viernes, 27 de mayo de 2016

Felicidad: tener y necesitar...


Hoy, una vez más, hablando de la felicidad, esa cosa tan rara de la que todos hablamos y nadie la conoce de verdad, he vuelto a oír la frase tan manida de: “No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”. He de reconocer que la frasecita tiene un cierto espíritu budista, orientada al conformismo.

Después, dándole vueltas al asunto, empiezo a pensar que, efectivamente, esta frase la debió construir un conformista o alguien interesado en que la gente no tuviera demasiadas aspiraciones para quedarse él con todo. Quien coloca la felicidad en tener poco y conformarse o no necesitar más está simplificando tanto la cosa que obvia otras cuestiones que caben plantearse para la obtención de  la felicidad real.

Pero claro, en nuestra sociedad, la pobreza, el sacrificio, el dolor y sufrimiento han sido valores a cultivar con promesa de compensación con creces en el más allá. El rico no entrará en el reino de los cielos, el pobre sí lo hará… Pero es que el rico ya vivió en la gloria y el pobre en el infierno. Mire usted por dónde, nos quisieron pobres, sumisos y castos, tres claves importantísimas para llevar a la frustración y, por ende, a la infelicidad. En los tiempos pretéritos, los botos (todavía en vigor) de obediencia, pobreza y castidad, que son los monásticos de la religión católica, conforman un claro ejemplo de modelado del creyente.

Pero volvamos y veamos: el ser humano tiene unas necesidades básicas para su desarrollo personal e intelectual. Solo hay que plantearse la famosa pirámide de Maslow, a la que ya me he referido en alguna otra ocasión. Hay necesidades irrenunciables para la subsistencia biológica y las hay para la salud y el equilibrio mental que permita el desarrollo del sujeto desde la perspectiva biopsicosocial.

Pero si la frase hace referencia a que demandamos demasiados recursos para nuestras necesidades reales y que la insaciabilidad del sujeto le lleva a una demanda excesiva, que no es posible completar y que por ello se sentirá frustrado y en continuo conflicto, la cosa tiene otro sentido. La codicia exacerbada no podrá ser satisfecha y, por ende, esa insatisfacción devendrá en infelicidad.

Ahora bien, el ser humano es dual; es decir, tiene un aspecto individual y otro social. El individual está más relación con su interioridad y su esencia como sujeto y el social con el entorno, con las normas que rige la sociedad en la que vive y con su integración en la misma. Por tanto los principios y valores  de esa sociedad andarán influyendo en su forma de ser, de actuar y de concebir la existencia en relación a sus semejantes. Podemos considerar que es un sujeto con sus características personales diferentes al resto, con su idiosincrasia personal, que se somete a un aprendizaje a lo largo de su vida, al que llamamos educación, para asimilar la cultura de esa sociedad, mediante la introyección de conceptos, ideas, conductas, valores, credos, normas, leyes, formas de relacionarse, etc.

En este sentido hay sociedades más o menos felices en función del nivel de felicidad que tengan sus integrantes. Es más, creo que las culturas sociales que potencia la competitividad salvaje llevan a sus hijos a la infelicidad, pues solo es uno el campeón. Falta introducir el concepto de tolerancia a la frustración como forma de gestionar el fracaso sin que apareciera esa comparación exacerbada con los demás. En todo caso la competitividad debería ser matizada por las capacidades que cada cual tenga para ejercer la actividad en que se compite, introduciendo el cariz de la competitividad consigo mismo. La superación personal no está únicamente relacionada con la competencia con los demás, sino con la competencia interior, con uno mismo, como forma de alcanzar cotas de progreso cada vez más elevadas.

Creo que hay valores y elementos internos que son de mayor importancia que los externos. La congruencia personal, el equilibrio y la paz interior, la facultad de reflexión e introyección, la autoimagen y satisfacción personal, la capacidad de afrontamiento y resolución de problemas, la seguridad y asertividad, los valores éticos y morales… en suma, la bonhomía del sujeto hace que sea más factible encontrar la felicidad.


Por tanto, no solo es más feliz el que menos necesita, también, y sobre todo, el que es capaz de encontrar la paz a nivel interior y en relación con su medio. Mira que cosas necesitas, pero no olvides que en tu interior está la esencia que te acerque a la felicidad mediante la gestión de todo aquello que se relaciona con ese medio y contigo mismo. Hoy no se nos deja meditar, no se nos permite pensar, nos dejamos arrollar por la corriente de un mundo vertiginoso que nos arrastra a la locura de perder la identidad personal para hacernos borregos del redil que marcha al matadero, es decir, a la infelicidad producida por la envidia, por la competencia, por el materialismo consumista, por todo aquello que mantiene el orden establecido, donde el dinero es el dios menor que lo impregna todo. Nuestro mundo interior está cerrado, no tenemos tiempo para nosotros, para crecer personal e intelectualmente. ¿Quién gana con ello? Seguro que ellos, los otros, los que nos arrastran por esa corriente. Nosotros seguiremos perdiendo hasta que dejemos de ser mediocres y nos elevemos al hombre idealista que piensa, crea, discierne y concluye para transitar en el camino que se hace al andar enriqueciéndose en el trayecto hasta el final de su vida… o sea, hasta que seamos libres, o tengamos la libertad necesaria para gestionar nuestro interior y conducirlo desde nuestra congruencia interna por el camino de la felicidad.

martes, 24 de mayo de 2016

La comunicaciòn no verbal en el discurso político

(Me gustaría conocer tu opinión sobre este blog para orientarme a la hora de tomar decisiones y cumplir el objetivo que me propuse. Si no te importa, te ruego contestes a una pregunta que aparece al margen izquierdo sobre el asunto. Gracias.)

 
Bueno, amigos y amigas, ya sabéis que volvemos a las andadas. Nos quedan unos interesantes, machacones, invasivos, ladinos y falaces días hasta el 26 de junio. Los políticos tras no ponerse de acuerdo, o tal vez no estar de acuerdo con lo que hemos votado los ciudadanos, nos piden que volvamos a definirnos. Al parecer no se han enterado de nada de lo que se les dijo y quieren echar tierra sobre el 20D y cambiarlo por el 26J. Siguen en sus treces, por tanto van a decir y proponer lo mismo, aunque puede que cambien de tono, pero yo os voy a proponer un ejercicio para que no os engañen de nuevo.

Supongo que ya conoces algo sobre la teoría de la comunicación humana y la diferencia entre la comunicación verbal y no verbal; de no ser así te aconsejo varias lecturas: Una puede ser la obra de Flora Davis, titulada La Comunicación no Verbal, que es bastante completa. Otra la de Allan Pease, titulada Comunicación no verbal (El lenguaje del cuerpo) que es más práctica pues va orientada al mundo del marketing y agentes de ventas. Ellos nos aclararán que no es lo mismo el lenguaje verbal que el no verbal.

Por simplificar un poco diremos que el verbal es la palabra y el no verbal son los gestos. La palabra engaña, se manipula y se piensa. Ya sabes que se suele decir: “No digas lo que piensas, pero piensa lo que dices”. La palabra la dominas y orientas, pero lo no verbal se te escapa: una sonrisa, un gesto, una posición corporal, una mirada, una postura… todo eso que no controlamos pero que dice mucho de lo que pensamos, se manifiesta mediante la comunicación no verbal. Lo que pasa es que no estamos acostumbrados al análisis de la no verbal, no se nos enseña en la escuela y solo la intuimos.

Pero si nos paramos a pensar se nos viene a la mente aquellos casos de gente muy educada, amable y servicial que, en el fondo, no nos cuadra, que sospechamos de ella, que nos da mala espina diciéndolo en Román paladino. Entonces pensamos: este tipo no es sincero, no mira a los ojos, evade el contacto directo de la mirada, parpadea demasiado, lo noto nervioso… no me cuadra, este sujeto no es de fiar… pero dice cosas tan razonables, tan lógicas, que deben ser así como comenta.

¿Qué está pasando? Pues que nos está dando un doble mensaje. Por un lado nos afirma una cosa con la palabra y por otro nos la pone en cuestión con sus gestos. En este caso su comunicación verbal y no verbal no son consecuentes, son contradictorias y la no verbal no confirma a la verbal. Es más, si hay alguna más de fiar esa es la no verbal. Ya he dicho que la palabra se controla, pero el gesto es más complicado de controlar y al final aflora delatando lo que se piensa.

Hecha esta pequeña introducción al tema, ahora te propongo el ejercicio. Se trata de ver lo que dicen de verdad los políticos antes de votarlos. Mira sus gestos, sus miradas, sus formas de moverse, sus arrogancias, su forma de caminar, su entonación, etc. Luego retira la voz de la TV y empieza a verlo sin sonido, sin interferencias para entender lo que dice la no verbal. Puede que no parezca lo mismo. Alguno te parecerá más bobo, otro más prepotente, más ladino, más teatral, menos de fiar, más mentiroso, menos dispuesto a cumplir, etc…

Puede haber una interferencia, puesto que ya conoces al tuyo, es posible que seas más indulgente con él que con los otros. De todas formas este ejercicio te dará otra visión que complete la que tienes del sujeto en cuestión, a la par que descubrir otra fuente de información que nos ha sido negada por el aprendizaje a la hora de comunicarnos.

¿Será tan hábil el político que no engañará también con esta otra comunicación? Es posible, pero intenta hacer ese análisis de los gestos, a ver si sacas algo en claro… pude que al menos te rías de alguno de ellos…

lunes, 16 de mayo de 2016

El secuestro de los muertos


Acababa de producirse el alzamiento de los rebeldes contra la República. Era el 18 de julio de 1936. Según lo publicado, en estos días, en medios de comunicación, el 27 de julio, Manuel Lapena Altabás, fundador de la CNT de Calatayud, desaparecía. Fue fusilado en el barranco de La Bartolina sin juicio y condena a pena de muerte conforme a la ley, y enterrado en una fosa común, tan habituales en aquella tragedia. Su hermano Antonio Ramiro, se ocultó, pero al cabo de un tiempo, en octubre, decide entregarse con la esperanza de que respetaran su vida. Craso error, el 20 de octubre, en la tapia del cementerio de Calatayud, también es fusilado sin juicio ni condena. Demasiados asesinos, de gatillo fácil e instintos viles, andaban sueltos por los campos y ciudades de España.

La consigna estaba clara, había que erradicar las ideas socialistas, comunistas, anarquistas y cuantas fueran contrarias al tradicionalismo y a la España conservadora. Quienes atentaran contra ella, contra aquella España suya desde siempre, eran traidores y reos de muerte, a los que había que eliminar para volver a la pureza de la raza, a la España imperial y a la instauración de un sistema de corte fascista en alianza con los principios religiosos que defendía el Nacional-Catolicismo. Una sola España bajo una sola idea y un solo credo sometida al caudillo victorioso que eliminaría a los otros españoles traidores a ese pensamiento. La libertad está condicionada a los designios del jefe máximo mediante el ejercicio de una dictadura férrea y dispuesta a matar para no claudicar ante la demanda de esa libertad y justicia social que les estaba desbordando.

Ganan la guerra y siguen eliminando a enemigos de sus ideas, solo por pensar diferente, sembrando el terror y la represión en los campos y ciudades de España. El Caudillo dicta y los demás obedecen. Ya no hay enemigos, están muertos o sometidos, solo pueden sobrevivir en la clandestinidad expuestos al riesgo sistemático de ser descubiertos y fusilados o presos “sine die”. Ante esto se renuncia hasta al sagrado derecho de proteger a tus muertos, se cede y aceptan los designios del generalísimo que salvó a España de la esclavitud haciéndola “Una, Grande y Libre”. ¡¡Qué paradoja!!: UNA, cuando era diversa y se había fraguado a través de la historia mediante el reconocimiento de sus diferencias y los derechos que emanaban de ellas, dado que las Españas eran reinos diferentes a los que unió la historia; GRANDE, cuando había pasado a ser una nimiedad en el concierto internacional, debido a la nefasta gestión de los gobiernos habidos bajo la batuta de los reyes, caprichosos e incapaces, que fueron dinamitándola a lo largo del siglo XIX y principios del XX, perdiendo sus colonias, sacrificando vidas de sus hijos en las guerras de Marrueco y arruinándola económicamente; LIBRE… aislada del mundo por rechazo a un gobierno dictatorial que, precisamente, negaba esa libertad de su pueblo y lo sometía a sus caprichos e ideas totalitarias. Que ironía: UNA, cuando era diversa; GRANDE, cuando era una nimiedad y LIBRE, cuando sus ciudadanos eran esclavos del régimen.

Para rizar el rizo, en un acto singular que muestra la prepotencia  del dictador y sus secuaces, en 1959, deciden secuestrar los restos de aquellos dos hombres y otros más y llevarlos al Valle de los Caídos, donde los inhuman a voluntad del caudillo, para que sirvieran como cohorte en representación de los vencidos y sometidos bajo la fuerza de las armas, que les lleva a renunciar, al menos en apariencia, a sus principios ideológicos. Junto a ellos están los llamados mártires por la causa, los adeptos al régimen “caídos por Dios y por España”. Todo ello a modo de alabanza y mayor gloria del generalísimo rebelde, que se levantó contra el gobierno legítimo y ganó la guerra de la mano de Hitler y Mussolini. 

Qué razón puede asistir a los asesinos de dos hombres, que además de arrancarles la vida en su momento, ahora le quitan la muerte y el derecho que tienen a reposar en su tumba sin tener que hacer de palmeros a quien era el jefe de sus asesinos. Doble humillación que viene a mostrar cómo un ser dictador se cree dueño de la vida y de la muerte de sus adversarios. Los enemigos de Dios y de la Patria no son nada, no tienen derecho a nada, ellos no piensan igual, son diferentes, y solo pueden ser rehabilitados sin se integran en el régimen; los vivos renunciando a su ser ideológico, los muertos sometiéndose a la representación histriónica del homenaje al caudillo.

Solo esa idea de humillación final, puede justificar un acto de secuestro de los silenciosos e indefensos muertos enemigos, para alabanza del vencedor que ha tenido a bien compartir con ellos su lugar de descanso eterno, aunque las tripas de los fusilados ser retuerzan en la tumba. Creo que esta España infame, no cicatrizará sus heridas hasta que el trato a sus mártires republicanos no sea similar a los que se les da a los otros. Los beatos religiosos están en los altares, se les alaba, se procesionan, se les honra… eso no es un anacronismo que pretende sembrar la discordia, pero si se reclama sacar a los otros muertos de las cunetas o devolverlos del panteón del caudillo a su propio panteón, se clama al cielo y la derecha argumenta que ya estamos abriendo las heridas del pasado, cuando ese sería el mejor ejercicio para dejar constancia de que somos demócratas y queremos enterrar definitivamente las atrocidades que se cometieron por uno y otro bando.