martes, 25 de febrero de 2014

Los nietos y las semana blanca


En Málaga tenemos, esta semana, la llamada “Semana Blanca” en la que los niños no van al colegio. No sé muy bien cuál es su objetivo, pues si se trataba de dejar la dinámica habitual para dedicarse a otras actividades más de acorde con conocimientos generales relacionados con la cultura del lugar, como visitas a museos, cine, teatro, deporte, etc. no sería necesario no acudir al colegio, sino que el profesorado, haciendo uso de un conocimiento más elevado que el de los padres y abuelos, al menos en teoría, pudiera desarrollar estas actividades de forma más provechosa para los alumnos. No obstante, si este hubiera sido el objetivo inicial, la cosa ha devenido en una semana de asueto para el profesorado, que disfrutan de sus hijos y viajan donde quieren, haciendo la función anterior pero para los suyos en exclusiva.

Un amigo mío, del ramo de la educación y sindicalista en aquellos tiempos, me comentaba que todo surgió porque en Sevilla tenían la semana de Feria de Abril, en Córdoba los Patios, en Cádiz el Carnaval, en Granada las Cruces, etc. mientras que en Málaga no había ningún evento que justificara tener libre esa semana, por lo que se decidió hacer una especie de semana cultural, pero que acabó en vacaciones para los maestros y los niños en casa.

Por lo que para el padre normal, el habitual currante, en el caso de que tenga trabajo y no ande en el paro, el asunto tiene otra vertiente distinta. Lo primero que se plantea es qué hacer con los niños en casa si no puede faltar al trabajo, dónde dejarlos y a quien “cargarle el mochuelo”, y perdonen la expresión, para que sus hijos no se aburran en esa semana y puedan sacar algún provecho de ella, amén de estar cuidados y atendidos como Dios manda. La cosa es complicada. Te ves en una tesitura tremenda y, en algunos casos y en el supuesto de que su actividad laboral se lo permita, se organizan para tener libre esas fechas haciendo los turnos por adelantado. En caso contrario acaban avocados a un gran problema y se ha de recurrir a contratar un canguro.

Menos mal que aparecen los abuelos. Esa especie de sujetos mayores, carcas y carrozones, que se criaron en otros tiempos, sin video juegos, móviles, WhatsApp, i-pad, i-pon, i-pin pan pun, e-book, e-mail, internet y la madre que los parió. O sea, unos analfabetos funcionales a nivel informático y tecnológico, tan limitados que los propios nietos los descalifican en muchos casos y acaban de maestros de los abuelos. Pero no todo es negativo. También es una oportunidad para que los abuelos, que pueden hacerlo, disfruten de los nietos y estos de ellos. Hoy me ha tocado estar con los míos. Ya se quedaron anoche a dormir en casa y fue una fiesta. Comieron algo de lo prohibido (no se lo digáis a los padres) además de todo lo que su abuelo les puso, que los trató como siempre y ellos encantados. Se acostaron tarde, les quité el miedo al monstruo de las galletas, de los pedorros y de las cacas y el pipí (no hay cosa que les haga más gracia a los críos que las cuestiones escatológicas), les hice reír y divertirse y acabaron diciendo: Abuelo, qué gracioso eres, jajaja… Se durmieron y descansaron de un tirón, hasta que esta mañana aparecieron por nuestra habitación con su algarabía. Qué lindos son los dos.

Cuando fui por el pan vinieron conmigo, de la mano, respetando los semáforos y pasando cuando ellos detectaban el color verde, tiramos unos cartones a la basura, en su lugar correspondiente y vimos los distintos tipos de basura que hay y cómo funcionan los contenedores, fuimos a comprar unas pilas para hacer funcionar una inmensa lupa que les ayuda a leer la letra pequeña (leer solo sabe él, que tiene 6 años, la niña se inventa la lectura con un gracejo despampanante), vieron videos de cuentos y al final hasta le ayudaron a la abuela a limpiar (debería decir ensuciar) la cocina. Eso se mereció un regalito, por lo que nos fuimos a una tienda de juguetes y eligieron, mediante un presupuesto previo, el juguete que les apeteció.

Además, por la calle se han visto hoy más abuelos y nietos, cogidos de la mano, que en todo el año junto. Abuelos sonrientes y felices, niños saltarines y encantados. Eso ha sido motivo de diálogo entre abuelos. Yo, por ejemplo, me encontré con una abuela que llevaba una preciosa niña de la edad de mi nieta y conversamos sobre el día. Tenía razón la señora en que, hoy, se conjugaba el placer de contar y disfrutar de los nietos y el cansancio que producía su demanda continúa de juegos, atenciones, y ese flujo de vida y escándalo infantil que invadía las casas de sujetos, como nosotros, que buscábamos la tranquilidad de la persona mayor y ya andábamos carentes de la energía necesaria para afrontar el reto.

De todas formas, hay una cuestión de especial importancia. Me refiero al encuentro que se produce esos días de la semana blanca, que debería llamarse de la semana del encuentro entre nietos y abuelos. Uno, a su edad y con el bagaje y las vivencias que lleva a cuestas, ha de tener un pensamiento positivo. Se nos ofrece la oportunidad de atar más los lazos, afectos y el cariño con los nietos. De buscar los lugares de encuentro entre generaciones, saltándose una de ellas. El conflicto generacional con los hijos no se da con los nietos. Ellos han venido para demostrarnos que seguimos vivos y seguiremos, que cogerán el relevo de nuestra extirpe y nos proyectarán al futuro, que nuestros genes perdurarán. Son una proyección de nosotros mismos que nos retrotraen al pasado, a nuestra infancia, a las travesuras que hicimos… eso nos ayuda a comprender las suyas, a sentirnos solidarios con ellos y a entenderlos mejor que lo hacen sus propios padres.

Ellos, si sabemos hacerlo, nos verán como unos cronistas del pasado desde el afecto y el humanismo que derramamos. No les contaremos batallitas del abuelo cebolleta, pero, al decirles cosas de nuestra infancia, comprenderán que los niños son iguales, antes, ahora y siempre. Les desmitificamos el mundo de los adultos y se verán más identificados con ese proyecto de vida que, a veces, les abruma como algo inalcanzable y lleno de restos. Sus abuelos fueron niños, como ellos, hicieron sus travesuras y aprendieron de ellas, como ellos han de hacer. Sus padres también lo fueron y sus abuelos les cuentan cómo eran sus padres de niños, lo que les hace mucha gracia. El amor y el cariño de los abuelos rompen todos los muros y les lleva a un mundo de fantasía y humanidad, descubren el afecto intergeneracional y aprenden más con lo que se les explica desde el cariño que desde la imposición.

En suma, no es mala cosa esto de disponer de unos días para el encuentro entre abuelos y nietos, si pensamos en positivo. La madurez nos lleva a valorar las cosas desde otra perspectiva y a sacar lo mejor de cada momento, a pensar en positivo. Los nietos pueden admirar a los abuelos y aprender de ellos muchas cosas. El problema es que nuestro cuerpo no es capaz de responder ante tanta demanda de energía y exigencias que plantean los nietos. Claro que, dadas las circunstancias, no en todos los casos disponen de este recurso de abuelos en la familia. Estoy agotado… pero feliz.


lunes, 24 de febrero de 2014

Recuerdos del 23F


Corría 1981, acababa de cumplir 30 años y tenía una hija que cumpliría los 5 al día siguiente, y un niño de 6 meses cumplidos ese mismo día. Era 23 de febrero, un aciago lunes para el olvido. No recuerdo que climatología había pero, para mí, fue un día muy gris. Me había levantado, como casi todos los días que iba a trabajar, sobre las 7 y cuarto de la mañana, para coger el relevo a las 8. El día transcurría normal, mi actividad en psiquiatría me llevó a pasar una consulta con el psiquiatra de mi equipo y hacer las tareas habituales de enfermería.

Por aquel entonces trabajaba en dos sitios. Eran tiempos de déficit de enfermeros, o ATSs como se nos llamaba por aquellas fechas, lo que hacía que las ofertas de trabajo llevaran a un considerable número de profesionales a ejercer su actividad en dos, e incluso más, empresas. Yo lo hacía en el servicio de psiquiatría de la Diputación en el turno de mañana y por la tarde o noche, según el caso, en la UCI de Cirugía Cardiovascular de Carlos Haya.

Creo recordar que en mi turno de tarde, ese día, estaban Cristina como enfermera y Mª Luisa como auxiliar. Esta última era una de aquellas defensoras a ultranza del franquismo, que vivía con mucho desagrado y crítica el proceso evolutivo de la política de nuestro país, le reventaba que Carrillo estuviera en el Congreso junto a la Pasionaria. Consideraba a Suarez y al propio rey como traidores a los principios fundamentales del viejo régimen, pues habían jurado acatarlos. Su ídolo era Blas Piñar y su grupo Fuerza Nueva. Eso sí, no solíamos discutir de política en el trabajo cotidiano, sobre todo con ella, pues se exaltaba en la defensa de sus “ideales” con demasiada facilidad. El terrorismo, los nacionalismos, el socialismo y comunismo, etc. eran una lacra con la que había que terminar por una vía expeditiva. España era incuestionable y estaba claramente definida por sus fronteras. Era su territorialidad y no su gente, que debían pleitesía y sometimiento a esos principios que ornaban el aguilucho franquista: “Una, grande y libre”. Qué curioso que hablaran de una España libre quienes la habían sometido por el poder de las armas.

El hecho, para no irme por los cerros de Úbeda con este relato, es que teníamos una tarde cargadita de trabajo. A mí, en el reparto de responsabilidades, me tocó el paciente recién operado. Era una valvulopatía, que requirió un implante de una prótesis, creo recordar, de carbono, que era lo habitual. Arduo trabajo, pendiente del sangrado por los drenajes mediastínico y pericárdico para controlarlos y prever y yugular cualquier tipo de hemorragia desestabilizadora… vigilancia intensa, cuidado y acción para evitar que los coágulos de los drenajes obstruyeran el mismo. Aquello podría llevar a la parada cardiaca por el taponamiento y a la muerte del paciente. O sea, en resumidas cuentas, yo andaba, como siempre a lo mío, lo que no impedía que ya me hubiera tomado mi café y haber fumado un cigarrillo en el office. Hoy me resulta impensable, pero en aquellos tiempos se fumaba furtivamente, incluso, en el propio módulo.

Sería algo más de las seis de la tarde de aquel lunes fatídico, cuando entró la auxiliar “facha” con una alegría que le inundaba todo su ser, una sonrisa de oreja a oreja y una agitación inusitada, diciendo que había entrado la guardia civil en el congreso de los diputados y se había producido un Golpe de Estado.

Un frío y estupor me embargó y sentí como si me hubieran dado una descarga eléctrica, no sabía que decir, qué hacer o pensar. Será una broma, le dije. Pero el transistor que traía nos sacó de dudas. Ese fue el medio por el que nos fuimos dando cuenta y conociendo cómo evolucionaban las cosas. Tejero, sujeto de infausto memoria, entró en el Congreso y, a golpe de pistola, hizo callar la palabra. Otra vez, las armas hacían enmudecer al verbo. El arma mata, la palabra acerca, pensé. Poco después Milans del Bosch saca los tanques a la calle en Valencia, la radio nacional solo daba música militar, mientras la SER seguía informando en libertad sobre los hechos. Un despiste de los golpistas en el Congreso y la habilidad de un cámara que apagó la pantalla para que los insurrectos no vieran que estaba funcionando, permitió seguir emitiendo imágenes durante un buen rato de todo lo que sucedía en el interior del parlamento. Debieron darse cuenta ellos, o sus compinches del exterior, al ver esas imágenes y anduvieron buscando cual cámara era la que emitía, hasta que la descubrieron y nos quedamos ciegos.

Mientras tanto, tomaron los estudios de TV española y andaban a la espera de que la División Acorazada Brunete saliera a la calle y controlara Madrid. Difícil papeleta se nos avecinaba a los que nos sentíamos demócratas. Mª Luisa estaba exultante, pero el resto no. Le conminamos a que se callara y nos dejara tranquilos, pues continuamente aludía a que habían llegado los suyos y bla, bla, bla…

Trabajar en esas circunstancias es complejo. Primero por ver cómo se desmorona un trabajo y unos derechos que se adquirieron con tanta lucha, luego la preocupación de cómo estarán en casa tu mujer y tus hijos, después las dudas que se andan generando sobre el futuro inmediato y un largo etc. que te llena de desasosiego, zozobra e inquietud. No había las posibilidades de comunicación que hay hoy día, los teléfonos móviles no existían, ni internet, ni los WhatsApp y todos estos medios que pueden burlar cualquier intento de censura. Conseguí, a duras penas y tras mil ruegos a la centralita, contactar con mi familia. Mi mujer, ayudada por su hermano, ya se aprestaba a conseguir provisiones por si las moscas, sobre todo leche y alimentos para los niños, con lo que me quedé algo más tranquilo. Mientras tanto todo era contrastar información a través de  los distintos medios de comunicación con los que  se contaba en todo el hospital.

El rey tomando partido por la democracia

En algunos mayores pervivía el recuerdo del llamado Alzamiento Nacional de 1936 que fue el preludio de la guerra civil. Eso horrorizaba. Volver al pasado, a una potencial guerra, a confrontación y muerte, a la España dividida (que ya de por sí lo estaba), a la dictadura, a las supresión de libertades, de los partidos que en aquellos tiempos no eran como ahora, de los sindicatos que luchaban denodadamente por mejorar la vida de los trabajadores… Los fantasmas de la España gris y opresora se cernían sobre el país. Una extraña sensación de amargor, miedo, indefensión, inquietud y desesperanza se adueñaba de nosotros o, al menos, de mí.

Mucha incertidumbre. ¿Habría que quedarse allí esa noche y, en todo caso, hasta cuándo? No podíamos abandonar la asistencia. ¿Podrían venir los relevos? ¿Nos militarizarían si prosperaba el golpe y había conflicto con muertos y heridos? Puffff… ¡Qué estrés! Pero todo aquello no podía convertirte en inoperante, pues la vida de los pacientes estaba en peligro. Era difícil concentrarse y hacer un buen trabajo bajo aquellas circunstancias, máxime con aquella auxiliar “facha” que no paraba de mostrar su regocijo y entusiasmo y que se escaqueaba de toda actividad, por lo que había que dar la cara doblemente.  

Yo tomé una decisión, tras analizar la cosa con la mayor frialdad posible. Dado que no podía hacer nada para mejorar la situación y para neutralizar el golpe, debía centrarme en mi trabajo. Ello me permitiría desconectarme de aquella presión y seguir garantizando la asistencia a mis pacientes a la vez que me distraería y relajaría. No pude evitar la preocupación por lo que pudiera pasar fuera, por mis hijos y mi mujer, por mi casa y mi gente, como es natural, pero al menos tenía la certeza de que las tropas no habían salido a la calle en Málaga.

Me acordé de muchos de  mis amigos, reputados luchadores, con cierta inquietud por su futuro inmediato y qué medidas habrían tomado para protegerse. Yo no era un militante de la política, sino un sujeto de izquierdas inmerso en la dinámica social que arrollaba al viejo régimen y nos llevaba a la democracia, pero estaba rodeado de gente mucho más valiente y comprometida que yo, que se jugaban el tipo valerosamente.

Fueron pasando las horas, fueron decantándose las cosas y, al final, llegó el relevo y pudimos irnos a casa. Luego, una vez en casa, apareció el rey con su discurso. ¿Por qué tardó tanto el rey en definirse públicamente? Negros nubarrones se cernieron sobre la corona y aún hoy día siguen sin despejarse en su totalidad. Hay preguntas sin respuestas. La complejidad del caso no acaba de facilitar su aclaración.


Para mí, ahora, solo es un día de infausto recuerdo, de un loco gregario alienado que invadió un parlamente agrediendo a la soberanía de todo un pueblo en nombre de su España, que no era la mía. El recuerdo de un grupo de gente inmoral, o al menos amoral, que comulga con el desprecio a los demás y que se creen con la función mesiánica de salvar su España. Gentuza que, al amparo de su Nacional-Catolicismo, impusieron, controlaron, adoctrinaron y sembraron el espíritu antidemocrático que persiste en nuestra actividad en el ejercicio de la política. Creo que este país no tendrá arreglo hasta que surja un espíritu nuevo capaz de aglutinar a la gente y hacerlas entenderse en busca de una misión común de mojara de la vida y la calidad de las personas. Eso solo se hace con la educación, pero mientras nos sigan adoctrinando en estos planteamientos clásicos seguirá habiendo desencuentro. Lo que nunca pensé es que a estas alturas estaríamos así, gobernados por los herederos del “pasado anterior” y en proceso de regresión en derechos, desmontando el Estado del Bienestar para entregarlo a sus amiguetes mediante la privatización del patrimonio común de los españoles.


Guardias Civiles saliendo del Congreso
por la ventana una vez se rindieron

sábado, 22 de febrero de 2014

A la memoria de Antonio Machado



A la memoria de Antonio Machado
(En el 75 aniversario de la muerte del gran poeta
y humanista le dedico este poema como mi
particular homenaje)

-----------------------

Caminando hacia el destierro
junto a su madre ya anciana
se fatiga don Antonio
por tan larga caminata.

Los caminos de la vida
le llevan por las montañas
preñadas por el invierno
con sus cúspides nevadas.

Frío, penuria y destierro,
tres musas que le acompañan
para arrojarle a la cara
el mundo de desaliento
de la perdida batalla.

No son caminos de estelas
que se fraguan por la mar
sino caminos de odio
que matan la libertad.

Las armas matan las almas
destrozan la inteligencia
y llevan hasta el cadalso
el libro de la esperanza.

Se impusieron los fusiles
al valor de las palabras,
fueron sembrando de odio
los campos de toda España
mientras la sangre corría
en luchas desesperadas
hasta hacer brotar del hombre
sus intenciones villanas.

Ay!
qué será de mis Españas,
qué tristeza y qué desgracia
pues traidores asesinos
mataron la democracia.

Largo camino nos queda
para fraguar el mañana
juntando todos las manos
y vencer esta autocracia.

Y Colliure,
ese pueblo que está en Francia,
le prepara en sus entrañas
el lecho definitivo
donde descanse su alma
de tanto y tanto sufrir
por el amor a su patria
a su gente y a su pueblo
y a las tierras de su España.

Mientras  tanto,
en la Soria desolada,
lloran temblando los olmos
a las orillas del agua.


viernes, 21 de febrero de 2014

Mi bisabuela y fray Crispín (Una investigación de parentesco)

Mi bisabuela Brígida

En este blog, llamado Cosas de Antonio, o sea mis cosas, suelo colgar distintos escritos sobre diversos temas, pero hay un apartado, al que llamé Memoria Histórica, que intenta sacar a relucir aspectos del pasado que afectan al país, a mi pueblo e, incluso, a mi propia familia y persona, con objeto de dejar meridianamente claro, al menos para mí, determinados hechos o pasajes del pretérito.

Recientemente llegó hasta mí la noticia de que un tal Fray Crispin, cuyo nombre corresponde a Juan Silverio Perez Ruano, había sido beatificado por la Iglesia Católica en la ceremonia celebrada en Tarragona el pasado 13 de octubre. Al parecer algunos de mis familiares entendieron que dicho sujeto era hermano de mi bisabuela, Brígida Perez Ruano, al coincidir los apellidos, lo que me notificaron, dado que al ser un mártir de la religión merecía un homenaje y reconocimiento de toda su familia.

Nuestra historia reciente está llena de mártires. La mayoría de ellos pertenecientes al lado republicano, si bien no deja de tener un significativo número el otro bando y el mundo religioso, como es este caso. Yo, como agnóstico, intentando ser ecuánime, reconozco el gran sufrir y martirio de este santo varón, que fue asesinado, el 3 de agosto de 1936, solo por el hecho de ser fraile Capuchino en la localidad de Antequera. Todo ello en el marco de una situación de violencia y conflicto donde se criticaba, a la estructura eclesiástica, su eterna alianza con los poderes políticos y administrativos que oprimían al pueblo. Ello llevó a la irracionalidad y se atacó todo aquello que simbolizaba a esa iglesia. En estas circunstancias se dieron los hechos que rodearon la violenta muerte de Juan Silverio Perez Ruano, fray Crispín de Cuevas Altas, y de otros frailes de su congregación en la citada ciudad de Antequera.

No es menos cierto, que en mi pueblo, que es el de él, Cuevas de San Marcos, se produjeron otros muchos hechos de violencia extrema que acabaron con la vida de ciudadanos y vecinos de la villa, en su forma más cruel, despiadada y bajo la vil tortura, a manos de gente que decía procesar la religión que hoy enaltece a fray Crispín. Estos otros mártires de la “democracia” permanecieron en fosas comunes, enterrados y olvidados entre olivos, mientras eran reconocidos y exaltados los valores de los otros, los vencedores de la contienda que, por cierto, fueron los traidores al sistema establecido a través del ejercicio de la democracia, cuyo resultado fue la proclamación de la República.

Ello hace que, antes de nada, pida el reconocimiento sin paliativos de estos luchadores marginados y muertos por pensar diferente, a la par que sean resarcidos y homenajeados por el Estado, dándoles decente sepultura e identificación para satisfacción de sus descendientes, amén de reconocerles como luchadores afines a la ideología democrática que hoy impera en el país. Este reconocimiento lo demando al poder que hoy disfrutamos, o debería decir soportamos. A ese Estado español basado en los principios democráticos que los mártires olvidados defendieron. Son aquellos que lucharon contra la imposición del fascismo y del nacional-catolicismo que excluyó la diversidad de pensamiento, la libertad de expresión, de credo y de ideas y nos impuso  un sistema totalitario y degradante de los derechos de las personas, sometiendo y controlan, cuando no anulando, su libre albedrio que, como seres humanos y pensantes, debería ser inalienable.

Por tanto, hoy quiero manifestar mi respeto y reconocimiento hacia todos los que fueron víctimas de la violencia y la irracionalidad que invadió y destrozó este país en la contienda civil y su preámbulo y epílogo, incluyendo a religiosos, civiles y militares, que cayeron en la guerra y postguerra arrastrados por la inmoralidad, indecencia  e impudicia de aquellos que, teniendo la responsabilidad de velar por los intereses de la sociedad, acabaron arrastrándola al conflicto fratricida en un acto de soberbia irracional y de desprecio a la vida y los derechos de los seres humanos.

Dicho esto, y desde el recuerdo a los olvidados, vengo a relatar mi investigación sobre el no parentesco entre mi bisabuela y el sufrido beato Fray Crispín. No entienda esto como una crítica al proceder de la iglesia en esto de las beatificaciones, que respeto y alabo, pues cada club, secta, grupo o religión está en su derecho de obrar con arreglo a su propio credo, normas y protocolos, eso sí, sin imponerlos a los que no pertenecen al grupo. Por tanto, lo que echo de menos es que la propia institución del Estado no haga algo parecido, en plan homenaje, a aquellos que lucharon por la democracia, cuyo ejercicio es el que hace que gobierne uno u otro partido, como ya he dicho.

-------------------------------------------

Bueno, vayamos por partes. Os cuento la historia y cómo se va desarrollando:

Mi padre siempre fue un excelente cronista de la historia familiar. Ahora, cuando ya no está, echo de menos aquellos relatos sobre sus ancestros, su tío que se fue a América, su ascendiente bandolero o contrabandista (nunca supe diferenciar si fue una cosa u otra, o las dos a la vez), el ahogamiento de su tío en el río, la churrería de su abuela Brígida y cómo los nietos pululaban alrededor para degustar los churros de su abuela, etc… Curiosamente, nunca me habló de un mártir de la religión en nuestra familia. No me refirió, en ningún caso, que su abuela Brígida hubiera tenido un hermano fraile y que este, además, hubiera sido asesinado en la guerra civil por los milicianos en Antequera.

Un día, hace algún tiempo, coincidiendo con la reunión de beatificación de los llamados mártires de la guerra, que se celebró en Tarragona en Octubre pasado, alguien de la familia me dijo que un tal fray Crispín (Juan Silverio Perez Ruano), era hermano de mi bisabuela y, dado que coincidían sus apellidos, pensé que a mi padre se le había pasado por alto hablarme de semejante hecho de importancia tan significativa.

La curiosidad que me inculcaron por la investigación cuando era un doctorando en la facultad de psicología, se hizo patente y decidí enterarme de algo más de la vida y obra de este sufrido mártir a manos de las milicias populares. Anduve por internet y fui recopilando información en diversos enlaces, de los que coloco algunos para los interesados:

En ellos descubrí que no coincidían los nombres de los padres de fray Crispín con los de mi bisabuela, ya que tengo un estudio genealógico de la familia que abarca hasta el siglo XVIII. Lo que me ponía en la tesitura de aclarar si era un error de apellidos y eran hermanos, o si los apellidos estaban bien identificados y no lo eran. Los padres de fray Crispín se llamaban, según los datos de internet, Juan Perez Valberde y Antonia Ruano Burgueño, mientras los de mi bisabuela, según los datos que yo poseo, eran José Perez Quevedo y Rosario Ruano Granados.

Recurrí a mi buen amigo D. Francisco García Mota, exdean de la catedral de Málaga, para que me orientara y poder certificar que eran correctos esos nombres. Muy amablemente me remitió a la Delegación de los Santos, del obispado, donde fui recibido por un atento señor, Francisco, o Curro para los amigos, que me comentó no disponer del expediente del postulante en tanto lo estaban tramitando los frailes de la orden (Capuchinos), pero los datos que teníamos a mano confirmaban los nombre que he mencionado. Todo esto, y dado que estaba prácticamente convencido de que el ya beato era hermano de mi bisabuela, me creó la duda sobre el resto de los nombres de mis ancestros que poseía en el estudio genealógico en mi poder.

Ante tal situación decidí recurrir al registro civil de Cuevas de San Marcos, que es el pueblo donde nacieron ambos. Personado en el mismo, y de la mano de mi amigo Gregorio, procedimos a buscar e identificar el registro del nacimiento de Juan Perez Ruano, nacido el 27 de diciembre de 1875. En este trance encontramos otro Juan Perez Ruano, de nombre completo Juan Crisóstomo de S. Eustacio, nacido el 29 de Marzo del mismo año (1875), inscrito con el nº 218 del tomo 7, folios 113 y 114, cuyos padres coinciden con los de mi bisabuela Brígida. Seguimos buscando al otro Juan, nacido en diciembre, y aparece con el nombre de Juan Silverio en la referida fecha, inscrito con el nº 189 del tomo 8, folios 73 y 74 y cuyos padres coinciden con los encontrados en internet para fray Crispín.

Para más inri y, ante la duda, decidimos buscar el acta matrimonial de mi bisabuela, celebrada el 22 de agosto de 1881. He de hacer notar que en el registro solo tienen información desde 1870 en adelante por lo que no podía acceder a la información sobre el registro del nacimiento de mi bisabuela. En ella se confirma que sus padres coinciden con los de Juan Crisóstomo y no con los de Juan Silverio. Por tanto, descartamos el parentesco entre mi bisabuela Brígida y el fraile beato.

-----------------------

 Ya puestos, reflejo los ascendientes de mi bisabuela Brígida Pérez Ruano y de su hermano Juan Crisóstomo:

Padres: José Pérez Quevedo (albañil) y Rosario Ruano Granados. Debieron vivir en casa de Rosario y sus padres (Plaza del Mercado), donde criaron a Brígida y donde vivió ella después.

Abuelos paternos: José Pérez Rodriguez, natural de Riba de Ancora, Portugal, y Antonia Quevedo Fernández.

Abuelos maternos: Juan Ruano Durán (aquí entronco con los ascendientes de mi esposa, con quien comparto retatarabuelo) y Rosa Granados Cabrillana, que vivían en la Plaza del Mercado, posiblemente de la Constitución hoy día, correspondiendo a lo que fue el bar de Los Modestos, donde se crió Brígida y vivió de casada.

Mi bisabuela Brígida se casó a los 22 años con mi bisabuelo, Mariano Porras Repiso, de 23 años, el 22 de agosto de 1881, que era hijo de Juan Porras Moscoso (ya fallecido en esa fecha) y María Dolores Repiso Luque.

-----------------------

Fray Crispín

También indico los de fray Crispín o Juan Silverio Pérez Ruano:

Padres: Juan Pérez Valberde y Antonia Ruano Burgueño.

Abuelos paternos: Felipe Pérez “Albarez” (lo entrecomillo pues no se ve muy bien) natural de Riba de Ancora, Portugal, y María Valberde Contreras.

Abuelos maternos: Juan Ruano Moreno y Angustias Burgueño García, labradores y domiciliados en la Plaza del Pocito.

------------------------

Obsérvese que los abuelos de Brígida y de Crispín proceden de la aldea de Riba de Ancora, situada al norte de Portugal, cerca de Vila Praia de Ancora, que es una pequeña freguesía (la freguesía es una parte administrativa de un Conselho) de 778 habitantes en 2001, de Conselho de Caminha, a pocos kilómetros de la desembocadura del río Miño, que hace frontera entre España y Portugal, como ya deben saber.

Por tanto, debieron de llegar a primeros del siglo XIX, con la guerra de la Independencia o traídos por el tráfico de contrabando que había entre España y Portugal en aquellos tiempos. Se asentaron en Cuevas de San Marcos y se casaron con dos mozas del lugar (Antonia Quevedo y María Valberde respectivamente), por lo que sus descendientes tomaron el apodo de portugueses. No sabemos si eran primos, pues hermanos no debían ser, dado que no coinciden los segundos apellidos pero sí el primero. De aquí podemos deducir que había dos familias de portugueses, los descendientes de Felipe, entre los que se encuentra fray Crispín y los de José, que seríamos nosotros.

---------------------

Mi agradecimiento a Gregorio Hinojosa por haberme facilitado esta información y a mi amigo Paco García Mota por su orientación en el obispado.





martes, 18 de febrero de 2014

ECLOSIÓN. Mi primer poemario



Supongo que casi todos mis amigos y amigas saben ya que edité mi primer poemario titulado: ECLOSIÓN. Eclosiona la crisálida rompiendo su envoltura para permitir la salida al exterior de lo que atesora su interior. Mi eclosión es, por tanto, la manifestación poética de un mundo interior que se explicita en el verso, en el poema. Se sustenta en vivencias propias y en proyecciones empáticas. Es expresión de un sentir, de un pensar, de un querer y de un soñar. Es el querer compartir para poder encontrar la parte más humana de la vida. 

Se puede adquirir directamente en la librería Prometeo de Málaga, Calle Puerta de Buenaventura nº 3, o bien en la librería de Ana Repiso de mi pueblo, Cuevas de San Marcos (para los paisanos). Quien no tenga acceso a este medio lo puede solicitar por internet a: http://www.libreriaproteo.com/libro/ver/id/1225090/titulo/eclosion-primer-poemario.html Ahí puede pedir los ejemplares que quiera y se los remitirán a su domicilio, eso sí, el precio se incrementa en el coste de envío.

Si lo adquirís espero que sea de vuestro agrado.


sábado, 15 de febrero de 2014

La soledad


Hace algún tiempo que quiero hablar de la soledad, de esos distintos tipos de soledad que nos ocupan, o nos pueden ocupar, a lo largo de nuestra vida. Hay momentos, muchos momentos, en que suelo buscar la soledad. Me gusta caminar solo, pensando, reflexionando sobre diversos temas; sobre todo aquellos que, de forma espontánea, me vienen a la cabeza mientras camino. Hoy, por ejemplo, tenía que ir a Carlos Haya por un asunto de mi medicación. He ido y vuelto caminando… un largo paseo para mí. Durante el mismo le di vueltas al tema de la soledad.

Creo que podemos hablar de tres tipos de soledad bien definidos, a pesar de los múltiples matices que se puedan objetar. Yo los defino como: la soledad buscada, la soledad impuesta y la soledad en compañía.


La soledad buscada.

Es la soledad que nos da la oportunidad de buscar en nuestro interior, de hacer esa especie de inmersión en nuestra más profunda intimidad, en nuestro yo oculto, para procurar conocernos mejor y desarrollar nuestra calidad humana o, al menos, intentarlo, si ese es nuestro objetivo, como debería serlo. Buscamos la paz interior, el aislamiento de las interferencias de la sociedad, de ese entorno estresante que la vida nos impone. Es una especie de huída, de búsqueda de la esencia del ser humano en un contexto no contaminado por el ajetreo social. Podríamos decir que es la circunstancia ideal para la meditación. Se suele buscar en el mundo religioso y espiritual. Es el retiro que, últimamente, tiene cada día más adeptos. Sí, retirarse del mundanal ruido a meditar como una forma de buscar la perfección y el conocimiento interior. Cualquier persona que quiera saber más de sí mismo debería buscar esa soledad reparadora, sin estorbos ni condicionantes, para poder entender mejor el mundo que nos rodea y lo que nosotros pintamos en él.

Pero esta soledad también se busca para disfrutar de algo que requiere toda nuestra atención. Me gusta sentarme cómodamente para escuchar música, sobre todo clásica, cerrar los ojos y dejarme llevar por el ritmo y balanceo de las notas. Vuela mi imaginación a caballo de la brisa, que se mueve en la cadencia de la sinfonía. Verdes prados, montañas y valles recreo en mi mente al son de la música… relajación, paz interior, sosiego y quietud… silencio, fusión entre el ritmo de vida que fluye del cuerpo y el compás que siembra la música en el corazón. Por otro lado, hay otras actividades que se dan mejor en la soledad, como puede ser leer o ejecutar trabajos manuales creativos, pintar, escribir, dibujar, etc. Necesitamos esa soledad para poder sacar de nuestro interior todo lo que hay, para volcarnos, sin interferencias, en la actividad que nos ocupa y poder dar rienda suelta a esa creatividad. Pero también para reencontrarnos con la naturaleza mediante un éxtasis contemplativo, para comprender la belleza de la creación y evolución del universo que nos envuelve; para tomar conciencia de quienes somos dentro de ese cosmos inmenso, que nos relega a la nimiedad, a la vez que a la inmensidad del ser humano como cúmulo esencial de la propia naturaleza universal, como ente simbiótico con un sistema global del que forma parte.

Es decir, y concluyendo, la soledad buscada es reparadora, balsámica y liberadora. Es el camino más corto para comprender nuestra unicidad, nuestra singularidad y personalidad. Es el contexto ideal para “introyectar” el mundo  que nos rodea, para aprehender su esencia y comprenderlo, a la par que tomas conciencia de uno mismo. Es un buen ejercicio dedicar algún tiempo a la meditación en soledad.



La soledad impuesta.

Esta soledad es cruel. Es la no buscada, a la que se nos obliga por medio de quien tiene el poder de aislarnos, o por aquellos avatares de la vida que nos colocaron fuera de juego, que nos sometieron a la marginación. También puede ser la soledad del diferente, del que se sale de la norma, del discordante, del segregado y rechazado; del sujeto incapaz de despertar interés en los demás por la amistad, el no deseado, cuando no relegado. Mientras que la primera se busca, esta se pretende evitar, pues se impone en contra de la voluntad del sujeto. Es el rechazo del grupo y conlleva la falta de reconocimiento social en su sentido más amplio.

Luego vendrán los matices. Hay soledades impuestas por la vida, por la muerte del ser querido que es irreemplazable, por la separación de la pareja, por la marcha del hijo y el nido vacío. Son soledades que se viven por la incompetencia o incapacidad de la persona para hacer frente a esas circunstancias traumáticas. La complejidad psicológica del sujeto y la cultura social, los hábitos y costumbres, puede llevarle a un estado anímico determinado para elaborar la pérdida, como es el caso del duelo y las conductas que se han de manifestar en esa etapa, según la normativa social, que pueden llevar a la persona afectada al aislamiento “voluntario-impuesto”. Voluntario porque lo hace de motu propio, e impuesto porque la sociedad lo exige (por el qué dirán).

Existe, también, la soledad por autoaislamiento. Es una soledad buscada, pero por miedos, desconfianzas de los demás, suspicacias o paranoias. La causa de ese autoaislamiento, el individuo, la centra en los demás, en cómo se portan con él, en lo malas personas que pueden ser y en la desconfianza que generan, cuando no en el miedo a ser maltratados física o mentalmente por los otros. En estos casos subyace una patología mental en mayor o menor grado, pues son sujetos reticentes, reservados, recelosos o suspicaces, cuando no desengañados y escarmentados, hasta llegar, en caso extremo, al paranoico.



La soledad en compañía:

Terrible soledad del que convive con alguien que le ignora, que se siente solo aún estando acompañado físicamente. Esta soledad se suele dar, en algunos casos, con el tiempo. Es producto del deterioro de las relaciones de pareja, principalmente. Cuando el amor se va muriendo, se apaga y diluye, afloran conductas de desapego, desamor y distancia, que llevan a la apatía y la frialdad. Ese desafecto cargado de aspereza e indolencia, que suele ir acompañado de conflictos e incomprensiones, acaba arrojando al sujeto a la terrible morada de la soledad. Tienes alguien al lado pero estás solo, no encuentras comprensión ni apoyo, y el compañero/a indiferente ante tu sentir muestra su frialdad y apatía frente a tu propio sentimiento. Es una rémora de lo que fue en su día, que se mantiene por inercia en base a hábitos y costumbres, pero con la puerta cerrada de su corazón.

Conozco casos que se sienten solas, o solos, pero con el agravante de tener que ejercer unas funciones definidas socialmente por el rol que le asigna esa relación. Esposa o esposo ante la sociedad, estorbo en la casa, cuando no enemigo resignado a soportar estoicamente los lances de la convivencia. Soledad en compañía, donde dos están pero no están, donde ves a tu lado un ser humano indiferente.

La vida tiene su sentido en el propio desarrollo personal. La convivencia es un elemento más que debe facilitar esa evolución. Tres posturas caben de tu pareja, que te apoye, ayude y aliente en ese propósito, que se mantenga indiferente pero respetando tu desarrollo o que te bloquee sistemáticamente ese progreso intentando reconducirte a su antojo. Lo ideal, para no sentirse solo, es que te secunde, a la par que tú le respaldes a él o ella.  Es soportable la indiferencia y la soledad, pero lo que no es admisible es el bloqueo y la manipulación, la obstrucción y dominio impositivo de uno sobre otro. En este último caso solo cabe la separación, pues el divorcio de intenciones ya está servido. Amarga soledad en compañía, que tú no la gestionas, sino que te viene condicionada por otro ser que no te apoya.


La soledad en la pareja duele de forma especial. Por un lado está el fracaso del proyecto ilusionante que un día se fraguó. Por otro el sentimiento del error cometido, la mala elección y la pérdida de una mejor oportunidad que se pudo haber tenido y se escapó. ¿Qué hubiera sido de mí, si me hubiera casado con aquella otra persona?

domingo, 2 de febrero de 2014

De nuevo sobre el aborto



Como ya sabréis, se ha producido en Madrid una multitudinaria manifestación contra le ley Gallardón sobre el aborto. Legislar no siempre es fácil, ni justo y, casi siempre, es partidista. Lo importante es saber donde están los límites de dominio del legislador y dónde los derechos de los afectados, para salvaguardar esos derechos. El legislador ha de legislar para el ciudadano, que ha de ser el elemento clave que defina esa legislación, respetando la autonomía y soberanía de cada cual en aquellos aspectos que le son privativos, de índole personal y de conciencia propia. Los ciudadanos de un país son aquellos que lo integran, que constan en su registro civil, que viven y mantienen la nacionalidad que representa ese Estado. Los no nacidos no son ciudadanos, sino proyectos al amparo de una madre que es la última y única responsable de ese proceso o proyecto.

El otro día me preguntó una persona: ¿Tú estás a favor o en contra del aborto? Le respondí que ni a favor ni en contra, que eso era como decirme si estaba a favor de que ella se quedara embarazada o no, de que se comprara una casa o no. Eso son cuestiones que le afectan únicamente a los interesados. Le insistí en que hay cosas que son de índole exclusivamente personal y que nadie tiene derecho a coartar o condicionar esa libertad de decisión. Entiendo que es un acto de conciencia, una decisión compleja que la ha de tomar la persona afectada, en tanto valore la trascendencia que tenga ese proceso en su propia vida. La decisión de abortar o no, por tanto, es de exclusiva competencia de la embarazada, bajo mi modesta opinión.

Abortar es definido por la RAE de lengua, en su 6ª acepción y en su sentido más genérico, como: “Interrumpir, frustrar el desarrollo de un plan o proceso”. Ya he comentado en otras ocasiones que el “proceso” del embarazo se establece, con todas sus consecuencias, como exclusivamente dependiente del organismo o cuerpo de la gestante, que es quien lo alimenta, tolera, cuida y desarrolla, por tanto ha de ser su voluntad la base que justifique la alimentación y el sostén de ese proceso y su finalización.

Bajo mi punto de vista, existen algunas variables que condicionan la decisión y que afectan al otro miembro que voluntariamente fecundó ese embrión. Me refiero al padre. Cuando ha habido un acuerdo entre ambos para engendrar un hijo común se ha establecido un contrato que obliga a las partes a desarrollar ese proceso, si bien sigue teniendo más poder la decisión de la madre ante la aparición de circunstancias que puedan modificar el contexto inicial. Es decir, si surge una enfermedad, si hay alguna alteración que modifique esa circunstancia inicial, o si se produce un cambio en la relación de pareja que lleva a la ruptura, amén de otros casos específicos según el tipo e idiosincrasia de esa relación, pues, en el fondo, cada pareja mantiene unos acuerdos tácitos que definen el modelo relacional.

Por tanto, la gestación o no de hijos, es de la exclusiva competencia de la mujer, con esa variable que he nominado. Pertenece a su privacidad hasta el propio momento en que es viable el feto y puede subsistir, como ente autónomo, fuera de la madre, que es cuando toma su entidad autónoma., En este instante, cualquiera persona capacitada podría asumir la crianza del nuevo ser que ya tiene reconocimiento social y debe gozar de la protección del Estado. Puesto que es viable por sí mismo con el soporte que la sociedad le ha de garantizar a cualquier ciudadano de pleno derecho, hecho que se sustenta en la individualidad vital de sujeto.

Hay otras variables de contenido social, donde cada individuo acepta incorporarse a un grupo y cumplir las normas que emanan de ese grupo. Me refiero a aquellos que se integran en clubes, asociaciones, partidos, religiones, etc. Cada grupo tienes sus normas y cada uno de sus miembros ha de estar sometido a ellas; de lo contrario debería abandonar el grupo donde voluntariamente ha entrado. Pongamos por caso la religión. Una religión no se impone, nadie ha de someterse a sus valores, credos y dogmas si no es por propia voluntad y fe. Aunque la historia esté plena de hechos donde la religión se ha impuesto por cojones (perdonen la expresión). Cuando el hombre tiende a desarrollar su intelecto, su capacidad pensante y su libre discernimiento, solo cabe darle la libertad de asociarse a aquellos grupos artificiales o naturales que se puedan adecuar a su ideología, fe o credo. Entonces sí que han de someterse a sus normas, a lo que vayan estableciendo sus autoridades o pastores religiosos. Aunque también cabe mantenerse libres, pensando y razonando por su cuenta en función de los estímulos que le vengan del exterior y su capacidad de análisis de los avatares que se dan  en su entorno. El resto de la ciudadanía no ha de estar sometido a esa norma. Por tanto, cuando habla un clérigo, sea de la religión que sea, solo lo hace para sus creyentes y nunca debe buscar imponer sus opiniones a los no creyentes. Es más, la vida de un sujeto, con su credo a cuestas, le enfrenta a momentos de tentación y de confrontación con la realidad y el pecado; luego, ante Dios, cuando llegue su juicio, acabará dando cuentas de sus obras. Hasta el mismo Cristo se sometió a la tentación en su retiro en el desierto para salir reforzado al vencerla.

Es aquí donde está la clave de la convivencia entre la gente, entre la ciudadanía diversa, que tiene diferentes puntos de vista, distintas ideologías, desiguales concepciones y credos. La función del Estado, de los gobernantes, es fraguar un escenario para todos, por lo que han de saber qué es lo que afecta al colectivo social en su sentido más amplio, o sea, a la ciudadanía que componen el mismo Estado, y cuáles son las cuestiones propias de cada agrupación, secta, religión o club que integre a grupos de ciudadanos afines.

Por tanto, la cuestión no está en si estás de acuerdo o no con el aborto, sino si defiendes la libertad de cada cual para tomar sus propias decisiones sin someterse a la tiranía de un sistema de gobierno que te dicte qué es lo que has de hacer hasta con tu propio cuerpo, con tu familia, con tus propiedades y valores más intrínsecos. No, el gobierno ha de legislar para los seres nacidos, para los ciudadanos, no para los proyectos de cada cual que no tengan trascendencia en la vida social y comunitaria hasta después del nacimiento. Si acabamos sometiéndonos a las injerencias de un gobierno en estas decisiones, acabaremos sometidos a sus caprichos, incluso penalizarán la masturbación y el pecado con la cárcel. Estamos en una sociedad laica, con gobiernos aconfesionales, no sumisos a los principios dogmáticos de las religiones y de los credos; por tanto el límite de la ley está en aquellos aspectos que regulan la convivencia entres los ciudadanos, no en las cuestiones que afecta a la intimidad y privacidad de cada cual, sea su tendencia sexual, sus valores e ideologías políticas, sus credos religiosos, el uso personal de su propio cuerpo, o su libre pensamiento. El Estado está para servir al ciudadano, no para someterlo explotarlo y adoctrinarlo irracionalmente a un credo. La madurez del ser humano lleva intrínseca la capacidad de discernir y la exigencia de una responsabilidad social en conducta y respeto a los demás sin renunciar a su idiosincrasia, a sus propios preceptos y valores siempre que se desenvuelvan en los principios y derechos humanos. El deber de un Estado y su gobierno es facilitar esa evolución de la ciudadanía hacia la madurez, hacia la libertad y la capacidad de decidir libremente desde la responsabilidad y el compromiso social, respetando ese ejercicio de la libertad suprema y soberana que otorga una verdadera democracia desde la igualdad.

Las religiones hablan para sus creyentes. Podrán opinar sobre todo lo que estimen, pero nunca exigir que se haga aquello que ellos creen justa para su credo, pasando por encima de los otros credos. Si creen en Dios, dejen que el mundo se convierta en un campo de pruebas para los creyentes, en una compendio de tentaciones que les haga más santos, más limpios una vez superadas estas tentaciones. Si usted es creyente, no aborte, que se condenará al fuego eterno o tendrá que confesarse y cumplir la penitencia… menos mal que tiene ese componenda para limpiar su mente, al fin y al cabo, ser creyente y gozar del privilegio de la confesión es una excelente solución para limpiar la conciencia y empezar de nuevo. Ya sabe, vaya a Londres, pague si tiene dinero y confiésese, así tendrá su problema resuelto…

Finalmente, queridos amigos y amigas, es lamentable que esta estirpe de politicuchos de tres al cuarto, se ande preocupando de recortar un derecho natural como es el de disponer del propio cuerpo, y dejen que la humanidad se muera de hambre, que la guerra campe a sus anchas, que se exporte material de destrucción y muerte, que la enfermedad y el dolor arrase, que la miseria se adueñe del mundo, que la pena de muerte se siga ejercitando, que se mate en función de no sé qué principios y valores humanos que esconden interese espurios. Y lo que es peor, que los propios ciudadanos del país que gobiernan están en el paro, sin recursos para subsistir dignamente, sin una cobertura adecuada de los derechos, que la propia constitución, que dicen defender, les reconoce. Hay dos mundos en esta sociedad. Por un lado está el que ostenta el poder, que se siente con la capacidad de hacer y deshacer, por la gracia de Dios y de las urnas, sin importarles lo que piensen, digan o hagan los ciudadanos, que han de ser sumisos y siervos del sistema. Por otro estamos nosotros, los de a pie, los que sufrimos sus incompetencias, sus corrupciones, sus  elitismos y aprovechamiento del uso del poder, su nepotismo y su cinismo directo o en diferido.

Yo no he ido a la manifestación en Madrid. Solo puedo decir lo que pienso al amparo del derecho que me asiste a expresar mi pensamiento, que no deja de ser una opinión personal, una convicción fraguada a lo largo de mi vida y de mi propia evolución racional como ser pensante. Creo que tengo el deber, la obligación, de compartir con mis conciudadanos ese pensamiento para que cada cual forme el suyo propio, pero en ningún caso creo que debamos someternos a la influencia dictatorial e irracional de otras mentes que descalifican las nuestra y confunden el valor social hasta invadir el campo de competencia personal.  


Por tanto, hoy, yo estaba con la gente que reivindica el derecho a disponer de su propio cuerpo, sin esclavizarlo y someterlo al capricho del legislador anacrónico y dictatorial que, casi siempre, suele coincidir con un planteamiento machista, que entiende a la mujer como patrimonio del hombre para usarla como campo de cultivo de su descendencia. Estamos en un país indecente, donde se penaliza el aborto mientras no se facilita la crianza de los hijos...