lunes, 29 de febrero de 2016

VIAJAR. Las Vegas, dios o demonio de la diversión.


(Me gustaría conocer tu opinión sobre este blog para orientarme a la hora de tomar decisiones y cumplir el objetivo que me propuse. Si no te importa, te ruego contestes a una pregunta que aparece al margen izquierdo sobre el asunto. Gracias.)

Fuente de Bellagio
Es curioso hasta qué punto el ser humano reta a la naturaleza, trasgrede sus normas y se impone soberbiamente a sus reglas. Un desierto es un desierto, pero el hombre  es capaz de sembrar en él, de darle fertilidad artificialmente. En este caso, los magnates de los EE. UU. han construido una ciudad en medio de un desierto, una ciudad transgresora, no solo con la naturaleza que reina y domina esos desérticos lares, sino transgresora también con el enfoque moral de algunos posicionamientos religiosos e ideológicos . Me estoy refiriendo a la “ciudad casino” de Las Vegas. Digo “ciudad casino” porque de eso vive, del juego, de la diversión, del espectáculo y del ocio en general.

Me viene a la memoria que Cristo se retiró al desierto y allí le tentó el diablo. Aunque no soy creyente permítaseme el símil. Las Vegas, en el desierto, es la ciudad tentación. Tentación del juego del azar, de los placeres de la vida, de la soberbia y magnificencia de sus construcciones, de la creatividad espectacular del ingenio humano, de lo prohibido… La algarabía que se vive allá nos recuerda que somos de vida fugaz, que estamos en tránsito y aquello es el paraíso de la diversión. Desde la arquitectura se conjugan las maravillas del mundo, las expresiones culturales y las manifestaciones arquitectónicas más llamativas.
 
Acceso por carretera

Entrada por carretera
Aeropuerto
Llegada aeropuerto

Vista de la ciudad

Hotel Palazzo Venetian

Atardecer

Hasta en el aeropuerto hay máquinas tragaperras

La vista de la ciudad es espléndida. La toma de tierra del avión ofreció una imagen iluminada como un ascua en la negra noche del desierto, a la par que el realce de los grandes edificios que acogen los casinos casi al mismo  lado del aeropuerto. Extensa sábana de polícroma luz que completa la orografía de la ciudad. De día cambia la visión y se presenta impresionante, con calles y edificios caprichosos que pretenden simular otros lugares: rascacielos de Nueva York, la Estatua de la Libertad, la torre Eiffel, una gran pirámide de Egipto, etc… unidos por un tren aéreo que circunda la zona… al fondo una inmensa torre reta al horizonte, es la torre Stratosphere de 350 metros de altura, el mayor reclamo de su propio casino. En su cúpula un restaurante giratorio, donde cenamos viendo el espectáculo desde arriba de la ciudad iluminada mientras, muy lentamente, el restaurante giraba para ofrecer una panorámica total del paisaje.  Sobre él un parque de atracciones que lanza sus cabinas al aire retando al inmenso vacío, donde solo los valientes dominan el vértigo del abismo.


(Imágenes del hotel Luxor)










Te sorprenderá el lujo y la representación del mundo faraónico del viejo Egipto, en el hotel Luxor, con sus esfinges, su estructura piramidal, sus viejos dioses simbolizando el “maat” o el equilibrio armónico cósmico que impera en el mundo desde su origen según la mitología egipcia.  En su interior se conjuga la representación de esa cultura milenaria con la tentación al juego en sus inmensas salas repletas de maquinas tragaperras, de mesas de juego y de reclamos para entrar al envite del azar. Está conectado al Delano y al Mandalay Bay, del que forma parte, con un paseo por el laberinto del minotauro que confirman las galerías comerciales. Bajo la inmensa pirámide se ofrece un amplio abanico de bares, restaurantes y servicios junto al esplendor de su estructura arquitectónica, bajo la bóveda misteriosa que te retrotrae a los tiempos faraónicos.

(Imágenes del hotel Bellagio)










El Bellagio, junto a otro grande, como el Caesars Palace, ofrece a su entrada un espectáculo de luz, agua y sonido esplendoroso. Suena la música y la fuente lanza sus chorros de agua danzando al ritmo armonioso de la melodía, a veces con la furia del allegro y otras con el sosiego del adagio, mientras alrededor se agolpa un tumulto de gente ávida de presenciarlo. En su interior, adornado y decorado con sorprendente colorido y figuraciones, encuentras también, la inmensidad de sus salas de juego y de las no menos extensas instalaciones del Cirque du Soleil que ofrece variados espectáculos (nosotros vimos el O2) que requieren sacar las entradas con antelación para no quedarte sin verlos. Solo con pasear por sus galerías y las salas de juego acabas inmerso en otro mundo de sorpresa y embeleso, pues la gran cantidad de estímulos que percibes te lleva a la abstracción y a la pérdida del sentido del tiempo.

(Imágenes del hotel Paris)






Frente al Bellagio encontrarás el Paris, con su reproducción del Palacio de la Ópera, la torre Eiffel a escala 1/2, la plaza de la Concordia, el Arco del Triunfo, etc.  Entre las columnas de la torre Eiffel hay una inmensa sala de juegos con señoritas ataviadas provocativamente, incitando al juego, a la fantasiosa transgresión, mientras la crupier exhibe los encantos de su exuberante delantera a los ojos del visitante, otra baila sobre una mesa contorneando su figura sensual y tentadora. El techo, debidamente decorado, parece un luminoso cielo parisino de verano. Sí, mejor mira la belleza de ese techo simulando el cielo azul y evita que la concupiscente libido te lleve al trastorno de un deseo de pasión inalcanzable. Tal vez, esas chicas, no son más que máquinas programadas para hacerte caer en la trampa con su encanto.

(Imágenes del Palazzo Venetian)













Otro de los casinos y hoteles más sorprendentes, puede que el que más, bajo mi modesta opinión, es el Palazzo Venetian, donde, además de su lujosa fachada donde se reproduce el palacio del Duce veneciano, encontrarás su inmensidad interior, te sorprenderá una reproducción de los canales venecianos a tamaño real, con agua y gondoleros que cantan sus barcarolas mientras reman y pasean al cliente. El cielo artificial, pintado sobre el inmenso techo que cubre la explanada y las calles con canales, es impresionante y te da la sensación de estar al aire libre. Grupos de gente ataviada a la usanza carnavalesca veneciana se pasean por la zona para amenizar el espectáculo mientras suben a escenarios cantando sus típicas canciones. Comercios, restaurantes, salas de juego, etc. son acogidas por los locales, que circundan los canales, ofertando sus servicios. Canal, góndola, “gondoliere”, remos y canto de barcarolas conforman un espectáculo inolvidable que te arrastra hasta la Venecia verdadera y te trae al recuerdo sus canales, calles, plazas y palacios. Solo faltó ver la plaza de San Marcos con su campanile y la fachada de la catedral y el puente de los suspiros tan afamado en Venecia, que une el Palacio Ducal con la antigua prisión de la Inquisición (Piombi), cruzando el Rio Di Palazzo.

(Imágenes de la torre Stratosphere)










La cena, como he dicho, en el restaurante giratorio de la torre Stratosphere, pero no muy elevado (el precio, claro, la torre a 350 metros de altura permitía una vista panorámica increíble), aunque para una vez que vas, si te es posible, no te mires el bolsillo. Una cena ligera, para evitar dolores de cartera, te permitirá cumplir una vuelta completa cenando mientras giras. Abajo los juegos de luces de las calles, edificios y las plazas muestran su esplendor como un mundo mágico de luz. En plena cena observamos con sorpresa como una cabina saltaba hacia el vacío dando la sensación de desprenderse volando hacia el abismo, más solo era una ficción, pues volvió a su lugar una vez cumplida la sorpresa. El pequeño parque de atracciones, montado sobre la elevación de la torre, seguía funcionando y desafiando a los valientes que se atrevieran a enfrentarse al insondable precipicio. Yo en ningún momento pensé aceptar el reto.  Me vino a la memoria la otra torre donde hace años, allá por 2010, cenamos en las cataratas del Niágara, la torre Skylon, algo más baja, pero con vistas no menos estimulantes.

Buscando pista. Nos vamos


Despegamos
  
Vista de la ciudad desde el aire
Embalse del lago Mead
  
Volando sobre el Gran Cañón

Cúmulo de depósitos... no sé de qué.

El vuelo hacia Filadelfia partió a media mañana. Volamos el desierto de Mojave que llega hasta Nevada, cruzamos por encima del lago Mead y del Gran Cañón del Colorado y, tras casi cinco horas de vuelo, llegamos al aeropuerto de Filadelfia, ya anochecido, pues había tres horas de diferencia en el uso horario. El viaje al Oeste de los EE. UU. había concluido con la visita a Arizona, Los Ángeles en California y Las Vegas en Nevada. Una intensa semana que empezó quedando atrapados en la nieve cerca de Pittsburgh, siguió con un espectacular vuelo en helicóptero sobre el Gran Cañón, disfrutamos de la ciudad del cine (Los Ángeles)  y acabó con la visita a la lujuriosa ciudad de los casinos.  Lo más seguro es que no volvamos, pero llevamos en la retina un sin fin de imágenes atrapadas para la memoria.