miércoles, 30 de julio de 2014

Hagamos una muralla


Un nuevo campo de concentración

Conozco un campo de concentración espantoso, pero no es Auschwitz, ni Treblinka, ni Dachau, ni Mauthausen-Gusen… Estos son terribles recuerdos de un pasado que nos debería haber enseñado cosas que parecemos olvidar. Nos enseñaron la vileza, la crueldad, la barbarie, la maldad, la impiedad, la infamia, la iniquidad, etc. que puede generar el ser humano. Pero no, no voy a hablar de ellos, son el pasado. Del campo de concentración que quiero hablar es de otro, de uno más actual donde se vuelve a mostrar la más cruel realidad del “inhumano ser humano”.

Se trata de uno, grande, de 360 Km2, donde viven hacinados casi dos millones de personas, aislados del mundo exterior por unos muros de hormigón en tierra y por vigilancia continua en el mar. Es una tierra yerma, árida, con poca agua y pobre. Es una ratonera donde el odio ha puesto las alambradas y los muros, donde el desencuentro es un motor de muerte y destrucción. Fuera está Israel, dentro está parte de Palestina bajo la influencia de Hamás. Desde dentro se disparan algunos cohetes con la intención de hacer el mayor daño posible a los de fuera, desde fuera se lanzan bombas a mansalva haciendo un daño irreparable a los de dentro. La muerte se pasea sobre la sangre, entre los escombros de una destrucción masiva. No respeta a nadie, ni distingue entre el asesino terrorista y el niño, el anciano, la madre angustiada o cualquier otra forma de vida. El terror que siembran las bombas, los obuses de los tanques, los drones, aviones y demás armas mortíferas de excelente precisión, se adueña de la franja, del terrible campo donde se concentran sus habitantes. Caen las casas, las edificaciones hechas con tanto esfuerzo, suman los muertos sin distinguir entre culpables e inocentes. Familias desgarradas, hijos destrozados en brazos de sus padres, casas aplastando a sus habitantes, enormes oquedades en  los suelos producto de las bombas… cientos y cientos de muertos, miles y miles de heridos. No estarás seguro ni en los hospitales, ni en las escuelas de la ONU, ni en ningún lado dentro de ese perímetro maldito que es la antesala del infierno. Ese lugar, ese campo de concentración, se llama GAZA.

El mundo asiste impasible a los hechos. Las condenas de boquilla se suceden mientras, “sotto voce”, se tolera la debacle. La inmensa mayoría de sus habitantes no querría estar allí, pero no tiene donde ir, son apátridas. Yo doy gracias a Dios por no ser uno de ellos. Pero, claro, yo no sé si Dios existe y, si existe, cómo es, pues hay dos dioses enfrentados en la boca de los asesinos y asesinados, cada cual invoca al suyo, el más grande y poderoso, pero ambos andan impertérritos ante el hecho y no le ponen coto… ¿Será que no existen? Al final ganará el dios de las bombas, del dinero y de la muerte...

Definitivamente mi corazón llora por tanta sangre de los inocentes, pero tengo la gran suerte de no estar allí, de haber nacido aquí, y espero que  el odio que rezuma ese lugar no me marque, no me atrape en esa espiral que están sembrando los ciegos responsables que mandan la guadaña de la muerte.

El mundo enloquecido está sembrando el campo, con el rencor y la inquina, para alimentar las alimañas del apocalipsis… la guerra, la pobreza, la enfermedad y la muerte ya están aquí, ahora solo hace falta que se extienda por toda la superficie del planeta. Será el apocalipsis de los pobres, de los innecesarios para el dios dinero. Los ricos, desde sus atalayas, verán y darán fe de la muerte como si ello fuera un juego en su mágico mundo virtual.

El gran muro que podemos poner para neutralizar ese proceso es no dejarnos llevar por el odio y luchar por la justicia desenmascarando a los asesinos que engendran ese odio. El pueblo, el ser humano en su sentido universal, deberá darse la mano despreciando a quienes quieren y provocan el aniquilamiento.

Juntemos todas las manos para hacer esa muralla que filtre la maldad que nos está invadiendo. Los primeros que deberían juntar sus manos son los israelitas de buena voluntad, y los propios palestinos para derrocar a Hamás y al gobierno israelí, pero es posible que estén atrapados en intereses espurios de grupos de poder que escapan a principios humanistas…



jueves, 24 de julio de 2014

Gaza, destrucción y muerte



Siempre sentí por Israel y el pueblo judío cierta simpatía. Hice su dolor mío, empaticé con él. Su injusto e histórico sufrir es inhumano, pero eso no justifica lo que ahora hace el gobierno de Israel con Gaza. Creo que no hay que callar ante lo que uno considera injusto, y menos cuando corre la sangre de inocentes. Yo lo hago como sé, con este poema.


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De nuevo la sangre de inocentes
se derrama a raudales.

Mentes asesinas e inhumanas
vuelan en sus naves homicidas
cargadas de muerte por el odio,
diabólicos inventos para guerras
que desgarran las carnes inocentes.

Corazones de hielo, mentes satánicas
que no ven más allá de su interés
impasibles ante el dolor y el sufrimiento.

Sade, hades, inframundo del sufrir
que ha brotado de la tierra yerma
de mano de las bombas y los tanques
sembrándola de muerte.

¿Qué dios puede guiar con tal malicia
para llevar el terror y la muerte al inocente?
¿Es que han matado a Dios
o es que su dios es leviatán?

Satán escupe fuego sobre Gaza
sembrando la semilla del odio y de la muerte
y los pecados de Hamás
los pagan los niños inocentes.

¿Quién pagará los pecados de Israel
que siembra Palestina
de dolor, terror y muerte?




domingo, 20 de julio de 2014

Mi gazpacho y el horror en Gaza


Son las 3 menos cuarto. Hora de pensar en comer algo y, en pleno verano, qué mejor que un buen gazpacho. Yo no creo haya en el mundo alguien que haga un gazpacho mejor que Loli. Ha conseguido darle el punto justo. Su densidad, su tono y color, su textura, el sabor equilibrado, su buqué… sí, su buqué, el gazpacho, como el vino, tiene buqué, aunque se le aplique solo a las bebidas alcohólicas. Es su aroma y sabor. Esa explosión de sensaciones, de gusto y deje al paladar que inunda la boca cuando lo degustas. 

Sí, el gazpacho es un gran invento, tal vez uno de los más interesantes del arte culinario de este país, empezando por Andalucía. Tiene los condimentos adecuados a las exigencias del cálido clima veraniego. Un arma importante para luchar contra el calor y la deshidratación. Vitaminas, sales y minerales le dan cuerpo y solvencia para ejercer de buen nutriente. Es el resultado de esa ciencia infusa que tienen los pueblos, esa capacidad de hacer lo mejor con lo que tienen a mano, aunque sea poco. Pan, agua y productos de la huerta, cebolla, pepino, tomate, ajo, aceite, sal, vinagre… De ese conglomerado bien batido surge el manjar. Pero aún hay más, se puede acompañar de guarnición.

Ya se sabe que con mínima variabilidad de ingredientes, surge la porra de la zona de mi pueblo (llamada porra antequerana), pero que está más extendida con el nombre de salmorejo cordobés. En mi pueblo el salmorejo es otra cosa; es una especie de picadillo de productos de la huerta sazonados, con algunos otros ingredientes según el caso.

Pero volvamos al tema. A esta hora, con la boca hecha agua, me encuentro reponiendo la guarnición de mi gazpacho prometedor. Tomate, cebolla dulce, pepino, pimiento verde y rojo… todo ello picado finito. Pero, ¿por qué no otra variable? Le suelo poner uvas, melón, melocotón y cualquier otro fruto dulce. En este caso me lanzo por el melocotón… ¡Qué maravilla! Mientras tanto, escondidos tras el primer plato, asoman unos macarrones por si acaso.

Un tazón de considerables medidas ofrece su oquedad para llenarla (ahora quieren llamarle “bol” o algo así, pero a mí me gusta seguir con mi tazón, cuando no con mi dornillo). Le suelto la guarnición, la riego con gazpacho hasta llenarlo y danza la cuchara en su interior al ritmo de mi  mano. Uuummm qué placer!!! Fresco, sabroso, explosivo en la boca, desprecia la cerveza y gana la partida sin dudarlo. Cruje la cebolla y el pimiento, mientras el pepino juega saltarín entre mi boca hasta caer destrozado de un bocado, el tomate impone su tronío y el melocotón aporta su dulzura. La felicidad no vale tanto, ya que con cuatro perras gordas se hace un buen gazpacho.

Caronte
En estas estoy, gozando de este encanto, cuando, ¡oh maldición!, se me ocurre poner la televisión. De golpe sus imágenes hacen saltar palabras de terror ante mi plato. Miseria, miedo, muerte, destrucción y sangre en Gaza. Mujeres que lloran, niños muertos por las bombas, casas destruidas, calles anegadas de escombros y dolor. Las balas y las bombas, los misiles, no son palomas de la paz que lleven ramitos de olivo anunciando un nuevo mundo después del gran diluvio, sino buitres satánicos guiados por la mano de los hombres con sofisticada tecnología de la muerte. Hombres y mujeres de negra mente, deshumanizados, serpientes venenosas que siembra el desastre y el drama, invitando a la parca y su guadaña a entregar las almas y los cuerpos a Caronte, en tránsito a la otra orilla de la muerte, al Hades, al inframundo. Los muertos son tan pobres que hasta el avaro Caronte desiste de cobrar el óbolo  del pago a su peaje. Seguro que el infierno al otro lado, será más suave comparándolo con este. No habrá terror ni bombas, sabrás lo que te espera y el miedo no atenazará las piernas y las mentes. Satán será más justo para cobrarse los pecados, los hombres no lo son cegados por el odio que los atenaza.

No veo uniformes ni soldados por las calles de Gaza, pero luego observo que se acercan poderosos tanques que disparan, rodeados de soldados en la retaguardia. De ahí salen las balas, los obuses que causan la desgracia. Son los invasores que, diciendo defenderse, destrozan las casas y las calles, te ordenan que te vayas antes de disparar sobre tu casa, pero si no te has ido, la casa, cuando caiga, te aplastará con ella. La culpa será tuya y no de quien dispara, ellos son buenos y te avisan. Buscan los túneles por donde pasan las armas de Hamás, los misiles que le lanzan (ya han causado dos muertos israelitas esos misiles). Ahora bien, los suyos están a buen recaudo, sus imponentes arsenales, sus bombas atómicas, sus armas, aviones, tanques… Ellos son el poder y ellos han de decidir lo que se hace, quien tiene la razón, como usar las armas… Van ganando por 100 a uno. Por cada muerto de ellos han caído cien palestino… así son las venganzas. ¿Dónde está el ojo por ojo? ¿Es que acaso un ojo israelí vale cien ojos palestinos? Pobres palestinos inocentes, sometidos a la intransigente dictadura de Hamás, mientras que para vengarse Israel de ese Hamás, los acaba masacrando a ellos. Hamás alimentará su odio con sus muertes e Israel hará de comparsa de ese juego que le permite seguir su expansionismo bajo el signo victimista de estas amenazas. Perfecto círculo vicioso con el que pretende Israel justificar sus andanzas, a le vez que demoniza al enemigo intentando fundamentar estas matanzas.

Y yo, ante el gazpacho, sigo sin comprender. Me viene a la memoria un amplio cortejo de injusticias que se dieron en la historia. Las guerras y los odios, las matanzas y muertes de inocentes. El fuerte mata al débil, el poder se impone con violencia ahogando la palabra y aniquilando mentes, ideas y pensamientos de hombres libres; ideas que no les interesan si quieren dominar el mundo.

Y me acuerdo de los hermanos sefardíes españoles expulsados, que rondan por el mundo sin olvidar las llaves de sus casas, sus pueblos y su patria. Las expulsión de los moriscos de sus tierras de Granada y todo Al’Andalus. Del aplastamiento de culturas en nombre de la civilización europea y cristiana, del terrible holocausto hitleriano, de Stalin y sus muertes, del fascismo, Mussolini y Franco, Pinochet, Corea del norte, Irán, Irak y tantos y tantos asesinos que llegan al poder matando, a base de terror, alienando a la gente.

En pleno siglo XXI, parece que la idiocia se apoderó del mundo, que no sabemos nada, que no aprendemos del pasado, que seguimos pensando con las vísceras y no con el cerebro. De nuevo afloran integrismos de uno y otro bando, predican la muerte y hasta la guerra santa. De aquí no escapa nadie. Nosotros, los del primer mundo, vivimos a las anchas, sin sentirnos siquiera impactado por tantas muertes y dolor que se producen usando nuestras armas. ¿En nombre de qué dios se puede invadir un pueblo, sembrando la muerte entre sus calles y hablar de democracia?

Irak está más roto que lo estaba con Sadám, enemigo público de Israel, con bombas y ataques terroristas que causan muertes a diario en una guerra encubierta entre sus castas… Siria sumida en una guerra civil de extrañas connivencias que da paso a integrismos de poca confianza. Afganistán sumido en otra guerra con talibanes integristas y Pakistán bordeándola. Ucrania va por mal camino llevada por intereses ajenos a su gente y para su desgracia. El resto de este mundo sumido en la adversidad de un déficit de justicia social que preserve la vida de la gente y no los intereses de grupos de poder que mueven los hilos del globo en su conjunto.

Mientras, en esto que comento, seguimos viendo imágenes de Hamás llamando al martirio de su pueblo, sembrando odio a Israel por sus matanzas, jurando venganza por sus muertos… a más muertos más venganza. Israel dándole pábulo a todo ello, haciendo lo que recriminan los de Hamás. Gente en las playas hebreas gozando de la brisa nocturna de la mar y viendo el espectáculo increíble de las bombas cayendo sobre Gaza, como si fueran fuegos artificiales, sin pensar en los niños y la gente inocente que las sufre. Una representante del pueblo israelita (Ayelet Shaked, del partido radical israelí Hogar Judío) pidiendo que se eliminen a los niños y las madres palestinas, pues los niños son serpientes venenosas que solo se acabarán cuando no existan las madres que los paran. ¡Qué barbaridad en una representante de un Estado llamado democrático! Me acordé de Herodes y su matanza. Aún persiste su sangre…

Israel, con todo su aparato militar y propagandístico tendrá muchas más armas para influir y manipular la opinión pública, pero cualquier mente racional sabrá apartar las influjos de Hamás y de Israel para analizar lo que pasa y como alimentan la espiral del odio entre unos y otros. Mientras tanto, Israel gana, sigue con sus asentamientos, haciendo y explotando su victimismo histórico y continuando implacable su política de hechos consumados. Su objetivo del gran Israel está por encima de cualquier otro interés. Palestina no existe para él…

Lo malo, eso me pienso, es que esto no acaba. Los judíos con su ejemplo van sembrado más odio, más incomprensión, tensando la cuerda hasta el extremo de romperla en cualquier momento. Le apoyan las potencias occidentales y eso, de momento, les salva. Mañana no sabemos, puede que se vuelque la desgracia y vuelva a presentar otra diáspora que no nos lleva  nada. Si el hombre, en este siglo, no aprende a convivir con todas sus diferencias este mundo se acaba. Posiblemente acabe mal, con hiperguerras y matanzas que deje destruido a medio orbe, y con esto me refiero a la vida de sus habitantes y sus plantas.

Termino de comer y el gazpacho se me agria. Me quedan pocos años para ver estas cosas que se avecinan, pero quedan mis hijos y mis nietos que merecen una vida mejor. Espero que al final se imponga la cordura, el buen sentido, y sepamos reconducir las cosas para llegar a buen puerto sin sembrar tanto odio, erradicando la codicia de los que quieren mandar sin importarles la vida de los demás salvo sus economías y su entorno personal. Tal vez llegue algún día que, antes de gobernar un país, se pueda garantizar que el gobernante no sea un criminal de guerra, un asesino o dictador, un ser repugnante al que la vida ajena no le importa nada. Pero para eso han de ser los pueblos los que sean dignos, sanos mentalmente y no cultivadores de odio y confrontación, capaces de asumir su responsabilidad en el sostenimiento de esos gobiernos y capaces de apartarlos en cuanto se manifieste su injusticia. Ojalá se extingan los Netanyahus y Hamases.

Mañana, cuando coma, no encenderé la televisión… al menos gozaré de mi gazpacho.



jueves, 17 de julio de 2014

18 de julio: Día de nefasto recuerdo


Militares sublevados
Tal día como hoy de hace 78 años un grupo de militares, de obediencia debida a los poderes del Estado elegidos democráticamente, se levantó contra el gobierno legítimo y, mediante las armas, llevaron a España a una sangría y al caos de una guerra civil. Adujeron que su España se desmoronaba y se aliaron con otros que sentían que el viejo orden debía imperar ante el nuevo, donde la soberanía popular quedaba sometida al vasallaje nuevamente. La patria se identificaba con el viejo orden donde el poder radicaba en las clases dominantes, incluyendo el clero.

En su discurso libertino cayeron en la incongruencia más patente y, disfrazados de salvadores, se adueñaron del poder durante cuarenta años mediante una sangría y la eliminación sistemática de todo lo que representara otra visión de la suya. Muerte al traidor (que por cierto eran ellos) y a todo el que no estuviera con ellos. Del poder de las armas, que mataron la palabra, surgió un gobierno dictatorial y tirano que sometió a la población al nacional-catolicismo, a la idea única, a la represión de la divergencia, a la eliminación del disidente, a la humillación de la ciudadanía y su opresión. No hay cosa más mala que una idea sin otra para contrastarla y ellos evitaron y extirparon otras ideas disidentes. Era la etapa del pensamiento único, de la censura y el control de todo tipo de expresión, del “amén mi amo” y de la imposición irracional de los vencedores sobre los vencidos. Lo curioso es que en su proclama hablaba de pretender:

“Justicia, igualdad ante las leyes, ofrecemos. Paz y amor entre los españoles; libertad y fraternidad exenta de libertinajes y tiranías. Trabajo para todos, justicia social, llevada a cabo sin encono ni violencia, y una equitativa y progresiva distribución de riqueza, sin destruir ni poner en peligro la economía española. Pero frente a esto, una guerra sin cuartel a los explotadores de la política, a los engañadores del obrero honrado, a los extranjeros y a los extranjerizantes que, directa o solapadamente, intentan destruir España”.  

  • Qué justicia, con fusilamientos sumarísimos…
  • Qué paz y amor impuesto a tiros y sangre…
  • Qué libertad y fraternidad con una España sometida a otra dictatorial y tirana…
  • Qué justicia social con la clase trabajadora sometida por la violencia a sus intereses…
  • Qué justicia distributiva de la riqueza con sus acólitos enriqueciéndose y la masas social empobrecida…
  • Qué explotadores de la política cuando ellos se erigieron en la política a golpe de dictado y decreto…
  • Qué engañadores del obrero honrado que acabó sometido a sus designios sin poder rechistar…
  • De qué extranjeros habla si ellos ganaron la guerra de la mano de las potencias extrajeras, fascistas y nazis, a los que se sometieron…


Para luchar contra los que “intentan  destruir España” (decían) acabaron destruyéndola ellos, llevándola a la miseria, el hambre y la pobreza, dejándola a muchos años de la civilización europea.

Lo malo es que sembraron semilla que sigue dando su fruto. Es la misma semilla que apoyó a Fernando VII ante la revolución de los liberales y la Constitución de Cádiz, la que gritaba "vivan las caenas",  la semilla de un modelo de España que choca de frente que el desarrollo social e intelectual de sus pueblos y que llama a la eliminación de las diferencias de pensamiento y de ideas, de la diversidad enriquecedora, de la libertad y librepensar, y a la imposición de unos sobre otros, lo que lleva a la confrontación y a la disgregación del sentir popular.

Hoy, más que nunca, hace falta enterrar ese periodo cerrado en falso, mediante una nueva transición donde sea la democracia real, la soberanía popular en su sentido más amplio y exenta de manipulación, la que determine el camino del mañana para que no vuelva a suceder otra vez esa barbarie. Este pueblo, de los nietos de la guerra, que no la conocieron, no debe sufrir las consecuencias del desencuentro que se dio en su día. Debe determinar si quiere monarquía o república, pero, sobre todo, debe definir las formas y estructuras mediante las que pueda seguir conviviendo en paz, comprendiendo que el nivel cultural y la capacidad de discernimiento de la ciudadanía actual requiere que su sentir sea tenido en cuenta…

De paso, saquemos a los muertos de las cunetas, escribamos la historia real, tal como pasó, sin implicaciones emocionales que la tergiversen, cerremos las heridas de un pasado de injusticia que sigue clamando al cielo. Pidamos a la propia iglesia que, a la par que beatifica a sus mártires, reconozca los del otro bando y asuma sus culpas como parte activa en el genocidio que se dio contra los defensores de la legitimidad democrática. Al menos, papa Francisco, tenga usted la cristiana gallardía, el coraje, de revisar el pasado y asumir esa culpa en nombre de aquella iglesia integrista y opresora mental que bendijo los fusilamientos y dio la comunión a los asesinos tratándolos como héroes, que demonizó otros credos, o ideologías, bloqueando la libertad de pensamiento. 



jueves, 10 de julio de 2014

La irracional ley del talión israelita



¿Cuándo acabará esto?
Los tres jóvenes israelíes asesinas en Cisjordania

El otro día lloré, simbólicamente, por los tres israelíes asesinados por los palestinos, por sus familiares y madres, por el dolor que han tenido que encajar; pero hoy vuelvo a llorar más intensamente, con más lágrimas y fuerza, por Palestina, por los palestinos inocentes, por los niños y ancianos, por sus mujeres y madres, por el dolor que les está produciendo un Estado, un gobierno que debería ejercer la  justicia y no la venganza, por los 64 muertos palestino que se acumulan hasta la fecha.

Joven palestino quemado en Jerusalem

Cuando ante un grupo terrorista, como puede ser Hamas, que lanza cohetes de forma indiscriminada contra la población civil, un gobierno, como el israelí, actúa de la misma forma, solo cabe hacerle notar que esa actuación suya también es terrorismo, pero un terrorismo mucho más rechazable, más criminal, en tanto se asienta y lo potencia un gobierno irresponsable que dice ajustarse a la ley. Su deber sería localizar y hacer pagar los hechos a los asesinos. El ojo por ojo, del que no soy partidario, implica una respuesta proporcionada ante un hecho delictivo o criminal, pero cuando la respuesta es cien veces más contundente, cuando afecta a los inocentes, cuando se pretende sembrar el terror en la población civil para disuadir, mediante el miedo, a quienes han realizado el ataque previo y no entender que estos alimentan el odio hacia Israel precisamente con estas actuaciones terroristas del propio Israel, solo cabe pensar que ese gobierno ha perdido los papeles o, lo que es peor, ese es el guión que ejercen despreciando la vida de los palestinos, sus casas y bienes…

Ataque indiscriminado para vengarlos
Comprendo el derecho a la defensa que pueda tener Israel ante los ataques que recibe por parte de Hamas, pero no justifico en absoluto, es más la condeno sin paliativos, esa actuación indiscriminada donde mueren niños y población inocente para dar satisfacción a su deseo de venganza, de locura colectiva de grupos de poder israelitas, integristas deshumanizados que raptan y queman a un inocente palestino en Jerusalem, donde pierden el sentido de la justicia y siguen sembrando odio y confrontación entre dos pueblos condenados a entenderse. Su miopía les lleva a perpetuar una guerra que puede ir bien a sus intereses geopolíticos, a su propia economía y a su deseo expansivo, pero que clama al cielo y a la conciencia social de toda la humanidad que se mantiene impertérrita ante tanta desgracia, injusticia, muerte y violencia.

Si al pueblo palestino que vota a Hamas se le puede acusar de complicidad con ellos y sus planteamientos, al pueblo israelita, que vota a su gobierno también se le debe hacer cómplice de los hechos que este desencadena. En la democracia, que parece incuestionable en el caso de Israel, los gobiernos actúan por delegación de la ciudadanía y cuando no se está de acuerdo con ellos se les castiga con el voto para que no vuelvan a salir elegidos; esa es la forma de desvincularse de un gobierno que usa el terrorismo elevado a la enésima potencia como arma de lucha contra el terrorismo de menor intensidad que ejerce Hamas.

Lo lamentable es que no existe una justicia universal aplicable al caso, que se hayan pasado por el forro las determinaciones de las ONU a las que Israel hace oídos sordos, que estamos ante el poder de la fuerza, atizando el fuego del conflicto en función de interés de otros y masacrando a la población civil en lugar de a los verdaderos responsables materiales de los hechos y que todo ello esté alimentando el terrorismo de Hamas en una espiral incontrolable. No Israel, no apoyo esa forma de actuar indiscriminada aunque lo queráis disfrazar de intento de eliminar a los culpables, estáis actuando contra un pueblo y a la vista está. Una mentira, por mucho que se repita, no llegará nunca a ser verdad para quienes tienen criterio propio. Vuestra verdad es que estáis amenazados por un grupo, como es Hamas, pero, en  vuestra mentira no podéis olvidar que ello no os justifica para actuar contra toda la inocente  ciudadanía palestina.

Hago un llamamiento a los pueblos israelita y palestino para que sean capaces de cultivar el encuentro en lugar del conflicto. Hay que ser tontos, tercos y obtusos para no darse cuenta de que estos dos pueblos están condenados a entenderse y mientras más tarden en hacerlo más largo será el sufrir, más dolor, más sangre y muerte seguiremos observando. Para mí sobro Hamas, pero también los gobiernos integristas israelitas que andan con las orejeras, sin ver más allá de la venganza y del ojo por ojo asimétrico (si ellos matan tres, nosotros trescientos). Cuando el intento de escarmiento se convierte en martirio se cultiva y perpetúa el conflicto, pues el martirio dignifica y es alabado por la sociedad que lo fomenta, pero, en este caso, estamos ante la sangre de los inocentes…

Niños israelitas buscando refugio antiareo.

"No hay perdón para los asesinos de niños. Es el momento de actuar y no de hablar", advierte el ministro y líder ultranacionalista Naftali Bennett. Tiene razón el tal ministro en la primera frase, pero esa frase también es aplicable a los suyos. La segunda es la que siembra la intransigencia y la venganza… siempre es el momento de hablar para evitar la espiral, señor ministro, por eso están como están y seguirá en esa dinámica indefinidamente. Su actitud  genera violencia, terrorismo y muerte. Reconozca su propia culpa en la siembra y cultivo de la situación. Están ustedes alimentando al monstruo de Hamas en lugar de eliminarlo. Ellos quieren sangre y mártires para su causa, usted se los ofrecen en bandeja con su irracionalidad…

Hay alguna diferencia entre el potencial de cada cual y sus recursos.

Buscando refugio en Israel:





El terror se vive en la calle en Gaza:





miércoles, 9 de julio de 2014

Si globalizamos, lo globalizamos todo…


El pensador de Rodin con una
bolsa de la compra en la cabeza
¿En manos de quien está este mundo? Cada vez está más claro, es más evidente y todo nos constata que las cosas no han cambiado con la implantación de las democracias, con las revoluciones sociales, sea la francesa, la independencia de EE. UU. o la rusa y cuantas otras conllevó su ideología. Al final, mandan los de siempre, controlan los de siempre y explotan a los de siempre. Poderoso caballero es don dinero, decía Quevedo, pero ¿acaso no se ha demostrado que los líderes se corrompen por él, que las ideologías acaban sucumbiendo ante su poder, que los idealistas son revolucionarios de una generación que luego es fagocitada por el poder contra el que luchaban o el que han creado ellos mismos?

El socialismo militante pasó a llamarse socialdemocracia. Una especie de ideología descafeinada que se daba la mano con el capitalismo neoliberal en una perversa complicidad. La muerte de las ideologías contrapuestas al capitalismo mercantilista, mediante la claudicación de sus líderes mafiosos, sumidos y arrobados por la corrupción y la llamada del dinero, despojó al socialismo de su capacidad ideológica de lucha por la justicia social en sentido universal y anuló su oposición al sistema integrándolo en el mismo.

El sistema neoliberal, donde el mercado es el regulador de las relaciones sociales, de las transacciones económicas y de la dinámica mercantilista, reivindicó para sí todo el poder. Los flujos económicos, el dinero, acaba imponiéndose y quien lo tiene ejerce dicho poder sobre quien no lo tiene.

Fueron a globalizar el mundo pero en el sentido de mercado. Permitir que los productos, las mercancías, se movieran sin límites ni fronteras, que los capitales fluyeran a donde podrían obtener más beneficios, deslocalizar las empresas para ubicarlas donde el trabajo estuviera más mal pagado y el beneficio fuera el máximo. Países donde no se respetan los derechos humanos, donde no hay libertad sindical, donde la explotación infantil y de todo tipo es tolerada. Pero también había que despojar a los Estados de su capacidad de influir en la economía. Había que privarlos del poder y de su autoridad en la regulación de los flujos económicos y mercantiles, someterlos a las normas del mercado financiero controlado por organizaciones supranacionales. El FMI, el BCE, las agencias de calificación, los intereses geopolíticos de la UE y de los EE. UU., etc. Se estaba creando un nuevo orden donde el futuro no era de los pueblos sino de los mercados y de las multinacionales que dominan la economía.

Han dado, o pretenden hacerlo, la idea de que el progreso humano es el desarrollo industrial y material, el tener más y consumir más. Confunden el bienestar de las personas con su poder patrimonial y su acceso a los bienes industriales y materiales que conforman el mundo del consumo y establece la dinámica de mercado: “si consumes más, hay más demanda y más trabajo y si hay más trabajo ganas más y puedes consumir más” pérfida espiral que acabará en poco tiempo con los recursos del globo, pero eso a ellos no les importa porque tienen garantizado el suministro, incluso, la creación de un mundo particular donde se esconderán el día de mañana dejando en evidencia al resto de la población mundial. Mientras van creando al hombre mediocre, al crédulo que se somete a sus mentiras, que, al no tener criterio propia ni capacidad y ganas de razonar, acaba sometido a mero eslabón en la cadena de su desarrollo industrial, donde solo sirve el que consume y rinde en sus empresas, el resto queda marginado y forma parte del colectivo de la pobreza.

No comparten, ni defienden, la evolución humanista; el hacer del ser humano un sujeto pensante, creativo, espiritual, donde el desarrollo del intelecto y la educación sea el motor del progreso, del SER y no del TENER. No defienden un crecimiento sostenido, equilibrado con los recursos de la naturaleza para garantizar la viabilidad de la humanidad de cara al mañana. Cada vez escapan más a las leyes o procuran que gobierne quienes les hagan leyes a su medida e interés. Han neutralizado a los políticos mediante la compra de personas y partidos. Han ayudado a desprestigiarlos para que la ciudadanía aumente su desafecto y acabe en la apatía, en el individualismo egoísta y el desamparo por incapacidad de sus líderes políticos. En todo caso, están dispuestos a potenciar aquellos que les sirvan para distraer la atención del pueblo con sus programas y proclamas que disgreguen a la ciudadanía y les lleve a otros conflictos y evasiones de una realidad social donde el enemigo dejan de ser ellos para proyectarlo en otros grupos o componentes de la sociedad, debilitando así la lucha de clases sociales que están creando con el incremento del gradiente riqueza-pobreza.

Esa es la trampa. Debilitar al Estado, al sistema democrático, a la soberanía popular, para ocupar ellos el trono, el ordeno y mando, aunque sea  a través de sus servidores, traidores a quienes les votan, a quienes engañan y manipulan con los medios que ponen a su alcance los verdaderos dueños del sistema.

No estoy yo en contra de las globalizaciones, faltaría más. Creo que el progreso se ha de llevar a los demás países y que nosotros deberemos perder algo para que lo ganen ellos, pero no globalizar implicar hacerlo con todo, con los derechos humanos, con la legislación laboral, con las normas y valores que sustentan el crecimiento, con la educación, con la sanidad, con la protección a los desfavorecidos, con la solidaridad, etc.

Ellos producen a 5 en un país y lo venden a 100 en otro, lo que les reporta 95 para su bolsillo. O sea, que han robado, por decirlo de alguna forma, parte de esos 95 a quien los produce o a quien los compra. Es como si hubiéramos abierto unos vasos comunicantes entre el tercer y primer mundo, pero con una espita en el tubo por donde sacan ellos los beneficios fraudulentamente. El flujo económico del mercado no llega a la población sino que se queda en el bolsillo de  los mafiosos, de los empresarios sin escrúpulos, que ven como la población que produce la mercancía sigue en la indigencia.

Por tanto, si queremos globalizar, globalicemos todos los derechos que menciono más arriba, de lo contrario seguiremos en manos de ese poder económico que nos domina entre bastidores, pero para ello se tendrá que fraguar una conciencia de ciudadanía global que neutralice a sus políticos acólitos… Habrá que preguntarse a qué juegan los partidos que nos gobiernan y no darles nuestra confianza si no es para reorientar el sistema hacia estos fines.


Finalmente, quiero hacer especial mención a algo que está siendo cuestionado y que hace tambalear las bases de la justicia universal. Si se está permitiendo que los capitales fluyan, que las economías no tengan fronteras, no es de recibo que algo tan serio como el concepto de justicia se reduzca a la idiosincrasia de cada país. La justicia ha de ser universal, igual para todos, aquí y en la Conchinchina. El que la hace debe pagarla se esconda donde se esconda. No puede la economía doblegar a la justicia. No se puede cambiar la ley en función de los intereses de colectivos poderosos. Estamos perdiendo la partida y se crea un mundo “ad hoc”, para ellos y sus intereses. Si hablamos de universalidad hagámoslo desde la economía, desde los derechos y desde la ley, que cualquier acto de lesa humanidad pueda ser tratado y denunciado en cualquier país, en cualquier lugar del mundo y juzgado con arreglo a una ley universal que nadie debe esquivar, sea un general chino, un dictador o un explotador de menores…