente al recordatorio de las bases del contrato con el que se fraguó la pareja; o sea, “tu ya no eres el/la que eras, tú has cambiado” sin entender que la vida es un proceso continuo de cambio y de evolución.

En este punto, y a modo de despedida, quiero remitiros a la lectura de la leyenda de los indios sioux Toro Bravo y Nube Azul que cuelgo aparte.