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jueves, 9 de enero de 2020

Análisis de la actualidad política desde el desconcierto.



Políticamente ando un poco confundido, o confuso, espero que me comprendáis. No lo digo por mis propias convicciones sino por las de los demás, por las de aquellos que yo creía estaban en la onda democrática, pero que siempre sospeché que lo estaban a regañadientes.

El concepto de democracia parece que no ha calado en la población, tal vez sea porque, durante todos los años vividos en ella, no hemos sido capaces de establecer, mostrar y enseñar los principios democráticos a la ciudadanía en general, desde la infancia, y a los propios políticos que nos representan en particular.

En los años 70, a la muerte de Franco, parecía que se había producido el milagro de la conversión de San Pablo. Un rayo democrático tiró del caballo al franquismo y vieron claro que el sistema, el dios terrenal de la convivencia, era la democracia. Salvo algunos grupos bajo la batuta de un exaltado notario que quedaron fuera del sistema por su escasa relevancia representativa.

Asumieron los principios democráticos de la soberanía popular y el pueblo dejó de ser súbdito para convertirse en soberano. La vieja institución monárquica de los borbones, instaurada en el siglo XVIII de la mano de la guerra de sucesión y apoyada por el abuelo absolutista, el rey Sol francés, renunciaba a esa potestad de soberano para convertirse en una institución casi simbólica, mantenida por los españoles como tributo a la paz y el entendimiento entre las diversas posiciones políticas. Tuvo la habilidad, eso sí, de conseguir que también cayeran del caballo las fuerzas republicanas y la luz de la monarquía parlamentaria relevara a los principios republicanos.

En este trance, se entendió que todos los españoles, por el hecho de serlo, podía ejercer en libertad sus derechos políticos, incluyen el derecho a disentir hasta de la propia Constitución. O sea, usted, querido ciudadano, es soberano en el uso de la alícuota parte que representa con su voto. Pero eso lleva implícito el respeto a las otras alícuotas partes de los muchos millones de ciudadanos que comparte la responsabilidad en el uso de la soberanía popular.

A tal efecto y para que establezcan un orden convivencial y converjan en acuerdos de gobernabilidad, se les otorgará el derecho a elegir a sus representantes al parlamento, que es el lugar sacrosanto donde se ejerce la democracia, donde cada diputado es legítimo representante de la ciudadanía sin excepción alguna, o sea que cuando usted insulta o alaba a un diputado está insultando o alabando a quienes lo pusieron allí como representante legítimo.

Si algo de importancia vital tiene la democracia es el respeto a las diferencias, a los que piensan diferente, comprendiendo que ellos tienen el mismo derecho que tú dentro del Estado. Aquí hemos de incluir a todos los miembros o partidos, sin excepción, que integran el arco parlamentario, puesto que si están allí es porque la Constitución los ampara. Siempre queda el recurso, en caso de sospechar que son anticonstitucionales, de llevarlos al Tribunal Constitucional, creado exprofeso para dilucidar asuntos relacionados con la constitucionalidad.

Con todo lo que hemos vivido en estos días y que parece se avecina, a mí, en concreto, me está replanteando este sistema democrático fallido, poco consistente en su esencia y nada respetado por los que deberían respetarlo, o sea por los propios políticos encargados de implementarlo.

Esas descalificaciones, insultos y expresiones variadas sobre el pensamiento político de todos y cada uno de los representantes, que bajo mi criterio son legítimos en el uso de la libertad de expresión que avala y justifica el sistema democrático, dejan en evidencia a quienes los manifiestan. Es coherente cada discurso con el pensamiento político del discursante, que queda retratado en la expresión de su pensamiento. Es ahí, donde el ciudadano debe leer y discernir si el político se ajusta al derecho democrático o si es un farsante que está allá para dinamitar la propia democracia. Cuestión que se observa en su actitud de respeto al conjunto de la ciudadanía, sus representantes y las leyes que sustentan el debate, entendiendo que en el propio debate está incluida la posibilidad de cuestionar esas leyes y la libre expresión del pensamiento. Yo no tengo nada que objetar cuando una señora, en este caso la señora Bassa, dice que tiene a su hermana en la cárcel y que, desde un punto de vista personal, a ella le importan un bledo la gobernabilidad de España, dado que es realmente lo que piensa. Esa sinceridad es de agradecer por la información que te aporta.

En este sentido, me parece maravilloso que el de Bildu diga lo que dice si es que lo piensa, y lo dice con la palabra no con una pistola; que el de VOX exprese su discurso manifestando sus ideas, para muchos antidemocráticas e inconstitucionales (cómo se atreven a calificar de ilegitimo a un gobierno surgido del parlamento… uy, uy, uy… cuidado que la Constitución está avalando ese acuerdo); que la señora Oramas haga lo contrario a lo que pactó su partido (allá ellos con la gestión del caso, aunque a mí me choque su deslealtad); que el PP se ubique ideológicamente en la defensa de determinados postulados cercanos a VOX ante el temor al sorpasso de sus hijos pródigos; que la señora Arrimadas siga con la tendencia inaugurada por su antecesor y, en un alarde nada democrático ofrezca los votos del PP para una alianza que el otro ya niega, y otras lindezas; o que los independentistas, que lo eran antes en menor cuantía representativa, manifiesten su deseo de ser independientes e intente conseguirlo, otra cosa es que se ajusten o no a la ley y que un posible juicio se ajuste a la justicia. Y cómo no, que el PSOE pacte con quien le dé la gana dentro del arco parlamentario, que acuerde lo que estime conveniente si es ajustado al marco legal. Pero no me parece lícito, o al menos políticamente ético, que nos quieran hace comulgar con ruedas de molino.

Visto el panorama que describo en el párrafo anterior, aflora la responsabilidad y el derecho del ciudadano a discernir y valorar las conductas democráticas o no de nuestros políticos. Nosotros no debemos ser hooligans llevados por el componente emocional sino por la razón y la responsabilidad democrática, comprendiendo que estamos inmersos y viviendo en una sociedad diversa, transversal, históricamente pluricultural, de libertad de pensamiento, de credo e ideologías, deberemos ser consecuentes, y, sosegadamente, valorar la situación para sobreponer la convivencia, el entendimiento y la paz que nos permita vivir en concordia social.

Finalmente, he de reconocer que la mayoría de los políticos me han defraudado, no por lo que han dicho, que están en su derecho de decirlo, sino por la forma, por cómo lo han dicho, groseramente, con descalificaciones antidemocráticas y con insultos en muchos casos, y, por otro lado, por dejar de manifiesto su poca afinidad, en algunos casos, con la filosofía democrática que rige nuestro sistema político parlamentario.

Tal vez la culpa sea nuestra, sobre todo, por no haber usado estos años de “democracia” para enseñar lo que es la verdadera democracia a un pueblo que surgió de las tinieblas de una dictadura. Solo hay que darse una vuelta por los muros personales y de debate en este invento del Facebook, para ver cómo se siembra el odio, aflora la hiel, se mata la razón para avivar sentimientos de confrontación y desencuentro, se creen y dejan arrastrar por las “fake news” y van siendo socialmente tóxicos. He visto como a gente, de un cierto grado de valor intelectual, defender que los españoles han sido traicionados por Sánchez… a qué españoles se refiere, ¿no sabe que hubo unas elecciones cuyo resultado es este? ¿y si lo sabe por qué lo niega? ¿Dónde está su ética democrática llamando al “tamayazo” traicionero, a la desobediencia y al rechazo de los resultados electorales?

En el fondo subyace una actitud de tolerancia con el pensamiento ajeno, siempre que no alcance el poder y se mantenga como una expresión testimonial de lo diferente, de su existencia divergente, pero a modo de Pepito Grillo, despertando conciencias pero no ejerciendo de gestores y gobernantes que modifiquen el estatus quo. Pienso que la sombra del pasado sigue planeando sobre nuestras cabezas, en esta cultura social, donde no acabamos de asimilar el respeto a las diferencias, a la justicia y la memoria de una historia que los ancla a un pasado de injustica y represión de las ideas, de la libertad de pensamiento. No acaban de defender claramente los valores sociales que conformen los principios fundamentales de una sociedad moderna, democrática, de progreso humano y desarrollo del ciudadano en su individualidad y, también, por supuesto, colectivamente. La riqueza para los ricos, la pobreza para los pobres. Desahuciamos de su vivienda a un ciudadano para entregársela a la banca, donde sus directivos, con omnímodo poder, tienen sueldos astronómicos, que podría garantizar la subsistencia de varias familias de por vida, sin buscar una solución de habitabilidad al desahuciado, cumpliendo el mandato constitucional de una vivienda digna para el ciudadano arrojado de su casa por la crisis, que incremente el poder económico de los ricos.

Por otro lado, ahora que estamos en Europa, que hemos roto la muralla de los Pirineos, que podemos y debemos beber del espíritu europeo e integrarnos en su dinámica definitivamente, rompiendo etiquetas del pasado, volvemos al espíritu de la reserva espiritual de Europa y hay algún partido que niega la mayor, como es el sometimiento al vínculo de leyes españolas y europeas y pide volver a colocar la frontera en los Pirineos.

Y para terminar querría hacer alguna observación respecto al resultado electoral y la salida a la gobernanza necesario del Estado. Si no me equivoco el resultado electoral, en cuanto a diputados, ha sido: 120 PSOE, 89 PP, 52 VOX, 35 UP, 13 ERC, 10 Cs, 8 JxCat, 6 PNV, 5 Bildu, 3 Más país, 2 CUP, 2 CC, 2 NA+, 1 BNG, 1 PRC, 1 Teruel Existe. Total 350 diputados y 16 formaciones políticas. 

Podemos hacer bloques afines por el presumible voto y luego se verán las alianzas directas o indirectas:
Claramente Izquierdas; 120 PSOE + 35 UP + 3 Más País = 158.
Claramente Derechas: 89 PP + 52 VOX + 10 Cs + 2 NA+ = 153.
Otros, con los que cabría negociar: 49

Resultado final investidura:
Síes a favor investidura: 120 PSOE + 35 UP + 3 Más País + 6 PNV + 1 CC + 1 BNG + 1 TE = 167
Nóes en contra de la investidura: 89 PP + 52 VOX + 10 Cs + 2 NA+ + 8 JxCat + 1 CC + 1 PRC + 2 CUP = 165.
Abstenciones: 5 Bildu + 13 de ERC = 18

Bien, ya tenemos los datos ahora viene el análisis:
En el grupo del PSOE no ha votado ningún independentista. En el grupo del PP votaron JxCat y la CUP, pero como oposición al PSOE no como apoyo al PP, así pues el PP no tendría nunca la posibilidad de formar gobierno salvo que lo apoyara la izquierda, que es la que ha ganado las elecciones, cosa poco probable ni lógica, pues eso sí sería una traición a sus votantes. Por tanto, observo los siguientes puntos:

  1. Boicotear al único gobierno posible es un acto de irresponsabilidad, ya que podría llevar a otras elecciones de las que serían los únicos responsables.
  2. La única alternativa a un gobierno donde no se abstuvieran los de ERC y Bildu, sería apoyando ellos al PSOE. Si no lo hace lo condenan a tener que pactar esa abstención, que es un apoyo por pasividad.
  3. ¿Deberían haber abierto la puerta a la negociación desde el primer momento en lugar de negar su abstención bajo ningún concepto como expreso el secretario general del PP, Egea?
  4. ¿Puede la señora Arrimadas ofrecer una solución por la derecha ofreciendo ella los votos del PP?
  5. ¿Han procurado que todo saliera así para poder hacer una oposición de trincheras y crecer para las próximas elecciones pensando en su partido pero no en España, ni en las soluciones que requiere la convivencia dentro del Estado?
  6. ¿Ha sido el miedo a VOX lo que ha impedido al PP la abstención, aún sabiendo que el PSOE se abstuvo pagando el precio de una crisis interna?
  7. En todo caso, es evidente que han forzado al PSOE a elegir esta salida por no haber alternativa.
  8. Por tanto, acusar al PSOE de pactar la abstención de los independentistas de ERC para llegar al poder, es una acto, al menos para mí, de puro cinismo político, que el ciudadano debería valorar en su justo término.
  9. La lealtad institucional es el acto más patriótico en el mundo de la política.

Dejo aquí el tema con lo que pienso, no es más que mi opinión y cada cual debe tener la suya. Mas si el pueblo no es capaz de comprender que la vida y la convivencia solo lleva al progreso si hay entendimiento y respeto a la diversidad; si los nacionalismos no dejan paso al encuentro en lugar de a la segregación o a la sumisión incondicional; si no se articula la interdependencia en lugar de la independencia, y se cultiva la confrontación y el divorcio en vez de las sinergias de los pueblos para caminar en un proyecto de interés común, el fracaso de la política será evidente… es más el conflicto lo romperá todo hasta ir sembrando el odio y el rechazo que pueden conducir a justificar la más violenta de las reacciones. Tu amable vecino podrá ser, en el futuro, tu odiado vecino al estilo serbobosnio.






jueves, 17 de octubre de 2019

¿Dónde nos quieren llevar?



No lo sé, pero sospecho que ni ellos mismos saben donde vamos, o a dónde nos puede llevar esto. Se sabe como empieza un camino al que no se conoce, del que no se tiene el mapa y solo se intuye que va hacia el norte que se busca, pero no se saben las dificultades aunque se sospechen. Lo malo es que hay gente que no quiere circular por esa vía, que prefiere seguir en su sitio, en su casa, y dejarse de aventuras innecesarias, mientras otra se lanza a ellas creando un problema dentro del propio grupo que comparte el mismo barco discutiendo, o queriendo imponer, el rumbo. ¿Habrá paz en el tránsito?, parece que no. ¿Habrá pacto para reconducir el barco a un lugar de interés común? Podría haberlo pero necesita actitud de convivencia y entendimiento. ¿Habrá sangre en el litigio? Esperemos que no, nunca deseable, y antes de eso no se ha de dar ni un paso que la haga fluir en la contienda.

Hay momentos en que solo el sentido común y la capacidad de análisis racional de los políticos cabe para solucionar esos problemas, en el supuesto de que esto sea un valor aplicable a determinados políticos, porque visto lo visto, parece que volvemos a tropezar con la misma piedra y algunos descelebrados siguen jugando con fuego, y no me refiero ya al ínclito e irresponsable Torra solamente, que hace tiempo dejó de ser el presidente de todos los catalanes, si es que alguna vez lo fue, sino a posiciones   irracionales y, cuanto menos, peligrosas, que pretende resolver el problema sin llegar a ver la trascendencia más allá de la mera miopía política. Ser independentista no es un delito sino un derecho que otorga la libertad de pensamiento, ideas y credo, pero cuando se ejerce la gobernabilidad de un pueblo donde existen diferentes sensibilidades ideológicas, todas ellas legítimas, ese líder, en este caso Torra, ha de ser comedido y garante de las libertades y derechos de todos los ciudadanos a los que gobierna. No puede empujar en una dirección rupturista del sistema que lo avala, ni pedir a una de las partes que apriete, precisamente, contra la estructura de poder que él mismo representa. El señor Torra es un insensato gobernante que no se lo merece Cataluña ni ningún pueblo, por su forma de entender el ejercicio de la gobernanza.

El problema del independentismo, aunque sea un posicionamiento legítimo y legal, es cómo dar salida a sus aspiraciones en un sistema donde el camino hacia la independencia es tremendamente complicado, dadas las variadas posiciones respecto al ejercicio de la soberanía popular y el domino que esta tiene sobre la territorialidad. Constitucionalmente todos los ciudadanos españoles somos soberanos en la totalidad del territorio nacional. Otra cosa es la incidencia de nuestro voto en función de la descentralización de la gestión del Estado. He ahí uno de los problemas que bloquean la salida que demanda el independentismo, que al reconocerse la soberanía de todos los españoles sobre el conjunto del territorio del Estado, habría que modificar ese articulado y en qué forma, detrayendo al resto de españoles su derecho sobre la soberanía catalana…

Pero volviendo al tema, acertado estuvo el ministro del interior, Grande Marlaska, al pedirle que decida si quiere ser el presidente de todos los catalanes o solo un activista con su ideología independentista, cosa muy respetable pero incompatible con la neutralidad de un gobernante. Como activista de la independencia tiene todo mi respeto siempre que no sobrepase los límites racionales de ese ejercicio, pero como presidente de la Generalitat solo le queda dimitir del cargo si no quiere ejercerlo como estadista, e irse a ejercer de activista, cortando carreteras y participando en algaradas callejeras. Ahí lo veo mejor en su papel.

Respecto a la vileza que se viene demostrando en otros niveles, es manifiesta. Me parece patética la derecha, en este caso el PP y Cs. Me refiero a la derecha porque no han aprendido nada del pasado y solo pretenden que se queme el gobierno en funciones para ganar ellos el poder en las próximas elecciones. En este caso la policía nacional y la guardia civil no anda pegando porrazos a los ciudadanos que van a votar, aunque fuera en un referéndum considerado ilegal, sino que los mossos de escuadra, en el ejercicio de sus funciones como cuerpo de seguridad de Cataluña, están cumpliendo con el mandato institucional que le otorga el Estatut. No hay por qué tomar iniciativas rompedoras, dado que no se toman en circunstancias similares de algaradas callejeras por otros motivos, ya sean políticos, de huelga o de corte triunfalista en los triunfos futboleros. Por tanto, de momento, se está haciendo lo que se ha de hacer, respetar y proteger el derecho de manifestación y reprimir la violencia callejera que se escapa del ejercicio pacífico de ese derecho, que se perjudica con el uso de la violencia. En todo caso, si las cosas se complican, para analizar los hechos, y tomar medidas, están los gobiernos, el de la Generalitat en primer lugar, y a ellos corresponde la toma de decisiones con la ley por delante y con la proporcionalidad que requiere cada caso.

En este sentido, con sus declaraciones tras la entrevista de ayer con Sánchez, no veo la lealtad de Casado con el gobierno, como dice tener, ni la de Rivera que sigue en su erre que erre con el famoso 155, a pesar de que los propios jueces han definido claramente qué circunstancias se han de dar para su aplicación. Los de VOX, bajo mi opinión, no quieren solucionar el problema sino echar leña al fuego para resucitar el espíritu franquista de la guerra civil y reprimir hasta eliminar las ideas disonantes con su concepción de España, lo que sería terrible. Respecto al PP, sirva como ejemplo el caso de ese señor con cara de malas purgas, que siempre parece enfadado, y que ejerce de su secretario general, García Egea creo que se llama. Va diciendo por ahí que el señor ministro del interior se fue a cenar con lo que está cayendo, a modo de reproche. Hay que ser maledicente e inconsciente para decir semejante majadería, como si el ministro no tuviera que alimentarse mientras dura el conflicto y hacerlo donde le dé la gana y con quien quiera. El asunto no es comparable con que se fuera al teatro mientras se inundan pueblos y casas como pasó en su tierra murciana. Estas cosas son clarificadoras del valor y la intención de los políticos; es capaz de centrar la atención en una cena, que es algo natural y necesario, para intentar araña unos votos, en lugar de colocarla en lo que realmente está ocurriendo, apoyando al gobierno en la solución del problema de una forma racional. Esa incapacidad que muestra la derecha para ver y analizar el problema catalán es preocupante.

Por otro lado, hablando del constructo de tsunami democrático, hemos de entender que la democracia la establecen las leyes democráticas. Las urnas son el instrumento para ejercerla, la urna por sí misma no es democracia (los dictadores también las usan). Pero no solo la ley, sino la actitud ciudadana y de los políticos son los que definen y consolidan la democracia. De ahí que el mal llamado referedum del 1 de octubre sea una farsa perfectamente cuestionable por su forma y por su fondo, tal vez valga como una encuesta interesada entre los llamados a participar en ella por los partidos que la convocan. Sus urnas no le dieron legitimidad democrática. No se puede defender que el 1 de octubre el independentismo venció al Estado, como dice Torra, más bien cabe constatar que lo burló… y lo hizo porque el inocente Rajay, llevado por la prepotencia y la soberbia, no vio la trampa en que caía al ejercer la violencia sobre los votantes, allí perdió la batalla de la opinión pública internacional, como le está pasando ahora al independentismo con estas algaradas. Un buen ejercicio demócrata es comprender y empatizar con el otro y viceversa, para conseguir acordar la convivencia desde el respeto a los derechos fundamentales de la ciudadanía, de la soberanía popular, de las leyes que emanan de ella y actuar en consecuencia. Difícilmente es encajable en ese concepto el acuerdo de una de las partes sin que la opinión de la otra se haya tenido en cuenta.

Bajo mi opinión, y de momento, Sánchez y su equipo están demostrando sensatez y la serenidad necesaria para actuar sin echar leña al fuego, dejando que las cosas se resuelvan desde donde se han de resolver y vigilantes para que así sea. No pueden caer de nuevo en la tentación del ir “a por ellos” de Rajoy como en el 1-O dando aquel espectáculo lamentable ante todo el mundo internacional que, como mínimo cuestiona la equilibrada respuesta ante un problema.

En estos días, Cataluña, en su conjunto, está siendo la gran perdedora. La imagen de violencia que se transmite al exterior está dinamitando el mensaje pacifista del independentismo y es este el primero que debería reconducir la situación. El Estado español puede estar ganando la batalla de la propaganda, de la opinión internacional, pues siendo criticable, según por quien, la sentencia de los presos, el fallo, ha sido más suave que lo solicitado por la propia fiscalía.

Es comprensible la frustración que se ha generado entre los partidarios de la secesión, el choque frontal contra el muro del Estado y de la historia, que ha puesto de manifiesto la imposibilidad de conseguir aquello que les dijeron estaba al alcance de la mano. Es evidente que el aspecto emocional ha de aflorar ante esa intolerancia a la frustración, incluso es comprensible que se modifiquen las emociones imperantes, pasando de la esperanza a la decepción y la rabia, que, sin duda, puede conducir a la acción, con todas sus consecuencias. Es conveniente que se vean las cosas con perspectiva de futuro inmediato y se ajuste y negocie una solución consensuada que permita a Cataluña volver a ser lo que fue, a generar riqueza y bienestar, a tomar un protagonismo razonable en la estructura del Estado y en la economía del conjunto de la UE, empezando por sí misma y por el resto del Estado español. Cataluña y el conjunto de los catalanes, que no son todos independentistas, no se merece lo que está pasando y, tal vez sea necesario negociar un encaje donde aflore la concordia en un contrato fijo cuyo cumplimiento lleve a la amnistía de los presos si se salva el escollo del conflicto.

Finalmente hago patente mi convicción de que el poder de los grupos que se ejerce en la calle no es un poder con validación democrática electoral, sino como resultado de una protesta legítima del colectivo que se manifiesta, eso sí, mientras mayor número de participantes mayor peso específico tendrá la manifestación y mayor atención se le deberá otorgar a lo que reivindican, considerando lo justo de la demanda. Por otro lado, los mismas acciones que se pudieran dar en el ejercicio del derecho de manifestación no son aplicables al conjunto del colectivo que convoca la misma, aunque legalmente se les asigne la responsabilidad como convocantes, por tanto los actos vandálicos, ocurridos en ellas, no tienen que ser generalizados al grupo de los protestantes, donde pueden haber subgrupos violentos y delincuentes y, a la vez, mayoritariamente participantes pacíficos que ejercen, con la indignación que fuere, su derecho a la protesta.



jueves, 19 de septiembre de 2019

Me cisco en sus muelas, pero votaré…



He de reconocer que ando contrariado, por no decir cabreado. Pero no solo con Sánchez, sino con todos los políticos del arco electoral.

No necesito más propagando. No quiero más engañifas. No acepto guerras de relatos descalificadoras de mi sentido común y mi capacidad analítica personal, para venderme culpas ajenas y exonerar las propias. Todos, sin excepción, se han equivocado, unos más y otros menos, llevando esto al límite, cerrando las puertas del acuerdo. No negaré nunca los duros procesos de negociación, los desencuentros en tales situaciones, las controversias y demás avatares de dicho proceso, eso es estrategia política. Pero cuando tras el inicio de un proceso negociador, que pretende llegar a acuerdos de gobernanza, se concluye sin ellos, acaban mostrando su incompetencia política, su incapacidad para acordar democráticamente las soluciones a los problemas de la ciudadanía que deben asumir esos gobiernos. Entonces el político pasa a ser parte del problema, en lugar de parte de la solución.

Tremendo el espectáculo entre PSOE y Unidas Podemos en todo el procedimiento negociador. Error tras error, suspicacias, desconfianzas, filtraciones, vetos, cuerdas demasiado tensadas, descalificaciones, manipulaciones y juegos malabares, que acaban mostrando la imposibilidad de acuerdo con estos mimbres. PSOE y UP, que parecían estar muy cerca, acaban demostrando lo lejos que se hallan… y lo que es más, la lucha soterrada por el espacio político que siguen manteniendo y, tal vez, ese pudiera ser el miedo de Sánchez, que esa lucha entrara en el Consejo de ministros y dinamitara su liderazgo. Les ha faltado sosiego, templanza, respeto mutuo. No han sabido, o querido, crear un clima que facilitara las cosas, que permitiera el encuentro. Mal, muy mal…

La derecha, en minoría, ha ido a lo suyo, no le pidan sentido de Estado, son minoría y eso los ubica en una posición de poca carga de responsabilidad. Las han ido viendo pasar… las peticiones de Sánchez, posiblemente enmarcadas en la lógica de los poderes fácticos, han sido la voz que clama en el desierto. ¿Quién se va a abstener? El que lo haga será anatemizado como indigno de representar a la derecha.

Al PP, destrozado en las elecciones anteriores y temeroso del “sorpasso” de Ciudadanos, se le han ido aclarando las expectativas de futuro, sobre todo, por la torpeza de un Rivera veleta e irracional, que pide lo imposible para reclamar su espacio en la derecha más recalcitrante, renunciando a la esencia del partido, que se fundó para evitar precisamente lo que ahora está pasando. Además, se erigió en defensor de la limpieza, en el blanqueador de la política española, en la alternativa a la corrupción y al despilfarro, y ahora resulta que pacta con un PP marcado por esa corrupción, que apoya a Ayuso en Madrid, cuando ya estaba bajo sospecha, que sostiene a gobiernos regionales con tanto o más lastre de corrupción que el PSOE andaluz al que sí tumba.

El ego de Albert Rivera le ha llevado a traicionar a su propio partido desde antes de las propias elecciones, cerrando el paso al PSOE, que es una de las partes con las que, por principio, estaría obligado a acordar. Ha empujando para provocar un acuerdo del PSOE con aquellos a los que él esperaba tildar de antipatriotas, de extremistas peligrosos, de bolivarianos hijos de Marx, de defensores del terrorismo etarra, etc. para justificar ese veto, sin comprender que si están en el Parlamento es porque la Constitución los ampara.  

Lo curioso, y eso va en beneficio de Casado, es que se ha aglutinado en el propio PP la significancia política del proyecto de derechas en el que han ido confluyendo. Ha sido el eje de los acuerdos de la trinidad, lo que da un mensaje claro respecto a dónde se ubica el centro de la derecha (he dicho centro de la derecha, que sería el percentil 75 del espectro político real, siendo 100 el extremo final de la derecha), lo que le permitirá emitir un claro mensaje de eficacia para todo el conjunto de los tres partidos, aglutinando el voto útil. Eso, a estas alturas, Rivera, lo sabe y en su torpeza no se percató de que estaba pasando ese fenómeno, lo que le llevará a un trasvase de votos a diestra y siniestra; a la diestra porque será un voto útil y a la siniestra por su identificación con la derecha corrupta del PP a la que tanto habían cuestionado y por lo que ya se han ido importantes militantes históricos y fundadores y por su tolerancia o pacto tácito con VOX.

El PSOE, que no ha pactado, por mucho que insista el señor Rivera, con los independentistas, que no ha llegado a acuerdos con Podemos, será una alternativa para determinadas capas de votantes de Ciudadanos ubicadas en el centro. El problema de Rivera es que, tras mostrar su desagradable forma de ejercer la política, insultante y descalificadora (la banda, el peligro del cuarto oscuro, el reparto de sillones y su teatro y otras lindezas), poniendo cordones sanitarios a partidos de tanta o mayor solvencia democrática que el suyo, negando el diálogo al que califica de traición, y no respondiendo, de forma insultante, a las citas del candidato a la presidencia según establece la propia constitución, a la que tanto dice defender, acaba acorralado por sí mismo. Es patético ver, primero, su demanda para pactar con los líderes regionales en las comunidades autónomas, a los que les piden que renuncien a su jefe y asuman el 155… vaya estupidez irracional, solo entendible si se trata de un iletrado constitucional. Y segundo, esta salida de última hora, donde, en plan de absoluta veleta, resuelve abrirse a pactar con su satanás privado, con el demonio de Sánchez como él lo ha ido definiendo, y le pone tres condiciones para salvar su cara ante la debacle que se le avecina. Este hombre, con todo el respeto que pueda merecer, me parece trastornado por su propia incongruencia, cosa que, posiblemente, hará frotarse las manos al resucitado Casado.

VOX, por otro lado, sabe que, reconstruidas las fuerzas de su referente, o sea del PP, sus resultados pueden ser muy inferiores a los que tiene ahora, si los de Casado saben vender la moto y ganarse los votos que se le fueron a VOX.

El independentismo ha sido sensato. Sabedores de que nadie iba a pactar con ellos, han mantenido una posición poco beligerante, incluso facilitadora del acuerdos entre la izquierda, que podría ser la menos lesiva para sus intereses de sosegar las cosas, de momento.

Yo me pregunto: ¿Ha fallado el multipartidismo? ¿Cuánta gente añora el bipartidismo? ¿Tenderemos de nuevo al viejo sistema dual de reparto de poder? Creo que sería un error y que, exigiendo a los incompetentes políticos actuales, que aprendan a pactar desde la policromía ideológica que sustenta el multipartidismo, sería interesante esa mayor presencia de la diversidad enriquecedora, al menos resultaría más democrática por una representatividad más extensa.

Concluyo, como empecé: No quiero propaganda, no quiero engañifas, no quiero oír a los planteamientos tóxicos que siembran odio y confrontación irracional. Tengo derecho a que me dejen pensar tranquilo sobre la orientación de mi voto, que, por supuesto, va a entrar en la urna, como siempre. Nunca renunciaré a mi “derecho a decidir”, ese que ejerzo cada vez que introduzco mi papeleta en la urna. El sobre esté preparado, la papeleta con el sentido de mi voto será introducido cuando estime conveniente. No te dejes engañar, vota y ejerce tu derecho a decidir libremente.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Constitucionalismo...



Existe un cierto debate, por desgracia no muy intenso, referido a la identificación de los partidos constitucionalistas, a quienes son y por qué lo son. Lógicamente, se debe entender como constitucionalista a quienes defienden la constitución como ley fundamental de nuestro sistema democrático. Los constitucionalistas puros deberían ser aquellos que se identifican con el espíritu de la misma, aceptando esa España rica en diversidad que se consolida y articula a través de esa ley fundamental. Incluso son constitucionalistas, le pese a quien le pese, aquellos partidos e ideas que pretenden cambiarla mediante el sistema establecido para ello en la propia constitución, faltaría más. En todo caso, todos los partidos que integran el arco parlamentario lo hacen con arreglo a esa ley magna, por lo que se entiende que está dentro de ella.

Últimamente venimos viendo como determinados partidos de la derecha se arrogan el calificativo de constitucionalistas, dejando fuera a los demás. Son los mismos que se adjudican la bandera y que, sospechosamente, cuestionan determinados artículos que creen se han de modificar, pero que, en su formulación, lo que provocan es confrontación. Son, por tanto, juez y parte, pues se permiten otorgar ellos el título de constitucionalista en función de sus ideas sobre la misma. Pero veamos:

Si nos atenemos a la historia reciente con la aprobación e instauración de la Constitución actual, el PSOE sería el más constitucional pues fue padre de la misma, con un importante coste ideológico por renuncia a muchos de sus planteamientos políticos, aceptando la monarquía y la propia transición, incluso descolgándose del marxismo, pero aceptando el modelo territorial y la descentralización administrativa y de gobernanza. Eso no quiere decir que ahora no cuestione aquellos acuerdos en aras de otros de mayor asentamiento en la sociedad actual llegando, incluso, a la vieja propuesta de federalismo, bien consolidado en otros países de nuestro entorno. Su constitucionalismo se reafirma al plantear los cambios que propugna siguiendo los cauces legales establecidos.

El PP, siendo Alianza Popular, se fracturó por desacuerdo interno con la gran ley, dejando la alianza Federico Silva Muñoz (ADE), Thomas de Carranza, Martínez Emperador y la totalidad de Unión Nacional Española, que fundan Derecha Democrática Española. Luego, en 1989, de esos mimbres, se funda el PP. En una reciente intervención, permítanme la ironía, de esa señora “fina”, llamada Cayetana (no la duquesa de Alba sino la marquesa de Casa Fuerte), que actúa como portavoz del PP en el Congreso, ha acusado a los miembros del PP vasco de tibieza con el nacionalismo (el nacionalismo es un derecho constitucional), cosa que ha exacerbado a los vascos del PP, que se han jugado la vida mientras otros andaban por mullidas moquetas, según Borja Sémper portavoz de ese partido en el Parlamento Vasco. Saco esto a colación por lo que implica de posicionamiento de determinados responsables del PP a nivel nacional, como es el caso, que no acaban de aceptar la foralidad vasca reconocida en la constitución, en la propia línea de sus otros dos socios, Ciudadanos y VOX. Esta señora encajaría mejor en el grupo de VOX, a mi modesto entender.

Ciudadanos anda perdido, porque entiende que el constitucionalista es el que defiende lo que ellos piensan de España; esa España que, en cuya indefinición, afloran reminiscencias José Antoniana de la Falange belicosa que consolidó la dictadura de la mano del caudillo imperial. No acepta la foralidad del País Vasco, pero sí la de Navarra, porque ahí se integra en Navarra suma y quiere tocar poder. La foralidad de Navarra fue respetada por el dictador en base a su implicación en la guerra civil tomando partido por los rebeldes, era una foralidad tradicionalista, de los suyos. Eso sigue pesando y no lo cuestionan las derechas, salvo cuando empiezan a ver la posibilidad de que lleguen al poder foral los otros.

¿De VOX qué decir? Salvo que quieren eliminar las autonomías y llevar la gobernanza al centralismo dictatorial del gobierno capitalino. O, tal vez sea, pasar del espíritu constitucional del 78 a la de los fueros de los españoles del franquismo. Su alegoría a la reconquista a caballo del ayer, su cuestionamiento sistemático del derecho de igualdad entre el hombre y la mujer, violencia de género, las migraciones, sexualidad, etc. los ubica, prácticamente fuera de la filosofía constitucional. Mi impresión es que VOX tiene, en sus principios ideológicos, más de inconstitucional que lo contrario.

Hay algo en común en la derecha, en menor grado en el PP, y es el cuestionamiento de la propia Constitución, en la que les chirría el Estado de las Autonomías, con su concepción centrípeta del poder, por lo que les alejan de la concepción democrática, pues es clave, en la democracia, la participación de la ciudadanía para solucionar los problemas propios de forma directa y por los afectados de los mismos, articulados con el conjunto del Estado. A mayor descentralización mayor democracia.

Podemos anda entre sus planteamientos ideológicos radicales (me refiero a sus raíces) y la necesidad de adaptarse, por puro pragmatismo, dado el entorno y las consecuencias de la confrontación con el mismo. Esa situación, por fuerza, ha de crear ambigüedad, incluso disonancia cognitiva en sus ideólogos y militantes, lo que puede llevar a reacciones imprevisibles.

Pero yendo algo más lejos, una constitución es sólida cuando sirve como marco de convivencia y, además, es versátil para adecuarla a los tiempos desde la disposición de todos a aceptar democráticamente los cambios y adecuaciones, considerando como ineludible la diversidad, y el encaje de la misma, en el contexto general de la concordia. Las leyes magnas, desde una concepción democrática, no pueden ser puramente impositivas, sino un lugar de confluencia de intereses comunes del colectivo de pueblos que conforma el Estado. Es decir, una crisis política que cuestiona el sistema constitucional deja de serla cuando se negocia, políticamente, la situación para reestablecer las sinergias que garanticen la convivencia bajo un objetivo compartido por los integrantes de ese Estado.

Lo que en ningún caso, bajo mi criterio, debe ser aceptado son las manipulaciones partidistas, los etiquetados a conveniencia de unos u otros del concepto “constitucionalista” aplicado al libre albedrio de cada cual. Nos debe preocupar que esa interpretación de la ley magna sea para arrimar el ascua a la sardina de un grupo, intentando definir una España anclada al conservadurismo tradicional de los grupos de poder, identificando este modelo como el defendido por la Constitución, cuando esta ha “roto” con el pasado y se ha abierto al mundo del hoy con sus diversidades, incluyendo los derechos y libertades que en ella se pregonan.
  
Mas, sinceramente, estamos en un momento crucial, de verdadera crisis, cuando un partido, como es el PP, ha desaparecido prácticamente del espectro político en zonas como el País Vasco y Cataluña. La idea que representan de España no cuadra, ni encaja, en la concepción y el deseo existente en esas zonas. España, por mucho que le pese a la derecha, es un Estado de naciones dado el desarrollo del proceso histórico en su formación. Diversos reinos se fueron aglutinando por razones de interés de sus monarcas y adláteres, bien en pactos de sangre, bien en guerras de sangre.  Como ejemplo de pacto de sangre pongo a los Reyes Católicos y como guerra de sangre la cruel conquista del reino de Granada y la menos violenta incorporación del reino de Navarra a Castilla a principios del siglo XVI. El absolutismo posterior de los borbones, reflejados en el espejo del abuelo Luis XIV de Francia, creó una tensión permanente entre los niveles de autonomía de gestión previos y el centralismo de Felipe V, que afectó a todo el reino con su ley de Nueva Planta. Hasta ese momento la Monarquía Católica “continuaba siendo un conglomerado dinástico de diversos «Reinos, Estados y Señoríos» unidos según la fórmula aeque principaliter, bajo la cual los reinos constituyentes continuaban después de su unión siendo tratados como entidades distintas, de modo que conservaban sus propias leyes, fueros y privilegios”.

Desde entonces, tenemos un enquistamiento político con semillas independentistas, que afloran en cuanto se intenta poner la losa de mármol al movimiento identitario de los pueblos y someterlos a criterios centralizadores que pudieran recordar el absolutismo. El caso catalán, con su singularidad, es un claro ejemplo, pues cuando se había votado un nuevo estatuto y, a su vez, se le otorgó el visto bueno en el Congreso español, se acaba llevando al Constitucional, incluso artículos habidos en otros estatutos se declaran nulos. Eso enrabieta a la ciudadanía catalana que había votado y dado su consentimiento a un estatuto con proyección de futuro para décadas, y otorga un excelente caldo de cultivo el mundo independentista, que pasa de una representación que, históricamente, había sido de un 17% aproximadamente a más de un 40%, con el consiguiente conflicto con el Estado.

Pero voy más lejos; mientras estamos inmersos en batallas localistas y partidistas, no percibimos la necesidad de afrontar un futuro globalizado, donde la tecnología será la dueña del mañana y quien la domine obtendrá el ejercicio del poder. Nuestros políticos siguen miopes, cegatos diría, poniéndose zancadillas para ver quien llega a la Moncloa, mirándose el ombligo. No tienen perspectivas de futuro, no analizan las cosas desde la trascendencia del hoy hacia le mañana. Se observa una carencia importante del sosiego, del sentido común y de la excelencia que ha de tener un estadista, y aparecen sujetos mediocres que pugnan por hacerse con el poder, incluso a costa de enfrentar a los pueblos con sus demagogias interesadas batallando en campos inapropiados.

El campo del futuro está en apostar por el desarrollo de la sociedad, desde un punto de vista intelectual, para garantizar con ello la siembra del mañana. Es tremendo ver como nuestros políticos, y la mayoría del mundo de nuestro entorno, se baten en campos tradicionales, cuando la batalla del futuro está en otro lugar, en el campo del conocimiento y de las sinergias establecidas en la sociedad en base al mismo.

Siguen mareando la perdiz, con distractores que dispersan el esfuerzo, hablando de constitucionalidad, de viejas confrontaciones, incapaces de dar salida a las nuevas y obviando lo que se nos viene encima. Dentro de pocos años, el mundo habrá cambiado hasta tal punto que el riesgo no son estas nimiedades, sino el papel que el ser humano ha de asumir en ese nuevo estado de cosas. ¿Dominará el hombre a la tecnología con la democratización del conocimiento o este será patrimonio de grandes corporaciones y sus acólitos, siendo utilizado como herramientas de dominio y sumisión de la gente al poder establecido?

Yo lo dejo aquí porque el tema da para mucho más. Que cada cual haga su propia reflexión, la mía está sobre la mesa, aunque, en el fondo, me coge fuera de juego, puede que no esté aquí cuando eso pase… el problema le queda a las generaciones posteriores, incluidos nuestros hijos y nietos.

lunes, 19 de agosto de 2019

La historia se fragua en la migración


Creo que los seres humanos no podemos quedar impasibles ante los dramas de los congéneres. Cuando anulamos la empatía y con ello los sentimientos de compasión, humanidad, compresión y sensibilidad, perdemos el valor humano; es decir, dejamos de ser humanos para convertirnos en seres crueles, egoístas, rayando en lo sociópata, que nos descalifica como humanos.


En los últimos años están surgiendo en todo el mundo y, por desgracia, también en nuestro país, un espíritu mezquino, miserable y cicatero sustituyendo a los valores que deben reinar en toda cultura humana. En la nuestra, al menos teóricamente y por el imperante credo religioso, la acogida y la compasiva caridad deberían manifestarse.

En estas circunstancias y en concreto, me horroriza la manipulación y el cinismo del señor Salvini, un soberbio y chulesco personaje que carece, bajo mi opinión, de los principios básicos del humanismo. Es un alumno muy aventajado de los populismos paranoides que se están cultivando. Refiere que no acoge a los inmigrantes del Open Arms, para no crear un precedente y se jacta de su cruel dureza. No tiene conciencia de que el problema no es solo una cuestión de inmigrantes ilegales, sino de una situación de emergencia humanitaria que reclama ayuda por ese abandono en pleno mar de los tripulantes recogidos a la deriva. Las leyes internacionales y de la propia UE así lo establecen y este señor se las pasas por el arco de Trajano, aunque sus propios jueces le conminen a cumplirlas. Esa postura implica una actitud delincuente. Tal vez habría que llevarlo a los tribunales y juzgarlo por denegación de auxilio, un delito que, en este caso, rozaría la lesa humanidad, puede que prosperara la demanda.

Pero, por otro lado, no es ajeno a ello el proceso de socialización que se lleva a cabo desde infinidad de medios de comunicación y estados de opinión, que siembran la nostálgica de los viejos tiempos y de espíritu supremacista, racista y xenófobos cargados de intolerancia, orientados a imponer dogmas anacrónicos que, en el pasado, nos llevaron al caos y la destructiva guerra. Poderosos países de nuestro entorno toman peligrosas derivas totalitarias, o al menos crecen sus adeptos entre los votantes. La segregación, la vuelta al pasado nacional, en una ilusión de pura fantasía, pretende desmontar las redes de cohesión, que se habrían de reforzar para evitar que, con la globalización, el ciudadano pierda el poder de su voto.

La política se ha visto invadida por un conjunto de sujetos de escasa, por no decir nula, moral que, más que solucionar problemas, los crean para tapar sus vergüenzas. Sus vergüenzas son la sumisión al poder económico, que los compra y, con ello, los controla. El mercado lo invade todo y se preocupa de formar consumidores sumisos y trabajadores precarios dentro de sus leyes globalizadoras, donde los estados cada vez tienen menos poder regulador; ello garantiza su futuro control a nivel internacional al imponer sus criterios bajo el chantaje y la amenaza a los estados que no colaboren en su desarrollo empresarial. Su prensa y sus medios se van encargando de engatusar a la gente, sin consideraciones de tipo ético, para crear estados de opinión beneficiosos para su estrategia.

Por otro lado, crean miedo, miedo al terrorismo, miedo a la diversidad social, miedo y rechazo al inmigrante que te viene a robar el puesto de trabajo, al extranjero, al homosexual, al que piensa de forma diferente… pretendiendo convertir al ciudadano en un alienado que perdió sus valores, o los cambio por otros  deshumanizados (eso no son  valores). Pretenden una sociedad monolítica, donde el sujeto sea un instrumento al servicio de una estructura superior, donde mandan y disfrutan del poder ellos, que son o están inmersos en las grandes corporaciones.

Para esta tendencia, es importante matar el pensamiento libre, evitar que la filosofía y el razonamiento afloren como medio de reflexión y crítica al sistema. Hay que domesticar al ser humano, aborregarlo, y hacerlo servil para integrarlo en el feudalismo del siglo XXI y los venideros. Tu señor es la empresa que te protege otorgándote el don de trabajar para ella, y a ella te debes si no quieres ubicarte en la fría y oscura noche de la marginación y la pobreza. El juego está claro, aprende a trabajar y a consumir para que el dinero vuelva a sus bolsillos, así serás un modelo a seguir en esta futura sociedad.

Mientras todo esto sigue fraguándose al ritmo requerido, te van presentando otros problemas sangrantes para crear inmunidad a la barbarie, al cinismo y la crueldad. Quieren que rechaces a tus semejantes, que deprecies a los que no son de tu grupo, que odies lo diferente y que defiendas el “conmigo o contra mí”.

En estos días estamos viviendo un drama de los muchos que este mundo nos esconde, al que ya me he referido. El de la inmigración clandestina, el de los temerarios, y para algunos peligrosos, aventureros procedentes de tierras que fueron colonias de Europa en tiempos pasados, a los que se les mostró la grandeza de nuestra civilización, los valores culturales y humanos que nos caracterizan, los principios de igualdad y de derechos que nos amparan, mientras se les expoliaban sus recursos naturales (cosa que se sigue haciendo desde otra dimensión política)… Nuestras televisiones, vistas en todo el mundo, son una gran ventana que propaga el buen vivir y el nivel y calidad de vida que gozamos. Esa gran tentación, esa gran llamada de la que fue su metrópolis, es irresistible cuando se compara con la miseria, la pobreza y penuria que azota el continente africano.

Qué contradicción; antiguamente se iba a África a buscar esclavos para venderlos, negociando con sus vidas con el más absoluto desprecio, hoy vienen solos, jugándose la vida, dispuesto a ser esclavizados por los herederos de aquellos desalmados.

Somos imbéciles, o mejor dicho muchos de nuestros ideólogos políticos parecen imbéciles, aunque no lo sean y sepan a lo que juegan con su maledicencia. Europa es un país que envejece a marchas forzadas, que necesita mano de obra y vitalidad joven para desarrollarse. Vienen jóvenes, fuertes y con motivación; integrémoslos acogiéndolos, formándolos en nuestros principios y valores, enseñándoles a trabajar. Repoblemos las zonas vaciadas y hagámoslas productivas de nuevo dentro de lo posible. Necesitamos juventud y gente emprendedora. Pero, claro, para que un joven esté en condición de trabajar, como mínimo se tarde 16 años en conseguirlo, cuesta mucho esfuerzo y sacrificio, cosa que parecen no estar muy dispuestos a hacer los matrimonios actuales. Estos vienen crecidos y, en estas circunstancias, creo que es más fácil integrarlos que rechazarlos. 

Hagámoslo, acojámoslos mediante un programa integral que los integre (valga la redundancia). Estoy convencido, por propia experiencia formativa, que, a pesar de las dificultades, se obtendrían mejores resultados de los que se dan ahora, que acaban en guetos o grupos desarraigados de nuestra cultura.

Dejemos, pues, el cinismo, la mezquindad y el rechazo xenófobo que se ancla en las mentes obtusas y resistentes a argumentaciones lógicas. Comprendamos que la historia de la humanidad es una historia de migraciones; unas veces buscando mejorar la vida y tras conquistando y sometiendo a los demás en el propio beneficio. ¿No sería mejor reflexionar comprendiendo la previsible evolución del mundo? 

viernes, 26 de julio de 2019

LA EXTRAÑEZA QUE EXTRAÑA A PROPIOS Y EXTRAÑOS



¿Cómo me han de extrañar a mí estas cosas que tanto extrañan, si la extrañeza que a vosotros os deja extrañados a mí ya no me extraña? (permítanme este juego en redundancia). 

Lo extraño sería que un gobierno, con acuerdo solo de sillones, no fuera una jaula de grillos montada por extraños entre sí. Solo cabe, de una vez, hacer un programa claro, conciso y estructurado para ser viable y, a la vez, ser controlable, monitorizado para hacer su seguimiento. Eso es lo único que sería políticamente honrado al ofrecer a la gente un compromiso detallado y firmado para ser cumplido. Luego, quien sea el encargado de llevarlo a efecto es lo de menos, salvo que ese alguien pretenda que su ego se eleve por los aires hasta llegar a los lugares más recónditos del país para mayor honor y gloria suya. De eso, nuestros políticos saben muchos, los egos están por las nubes y la gloria, en el partido, solo se consigue con el éxito en la escalada del poder externo.

Mas, hete aquí que no quieren esos compromisos comprometedores que les atan las manos, esos programas. Tal vez entienda que gobernar es hacer lo que les salga de “salva sea la parte” en cada caso, cuando, en democracia, gobernar es cumplir los programas y compromisos que se adquieren con los votantes, que, al fin y al cabo, son los verdaderos gobernantes que delegan en el político su soberanía… ¿no era así? Perdonen tanta redundancias, pero un programa programado es la mejor programación para un gobierno de progreso.

Mi extrañeza se dio en un extraño momento en que ERC y Bildu (también al PNV que ya, de por sí, es bastante sensato mientras goce los históricos favores de su reino), llamaron a la cordura a los litigantes de Podemos y PSOE. Patética situación en que dos “enemigos de España”, parafraseando a la ultraderecha y Cs. (que ya empiezan a parecer lo mismo, soltando el lastre de los verdaderamente centrados, hoy se fue del partido Francisco de la Torre con una demoledora carta a Rivera denunciando que ha dejado el centro para irse al extremo) pedían entendimiento por el bien de la propia España. Visión sorprendente de estadistas inesperados, catalogados de rompedores de la patria, temiendo, previsiblemente, el gobierno intransigente de la santa trinidad de VOX, Ciudadanos y el Partido Popular.

Permitidme un inciso: Qué curioso, el número 155 está dominando España, adquiriendo un protagonismo inusitado: 155 son los votos de la derecha extensa para frustrar la investidura de Sánchez, 155 las razones de JxCat para no apoyarlo, 155 el sortilegio para acabar con los independentistas según el triunvirato. Un número mágico que acaba en 5, que rima con… hinco.

Y ya no sé si me extraña o no el novedoso discurso de Rufián, rompiendo su dinámica del pasado cargada de histrionismo, y centrándose más en reclamar una política de izquierdas que resuelva problemas de la gente de a pie. Nunca entendí como un partido que se llama de izquierdas, en este caso ERC, tuvo el estómago suficiente para aliarse con Convergencia (además de la CUP) como nacionalismos que chocan con la propia ideología de la izquierda universal.  Sorpresa inusitada me causó cuando confesó públicamente que a él no le había robado España (recuérdese el viejo discurso trasnochado de España nos roba), sino los Rato, Pujol, Millet y demás. Bienvenidos sean volviendo a identificar el enemigo verdadero del pueblo catalán, a los lladres (ladrones) que comparte con España. Parece que ya vamos volviendo al camino del encuentro. ERC vuelve su cara a la izquierda y puede que empiece a ver a los suyos, a la gente del pueblo, sin fronteras, unidas por un común objetivo, que es la justicia social.

¿Y ahora qué? Sánchez fracasado en el intento, Iglesias herido en su ego por el rechazo, los otros pidiendo acuerdos, mientras siguen en la tele los debates, para fijar el relato de los hechos, sin asumir nadie la culpa, sin tratar, con la dedicación que requieren, los problemas de gobierno y el programa que los solucione.

El voto negativo de la señora Montero, en la primera sesión, para mí fue un error tremendo de táctica y de fondo. Nunca un partido de Izquierdas debe dar un NO a otro, de la misma ala, rechazando su programa; en todo caso inhibirse con su abstención y, al no identificarse con ese programa, dejar que ellos lo defiendan o pacten con otros, luego, según con quien y lo que pacte, que voten NO. Ahí, Izquierda Unida, mucho más madura, supo poner los límites, igual que los puso en la Rioja. No hubo razón para votar un NO, habiendo posibilidades de negociación, salvo que ese NO fueran por despecho del león herido o una carga irracional, no recomendable, de testosterona. Un partido de izquierdas, votando junto a la derecha más reaccionaria, contra otro de izquierdas con el que está negociando, es un escándalo político y cierra muchas puertas al entendimiento. Una foto que queda para la historia, que le será echada en cara como arma arrojadiza en el debate.

La izquierda no aprende, las ideologías y el libre pensamiento, aunque se verbalicen con plena libertad, se han de gestionar desde la sensatez y, también, desde el pragmatismo, desde la razón y el buen juicio, respetando a los aliados potenciales, pues si surgen y fomentan las desconfianzas mejor apaga y vámonos. Sánchez no se fía y cree que Iglesias le montará un gobierno paralelo. Iglesias dice que tampoco se fía de él y ha de estar en el gobierno para controlarlo; dos argumentos asimilables de una misma idea que confirma la mutua desconfianza. Sánchez lo rechaza e Iglesias se siente herido, cómo no, y delega en sus huestes la batalla, que ya advierten que vetar a Iglesias es vetar a Unidas Podemos. En ese momento entendí que el fracaso ya se vislumbraba por la esquina. Iglesias contundente le dijo a Sánchez que si no pactaban con ellos no gobernaría nunca; mesiánica profecía en tono amenazante que siembra más ira en el contrincante. La escalada soterrada, la lucha subliminal, se veía en las caras, en las posturas, en los ojos y la faz que se mostraba tensa. Estaba claro, aquello solo lo podía arreglar un milagro de la Virgen de Lurdes, pero ¿cómo iba a aparecer la Virgen, si ellos no creen en ella (ni yo tampoco, claro), ni le rezan?

El PSOE tiene 123 diputados, UP tiene 42, faltan algunos para la mayoría en primera votación, pero en la segunda, trabajando algo a otros partidos, salen las cuentas. Con estos mimbres se ha de construir la canasta. Hay diferencias que mejor aparcarlas y donde no hay consenso mejor dejarlo para otro momento; lo importante es definir acuerdos, convergencias, sinergias… en suma programa de gobierno sin imponer al otro, hacerlo todo por consenso, que ya estaba medio construido al fraguar los presupuestos que fueron rechazados por los independistas. Generar confianza para no tener que perder demasiado tiempo pendiente del “amigo” o colega de gobierno, por si te la pega en cuanto te des la vuelta, y así poder dedicarse a resolver los problemas reales de la ciudadanía. La lucha entre la izquierda es un viejo testimonio a lo largo de la historia. Socialistas y comunistas se enfrentaron casi siempre por liderar ese campo en Europa. ¿No aprenderán nunca a resolver los problemas con consenso?

Ayer puse en mi muro de Facebook una frase lapidaria que dice: "La insólita guerra entre la izquierda, sigue tras la victoria, hasta perder la batalla". Así es, hasta cuando han conseguido la victoria se enfrentan entre ellos perdiendo la batalla del encuentro. Luego, si se descuidan, perderán la guerra y acabará volviendo la derecha derrotada, que ya reunifica sus huestes para el contraataque. VOX sigue cabalgando en su corcel medieval para entrar en combate por el flanco derecho, Cs. cubre el flanco izquierdo con parte de sus huestes en retirada y desacuerdo, y el PP, con Casado malherido, cubiertos sus flancos, se ubica en el centro del combate sanando las heridas a cubierto. Cuidado, señores y señoras de la izquierda, si hay batalla, pues mientras ustedes discuten si son galgos o podencos, ellos ya tienen conformado un gran ejército.


QUÉ EXTRAÑO ES TODO ESTO QUE PARECÍA NO EXTRAÑARME.





miércoles, 17 de julio de 2019

Cómo salir del laberinto.



Cuán difícil es mantener el sentido común, la sensatez y la mente clara, ante los avatares a que el mundo político nos viene sometiendo. Una infinidad de discursos cargados de argumentación, en uno u otro sentido, nos atosiga e intoxica el pensamiento y la racionalidad que requiere el momento. En todo caso, dado que no podemos tomar decisiones determinantes para una solución adecuada de las desavenencias entre los grupos políticos y, a veces descaradamente, entre sus líderes, que donde dije digo ahora digo Diego, solo nos queda el ejercicio mental de intentar comprende lo que dicen, leyendo entre líneas, para poder hacernos una idea de la realidad que nos envuelve en un mar de confusiones.

La derecha ya ha hablado y, en algún caso, parece que no quiere hablar más, como el señor Rivera, craso error desde mi punto de vista que atenta contra el buen ejercicio de la democracia. Siguen, las llamadas tres derechas, con el viaje en plena discusión sobre el lugar que se ocupa en el vehículo. Ciudadanos, el que no quiere hablar con Sánchez, solo quiere hablar con el PP, con nadie más (vaya forma de ejercer la política), pero quiere que el trabajo de consenso con VOX se lo haga el PP, tal vez para mostrar que entre VOX y PP no hay mucha diferencia, lo que le permitiría ocupar un lugar del espectro político más de centra-derecha, dejando a los populares escorado a la derecha, pero, en el fondo, yendo de la mano en las políticas de gobierno; o sea, como la Santísima Trinidad, que Dios es uno y trino, es decir, es una unidad conformada por tres personas divinas relacionadas entre sí: el PP (padre, fundador de la derecha española actual), VOX (el mesiánico hijo que quiere llevarnos al pasado como reserva espiritual de Europa) y Cs. (que pretende ser el Espíritu Santo con su defensa del Neoliberalismo). Lo curioso es que quieren sacrificar a ese hijo dejándolo al margen o escondiéndolo en el maletero del vehículo, pensando que aún no es mayor de edad o que no es presentable por algún tipo de tara… El problema, sobre todo para Cs, es cuando VOX les muestra su DNI de persona mayor avalado por sus votantes y exige sus derechos de representación.

En todo caso, el grupo de Cs, da la sensación que, para evitar se hable de sus incongruencias, anda provocando conflictos al amparo de reivindicar derechos, que, sin ser cuestionables, parece que no vienen a cuento, al entrar en una manifestación a la que cuestionaba su propio manifiesto como causa de reivindicación de la marcha, siendo el caso del desfile LGTBI. Determinadas lecturas podrían llevar a concluir que se busca el conflicto para justificar la segregación en base a las diferencias que no se manifiestan, pero que están latentes, demonizando a aquellos que parecía defender Cs. El feminismo, al que la derecha alude como radical, es contrarrestado por una nueva idea de feminismo al que acaban llamando “Feminismo liberal”. Solo falta que tomen el concepto de VOX aludiendo a “feminazi”. Todo se andará, llegado el caso…

En la izquierda se da otra guerra o circunstancia. Ganó con amplitud Sánchez, vencedor de la batalla de las Navas de Tolosa andaluza (perdone señor Ortega que use esta comparación tan suya), donde derrotó a la sultana Susana y se apoderó del reino. Ahora, tras su manual de resistencia ante el aparato socialista, ha conseguido la sumisión de todos los rebeldes porque, como ya se sabe, el poder aglutina, reúne, asocia… Ese poder de 123 escaños, que es mayoría relativa, no es suficiente y, aunque haya sido refrendado por el encargo real de formar gobierno, ha de buscar apoyos, o neutralizar rechazos para llegar a la investidura. Soy de los que creen que al señor Sánchez, cómo no, le gustaría formar un gobierno monocolor y evitar el grano en el trasero que sería Iglesias en el consejo de ministros y su tendencia al debate pertinaz que cuestione su liderazgo. Ya lo dije antes y sigo manteniéndolo: dos gallos en el mismo corral solo traen disputas por el dominio del patio, aunque Iglesias le prometa fidelidad y respeto, Sánchez no se fía dada la historia y las divergencias no resueltas.

Hablar de Iglesias es hablar de los desacuerdos y conflictos surgidos en Unidos Podemos, (ahora Unidas Podemos); la pérdida de votos y escaños en las últimas elecciones generales, autonómicas y locales, el desmoronamiento de algunas alianzas con la periferia, la marcha de Íñigo Errejón y la aparición de su partido en Madrid con posible proyección nacional, y las de Carolina Bescansa, Luis Alegre, Tania González, con un Monedero ausente en las estructuras del partido pero influyente desde bastidores, dejan a Iglesias como único representante de los fundadores del grupo. No olvidemos la crítica desde el sur con Teresa Rodríguez a la cabeza y Kichi, otro tándem conyugal a la usanza de Iglesias y Montero, que siempre crea sospechas, al menos para mí, al estilo Aznar – Botella. Hay un grupo que no sabemos por dónde acabará saliendo. Me refiero a los integrantes de la Izquierda Unida de Alberto Garzón, que conforman un viejo partido con dinámica propia. Lo de la Rioja, apoyando al PSOE el concejal de IU y bloqueando la de UP, puede ser un síntoma a considerar, aunque sea muy aislado e incomprensible el caso.

Por otro lado tenemos un independentismo catalán que ya está claramente en divergencia. Bajo mi modesta opinión, el señor Torra, mea fuera de tiesto, como dicen en mi tierra, y la sombra de la nada se cierne sobre su cabeza. Por un lado Puigdemont, huido de la justicia española, al que no le salen las cosas fuera de casa como él querría y se ve sin el arrope exterior que pretendía, sigue ejerciendo su influencia en Torra; por otro la vieja Convergencia, de la mano de Mas y Cía., ya va tomando posiciones para la nueva batalla que se avecina, donde se volverá, sin renunciar a la vieja aspiración de independencia, a los cauces que establece la Constitución, tan denostada por ellos.  

ERC, que debe estar muy cabreada por la huida de Puigdemont y el sacrificio de su honrado líder (lo de honrado líder no lo digo con sarcasmo, sino porque así lo creo en comparación con el otro) Oriol Yunqueras sometido a prisión, ya habla otro idioma que, salvando las diferencias, permite el sosiego requerido para digerir la situación a nivel general. Por otro lado, el PNV sigue mostrando su sobriedad y disposición a entenderse con quienes no cuestionen lo que ya tienen. Hay otro ramillete de partidos de menor peso que aunque pueden ser un buen auxilio para Sánchez, no representan nada sin el apoyo de Unidas Podemos o la abstención de parte de la derecha.

En estas circunstancias, con una derecha consciente de sus limitaciones a nivel nacional, centrada en resolver las diferencias para gobernar en sus feudos históricos, sabedora de que hay una lucha subterránea por liderar ese espacio y que Rivera y Casado, más que aliados de conveniencia hoy, son rivales en ese segmento ideológico y político mañana, dejan a Sánchez que se rompa la cabeza intentando aglutinar apoyos para su investidura (más adelante pactarán con él para sacar ciertas leyes de su interés adelante, si es que no vamos a nuevas elecciones). De momento les interesa que Sánchez se estrelle, que se vea obligado a negociar con los innombrables, con los independentistas que atentan contra España, con los representantes del poder venezolano, con Podemos, aunque ellos signifique riesgos y cesiones, ya se sabe… “mientras peor mejor para nosotros”, decía alguien de ellos y Valls lo recordaba en su alegato para apoyar a Colau antes que a Maragall. He ahí el dilema, empujarles al abismo para luego decir que se han caído y culparles de ello.

Por otro lado, la izquierda se enfrenta a la desconfianza, casi paranoide, que siempre tuvo entre ellos. Sánchez no olvida lo pasado y piensa, arriesgadamente, que, al igual que con Susana, ganará la partida final. Se siente con el poder otorgado al responsable de formar gobierno y entiende que es su derecho de elegir a sus compañeros de cama, pero olvida que no suma y que a los otros, si quiere que lo cubran, ha de ceder algunas prendas. Sabe que con Podemos no llega a cubrir necesidades, que necesita alguien más y que, al igual que con los medicamentes, hay incompatibilidades que condicionan las cosas. Por tanto, anda intentando dar lo menos posible a sus eventuales aliados (a los independentistas ya les niega la sal estableciendo líneas rojas) y fraguar un gobierno de manos sueltas, bajo la amenaza real de que “o esto o nuevas elecciones”. Pero las nuevas elecciones las carga el diablo y el resultado es imprevisible, aunque el CIS, y otras encuestas, le den más ganador aún que en el pasado, pero el apoyo que ahora tiene se vería diezmado por el hartazgo de su propio electorado y la evidencia de su incapacidad para negociar y acordar con la mayoría que ostenta. No debe olvidar que su mayoría es relativa y comportarse como tal.

Para Iglesias estos puede ser el canto del cisne. Rodeado de críticas, fracasado el proyecto inicial de “sorpassar” a los socialistas, huidos en combate muchos de sus camaradas ante su liderazgo impositivo, con partidos alternativos brotando en su trigal, tal vez con una Izquierda Unidad cuestionando su integración en el grupo y con la losa del recuerdo de su no apoyo en el pasado al PSOE dejando gobernar a la derecha de Rajoy, solo le queda ostentar un protagonismo personal que le dignifique y de solidez ante los suyos, para no caer en el abismo de la indiferencia, cuando no de la sustitución (pero cuidado que esa actitud puede elevar su ego por las nubes y ser más dura la caída). Difícil lo tiene ante esta tesitura. Si se radicaliza con Sánchez puede entar en la catalogación de extremista, si se somete, incluso formando parte del consejo de ministros, puede dar la sensación de sucumbir al PSOE y ejercer de alter ego. Sabe que no puede imponer, a quien es encargado de formar gobierno, su propio gobierno, que solo le queda negociar para evitar la catástrofe y el desencanto del electorado en general que vieron a las nuevas fuerzas políticas aflorar como una solución y no como un problema. Ahora toca la toma de decisiones desde el análisis racional de los resultados y las circunstancias que de ello se derivan. Un líder, un estadista solvente e inteligente, es aquel que sabe tomar las decisiones en cada momento, priorizando resultados, en función de las contingencias que aparecen. La ofuscación es contraria a la inteligencia y la capacidad de negociación y consecución de los mejores resultados es propio de un buen líder. Tal vez, ahora, no le interese a Iglesias entrar en el gobierno, sino ejercer su papel de líder aliado, pero diferenciado, que defiende y controla, desde la bancada del Congreso, la ejecución de lo pactado, hasta recomponer su situación personal en Podemos.

En esta situación no es cuestión de puestos en el consejo de ministros, sino de programa pactado y comprometido para toda la legislatura. Creo que es un error garrafal no hablar de acuerdos programáticos, de fijar políticas de consenso, de establecer medidas a tomar para mejorar la vida del ciudadano, de establecer compromisos en áreas de especial sensibilidad social como el empleo, la sanidad, la educación, la igualdad de derechos, la dependencia, las pensiones, la libertad y cohesión social, etc. Este es el campo de negociación. No importa que esté Iglesias o no, lo importante es dónde puede ser más eficaz para hacer cumplir esos acuerdos, en el supuesto de que los haya.

Por tanto, acuerdo programático entre PSOE, Podemos, PNV y otras fuerzas que puedan hacer valer sus votos para investir a Sánchez como presidente. Negociación a calzón bajado, para que no haya malas interpretaciones y malentendidos, hasta conseguir definir un programa común que pueda ser asumido por todos los que participan. Con ese programa que forme Sánchez su gobierno con algunas condiciones razonables en su estructura que se acuerden en el proceso de negociación, que no dejan de ser secundarias bajo mi punto de vista o, al menos, de segundo orden. Por eso no entiendo la consulta de Iglesias a los militantes de Podemos sin haber pactado nada, para solo pedirles que se definan sobre una de las posibles soluciones hipotéticas y radicalmente diferentes sin considerar la posibilidad de otras intermedias que pueden resultar de una negociación en marcha. Lo malo es que las respuestas, salvo que sea solo para que Iglesias se blinde ante un no acuerdo o esgrimir un tono de amenaza o férrea posición intransigente, sirve, pues, para atarle las manos, atrapado en una dicotomía extrema sin considerar los espacios intermedios… Yo no la hubiera hecho, pero doctores tiene la Iglesia, mas no sé si contará entre ellos con San Pedro (Sánchez) y San Pablo (Iglesias). En todo caso, a uno, le queda solo esperar que la cordura, si es que existe y no son los egos y las ansias de poder los que dominan la situación, se imponga y entiendan lo que decimos los votantes.

Cada vez, esta situación política, se parezca más al laberinto del Minotauro. Dédalo (que son ellos) ha construido un laberinto de donde es difícil salir, para que Minos encierre al Minotauro (la vieja dictadura) y ahora están atrapados en su propia creación. Solo saldrán con imaginación y arrojo, como hizo Dédalo junto a su hijo Ícaro, creando unas alas de cera para salir volando y escapar del encierro. Mas solo cabrá el éxito si lo hace con prudencia y no caen en la tentación de volar tan alto que el sol derrita las alas (como le pasó a Ícaro) y los arroje al mar pereciendo ahogados en sus profundidades.

PRUDENCIA, IMAGINACIÓN, SOSIEGO Y ACTITUD CONSTRUCTIVA PARA SALIR DEL LABERINTO, ESO ES LO QUE PIDO Y DESEO…



jueves, 11 de julio de 2019

EL RAMAJE DE LOS ÁRBOLES (Metáfora)



Cuesta comprender los entramados y entresijos que mueven la política y a los partidos que la ejercen con permiso del votante. Todo está bloqueado o, al menos, eso parece. Además, atentando contra el espíritu de la democracia, se habla de líneas rojas que excluyen y apartan a otros partidos cuya legalidad es incuestionable para el tribunal constitucional. Entiendo que no se quiera pactar con quien no se es afín o pretenda alterar el sistema de forma unilateral, pero de ahí a demonizar a un partido hay un trecho. Si un partido tiene representación es porque los ciudadanos han decidido dársela en el libre ejercicio de su voluntad soberana. Quien desprecia o demoniza a un partido lo hace con todos sus votantes. Otra cosa, insisto, es que esté en las antípodas ideológicas de uno y, ya de entrada, se sepa que es imposible el acercamiento.

El batiburrillo que tenemos sobre el escenario político, es complicado entenderlo, pero quiero compartir con mis amigos la reflexión y el esquema comparativo que me ha generado el pensamiento para comprender mejor cómo están las cosas. Lo haré mediante un símil que da mayor consistencia a la explicación que me vengo dando:

En un principio había dos árboles frondosos de ramaje complejo cargado de diversidad, incluso, entre sus ramas. Por un lado el árbol centenario del PSOE con sus diferentes tendencias. Frente a él, otro surgido de semillas variadas que estaban latentes en la tierra y que vino a conjugar las ideologías de derechas con el espíritu del pasado régimen. Otro árbol, cargado también de historia reciente, pervivía mal nutrido por el sistema de riego, pues representaba la ideología comunista denostada por el viejo régimen y catalogados de totalitarios, aunque hubiera sido injertado con el brote del eurocomunismo. Acababa el siglo con tres árboles, uno que aglutinaba a toda la derecha, incluida la transmutada desde el franquismo, al que llamaron PP; otro, injertado por Felipe González, había modificado su concepción ideológica abandonando el marxismo para hacerse socialdemócrata y ser aceptado por el poder capitalista como agente gestor de los intereses generales del sistema, llamado PSOE; el tercero, llamado “Izquierda Unida” (IU), cargado de ideología marxista y marcado por la lucha social de mediados del siglo pasado, reivindicaba para sí el espacio ideológico que abandonaba el PSOE, pero a duras penas se conseguía mantener por sus luchas internas, tan propias de la izquierda.

El primero y el segundo, se fueron repartiendo el gobierno a la usanza de Cánovas y Sagasta, del bipartidismo anglosajón. Este sistema de alternancia dio como resultado un alto índice de corrupción en ambos grupos (PP y PSOE). Ello originó un general descontento que detonó el 15M en las calles del país. Afloró Podemos, y después Ciudadanos, trayendo promesas de aire fresco para limpiar la atmósfera política, perversamente emponzoñada por las emanaciones putrefactas de la corrupción amparada en el rodillo de las mayorías. IU, tras seguir su camino en solitario, decide acoplarse a Podemos, lo que marca al movimiento nacido del 15M, que al absorberlo se va influenciando del espacio que otrora ocupara IU, pero dando como resultado la no suma de votos, el conflicto interno en los comunistas y desajustes en la nueva estructura.

Ahora, lo que parecía que podía ser una solución se ha convertido en un problema. Si era difícil poner de acuerdo a dos, imaginad lo que es poner de acuerdo a cinco, sobre todo con la aparición de VOX, que viene cargado de nostalgias del pasado y sus estructuras y esquemas funcionales. Al final, tras darle vueltas y más vueltas, se van decantando cada cual para su lugar de origen o de identificación, potenciando los bloques de derecha vs izquierda.

Y es natural. Veamos cómo y de dónde surgen cada partido nuevo, según mi subjetivo razonamiento:

El PSOE, por viejo, tiene raíces muy ancladas y expandidas por el subsuelo, al igual que IU. El brote de Podemos surge en un espacio intermedio entre PSOE e IU, aflorando una de sus raíces comunes que germina en contacto con el aire, e intenta reconducir la izquierda en una nueva dimensión orientada a la utopía marxista que el PSOE ya abandonó, pero de dónde surgió en su día. Es, por tanto, un nuevo árbol surgido de la semilla de la izquierda, a la que los socialistas renunciaron e IU no supo o pudo cultivar. Claro que las tierras de cultivo del campo capitalista no son adecuadas para que crezcan semillas que lo cuestionen y tiende a identificarlas como malas hierbas que hay que erradicar. El PSOE reconvertido en socialdemocracia sí que es aceptado y viable para el cultivo en ese campo.

Pero ¿y de la derecha qué? El árbol de la derecha, representado en el PP, es frondoso por estar injertado de innumerable ramas variadas (liberales, conservadores, democristianos, herederos de la ideología franquista, etc.) se mantuvo fuerte, como un roble, durante mucho tiempo, mientras era alimentado por el sistema, incluso con caja B, hasta que empezó a pudrirse por la corrupción.

De la base de su tronco, junto a su pie, como si de una vareta de olivo se tratara, surgió Ciudadanos con la intención de crecer libre e independiente, con la frescura que todo brote aporta, para suplir al viejo árbol enfermo e, incluso, ejercer de árbitro o bisagra que recondujera la situación hacia la regeneración. Mas, he aquí, que del gran árbol de la derecha se desgajó una rama, acusándolo de cobarde (derechita cobarde) reivindicando los viejos principios desde el descontento que mostraban los integrantes herederos de la ideología franquista. El viejo árbol se resintió tanto, que le puso a huevo al otro árbol (PSOE) el dominio del gobierno, por lo que la rama desgajada y el nuevo brote cuan varilla de olivo, decidieron cerrar el paso a la izquierda.

En estas circunstancias Cs, partido que reivindica el ideal neoliberal, rechaza, incongruentemente, la negociación con VOX mientras exige su apoyo, por lo que plantea que él bebe y suma con el tronco del PP, con quien solo ha de pactar, mientras exige a este que haga entrar en razones a VOX con quien mantiene vasos leñosos por donde comparten la savia de ambos, o sea su rama desgajada, y con quien sostiene contactos sin pudor. Esa falta de conciencia sobre la propia identidad o de la actitud que ahora se defiende, bloquea a Cs. mostrándolo inconsecuente y obligándolo a explicar lo inexplicable. Cs. insiste en que VOX forma parte del árbol del PP y no del suyo, por lo que es el PP el que ha de lidiar con él y someterlo, obviando a Cs. Situación confusa, pues VOX insiste en que es un árbol independiente y sus votos son tan válidos como los de los demás y, además, necesarios para que gobiernen los otros dos partidos, por lo que exige un trato igualitario.

En estas circunstancias, con un PSOE que quiere gobernar solo con la colaboración de Podemos, sin dejarle demasiada relevancia en el gobierno; con un Podemos en descomposición por las fracturas internas y la marcha de la mayoría de sus fundadores, que necesita, sí o sí, un bocado que llevarse a la boca para neutralizar su crisis; con una amenaza de nuevas elecciones (cosa que no entendería le pueblo) y la posible irrupción del partido de Errejón en el segmento electoral de Podemos, solo cabe esperar o una claudicación de Podemos o una explosión que nos lleve a nuevas elecciones, de resultados inciertos aunque el CIS diga que gana el PSOE.

El asunto de la derecha no es menos complicado. VOX y Cs. son agua y aceite a primera vista, pero seguro que pueden empaparse en el pan que representa el PP y juntarse allá para hablar, lo que quiere decir que sin pactar entre ellos podrán llegar a acuerdos a través del PP, aunque tengan que tomar más de un café en el más puro sentido irónico. El árbol matriz sigue siendo el PP.

A todo esto, la opción clásica de recurrir a la periferia para sostener el gobierno se ha difuminado al pasar estos de nacionalistas integrados en el Estado a independentistas críticos con el mismo, lo que lleva a los partidos, llamados constitucionalistas, a huir de ellos como apestados para que no se les acuse de apoyar la ruptura de España.

Mientras tanto aquí estamos, apurando plazos, sin saber qué viene y con los problemas del ciudadano en el alero esperando que alguien les dé soluciones. O acaso es:
  • ¿Una guerra de egos?
  • ¿Un choque de trenes entre líderes enrocados?
  • ¿Desconfianzas entre ellos por sus deslealtades pasadas?
  • ¿O está detrás la lucha por el liderazgo del espacio compartido?


Malos políticos tenemos si no son capaces de llegar a acuerdos para resolver los problemas, si en lugar de resolverlos los crean, sin no saben jugar al pacto en el ejercicio de la democracia y forjar alianzas que permitan el gobierno. Si eso es así, no se resuelve con elecciones nuevas, sino con el cambio de actitud de los políticos o de los propios políticos para que otros menos enrocados sean capaces de alcanzar acuerdos leyendo justamente el resultado electoral. Mientras tanto solo nos queda esperar pacientemente a que se decidan, gestionando nuestro propio desencanto, mientras esos árboles echan ramas adecuadas para producir el fruto que se les pide. La gestión de la democracia se hace mediante consenso, acercamiento y racional entendimiento, a ver si se enteran.