jueves, 30 de marzo de 2017

Fábula de los Ríos.


Mirador Pico Tres Mares
Hoy retomo una fábula que escribí allá por 1988, publicada por el diario SUR el de 17 de septiembre de ese año, que me ha vuelto a despertar la inquietud que en aquellos tiempos sentía respecto a la suerte de los hombres y mujeres de este mundo, que nacen coronados o condenados según su cuna. Espero que os guste...
----------------
Se cuenta que en tiempos pretéritos, cuando los ríos, árboles y demás creaciones tenían vida interior basada en la inteligencia, se dio el caso de dos ríos (a los que llamaremos rico y pobre) que surgiendo de una misma montaña, uno fue al norte y otro hacia el sur. Ambos nacieron con gran ilusión, pensando que con el tiempo irían recogiendo el agua de sus afluentes, de la lluvia, y la vida de su entorno se enriquecería con su paso.

El río Rico, que se dirigió al norte, se encauzó por un precioso y verde valle, lleno de fuentes que fluían a su paso enriqueciéndolo. Su cauce era cada vez más ancho, numerosos arroyuelos apoyaban su expansión. Su cuenca, amplia, gozaba de abundante lluvia, que de forma intermitente regaba sus montañas y sus valles. La vida crecía entre sus aguas, formando un ecosistema del que se enorgullecía, con lo cual se incrementaba su soberbia y confianza en sí mismo. Despreciaba a los otros por no tener su presencia, su fuerza rompedora y una vida como la suya. Estaba plenamente realizado; ya regaba huertas en sus valles dando preciados frutos, ya le visitaban para ver con qué gracia saltaba en sus grandiosas cascadas. En su cauce bajo, los barcos transitaban haciendo de él una vía de comercio y prosperidad. Figuraba inscrito en los libros de geografía como el Gran Río. Todo esto le llenaba de felicidad, se sentía respetado, querido por todos y tenido como modelo.

Un día, cuando su cauce era más ancho y sus aguas discurrían mansamente, empezó a notar algo extraño… los peces nadaban contra corriente, sus aguas iban perdiendo la dulzura y un sabor desconocido le inundaba, estaba entrando en una masa que le hacía perder su propia identidad. El mar le estaba recibiendo y diluyendo en su inmensidad. Quiso resistirse, pero no pudo. Luchó desesperadamente, empujando, queriendo atravesarlo, pero le faltó fuerza para ello. Al final, rendido y agotado, se entregó llorando por lo que fue, porque allí terminaba su grandeza, concluían su soberbia y sus placeres; moría, dejaba su existencia.

Mientras tanto, su hermano que había ido hacia el sur, encontró otro valle, pero seco. Solo recibía agua con la lluvia, que por lo general era torrencial, dejándolo cargado de troncos, ramas, hierbajos, barro y piedras. Sentía miedo por su vida, ya que los hombres intentaban aprovechar el agua de su cauce para el riego. A veces se encontraba preso sin saber por qué, almacenado en un dique del que se le permitía salir al antojo de otros seres. Temía cuando el tórrido sol del verano evaporaba sus aguas y haciéndolas volar por los aires las llevaba al norte para enriquecer a otro río extraño; evitaba saltos y cascadas. Cuando asomaban nubes por el horizonte, una profunda alegría le inundaba, aparecía la esperanza, y la ilusión de vitalizar su existencia hacía brillar sus ojos; pero siempre pasaban de largo, caminando hacia otros lugares, para regar y fortalecer a lejanos desconocidos. Quedaba sumido en una profunda tristeza entrecortada con rabia, quería rebelarse contra ello, escapar de su cauce, mas era imposible, su sino estaba servido. Se quejaba de su maldita suerte y de la ladera del monte donde naciera, que le condujo hacia el sur. Luchaba desesperadamente por mantener su existencia. Él sabía que era un río sin importancia, todas sus ilusiones infantiles fueron borrándose a golpes de cruda realidad. No era capaz de engendrar vida en su interior como él hubiera querido. La gente lo cruzaba, pisoteando su cauce sin respeto y hasta le llamaban “arroyuelo”, haciéndole morir de vergüenza. Con tal de crecer aceptaba toda clase de aguas sucias y putrefactas, aunque ello le descompusiera y enfermera… quería seguir viviendo.

Un día, cansado de luchar, recibió una fresca sensación. Era otra agua, con otro sabor, en la que aparecían inmensidad de peces y de vida. Suavemente se fue diluyendo en ella. Aquello era un reposo, al fin encontraba su descanso, ya no tenía que luchar más, ahora formaba parte de una inmensa masa. Había dejado de existir como individualidad, pero también de sufrir y pelear. Por el mar supo de su hermano, de su grandeza y bravura, de su titánica lucha con la muerte. Y pensó: “Él nació con más suerte”.

Esta fábula la escribí tras unas vacaciones en Palencia (Alto Campoo), donde descubrí la singularidad del “Pico Tres Mares”, del cual parten las tres vertientes que desembocan en los tres mares que bañan las costas españolas: Mediterráneo, Cantábrico y Atlántico. Esto me hizo pensar cuan diferente sería la suerte del agua según cayera en uno u otro lado del pico. Observé cierta similitud con los lugares de nacimiento de las personas y su destino, su cultura y los avatares de la vida.


lunes, 27 de marzo de 2017

La crisis del PSOE, un síntoma más...


La democracia implica el valor de expresar lo que se piensa, sabedor de que la soberanía está en el pueblo, pero cuando el votante de ese pueblo tiene miedo de perder beneficios, cuando se actúa bajo coacción de los jefes o de los líderes que inducen y exigen nuestro propio voto, la democracia queda descafeinada, anulada, por un sentimiento de pesebrismo o clientelismo político donde el voto va unido a prebendas. Solo nos queda la esperanza de que eso sea remendado por el llamado voto oculto, para vencer el miedo...

En estos días se habla mucho de la movilización que desde el aparato y las viejas glorias del PSOE se viene haciendo en beneficio de Susana Díaz, profeta mesiánica para unos y golpista cuartelera para otros. Los cierto es que, a la vista de lo ocurrido en los últimos tiempos, un manto de sospecha se cierne sobre el partido, su gestora y los llamados barones, que son los jefes y mandatarios que ocupan el poder y la responsabilidad de gestión del complejo sistema del partido, tras el asalto al mismo mediante estrategias “refinadas” que, en algún caso, fueron groseras. Hay quien vio un golpe de estado, ¿o deberíamos llamarlo de partido?, en la maniobra que apeó a Pedro Sánchez del poder. Una vez más se sospecha que el partido es controlado y dirigido, entre bambalinas, por el propio aparato, obviando el sentir de las bases. Felipe, el jarrón chino que todo el mundo sabe dónde está colocado, en un acto sospechoso con su entrevista en la SER, dio el pistoletazo para desbancar a Sánchez allá por octubre pasado. Fue la “Grândola, Vila Morena”, del 25 de abril en la revolución de los claves portuguesa. Su apuesta fue clara, ya que su evolución desde un socialismo que cuestionó el marxismo, hasta un neoliberalismo de puertas giratorias, dejaba en crisis ideológica a un PSOE marxista fundado por Pablo Iglesias en el XIX. El desconcierto en aquellos momentos llevó a la confrontación con los sindicatos, a políticas de implantación del mercado con sus privatizaciones, a la descomposición ideológica a través de un llamado ajuste a la realidad, donde se pasó del NO a la entrada en la OTAN, al OTAN de entrada NO. Esa ambigüedad se mantuve en el tiempo hasta la disgregación de la idea fundacional del partido. Llevando al electorado a una catarsis forzada que dejó muchas dudas entre los propios afiliados.

Felipe y su guardia pretoriana del anterior siglo (el XX) son reminiscencias de un pasado que mostró una transición desde una izquierda humanista y comprometida con la ciudadanía a un centro, casi derecha, neoliberal, comprometido con el mundo empresarial y el mercado antes que con la ciudadanía, al entender que se ha de consolidar la economía empresarial para que fluya el bienestar al ciudadano; o lo que es lo mismo, llenar la mesa del señor para que las sobras o migajas caigan al plato del servidor.

En esa tesitura se ha descompuesto el PSOE, se ha fragmentado, atomizado, aglutinando gente desde una derecha casi neofranquista, con un centro indefinido ideológicamente y una izquierda confusa y desorientada que se ve atrapada entre en el doble mensaje de sus siglas con su ideología inicial y una realidad actual que están en otra dimensión. Claro que todo esto se enmarca en una tendencia, o intento, de poner en marcha una especie de espíritu del 12 de febrero (recordad ese concepto de los tiempos del posfranquismo, en tiempos de Arias Navarro) pero bajo el manto del neoliberalismo en lugar del tardofranquismo. En cierto sentido es lo que se pretendía con el 23F. Ese PSOE que aglutina una ideología derechona, un centro descafeinado ideológicamente y una izquierda confusa, o se rearma ideológicamente o será pasto de las llamas en una combustión provocada por la intraconfrontación en su esencia incompatible.

Hay síntomas terribles de regresión al pasado para domesticar al ciudadano y ponerlo a los pies de los caballos del mercado. La crisis así lo manifiesta y para eso fue creada. La Europa de la postguerra, defensora del pueblo llano, el que derramó su sangre en cruentas batallas, dignificó a ese pueblo garantizando unos derechos que son ahora cuestionados, cuando la política neoliberal americana pasa como un rodillo por el mundo capitalista, cuando la URRS ha sido desmantelada y no hay riesgo de que el enemigo gane la batalla y nos desmonte el chiringuito. Acojonar a la ciudadanía, asustarlos con un futuro incierto, con el terrorismo, con la pobreza y la miseria, con los populismos malvados, con la ruptura del sistema por los antisistema, como si esa ruptura no estuviera ya planificada por el propio sistema en un acto antisistema de suicidio o reconversión para pasar a otra situación o Nuevo Orden Mudial. Quieren otro mundo donde el Estado del Bienestar esté sometido al mercado, donde el poder de ese Estado sea limitado y todo se sojuzgue a las leyes de ese mercado, dejando la solidaridad y la concepción humanista de esos Estados en la nada.

He ahí el dilema de la ciudadanía. O nos acercamos al egoísmo de un nacionalismo aislacionistas tipo Trump donde solo se piensa en los nuestros a través de la economía, o seguimos con una ideología humanista donde el ser humano es el protagonista, desde la vieja concepción revolucionaria donde caben los marxismos y el propio cristianismo en su esencia inicial.

Pero volviendo al tema, el PSOE está en la encrucijada entre una Susana heredera y un Sánchez reconvertido hacia la izquierda. ¿Podrá encontrar su nueva línea o estará condenado a lo residual? En estos momentos de confusión, de desorientación política y social, de falta de implicación en la política de la ciudadanía por hartazgo y desilusión, todo es imprevisible, todo es posibles y todo es preocupante.

La izquierda huérfana, que ya definí en su día, sigue huérfana, sin partido con que identificarse, sin nadie que lidere un proyecto sólido ideológicamente y con posibilidades reales de llevarlo a cabo mediante estrategias claras y concisas que calen en el pueblo. Entre el PSOE de Susana con sus viejos amigos y el Podemos de Iglesias, hay un vacío, un hueco, por donde va cayendo un reguero de votos de gente con una ideología huérfana de líderes, que solo sirve para consolidar a un PP soberbio y déspota, incapaz de reconducir su putrefacta corrupción al no temer por su permanencia en el poder.

Esta guerra, porque es una guerra de intereses como todas las guerras, está en marcha. Es una guerra de ideas y de programas, de valores sociales y de estructuras organizacionales para gestionar el mundo, donde los medios manipulan las actitudes y las opiniones y, mediante la engañifa, se confunden los intereses de los grupos de poder con los del pueblo llano. Ahora más que nunca debemos implicarnos en la política, en la elección de nuestros gobernantes para que no nos lleven donde no queremos, para establecer una ética limpia, de rechazo a la corrupción y al choriceo de los que usan el poder en propio beneficio, para sentar las bases de un futuro de lealtad y limpieza en el ejercicio de la política, para perfilar un mañana enfocado al servicio de la ciudadanía y no del mundo mercantil (primero la gente, después el mercado) si no lo hacemos nos habremos merecido lo que nos venga…

Estará el PSOE en esa nueva dinámica, o seguirá en el tobogán del ostracismo alejado de los intereses de la ciudadanía y al lado de las grandes y poderosas corporaciones que nos llevan a ese futuro incierto, donde el poder lo ejercerán ellas y los Estados serán meros recaudadores y gestores de los limitados intereses y derechos de una ciudadanía decadente y sin influencia. 

jueves, 2 de marzo de 2017

Encuentro de infancia


El 28 de febrero se celebraba el día de Andalucía, pero siendo sinceros, eso de los días de no sé qué no deja de ser un montaje convencional para, cuando se considera que hay algo olvidado o no suficientemente recordado, se le dedica esa jornada para realzarlo y evidenciar ese olvido o necesidad de mostrar sentimientos que habitualmente no se muestran. O sea, que si cada día tienes conciencia de esa realidad a la que se homenajea en esa fecha, vas muy por delante de los demás. Por tanto, para mí, ese día no deja de ser un día normal, aunque por sistema le dedique alguna cosilla, sea poema, reflexión o comentario a Andalucía. En todo caso, siendo un día festivo, se puede emplear en actividades lúdicas o de sociedad para mayor disfrute de la familia y amigos.

Tanto preámbulo viene a cuento porque este 28 de febrero sí ha tenido algo especial. Es curioso, pero cuando se es mayor, anda uno desconectando de amigos y compañeros de escuela o de diferentes situaciones del entorno social que se daba en la infancia. En este caso, hace unos meses redescubrí accidentalmente a un antiguo compañero de seminario, allá por los años 63 al 65, del que, al igual que de otros muchos, me había preguntado dónde andaría. Pero San facebook nos puso en contacto, como me ha ocurrido con más gente a los que les tenía perdida la pista y afloran de golpe por estos andurriales dándote una alegría.

El caso de Paco Bravo, con el que compartía puesto en la defensa del equipo del curso por ser los dos más altos de la pandilla, ha sido providencial, pues a través de él he conseguido contactar con otros amigos de la infancia con los que compartí curso en aquellos años, lo que nos ha permitido compartir, también, mesa y mantel en este día 28 de febrero. Curiosamente, cuando te encuentras con aquellos chavales cuya imagen se ancló en un pasado lejano, contrastas tus hipótesis de evolución de cada cual y te sorprende, cómo no, su evolución, aunque luego lo piensas y era previsible que acabaran donde están.

En aquel curso del 63 éramos 104 alumnos en primero, supongo que todos, con la intencionalidad de ser curas… 104 chavales era una hornada importante. Pues resulta que ninguno de ellos ha salido cura… caray, os preguntaréis cómo puede ser eso. En aquellos tiempos el escapar de los campos, del pueblo y de la condena al duro trabajo labriego al que estábamos condenados por herencia, era un deseo irrefrenable de muchos niños que queríamos estudiar y no teníamos recursos para ello. Ir al seminario era una forma de huir de aquella situación y los curas lo sabían. Tal vez por eso, pasado un tiempo, cada cual se fue decantando por una vocación diferente, que fue surgiendo conforme ese escape se hacía más patente.

Hoy nos encontramos 5 de ellos, uno catedrático en Granada, otro en Málaga, otro profesor de filología inglesa, otro… bueno no viene al caso. Todos hemos ido evolucionando en función de unas circunstancias diferentes y, a veces, azarosas que han determinado nuestra posición presente. El hecho es que, independientemente de la ubicación actual nuestra mente se volcó en el pasado y, dado que yo llevé unas fotos antiguas donde aparecemos en aquellos tiempos infantiles, todo fueron recuerdos y comentarios sobre los viejos tiempos, lo que vivimos y cómo nos identificábamos, amén de elicitar las opiniones o visiones que teníamos los unos de los otros. Detalle tras detalle fuimos desgranado la historia a través de remembranzas en sus mínimos detalles, viviendo de nuevo un pasado casi oculto en la memoria retrógrada, cuando se anclaron y escondieron en nuestros infantiles cerebros. Echamos de menos a algunos, a los que se había invitado a participar y que, por diversas causas, no pudieron estar presentes.

Mientras nosotros nos dábamos al recuerdo, nuestras compañeras fueron encajando y creando otro espacio de encuentro al amparo de aquella plataforma memorística de nuestra etapa infantil. Ellas se lo pasaron tan bien como nosotros. Claro que yo era el único novato en el grupo, pues los demás se solían ver más a menudo y no como en mi caso, que los encontraba tras 52 años de total desconocimiento del cauce por donde fluyeron sus vidas.

Luego, la foto de recuerdo, las despedidas y el deseo de repetir otro encuentro donde se reviva el pasado, que es una forma de retrotraerse a estadios anteriores y volver a ser niños. Es curioso como los niños del ayer siguen presentes en nuestras maduras y racionales mentes de adultos académicos y forjados en mil batallas de la vida, que afloran nada más rascar en la superficie del recuerdo. Es un placer redescubrir al niño que llevamos dentro y que la sociedad nos ha ido tapando, resituando o escondiendo a través de la cultura social que nos condiciona en lo más mínimo. ¡Viva el niño que emana del pasado para presentificar el ayer y sus vivencias!


Este 28 de febrero ha sido diferente, el día de Andalucía y el día de unos niños andaluces que vivieron el ayer desde el presente. Vaya mi agradecimiento a ellos, a mis viejos... o mejor dicho, a mis jóvenes amigos del pasado. Espero que en otra ocasión seamos más para poder rejuvenecer juntos. Gracias, amigos, nos vemos pronto… 

Vista de Málaga desde el Parador de Gibralfaro

Todos y todas

Los jóvenes del ayer