lunes, 30 de noviembre de 2015

La niña azul





La niña azul de la mañana clara
trajo la brisa de su nombre
regando las miserias de la vida
con suave manto de ternura
anulando al disoluto hombre.

Un luminoso sol cargado de promesas
rompió la oscuridad de la siniestra noche
con ese azul del cielo que todo lo sublima
en sutiles perfumes de gotas de rocío
fraguando su esplendor con un derroche.

Son retos de otro día que bosteza
mirando hacia un mañana
de sueños y presagios
que escapen de esta noche
sembrando la semilla de verdes esperanzas
de paz y de alianzas sin reproche.

La niña azul de la mañana clara,
de penetrante luz del cosmos rebosada,
acuna en sus entrañas al mesías
que salvará a los pueblos
inoculando la simiente de la paz
entre los hombres.

Autor: Antonio Porras Cabrera
Málaga, 1 de diciembre de 2015


viernes, 27 de noviembre de 2015

Un repaso a la semana


Esta semana ha sido una semana intensa y fructífera. El lunes un interesante debate, celebrado en el Ateneo de Málaga, de la mano de José Olivero Palomeque, sobre el tema: ¿Aprendemos de la Historia? ¿Por qué? El martes, en el aula de cultura del diario SUR, una no menos atractiva conferencia sobre el tema: “Patria chica y patria grande: Sentimientos de pertenencia en la España medieval”, a cargo de José Angel García de Cortazar, catedrático de historia medieval. El jueves una visita al Museo Ruso, donde pudimos ver el impresionante muestrario de obras de arte que se han expuesto en esta ciudad, integrantes de la magnífica colección del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, con más de 400.000 obras en su haber. Esta tarde, si no surgen inconvenientes de última hora, asistencia en el Museo Rando a la representación de “TERESA”, una obra de Jesús Baena y José Infante.


En el Museo Ruso encontramos excelentes muestras de la iconografía clásica rusa, heredada como expresión religiosa del ortodoxo Bizancio, y una no menos interesante colección de obras de arte expresivas de la evolución de la pintura rusa de los últimos 500 años. Se completa la exposición con una exhibición de obras del poeta y pintor Pável Filónov, singular personaje que vivió en la miseria, mientras creaba un imponente conjunto de pintura que se negaba a vender para que no salieran de su patria. Muerto de inanición en el sitio de Leningrado por las fueras alemanas en 1941. Su hermana, con el tiempo, facilitó que su obra fuera conocida formando una importante colección que pasó a propiedad del Estado. Lo podemos considerar como un “anticubista” basado en el principio del arte analítico, tal como define su pensamiento: «el cubismo representa objetos usando elementos de su superficie geométrica, pero los "realistas analíticos" deberían representar objetos usando elementos de su alma interior». Por tanto, habla de la expresión profunda del sujeto pictórico y no de la superficialidad de la imagen expresada en sus diferentes caras o planos visuales. Ello reviste a su obra de un carácter enigmático que lleva, incluso hoy día, a muchos historiadores a no saber a ciencia cierta qué significado tienen. Aconsejo que no se pierdan esa exposición tan exótica para los, como yo, inexpertos y desconocedores del arte ruso. A los amantes de ese tipo de arte les agradará doblemente, estoy seguro.



Dejemos la obra de Filónov y el museo, pare centrarnos algo más en la deriva del pensamiento a raíz de las otras dos actividades, el debate sobre si aprendemos de la historia y la conferencia
sobre la pertenencia.



No podemos deslindar, a la hora de establecer cualquier análisis de los hechos actuales e históricos, la propia concepción del sujeto, sus vivencias y sus principios, que matizarán sistemáticamente cualquier razonamiento analítico, por muy interesado que se esté en mantener la aséptica posición respecto al hecho analizado. La objetividad máxima del sujeto siempre tendrá una dosis de subjetividad, que viene determinada por esa singularidad del individuo. Pero, sabedor de esto, cualquier sujeto que pretenda debatir deberá considerar que esa subjetividad, que otorga la visión y el análisis personal de los hechos, tiene como contrapartida válida la visión de los otros, que aportarán otra forma de ver las cosas para mayor enriquecimiento de cada cual. Si el debate se plantea desde la mente abierta y desde la modestia receptiva respecto a la argumentación de los demás, se garantiza un resultado excelente.


Tras los debates habidos, yo me atrevería a reseñar algunas cuestiones que fueron centrándose sobre las circunstancias actuales en esta crisis que vamos gestionando con diferente fortuna:
  1. En primer lugar habría que significar que existe una guerra o lucha entre el capitalismo salvaje, que intenta controlar la economía mundial, a través del dominio del llamado mercado libre, y la ciudadanía en general, a la que este concibe como mero elemento de producción y consumo.
  2. Este intento de controlar las estrategias y gestión política de la convivencia y de las relaciones intra e internacionales, se da en un marco de dominio del mercado financiero, del control y sumisión de la clase política, mediante el gobierno de la gestión económica de los propios partidos, y de sus intereses personales y colectivos, de la canalización y preponderancia en el flujo mercantil y económico internacional al amparo de la globalización y mediante el uso sistemático del chantaje en la gestión de la deuda pública de cada estado y del control de la crisis.
  3. El capitalismo salvaje busca controlar y gobernar el mundo desde el factor económico, asimilando el desarrollo con la idea de producción y evolución de los mercados, pasando por encima de los estados y otorgándose el poder de un control panestatal donde su influencia abarque al conjunto de los estados mundiales a través de las economías globalizadas
  4. En este sentido existe una geoestrategia que pretende dominar las fuentes energéticas en su conjunto. De ahí se desprenden conflictos en áreas de domino que acaban sacrificando a la población, empobreciéndola y llevándola a la miseria hasta conseguir su inclusión en la esfera de influencia de ese mundo dominando. De esos polvos aparecen los lodos que nos inundan y ahogan con tanta tensión y el cultivo de los psicópatas que siembra el terror y el odio desde su mediocridad y vileza humana.
  5. Se juegan demasiados intereses internacionales en determinados espacios, como es el caso del pueblo Sirio, en los cuales el valor de las vidas de los seres humanos es relativo. Hemos de tener en cuenta que con 8.000 millones de habitantes el equilibrio en la tierra es insostenible. ¿Qué más da que las noticias de la televisión sean una realidad o una película, si desde el despacho no se tiene conciencia de la existencia de los que padecen y mueren?
  6. Si queremos aprender de la historia habrá que criticar la cultura social imperante y pensar en cambiarla. Esta crisis es una crisis cultural, no coyuntural o estructural vista a lo clásico. Los principios, valores, credos e ideologías han de estar al servicio del ser humano y no de los selectos grupos de poder que se atribuyen el dominio y gestión de los intereses generales de los pueblos.
  7. El concepto de soberanía popular y democracia choca directamente con esa concepción de dominio y gestión del mundo desde los despachos, entre bambalinas, que regentan los poderosos del dios dinero. Bienvenida la democracia siempre que elijan a los gobernantes que nos interesan, clamarán desde esos despachos.
  8. El efecto colateral aflora cuando es imposible controlar el integrismo cultivado y potenciado para eliminar al enemigo establecido en la geoestrategia, al que se le soportará determinada actividad en determinadas esferas pero no en el corazón del dominador, al menos que de ello se saque algún tipo de provecho.
  9. Entonces… ¿Cómo resolver la crisis planteada con el desmarque de los inoculadores del terrorismo yihadista? Esa es la gran pregunta.
  10. Si el yihadismo ha surgido ideológicamente del mundo musulmán, es este mundo, con el apoyo de la civilización occidental, el que debe eliminarlo, neutralizarlo desde la desautorización y condena, desde la beligerancia, desarmándolo ideológica y religiosamente. El principal actor en esta lucha antiterrorista ha de ser el mundo musulmán, sintiéndose integrado, apoyado y respetado por los estados laicos occidentales. El porcentaje de muertes en actos terrorista en inmensamente superior en los países musulmanes que en Europa u occidente.
  11. Al constructo Estado Islámico no se le puede dar crédito, no se trata de una guerra entre estados, sino de la persecución de actos criminales cometidos por sujetos que violan el derecho a la vida, sujetos que no son súbditos de otro estado, sino del que consta en su pasaporte.
  12. Es imprescindible el diálogo entre rusos, europeos, americanos y fuerzas locales para estabilizar la región y crear estructuras de poder, viables y competentes, en un marco de cooperación y desarrollo de la zona desde la singularidad de cada país. No es la guerra la solución, sino el desarrollo de este punto. Hace falta una solución a largo plazo que no es la militar, sino una solución política y diplomática que no sea una reacción a actos de violencia.
En fin, estas son las posibles conclusiones que pudieran sacarse de las exposiciones y debates que se dieron. Pero, como ya he dicho, cada cual, desde su singularidad y personalidad, sacará los propios.






jueves, 26 de noviembre de 2015

La semilla

El autor en 1960

La revista Terral acaba de publicarme este relato, pero como hay gente que comenta no poder acceder a la misma, dejo el enlace a la citada revista y lo complemento con el texto que se publica. (Para acceder a la revista cliquea en la palabra Terral que soporta el hipervínculo. Es el segundo de los tres relatos que se publican).


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Apoyado en el quicio de la puerta, un niño de ocho años, observaba las calles de la aldea esperando la vuelta de sus padres tras su agotadora jornada de trabajo en el campo. Era un día gris y nublado, del incipiente otoño de 1958, que empezaba a castigar con su brisa las mejillas churretosas e infantiles de los niños a la salida del colegio. En muy poco tiempo se había pasado del tórrido verano a un octubre amenazante e inhóspito, precursor de un gélido invierno. El menesteroso vestuario se hacía evidente para dar protección de la imprevista conducta del alocado clima y un ligero temblar le mostraba su insuficiente indumentaria para acometer el cambio de temperatura que se iba manifestando poco a poco. Al fondo, en la realenga, donde los carruajes y las bestias habían plasmado su impronta dejando una irregular superficie, observaba el lugar por donde deberían aparecer los hombres y mujeres que volvía cansados de las labores del campo, mientras un remolino jugaba con la tierra y elevaba el polvo, como un manto, tamizando el horizonte. Empezaba a sentir frío y hambre. Sus amigos y compañeros ya estaban a cubierto en sus casas, mientras él esperaba en la puerta la gratificante imagen de sus padres, sus caricias y protección, sus cuidados y esmero, que le proporcionaban esa sensación inenarrable de seguridad… ¡Dios mío, que no me falten nunca! pensaba el chiquillo. Sentía escalofríos solo con figurarlo, y volvía a su mente la imagen de Pedro con su tos incontrolable y sanguinolenta, que le había llevado a la tumba dejando una caterva de chiquillos hambrientos y desamparados, bajo el paraguas de la madre indefensa.

Su faz denotaba cierta preocupación, su mirada extraviada y a la vez expectante, mostraba la angustia de la espera. El sol, con su misión cotidiana cumplida, se inclinaba suavemente sobre el horizonte buscando el merecido descanso, dando paso a una luna creciente embajadora de la noche. El día había hecho estragos en su estampa y, la pulcritud matinal, dejada por el amor de la madre antes de su marcha a los campos, dio paso a su aspecto desaliñado y churretoso. Cabeza rapada para ahuyentar piojos, sandalias de goma, pantalón corto marcado con manchas y parches y, a la par, zurcidos primorosos, camisa de corte casero repleta de lamparones producto de las travesuras, de sudor y tierra, de llantos y risas, de golpes y abrazos, de juegos de niños semiabandonados.

Al frente se yergue la nueva construcción de una caseta que ampara al transformador que ha modificado la aldea. Hasta ahora, junto a las chimeneas, solo las lámparas de carburo, quinqués y candiles cargados de historia, habían alumbrado las lúgubres noches otoñales. Aquella mágica luz que guardaba la caseta y fluía por los cables le maravillaba. Su padre le había explicado el extraño mecanismo del invento y empezaba a comprender, a su temprana edad, que aquello cambiaría la aldea, que las cosas ya no serían como antes.

En su casa, la primera radio que había visto en su vida, le fascinaba. Su padre sintonizaba emisoras, escuchaba el parte, se distraía con el cante flamenco y las voces de Antonio Molina, Juanito Valderramas, Antonio Mairena, La Paquera, La Niña de los Peines… Un sin fin de coplas y cantares que le alegraban el crepúsculo. Era un gran aficionado al cante; incluso cantaba en los encuentros con los amigos en el bar y durante las faenas del campo. Sus coplas estaban cargadas de pena, de amores frustrados, de amores de madre y de hijos. Otras veces eran de alegrías y cantos de vida, de holganza y requiebros, de enamoramientos. En ese momento, dejándose llevar por el subconsciente empezó a tararear la cantinela: “El preso número nueve ya lo van a confesar, está rezando en su celda con el cura del penal…”

Pero hace ya unas noches fue distinto. Esa noche le observó sintonizando en la radio, con un sonido chirrión de onda corta, otra emisora. El volumen bajo, casi imperceptible si no estabas cerca. Al final una voz de mujer con tono chillón anunciaba Radio España Independiente, la Pirenaica. Empezó a escuchar proclamas extrañas, hablaban de Franco, ese hombre tan bueno, según la maestra, que salvó a España de tantos males, de los malvados comunistas, de los que atentaban contra la religión y querían destruir España. Pero esta mujer no decía eso. Lo ponía de asesino, sanguinario, traidor y fascista, dictador amigo de Hitler y de Mussolini. Pronto caería su régimen y volvería la república para liberar a los trabajadores del yugo del capital, pregonaba.

Entonces tuvo miedo. Miró a su padre con preocupación esperando respuestas, pero él seguía con la oreja pegada a la radio, como ausente, embebido en el tono y el verbo de aquella señora que iba revelando cosas que no comprendía. Su madre no dejaba de repetirle que un día tendrían un disgusto, que alguien podía oírlo y decírselo a los civiles que le llevarían detenido al cuartelillo. Él ya sabía cómo se las gastaban los civiles, los otros niños mayores comentaban sus actos, las palizas y amenazas, el desprecio y la soberbia que les caracterizaba para con los vencidos en la pasada guerra y el servilismo que practicaban con los vencedores. No obstante, la magia de la radio le llamaba y, con ella y aquel discurso extraño, abría la puerta de otra dimensión desconocida e intrigante.

Entonces el mundo cambió para él. Todas las noches, sin que sus progenitores se dieran cuenta, se acercaba a la radio para oír lo que decía aquella mujer y otros que también hablaban. Disimulaba para que sus padres no notaran su interés, para que los civiles no pudieran descubrir que lo oía todo. Por la noche daba vueltas a las cosas intentando descubrir que había detrás de todo aquello. Perdió la fe en lo que decía la maestra, empezó a descubrir la injusticia y el abuso del señorito, a sentir pena por el campesino explotado que rendía su gorra al paso del soberbio señor en su caballo. Le habían puesto en cuestión el sistema y el orden que lo mantenía. Aquello no tenía por qué ser así. Por primera vez vio al señorito en simetría con los demás y empezó a no comprender las diferencias; si su padre trabajaba la tierra más que el dueño, si los frutos que daban eran producto de su trabajo, por qué el señorito solo se limitaba a recoger los beneficios. Algo no cuadraba, la tierra estaba aquí antes de que llegaran los hombres, por tanto, no podía ser de nadie en concreto, salvo los frutos de la labranza. La había creado Dios y se adueñaron de ella unos y no otros. La tierra era de aquel señor serio y déspota, que recibía el fruto del trabajo, mientras su padre lo ejercía sin mayor provecho. En su corto entendimiento empezó a pensar que solo se podía ser dueño de aquello que uno había hecho, que había creado el hombre con los recursos de la naturaleza. Algo no encajaba…

La verdad es que se acababa de sembrar una semilla. Esa semilla daría su fruto dentro de unos años. Esa semilla era la semilla de la duda, del cuestionamiento de todo, del pensamiento libre y de la búsqueda de la razón y el sentido de la vida. Había pasado del conformismo y de la entrega sumisa, al campo del librepensador, de la duda y la pregunta eterna. Había iniciado su huída de la mediocridad. En ese momento empezó a asimilar que su lugar no estaba en el campo al servicio del señorito, que debía estudiar para ser maestro, abogado, médico o cualquiera otra profesión que le sacara de allí, que le pusiera en otro lugar para reestructurar al mundo que se le había venido abajo y escapar de aquella nada. Tal vez la semilla del humanismo empezó a arraigar en su interior, ese humanismo sobre el que pivotaría el cambio de la España de los 70... Cuántos niños fueron inseminados en esas circunstancias... habría que dejar crecer ese árbol para recoger el fruto... ¡El futuro se estaba sembrando!

martes, 24 de noviembre de 2015

Unas migas en familia

Brígida Perez Ruano

Dentro de los temas que suelo colgar en este blog, llamado Cosas de Antonio, a veces afloran cuestiones de tipo personal y familiar, son mis cosas, que comparto con la gente. Este es un caso de ellos que, posiblemente, solo les interese a los lectores de mi entorno familiar, a los que va dirigido especialmente.

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A las migas, para valorarlas en toda su extensión, se le habría de adosar una “a” al inicio, pues haciendo las migas se hacen amigas y amigos. Cuando el frio se asoma en el otoño, las migas suelen ser un buen elemento o reclamo para unir a la gente en encuentros familiares y de amistad. Compartir unas migas es una excelente oportunidad para verse y disfrutar en familia de una buena mesa con charla, recuerdos y emociones de un pasado común que se asoma a la memoria rubricada por la sangre que compartes con tu gente.
 
Preparando las migas
El ritual de su elaboración ya es significativo de por sí. Condimentos elementales, básicos, conjugados con el arte en la cocina del pobre, que las elevan a manjar divino: pan duro o asentado, aceite, agua, ajo, sal… y lo que fuere intra o sobre las migas… chorizo, pimientos fritos, melón, granada, etc… tropezones que le vas añadiendo para darle un toque personal y a tu gusto, en función también, por qué no decirlo, de tus recursos, pues se solía arramblar con aquello que había más a mano por la casa.

Pero lo más importante es el entorno que se crea. Mientras se hacen, con ese meneo continuo en la sartén y la colaboración de los comensales, se establece un ambiente de charla distendida acompañada de un picoteo para matar el tiempo de espera. Allí se habla de todo y, si se es prudente, se evitan los temas espinosos que te lleven a la discusión. Es oportuno estudiar el ambiente y ver por dónde anda cada cual para valorar el nivel de implicación y el posicionamiento ideológico, religioso, incluso, deportivo; los temas de política, de religión y de deporte suelen despertar pasiones que pudieran frustrar y estropear una buena comida. Por tanto, busquemos aquello que nos une para poder compartir con el grupo y evitemos lo que nos lleve al desencuentro, no seamos impertinentes. Para comer y hacer una buena digestión es necesario un excelente estado de relajación, un ambiente sosegado.

Hoy, en casa de mi prima Carmen, nos hemos reunido un grupo significativo de descendientes de Brígida la Portuguesa, la mayoría de su hija Carmen, y yo de su hijo José (el Cosario). Conocí a Ana y José, también nietos de Carmen la Portuguesa, por parte de su hija Carmen y de su hijo Mariano, y me reencontré con mi tío Juan Manuel y sus tres hijos, Carmen, Dolores y José, sus parejas y algunos de sus descendientes, jóvenes ellos. Bonito encuentro que quiero agradecer a Carmen como anfitriona por la oportunidad de remembrar los viejos tiempos:

-¿Te acuerdas de los altares que hacía la abuela en el Corpus?
-¿Y de sus saetas al paso de la procesión?
-¿Y de sus ramos de flores y coronas?

La familia a la mesa
Claro que nos acordamos, todo el pueblo la recuerda. Fue una mujer bondadosa y valiente, como su madre, la bisabuela Brígida, que crió a 11 hijos tras quedar viuda muy joven. Ella, Carmen, también enviudó joven y crió a sus cinco hijos con solvencia y cariño. A mi tía Carmen (mi chacha Portuguesa), de la que tengo un recuerdo excelente de las visitas que le hacíamos cuando mis padres venía al pueblo, le tengo dedicadas unas quintillas en mi libro “Cuevas de San Marcos, entre fotos y versos”, que dicen así:

Fue la hermana de mi abuelo
esta mujer singular
que nos mostraba lo bueno
de su saeta al cantar
a su Cristo nazareno.

Dominó con maestría
el tocado de las flores,
lindos altares hacía
poniéndole mil amores
para el Corpus en su día.

Crió cinco muchachillos
con un cariño evidente,
niña y cuatro chavalillos
que confirmará la gente
que fueron buenos chiquillos.

Carmen Porras Perez
Luego dimos un repaso a los hijos de Brígida, nuestros prolíficos abuelos que nos hacen una familia extensa. José, Mariano, Antonio, Gregorio, Silverio y Brígido (que falleció ahogado siendo joven al bañarse en el río Genil en la Aceña) y las chicas: Dolores, Teresa, Africa, Carmen y Mercedes si no recuerdo mal. Más de un centenar de primos segundos se dan la mano en esta generación, todos biznietos de Brígida Pérez Ruano, apodada “Brígida la Portuguesa”.

Mi tío Juan Manuel, hijo de Carmen la Portuguesa y nieto de Brígida, es un testimonio vivo de la historia familiar y nos trajo a colación los recuerdos de la guerra. Cuenta que cuando entraron los falangistas (caballista de Lucena) en el pueblo y empezaron a hacer tantas barbaridades, matando gente en plan sumario, abusando y humillando al personal, ellos se fueron a la casa de mi abuelo, a la Aceña, allí estuvieron hasta que se calmó todo y pudieron volver a casa sin peligro. Él lo hace presente con lucidez, pues tenía 13 años y fue consciente de todo…

Aquí empezamos a recordar los ancestros.
-¿Sabéis porque se les llamaban los portugueses? Yo os lo cuento:

José Porras Perez
A principio del siglo XIX aparecen por el pueblo dos sujetos provenientes de una localidad del norte de Portugal llamada Riba de Ancora, muy cercana a la frontera con Galicia. Se trataba de Felipe Pérez Albarez (este Felipe sería el abuelo de fray Crispín, al que acaban de beatificar por haber sido asesinado en la guerra civil) y José Perez Rodriguez, que sería el abuelo de la bisabuela Brígida y que, en principio, no le toca nada al tal fray Crispín, tal como demuestro en la entrada de mi blog titulada:  Mi bisabuela y fray Crispín (Una investigación de parentesco) (si quieres leerlo cliquea en el título), pudiendo admitirse, como algo probable, que los dos sujetos fueran primos hermanos como mucho, dada la coincidencia de su primer apellido.

Pero por la fecha en que se casa José (1812) debieron llegar en plena guerra de la independencia, tal vez de la mano de las tropas portuguesas que apoyaron a los opositores a Napoleón, comandados por el General inglés Arthur Wellesley, más conocido por su título de duque de Wellington. Esto, lógicamente, lo planteo como mera hipótesis, pues no tengo documentación al respecto. Podría haber otras hipótesis, como que formaban parte de los grupos de extraperlistas o de contrabando que tanto abundaban por aquellos tiempos en la “relación comercial” entre España y Portugal, en las que el pueblo tenía su protagonismo dado su aislamiento geográfico, lo que le permitía cierta impunidad. También, volviendo a la primera hipótesis, en la guerra contra la Francia napoleónica, se aplicaba una guerra de guerrillas, al estilo bandolero, con sus partidas y estrategias que llevaban locos a los franceses. Luego, sus componentes, se asentaron en diversos lugares donde fueron acogidos y se integraron estableciendo lazos y vinculaciones familiares. Tal vez ellos dos formaran parte de una de esas partidas. En muchos casos, tras el desencanto y la desesperanza que trajo el fin del conflicto que no les integró en actividad alguna, esas cuadrillas ejercieron el bandolerismo que marcó el siglo XIX hasta su conclusión, en una confrontación sistemática, hasta la creación, en 1944, de la Guardia Civil para combatirlo.

Pero volvamos al caso. Ambos casaron con jóvenes de Cuevas Altas. Felipe con María Valberde Contreras y José con Antonia Quevedo Fernández. Ahora vayamos a nuestro retatarabuelo (José Pérez Rodriguez), que se casó, como ya he referido, en 1812 con la citada Antonia Quevedo Fernandez (En algunos lugares la encontré como Ana Quevedo Melchor), de la que nació el tatarabuelo José Perez Quevedo (el famoso Pepe el Portugués, que en el registro consta como de profesión albañil, pero ejercía otras actividades en negocios y empresas no muy recomendables). Pepe contrajo nupcias en 1854 con Rosario Ruano Granados, una joven veinteañera que vivía en la actual plaza de la Constitución (en aquellos tiempos se llamaba plaza del Mercado), y en concreto, en la casa que hoy habita mi prima Carmen López (de los Chivildos), en el rincón por encima de Galerías David, donde, al parecer, los padres de la novia tenían una posada, y se quedaron a vivir allí.

Gregorio Porras Perez
De este matrimonio, Rosario y Pepe, nacería en 1859 la bisabuela Brígida Perez Ruano, la Portuguesa, que allá por 1881 se casó con Mariano Porras Repiso, un año mayor que ella y del que enviudó joven, pero la dejó cargada con los ya mencionados 11 hijos. Pepe el Portugués, tiene una interesante historia, en el convulso siglo XIX, que da para otra larga velada cargada de migas y charla, solo os diré que en el Borge existe un hotel cuya habitación número 4 lleva su nombre. Os dejo esta foto, que seguro no la conoceréis muchos...

Los diferentes hijos e hijas de Brígida corrieron distinta suerte, quedando unos en Cuevas y otros emigraron a diversos lugares de España. Por ejemplo, la tía Mercedes casó en 1902 con un feriante llamado Manuel Mancheño Cejas que venía al pueblo vendiendo turrón, de cuyo matrimonio nación un hijo llamado José Mancheño Porras. Este tal José es el padre del afamado cantaor flamenco, ya fallecido, Manuel Mancheño Peña, apodado “El Turronero” por tener sus padres este oficio en las ferias (Ver enlace). Nació accidentalmente en Vejer de la Frontera en 1947, pero su vida la pasó en Utrera, por lo que se considera hijo de esa villa. Murió en 2006 de un infarto cerebral cuando contaba 59 años. Trabajó con Antonio Gades y Paco Cepero, viajó por el mundo con su cante y fue un famoso cantaor en los años 70, con una amplia discografía. Al final os presento una grabación de un encuentro flamenco, con mesa velador y copas de vino, junto a Camarón, Paco Cepero y Paco de Lucia allá por 1972.

Ya que fray Crispín no tiene nada que ver con nosotros, como queda demostrado en mi investigación publicada en mi blog, contamos en la familia con un sacerdote, aunque acabó colgando los hábitos, casándose y teniendo hijos. Me refiero a Mariano Porras del Pino, que fue cura de Cómpeta allá por los años 60, donde vivió en compañía de su hermana Brígida, que casó allí con el dueño de los autobuses que conectaban con Málaga y falleció joven. Creo recordar que el marido se apellidaba López, si la memoria no me falla.

La hija África Porras Perez y su familia creo que andaban por la Bisbal, pues cuando yo vivía en Barcelona solía visitarnos uno de sus hijos que venía a ver a mi padre. También hay allá, en Cataluña, descendientes de Teresa (un nieto suyo ha sido alcalde del pueblo hace dos legislaturas), de José (mi propio hermano y varios primos), de Carmen (Dolores, José y Ana aquí presentes), etc. tenemos una buena muestra hoy a la mesa.

El más longevo fue Antonio el Portugués, que vivió en Vadofresno hasta casi cumplir los 100 años, para los que le faltaban dos meses si la información que tengo es correcta. Yo le recuerdo con 90 y muchos años yendo a la huerta montado en su mula y haciendo sus labores de hortelano.

En fin, si hablamos de todos los descendientes de Brígida, de los apodados portugueses, no acabaríamos nunca y nos faltarían espacio y datos. Yo propondrían un encuentro donde nos citáramos todos los herederos de Brígida Perez Ruano y Mariano Porras Repiso en una comida en el pueblo donde vivieron y afloró tanta prole, pero ese proyecto lo dejo en el aire para mejor ocasión, para otras migas “a la portuguesa”.

Y ahora, querida prima, pásame esa copa de vino, esas zanahorias morás tan bien aderezadas y el relleno que ha preparado Granizo, que son símbolos de la cultura culinaria del pueblo, por el que brindaremos desde la distancia, porque el pueblo no son sus casas, sino su gente y estará presente allá donde estemos los cuevachos: Brindo por todos los descendientes de Brígida la Portuguesa, en especial de su hija Carmen y por los paisanos a los que nos liga la sangre… chin-chín. Después, tras degustar esas excelentes migas que has preparado, con todo lo que le acompaña, hincaremos el diente a esas empanadillas de cabello de ángel que hemos traído del pueblo, a ver si ese cabello del tal Ángel me hace salir el mío y me puebla el flequillo. Por cierto, el pastel de zanahoria morá, que habéis hecho Carmen y Dolores, estaba de muerte, nos tienes que pasar esa receta.

Y ahora podéis escuchar al pariente Turronero, en esas bulerías que os prometí.




sábado, 21 de noviembre de 2015

Ya son 40 años




MIENTRAS UNOS DESCANSAN EN SUS TUMBAS FARAÓNICAS REVESTIDOS DE BOATO, HONOR Y HONRA, OTROS SIGUEN SUFRIENDO EL OLVIDO EN LAS CUNETAS...

TRAS 40 AÑOS DE LA MUERTE DEL DICTADOR, SUS VÍCTIMAS SIGUEN PIDIENDO JUSTICIA, MIENTRAS LOS HIJOS DE FRANCO LE SIGUEN OFRECIENDO OLVIDO Y SU DESPRECIO.

HOY QUIERO TRAER AL PRESENTE SU RECUERDO PARA QUE NO MUERAN NUNCA EN NUESTRA MEMORIA.


El olvido es la deshonra, es la muerte histórica de los asesinados y arrojados a las cunetas. Es volverlos a matar ahora, cada día, pues deberían renacer para dar fe de los hechos y de la memoria, de sus vivencias y verdades, para contrarrestar a las verdades y cuentos que nos presentaron sus asesinos, en este contexto político afín al que ellos defendieron y por el que murieron, como es el sistema democrático. Y digo renacer para volver a enterrarlos en sus tumbas desde la honestidad y el reconocimiento, para que gocen del honor y consideración de los ciudadanos que se identifican con los principios y valores de la democracia.

El olvido es dejar las cosas como están, como las dejó el gran dictador, como las pactaron sus herederos ideológicos, con la historia falseada, para ceder sin perder, para seguir ganando, para mantenerse en sus trece sin condenar el totalitarismo franquista, despreciando a los vencidos, a los que lucharon por la Democracia que se intentó plasmar en la República.

El olvido es la connivencia y la complicidad con los crímenes de un pasado que claman justicia para que se sepa qué y cómo pasó todo. El que olvida y no exige la verdad, el que acepta como mártires a religiosos y a los del bando ganador, mientras se olvida de los otros y los desprecia, es cómplice del crimen de lesa humanidad. Al crimen se puede, incluso, perdonar, pero no olvidar, es más, para hacer justicia histórica y aprender del pasado se han de clarificar todos los hechos y explicarles a estas generaciones, que no tomaron parte en ellos, lo que realmente pasó. Ellos no deberán sentir vergüenza por las atrocidades que cometieron sus abuelos, pero deben saberlo para evitar que se produzca de nuevo.

El cinismo de algunos se ve cuando se les llena la boca con la defensa de las víctimas del terrorismo de ETA y del integrismo islamista y se olvidan de otro mucho mayor, de más trascendencia y muerte, que sigue condicionando la convivencia entre los españoles y lastrando su futuro, como fue el terrorismo de la guerra y, sobre todo, la posguerra, época de dolor, de marginación, humillación, desprecio y sometimiento de los que no comulgaban con el franquismo; castración de pensamiento e ideas, manipulación, adoctrinamiento ideológico y religioso excluyente, miedo a la represión si te salías del cascarón que te habían diseñado y colocado, sumisión sumisa… “su misión” era la defensa a ultranza del régimen y su ideología, todo ello aderezado con los mandamientos propagados desde “su misa” dominguera y de fiestas de guardar, desde el control del pensamiento en confesión, desde la creación, de la mano del clero, de una conciencia represora de cualquier intento de pensar libremente, aquel clero que paseaba al dictador bajo palio y bendecía sus actos mientras tamizaba las ideas de los feligreses.

Los españoles de cualquier ideología o credo merecemos un reencuentro desde la lealtad histórica, desde la clara intencionalidad del acercamiento, desde el rechazo a un pasado vergonzoso y cruel, para poder darnos la mano y arrojar, definitivamente, los fantasmas del ayer que van lastrando el presente y condicionan el futuro.

Parafraseando a Arias navarro: ¡ESPAÑOLES, FRANCO NO HA MUERTO!, no estará muerto hasta que no se le entierre finalmente en la tumba de la historia que merece por sus actos. Franco debe morir definitivamente y dar paso a otra era que trate por igual a todos los muertos y dejen en la memoria justa aquella etapa. Se honró a los vencedores desde la misma guerra, a la par que se denostó y deshonró a los vencidos, y ahora se les sigue castigando con el olvido. No se pueden quejar los familiares de los muertos del régimen franquista y deberían empezar por comprender las exigencias sociales y familiares para clarificar la historia y dar el adecuado trato a los españoles cuyos cuerpos permanecen en fosas comunes.

Pues bien, como el olvido es la muerte, yo quiero hoy acordarme de los asesinados que yacen en la cuneta para que sigan vivos en nuestra memoria, pues los otros ya han sido honrados y elevados a los altares desde el mismo momento que el régimen ganó la guerra.

Por tanto: ¡HONOR A LOS DEFENSORES DE LA REPÚBLICA Y LA DEMOCRACIA QUE YACEN EN LAS CUNETAS!


Señores gobernantes: ¿Cuándo toca honrarles y hacerles justicia? Aquí no caben tibiezas. No nos vale que la derecha, que se asoma en nuevas caras buscando el voto, nos diga que el pasado se ha de olvidar, que lo importante el presente sin mirar atrás; sin comprender que el pasado siempre estará presente mientras siga clamando justicia y pida a gritos que se le trate desde la verdad histórica para que no sea olvidado en su justa dimensión, evitando que se transmita al mañana la falacia de un grupo que venció por las armas y calló con sus balas la verdad. Si ustedes, y me refiero a su grupo señor Rivera, olvidan el pasado y su injusticia, como forma de librarse del estigma de su sospechosa adhesión al franquismo, serán cómplices de ese pasado y de sus actos. 

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Hoy me viene a la memoria esta canción de Lluis Llach que compuso como homenaje a las víctimas de la matanza de Vitoria del 3 de marzo de 1976. Yo quiero hacerla extensible a todos aquellos que murieron asesinados vilmente durante la contienda civil y a manos del franquismo en la represión de la posguerra y que siguen olvidados en las fosas comunes que deshonran a la nación española y sus gobiernos.

martes, 17 de noviembre de 2015

El espíritu libre


Tal vez, hoy más que nunca, tome consistencia esta frase mía, a raíz de lo visto en Paris. Aunque yo no sea creyente en los dioses que se nos presentan desde los credos monoteístas o politeístas que han determinado nuestra evolución y estructura social, con todos sus conflictos guerras y confrontaciones, he de decir que en el supuesto de que existiera ese Dios y fuera cierto que creó al hombre, que ya es suponer, es evidente que lo hizo dotándolo del librepensar, de la capacidad de discernir para establecer los criterios sobre el bien y el mal, sobre su forma de actuar y las consecuencias de sus actos. (Puede que venga a cuento otra reflexión que ya publiqué en este blog en el año 2007 con motivo de la reforma del Estatuto Andaluz, titulada: "Deje que me salve yo". Ver aquí)

Entiendo que, en todo caso, ese Dios te da libertad para que te desarrolles en el mundo, para que aprendas a relacionarte con la gente desde el respeto a  la diversidad y a resolver y afrontar las circunstancias singulares por las que has de transitar; puesto que nos creó a todos, a nadie ha de crear por encima de nadie. En ese sentido, se habla de un juicio a tu muerte donde se valorará lo que has hecho bien y mal, lo que has aportado o destruido respecto a los demás. Lo que has contribuido al crecimiento de la sabiduría y progreso social y espiritual, a la elevación del ser humano hacia la perfección.

Luego, las religiones en general, establecieron normas estrictas, dogmas incuestionables y definieron esa perfección en base a principios básicos inherentes al propio ser humano, haciendo suyos esos mismos principios generales que los humanos, por su propia evolución social, han ido perfilando. También establecieron algunas formas de trampearla con mil justificaciones, hasta permitir y convivir, cuando no potenciándolas, desde las propias estructuras jerárquicas, que dice “haz lo que digo pero no lo que hago”. Por otra parte, llegaron a aliarse con el poder terrenal hasta tal punto que se confundió con él, incluso se endiosó al emperador, al faraón, o se promulgó que era rey por la “Gracia de Dios”, recientemente, en España, incluso “Caudillo por la Gracia de Dios”. Bendecir la guerra, responsabilizar a Dios de los deseos belicosos de los hombres, buscar su alianza y consentimiento, seguir la voluntad divina en la batalla contra el enemigo, que encarnaba siempre, y encarna, la representación del mal, es una constante en cada religión. No hay más que leer el Pentateuco para ver cómo se establece esa alianza del pueblo de Israel con Dios, cómo se refuerza al poder real y el de los sacerdotes, y cómo se estructura esa sociedad (Aconsejo leer el libro: La Biblia desenterrada, de Finkelstein y Silberman). Por tanto, a nivel general, las religiones hicieron de bastón o muleta para sostener lo insostenible, incluso, en estas fechas, reinos integristas que desprecian los propios derechos humanos y establecen leyes doctrinarias y arcaicas que frenan la evolución hacia la que ese Dios orientó, a mi modesto entender y suponiendo su existencia, el proceso de desarrollo humano.  


El tema da muchos de sí y yo lo dejo aquí. Pero si Dios  creó al hombre libre para que creciera en libertad, el hombre, en su poder y dominio, creó las religiones para someterlo al poder de los grupos dominantes. Tal vez sea más acertado seguir los planteamientos de Nietzsche cuando invierte el dicho y plantea: “El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza”. De esa forma, el propio ser humano que ejerce el poder, establece la religión como alianza para someter la libertad  del hombre. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Arriba España y abajo África, geográficamente.


Cuando estudiaba psicología era muy habitual encontrar en los servicios de la facultad algunos grafitis cargados de gracia y ocurrencias. Recuerdo que uno de ellos se fue escribiendo por partes. Un día encontré escrito: ¡ARRIBA ESPAÑA! Al otro día alguien, con cierto gracejo, anotó debajo: Y ABAJO AFRICA. Al poco tiempo vi la contestación de otro que entraba en liza diciendo: GEOGRÁFICAMENTE. Para concluir, pues ya no sé si alguien más continuó con el cachondeo, apostilló el último: OBVIAMENTE. Quedó, pues, la cosa así:
·        ¡ARRIBA ESPAÑA!
·        Y ABAJO ÁFRICA
·        GEOGRÁFICAMENTE
·        OBVIAMENTE

Hoy se me vino a la memoria aquella pantomima de la facultad donde se tomaban determinadas consignas como algo anacrónico, y vinculadas con el régimen de Franco, ya caduco, pero con humor y guasa, en un soterrado conflicto entre el pasado y el futuro. Los tiempos estaban cambiando y las formas también. Cuando se pretendía hacer una España nueva, diferente, donde cupieran todos, aludir a una facción que dilató cuarenta años la dictadura era, cuanto menos, un atentado al sentido común, sentido que nos llevaba a pretender el encuentro y establecer un sistema de convivencia donde se incluyera a todos.

Por eso me sorprende que, en estos tiempos, la señora secretaria general del PP-A, Dª Dolores López Gabarro haya dicho (cito):"Nosotros no somos 17 partidos, eso son otros. Nosotros somos un partido en 17 comunidades con un único mensaje, y lo decía antes aquella señora: ¡Arriba España!".

Está en su legítimo derecho a hacerlo, en el caso de que así lo sienta, pero no es honroso que luego se eche atrás. Entiendo que cada cual es muy libre de sostener y mantener honradamente sus ideas, desde el respeto a las de los demás, claro. En todo caso, es rechazable, sistemáticamente, el intento de imponer las propias por la fuerza, la coacción o la intimidación, vengan de donde vengan.  Por tanto, alabo la expresión de la señora López como forma de definir su verdadera ideología respecto a la identidad de esa España que ella pretende y defiende, aunque me pese y observe la imposibilidad de poder dar solución política, desde esa perspectiva, a la problemática de la respetable diversidad de los pueblos de España y el tufo o reminiscencia que pudieran desprenderse de tal “grito de guerra”.   

Pero, para una mejor comprensión de lo que digo, permítaseme un pequeño apunte. El lapsus, o expresión desafortunada, como han venido en llamarle ella misma y sus adláteres, siempre tiene una relación directa con lo que el subconsciente encierra. Freud diría que el sujeto que comete el lapsus linguae sufre un conflicto interno, ya que manifiesta algo de lo que no está seguro ni convencido. De aquí se deduce que (presuntamente) no expresaría lo que sentía, que era otra cosa distinta al discurso, sino lo que estaba interesado en decir. La explicación que Freud da a esta situación es la del afloramiento de lo reprimido, que se produce como norma general a causa de momentos de estrés o angustia. El lapsus vendría a corregir eso que anda manifestando y que no corresponde a su verdadero sentir. Es decir, ibas a decir algo de lo que no estás convencido, pero en el trajín y acaloramiento del discurso hay un hecho que dispara tu subconsciente y hace aflorar lo que de verdad querrías expresar. Alguien lo grita: ¡Arriba España!, el contexto represor del mensaje subliminal ha desaparecido, o se ha relajado, y entonces, ante la relajación de la autocensura impuesta por el superyó, sueltas la verdad de tu pensamiento de forma directa o simbólica, como es el caso, en un contexto de cierta intimidad del grupo con el que te identificas y que comulga con ese planteamiento.

A partir de aquí, a mí, las dudas que siempre mantuve respecto a este partido se decantan. Estas cosas le dejan a uno preocupado, pues, aún sabedores, desde tiempo ha, que el PP es un partido, en gran medida, hijo de la ideología del franquismo, en lo referente a la concepción de la España territorial, absolutista, tradicionalista, católica y entendiendo a los ciudadanos como súbditos de esta concepción, estos lapsus vienen a confirmar que la ideología del viejo régimen no ha muerto y que sigue viva en el subconsciente de muchos de los llamados demócratas de conveniencia o reciclados en forma pero no en fondo. Eso es natural, pues durante 40 años se nutrió y cultivó en las escuelas, medios de comunicación, iglesias y en el contexto de la sociedad, por tanto es imposible que no haya germinado, que no haya gente que comulgue que las ideas franquistas y eso lo hemos de aceptar como algo natural, como una realidad incuestionable, aunque en ningún caso como algo democrático, en tanto esa ideología no conlleva el respeto a las ideas de los demás. Sabemos, pues, que no se puede servir a Dios y al Diablo, por lo que no se puede ser franquistas y demócrata a la vez. Cuando alguien defiende, de la forma que fuere, al viejo régimen estaremos ante un fascista solapado convertido por conveniencia a la democracia. No hablo de todos los miembros de ese partido, claro está, sino de aquellos que se esconden tras el mismo como demócratas y en el fondo mantienen su idilio con el dictador y su añorado régimen, en mayor o menor grado, si bien sospecho que son muy numerosos.

Uno de los aspectos que identificó al singular fascismo que promovió el alzamiento fue, sin duda, la concepción de España desde los valores tradicionales, con un poder centralista, que ya en el siglo XIX nos arrastró por civiles guerras entre absolutistas y liberales, fuerzas centrípetas y centrífugas de una España convulsionada por la incompetencia de reyes, políticos y militares. Una especie de Altar y Trono (en este caso caudillo) como forma de vertebrar el país, un nacional-catolicismo, pero matizado por las nuevas ideologías emergentes en los años 30 en la Europa Italo-alemana. El fascismo entendió España como una entidad de pensamiento único soportado en un credo religioso tradicional, descalificando cualquier otra ideología, en lugar de observar en ellas otras visiones singulares que, en libertad, desarrolla el ser humano pensante. El ciudadano era súbdito, no soberano. Por tanto el que no pensaba como ellos no era un español de bien y se podía considerar como un ignominioso traidor a la patria, a esa patria que ellos cultivaban y que, por tanto, no merecía vivir si no se sometía. La pregunta del millón es: ¿Cuánto de eso persiste en el subsuelo del partido heredero, fundado por D. Manuel Fraga?

Me pegunto: ¿Cuando alguien refiere que no son 17 partidos, sino uno que dice lo mismo en todos lados, da a demostrar que no respeta la singularidad de los pueblos, que elude las diferencias, la diversidad, y que lo suyo es adoctrinar para que esas diferencias desaparezcan y todos se sometan a la idea única? Es posible que así lo entiendan en el PP y, por tanto, se hayan judicializado las diferencias políticas, renunciando a la negociación y al consenso, donde siempre se ha de ceder algo para recibir otro algo a cambio. Todos sabemos, o deberíamos saber, que los pueblos tienen su singularidad, su idiosincrasia personal, sus matices e identidades culturales, económicas, sociales, etc. y que todo buen gobernante que se considere demócrata tenderá a intentar establecer una convivencia entre ellos desde el respeto a esas diferencias y la singularidad cultural de cada pueblo. Pero cuando, tras la confirmación de esa definición sobre el propio partido, se remacha con un ¡Arriba España! se le da el marchamo de la ideología que gritaba esa consigna con el brazo levantado en marcial saludo, como vencedores de una contienda que se pretende olvidar y no se logra.

Digo no se logra, porque el propio Partido Popular confirma las sospechas de su anclaje ideológico cuando sigue dejando en la cuneta a los fusilados y represaliados del franquismo, cuando niega el derecho de los vencidos por las armas a ser honrados como demócratas y gente de bien, cuando se le llena la boca para pedir justicia para las víctimas de ETA, cosa que aplaudo, y deja en el olvido a los del franquismo, cosa que desapruebo. Esa doble moral, viene a mostrar lo que realmente piensan y sostienen en lo más profundo de sus convicciones. No se dan cuenta que solo se cerrará esa herida de forma definitiva “zanjando” las zanjas donde están los muertos, para permitir que el purulento rencor por esos crímenes se diluya en la balsa de la justicia, entregando esos huesos a la familia y al justo descanso con su lápida y su nombre que les haga vivir en la memoria de los vivos. La ofensa se agrava cuando se subvenciona a una fundación defensora de la memoria de Franco y se retira toda ayuda y facilidad para retomar y perfilar la verdadera historia del pasado reciente y de sus víctimas, o cuando asistimos a la beatificación de religiosos con ese arrebato místico, mientras se ponen piedras en el camino que pretende exhumar los muertos de las cunetas. El otro lapsus, el de Pablo Casado en su discurso de hace algunos años en el congreso del PP madrileño, ninguneando a las víctimas del franquismo y despreciando el sentimiento de sus familiares, muestra la infamia de un pensamiento que, al amparo de la vieja guerra, sigue marginando a los contendientes del bando republicano y democrático. Hay más ejemplos, pero con estos bastan para centrar la cuestión. Por eso produce cierto escalofrío escuchar ese ¡Arriba España! en lugar de otra consigna menos simbólica y adosada al viejo régimen, compartible por todos, como por ejemplo: ¡Viva España! si bien no soy muy amigo de vivas, mueras, arribas y abajos.

Tal vez, el gran problema de nuestro país sigue siendo la educación de la ciudadanía, que continúa sin capacidad de discernir adecuadamente, sumisa a la influencia nefasta de los medios de comunicación, sin saber separar el grano de la paja, dando crédito a quien ya lo perdió de forma aplastante y creyendo en cuentos de la lechera, en promesas y lealtades a su grupo aunque este sea corrupto, con gente en sus filas de demostrado latrocinio y desvergüenza... y sálvese quien pueda. En todo caso la cuestión está en qué tipo de sujeto queremos fraguar. No es lo mismo un mediocre borrego que siga los deseos y órdenes del pastor, que un sujeto crítico, creativo y colaborador responsable y exigente, que eleve la sociedad a mayores cotas de desarrollo en el marco del humanismo holístico. Pero el asunto de la educación es muy complejo, tanto que merece otra reflexión aparte y dedicada en exclusividad al caso.