domingo, 9 de agosto de 2015

Nagasaki. Hoy hace 70 años…

Nagasaki antes y después del bombardeo

Hace 70 años, tal día como hoy, una bomba asesina remitida por el poderío americano, acabó, en Nagasaki (Japón), con la vida de 75.000 personas de forma inmediata y otras tantas con posterioridad debido a las heridas recibidas, si bien las cifras siguen siendo aproximadas. Nagasaki era una opción secundaria, tras Kokura, pero el tiempo no permitió ver esta con claridad y se eligió Nagasaki por mejor visibilidad.

Se argumentó para justificar el acto criminal que así se ahorraron muchas vidas que se hubieran perdido en combate si se invadía Japón. Truman tiene el macabro honor de ser el presidente que ordenó el bombardeo. Pero no nos engañemos, fue un acto de terror para doblegar la voluntad de los dirigentes japoneses a la vista de tanto muerto indefenso. Podían haber cogido un objetivo militar, podían, incluso, haber hecho una exhibición en un lugar menos habitado, podían no haberla usado sabedores de sus efectos letales; es más, no atacaron al palacio del emperador ni a la sede del gobierno con semejante ingenio. Pero no, ellos lo que querían era mostrar su poderío militar con aquel portentoso  e infernal artefacto y estudiar sus consecuencias. Entonces decidieron masacrar a la población civil como advertencia al gobierno, mostrando que podrían acabar con todos los habitantes de Japón, con sus ciudades, casas, industrias ya ruinosas y arrasar su territorio. Eso duele y rompe la moral del más aguerrido luchador. El japonés era soldado duro, capaz de encarar al enemigo con coraje, hasta la muerte, y vender cara su derrota, pero la frialdad del más fiero acaba diluyéndose ante el horror de la muerte de civiles inocentes y aflora la sensibilidad de todo ser humano que queda atrapado en esa tragedia de abrumadora deslealtad guerrera; tal vez, sabedores de esto, decidieron obrar de esa otra forma tan cruel. Tras Hiroshima no esperaron un tiempo  prudencial para que se convencieran los japoneses y se prestaran a la rendición, por lo que a los tres días volvieron al ataque.


Efecto de la bomba

Lo curioso es que el mismo Truman creó un organismo en la primavera de 1948, llamado Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica (ABCC) con objeto de investigar sus efectos posteriores, las radiaciones, las mutaciones en los nacidos, la evolución de las quemaduras, etc. Pobres ilusos aquellos que pensaran que su objetivo era curar a los heridos y afectados por el desastre… no, según muchos autores, no fue una comisión para curar a los afectados, sino para investigar sobre el nuevo invento, como ya he dicho. Ello llevó, al parecer, a crear grupos de muestra donde se dejó a los aquejados evolucionar a su suerte, otros se sometieron a tratamiento y todos a observación, como se suele hacer en cualquier proceso de investigación. Una maldad más añadida al acto criminal del bombardeo. Las víctimas, pues, fueron doblemente castigadas, con la bomba y con las secuelas y el sometimiento a conejillo de indias.

Mi conclusión es que a los poderosos gobernantes les importa un bledo la vida ajena, y sus decisiones las toman en función de los intereses de los grupos o países dominantes. Es la eterna cantinela enarbolada a lo largo de la historia hasta por entes y organizaciones que, en teoría, tienen un alto contenido humanista, como las propias religiones. “El mal al servicio del bien”, o sea, lo importante es el fin y no los medios; si se ha de matar se mata, si se ha de quemar se quema, si se ha de humillar se humilla…. Pero todo en función del credo o ideas que tiene el que ostenta el poder, con la intención de imponer su modelo de relación social, aunque sea con le terror.

¡Qué curioso! Estas cosas son heroicidades en el bando de los vencedores. Ese bando que todo lo justifica porque ha ganado la guerra, donde los malos son exclusivamente los vencidos, a los que se les demoniza y acusa de todo… siempre se encontrará algo que imputarles para presentarse el vencedor como víctima que actuó en defensa propia. Si no véase nuestra reciente historia: Los rebeldes traidores al orden establecido ganan la contienda y los malos son los perdedores, pues ellos se levantaron para salvar a España… Los fascistas italianos y los nazis alemanes, sus aliados, perdieron la guerra y fueron condenados, pero ellos no… es más, ni siquiera se les investigó por sus crímenes. Si hubieran sido derrotados estarían catalogados de traidores, asesinos y ladrones de la libertad… o sea, criminales delincuentes que se enfrentaron a la ley establecida. ¡Cómo cambian las cosas según quien ejerce el poder y maneja los hilos de la comunicación y la creación de los estados de opinión! De ahí que la historia esté repleta de subjetividad, pues la escriben los vencedores. Luego, el trabajo de investigación de los historiadores académicos, puede arrojar algo de luz sobre el asunto, pero la fabulación histórica ya caló en la población y la reparación es compleja.


Y en fin, en este caso, el objetivo principal era mostrar el poder que se tenía para que nadie pretendiera competir con los EE.UU., establecer el miedo a las consecuencias de otra conflagración, dominar y someter voluntades desde ese miedo que provoca la mortífera experiencia de lo vivido en cabeza ajena, y eso implica lanzarse a una carrera del terror, dado que otros, posteriormente, accedieron al macabro invento de la bomba atómica y solo mediante el pavor a quedar exterminados se acabaría controlando al enemigo. El caso de los misiles rusos en Cuba es clarificador.
 
Vista de la ciudad tras el bombardeo
Y aquí estamos 70 años después, con miles de armas, muchísimo más destructivas que aquellas, en los arsenales. ¿Ustedes creen que si algún día ven sobrepasar el umbral de peligro que han colocado en su listón dudarían en utilizarlas? Pero ese umbral puede ser su orgullo de nación, su soberbia de gobernante o de pueblo, su demencia belicosa que entiende el máximo honor en ganar la guerra, su enajenación mental, su alienación, etc. Yo creo que no dudarían en su uso, siempre habrá un demente, loco o megalómano que se sentirá con el poder supremo de destruir vidas y haciendas sin el menor remordimiento, sobre todo si son del enemigo, ese sujeto que se inventa para ganar poder ante los gobernados. Y si caen civiles, inocentes criaturas infantiles, ancianos y personal ajeno al conflicto, se considerarán como efectos colaterales  inevitables… cualquiera de nosotros puede sufrir un efecto colateral en la lucha entre dos o más energúmenos en los que aflore su instinto asesino desde el egoísmo, el odio y la ira.

Hoy, mi recuerdo y mi pesar vuela a Nagasaki y a sus habitantes, que durmieron felizmente la noche del 8 al 9 de agosto de 1945, sin sospechar, siquiera, que alguien poderoso había jugado con sus vidas y decidido que deberían morir a modo de escarmiento. El dios del trueno no está siempre en la naturaleza, a veces está en la mente enajenada de los hombres. Yo estoy convencido de que la historia no perdonará a esos falsos dioses …


martes, 4 de agosto de 2015

Homenaje a mi padre Q.E.P.D.




1998
Hoy hace diez años que murió mi padre. Acababa de cumplir los 85. Pero para mí no ha muerto porque sigue vivo en mi memoria. Decía un paciente nuestro, al que tratábamos de una patología psíquica, que los muertos viven en la memoria de los vivos, que mientras se mantenga viva esa memoria se mantendrán vivos a los que se fueron. Yo, cada vez que vuelvo a casa de un viaje, sea de mi pueblo de otro lugar más distante, tengo aún la tendencia a acercarme al teléfono para llamarle y decirle: “Papá ya estamos aquí, quedaos tranquilos”. Pero también me acuerdo de él cuando me acerco al espejo y veo en mi cara sus facciones, cuando camino como él y cuando sueño aún con su presencia. ¡Son tantas las cosas que lo traen a la memoria!

Mi padre fue un gran tipo. Hijo de la Andalucía profunda, luchador con la tierra para arrebatarle la esencia de su savia, para conseguir sacar el fruto de la vid, de la huerta, del trigal u olivar. Trabajó duro desde niño y fue regando con su sudor, y sus infantiles lágrimas, los campos para cobrar la cosecha. No hubo tiempo para escuelas; sus juegos fueron en solitario, guardando las cabras, o labrando los campos, se inventaba sus juguetes y fantaseaba con un mañana más digno. Malos tiempos le tocó vivir. Miseria y trabajo… y, cuando afloraba su vigorosa juventud con la esencia irresistible de su energía vital, una negra nube se cernió sobre su casa, sobre su gente y su pueblo. Las armas le llamaron en contra de su voluntad y fue arrastrado a una contienda indeseada y en el bando discordante a sus ideas. Cuando cumplió los 18 años mi pueblo estaba bajo el mando de los rebeldes, y fue movilizado por la fuerza y obligado a enfrentarse con los que compartía ideas y posición política, con sus primos que luchaban en el otro bando. Él decía que cuando disparaba en el frente tiraba al aire, fuera a darle a alguno de ellos.

En 1974

Luego vendría la mili en África hasta 1945, pasando necesidades, sometido a la disciplina férrea de unos militares triunfantes y soberbios, aunque, al menos, aprendió a leer y escribir mejor y a “defenderse en las cuentas”. Después, tras ser licenciado, el reto de crear un proyecto de vida familiar donde cupieran su mujer, sus posibles hijos y una mínima garantía de subsistencia en tan tremendas circunstancias postbélicas. Trabajo de campo y de cortijo bajo el dominante carácter del señorito mandón e insensible al sufrimiento humano; sujeto al que yo mismo recuerdo con desprecio cuando me viene a la mente el despotismo con que trataba a los campesinos, que andaban buscando un salario en tiempos de cosecha para poder subsistir entre una y otra. Y todo ello, viviendo aterido por el frío del invierno, sabañones, y castigado por el inclemente sol del verano. Tuvo suerte, mi padre, por su honradez y responsabilidad, por su dedicación al trabajo, por saber defenderse en el manejo de los números y letras y, por qué no decirlo, por su obediencia a aquel despreciable sujeto al que servía como manijero y hortelano, del que acabó liberándose definitivamente cuando se fue a atrabajar a la obra del pantano de Iznajar. Luego a Barcelona, a otro mundo distinto, hasta que se jubiló. Duros tiempos, pues, de infancia y juventud. Duro trabajo y dura vida, donde la diversión era recibida exultantemente, cuando se podía acceder a ella. Vino, cante y chascarrillos en el bar donde los hombres eran reyes de ese entorno. Donde se apreciaba un aislamiento del dolor y la fatiga, del sufrimiento y la inseguridad laboral que se respiraba puertas a fuera, donde el vino era un excelente anestésico del flagelo y la amargura.

Con 18 años (1938)
Pero mi padre fue un sujeto inteligente, un gran hombre. Si hubiera tenido la suerte de nacer en una familia con recursos, hubiera sido un gran… lo que fuere, médico, ingeniero, profesor, etc. No fue a la escuela, vivía en unas huertas a 5 kilómetros del pueblo y solo podía acudir a las clases particulares que solían dar los maestros que se desplazaban a la zona. Aprendió las cuatro reglas (ya sabéis, sumar, restar, multiplicar y dividir) y a leer y escribir para defenderse. Luego en el periodo de soldado ocioso en África, se lanzó a aprender vivamente, le encantaba la historia, y recuerdo cuando yo era pequeño que me quedaba boquiabierto escuchando sus clases magistrales. Con pelos y señales, me iba refiriendo fechas, batallas, reyes y personajes que habían dejado huella… aquello eran los cuentos que me contaba, pero no eran tales, sino verdades históricas que hicieron apasionarme por esa materia. Además de eso, me enseñaba matemáticas, caligrafía, geografía, etc. dentro de sus posibilidades. Me hablaba de la familia, de sus ancestros, y me transmitía las vivencias y hazañas que recordaba, como un cronista cargado de autoridad en la materia. Yo creo que adivinaba en mí ese interés que siempre tuvo él por aprender y fijó en mí sus esperanzas. En ese sentido, siento que no le defraudé. Cuando terminé mi primera carrera estudiando y trabajando, él se sintió feliz, cuando hice la segunda, yo me sentí orgulloso de su orgullo. Lo que a él le hubiera gustado conseguir lo estaba consiguiendo en mí… Entonces comprendí una de las máximas o principios que rigen la evolución del ser humano, del desarrollo de la especie: La clave está en conseguir que nuestros hijos sean mejores que nosotros, en que cada generación supere a la anterior, en que nosotros, además de hacer, personalmente, todo lo posible por crecer y evolucionar, tenemos el sagrado deber de inocular en nuestros hijos ese sentimiento, esa motivación, para que ellos crezcan y hagan crecer la sociedad a la que pertenecen desde la dignificación de las personas y la justicia, desde la igualdad y la solidaridad entra la gente, desde el conocimiento, la educación y el desarrollo intelectual de los seres humanos. Es lindo ver que los hijos te superan, que esa trascendencia tuya desde el punto de vista biológico, se completa con esa otra trascendencia intelectual. “Dichoso el que puede disfrutar del éxito de sus hijos, porque habrá proyectado su propio desarrollo a otras generaciones”.



Con 25 años (1945)

Hoy quiero, pues, rendirle este homenaje desde mi recuerdo al cumplirse 10 años de su, digamos, marcha. Tuvo algunos defectos, para mí mínimos, como ser muy austero y sobrio, hasta el extremo de no gozar de cosas que tanto le gustaban, como viajar (de ahí debe venirme a mí ese espíritu viajero), acudir a espectáculos, a restaurantes y celebraciones… no, eso eran banalidades que no iban con él. Se sacrificó él y, con él, nosotros trabajamos a tope para sanear la economía de la casa. Era de la generación que anduvo marcada por la dura infancia, por la lucha sistemática por la supervivencia, donde era muy importante estar preparado para lo peor, las plagas podían llegar en cualquier momento y había que estar alerta y con capacidad de afrontarlas.

Ahora le recuerdo regando la huerta, dirigiendo aquellas cuadrillas de segadores, aceituneros, y campesinos empleados en hacer las labores del campo. Lo recuerdo escuchando la Pirenaica con la voz de la Pasionaria, de Carrillo y otros, prometiendo aquella liberación de la tiranía que nunca llegaba. Lo recuerdo tomando su copa en el bar, o en la casa con su vasito de moriles con su tapa después de llegar del trabajo; con su casco vigilando los edificios en construcción en el mazacote de Bellvitge; caminando por Málaga para hacer su ejercicio habitual… Lo recuerdo, finalmente, postrado en la cama del hospital mientras le afeitaba aquella cerrada barba resistente a la cuchilla agresora… y el día que se fue, tal como hoy hace 10 años, en que salí de la habitación y mientras lo cambiaban aproveché para ver las constantes de la pasada noche y sufrió la parada cardiorespiratoria que se lo llevó definitivamente.

Él lo había querido… incineración y sus cenizas esparcidas por la tierra que le vio crecer. No quiso dejar lápida, nicho o túmulo donde quedaran sus restos, sino disolverse con el viento para ir posándose a su antojo en aquellos lugares de la tierra que le apeteciera, para vivir los recuerdos de su infancia, para asentarse en las huertas que regó de joven, en los campos que cultivó, en los árboles que le dieron sombra, en el río donde se bañaba, que le dio el frescor y el agua para el riego… prefirió disfrutar en libertad el perfume de las flores en primavera, el olor del maduro fruto en el verano, la brisa con la que aventaba la mies en la era, jugar con las hojas de los árboles en su caída libre en el otoño y montar sobre el viento bravucón y sátiro del crudo y gélido invierno...  No quiso quedar preso en una cárcel, en un gélido sarcófago, y prefirió jugar eternamente con el aire, con esos espacios etéreos que le dan dimensión infinita a la energía que mueve este cosmos de vida…

Él no ha muerto, está en el aire que hace bailar las hojas de los árboles, en la brisa que acaricia nuestro rostro, en la tierra que da vida a las plantas que nos nutren… él ha vuelto al todo de la vida de donde salió. Si los panteístas creen que la totalidad del universo es el único Dios, él sigue estando con ese Dios… y yo me siento, hoy más que nuca, panteísta estando a su lado.






¡Cuánto hay que agradecerle a esa generación, que, huyendo de la nada, luchó lo indecible hasta levantar este país! Ellos fraguaron el pasado y sembraron en sus hijos la semilla que sustenta nuestro presente. De nosotros y de nuestros hijos depende ahora, en parte, el futuro...

D.E.P.