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lunes, 19 de junio de 2017

Todo lo imaginable es potencialmente realizable


Todo lo que pueda imaginar un ser humano es realizable, lo que pasa es que aún no se han desarrollado la tecnología y el conocimiento necesarios para hacerlo” (Antonio Porras).

Me va a costar, seguramente, hacerme entender en la defensa de esta afirmación tan contundente. Posiblemente despierte rechazo en muchos pragmáticos y racionales que no abren su mente al más allá. Me refiero al más allá del conocimiento actual, al campo de las potencialidades del ser humano en la dimensión incalculable de su inteligencia, no al más allá que nos viene mostrando la concepción religiosa que, bajo mi opinión y en muchos casos, solo sabe poner palos en las ruedas y bloquear el acercamiento a la verdad desde el conocimiento, atando las manos con dogmas y credos irracionales irreductibles a la argumentación lógica y solo soportados por la fe, que no deja de ser ciega en su sentido más crédulo.  Por tanto, en este ejercicio, cabalgando sobre la metafísica con su dosis especulativa, solo pretendo compartir pensamientos utópicos de consideración poco científica, pero amparados por concepciones que, aunque poco sólidas desde el punto de vista de su contrastación, se fundamenten en la existencia de la "ciencia infusa", de la intuición y clarividencia de nuestra mente.

Es cierto que el conocimiento y la tecnología son elementos indispensables para conseguir el objetivo propuesto, desde un punto de vista operativo, y que los adelantos científicos y el proceso evolutivo de la sociedad van amarrados a la evolución de ese desarrollo. Pero, siempre, antes de la ejecución de los procesos aparece la etapa de planificación, donde la imaginación y la razón se conjugan para determinar el diseño realizable en función de los recursos disponibles. Por tanto, hablamos de imaginación, de sueño o utopía, sobre el que se trabaja ajustándolo a la realidad en que nos enmarca el limitado conocimiento que tenemos en ese momento preciso. Una visión retrospectiva nos puede hacer pensar sobre el asunto: Si en el mundo de los romanos, por ejemplo, alguien hubiera manifestado que existiría la luz eléctrica, se podría viajar en avión, llegar a la luna, etc. le habrían tachado de loco de atar. Luego llegaron los visionarios como Leonardo da Vinci con su amplísimo diseño de máquinas inimaginables que se han materializado, o la fantasía novelística de Julio Verne fundamentada sobre su capacidad imaginativa, donde concibió armas de destrucción masiva, helicópteros, naves espaciales, grandes transatlánticos, muñecas parlantes, submarinos, motores eléctricos, ascensores, incluso, motores de explosión e internet.

Mi pregunta fundamental sobre este tipo de imaginaria creatividad extemporánea sería si determinadas mentes privilegiadas, mediante los conocimientos del momento, junto a su profunda capacidad observacional y un componente filogenético que le diera a su cerebro determinadas cualidades para conjugar y comprender, desde la metafísica especulativa, los diferentes estímulos que la propia naturaleza nos ofrece, si con todo esto, pienso, ese genio sería capaz de componer un constructo hipotético, dando forma razonable a una situación inimaginable para las mentes normales y empíricamente sostenidas desde su limitada observación racional. 

Mi otra pregunta, sería: 
¿El mundo se desarrolla según lo que va descubriendo u orienta su investigación en función del componente imaginativo del visionario? 

En todo caso: 
¿Hasta qué punto influye la aportación del visionario en la orientación del proceso investigador?

En los últimos años se ha producido un salto cualitativo importantísimo en el desarrollo de la mente humana y en su capacidad de aplicación práctica del conocimiento. El vertiginoso desarrollo abre puertas y más puertas a nuevas invenciones y tecnologías que acaban sobrepasando la capacidad asimiladora de los individuos, quedando muchas cosas fuera del conocimiento popular. La masiva afluencia de cerebros pensantes, de visionarios y teóricos de la metafísica, a través de una mayor socialización del conocimiento, nos ha permitido ir más lejos de lo imaginado y nos llevará aún a otras dimensiones inimaginables para el sujeto de a pie.

Dicho esto, tal vez quepa reflexionar algo sobre el proceso cognitivo del sujeto; ese proceso que le hace sustentar una opinión, una visión interpretativa de la realidad que le envuelve, mediante la computación de los diferentes estímulos percibidos y su capacidad de análisis y tratamiento de los datos que recibe. Pero también cabría hacerlo sobre si los sentidos del ser humano son exclusivamente los clásicos, ya descritos, o si existen otros niveles de contacto con la realidad, desde el subconsciente, que permite ver algo más de lo que constatamos desde el realismo interpretativo racional. 

Entonces nos preguntamos: 
¿Solo percibimos lo que nos ofertan los sentidos, o hay un influjo cósmico energético que nos ofrece conocimientos infusos que influyen en el proceso cognitivo, en función de la singularidad y la capacidad intelectual del perceptor para asimilarlos?

¿Existen otros sentidos de la percepción que nos permiten llegar, sin tener conciencia de ello, a informaciones de forma inconsciente?

Ya sabemos que otros animales no racionales tienen un desarrollo superior de sus sentidos, bien sea la vista, el oído, olfato, etc. De ser así, la cosa cambia y mucho. Esto explicaría el razonamiento y la inventiva del visionario, pues su análisis cognitivo mediante una profunda observación del entorno en conjunción con sensaciones, intuiciones y clarividencias, le permite detectar las potencialidades del ser humano para desarrollar una ciencia, ficción en este momento, pero futurible en cuanto se trabaje y descubra el conocimiento para poder ejecutarla.

Entonces podríamos pensar que la imaginación es la fuente del saber y el desarrollo, a la vez que todo lo imaginable es, hipotéticamente, posible considerando que abre la puerta a la investigación para que esa circunstancia se pueda dar. Newton descubre y formula la ley de la gravedad, y yo me hago la pregunta:

¿Por qué, a través de ese mismo principio y planteando la inversión de esa ley, no es posible pensar que en un momento dado se pueda conseguir la tecnología para realizar esa inversión mediante un proceso controlado, permitiendo el despegue y aterrizaje de aparatos sin ningún tipo de gasto energético?

Esto me lleva a otras preguntas más terribles aún: 
¿El sistema capitalista, que solo pretende beneficio para sus accionistas y obvia los intereses de la sociedad en su conjunto si no le aportan ganancias, está en disposición de avalar un desarrollo que no les lleve a conseguir esos beneficios?

¿Estarán dispuestos a acabar con los recursos del planeta obviando la existencia de otras energías no rentables para ellos, aunque sean sostenibles y ecológicamente aconsejables, con tal de seguir ganando dinero y poder?

¿Existen ya descubrimientos, ocultos por las grandes entidades perjudicadas por su uso, que nos llevarían a una mayor cuota de desarrollo en un mundo en equilibrio?

¿Se han desarrollado tecnologías aplicables a una mejora de vida pero se mantienen en secreto por la paranoia de los países ante las guerras y con la intención de potenciar el poder y la defensa militar? 

Y lo que es peor: 
¿Nos están sustrayendo el derecho al uso de tecnologías donde la fusión entre el hombre y la tierra, entre el ser humano y la naturaleza, podría llevarnos a un mundo mejor, donde la madre tierra garantizara el sustento físico y el ser humano pudiera desarrollar mejor su capacidad intelectiva de forma sostenida? 

Es, pues, evidente el desconocimiento que tenemos los sujetos de a pie sobre el conocimiento real de los grandes pensadores, científicos, eruditos e ilustres autoridades del saber y/o sobre el desarrollo de tecnologías ocultas, lo que nos lleva a fantasear sobre esa realidad escondida que se nos detrae, especulando sobre extraterrestres, armas secretas, viajes astrales y mil cosas más en función de la propia fantasía y orientación de credos y de fe, de disponibilidad y mente abierta y permeable a las influencias de planteamientos medianamente consistentes. Esto pudiera refutar lo ya mencionado, pero, en realidad, lo que hace es confirmar la actitud visionaria de la gente mediante mentes abiertas a lo desconocido que, como decía Albert Einstein, son las que funcionan de verdad (Sic: La mente es como un paracaídas, solo funciona cuando se abre).

Pero volviendo el tema y tras reflexionar sobre estas cuestiones, me permito remarcar algunas ideas o consideraciones que, bajo mi opinión, se desprenden de mis reflexiones a modo de conclusiones:
a) La imaginación del ser humano es una fuente de donde ha de beber la ciencia.
b) El pensamiento racional está sujeto a la consideración del conocimiento del momento.
c) El visionario abre las puertas del mañana y pones las bases del desarrollo, mediante sus planteamientos metafísicos, al amparo, también, de la vieja y denostada concepción de ciencia infusa y la metafísica.
d) La ciencia ficción puede ser la utopía que orienta la investigación hacia el futuro o, al menos, permite valorar sus posibilidades más o menos inmediatas.
e) En el desarrollo de nuestra sociedad estamos implicados todos y es imprescindible socializar el conocimiento para compartir las capacidades intelectuales de cada cual mediante sinergias que confluyan en mayor beneficio social.
f) El poder debe someterse a los intereses de la sociedad para elevar el nivel de desarrollo y socializar sus efectos.
g) El sistema que se apropia del conocimiento debe ser erradicado para permitir que este y el conjunto de la ciencia esté al servicio de la sociedad en su conjunto.
h) La propiedad privada no debe aplicarse al conocimiento que conlleve mejoría en la vida de la gente, sea en su salud, en la tecnología o en todo lo relacionado con la cobertura de sus necesidades básicas.

Por tanto, si eres capaz de imaginar algo es porque ya has considerado y valorado las circunstancias imaginarias que lo pueden hacer posible, dentro de tu proceso de razonamiento mental.

Llegados a este punto y como colofón a estas reflexiones, me permito retrotraerme a mis escritos del pasado, ofrecidos en mi blog, y sugerir la lectura de unas reflexiones publicadas el 31 de enero de 2011, tituladas: “La adulteración del conocimiento” (http://antoniopc.blogspot.com.es/2011/01/la-adulteracion-del-conocimiento.html) tal vez pueda aportar algo más a esta visión que planteo en este micro-ensayo que os ofrezco.



sábado, 6 de mayo de 2017

La nieta y la abuela


Foto tomada de internet
He de reconocer que no suelo salir a andar. Ya se sabe que es un sano ejercicio a mi edad. Pero, tal vez por vagancia, por estar haciendo otras cosas o preferir dedicar el tiempo a otros quehaceres, un día por otro, a pesar de ser consciente de la necesidad de caminar, sigo sin hacerlo.

No obstante, de cuando en cuando, me gusta despejarme, hacer volar el pensamiento a otras esferas y, al ritmo sosegado del paseo, dar rienda suelta a la imaginación. Digo eso porque si dejas la mente suelta, abierta a los estímulos del entorno, ella divagará en función de lo que prefiera o le sea más impactante o interesante entre todo aquello que se ofrece a sus sentidos.

Hoy, en uno de esos escasos paseos, observé delante de mí a una pareja formada por una chica joven y una señora mayor. La joven tenía un tipo impresionante, una figura seductora de belleza 10, y con matrícula de honor. Aflojé mi ritmo para no adelantarlas y seguir disfrutando de la maravillosa visión. Se me vino a la mente lo de viejo verde y recordé lo que suele decir un amigo mío, que prefiere ser viejo verde a estar muerte y carente de deseos. La chica debía medir algo más de 1,70 m. Llevaba una especie de top corto mostrando una fina línea de su cintura entre la falda y el top. La falda, ligeramente por encima de la rodilla, mostraba algunos centímetros de los muslos, dejando a la fantasía una morfología ideal, a la par que le daba frescura a la imagen y un cierto encanto con el rítmico bamboleo al caminar. El pelo rubio y abundante le caía sobre la espalda formando una melena juguetona con la suave y casi imperceptible brisa de la mañana. Zapatos de tacones moderadamente altos, lo suficiente para elevar los glúteos en su justa medida, exhibiendo un trasero seductor. Piernas bien formadas, con caderas perfectas que se iban ajustando armoniosamente a la dimensión de la cintura, que, sin ser de abeja, ofrecía un diámetro de película, formando una figura ejemplar, de modelo, que me hizo pensar por qué es un placer subliminal el toque de guitarra.

Aquella chica tenía todos los encantos necesarios para llamar la atención, para despertar admiración al observarla. Ciertamente, el mundo nos ofrece bellezas por doquier, bien sean naturales o artificiales. Lindas panorámicas, maravillosas construcciones, exuberantes floraciones en primavera, etc. Y cómo no, la natural belleza del sexo contrario o, por qué no decirlo, para algunos y algunas, los del propio sexo. Esto de la belleza parece que no es una cuestión perfectamente definida y baremable, aunque hay ciertas tipologías que serían los modelos matizables según cada cual. En todo caso, yo suelo decir, cuando se ve una mujer bella, que es como una obra de arte expuesta en el museo natural de la vida para ser observada y admirada pero, como en los museos, queda prohibido tocar.

Reconozco, como hombre, que ante estos estímulos afloran sensaciones, sentimientos y deseos esporádicos que bullen en el interior, produciéndose una batalla entre el deseo y la razón que, al final, acaba venciendo. Para ello se nos ha educado en esta sociedad que nos encorseta a normas, no siempre bien interpretadas. Porque, digo yo, ¿no quedaría bonito que cuando un hombre o una mujer, ve a otra persona de belleza y encanto se lo dijera? Sería lindo que alguien te parara por la calle, cuando a veces necesitas un chute de energía positiva, y te dijera: “perdone pero al verle he sentido en mi interior la necesidad de decirle lo bella que es usted, me encanta su pelo, sus ojos o su…” lo que fuere, sin que ello significara que esa otra persona te está agrediendo o invadiendo tu intimidad, sino reconociendo y realzando tu valor. Tenemos miedo a que la gente nos malinterprete cuando decimos algo que pueda sonar a piropo intencionado, a que se viva como una agresión y se nos mande a freír espárragos con cajas destempladas, desde la suspicacia y paranoia que nos ha creado este mundo de oscuras pretensiones. A mí, a veces, me sale del alma y, en más de una ocasión, le he dicho a una chica, amparado tal vez en la diferencia de edad, lo bonitos que tiene los ojos, la luminosidad que proyectan y le otorgan a su cara, o la esbelta y modélica figura de su cuerpo. Evidentemente, mis pretensiones son las del visitante del museo, solo observar y disfrutar de la belleza de la obra creada, sin tocarla, claro está.

Pero volvamos al caso de la chica y la señora que nos ocupan. ¡Qué maravilla! La suerte dotó a la joven, sin ni siquiera hacer nada, con toda su belleza. Ella lo sabía, ¿cómo no? si solo al mirarse al espejo debía recibir una chorro de autoafirmación, y satisfacción personal, con el riesgo de llevarla a la pedantería y el engreimiento. Y mirándolo bien, me dio la sensación de que así era. Pienso que, como se suele decir, se lo tenía creído. Sin comerlo ni beberlo, la naturaleza le regaló la belleza; el mérito no era suyo, en cierto sentido. De todas formas, a mí, me arrebató, sintiendo en mi interior las alteraciones naturales del deseo, porque no nos engañemos, la edad es la edad cronológica, pero la juventud y el deseo afloran sin remisión… otra cosa es el autocontrol y la represión que ejercemos a lo largo de nuestra vida sobre esos deseos de inapropiada exhibición pública.

Luego, cuando se pararon en el escaparate de una librería, no pude menos que imitarlas. No eran los libros expuesto mi motivación, lógicamente y ante el susodicho arrebato. De soslayo observé más detenidamente su cara, su torso, ojos, etc. que la reafirmaban. Linda chica, me dije… y entonces miré a la señora mayor. Debía ser su abuela.

Cambié el chip al ver su cara, cargada de arrugas, el pelo blanco, sus ojos cansados pero no apagados, y todo su ser marcado por el tiempo, por la vida vivida y sufrida, por las experiencias traumatizantes y enriquecedoras, por el acúmulo del conocimiento y saber estar. Yo creo que superaba con holgura los 70 años, pero a mí nunca se me dió bien el calcular las edades, sobre todo en el caso de las mujeres. Eso sí, aquella señora exhalaba encanto por los cuatro costados, hasta tal punto que borró de mi mente a la joven y mi pensamiento voló a otros campos. En ella vi el valor de la persona que a lo largo de su vida se va fraguando, que se crea a sí misma y su belleza y valía es una autocreación, un cúmulo de riqueza acumulada en su ejercicio vital, en su esfuerzo y dedicación a lo largo de la vida.

La obra de arte que portaba su nieta era de otro artista, siendo ella un mero soporte de la belleza; en el caso de la abuela, era ella la artista, la que había creado su obra. La belleza de la joven era un regalo divino, no una creación propia, mientras la belleza de la abuela era el producto de una conformación personal, una creación exclusiva realizada a lo largo de su existencia donde fue modulando sus sentires, emociones, convicciones, valores, etc. hasta resultar el cúmulo de encantos que emanaban de su ser. Se veía una persona culta, sosegada, inteligente, irradiando paz. Ese era su atractivo precisamente. Tal vez despertara cierta envidia en mí, pues a estas edades uno de los elementos básicos que deben movernos en la vida es, precisamente, el encuentro con esa sosegada paz que nos permita transitar por el estadio final de nuestra existencia, hasta llevarnos a un final tranquilo, apacible, dulce y afable. La paz interior se refleja en la sonrisa, en la mirada y los gestos. Se muestra desde la tranquilidad del espíritu, desde el equilibrio interno y la madurez psicológica. A esas edades, si se alcanza esa madurez, se comprende casi todo, se entiende a la gente y se acepta la nimiedad personal, dejando de ser insoportable la levedad del ser, como diría Milan Kundera. A esa edad ya no ha de haber envidias, ni vanidades, ni codicia y avaricias sobre el mundo material, sino sosiego, ternura y nobles sentimientos que se puedan ofrecer a los jóvenes como guía para alcanzar en su mañana esas cotas de desarrollo cercanas a la autorrealización personal.

Curiosamente, la joven pasó a segundo término eclipsada por su (presumible) abuela. Mi instinto reproductor, mi deseo sexual, quedó superado por mi otro deseo de maduración psicológica, de identificación generacional y de modelo proyectivo, sabedor de que mi camino se alejaba de aquella juventud ostentosa de la chica y se acercaba al sereno tránsito de su abuela. Entonces prefería el valor nutriente de la experiencia, a la bacanal impulsiva de deseos con matices de sensualidad lasciva. Tal vez se comprenda esto al entender que el deseo sexual es una necesidad perentoria que una vez satisfecha pierde su poder, como el hambre desaparece después de haber comido.

Hay instintos importantísimos en el ser humano, y todas las especies animales, que permiten su perpetuación a través de la gestación y nacimiento de sus crías, para ello, el acto de inseminación se acompaña de uno de los placeres de mayor intensidad, porque de lo contrario no estaría estimulada esa reproducción y la especie desaparecería. Por tanto, la sexualidad es hedonista y placentera hasta tal punto que, mientras el resto de las especies la usan, por lo general, en los momentos de receptividad de le hembra para la reproducción, el ser humano, dotado de inteligencia, la busca por puro placer. Mientras que las otras especies detectan esa receptividad por el olfato, nosotros usamos más el conjunto de sentidos, la vista, el oído, etc. junto a la interpretación del mensaje verbal y no verbal con todas sus ambigüedades para valorar la receptividad del sexo contrario y la afinidad, feeling o química, que se pueda dar entre ambos.

De ahí que la sexualidad de las personas mayores sufran un declive con la edad, porque la naturaleza es sabia. Los jóvenes, desde su fortaleza, garantizan una mayor calidad de las crías. A los mayores, en todo caso, les compete aportar su cúmulo de saber en lo vivido actuando como nutrientes del conocimiento, como aporte de la sensatez y el equilibrio que otorgó la experiencia, aunque en los últimos tiempos la tecnología nos ande arrebatando el derecho a transmitir las actitudes y el conocimiento intergeneracional. Ello no quiere decir que en la madurez el sexo no exista, sino que se vive de otra forma más sosegada, donde el coito y penetración no es el objetivo principal, sino el contacto, la caricia, el sentimiento de acompañamiento y comprensión. En suma la aparición del amor verdadero y no del amor pasional que prevalece más en la juventud por imperativo subliminal de reproducción.


Si, la abuela era la verdadera obra de arte en el sentido humano integral, con las marcas y arrugas que dejan los tiempos; la nieta era apariencia sublime, de piel virginal, sin el contenido humano de la abuela. ¿Me estaré haciendo viejo?

De todas formas, dado que mañana es el día de la madre, ¿qué mejor madre que la abuela? por eso se llama en algunos idiomas gran madre... va por ellas.


domingo, 23 de abril de 2017

Día Mundial del Libro

  
El libro es la ventana por la que los seres humanos ven el mundo de los otros o como lo ven los otros, por donde nos intercambiamos alimento del alma, del intelecto, y desarrollamos nuestras potencialidades de creatividad, evolución ideológica, visión de la vida con la sensibilidad que nos permite madurar como humanos, por el que se nos rescata de la ignorancia y nos lleva al conocimiento, a la luz del pensamiento propio.

El libro nos hace libres, tal vez por eso, sin quererlo o queriendo, se llame libro, porque nos libra de la esclavitud que conlleva el desconocimiento y la ignorancia. El libro ha sido perseguido por los poderosos, y también usado para manipular, para someter a los débiles de pensamiento, a los crédulos carentes de ideas propias, hasta el punto de acabar dominado, controlado y censurado cuando el poder es totalitario.

Las religiones, en un acto de barbarie, quemaron libros… aquellos que cuestionaban en libertad sus credos, los que ponían en entredicho sus dogmas y podían abrir los ojos de los fieles, aquellos que eran expresión de herejes o críticos. Solo los sacerdotes, imanes, rabinos, etc. podían leer e interpretar el mensaje de las escrituras y estudiarlas bajo la dirección de eruditos doctores de la iglesia. El libro era un arma peligrosa que había que neutralizar y controlar para ser usada en beneficio de la fe, guiados por la mano del pastor. Entonces fueron los monasterios los garantes del libro, pero, sobre todo, de aquellos que les interesaban y reforzaban la fe y el dogma… “El conocimiento y el pensamiento estaban controlados”.

Luego, la imprenta rompió ese poder, la burguesía reivindicó su activo papel social y surgieron los librepensadores para que la fortaleza donde se controlaba todo se desmoronara. El siglo de las luces a través del libro, el enciclopedismo y del librepensar, cambió el escenario acorralando al poder establecido y abriendo las mentes a otras dimensiones que nos llevaron a esta situación donde el analfabetismo es casi ausente, aunque haya mucho analfabeto funcional o ideológico.

Los libros adoctrinan, socializan, imparten conocimiento, matan la ignorancia, distraen como medio de ocio… en los libros puedes vivir mil historias y aventuras, a la vez, que exponer la tuya y tu propio proceso evolutivo, tu pensar y entender de la vida, tu aprendizaje y conclusiones en ese contacto continuo con el entorno del que te alimentaste.

El libro es un arma muy poderosa. Por eso lo quieren controlar los que ostentan el poder. Ellos, con sus empresas, determinan cuales publican, a qué libros apoyan, o puede o debe ser un best seller… El libro modula, conforma (da forma) a la gente, por experiencias vicarias (de otros) o proyección en sus protagonistas, en una línea determinada, creando un perfil social, un sujeto modélico o ajustado a los principios y valores que se siembran en esa sociedad mediante la cultura social que le caracteriza, bajo el dominio de su estructura de poder. Pero el libro también ofrece la oportunidad de pensar, analizar, conocer y vivir distintas visiones de la vida, lo que te lleva a la ingesta del alimento intelectual al que has de saber digerir para que el nutriente sea aprovechable, mandando las heces al sistema evacuador y el alimento a la sangre que corre por tu mente y te hace crecer.

Cuando uno lee un libro mira quién es el cocinero que condimentó ese alimento y si es de tu agrado el autor; o sea si te gusta la comida que te ofrece y la consideras nutriente para tu espíritu. Pero, siempre, absolutamente siempre, se ha de someter a ese proceso de digestión, al que ya me referí, para no tragarse nada sin desmenuzarlo y separar las heces del nutriente, porque en todo alimento hay restos que formarán esas heces, salvo situaciones excepcionales. En todo caso, enseñar a leer no es mostrar qué dice la B con A, sino adiestrar para que el sujeto entienda, discuta y asimile en libertad crítica lo que lee, sin tragárselo de corrida.

Es más, cuando alguien le diga, al leer un libro, “palabra de Dios” (entiéndase Dios o líder social o político si lo desea) para que usted no la discuta y la acepte sin rechistar, piensa que las palabras siempre son de los hombres y, por tanto, siempre llevan una intención, más o menos buena, para imponer o mostrar su verdad subjetiva, por lo que debe analizarse bajo el manto de la duda hasta racionalizarla y comprenderla… luego, cada cual  es muy dueño de fraguar su pensamiento sin imponerlo a nadie, claro está; pero, en todo caso, yo aconsejo que elabore su propio juicio para sentirse en plena coherencia interior.

Por tanto, hoy más que nunca, vale la pena reflexionar sobre el libro y su papel en el proceso evolutivo de la sociedad y, cómo no, en nuestro propio progreso individual. Yo le dediqué hace unos años este poema en un día como hay, donde intenté plasmar mi visión del libro expresada en forma poética, recurriendo al verso para darle un sentido más lirico.


Homenaje al libro

Líbreme el libro del mal de la incultura
hágame libre, de pensamiento libre,
no me atrape el libro en dogmas ni credos
no me encorsete en normas leguleyas
ni me oprima con leyes represoras.

El libro es la estrella del camino
que te guía en su deriva hasta ser libre
por la senda de la grandeza del espíritu,
del conocimiento y desarrollo personal,
hacia nuevos horizontes del futuro.

El libro es un lugar de encuentro
un campo de cultivo compartido
el surco en sementera de la vida
el abono de una promesa del fruto del mañana
letra, sílaba, palabra, verbo de papel…
para llevarnos siempre al libro de la vida
rompiendo las miserias y prejuicios
haciendo germinar un novel marco
que dé sentido a un nuevo mañana
que hoy nos quieren yugular
para llevarnos a la nada
mientras otros, en mísera codicia,
se suben al tren de la abundancia
dejando sumidos en pérfida ruindad
a la inmensa mayoría desesperada.

Hoy canto al libro redentor de mi mañana
que traiga nuevas formas y alianzas
a través de la lectura y su palabra
para que surja un nuevo mundo
para que se imponga la justicia
para que los ojos se nos abran
para que sembremos en su campo
el huerto que traiga el alimento en alborada.

Autor: Antonio Porras Cabrera

Málaga, 23 de abril



viernes, 31 de marzo de 2017

Los lesivos twitters de Casandra y otras historias…


La nieta de Carrero Blanco consideró “un disparate” la petición de prisión de la Fiscalía para Cassandra Vera. 
(La Vanguardia)

Dentro del mundo esperpéntico que se está instaurando es nuestro país de la mano de lo absurdo, la intolerancia, la hipocresía, los malos modales, la falta de respeto, la chulería de algunos medios y sus “periodistas”, etc.,  estamos asistiendo al sumun a través de la, para muchos, irracional aplicación de la justicia, fundamentada en la ley mordaza, en un sistema cada vez más disparatado e insensato donde la sociedad ha entrado en la dinámica del dislate, perdiendo la verdadera esencia donde se enmarca la libertad del ciudadano en un plano de equidad. Se entiende como desmedido el castigo por hacer unos chistes cuando pululan por ahí, libremente, sujetos que han causado muchos más daño con sus actos que un Twitter más o menos irrespetuoso o, incluso, ofensivo.

Mientras determinados medios y sus mentores pueden insultar y amenazar o referir que les despierta el instinto asesino la vista de un representante del pueblo, como es el caso de Jiménez los Santos en referencia a Podemos y otros, se acaba condenando a prisión a una chica por hacer chistes, o si quieren mofa, de un hecho acaecido hace más de cuarenta años. La ley debería tener en cuenta el equilibrio entre el delito y la pena, la proporcionalidad en este sentido es básica. ¿Acabarán prohibiendo o censurando los carnavales por las letras de las chirigotas gaditanas ofensivas a los mangantes insertados en el gobierno o los partidos políticos?

Ven esto pero no el desprecio a las víctimas del franquismo y a los muertos que no son afines a los que gobiernan, por lo que no se castiga ese ultraje y se sigue menospreciando a esas víctimas que permanecen en las fosas comunes y cunetas desde hace 80 años; eso sí, a los suyos se le llevó a sus mausoleos de gloria, incluso a los altares, se rebuscaron sus restos para dignificarlos y se proclamaron a los cuatro vientos los hechos criminales de las hordas rojas con cierta morbosidad ejemplarizante, vendido sus propios crímenes como hechos heroicos. Luego quieren dejar todo como está, no mentar la bicha para evitar volver a la confrontación reviviendo esas injusticias, corriendo un estúpido, sí estúpido, velo sobre los crímenes de la pasada dictadura, dejando impune a la ideología responsable de ellos. La otra, la ideología contraria, ya fue juzgada y condenada durante los 40 años. Si se pide pasar página, no es conveniente hacerlo desde el olvido sino desde la reconstrucción de una realidad histórica manipulada y tergiversada por el vencedor, que, al parecer y siendo todos demócratas, sería el enemigo a criticar como un sistema dictatorial, al que condenamos como defensores de la libertad… o tal vez es que hay demasiados demócratas conversos que guardan bajo su piel la camisa azul de un pasado oculto. No, no me hablen de justicia por condenar a un Twittero que hace chistes sobre Carrero, cuando lo que pasa con esas víctimas del franquismo es más humillante para ellas y sus familias, que demandan de continuo localizarlas. La democracia no se alcanzará hasta que en España no reinen los partidos verdaderamente demócratas, lo otro será manipulación intencionada a caballo de la engañifa.

Somos muchos los españoles que nos sentimos asqueados al ver cómo se tratan los casos según de quien se trate, ya sea por esta u otra causa de instrucción.  Esta sociedad cada vez más corrompida, putrefacta desde los principios que deberían consolidar la democracia y los valores de lealtad hacia el pueblo, no pretende la justicia sino la sumisión y el mantenimiento en el poder de las oligarquías dominantes, aunque sea a base de leyes mordaza suficientemente ambiguas y atentadoras contra la libertad, para condenar a unos y salvar a otros. El responsable primero es el legislador que otorga la ley con la que el juez condena al aplicarla, luego estará la interpretación de la misma según el magistrado que te toque y su imparcialidad, muchas veces cuestionada.

Aquí quiero hacer un paréntesis y volar hacia el pasado, pues el detonante de esta reflexión ha sido el caso Carrero y los twitter de Cassandra. La muerte de Carrero a mí me jodió y no porque fuera afín a sus ideas. Me explico: En 1973 estaba haciendo la mili y el 21 de diciembre de ese año me iba de permiso de Navidad para no volver, pues me licenciaba el 15 de enero: Navidad en familia, mi novia me esperaba, perdía de vista la jodida mili y esa mañana, cuando tenía el petate preparado para largarme al día siguiente, me sorprende la noticia de que habían volado el coche de Carrero con él y dos personas más dentro. Eso me jodió y debí permanecer allí hasta enero. En el campamento reinaba el desconcierto, no se sabía si era por una explosión de gas o qué podía haber sido, pero el mundo militar andaba desasosegado, expectante y en estado de máxima alerta. Yo estaba en San Clemente, por encima de Figueras y a 7 kilómetros de Francia. Ya corría el rumor de acuartelamiento, de peligros indefinidos, etc. que nos condenaban a estar allá toda la Navidad, como así fue. Fueron momentos de zozobra e inquietud. En algunos casos se recibió la noticia con satisfacción manifiesta, sobre todo en aquellos jóvenes más críticos con el régimen. Pero permitidme un repaso a los hechos, y sus antecedentes, que se dieron aquel 20 de diciembre.

Carrero Blanco, para quien no sepa la historia o no haya vivido aquellos tiempos, era el heredero de Franco, Presidente del Gobierno (o primer ministro) bajo la batuta del Jefe del Estado que, a la sazón, era el mismo Franco. La dictadura se mantuvo tanto tiempo por eso, por definición, dicta-dura, un dictado de la voluntad del dictador sin considerar la del pueblo llano, impuesta a la fuera, por la dureza de sus métodos represores… duramente. El disidente, siguiendo la tendencia establecida desde la famosa guerra civil, era considerado traidor a la patria, ya que España era Una (la que ellos quería), Grande (según el criterio) y Libre (para los que se plegaban o comulgaban con la voluntad del amo). Esa España, donde no se soportaban las diferencias, la diversidad de opinión, la libertad incluso de pensamiento, estaba regida por la doctrina Católica como religión oficial y por sus valores dogmáticos, totalitarios, impuestos, hasta hacer a la gente sumisa (su misa), dejando claro cuál era su misión (sumisión). El juego de palabras encaja perfectamente, pues a través de la misa se hacía a la gente sumisa, y la sumisión era el objetivo o misión de ese adoctrinamiento.

Y tú, querido amigo lector que no viviste aquellos tiempos, has de saber que la Iglesia acabó cambiando a través del Concilio Vaticano II, de la mano de Juan XXIII. Ello creó un conflicto dentro de la misma, donde los reaccionarios obispos y clérigos defensores del régimen se enfrentaron a los innovadores que defendían el tránsito hacia la democracia. Recuerdo el grito de los franquistas: “¡TARANCÓN AL PAREDÓN!” porque el arzobispo de Madrid, monseñor Tarancón, defendía ese tránsito. Todo el mundo sabía que era imprescindible el cambio para reintegrarnos al mundo europeo, que estaba allende los Pirineos, que nos separaban de Francia y de algo más. Pero, en su proceso soberbio de trascendencia post mortem, el caudillo había previsto seguir secuestrando la voluntad popular, dejando a un rey monigote como Jefe de Estado, mientras ejercía el poder su delfín como Presidente del Gobierno. Aquello estaba atado y bien atado, se decía por aquellos tiempos. Lo que pasa es que no todo el mundo tenía la voluntad de seguir el camino marcado, desde los partidos políticos en el exilio, apoyados por las democracias europeas, hasta los intereses económicos de dentro y fuera del país. Había que cambiar, era evidente, si se quería volver al redil de los ganadores de la guerra mundial, que derrotaron a los amigos de los vencedores en España, y que soportaron al régimen franquista porque sacaron tajada de ello, bien con las bases americanas, bien con el chantaje comercial.

Si se quería cambiar había que modificar el escenario y los actores. Juan Carlos, el futuro rey, era influenciable a través de su propio padre y de los intereses de los monárquicos españoles, que habían colaborado con Franco por puro pragmatismo. Su papel podía ser históricamente trascendente o dejarse llevar por el proyecto franquista y pasar a ser, posiblemente, Juan Carlos el Breve. Optó por lo primero y esa renta le ha permitido seguir durante tantos años al frente del reino, siendo inimputable, o sea con las manos bastante sueltas para hacer y deshacer, lo que deja una sombra de duda sobre ciertas actuaciones.

El caso de Carrero era diferente. Franquista convencido, militar con su almirantazgo, fraguado políticamente en la cuna de la dictadura, era un hueso duro de roer. Sus convicciones, su lealtad al "sagrado" Movimiento, su inquebrantable credo en el Nacional-Catolicismo, etc., era un hándicap muy importante. Estorbaba, sobraba, a los intereses del cambio, pero no solo al mundo interno de la sufrida España, sino al mundo externo del marco político y económico mundial. Por tanto, un manto de ambigua sospecha se extendió sobre su muerte. Es cierto que a Carrero Blanco le dinamitaron el coche de una forma un poco extraña, dado el trabajo que realizaron los ejecutores del atentado sin ser detectados por las fuerzas de seguridad, sabiendo que todos los días iba a misa, a una hora y por la misma ruta, lo que demuestra la incapacidad de los servicios secretos para detectarlos, bien por incompetencia, por prepotencia o, incluso se dijo, por connivencia. La tesis de la CIA parece descartada, pero en aquellos tiempos se especulaba con que la Inteligencia Americana estaba tras el atentado o, al menos, lo supo y dejó hacer. El hecho es que el 20 de diciembre de 1973, el coche de Carrero, voló a 35 metros de altura con sus tres ocupantes dentro, saltó la fachada del colegio de los Jesuitas y dio con sus huesos en el patio, hasta tal punto que, en un primer instante de estupor no encontraban el Dodge Dart blindado hasta que lo descubrieron destrozado con sus tres ocupantes dentro. (VER AQUI).


La muerte de Carrero Blanco, de alguna forma, rompió la atadura del futuro con el pasado y condicionó la posterioridad del país. Abrió la puerta a una mayor influencia de las fuerzas a fines al cambio y conmocionó a los leales al caudillo que vieron como se les iba de las manos el delfín ideológico de Franco. Luego, con mayor o menor acierto, se gestionaría le cambio sin la figura de un Carrero Blanco para tutorizarlo o condicionar a Juan Carlos y sus seguidores en el proceso. El presente de España, sin entrar en valorarlo cualitativamente, quedó condicionado un 20 de diciembre de 1973 con el vuelo forzado del Dodge Dart de Carrero. 

Luego vino lo que vino y estamos donde estamos. Lo malo es que en lugar de condenar a los que nos sumieron en el ostracismo y en la dictadura, parece que volvemos a ensalzarlos y arremetemos contra quienes los critican. De aquí a volver a convertir en héroes a los golpistas solo hay un paso, el paso de cargarse el espíritu demócrata y alabar al dictador. No quiero decir con esto que no se exijan a la ciudadanía buenas y educadas formas de actuar, pero ¿quién pone el límite y a quienes afecta?

domingo, 26 de febrero de 2017

Carta a Pablo Ráez: Luchador por la vida hasta la muerte…


Querido paisano Pablo:

Yo no te conocía, salvo por los medios de comunicación, por internet y sus redes sociales. Sabía de ti por esa lucha que planteaste, ese reto con cierto descaro propio de la juventud, a la siempre amenazante parca. Todos tenemos esa guerra perdida y lo sabemos, pero también sabemos que nuestro ser se fragua en un campo de batalla donde el enemigo, que intuimos triunfador, nos irá permitiendo sentir la vida hasta el propio momento de su éxito, cuando nos segará con su guadaña de este huerto, donde se nos vino a sembrar para crecer y morir, haciéndonos notar esa nimiedad que somos, a pesar de nuestro orgullo y soberbia tan propia de los seres humanos. Todo tiene su tiempo y es justo que a cada cual se le de ese tiempo que el dios Cronos le otorga para lidiar con la parca, para burlarla y engañarla, hasta que nos gane el combate final. Eso sí, el final tiene sentido cuando ya hemos crecido, aprendido, procreado y dejado justo testimonio de nuestra existencia y trascendencia, que, en cierto sentido, es una forma de burlarla, pues nos morimos cuando queda de nosotros un testimonio de vida, cuando tras nuestra partida dejamos un legado, a modo de notario, que da fe de nuestra existencia pasada.

A veces y a traición, la parca no respeta nuestro tiempo y, urdiendo mil engaños o trapisondas, con sus artimañas, nos tiende celadas para arrebatarnos de este infausto mundo, robarnos nuestro tiempo y llevarnos a Hades de la mano de extraños Carontes que, en su barca, nos trasladen al inframundo donde habita. A ti, amigo ausente de cuerpo y presente de espíritu, te envió a un Caronte singular, que enmascarado en la Leucemia, quiso aprisionarte en sus garras, subirte en su barca y diluirte en los brazos de Hades, ese dios mitológico hijo de Cronos y de Rea que reina en el inframundo, mientras sus hermanos Zeus lo hace en los cielos y Poseidón en los mares.

Pero no se percató de que eras un rebelde, de que querías bailar en los cielos de Zeus y navegar en los mares de Poseidón, junto a tu Marbella querida.  Te infravaloró sabedor que el poder del inframundo es omnímodo y que al final todo acaba allí mediante el eterno contrato existencial que firma el ser humano cuando nace. La Leucemia entró en tu vida queriendo rescindir ese contrato, como suele hacer a su antojo en tantos casos. No supo, en el tuyo, con quien se la jugaba y en lugar de encontrar a un joven sumiso y resignado, se topó con un luchador, con alguien que le exigía su tiempo, que injustamente querían arrebatarle.

Le plantaste cara, sí. En plan amenazante procuraste burlarla y dejar escuela para que otros la burlaran. Aliado con la medicina buscaste soluciones que desarmaran a la parca, que le privaran de su pérfida guadaña. En un acto sobrehumano comprendiste que a la muerte, aunque no se le pueda vencer definitivamente, se le puede pedir y arrebatar el derecho que tenemos a vivir hasta que el dios Cronos nos lleve a la senectud que da la sabiduría de lo vivido, hasta recorrer el camino que nos llene de vida en un tránsito enriquecedor que nos haga dignos de una muerte sosegada, al amparo del cansancio y la fatiga de los cuerpos que fueron soportando tanto avatares en el tránsito. La muerte, aunque nunca le encontremos sentido, lo tiene por agotamiento, por haber transitado el camino de la vida en todo su recorrido experimental y haber acumulado y desarrollado nuestro saber dejando testimonio de nuestra existencia.

Luchar contra un espíritu joven, marcado por las ansias de la vida, no le es fácil ni a la parca. Te revolviste como una fiera acorralada por la injusticia del cazador asesino, y te rebelaste contra sus designios. Es más, sabedor del riesgo que conlleva la batalla, formaste un ejército de afectados y amenazados de leucemia y, en un clamor solidario, pediste a la gente su ayuda para acometer la lucha y ganar la batalla o, al menos, ayudar a que otros la pudieran ganar si tu caías en el combate.

Hoy, a esta hora, deben estar dando sepultura a tus restos. Tu cuerpo ha muerto. Las células de tu organismo, tocadas por el pérfido veneno de tu cáncer, han claudicado y no darán soporte ya a ese espíritu de lucha que mostraste, la parca ha vencido y Caronte en su tétrica barca, te hace cruzar el río hacia el inframundo lejos de los cielos celestes que iluminaron tus ojos y de los mares azules que te embelesaron con sus olas y brisas cargadas de perfume marinero. Caronte está contento, cobrará su moneda y te entregará al insaciable Hades como símbolo de su poder sobre la vida.

Él, Caronte, en su terquedad y obtusa mente, no comprende que solo lleva la nada en su bajel, que tú no has muerto, que solo te has desprendido de lo material que soportaba tu esencia y te has quedado libre en los pensamientos y el recuerdo de la gente. Miles y miles de ciudadanos se han aliado contigo, se han hecho donantes de vida mediante sus médulas, para que la batalla, que tú perdiste ahora, se convierta en la victoria de una guerra de cara al futuro. Un ejército de gente se ha implicado en esa lucha y los otros afectados, los que deberán batirse en primera fila en el futuro, podrán contar con más recursos para afrontar esa batalla y poder ganarla. Tu fuerza, tu decisión y combatividad han sembrado escuela y estarás presente en todos y cada uno de los luchadores, de los que se rebelan contra la injusticia de un dios que no respeta el contrato existencial y pretende yugular el proyecto de vida al que todo ser humano tiene su derecho.

Tal vez tu batalla y tu guerra, aunque la hayas perdido, te ha convertido en un dios menor que, desde ese poder acumulado en la experiencia vivida y la solidaridad y apoyo recibido del conjunto de la ciudadanía, sea la que te otorgue la capacidad de enfrentarte a ese otro dios del inframundo que no respeta el tránsito sosegado y constructivo del ser humano por el largo camino de la vida. Tú, pequeño dios, no has muerto, vives en la memoria de los vivos como ejemplo de tesón y lucha contra el sino inmisericorde que nos amenaza a caballo del cáncer, de la enfermedad y la miseria. Tu fuerza ha estado en aglutinar la energía de los demás, en establecer sinergias que confluyan en la batalla definitiva contra la injusticia de la temprana muerte.

Descansa en paz, que en tu lucha hay relevos para coger esa antorcha del derecho a la vida contra lo injusto de la prematura muerte.

Autor: Antonio Porras Cabrera
Psicólogo y enfermero, profesor jubilado de la UMA

martes, 14 de febrero de 2017

El futuro se acerca a la vuelta de la esquina


Es curioso, cuando empecé a escribir este post quería titularlo “Solo nos salvará el amor”, pero antes de entrar en profundidades quise hacer una pequeña introducción sobre la situación actual y, cuando me di cuenta, estaba inmerso en una serie de consideraciones que iban mucho más allá de mis planteamientos iniciales. Luego vi que si quería hablar de una salida a la situación debería clarificarla y evidenciarla para tener una idea más precisa de dónde estamos y de dónde partimos. Entonces decidí cambiar el título, hacer una primera parte para enmarcar el escenario actual y después tratar el tema en otra segunda.

Realmente, queridos lectores, estamos en un momento muy difícil y trascendente. El mundo evoluciona a tal ritmo que el vértigo no nos deja pensar. La tecnología nos agobia en una relación perversa de amor odio, pues si bien nos enamora facilitando la comunicación y divulgando el conocimiento, también nos amenaza con controlarlo todo, con ser un instrumento perverso en manos de desaprensivos que lo pueden usar para dominar y fiscalizar a la gente. La amenaza del Gran Hermano que todo lo controla y domina está a la vuelta de la esquina. Nuestros datos más íntimos en cuanto a hábitos, pensamientos, deseos, compras, nivel adquisitivo y de gastos en general, etc. los tienen disponibles en sus bases de datos alimentadas mediante el uso de tarjetas de crédito, de nuestros celulares o teléfonos móviles, de los bancos o nuestros movimientos en viajes y desplazamientos de ocio. Ya no es posible cobrar un salario sin pasar por el banco, sin que sea sometido a control por el sistema. Hemos pasado del sobrecito con la pasta contante y sonante (qué placer era contar el dinerito del sobre cuando se cobraba) a la tarjeta del banco; sí, ese banco que lo controla todo y lo chivatea a hacienda, que te cobra comisiones y que no te da ningún rédito por el dinero que tienes allí, pero te cruje con unos intereses tremendos si te lo deja él. Sí, ese banco que paga a sus directivos inmensos sueldos, bastante menos a sus trabajadores y desahucia a sus deudores; que gana dinero a espuertas, pero cuando pierde tenemos que darle nosotros para que salga a flote en lugar de renunciar a sus prebendas. Socializan las pérdidas y privatizan las ganancias. Pero sus defensores, los que están en el gobierno para consolidar sus intereses, incluso atreviéndose a cambiar el artículo 135 de la Constitución de forma furtiva, usan eufemismos para disimular con rodeos una realidad, por ejemplo: La banca no ha sido rescatada con el dinero de los españoles, que avalan y pagan su deuda, sino que se le llama “apoyo financiero” o “línea de crédito en condiciones muy favorables”. Thomas Jefferson, el visionario presidente de los EE. UU. en 1802 ya advertía sobre la banca: “Pienso que las entidades bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que todos los ejércitos listos para el combate...”. Es bueno que, visto lo visto, empecemos a pensar que los gobiernos democráticos, y los no democráticos, están al servicio de sus intereses económicos, en tanto el progreso se ha confundido con el desarrollo económico y, para más inri, lo controla la banca y el mundo de las grandes corporaciones que expanden sus tentáculos por doquier. Progresar un país parece que es enriquecerse sus grandes corporaciones y multinacionales, aunque el pueblo esté sumido en la miseria. El poder económico, visto desde las macrocifras, es lo importante; lo malo es que se van adueñando de todo a través del libre mercado y acabarán controlando, con sus bases de datos, toda nuestra existencia.

Pero, volviendo al tema y desarrollando algo más lo último dicho, cada vez más se recurre al control de los desplazamientos, de las actividades que realizamos, de nuestras vidas, para conseguir el control y dominio sobre la gente. Estamos aceptando intromisiones en nuestra vida privada que eran impensables hace unos años. Hemos renunciado a parte de nuestra privacidad en aras de la seguridad y el miedo al terrorismo. El miedo está siendo el gran aliado de los que quieren controlarnos, de los que pretenden establecer un sistema de dominio centralizado para definir quienes se adaptan y quienes no a las normas de convivencia, a la ética y moral, a los criterios mercantilistas de la sociedad de consumo, para determinar el perfil de ciudadano ejemplar que será potenciado como modelo en un futuro no muy lejano. Si renunciamos a las leyes que nos protegen de los abusos de autoridad, si dejamos en manos de un colectivo político administrativo el control de nuestras vidas, estaremos renunciando a la libertad, a la dignidad, al derecho individual frente al poder.


El miedo, sí, el miedo es el gran aliado de nuestros enemigos, de quienes quieren someternos a su dominio validando la instrumentalización de los datos que acumulan en sus bases, de quienes pretenden imponernos un nuevo orden donde se rompa el esquema funcional actual para poner otro de calado más universal. El miedo es el arma más poderosa para someter a la gente, pues nosotros mismos renunciamos a nuestros derechos en aras de la seguridad, como bien decía el insigne José Luis Sampedro. Despertar el miedo es fácil, sobre todo en las personas inseguras, más dependientes, de bajo discernimiento, pues todo hecho tiene diferentes prismas por donde verlo y valorarlo, solo es necesario hacer hincapié en aquello que sea lesivo para los intereses de la gente, en despertar el recelo, la duda, la turbación, el desasosiego en la frágil mente humana. En sujetos líquidos, incluso gaseosos, por usar la idea del recientemente fallecido Zygmunt Bauman, donde define la sociedad contemporánea bajo el concepto de “modernidad líquida”, es aún más factible ya que no tienen principios y valores claros y sólidos, o un proyecto de vida estructurado, viviendo al día en todo, llevados por la corriente del rio con rumbo impreciso hacia el mar, que es el morir, parafraseando a Jorge Manrique… estos sujetos son más permeables a la influencia de los mensajes manipuladores y buscan en el líder la salvación, aunque tengan que asumir el coste de la sumisión. Es la vieja teoría de la ética del amo y el esclavo, tal como ya se dio en la etapa feudal que, en el fondo, sigue existiendo de forma más o menos solapada en el alma y disposición de algunos.

Y para implantar el miedo, qué cosa mejor que el terrorismo, como su propio nombre indica. El terrorismo usado de forma inteligente como inductor del miedo es de gran efectividad. Al terrorista le interesa sembrar el terror y para ello lo ejerce, pero la sociedad no gestiona adecuadamente estos actos y, mediante el trato y la alarma social, lo eleva aún más. Determinadas tendencias políticas, gobiernos o intereses de poder, se acaban aprovechando para, en un clima social de demanda de protección, consolidar y modificar las normas y leyes en beneficio propio o de un ejercicio del poder más absoluto.

Lo curioso es que en EE. UU. mueren al año más de 11.000 personas por el uso de armas de fuego, mientras que por el terrorismo el promedio es de 31 fallecidos (excluyendo el 11S). Con estos datos lo lógico sería que el pueblo americano votara a quien propusiera eliminar el uso de estas armas, pero, curiosamente, se vota a un señor que hace de la lucha contra ese eximio terrorismo, su bandera. No hablemos ya de accidentes de tráfico, laborales, etc. a cuya previsión se le dedican presupuestos económicos ridículos, proporcionalmente muy inferiores, y no nos causa terror salir a la carretera, cuando tenemos mil veces más posibilidades de morir en ella que en un acto terrorista.

Ciertamente el problema del terrorismo se da, sobre todo, en los países en guerra donde se combate por su dominio. Allí se vive el terror en las calles, en el día a día, y son cientos de miles los muertos que se han llevado, y siguen llevándose, por delante esos conflictos de intereses espurios difícilmente identificables. El cultivo del miedo siembra el odio y el cultivo del odio lleva a la guerra, a la confrontación y la muerte, denigrando a los seres humanos y elevándolos a sus más altas cotas de perversión, de egoísmo codicioso insolidario. Es terrible ver cómo los países que se rasgan las vestiduras cuando hay un acto terrorista en su territorio, muestran una absoluta pasividad ante el terror que se vive en esas guerras y cómo cierran sus puertas a los que huyen de ellas, muchas veces con la excusa de que entre los refugiados pueden venir terroristas. Todo esto se traduce en una desconfianza absoluta, en inseguridad manifiesta, en desasosiego… en suma en miedo.

Pero hay otros factores más que consolidad ese miedo, como son el miedo a quedarse parado, miedo a no poder pagar la hipoteca, miedo a la pobreza, la miseria y la imposibilidad de dar techo, alimento y cuidados a los hijos, miedo a perder esa dignidad que nos arrebata la pobreza. Contra el miedo, y algunos poderosos lo saben cultivar, puede aparecer la receta de una elevación de la autoestima, de una manifestación de poder y el convencimiento subjetivo de nuestra superioridad grupal, lo que lleva a una dependencia y asunción de las estructuras de poder que conforman ese grupo ideológico, país o cultura, capaz de acabar con el enemigo sin piedad ni escrúpulos. Todo ello echa por tierra los valores y derechos humanos que tanto han costado instaurar en las sociedades libres… en aras de la seguridad entregamos los derechos, para que el miedo no vaya a más nos acabamos sometiendo al poder de quien dice defendernos, a nuestro mesías particular.


Hasta ahora parecía que teníamos un contrato social firme, que el Estado del Bienestar estaba garantizado y que el sistema democrático nos permitiría elegir a aquellos gobernantes adecuados para enfrentarse a las crisis y sacar adelante a la sociedad. Pero de golpe se presentificó el terrorismo, después la crisis, con ella el paro, los sueldos de miseria, los desahucios, el incremento de la pobreza de los pobres y de la riqueza de los ricos… en suma, el caos. Pero un caos controlado y enfocado para el cambio, para que ganaran los de siempre.

En este contexto, los muy ladinos, supieron jugar con la teoría de las expectativas de la gente. Ante una caída libre al abismo sabían que afloraría el temor a perderlo todo y se conformaría con perder solo parte, esa parte que ellos tomarían para enriquecerse más, creando un nuevo marco que modificaría el teatro de operaciones. Miedo, más miedo, miedo hasta que pidan a gritos que vengan un Trump, un Hitler o un mesías que les conduzca a la salvación, eso sí, a la suya aunque dejen el camino lleno de cadáveres, pero en otro lugar, fuera de su casa. Solo oyeron palabras, promesas de soluciones inviables, de acciones que embrollarían más las cosas. Se creyeron que los 11.000 muertos por armas de fuego las producían los inmigrantes, que todos los musulmanes eran terroristas, que había razas inferiores que eran un impedimento para el buen funcionamiento del país, que el mundo empresarial estaba corrompido e instalado en el establishment enriqueciéndose a manos llenas, que lo era en buena medida en ese mundo de los gatos que gobernaban a los ratones, pero, lo curioso es que quien decía eso también era un gato redomadamente rico, con una vida sospechosamente infecta, con infinidad de recursos comunicacionales a su servicio para modificar y crear opiniones, para manipular y falsear las verdades relativas que existen en esto mundo, con un discurso agresivo, prepotente, descalificador. Tomaron cuerpo los manifiestos y actos histriónicos, con gran parafernalia, en discursos infantiloides sin contenido racional, aunque sí emocional. Y la gente, como en los años 20 y 30 del pasado siglo, se aferró al clavo ardiendo, se entregó ante los mesías que los harían más grandes, más ricos, y protegería sus intereses aunque fuera mediante una guerra que los llevaría a dominar el mundo, a eliminar el terrorismo, a volver a ser los más poderosos, como si ya no lo fueran.



En ese interdicho fueron apareciendo confrontaciones con los viejos aliados, se instauró el descontento, la falta de respeto a la libertad de los demás, se cambió la diplomacia por las bravuconadas, la negociación por las amenazas y el chantaje; y el pueblo llano, confundido, empezó a ver a sus amigos y aliados como enemigos potenciales, y perdieron la confianza y afloró el desencuentro. Lo que antes era bello y gratificante ahora se cuestionaba y el valor de la amistad se confundió con la lealtad a intereses comunes del grupo, acabando sometido a sus normas impositivas, cosa preferible antes que terminar segregado y arrojado a la gélida sombra de la marginación y la indiferencia. Ahora el nuevo y mesiánico líder, al sembrar la desconfianza, los hizo más suspicaces, hasta llevarlos a la paranoia que cultiva el odio y desencuentro. Se convirtieron en dogmáticos para aglutinar sus filas, en integristas intransigentes e irracionales para defender sus principios inalienables y solo veían por los medios que hablaba el líder, la otras televisiones eran corruptas, regentadas por periodistas venales, que solo pretendían denostar al adalid del proyecto para hacerlo fracasar y seguir ellos controlando el mundo.

Y se fue cerrando el círculo. Ya no debías fiarte de tu vecino porque podía ser un infiltrado. Tenías que acudir a las reuniones del partido para no levantar sospecha de que fueras un traidor, acudir a sus actos, vestir según sus normas, mostrar las conductas e ideas adecuadas en defensa del grupo sin fisuras, incluso ejercer la violencia contra aquellos que no apoyaran la ideología del grupo, acusándolos de traidores a la patria y al orden, para darles el escarmiento merecido. Entonces, inmersos en una espiral de locura, se abolió la conciencia individual y se supeditó a la colectiva, ya no eras responsable de tus actos pues el líder era el que asumía la responsabilidad de las decisiones, tú solo eras un mero ejecutor para sostener el buen funcionamiento del sistema y veías con muy buenos ojos todo lo que fuera establecer controles, usar la más alta tecnología y procesos formativos para conseguir ciudadanos ejemplares como el modelo definido.


Ya puestos, pidamos que se identifique a la gente con un chip para evitar que nadie atente contra nadie, y de camino conocer lo que hacen y piensan esos locos que se aprestan a romper el sistema, los que siembran ideologías del caos, los enemigos del orden establecido y la convivencia… Es fácil, pongamos cámaras en las calles para vigilar, lectores de códigos de barras o chip para saber en cada momento dónde está y qué hace cada cual, eso facilitará el tránsito de la gente de bien, el pase por los aeropuertos, las compra en los supermercados, los viajes, la identificación para cualquier trámite… todo será para preservar la seguridad, el beneficio y progreso de esta sociedad enferma de paranoia y desconfianza que se va cultivando desde la propia escuela, la familia o la tele con su selección de noticias tendenciosas. Queremos un sujeto que solo confíe en el Gran Hermano y ya hay conocimientos científicos que permiten influir en el pensamiento, las actitudes y conductas de la gente, la ciencias nos avala y la ciencia es de la empresas porque se la hemos robado a la universidad. Además, el Gran Hermano, tiene de su parte a los medios de comunicación, que son suyos y puestos astutamente a su servicio…

Este mundo, que yo planteo como imaginario, aún no existe, amigo lector, pero si no nos espabilamos acabarán imponiéndolo y nosotros, o nuestros hijos o nietos, defendiéndolo. Hemos subido la escalera y se nos ha situado arriba del tobogán que, con velocidad de vértigo, puede llevarnos al barro de esa miseria humana de la mano de la tecnología y la  manipulación interesada, donde la sumisión sea un hecho incuestionable, el orden el estado superior, el idealismo un anatema, el ser humano un mero instrumento de producción y consumo, la tierra una masa a explotar hasta acabar con todos sus recursos, la ciencia un instrumento que tutele la fuga hacia adelante encontrando medios de resolver hasta los desastres más grandes mediante cambios de vida, producir y comercializar oxígeno para combatir la contaminación, crear alimentación sintética, medicinas selectivas para cada enfermedad según el genoma (eso sí caras y solo al alcance de unos pocos) que, además, depurará la raza, etc. etc. etc.

Y ahora, finalmente, si la función de la tierra es la nutrición de la vida, tanto humana como animal, lo coherente sería procurar el desarrollo de las personas sin excepción dentro de un ecosistema facilitador del mismo, buscando su creatividad y su elevación intelectual o espiritual, acercándolos al conocimiento y a la autorrealización. Pero, por lo dicho, parece que no van por ahí los tiros, sino por crear herramientas o instrumentos de la mayor perfección que les vayan sustituyendo en sus labores (robótica), lo cual sería magnífico siempre que se liberara al ser humano para centrarse en esa autorrealización. Aunque parece que tampoco vayamos por ahí, y ciertas tendencias de futuro se orienten más a considerarlo un mero elemento más del mercado, consumidor irracional que satisface la codicia del sistema capitalista consumista. Si el sujeto entra, o cabe en el juego, les sirve, pero si no, les sobra… o sea, si es productivo vale y si no lo es ya le pueden ir dando muchos por donde amargan los pepinos…

Por tanto, si se andan potenciando los valores humanos negativos, como la codicia, la insolidaridad, el desencuentro, el desprecio a lo diferente, la intolerancia, la avaricia, el dogmatismo y los credos que encapsulan el pensamiento, etc. tal vez “solo nos salvará el amor”, pero ese es otro tema para reflexionar.