jueves, 24 de noviembre de 2016

La importancia de 1 minuto


Hola, permíteme un minuto. Bueno, algo más en este caso, eso sí de silencio, si es posible, para poder leer y compartir esta reflexión.

Por lo que se ve un minuto es más importante de lo que pensaba. Y debe ser así, pues la vida se pierde en menos de un minuto y las grandes decisiones se toman, también, en menos de un minuto… claro, siempre que previamente se haya elaborado y valorado la argumentación que las justifican. En todo caso no estaría de más que todos y cada uno de nosotros dedicáramos, al menos, un minuto diario a pensar y valorar nuestras conductas y las de los demás, la información y los avatares de la vida cotidiana. Creo que ese minuto, libre de prejuicios, con mente abierta y usando la lógica y el razonamiento, nos podría ayudar mucho a comprendernos mejor el entorno, las amistades y a nosotros mismos, y a corregir errores y establecer conductas que no fueran autolesivas desde el punto de vista de la salud mental, como son aquellas que nos llevan a la incongruencia y al conflicto interno por dejarnos llevar de emociones, afectos y desafectos y cuantos elementos distorsionan el normal discernimiento; o sea, las que nos producen una disonancia cognitiva. Es bueno, pues, dejar algún minuto para pensar, tiempo que tiene su relación con la retroalimentación, o el llamado feedback en el mundo anglosajón, o tal vez debería hablar en este caso del biopsicofeedback puesto que hablamos de conductas sanas en nuestra forma de pensar y actuar. Pero como no quiero enredarme en términos técnicos y en planteamientos teóricos más o menos elevados, retorno a la cuestión del minuto, su importancia y función.

El asunto del minuto ha tomado su protagonismo con la cuestión del fallecimiento de Rita Barberá. Es cierto que cuando se siente dolor por la pérdida de un ser querido se hace ese minuto de silencio como forma de dedicarlo a su memoria, de pensar en ella y en la huella que dejo en nosotros. Hay gente a las que uno no les dedicaría un minuto de silencio en ningún caso, pero yo creo que es un error, porque ese tiempo no tiene por qué ser de homenaje sino de cuestionamiento y análisis de lo que fue el sujeto para nosotros. Luego están los factores sociales, las normas culturales y las conductas de la sociedad y de los grupos donde nos movemos que, de alguna forma, condicionan nuestra actitud de respeto.

Es aquí donde muestro mi desacuerdo con la conducta de Podemos en el caso Barberá. Comparto la crítica que, desde un punto de vista político, se hace a la forma, estilo e ideas de practicar la política de esta señora, pero, sin entrar o no en si el Congreso es el sitio adecuado para guardar ese minuto de silencio, yo no me hubiera marchado. En todo caso, después, habría criticado la hipocresía del PP que la aisló y despidió del partido tras tantos años y servicios en los que se jugó la cara y el prestigio participando, supuestamente, de “fechorías” en beneficio de su partido con el blanqueo de dinero y otros asuntos no menos graves.

Entiendo que la torpeza de Podemos ha servido para que vuelva al ataque el cinismo del PP y su hipocresía, haciendo recaer sobre los demás el peso de la culpa. Tal vez deberían escuchar al cuñado de Rita cuando dice: «Ha muerto de pena, y la fundamental aportación la han tenido los suyos». Lo lamentable es que pretendan que con un minuto de silencio se redima todo esto, que ese minuto limpie sus conciencias, y que ahora vengan a maximizar la importancia de un gesto simbólico, de un minuto de silencio, sobre una estrategia de aislamiento desde su propio partido. No estoy de acuerdo con la actuación de Podemos, lo repito, pero que no vengan con monsergas; eso es de orden inferior, pero muy inferior, al sentimiento de atropello que debió sentir ella por ese aislamiento de los suyos, de sus amigos y correligionarios por los que hizo tanto, incluso, presuntamente, delinquir. En un minuto de llanto no se palia el mal hecho durante tantos meses. Esa idea celestial del perdón divino ante el arrepentimiento y confesión aquí no cabe, Dios perdonará solo con el arrepentimiento, pero el ser humano no es Dios y menos si se siente dolido, y exigirá cumplir la penitencia.

Pero es más, esas alocadas argumentaciones de manos, o de la mente, del portavoz del PP en el congreso esparciendo culpas y reproches, esa forma visceral de culpabilizar a los medios y los otros por parte de la señora Villalobos y otros afines, ese estupor transformado en acusaciones hacia los demás sin la más mínima autocrítica, salvo casos muy aislados, muestran la incompetencia de un grupo que se muestra incapaz de hacer un análisis racional de las circunstancias cuando ellos están afectados, por lo que prima más su autodefensa que la racionalidad. Es difícil apoyar y otorgar el gobierno a sujetos que ejercen esa forma de hacer política, con acciones de este perfil actitudinal y conductual. Dogmatismo, prepotencia, descalificación hacia los demás, arrogancia o el sentimiento del señor sobre sus súbditos al estilo de la ética del amo y el esclavo ¿de qué hablamos?

Pero en fin, un minuto, siendo un minuto, da para mucho, hasta para levantar y confrontar a los pueblos cuando se pierde el sentido de la orientación y se va alienando a la gente, quedando sin pensamiento propio e ideas racionales con que valorar los distintos argumentos que nos ofrecen estos maravillosos ideólogos de la política y la convivencia humana.

Y como el minuto de silencio lo planteaba yo como tiempo de reflexión, aquí la han cagado, bajo mi modesto punto de vista, los señores de Podemos, al no darse cuenta, o valorar en su justa medida, la incidencia de conductas descorteses en una gran mayoría del pueblo español. Las culturas de los pueblos, y eso deben saberlo tan doctos señores profesores de universidades y politólogos, tienen sus ritos y forma de expresión. Están tan caladas en la sociedad que esta rechaza cualquier agresión al protocolo ritual y, por ende, a quienes lo practican. La bisoñez de sus líderes les ha llevado a caer en una trampa estúpida en la que le han dado al PP argumentos de peso ante la ciudadanía, mayoritariamente proclive a estos rituales, para quedar como los canallas del circo mediático… Una vez más la política canalla vuelve al ataque, y cuidado con eso, que esas cosas envenenan y contagian a los pueblos, como se puede ver en los comentarios que se van escribiendo en el mundo twitero y facebookiano. Cuando la dinámica política es “y el tú más” el riesgo del encanallamiento es evidente y puestos a “encanallar“ lo hará mejor y será más eficaz el que tenga más experiencia y más medios o armamento para usar en esa guerra… ¿Adivinan dónde está la fuerza y los medios?

Entiendan, pues, señores de Podemos, que en la política también juegan los gestos y hay que saber gestionarlos para llegar a la población que se pretende. El gesto y la palabra definen el mensaje, y si quieren llegar algo más lejos de a donde han llegado, dado que el PSOE les ha dejado el campo libre, consideren mi sugerencia que va más en la línea errojoniana que la del señor Iglesias. Qué buena oportunidad han perdido para guardar el minuto de silencio y después declarar que lo han empleado en analizar la vergonzosa política del PP, tanto con Rita como con la ciudadanía. De esta forma ustedes tendrían la iniciativa, ahora les andan acorralando y descalificando por no respetar la memoria de los muertos, de los recientes, aunque tengan más razón que un santo cuando denuncian que a Labordeta no le guardaron ese minuto de silencio siendo congresista, mientras a Rita sí, siendo senadora. Entonces la política canalla estaría sobre el tejado del PP y serían ellos los acorralados incluso por parte de sus fieles, aunque de esto último yo no me fiaría mucho pues al señor Rajoy se lo perdonan todo por la Gracia de Dios.


Hay que ver lo que da de sí un minuto, aunque esta reflexión requiera más de un minuto para leerse y muchos más para escribirse y todavía más para argumentarse.


martes, 22 de noviembre de 2016

El cuarto mundo sigue creciendo


Mira para otro lado, a tu derecha está la miseria.
El concepto de cuarto mundo se refiere a la población que vive en condición de desprotección, marginación o riesgo social en áreas pertenecientes al mundo industrializado; vamos, a la pobreza que cohabita con la riqueza en un mismo Estado o País. Supongo que eso os suena y que lo veis crecer en el día a día. Lo lamentable es que ese crecimiento se potencia o sustenta en las políticas insolidarias que practican los Estados desde la injusticia distributiva. Un Estado debería velar por los derechos y la vida decente de sus ciudadanos (cuando digo decente no me refiero solo a la ética y moral, sino a la economía desahogada que le permitiera acceder a los medios que satisfagan sus necesidades básicas) pero parece que los gobiernos de esos estados administran pensando más en los intereses de las corporaciones que en sus propios electores.

En este mundo de Dios, nacer en uno u otro lugar es una cuestión azarosa que acaba condicionando el sino de cada cual (lo del sino tiene múltiples connotaciones, incluso de fatalismo, pero me refiero a los condicionantes sociales en los que te enmarca la familia y el lugar de nacimiento). No es lo mismo nacer en familia pobre que rica, en instruida que en iletrada, en la ciudad o en el campo, en un lugar o en otro… también juega el nivel de inteligencia, lógicamente, pero estará condicionado siempre por el acceso a recursos que permitan el desarrollo intelectual del sujeto.

Nuestra sociedad industrializada, que sigue su proceso evolutivo imparable, cada vez es más insolidaria al fundamentarse en una filosofía de corte felón y perverso donde se prima el éxito desde la ideología de pragmatismo a la americana: “solo es verdadero aquello que funciona”; “El pragmatismo consiste en reducir "lo verdadero a lo útil" negando el conocimiento teórico en diversos grados; para los más radicales sólo es verdadero aquello que conduce al éxito individual, mientras que para otros, sólo es verdadero cuando se haya verificado con los hechos” siguiendo los planteamientos de William James. Otro precursor del pragmatismo, en este caso desde Europa, fue Federico Nietzsche, quien dice: "la verdad no es un valor teórico, sino también una expresión para designar la utilidad." Y según él, sirve para designar el poderío.

Ese toque de pragmatismo es el que reina en nuestra sociedad, donde lo importante es el éxito; pero el éxito se enmarca siempre en unos valores determinados, que son los que definen los objetivos exitosos, los que se ajustan a los términos que se cultivan en esa sociedad. En este mundo pragmático lo útil se proyecta en lo material, en conseguir los utensilio que usamos como herramientas u objetos para facilitar la vida y sus cosas en un ambiente de competitividad exacerbada, lo que nos lleva a obtener el éxito en tanto seamos capaces de aportar algo en esa dirección de utilidad social dentro de un mercado de transacciones comerciales materiales. Por tanto en una sociedad injusta, de engaño y rapiña, el éxito lo obtendrá quien consiga más dinero, más comercio y transacciones mercantiles, y poder, sin importar demasiado las formas de lograrlo, al existir una moral y ética laxa que permite subterfugios alegales para lograrlo. Hace unos días, cuando Trump ganó, incompresiblemente para los europeos, las elecciones americanas, un amigo americano me justificaba su elección en que era un hombre de éxito empresarial, pragmático. La ideología pasó a un segundo orden. Y es aquí, precisamente, donde está el dilema bajo mi punto de vista. Las ideologías son las que determinan los principios y valores que conforman la cultura de los pueblos y, por ende, enmarcan el concepto de éxito en función de esos valores. Si no hay ideología sino materialismo puro desideologizado, acabaremos sin el soporte o sostén que delimitan la convivencia y las normas sociales de justicia, solidaridad y fraternidad que definen a los pueblos y su gente, en suma a los seres humano.

Por tanto, el dilema de nuestra sociedad no está tanto en pragmatismo sí o no, sino en cuales son los principios que rigen la convivencia, la justicia y los valores de una sociedad que anda pivotando desde un concepto de solidaridad a otro de avaricia y codicia personal basado en la potenciación y cultivo del egoísmo de la ciudadanía en su conjunto, que es verdaderamente lo peligroso por el poder que se genera en la masa social… y mal asunto cuando ese pragmatismo va enfocado a esos objetivos. De aquí a pasar de la problemática de los otros seres o ciudadanos, a mirarse el ombligo y a fomentar una idea facistoide como valor social, solo hay un pequeño salto. La justicia distributiva empieza por la igualdad de oportunidades, es decir porque cada ciudadano tenga la posibilidad de desarrollarse en la misma proporción y con los mismos recursos. No se trata de subsidiar a nadie, que se ha de hacer cuando no hay más remedio, sino de apoyar su realización e implicación en el desarrollo de la sociedad mediante el ejercicio de una actividad acorde con sus capacidades.


Es aquí donde estamos haciendo aguas, donde la barca puede hundirse en un mar de egoísmos y de insolidaridad con los propios del lugar y con los demás seres humanos a los que les fuimos poniendo fronteras a conveniencia de los grupos de poder. Se juega el marco social del futuro, las ideologías que determinarán ese marco y la cultura social que los soporte. Estamos en un momento de especial trascendencia, de crisis estructural… o mejor dicho, de crisis cultural, de valores, principios y axiomas que determinen qué tipo de sociedad queremos de cara al mañana.

Hay dos modelos de fondo: uno es el modelo neoliberal de mercado, materialista y de desarrollo alocado, que siempre responde con una fuga hacia adelante cuando hay una crisis. Es una bola de nieve que va creciendo y arrasando todo a su paso. Los recursos de la tierra se acabarán y esa idea inventará algo para vivir en el desierto, bajo tierra si es preciso, mediante el uso y abuso de la tecnología.  El agua contaminada es un buen argumento de negocia, pues habrá que descontaminarla y ese asunto dará dinero; el aire contaminado igual… acabaremos con escafandras para salir a la calle dentro de un tiempo pero pagando, los alimentos no los dará la tierra sino la química y los invernaderos, si se colapsa la economía mundial, como es el caso del mundo de la construcción, se hace una guerra, con su negocio armamentístico, se destruye lo construido y se vuelve a construir con una tecnología más moderna, total sobra gente sobre el mundo, y así todo… el negocio, siempre el negocio. El ser humano es un mero accidente para el pensamiento de los negocios, solo sirve si construye y consume, si no qué más da, no sirve y no importa lo que ocurra con él. Alguien dijo que el sistema capitalista y de libre mercado es el enemigo número uno del desarrollo sostenido por esa filosofía que todo lo fija en el mercado y en el abuso de recursos y consumo; son los antisistema que acabarán con el mayor sistema que hay en la tierra, que es la propia tierra en equilibrio.

Otro modelo, de corte más humanista, es el que pretende llevar a término un desarrollo sostenido, donde los recursos usados se repongan de forma natural por la tierra sin mermar sus capacidades de regeneración, mediante un balance equilibrado entre lo consumido y lo producido. En este caso, entiendo que se considera más al ser humano que al negocio; aquí todo está pensado para facilitar la vida de la ciudadanía, para potenciar su desarrollo personal e intelectual centrando en ello los objetivos básicos de esa cultura social donde se enmarca la dinámica productiva. Los valores dejan de ser el egoísmo, que es un valor innato en el sujeto basado en su instinto de supervivencia, para evolucionar hacia otro de solidaridad desde la lógica de la inteligencia y no de las emociones. Existe una idea dicotómica del concepto progreso que lo interpreta a conveniencia, habiendo dos tipos de progreso, uno material y otro personal o intelectual. Aquí aconsejo que os deis una vuelta por un artículo que publiqué allá por 2007 en mi blog. Pinchar aquí para el enlace. En él encontraréis lo que yo entiendo por progreso y el desarrollo de estas dos acepciones.

Estos dos modelos discutibles tienen defensores acérrimos en nuestra sociedad y entiendo que cada cual defienda sus posiciones, pues cada cual tiene sus intereses y su formación, por no decir su personalidad y sus valores, lo malo es cuando esa defensa se hace de forma irracional, sin considerar la bondad y la maldad de cada uno de ellos. La producción y el mercado no pueden ser objetivo de una carrera desenfrenada, sin pararse a pensar qué y cuáles son las necesidades del ser humano y no las de una empresa de hacer dinero en ese mercado. Qué macro-objetivos y misión tiene el hombre en este mundo, cuál en su fin y su desarrollo personal. De aquí se desprenderá si lo importantes es el ser humano en su conjunto y sus potencialidades o el factor empresa con su desarrollo económico en un mundo de locura dominado por el dinero.

En todo caso, para luchar contra la marginalidad y la pobreza que alimentan al cuarto mundo, habrá que pensar en qué dirección enfocamos la economía y las plusvalías que se generan con la actividad humana. Aquí aflora el concepto de “economía humanista” al servicio de la sociedad en su conjunto, de la humanidad, en lugar de al servicio de las corporaciones multinacionales, de las empresas y la banca. La empresa está condicionada al ser humano y no al revés. Es el trabajo el que produce, no el dinero, salvo que estemos en la indeseada economía especulativa.

Para concluir, es un problema de valores, de principios que conforme una sociedad enfocada al ser humano y su desarrollo intelectual, espiritual, mental o como quiera llamarlo… al SER y no tanto al TENER. Ese es nuestro reto en un mundo tremendamente complicado, donde el interés de unos que dominan el poder está en una dirección diferente al de la sociedad en su conjunto y que lo implementan con el consentimiento de una ciudadanía a la que acaban alienando mediante el uso de técnicas manipulativas utilizadas por los medios que tienen a su disposición, desde la propia escuela donde forman sujetos conformistas y sumisos, hasta el manejo de la información para crear estados de opinión que les sean propicios, elaborando y potenciando valores de insolidaridad, codicia, avaricia y, en suma, egoísmo defensivo. Nuestra crisis, como ya he mencionado en otras ocasiones, no es solo estructural, sino cultural… y por lo que se ve, tras los últimos acontecimientos, no vamos por buen camino para solucionarla. Parece que si no tomamos medidas más precisas el cuarto mundo seguirá creciendo.



miércoles, 2 de noviembre de 2016

Qué hacen los medios que están en medio


El conflicto, o la guerra política, tiene una proyección innegable en los medios de comunicación, lo que permite, siguiendo la actuación de esos medios, ver hacia dónde y de mano de quien marchan. En 1989, en un curso de gestión que realicé en Granada, el periodista Joaquín Arozamena nos dio una charla muy interesante; decía que la línea editorial será la que diga el dueño de la empresa y que los periodistas tendrán mayor o menor autonomía en función de esa línea, no pudiendo pasarse de lo permitido en la misma. Por tanto es el amo quien decide, claro está, para eso andamos en un mercado libre. Cuando escucha en los debates a determinados periodistas, cuando se leen los diferentes periódicos y se ven las distintas televisiones, se acaba con la convicción de que los medios no están exclusivamente al servicio de la verdad y de la información, sino al servicio de sus dueños, permitiendo variabilidad en un abanico que justifique su independencia al tratar temas de orden inferior y nada comprometidos con sus objetivos programáticos. ¿Por qué las noticias se eligen dejando unas en la cuneta y resaltando otras que, a veces, no se le ve su importancia? ¿Por qué se busca sacar los trapos sucios de los adversarios al grupo, aunque sean insignificantes, y se ocultan los otros trapos, más sucios incluso, de los amiguetes o afines?

En estos días, viendo la editorial de El País descalificando, incluso insultando, a Pedro Sánchez, la entrevista a Felipe González abriendo la veda de su caza y el asalto al poder mediante la estrategia de la dimisión masiva de miembros del Comité Federal ese mismo día, no queda la más mínima duda de que los medios son herramientas o instrumentos al servicio de los intereses del sistema económico supranacional, que mediante la manipulación y la creación de los estados de opinión, interfieren la voluntad de los ciudadanos a través de la reorientación del pensamiento en función de determinadas técnicas. Parece evidente que existen grupos de poder que actúan más o menos en la sombra, donde se mezclan los intereses del poder político con el económico en proyectos para la sociedad, de futuro inconfesables.

Bueno, dejemos que sea el lingüista Noam Chomsky, que elaboró la lista de las “10 Estrategias de Manipulación” a través de los medios de comunicación de masas, quien nos aclare algo más este confuso asunto. Yo me permito reflejarlas aquí para que, a cada uno, sirvan de base en un análisis crítico sobre la conducta de los medios, en la línea que ya he mencionado. Ha llegado la hora de pensar libremente, sin dejarse alienar y someter por el discurso político intencionado, sin la criba del criterio propio, de ninguna organización, considerando que estas verdades son las que te hacen libre. Un amigo mío decía el otro día que después de ver cómo ha actuado El País en este asunto de la crisis del PSOE, ya no sabe qué periódico leer, pues se le ha desmontado la teórica independencia de ese medio.

A continuación veremos en qué consisten las 10 estrategias de manera detallada, como influyen a la hora de manipular las masas y en que se basan realmente.

1. La estrategia de la distracción.
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales” (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).

2. Crear problemas, después ofrecer soluciones.
Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad.
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que  condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez. (Esta estrategia es de vigencia total hoy día).

4. La estrategia de diferir.
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad.
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad” (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).

6. Utilizar el aspecto emocional más que la reflexión.
Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.
Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores” (ver ‘Armas  silenciosas para guerras tranquilas’).

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto, malhablado, admirador de gentes sin talento alguno, a despreciar lo intelectual, exagerar el valor del culto al cuerpo y el desprecio por el espíritu…

9. Reforzar la autoculpabilidad.
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.
En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la  mayor parte los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
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Bueno, he aquí una visión que conlleva un diagnóstico de la situación  totalmente diferente al que se nos quiere hacer ver. Ahora, amigo, tu pensamiento y razonamiento es tuyo y tuyas las conclusiones personales