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lunes, 5 de marzo de 2018

La Generación de los cincuenta en lucha de nuevo



Llevo bastante tiempo sin escribir en mi blog. Tengo desencanto político, rabia y preocupación por cómo se está enfocando la problemática de nuestro país en todos los sentidos. Tal vez por eso quiera hablar hoy de una generación que pasará a la historia de España por su responsabilidad, fuerza y trascendencia. A esa generación le llamo la “Generación de los cincuenta”. Ahí incluyo desde los nacidos en la posguerra inmediata hasta finales de los cincuenta.

La generación anterior a esta se vio inmersa en una guerra cruel, a muerte fratricida. Dejó el país lleno de sangre, de cadáveres en las cunetas y de injusticia, de odios y represiones, de chulerías del vencedor y de humillación del vencido, de dictador y de exilio, hasta que sus hijos, la generación de los cincuenta, le plantó cara al régimen y echaron abajo el muro de los Pirineos para que España fuera Europa. Manifestaciones, cárcel, represión, grises a caballo y mamporrazos, cañones de agua, torturas y un sinfín de presión. A pesar de todo, aquella generación doblegó al régimen. Sus líderes prometían democracia, derechos, igualdad, salarios dignos, pensiones garantizadas, sanidad y educación pública con la garantía del Estado y cobertura universal… y por eso lucharon.

Partiendo de un país destrozado por la guerra y la miseria tuvieron las agallas de levantarlo, de emigrar a Barcelona, a Madrid, al norte o a otros lugares que prometían futuro. Aquella generación, con sus brazos, con su esfuerzo personal y sacrificio, le dio la vuelta a la tortilla, levantó el país y cambió el régimen. Ilusión, esfuerzo, trabajo, estudios nocturnos para compaginarlos con la labor profesional, fueron haciendo de España un país más moderno y europeo.

El catolicismo férreo, censurador y adoctrinador en lo más retrógrado, se chocó de frente con una nueva generación de religiosos combatientes, comunistas algunos, creyentes de la teología de la liberación otros, que hicieron suya la lucha. Pasaron de la actitud sumisa, sí la de su misa y comunión dominical, a revelarse contra la sumisión, que dejó paso a su misión renovadora y democrática. Eso ayudó mucho, pues las iglesias eran, a veces, parlamentos democráticos donde se reunían los perseguidos sindicalistas dada la inviolabilidad del espacio sagrado para la policía.

Mientras tanto, a esa generación, le costó comprar el Seiscientos o el Simca 1000, el televisor en ByN, el pequeño piso… cargados de letras se siguieron esforzando por mejorar su vida. Cotizando para mantener y consolidar el sistema sanitario, pagando para tener una pensión digna el día de mañana. Fueron acudiendo a las urnas cuando eran llamados para participar con su voto en la construcción y gestión de la cosa pública. Se sacrificaron para que sus hijos fueran a la universidad, para que no pasaran lo que pasaron ellos, para facilitarles la vida y, a veces, se olvidaron que educar a los hijos no es darles todo, sino prepararlos para ganarlo y crear su propia economía, hacerlos responsables, participativos, luchadores, solidarios, pacifistas, tolerantes y a la vez críticos, pero constructivos y exigentes de sus derechos. Vivieron bien sus hijos del esfuerzo y la entrega de los padres, consiguieron que España tuviera la generación mejor preparada de su historia.

Lo malo es que sus políticos les fueron abandonando, traicionando aquel Estado del Bienestar que habían fraguado y, tras someterlos a múltiples reconversiones y recortes, mostraron su verdadera cara. De los ideólogos del pasado quedan pocos. La ideología ha dado paso a la avaricia, al egoísmo del legislador o político elegido por el pueblo para cumplir sus sueños. El cinismo y la engañifa se instalaron en la política. La manipulación fue marcando el sentido de la opinión. La posverdad, esa falsa verdad que se sustenta en la manipulación de las emociones, en los miedos y en las vísceras, afloró como forma de dirigir a los pueblos, potenciando la confrontación sin sentido de acercamiento, creando hooligans, en lugar de ciudadanos libres, con inmensas tragaderas para colársela doblada sin rechistar. La caja tonta fue haciendo tontos sumisos, comiendo el coco, diciendo ahora que España va bien porque el PIB ha crecido. Cierto, pero ha crecido en el bolsillo del que más tenía, porque otros ya no tienen ni bolsillos.

En esta tesitura de cambio y evolución, la Generación de los Cincuenta siguió en la lucha, más cuando llegó la gran crisis creada por la banca y sus ingenierías financieras, se descubrió el pastel y la crisis solo benefició a la banca y al poder. Detrás estaba toda una hoja de ruta para romper el Estado del Bienestar, despojar al propio Estado de su poder e ir rotando el timón hacia los intereses de lo privado y de las multinacionales, que son las verdaderas beneficiarias de la globalización. El neoliberalismo, que compró a los políticos, fue denostando la gestión pública, vistiendo de brillantez a la gestión privada con su marketing y sus medios de comunicación, obviando el gran fracaso de la gestión privada que nos había llevado a la crisis pero que, ante la imposibilidad de resolución sin contar con una banca fuerte (no se iba a privatizar la banca, claro, para eso estaba la UE con sus leyes y normas neoliberales que lo impedían), forzaron a los Estados a rescatarlas, o sea a cubrir sus pérdidas milmillonarias, socializando estas pérdidas a costa de los ciudadanos… El poder lo estaban ganado ellos y los Estados estaban en un brete ante esa amenaza. Mientras se imponía la ley y la opinión de las teorías económicas que le beneficiaban. Había que pasar a lo privado todo, la sanidad, la educación, los servicios en general y, ya de camino, las pensiones. Los conservadores americanos, con Trump a la cabeza, siguen las teorías neoliberales de Friedrich A. von Hayek, que bebe de Adam Smith, intentando exportarlas a todo el mundo, al que consideran un inmenso mercado libre con la globalización… su mercado, el de las multinacionales.

La crisis había convertido a la generación mejor preparada de nuestra historia en simplemente pre-parada, o sea parada previamente, porque se formó y no se supo aprovechar ese caudal de riqueza, dada la incompetencia de los políticos y la ausencia de mercado laboral. Entonces muchos de los miembros de la Generación de los cincuenta, sostuvieron a sus hijos en casa, ya que solo encontraban trabajos precarios, con salarios insuficientes para emanciparse. Ayudaron a sus otros hijos casados y sus nietos para salir adelante, empeñando su propia pensión, sus ahorros y bienes. Tras tantos años de esfuerzo seguíamos a la cola de Europa, con pensiones bajas, salario mínimo por los suelos y una economía precaria.

Y aquella generación que tanto luchó, ya jubilada en gran parte, fue de nuevo engañada. Mientras la corrupción campaba a sus anchas, los sueldos de los políticos se incrementaban, el nepotismo seguía vigente, se rescataba a la banca, a las autopistas y se ayudaba a las empresas… pero se recortaban los presupuestos de Sanidad, Educación, la ley de Dependencia, la investigación, etc. También jugaban con las pensiones dejando la hucha vacía (dicen las malas lenguas que, en gran parte, el gobierno compró deuda pública del propio Estado con ese dinero); o diciendo que incrementarían el IPC (0,25%), pero no contaron que habría copago farmacéutico para jubilados, que el IPC en el que ellos se basan está calculado con materia que no afecta al consumo del jubilado, por tanto el incremento de los productos básicos que lo sustentan se diluyen con otros que no le afectan.

Otra gran mentira que fueron difundiendo es que las pensiones de los jubilados las paga el contribuyente actual, cuando ya ha sido pagada por el jubilado previamente y a lo largo de su vida laboral. El contribuyente o trabajador actual paga la suya; no sea que luego los desarmen argumentalmente diciendo que ya no hay dinero para sus pensiones ya que la hucha se quedó vacía. El Estado es el avalista responsable de las pensiones y ha de recurrir a los presupuestos para garantizarlas, eso es de cajón.

Bien, con todo lo dicho hasta ahora y sin entrar en lamentables declaraciones de políticos cínicos y demagogos, de chupópteros saprófitos que hacen leyes a su favor y, sobrados de recursos, se permiten aconsejar planes de pensiones privados a gente que no tiene ni para llegar a final de mes, que burlan leyes de pobreza energética, que son insensibles ante el dolor y sufrimiento de los sintecho y sin recursos, solo cabe que esa Generación de los cincuenta vuelva a la calle, que saque su espíritu luchador y grite de nuevo por la decencia política y económica, por la democracia verdadera y no la secuestrada, por sus derechos y servicios públicos, por la justicia distributiva y contra el desmantelamiento del Estado del Bienestar.

La vieja generación, los jubilados de la “Generación de los cincuenta” vuelve a la calle. Son gente curtida en mil batallas, aguerrida y motivada, los padres de nuestra democracia, aquellos que cambiaron España y le dieron la vuelta a la tortilla, aunque después fueran engañados. Son gente que, provenientes en gran medida del semianalfabetismo, dominan con cierta soltura las tecnologías de la comunicación y están dispuestos a dar la batalla. Saben que muchos morirán en el empeño por motivos de edad, pero no piensan en ellos solamente, sino en sus hijos y nietos, en que la calidad de vida no retroceda sino que mejore para su descendencia.  El combate está servido y solo cabe que, desde su madurez no se dejen engañar, pero también que se sumen los jóvenes a esta lucha, pues los beneficiados serán ellos. Si bien hay jóvenes que ven a la Generación de los cincuenta con cierta altivez, porque no entiende bien las tecnologías, puede que se lleven una gran lección de lucha para defender sus derechos y consigan segregar la parte humana de la tecnología y comprender que todo ha de estar orientado al bien de la comunidad y no de unos cuantos. Por tanto:

¡VIVA LA GENERACIÓN DE LOS CINCUENTA! Aunque solo sea 20 años más.




jueves, 28 de diciembre de 2017

Los santos inocentes



El día de los Santos Inocentes viene a conmemorar la dramática matanza de niños ordenada por Herodes… pero Herodes, que fue un rey cruel como pocos, nunca mandó matar a tales niños, sin embargo, este episodio, fue tomado como real por muchos exégetas. Aunque parece haber otra causa en base a las festividades paganas en las que se aprovechaban estas fechas invernales para revertir el orden establecido. Las saturnalias o fiestas en honor al dios Saturno tenían ese carácter burlesco, que inevitablemente se heredó en el mundo cristiano a través de festividades como las mojigangas navideñas, las danzas grotescas de Nochebuena o el risus paschalis, una costumbre interesantísima que encajó a la perfección en el mundo cristiano. Además, el cristianismo tuvo la habilidad de ir incorporando todos los fastos paganos para conseguir una mejor asimilación de la religión cristiana por parte del  pueblo, convirtiendo en fiestas religiosas las ya instauradas desde el paganismo. Eso mismo lo vuelve a hacer al incorporar, como propias, determinadas manifestaciones del mundo precolombino, convirtiendo a la población a la fe católica con mayor facilidad.  

Pero, volviendo al tema, ¿por qué se gastan bromas y engaña a la gente en este día de los Santos Inocentes? Parece ser que, ese engaño, se fundamenta en la habilidad que determinados padres tuvieron para engatusar a los soldados de Herodes y poder salvar a sus hijos de la muerte. De ahí el engaño al inocente, que, en este caso, no era el niño, sino el soldado que iba a matarle.

Por tanto, hoy, día de los Santos Inocentes, debería ser el día de la risa, de la inocentada, del fácil engaño, de la inocencia que todo se lo cree. Vale la pena, pues tras un año serio, de trabajo y formalidad, un día de relajación y cachondeo es reparador. Pero en este país las cosas ocurren al revés, el engaño es lo habitual y hoy debería ser un día de repaso a esas inocentadas y falsedades que nos han ido colocando a lo largo del año, sobre todo desde el mundo de la política y las finanzas con sus medios de comunicación.

A mí, la expresión “Los santos inocentes”, puede que por deformación de lector, me recuerda a la novela de Miguel Delibes, llevada a la pantalla por Mario Camus, donde en un entorno rural de la Extremadura profunda, una familia sencilla vive sometida a la tiranía del señorito, que, con sus escasos medios, mantiene valores propios del sufrido pueblo, que cultiva el compromiso familiar, la dignidad, el esfuerzo, el trabajo, la ética, la verdad… principios y valores ausentes en el señorito déspota amparado en el poder que le otorga su ideología política, su riqueza y su hipocresía. Deslealtad con sus servidores, bajeza moral, explotación de los inocentes, prepotencia, despotismo y carencia de valores humanos, definen el carácter de esa clase dominante que se permite, al amparo del pasado, seguir sometiendo al pobre, al sumiso, desde su dictado. En esta novela encuentro una de las expresiones más claras y precisas sobre la diferencia de clases, sobre la España estigmatizada por el pasado y sometida al anacronismo del poder establecido. Es la expresión de la filosofía de una clase dominante que persiste, con los cambios de matiz que se quieran, en mantener un status quo de poder e influencia en beneficio propio.

Dicho lo anterior y volviendo a mi propuesta de lo que debería ser esta fecha como análisis del año y sus inocentadas o engaños, podríamos decir que el pueblo español, incluido el catalán por supuesto, ha sido engatusado, engañado y manipulado un año más. Los pueblos, o sea la gente que conforman los pueblos, tendemos a la convivencia, al encuentro y a la amistad, salvo cuando se nos coloniza el pensamiento, se nos idiotiza aprovechándose de la inocencia, de la buena voluntad y la propensión a dar crédito a las cosas que nos dicen nuestros líderes de opinión, o de la candidez enraizada en la bondad innata de la gente sencilla, para confrontarnos, manipularnos y despertar emociones que matan la razón y nos llevan al conflicto que, casi siempre, oculta otra verdad vergonzosa de aquellos que nos manipulan.

Para ocultar la verdad se crea la posverdad, ese término que la RAE ya introduce y define en su diccionario como: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Este año ha sido el año de la posverdad. Se han despertado creencias y emociones para crear una opinión pública de confrontación, de tal forma que absorba la razón y el pensamiento crítico de la gente, dejando fuera del debate la otra gran verdad que no les interesa a los políticos que surja, la verdad de la corrupción, del paro, de la brecha entre ricos y pobres, de instauración definitiva en la crisis, de la pérdida de derechos del ciudadano, de la insolidaridad que practica el propio Estado, de la necesaria defensa de la paz y el entendimiento entre los hombres y mujeres del mundo. Han sembrado la desconfianza entre la gente, el desencuentro que lleva al distanciamiento, a la fractura social y la segregación, manipulando las mentes y su pensar hasta convertir al ciudadano en hooligans del partido en lugar de un sujeto crítico, racional y pacífico que tiende a compartir la verdad para progresar solidariamente.

Por tanto, insisto, en este año de la posverdad, nos han vendido lo impresentable como verdad absoluta, dejando en la cuneta a la otra gran verdad, la verdad verdadera; se nos ha hecho creer:
  1. Que la crisis se ha superado, cuando nos hemos instalado en ella definitivamente.
  2. Que la economía remonta, cuando los que remontan son los ricos.
  3. Que la corrupción se ataja, cuando cada día se ve más claramente que persiste y se desarrolla.
  4. Que hay independencia poderes, cuando el gobierno pasa del parlamento y sigue intentando tutelar a la justicia.
  5. Que la democracia real existe, cuando se sigue manipulando al pueblo y no se respeta la diversidad y opinión ajena.
  6. Que España es un país fascista, como discurso del independentismo que cataloga de tal guisa a quien no apoya sus ideas de democracia.
  7. Que la democracia son las urnas, cuando las urnas son solo un instrumento para implementar la democracia establecida por la ley.
  8. Que España nos roba, obviando la solidaridad interterritorial y las balanzas fiscales y comerciales.
  9. Que la independencia tendría reconocimiento y apoyo internacional continuando en la UE sin más.
  10. Que las empresas no se irían de Cataluña.
  11. Que la decisión de la DUI es democrática, cuando más del 50% de los catalanes la rechazan, mientras el rodillo de los diputados de la ley d’hont se pasaba por el forro, de forma unilateral, las  leyes fundamentales que eran el soporte y razón de la existencia del propio Parlament.
  12. La otra posverdad es el propio referéndum del 1-O, una expresión importantísima de la voluntad de parte del pueblo catalán que no debe caer en saco roto, pues se confirma en las elecciones del 21-D, pero que no tiene validez democrática alguna, ya que no responde a un proceso homologable democráticamente, al no haber participado el conjunto de la ciudadanía catalana, dado que la mayoría no se sintió llamado e implicado en el mismo, como también se ha visto el 21-D. Ampararse en ese pseudoreferendum, convocado, gestionado y evaluado por una de las partes, para cambiar leyes sin consenso, para desconectarse de las leyes del Estado y proclamar la DUI, es un atraco democrático, digan lo que quieran sus defensores.
No deja uno de pensar que los pueblos siguen siendo arrastrados a la lucha de intereses de los que ejercen el poder, a través de esa habilidad que caracteriza al influyente líder, para hacerles ver una priorización de intenciones no siempre sometidas al interés general de los pueblos y de la gente, sino de los propios partidos o grupos de poder. Las fronteras se crearon para eso, para delimitar el cortijo del poder, para sensibilizar al pueblo en defensa de un nacionalismo que les hace diferentes y que, llevado al extremo, dificulta la convivencia con otros pueblos. Si usted quiere cambie cortijo por patria, pues esa patria que venden al pueblo, los poderosos la consideran su cortijo.

Resumiendo, este año ha sido el año de la falacia manipulativa, de la posverdad, de los engaños e inocentadas sostenidos en el tiempo, de la burla distractora para desviar nuestra mirada de lo importante, centrándonos en un conflicto potenciado a conciencia en lugar de la crisis económica y convivencial. Situación que, llegados  a este punto, es de difícil solución si siguen en sus puesto los que la han creado y alimentado; su pundonor, orgullo y la amplia dosis de soberbia que caracteriza a los políticos son hándicap difícilmente superables para entenderse.

Solo queda la esperanza de que el pueblo llano, el que debe decidir sobre quien los representan, tengan la clarividencia para distinguir la verdad de la posverdad, el interés general del interés partidista, el desarrollo humanista de la ciudadanía que facilite la convivencia desde el respeto a las diferencias… de lo contrario la inocentada, el engaño, se mantendrá en el tiempo y nosotros seremos nuevamente “Los santos inocentes”.

Y tú, Milana bonita, arranca el vuelo para ver desde las alturas esa verdad que te niegan, esa visión que te permita valorar lo que no ves, para descubrir la verdad entre esas posverdades que te venden al amparo de tus emociones patrias, de tus credos e ideales, obnubilando tu pensamiento y velando tu criterio hasta entrar en confrontación con la gente de tu propio pueblo, que conforma la humanidad simple y llana...




jueves, 12 de octubre de 2017

La tolerancia a la frustración


Hay luz en el horizonte
(Hay luz en el horizonte)

Podemos entender la frustración como la imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo; o sea, cuando no conseguimos lo que queremos o cuando nos suceden situaciones no deseadas y, a su vez, como un sentimiento de tristeza, decepción y desilusión que esta imposibilidad provoca. La prolongación de este sentimiento puede llevar a la depresión, a la apatía, condicionando el estado anímico de la persona y su felicidad, en función de su capacidad de gestionar esas emociones. Nuestra reacción ante la situación vendrá condicionada por factores de personalidad y habilidades de afrontamiento, lo que nos llevará a sentir enfado, angustia, ansiedad, etc. si bien, tras racionalizar el escenario, se produce una acomodación donde la disonancia cognitiva no nos atormente y quepa la inteligente adaptación al medio en un equilibrio entre nuestro deseo frustrado y la realidad que se imponga. Ese es el continuo devenir de la existencia humana y lo que fragua las conductas y socialización del sujeto a lo largo de su vida. La teoría freudiana lo enmarcaría en el conflicto entre el superyó y el ello, entre la norma social y el deseo o pulsión con su base subconsciente.

La tolerancia a la frustración resulta de la capacidad o habilidad que tenga el sujeto para soportar esa situación frustrante en función de su análisis y adaptación al medio. Esa tolerancia se suele incrementar con la madurez personal, dado que, a través de la experiencia, el sujeto percibe una realidad compartida con el entorno, con los semejantes, donde los propios deseos chocan con los de los demás y deben encajar en un marco de respeto, compartiendo el todo con ellos en un justo equilibrio de igualdad, al menos de igualdad percibida. Los niños suelen tener poca tolerancia a la frustración, cuestión que se va modulando con la madurez psicológica, que no es lo mismo que la madurez cronológica, o sea la edad. Por tanto, bajo mi opinión, a mayor madurez psicológica mayor tolerancia a la frustración, y mayor frustración ante la inmadurez incapaz de gestionar las emociones.

La sociedad, sistemáticamente, nos va frustrando desde la infancia desde un proceso educacional que nos identifica las conductas y hábitos aceptables y reprobables; establece reglas y normas de convivencia y respeto hacia los demás en función de la cultura social donde nos encontremos y en la cual los principios y valores que la conforman tienen un papel fundamental. Ello no quiere decir que, desde un punto de vista razonable, esa cultura sea ejemplar y la más apropiada para el desarrollo del individuo como persona, por supuesto, sino que es el resultado de un proceso histórico cultural que ha ido definiendo sus valores según el poder y dominio social que se haya impuesto, donde las religiones son elementos claves como amalgama que cohesiona y consolida la sociedad (no entro en valorar el papel de las religiones, con las que me siento muy crítico en tanto son encorsetadoras y dogmáticas).

Los conflictos, pues, están servidos al colisionar esos valores impuestos con otros que emanan de las ideas nuevas, de los pensamientos transgresores que surgen de mentes librepensantes, no sujetas al encorsetamiento del marco social o grupos de presión, por tanto rompedoras. Luego vendrá la gestión del conflicto, la necesidad de dar respuesta a esas nuevas ideas y la posibilidad de cambiar o modificar los viejos valores para adaptarlos a las razonables aportaciones del nuevo pensamiento, rechazando los planteamientos quiméricos y aceptando los que puedan redundar en un desarrollo del conjunto de la ciudadanía, así como el coste de esos cambios desde el punto de vista del conflicto y su gestión. Cabe, pues, un debate sosegado, desde la madurez y el respeto, capaz de comprender y entender que el objetivo final es el progreso de la humanidad desde un punto de vista biopsicosocial, aceptando lo nuevo y modificando lo antiguo.  Así progresó el mundo y así deberá seguir haciéndolo. Tal vez, lo primero que deberían enseñarnos, en el colegio y en la sociedad en su conjunto, es a debatir sosegadamente, con mente abierta y la receptividad suficiente para identificar y aceptar, razonadamente, lo que los demás aportan de bueno y rechazar lo malo, con base argumental claro está. Pero se nos enseña a aceptar sumisamente los valores sociales establecidos, las ideas, principios, héroes y mitos de la cultura que sustenta la sociedad, sin dar demasiado chance al espíritu crítico. Se potencia el condicionante de los prejuicios, que son una forma de pensamiento único que, al generalizar, nos evita el ejercicio de pensar discriminadamente, condicionado por el bulo y las etiquetas: los andaluces son vagos y solo están de juerga, los catalanes tacaños, los vascos brutos, los madrileños chulos, etc. Lo cual es una mentira puesto que en todo lugar hay de todo. Si bien las culturas pueden establecer matices de orientación en un sentido determinado con los hábitos que inoculan en su sociedad.

Dicho esto a modo de encuadre, también diré que, bajo mi opinión, lo que está sucediendo en España, en estos momentos de crisis, es precisamente una confrontación política o de poder, más que social o cultural, una lucha de intereses de grupos ideológicos, económicos y políticos que trasciende, en buena medida, a la sociedad, embarcándola en una confrontación donde se juega con las emociones y se usan los prejuicios y etiquetas para marcar y demonizar al contrario. Para segregar hay que hacer patentes las diferencias, romper los puentes, aflorar los agravios, descalificar al contrario marcándolos como fascistas o represores, o bien como separatistas insolidarios y egoístas que quieren romper lo establecido en beneficio propio obviando los derechos de los demás.  Esto requiere de diálogo y de saber que todos podemos perder o ganar según se establezca la solución. En todo caso, traerá frustraciones, para unos y otros, que se vivirán, en mayor o menor medida, en función de esa tolerancia referida. Posiblemente, y eso sería lo ideal bajo mi punto de vista, una mayor frustración para los vehementes intervencionistas y para los antisistema pues ambos rompen la convivencia con mayor descaro, dejando una menor dosis para el resto de la sociedad madura que puede acabar encontrando, en ese proceso de acercamiento, la posibilidad de compartir un proyecto alternativo al existente, consensuado y beneficioso para todos. La solución que se dé no va a ser, seguramente, la que proponen uno y otro extremos, sino la que más le interese a los poderes económicos y políticos del entorno, no solo localizados en Cataluña o España, sino en el conjunto de Europa con quienes tenemos lazos económicos y políticos difícilmente quebrantables dadas las circunstancias que definen el marco europeo. A nadie le interesa, en estos momentos de incertidumbre, salir del paraguas para caer bajo la lluvia, sería un caos costoso para hacer una catarsis de utopía. Vienen tiempos difíciles y es mejor afrontarlos desde la unidad y desde la conciencia ciudadana común, o sea desde el sentido común.

Yo propongo: Entierren el hacha de guerra y hablen con la intención de articular la convivencia, la interdependencia, mientras fuman la pipa de la paz. Si de partida quieren que el otro asuma sus deseos sin más, poniéndolos como condicionantes irrenunciables, serán unos insensatos y volveremos a la frustración y el fracaso. De todas formas, vayan con la idea de que tendrán que poner en juego su propia tolerancia a la frustración, porque de toda negociación se desprende frustración y eso es bueno, compartir la frustración implica que no hay vencedores ni vencidos. 

domingo, 1 de octubre de 2017

La posverdad y la política.


Hoy es jornada de reflexión. Para mí lo es siempre, porque mi reflexión la gestiono yo y, en este caso, aunque no estoy llamado a reflexionar al no tener que ir a votar, creo que deberíamos hacer esa reflexión propia, todos, para clarificarnos un poco.

Uno ya no se sorprende de nada en esta era de la posverdad, esa especie de verdad falsa que todo el mundo da por buena a base del machaqueo y de la presión social, por muy increíble que sea. La RAE, que próximamente la incluirá en el diccionario, parece que la definirá, según ha comentado el director de la misma, como “la información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público". La posverdad se sitúa en el campo de la especulación, en la creación de falsas verdades que se acaban asumiendo como ciertas por estar en consonancia con nuestros principios, ideas o convicciones políticas o religiosas y vamos arrimando el ascua a nuestra sardina sin quemarnos. Creer en la posverdad, por tanto, sería un acto visceral o emocional. Tiene relación con la evitación de la disonancia cognitiva, según mi entender, pues no me causará conflicto interno aquello que no me los cuestione y además me los afirme. De esta forma damos por buenas afirmaciones tendenciosas, falaces y manipuladoras que tienden a conformar los estados de opinión en que uno se mueve.

Es aquí donde hemos de pararnos a reflexionar para que no nos arrolle la marabunta. Para que podamos discernir la verdad de la posverdad, para escapar del machaqueo que nos separa de la razón y nos ubica en la emoción.

Asumimos como verdad absoluta que las urnas son la democracia, pero la democracia la conforma la ley y las urnas solo son un instrumento para cuantificar la voluntad de la ciudadanía. Las urnas son, pues, un elemento imprescindible para su ejercicio, pero, per se, no son nada… las llegan a utilizar los dictadores para sus referéndum de confirmación, junto a las presiones para votar y el control del sentido del voto de los llamados a ejercerlo. Las urnas sin una ley emanada democráticamente del pueblo a través de sus representantes legítimos no valen para nada. Las urnas sin la libertad y la participación de todo el ideario que representa al pueblo en su diversidad, no tiene nada que ver con la democracia, más bien al contrario, introduce variables distorsionadoras que pueden acabar asociando, exclusivamente, la democracia a la urna en lugar de a la ley que la desarrolla. Para que la urna sea un instrumento de la democracia, se ha de apoyar en una ley democrática. Porque la urna sin ley no es democracia y la ley sin urnas tampoco lo es. La democracia, pues, es la expresión libre de la voluntad de la ciudadanía regulada por leyes emanadas del propio pueblo, mediante sus legítimos representantes, de acuerdo a un marco legal establecido, o ley mayor, como son las constituciones.

El problema viene cuando se discute y rechaza la ley y no se consensua otra que la supla. Entonces, ningún referéndum, ninguna urna, por mucho que se diga, tiene el marchamo de democrática. En este sentido, en el caso catalán, esta consulta llamado referéndum, carece de la legitimidad democrática, como vengo sosteniendo, pues se realiza apoyándose en leyes “ilegales” y obviando los derechos de los otros ciudadanos sobre los que también recae el derecho a decidir según la ley vigente, y cuando digo los otros ciudadanos no me refiero exclusivamente al resto de españoles, sino al resto de ciudadanos catalanes que piensan diferente y cuyos representantes en el parlament no han participado en el proceso de elaboración de esas leyes por no ajustarse al derecho constitucional que avala a la propia cámara.

El derecho a decidir, bajo mi criterio, se ejerce en cada votación democrática de acuerdo a la ley que se desarrolló al efecto. De ahí pueden deprenderse los desacuerdos sobre cuales son las materias en que el elector es competente para decidir. Por ejemplo y en estas circunstancias: ¿El derecho a decidir sobre la separación de Cataluña es exclusivo de los catalanes o del conjunto del Estado? Según el marco constitucional español no se posibilita la secesión y, en todo caso, correspondería al conjunto de la ciudadanía ese derecho,  y según el independentismo, como no podría ser menos, esa ley no es justa y reclaman para sí, para la ciudadanía de Cataluña, en exclusividad, ese derecho.

¿Cuál es la verdad y cual al posverdad? En la política hay más posverdad que verdad. España va bien, el milagro económico del PP con sus reformas, el crecimiento económico, la posverdad de Rajoy, de Montoro, de la Fátima, etc. Pero también la manipulación de la historia, de la información de los medios, del referéndum democrático, de la España nos roba, de toda España es del PP, de generalizar actitudes fascistas como el vergonzoso “a por ellos”, de objetivar de fascista a quien no vote, etc. Cada cual usa esa posverdad para apoyar un objetivo superior, engatusando al ciudadano desde lo emocional más que desde lo racional, lo cual es dudosamente democrático.


Parece que las verdades son, o no son, según la visión de cada cual, la mía es esta que expongo. Las demás las respeto aunque no las comparta, ni acepte que me las impongan. Pero para mí, la gran verdad está en que hay una parte considerable del pueblo catalán que anda harta de la situación al igual que una inmensa mayoría de españoles, que Rajoy la está cagando en la gestión de la crisis desde el mismo momento en que empezó a recoger firmas contra el nuevo estatuto catalán, hace ya años, y que ahora, una alternativa, es prepararse y aglutinar poder para la negociación de un nuevo marco de convivencia que tiene que venir por narices y cuyo resultado es de difícil previsión. El “referéndum” es una buena baza para medir fuerzas y cargarse de razones para negociar.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Son tiempos de sensatez


Cuán difícil es pensar libremente hoy, cómo escapar a las influencias manipuladoras, a las mentiras y medias verdades para centrarse en la verdad, o cómo sortear los influjos de estereotipos, de prejuicios y tópico, o las influencias solidarias de cálidas y fraternales amistades que condicionan ese librepensar. Tal vez deberíamos comprender que la verdad no existe, o hay tantas como personas. Por lo que reencontrarse con la verdad propia, con la congruencia personal desde el sentimiento humanista universal, de mente abierta, desde la sensatez y el sentido común desprovisto de los aspectos emocionales que la nublan, sea lo más aconsejable. La gran verdad se construye confluyendo las pequeñas, o parciales, verdades de cada individuo.

Hoy, más que nunca, la gente adulta, madura psicológicamente, sensata y racional, con criterio razonable y un discernimiento clarividente, que permita el análisis holístico de la situación en todas sus dimensiones, debe aflorar para neutralizar una deriva que, a caballo del sinsentido y la alienación, nos lleve a la debacle. Para ello, desvestidos de las emociones, volando en ala delta sobre la cordillera, observando todas las partes de la montaña, podamos otear el cauce de los ríos y los caminos por donde debemos transitar para llegar al entendimiento. Desde arriba, alejado de influencias manipuladoras, puede que, al sentirnos más libres, seamos más críticos con todo, incluso con nosotros mismos, y podamos llegar al encuentro, o al compromiso de convivencia, dentro de esa diversidad que siempre, por suerte y para bien, debe existir, sin encerrarnos en nuestra parcela.

La sensatez y el buen juicio se alejan de los enrocamientos, de las intransigencias y de los dogmas irrefutables. Convivir, democráticamente, conlleva respeto a la diversidad, no imponer nada y moverse en un marco normativo consensuado de entendimiento flexible, para poder adaptarlo a cada momento histórico sin romper la convivencia. No se trata de la independencia, sino de articular la interdependencia en este mundo global.

Estamos en un momento crítico, donde los extremismos, los intransigentes, se están adueñando del campo de debate, que esperemos no sea de batalla, camino del precipicio. Debemos estar alerta para que, en cuanto aparezcan las orejas del lobo fascista que anda aullando ahí afuera, en el frío invierno de la confrontación, neutralizarlo… ese fascismo que puede aflorar en cualquiera de las partes. Sabemos por experiencia de la historia reciente que el nacionalismo sembró el fascismo en Europa y España y nos llevó a una guerra mundial y, en nuestro caso, a un conflicto fratricida hace ahora 81 años. Las vivencias del pasado deben ser rememoradas para aprender de las viejas experiencias y evitar el llanto y el dolor de lo irreparable.

Pero, lo que es peor, cuando aflora la sensatez o la crítica a alguna de las posiciones integristas del combate, se coloca al crítico en el campo de la intransigencia del contrario. Ya hace tiempo que se inició la batalla. En un principio la guerra es de los medios de comunicación buscando crear opinión, formar y conformar las filas y batallones para la batalla dialéctica y ganar la guerra de la propaganda mediante el influjo y manipulación de los datos, según convenga, para movilizar a la gente. Hoy se gritaba algo así como “prensa española manipuladora”, como si la catalana no lo fuera. Si descalificamos a los medios contrarios los desarmamos y su influjo no tendrá efecto... es una buena y obligada estrategia. Eso forma parte de la guerra, despojar al enemigo de credibilidad. Después, si es necesario, cuando parte del pueblo ya está atrapado en una dinámica de confrontación, en un tobogán imparable del que nadie pueden bajarse sin ser catalogado de traidor, podrá aflorar la violencia por los agravios y desagravios habidos, imaginados o exagerados, y este, ofuscado y beligerante, mostrará su vehemencia hasta en la batalla violenta. Ojalá no llegue ese momento.

En estos momentos, si dices que este referéndum no tiene sentido o validez, por no dar las garantías que debe tener todo referéndum, tal como han dicho algunos catalanes de prestigio como Serrat, te pueden ubicar en el campo de Rajoy y su PP, incluso catalogarte, por algunos, de fascista; si dices que el derecho a decidir desde una concepción de soberanía popular se debería regularizar con una ley de claridad, te colocan en el mundo de los separatistas y traidores a España; y si pides aclaraciones sobre eso del derecho a decidir, sobre qué se puede y se debe decidir, cada cual establece un marco: el constitucional para unos y rupturista para otros, sin entrar en un verdadero debate donde el decidir sea una forma de ejercer tu soberanía en los asuntos que te afecta, en función de la convivencia y de los intereses compartidos con los demás.

Bajo mi criterio, se empiezan a alzar voces de sensatez, acalladas por los intransigentes, donde se pretende el sosegado debate de un nuevo marco relacional, sin ruptura que cause heridas sangrantes en ninguna de las partes. Pero, para eso, tal vez haya que apartar a los embravecidos contendientes que acumulan excesivas bravatas y siguen berreando desde sus trincheras. España en su conjunto, y en especial con Cataluña, deben entenderse. Creo, y no es la primera vez que lo digo (ya lo dije en mi blog cuando Felipe VI asumió el reinado), que esta generación requiere hacer su propia transición sosegada, una segunda transición responsable en base, o no, a la Constitución actual, que se ajuste a una nueva realidad y que enmarque otros cuarenta años de convivencia. Pero nuestros políticos no están a la altura. La corrupción, los intereses de partido, la hipocresía y la deslealtad a sus propios programas y votantes, siguen descalificándolos.

Siéntense los políticos a hacer política y no a crear problemas, a buscar soluciones democráticas, si es que saben y no están actuando por intereses espurios con sus Gurtel, sus 3% y sus reformas y recortes, por decir alguno. Hablen en nombre del pueblo y no lo engañen ni manipulen para llevarlo a la confrontación, al desencuentro, a la enemistad entre vecinos de toda la vida, a la pérdida de confianza entre amigos, a la segregación y a la confusión del horizonte humanista y universal que debe tener presente todo ser humano. Si no saben, que se aparten, que permitan una etapa de debate político con el objetivo claro de acercar posturas y revisar el marco convivencial en una nueva transición hacia el encuentro.

Este conflicto, abanderado por la idea independentista, ha sido alimentado, en gran medida, por la incompetencia de Rajoy y su prepotente partido que, con parte de sus bases ancladas en el pasado, estableció la beligerancia buscando votos donde podía cosecharlos, a sabiendas, al menos eso me parece, que la confrontación era inevitable, aunque, tal vez, pensando que no se llegaría tan lejos. La imagen de Rajoy y sus muchachos recogiendo firmas contra el nuevo estatuto de Cataluña y llevándolo al Constitucional, sigue estando presenta y fue uno de los desencadenantes de esta situación. Su torpeza manifiesta y la obstinación del independentismo han bloqueado las salidas. Si se hubiera firmado ahora no estaríamos viviendo ni hablando de esto.

CONCLUYO: En Cataluña hay una alta dosis de inteligencia en determinadas esferas. Ahora se trata de cultivar esa inteligencia para que tome protagonismo en una nueva etapa donde, bajo mi criterio, deberían pasar el relevo los que han demostrado su incompetencia y su orientación hacia el desencuentro. Es el tiempo del diálogo y del reencuentro. Yo así lo siento, por mis 10 años de vivencia en Cataluña, donde mi casé, por mi familia y mis amistades catalanas, porque Cataluña impregna al resto de España y el resto de España tiene muchos intereses y lazos con Cataluña y porque llevo a Cataluña en mi más profunda identidad personal. Allí sigue mi hermano, mis sobrinos, mis primos, mis amistades antiguas y nuevas, los restos de parte de mis antepasados y una parte muy importante de mi juventud… Señores, lleven el asunto con la sensatez y la delicadeza que se requiere para no tener que arrepentirse de nada… y no olviden que todos somos ciudadanos del mundo, lo que nos lleva a articular nuestra interdependencia.


viernes, 28 de julio de 2017

Corrupción democrática

  
El otro día, si no recuerdo mal, un político en el congreso acusó a otro de corrupción democrática. Lo sorprendente es que acuse al otro sin mirarse al espejo. No sé lo que entiende ese hombre por corrupción democrática, pero a mí me ha obligado a pensar e intentar clarificar mis ideas respecto a ello. Yo había escrito hace unos días que “este mundo lleva una marcha vertiginosa hacia la mierda. Y cuando digo mierda me refiero a las heces que están cubriendo el mundo de la política. Esas heces que están corrompiendo el sistema democrático” hasta acabar con el mismo. Tal vez ese sea el objetivo final, el modificar el sistema para entregar el poder a los grupos económicos y financieros a los que andan sirviendo algunos, por no decir muchos o casi todos, de los implicados en la gobernanza del mundo democrático. La crisis se ha instrumentalizado para un mayor desarrollo del poder de las multinacionales y de la ideología neoliberal. El ser humano pasará en el futuro a formar parte de un todo, perdiendo su individualidad y teniendo que acoplarse a un macrosistema globalizado que todo lo controlará mediante el uso de las altas tecnologías que ya se están desarrollando y que se ocultan a la comprensión del ciudadano de a pie. Existe un gran peligro en el uso de los adelantos en psiconeurofisiología y la capacidad de influir sobre el cerebro de la gente y sus conductas, dando paso y mayor protagonismo a la inteligencia artificial. Las tecnologías pueden liberar a la gente o pueden someterlos, según el uso que se les dé, dependerá de qué intereses tienen los responsables en la toma de decisiones y en el proceso legislativo que condicione su uso.

Mi personal impresión es que todo lo que está pasando tiene un sentido analítico experimental, que lleva a conclusiones aplicables a los cambios sociales y estructurales que se avecinan. La tolerancia de la ciudadanía con los cambios se va visualizando y en función de ella se progresa en dirección al futuro. No se extrañen que dentro de poco andemos con chips incorporados en lugar de los DNI, donde figuren un cúmulo de datos sobre nuestra situación biopsicosocial, para evitar o neutralizar el miedo a los atentados terroristas, o para tener acceso a determinados servicios, para circular por las calles con garantía, para poder manejar los vehículos de última generación o para tener reconocimiento social. Renunciaremos al derecho a nuestra intimidad para sentir la garantía de la seguridad y la imbricación en un nuevo sistema de relaciones sociales y estructura funcional.


Nuestro poder de reacción está siendo analizado por los psicólogos, sociólogos y otros muchos expertos, como es natural en todo sistema orientado al conocimiento científico, y de esas respuestas se concluirá cómo actuar e influir sobre las masas, cómo crear estados de opinión y manipular actitudes e ideas en beneficio del nuevo orden. Estarán pensado a ver hasta dónde tragamos. Seguro que interesa en qué nivel de corrupción tenemos el umbral de tolerancia y cómo se amplía o modifica ese umbral para conseguir revertir el mando desde el sistema democrático a un sistema nuevo, manipulativo, donde se vota y opina, pero condicionado por los medios de comunicación y por el efecto hooligan, siendo permeable a las nuevas tecnologías de la comunicación y educación o proceso formativo.  He aquí el gran dilema: cómo se coordina la aplicación de las nuevas tecnologías respetando las esencias del ser humano para evitar someterlo a esas tendencias. Con esta línea argumental, que a alguno le pueda parecer conspiranoica, dado que se fundamenta en apreciaciones subjetivas, con una alta dosis de interpretación intuitiva, solo pretendo alertar sobre un potencial devenir que condicione un futuro sin democracia, con Estados y Gobiernos impotentes y la toma de decisiones en manos de corporaciones o grupos donde el ciudadano no tenga ni voz ni voto.


Ahora, volviendo al análisis del concepto inicial, me quedé pensando en esa nueva acuñación de: CORRUPCIÓN DEMOCRÁTICA y si es compatible con esa afirmación mía a la que aludí al inicio. Corrupción democrática, al menos para mí, sería alterar el sistema democrático, apartándolo de su objetivo, para usarlo con pretensiones espurias y desvistiéndolo de las bases o principios que lo sustentan y definen. No hablo, ahora de las elucubraciones o disquisiciones que he planteado sobre el proyecto soterrado que pudiera estar llevándose a efecto para un nuevo orden, del que tanto se habla y ha hablado, sino de la realidad palpable que vivimos en el día a día.


Si democracia es “el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”, entiendo que hay tres elementos importantes en todo funcionamiento democrático: uno es la incuestionable soberanía popular; otro el derecho a elegir libremente, bajo unas condiciones homogéneas para todos los partidos, a quienes quieres que te gobiernen en función de un programa o compromiso político; y finalmente la capacidad de controlar eficazmente a los gobernantes para exigirles el cumplimiento del pacto electoral, es decir hacerles cumplir los compromisos que han adquirido con la ciudadanía, o lo que es lo mismo, el buen uso del poder que le han delegado los electores.

Cualquier alteración de estos principios básicos, que enmarcan la democracia, podría considerarse corrupción democrática, bien sea desde un punto de vista operativo o ideológico. Por tanto, entiendo que podríamos encuadrar, en este término de corrupción, estas y algunas otras conductas que suelen practicar muchos políticos y/o partidos: 
  1. No cumplir el programa votado alterando, con cualquier excusa, lo establecido.
  2. Jugar con ventaja en los procesos electorales bien por financiación o por trato especial a alguno de los contrincantes.
  3. Sustraer a la voluntad del pueblo las decisiones que le corresponden como soberano, modificando leyes de rango superior o del derecho internacional, sin someterlas a su criterio.
  4. No respetar e intentar influir en las decisiones de los otros pilares de la democracia, como son: el judicial, el legislativo y el ejecutivo.
  5. Usar en beneficio propio, o de sus afines, las estructuras del poder o pervertir el sistema administrativo para sacar ventaja partidista.
  6. Establecer redes clientelares, desde el gobierno, beneficiando a sujetos adeptos al partido, actuando con nepotismo.
  7. Mentir al ciudadano para eludir el control sobre la actividad que se desarrolla.
  8. El uso del cinismo y la mentira, de la manipulación y desinformación, para generar estados artificiales de opinión en la ciudadanía, que favorezcan al partido.
  9. Desde la concepción ideológica, alentar el golpismo para controlar la situación e imponer gobiernos o estructuras afines.
  10. Justificar dictaduras y gobiernos absolutistas que atenten contra los principios democráticos.
  11. Ser conniventes con los delitos de lesa humanidad, fueren donde fuesen cometidos.
  12. Substraer al debate público las cuestiones trascendentes mediante maniobras de distracción con temas de importancia secundaria o ajena a los intereses inmediatos de la ciudadanía.

Estos 12 parámetros pueden ser significativos, incluso formar una especie de baremo con el que medir el nivel de corrupción y/o de limpieza democrática.


Existe, bajo mi punto de vista, otra variable de estudio sobre los niveles de corrupción democrática existentes en un Estado. Me refiero a la cultura democrática del pueblo que ejerce de elector y soberano. Mientras mayor tolerancia hay respecto a los grupos políticos corruptos menor nivel de esa cultura encontraremos. Es deseable que un Estado democrático se sustente sobre una sólida cultura democrática de su pueblo, que cada ciudadano sea capaz de analizar y discernir para valorar correctamente al poder político, no renunciando, en ningún caso, a la responsabilidad que conlleva el ejercicio de la democracia, como es la exigencia de ejemplaridad al mundo de la política y la preservación de su soberanía en consonancia con el resto de ciudadanos que conforma el Estado. Renunciar al ejercicio de la política, es renunciar a la propia soberanía, a la libertad sobre la toma de las decisiones que te afectan. El hecho de existir políticos corruptos es producto de nuestra inactividad y tolerancia. No es cuestión de huir del problema, diciendo que todos los políticos son iguales, que es el discurso de los defensores de los absolutismos dictatoriales, sino tomarlo por los cuernos y reconducirlo hacia la buena praxis, en ética y conductas políticas.

Cuando un Estado o país está gobernado por gente de moral y acción corrupta y ese gobierno es avalado por el voto mayoritario de la ciudadanía, nos encontraremos ante un supuesto de déficit de formación y conciencia democrática del pueblo votante. En este caso, el votante es cómplice del corrupto y realiza un perjuicio sobre sus conciudadanos al obligarlos a padecer gobiernos que ejercen la corrupción. Entiendo que hay mucho hooligan en esto de la política, que nuestra sociedad cultiva una irracional pertenencia al grupo, al que se le perdona todo por ser de los nuestros, pero, aún con estas matizaciones, hay un punto donde el ser humano, el sujeto pensante, ha de poner límite y denunciar determinadas actividades ilegales o ilegítimas de su grupo, sobre todo, por el bien y conservación del propio grupo.

A modo de conclusión, sugeriría el uso de esa relación de 12 conductas corruptas que atacan la democracia para valorar e identificar a los partidos que nos representan. Sería interesante ver ese ranking de corrupción y en función de ello tomar conciencia de una realidad que nos envuelve, de la que nos quejamos desde un victimismo irracional, dado que tenemos la solución en la mano al ejercer el derecho del voto. Si están ahí es porque se les ha votado. Tal vez, si piensas libremente, obviando esa faceta de hooligan, o de hincha futbolero, podrás valorar e identificar ese nivel de corrupción para escapar de la responsabilidad, o culpa, de apoyar, como cómplice, a quien la ejerce.

Por cierto, se me olvidaba decir que el parlamentario que acusó al otro de Corrupción Democrática fue Rajoy a Pablo Iglesias. Claro ejemplo de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.


domingo, 7 de mayo de 2017

El PSOE se la juega


El PSOE se juega mucho en estas primarias a la Secretaria General. Lo malo es que no solo es el PSOE sino todo el sistema político, incluyendo la derecha del PP. El ataque descarado y fulminante que ha realizado Podemos por la Izquierda ha arrollado a la agónica socialdemocracia en la que González reconvirtió el socialismo heredado de Pablo Iglesias, pero del fundador del PSOE, no del Pablo Manuel Iglesias Turrión de Podemos. Tal vez el aparato del partido se ha alejado demasiado de sus bases y no ha sido capaz de ver cómo Podemos colonizaba el vacío ideológico que iban dejando, conforme se aliaban con el neoliberalismo de la mano de grandes empresas que acogían en su regazo a los líderes socialdemócratas que dejaban los gobiernos, aunque no la política. Esa sospecha de traición a los principios ideológicos del Iglesias histórico y fundador, ha ido calando en la ciudadanía y muchos militantes que, en un goteo continuado, han ido abandonando el partido desde los viejos tiempos. Han sido la mitad de sus militantes los que abandonaron la organización desde 2004 hasta ahora. El movimiento de los indignados acabó dando la puntilla a un partido que se estaba desangrando y era incapaz de ver la realidad, incluso, que se estaba dando en toda Europa, sobre todo en Grecia.

Parece que según el resultado que se obtenga en estas primarias las cosas podrán ir a peor o a mucho peor. La cuestión está en conseguir captar a los votantes perdidos en un giro a la izquierda o querer pescar en un cercado con dueño, como es el PP y CS, que son su elección natural, salvo que el PSOE se quite la careta y aparezca un partido neoliberal al uso. Lo absurdo es que en estos momentos anden echando la culpa al pobre Pedro, víctima propiciatoria, o chivo expiatorio en el altar sacrificial, para muchos. Pedro heredó un partido “partido”, roto, y en declive cuando zapatero, que ahora aparece de cuando en cuando para dar su crédito a Susana, sufrió el descalabro proyectado en Rubalcaba. Era difícil mantener el tipo ante Podemos en las elecciones de 2015, dada la evolución de la cosa.

Podemos representaba lo prohibido para el sistema, el cuestionador de la solución de la crisis y un elemento al que no se lo podía permitir llagar al poder hasta que se hubiera reconvertido en una partido leal y manejable… o sea, que abandonara el populismo del que se le acusó. Los poderes fácticos no tuvieron la habilidad suficiente para ver que el problema se les escapaba de las manos y les iba a dar más de un quebradero de cabeza. Por ello empezaron a tomar medidas ejemplarizantes pasando de la tolerancia al acoso y derribo de los movimientos de los indignados. Por un lado machacaron al podemos griego para acojonar a los seguidores de la movida. Por otro, demonizaron a Podemos y lo venezolaron  (no creo que exista el verbo venezolar, pero me lo permito como licencia propia) incluso lo “iranizaron” en una alocada carrera del periodismo venal; además, y dado que la indignación era transversal, o sea que afectaba también a los votantes de derecha, crearon su propio partido para que desembarcaran allí sus indignados y apareció con fuerza un partido insignificante hasta ese momento, como era Ciudadanos. En fin, gestionaron la cosa para cambiar sin cambiar nada.

A todo esto, el PSOE desorientado y temeroso del sorpasso que no consiguiera Anguita pero que podía conseguir Iglesias, no daba pie con bola. ¿Jugamos a la izquierda o nos derivamos a la derecha cargados del pragmatismo que se desprende de la convicción de que esto va para donde va y no hay quien lo pare; es decir, que hay una globalización que arrasará con todo e impondrá sus normas queramos o no, que la democracia está descafeinada desde hace tiempo y jugamos a un nuevo sistema donde la elección no será libre sino condicionada por lo que hay, te guste o no? O sea, ¿Nos entregamos definitivamente? Al final estalló todo, el partido explosionó y el dramatismo se adueñó de Ferraz entre gritos, señora del sur, colega de Susana, reivindicando la máxima autoridad, etc, y amenazas y poco debate y nada de acuerdo… la suerte estaba echada y solo había que articular la forma de cargarse al Secretario General que, aunque hubiera olfateado el problema y la desafección, estaba carente de recursos para parar al aparato. La Gestora pasó a dominar la situación con la connivencia andaluza. Pongamos un asturiano al frente para liberar la presión sobre el sur, aunque el pacto estaba hecho y había que reconducir la situación con garantías de éxito… ¿Cuándo? cuando sea posible, dejemos que se enfríe la cosa y mientras vayamos construyendo el edifico del futuro.

En todo este batiburrillo, un manto de sospecha se ha instalado sobre Susana por su forma de provocar y gestionar la crisis del partido, sospechosa de ser la actora principal, incluso de hacer el descosido para ofrecerse a coserlo de nuevo. Los cantos de sirenas de los barones y prohombres forjados en el ejercicio del poder, de los factótums del partido, sobre los que se cierne, también, la sospecha y la desconfianza de las bases y, lo que es peor, de la ciudadanía en general que es quien vota, se evidenciaba y se siguen evidenciando. No parece que el haberse rodeado de ellos en su presentación en Madrid le haya sido de gran provecho, pues hay mucho militante, y más ciudadanos que no lo son, que empiezan a rechazar a las viejas glorias, o ya las rechazaban por cómo han desarrollado su proceso evolutivo en el poder y la sociedad, enriqueciéndose en algunos casos de forma poco clara.

Para muchos militantes, al menos de los que yo conozco, no digo para todos, claro está, y para una inmensa cantidad de votantes no militantes, la actuación permitiendo el gobierno del PP ha sido lamentable, ya que se han sentido traicionados, facilitando el acceso al poder del PP con su abstención o pasividad, cuando prometieron en campaña que no lo apoyarían nunca.  La Gestora, en esa lucha interna, a veces irracional al cambiar su posición programática inicial y castigar a quien votó lo prometido al ciudadano, se ha lucido para muchos y ha perdido credibilidad, si es que la tuvo alguna vez, salvo de los que apoyaron el “cuartelazo”. Este “automayazo” es incomprensible para todos los que ahora defienden a Pedro, que no es que sea el sumun de las capacidades como líder, pero sí el que más se ajusta a los defensores de la esencia socialista, según ellos.

En estas circunstancias, las bases se revuelven sabedores de que el lazo que les viene desde la izquierda puede estrangularlos, de que el tan cacareado rearme ideológico, que se viene reivindicando desde hace años, no será posible si no se busca una alternativa nueva y creíble para renovar a los barones y el aparato dominado por los históricos, que generan rechazo en la izquierda política, incluso en la socialdemocracia. Piensan que si se quiere defender la existencia del PSOE se ha de cambiar para evitar ser fagocitados por la izquierda y derecha. ¿Pero cómo defenderse del acoso? Si nos paramos a pensar veremos que el discurso de Iglesias y los suyos es casi una copia del que tenían González y Guerra en los años 80 para desbancar a la derecha heredera del franquismo. Si es que se vuelven a remover conciencias, ideologías fundacionales, posicionamientos sociales y políticos que habían perdido su vigencia por la actuación y acomodo al poder. Podemos puede hacer daño… o hay rearme ideológico o todo se va al garete. El amante del PSOE a toda costa, se pregunta qué hacer para evitar la hecatombe y muchos creen, como decía antes, que se ha de hacer un rearme ideológico sin los actores del pasado, que deben retirarse o ejercer de jarrón chino, como dijo González en una ocasión.

La cosa se complica cuando alguno de los otros históricos, como Pepe Borrell, plantea la necesidad imperiosa de entenderse con Podemos a medio y largo plazo para aglutinar a la izquierda, puesto que esa realidad ya no se puede obviar, dado que ahí militan hasta los propios hijos, formando un movimiento de futuro. Estos hijos rechazan que la España intransigente y nacionalista se siga fundamentando conceptualmente en súbditos y no en la soberanía de los ciudadanos libres; lo que lleva al PSOE a plantearse tomar partido por la soberanía popular y su ejercicio.

Por tanto, el PSOE está condenado o a entenderse con un Podemos más o menos suavizado, sin la osadía, chulesca para algunos, de Pablo Iglesias y sus incondicionales. Tal vez Errejón con su pragmatismo y estrategia fuera más afín a un PSOE renovador y facilitara el encuentro. La cuestión está en que si no hay entendimiento con la izquierda que representa Podemos, si no aparece un líder que pilote el nuevo PSOE para frenar la sangría, estará condenado a la oposición o a apoyar un gobierno de la derecha jugando siempre en el margen derecho de la política, sabiendo que allí solo le queda ser la muleta donde se apoyen el PP y CS.

¿Qué pasará si gana Susana y deja el vacío a su izquierda? ¿Qué pasará, si gana Pedro, con la posición del aparato, la gestora y las viejas glorias?

Nosotros, a pesar de los análisis que se puedan hacer ahora, solo nos queda esperar a ver que deciden los señores y señoras militantes y obrar en conciencia. Al fin y al cabo son cosas del PSOE y sus militantes… De todas formas siempre será complicado gobernar a un país tan diverso, que tiene 62 denominaciones de origen de vinos…


lunes, 27 de marzo de 2017

La crisis del PSOE, un síntoma más...


La democracia implica el valor de expresar lo que se piensa, sabedor de que la soberanía está en el pueblo, pero cuando el votante de ese pueblo tiene miedo de perder beneficios, cuando se actúa bajo coacción de los jefes o de los líderes que inducen y exigen nuestro propio voto, la democracia queda descafeinada, anulada, por un sentimiento de pesebrismo o clientelismo político donde el voto va unido a prebendas. Solo nos queda la esperanza de que eso sea remendado por el llamado voto oculto, para vencer el miedo...

En estos días se habla mucho de la movilización que desde el aparato y las viejas glorias del PSOE se viene haciendo en beneficio de Susana Díaz, profeta mesiánica para unos y golpista cuartelera para otros. Los cierto es que, a la vista de lo ocurrido en los últimos tiempos, un manto de sospecha se cierne sobre el partido, su gestora y los llamados barones, que son los jefes y mandatarios que ocupan el poder y la responsabilidad de gestión del complejo sistema del partido, tras el asalto al mismo mediante estrategias “refinadas” que, en algún caso, fueron groseras. Hay quien vio un golpe de estado, ¿o deberíamos llamarlo de partido?, en la maniobra que apeó a Pedro Sánchez del poder. Una vez más se sospecha que el partido es controlado y dirigido, entre bambalinas, por el propio aparato, obviando el sentir de las bases. Felipe, el jarrón chino que todo el mundo sabe dónde está colocado, en un acto sospechoso con su entrevista en la SER, dio el pistoletazo para desbancar a Sánchez allá por octubre pasado. Fue la “Grândola, Vila Morena”, del 25 de abril en la revolución de los claves portuguesa. Su apuesta fue clara, ya que su evolución desde un socialismo que cuestionó el marxismo, hasta un neoliberalismo de puertas giratorias, dejaba en crisis ideológica a un PSOE marxista fundado por Pablo Iglesias en el XIX. El desconcierto en aquellos momentos llevó a la confrontación con los sindicatos, a políticas de implantación del mercado con sus privatizaciones, a la descomposición ideológica a través de un llamado ajuste a la realidad, donde se pasó del NO a la entrada en la OTAN, al OTAN de entrada NO. Esa ambigüedad se mantuve en el tiempo hasta la disgregación de la idea fundacional del partido. Llevando al electorado a una catarsis forzada que dejó muchas dudas entre los propios afiliados.

Felipe y su guardia pretoriana del anterior siglo (el XX) son reminiscencias de un pasado que mostró una transición desde una izquierda humanista y comprometida con la ciudadanía a un centro, casi derecha, neoliberal, comprometido con el mundo empresarial y el mercado antes que con la ciudadanía, al entender que se ha de consolidar la economía empresarial para que fluya el bienestar al ciudadano; o lo que es lo mismo, llenar la mesa del señor para que las sobras o migajas caigan al plato del servidor.

En esa tesitura se ha descompuesto el PSOE, se ha fragmentado, atomizado, aglutinando gente desde una derecha casi neofranquista, con un centro indefinido ideológicamente y una izquierda confusa y desorientada que se ve atrapada entre en el doble mensaje de sus siglas con su ideología inicial y una realidad actual que están en otra dimensión. Claro que todo esto se enmarca en una tendencia, o intento, de poner en marcha una especie de espíritu del 12 de febrero (recordad ese concepto de los tiempos del posfranquismo, en tiempos de Arias Navarro) pero bajo el manto del neoliberalismo en lugar del tardofranquismo. En cierto sentido es lo que se pretendía con el 23F. Ese PSOE que aglutina una ideología derechona, un centro descafeinado ideológicamente y una izquierda confusa, o se rearma ideológicamente o será pasto de las llamas en una combustión provocada por la intraconfrontación en su esencia incompatible.

Hay síntomas terribles de regresión al pasado para domesticar al ciudadano y ponerlo a los pies de los caballos del mercado. La crisis así lo manifiesta y para eso fue creada. La Europa de la postguerra, defensora del pueblo llano, el que derramó su sangre en cruentas batallas, dignificó a ese pueblo garantizando unos derechos que son ahora cuestionados, cuando la política neoliberal americana pasa como un rodillo por el mundo capitalista, cuando la URRS ha sido desmantelada y no hay riesgo de que el enemigo gane la batalla y nos desmonte el chiringuito. Acojonar a la ciudadanía, asustarlos con un futuro incierto, con el terrorismo, con la pobreza y la miseria, con los populismos malvados, con la ruptura del sistema por los antisistema, como si esa ruptura no estuviera ya planificada por el propio sistema en un acto antisistema de suicidio o reconversión para pasar a otra situación o Nuevo Orden Mudial. Quieren otro mundo donde el Estado del Bienestar esté sometido al mercado, donde el poder de ese Estado sea limitado y todo se sojuzgue a las leyes de ese mercado, dejando la solidaridad y la concepción humanista de esos Estados en la nada.

He ahí el dilema de la ciudadanía. O nos acercamos al egoísmo de un nacionalismo aislacionistas tipo Trump donde solo se piensa en los nuestros a través de la economía, o seguimos con una ideología humanista donde el ser humano es el protagonista, desde la vieja concepción revolucionaria donde caben los marxismos y el propio cristianismo en su esencia inicial.

Pero volviendo al tema, el PSOE está en la encrucijada entre una Susana heredera y un Sánchez reconvertido hacia la izquierda. ¿Podrá encontrar su nueva línea o estará condenado a lo residual? En estos momentos de confusión, de desorientación política y social, de falta de implicación en la política de la ciudadanía por hartazgo y desilusión, todo es imprevisible, todo es posibles y todo es preocupante.

La izquierda huérfana, que ya definí en su día, sigue huérfana, sin partido con que identificarse, sin nadie que lidere un proyecto sólido ideológicamente y con posibilidades reales de llevarlo a cabo mediante estrategias claras y concisas que calen en el pueblo. Entre el PSOE de Susana con sus viejos amigos y el Podemos de Iglesias, hay un vacío, un hueco, por donde va cayendo un reguero de votos de gente con una ideología huérfana de líderes, que solo sirve para consolidar a un PP soberbio y déspota, incapaz de reconducir su putrefacta corrupción al no temer por su permanencia en el poder.

Esta guerra, porque es una guerra de intereses como todas las guerras, está en marcha. Es una guerra de ideas y de programas, de valores sociales y de estructuras organizacionales para gestionar el mundo, donde los medios manipulan las actitudes y las opiniones y, mediante la engañifa, se confunden los intereses de los grupos de poder con los del pueblo llano. Ahora más que nunca debemos implicarnos en la política, en la elección de nuestros gobernantes para que no nos lleven donde no queremos, para establecer una ética limpia, de rechazo a la corrupción y al choriceo de los que usan el poder en propio beneficio, para sentar las bases de un futuro de lealtad y limpieza en el ejercicio de la política, para perfilar un mañana enfocado al servicio de la ciudadanía y no del mundo mercantil (primero la gente, después el mercado) si no lo hacemos nos habremos merecido lo que nos venga…

Estará el PSOE en esa nueva dinámica, o seguirá en el tobogán del ostracismo alejado de los intereses de la ciudadanía y al lado de las grandes y poderosas corporaciones que nos llevan a ese futuro incierto, donde el poder lo ejercerán ellas y los Estados serán meros recaudadores y gestores de los limitados intereses y derechos de una ciudadanía decadente y sin influencia. 

sábado, 21 de enero de 2017

Trump, ese extraño fenómeno político social


Trump es un extraño fenómeno, pero que, visto con detenimiento, tiene su explicación. A mí estos sujetos de corte populista fascistoide me dan miedo. Miedo porque juegan con las emociones, con las patrias y la confrontación en lugar de con las sinergias positivas. El problema se da entre las mentes abiertas y cerradas. Las mentes abiertas son flexibles y razonan, mediante un análisis del entorno donde valoran más elementos o variables, no dejándose llevar por liderazgos incuestionables. Las mentes cerradas son estructuradas, movidas más por emociones que por razones, son más rígidas e impenetrables, más dogmáticas, pero también son más fáciles de colonizar entrando en ellas mediante el despertar de sus emociones íntimas. Una vez dentro son más dóciles, sumisas y serviles a su señor o líder. Al tener menos capacidad o hábito de discernimiento y estar menos acostumbradas a pensar o solucionar problemas desde el entendimiento, la empatía, el acercamiento y el debate racional inherente a las mentes abiertas, acaban en un seguidismo incuestionable.

La historia reciente nos muestra puntos de inflexión muy interesantes, sobre todo ante crisis importantes y la necesidad de salir de ellas, que acabaron entregando a toda una nación a un sujeto mesiánico y enardecido que sabía tocar la fibra sensible de las mentes cerradas. Un loco aventurero y visionario de fácil y demagógico discurso que sacaría al pueblo de la crisis, de la miseria y el miedo al presente y al futuro; el líder salvador, el mesías, que dirigiría y llevaría al pueblo por el tortuoso camino del éxodo hacia una nueva era, una nueva tierra prometida en su discurso. Esos líderes enardecidos, visionarios y demagógicos, ante las crisis, encuentran su público, sus votantes y sus incondicionales que no se paran ante nada cuando se suben al carro de su discurso; obedientes, leales, dispuestos a la gloria de dar, incluso, la vida por ese ideal ya sea político o religioso.

Parémonos a pensar en las consecuencias del crac del 29, o martes negro, que llevó de una u otra forma a la gran confrontación de la II Guerra Mundial. En un contexto de crisis económico internacional, provocado por la Gran Depresión en los EE. UU. iniciada con el referido crac de la bolsa, el pueblo alemán, humillado en la I Guerra Mundial y arrastrando la miseria de su destrucción tras el conflicto, encuentra en Hitler un líder salvador que hará una Alemania grande, poderosa y rica, que dominará el mundo. Tuvo la habilidad de despertar en su pueblo la autoestima, de pasar de la humillación y la infravaloración a hacerles creer que eran la raza perfecta, los herederos de los dioses del olimpo, elevando esa autoestima a niveles insospechados en los años 20. Hitler era un sujeto insultante, provocador y bravucón que irradiaba seguridad en sí mismo aunque en el fondo tuviera grandes complejos. En estos casos cabría pensar que la estructura social se compara a un cuerpo donde el pensamiento le corresponde al cerebro que es el líder, mientras los demás obedecen y ejecutan el papel que les ha sido otorgado, sin pensar, como en los ejércitos; tú eres músculo y trabajas el movimiento, tú hígado y eres fábrica, tú aparato digestivo y aportas nutrientes… todos a hacer bien la función, obedientemente sin cuestionar al líder aunque esté loco… lo importante es que el cuerpo funcione, aunque no sepas dónde te llevan.

Hay momentos en que una gran masa social es receptiva a ese tipo de sistema funcional. Hay crisis, hay miedo y quieren a alguien seguro que les guíe y saque del atolladero. Hay hastío, desencanto, desilusión y aceptan el discurso falaz de quien les emociona y les enaltece creando nuevas ilusiones y esperanzas, aunque estas sean más falsas que una moneda de chocolate. Necesitan creer y acaban dando el voto al charlatán que dice dónde quiere llevarlos pero no cómo lo hará, porque eso se verá conforme comiencen a andar, requiere fe ciega y seguidismo incuestionable. Moisés en el Sinaí no tenía rumbo fijo pero sí el seguidismo religioso de su pueblo… y muchos lo toman de ejemplo para embaucar a sus seguidores como si Dios fuera el guía, cosa que suelen enarbolar: “Dios está con nosotros”, dicen.

En esta nueva era que introdujo la globalización se han producido fenómenos desestabilizadores importantes. Las grandes empresas traicionan a sus países y se marchan a otros para obtener más beneficios, donde es más barata la producción, traen el producto elaborado a su país de origen y lo venden a precios caros ganando inmensas fortunas. Empobrecen a su país y enriquecen al productor, pero sobre todo se enriquecen ellos mismos con ese gradiente diferencial entre el precio de producción y el de venta final. Además crean inestabilidad social en sus países de origen, donde venden el producto, con el incremento del paro y el forzamiento a competir en el mercado laboral con los países del tercer mundo, bajando sueldos y llevando a la precariedad laboral. Como efecto rebote afloran los nacionalismos, los populismos y la xenofobia al entender que los extranjeros vienen a robar el poco trabajo que queda y a hacerlo con sueldos inferiores. Por otro lado la avaricia del codicioso capital, la falta de ética, la siembra y cultivo de la corrupción, la compra de políticos, el “chanchulleo” y las conductas mafiosas de determinados colectivos del mundo empresarial y de las finanzas crean un contexto de inestabilidad y vaguedad. ¿Hasta qué punto, el mundo de las grandes corporaciones, no ha tomado conciencia de esas acciones, que nos han llevado a la situación actual, con el desajuste entre sus intereses y los del votante? La sociedad hastiada, harta, de sus tropelías se ha entregad a quienes les prometen subsanar la situación, aunque sea un sujeto salido del propio mundo empresarial, otro gato que gobierne el mundo de los ratones, aunque solo haya cambiado el pelaje.

El discurso de Trump tiene aquí un anclaje importante, no nos engañemos. La gente que lo vota no es tonta, en todo caso pueden ser egoístas e incautos que se dejan llevar por una parte de su discurso sin ir más lejos en el análisis de posibilidades de cómo resolver esa situación que denuncia y a qué precio. Pero el mensaje de exigir la vuelta de la producción y de la repercusión de los beneficios en su país es una baza importante que usa este señor. Políticos y empresarios están devaluados, denostados y faltos de credibilidad, lanzados en una carrera sin límites a imponer sus intereses en el mundo… la gente que ve lo que se les viene encima se agarran a ese clavo ardiendo para no ser arrastrados por la riada y perecer ahogados. Para ellos, el rechazo al político corrupto, tiene su manifestación más dulce en el discurso de un Trump, o similares, que se ríen de ellos, que denuncia el establishment como una mafia organizada con la que hay que acabar y reconducirla. Luego, ese discurso, por lo visto en casos similares anteriores, acaba en una situación peor aún. Fue maestro, en pequeña escala comparada, nuestro Gil y tal y tal, que insultaba con sus bravuconerías, exhibía conductas machistas, maleducadas, políticamente incorrectas, pasando de normas y tomando la administración de su feudo como algo suyo, favoreciendo a sus empresas y amigos hasta acabar en la cárcel. En Italia fue Silvio Berlusconi, que conspiró para cambiar leyes y evitar prisión, el predecesor de Trump en esa filosofía de gestión del Estado a modo de empresa. Ambos tienen grandes similitudes como muestran en este artículo: ¿En qué se parece Donald Trump a Silvio Berlusconi? (Cliquea aquí para cargarlo) De todas formas Gil, en Marbella, era una nimiedad aislada, Berlusconi en su Italia nos cogía lejos, pero con este nos afectarán sus decisiones de forma mucho más directa.

Ahora nos queda una etapa muy interesante, cargada de desasosiego y expectación, pues habrá que ver cómo se resuelve ese choque de trenes entres los intereses del populismo de derechas, que representa Trump y los partidos europeos que se identifican con esa forma de pensar incluyendo, si os parece, al ladino de Putin, y el establishment que se ha visto sobrepasado por este fenómeno al que pretenderá neutralizar. Nosotros seguimos en medio y si hay tortas tened la certeza absoluta de que vendrán a nuestro pasmado cutis, porque siempre pierde el que menos tiene, ya que los grandes Estados se forjaron con la sangre de la gente sencilla, mientras en los despachos se hablaba de cómo ganar, aunque se perdiera la guerra. Alemania y Japón perdieron la guerra y se convirtieron en grandes potencias económicas. Construir lo destruido da grandes beneficios, moderniza las instalaciones obsoletas derribadas por las bombas y engancha al pueblo superviviente a un objetivo común donde se vuelve a dejar la sangre currando para levantar el país caído, por el que derramó también la sangre… “Vamos daos y que Dios nos coja confesaos” Tenemos un futuro incierto, pero me temo que no mejor. A ver si ese espíritu defensor de la democracia americano se impone, aunque la democracia en los EE. UU. tiene su sesgo al estar en manos del famoso establishment.