martes, 31 de enero de 2012

Andalucía (III)


Encuentro flamenco. Simonet

El flamenco como expresión de un pueblo

Cambiando de tercio. Hay otro aspecto que no querría pasar por alto, ya que ha calado en el pueblo como una forma de expresión que trasciende el folclore para formar parte de un arte representativo y revelador de las vicisitudes e idiosincrasia de los andaluces en los últimos siglos. En este sentido, la cultura popular y su máximo exponente, que es el flamenco, reconocido por la UNESCO en el año 2010 como patrimonio intangible de la humanidad, nos muestra el sufrir y vivir del pueblo andaluz. En muchos casos es un grito de reivindicación ante la patente injusticia que vive el campesino y el sometimiento al poder y a la fuerza de los terratenientes, apoyados por los gobiernos centralistas. Es un pueblo que se siente marginado en la educación, despreciado en su valor, obnubilado por la religión, sometido por la fuerza… en suma, injustamente tratado. Me apoyaré en algunas letras de El Cabrero, gran cantaor flamenco, aunque podría usar las de otros muchos cantaores que confirman este sinsabor, para resaltar le sentir ancestral que ha trascendido a nuestros tiempos y que definiría bastante bien la situación del campesinado andaluz al inicio de esta historia.

El Cabrero en nuestra peña flamenca

En algunas letras, como esta, podemos observar ese canto y justificación de la rebeldía que mana, pasionalmente, del alma andaluza, y que dice:

...No es que yo esté en rebeldía
es que me siento humillado
esta tierra me ha «quitao»
la salud que yo tenía
por un trabajo mal «pagao»...


Otra de sus letras viene a mostrarnos por qué se aplaudió tanto la reforma agraria de la II República, entendiéndola de verdadera justicia. Evidentemente, le ha dado su sangre a la tierra y se ha fusionado con ella, formando parte de sí mismo, por lo que se siente su verdadero dueño. La letra dice así:

...Soy campesino andaluz
y del aire estoy «quemao»
con la mula y el «arao»
le hablo a la tierra de tú
porque mí sangre le he «dao»...

Pero es más, el andaluz se siente universal, no es un nacionalista estricto, pues tiene una visión de la vida más extensa, tal vez por efecto de las múltiples culturas que pasaron por su tierra, por ser descendiente y heredero de ellas. Concibe la tierra como un don de la humanidad y no como una propiedad privada, como clama en esta otra letra:

...No se debe condenar
a un hombre por pedir tierra
porque la tierra es el plato
de toda la humanidad
y no siempre de unos cuantos...


Actuación en nuestra peña

Si bien pudiera parecer un pueblo religioso, su religiosidad se da más en la estética que en la práctica. En términos generales tiene conciencia de que la religión y el poder están aliados para mantener la injusticia que padece, “sostenella y no enmendalla”, aunque profundamente clame a Dios, como último recurso, la justicia que demanda para sí mismo y para el mundo:

...«Pa» que me escuchen los cielos
levanto fuerte la voz
si es verdad que existe un Dios
que tire la vista al suelo
y haga un mundo mejor...

Como punto final a estas citas flamencas que manifiestan el sentir de mi pueblo, de mi gente, de mis ancestros, esta puede ser significativa y concluyente, ya que pone sobre la mesa el anhelo del pueblo andaluz para huir de la situación, de ese encorsetamiento o prisión que le impide ser y desarrollarse como se merece:

...Dale alas y volará
al pueblo de Andalucía
que es un ave «doloría»
que busca su libertad
que le han «negao» «toa» su «vía»...

Actuación en nuestra peña
No pretendo hacer aquí un panegírico del flamenco, pero me gustaría presentarlo como una forma de expresión del pueblo que va más allá de lo que he planteado, puesto que en sus diversos palos muestra todo un abanico de las vivencias, los sentires, emociones, penas, alegrías, amores, desamores… en suma, de sus vínculos emocionales dentro de la estructura social que nos enmarca la convivencia. Para ello solo basta con escuchar las letras del verdadero cante y no de coplas del doloroso folclorismo que nos trajeron los tópicos.

sábado, 28 de enero de 2012

Andalucía (II)


Bandoleros
Hablemos algo del fenómeno bandolerismo

Desde el siglo XVI, no es el comercio y la industria la que mueve la economía andaluza, salvo excepciones como el caso de la canalización por Sevilla y después por Cádiz, del comercio con las colonias americanas, o la explosión industrial de Málaga con sus altos hornos en el siglo XIX, potenciada por Agustín Heredia (malagueño de adopción y procedente de La Rioja) y Juan Girón (ascendencia de Mahon, aunque nacido en Gibraltar), antes de que se desplazaran al norte invitados por el uso del combustible carbón de coque, más rentable que el carbón vegetal. Estamos hablando, pues, de una región agrícola y ganadera con unas características singulares, cuasi feudalismo, en la relación obrero-patrón.

En el campesinado andaluz, tal vez, por motivación geográfica, aislamiento, falta de medios de comunicación, analfabetismo, explosión emocional, tendencia a no ser gregarios, etc.,  germinó con más fuerza y vehemencia la idea anarquista y socialista, donde vieron una ventana a la libertad y la justicia social.

Encuentro  Bandoleros-Guardia Civil
En este sentido, merece mención expresa un fenómeno, que si bien se dio en muchas partes de España, en Andalucía cobró una especial importancia. Me refiero al bandolerismo. La historia del bandolerismo en Andalucía se justifica en una conjunción entre la injusticia distributiva, el latifundio, la pobreza y el atraso, junto a la rebeldía de un pueblo que no se identifica claramente con la ley defensora del terrateniente. Por tanto, son muchos y variados los motivos que echaron al monte a los bandoleros y muchas las formas de etiquetarlos en función de quien lo hiciera. Para unos eran héroes defensores del pueblo y de la justicia, pues, en muchos casos, robaban al rico y eran generosos con el pobre. Para otros eran meros delincuentes, ladrones, asaltantes de caminos y extorsionadores que secuestraban a los adinerados para pedir buenos rescates.
José María El Tempranillo
Aún a riesgo de resultar algo pesado, merece la pena dar una pequeña vuelta por ese mundo que, de una u otra forma, se enlaza con la idea anarquista y libertaria del pueblo andaluz. Ser guerrillero patriótico, bandolero, delincuente o héroe defensor de la esencia patria es un término, como ya he referido, relativo. Curiosamente gran número de bandoleros se tiraron al monte a consecuencias de una desavenencia con la autoridad, casi siempre relacionado con un acto delictivo importante, que les obligaba a huir de la justicia. No obstante, el concepto de bandolero, como ya referí, suele aplicarse generosamente, por parte del poder establecido, a cualquier actividad de oposición  efectuada mediante guerrilla o asalto sorpresivo. Esto me lleva  a pensar si Viriato fue el primer bandolero o un héroe independentista.

Diego Corrientes
También los monfíes árabes, que asaltaban a las tropas y haciendas cristianas, eran considerados héroes por los musulmanes y criminales por los cristianos. Lo mismo cabe decir de los guerrilleros que lucharon contra los invasores napoleónicos, incluso, de los maquis que se opusieron al régimen franquista tras la guerra civil, a los que el régimen tildaba de bandoleros cuando en realidad era idealistas que, en esencia, luchaban por la libertad. Curiosamente, el apogeo del bandolerismo se dio tras la guerra de la independencia, cuando quedaron colgadas, sin oficio ni beneficio, las partidas de guerrilleros que se opusieron al invasor. Muchos de estos pasaron de ser héroes a bandidos, criminales que robaban para subsistir.

Recuerdo a Omar Ben Hafsun en Juzcar
Históricamente el monfí más representativo que se dio en Andalucía fue Omar ben Hafsun, guerrillero, rebelde, malhechor o libertador según quien opine. Sin entrar demasiado en su biografía, pues hay espacios suficientemente documentados que se pueden consultar, fue como una china en el zapato del emirato de Córdoba a caballo de lo siglos IX y X, llegando a controlar amplias zonas de Andalucía desde su refugio de Bobastro.  Empieza sus andanzas como proscrito y desterrado o huido tras asesinar a un pastor que le robaba el ganado a su abuelo en la serranía de Ronda (actual Parauta). El clásico inicio del bandolero o del monfí árabe, si bien acabó siendo un caudillo en la lucha contra el emirato de Córdoba, que acumuló el dominio sobre gran parte de Andalucía llegando hasta las puertas de la misma ciudad.

Tragabuches
Esta parte del componente libertador y justiciero del bandolero trasciende a los monfíes del reino de Granada en los siglos XVI y XVII y, por ende, a los propios bandoleros andaluces de siglos posteriores, a lo que no son ajenos los visitantes extranjeros que le dan su toque de romanticismo como justicieros que roban a los ricos para dárselo a los pobres, acercándolos a la denominación de “bandidos sociales”. Fueron famosos Diego Corrientes, el Cristo, el Tragabuches, el Tempranillo cuyos restos están enterrados en la parroquia de la Alameda (Málaga), el Vivillo que escribió sus propias memorias antes de suicidarse, El Pernales, el Cojo de Encinas Reales, el Maruso, Navarro el de Lucena, Caparota el de Doña Mencía, Pepe San Nicolás, etc.

El Pernales
Por otro lado, no es solo Andalucía la que presenta este fenómeno social, sino Cataluña, Galicia, los montes de Toledo, etc. Incluso podemos hacer referencia a La Garduña, una organización secreta y criminal, a la que determinados autores identifican  como madre de la Camorra napolitana. En todo caso el declive de esta actividad se da cuando es nombrado gobernador de Córdoba, con amplias competencias sobre Sevilla y Málaga, Julian Zugasti, incansable perseguidor y represor del bandolerismo al amparo de una Guardia Civil más efectiva y disuasoria.

Bandoleros en la sierra
Saco a colación todo este fenómeno para mostrar la insubordinación transgresora del pueblo llano, que siendo sometido a la voluntad del señorito y terrateniente, veía esta actividad como justiciera, cuando no vengadora, sobre la clase opresora. Por tanto, era habitual que los bandoleros encontraran soporte y ayuda en determinado colectivo social con el que se identificaban. Sobre todo en los llamados, no con cierto gracejo andaluz e ironía, los “Santos lugares”, que abarcaban los pueblos enclavados en la confluencia de Sevilla, Córdoba y Málaga en el entorno al río Genil. Téngase en cuenta que por la zona discurre la vía que une el sur con el centro, por donde circulaban bastantes viajeros en diligencias y otros medios, incluidos las remesas de dinero, siendo un excelente reclamo.  

Julian Zugasti (Gobernador de Córdoba en 1870)

miércoles, 25 de enero de 2012

Sobre Andalucía (I)


Mezquita catedral de Córdoba (2011)

Quisiera iniciar un nuevo bloque de entradas a mi blog dedicado a Andalucía, mi tierra, tocando de soslayo a mi otra tierra de adopción temporal, como fue Cataluña en su día. Son algunos apuntes de su historia empezando con su incorporación al reino de Castilla, por los Reyas Católicos y al Estado español. No soy experto en el tema, pero lo que pretendo con estos pequeños apuntes es abrir una reflexión para comprender mejor a esta tierra.

Andalucía, en concreto el reino Nazarí, fue el último reducto árabe en la península, siendo sometida por las armas. Ya se venían expropiando amplias extensiones de las tierras conquistadas y entregadas a los nobles batalladores, que apoyaron a los reyes cristianos, y a sus vasallos guerreros, desde las ocupaciones que se fueron prodigando al amparo de la ruptura del poder de Al-Andalus en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. Ciertamente, el reparto de las tierras usurpadas fue desigual en función del momento de la conquista y de las alianzas entre nobles y reyes, amén de la disponibilidad y criterio de las levas para reclutar la soldadesca para la guerra, y el sistema de recompensa y pago por los servicios prestados. En todo caso el vasallaje seguía siendo el elemento de referencia para regular la relación entre la nobleza y la plebe bajo su dominio. Andalucía fue, pues, conquistada y rendida por las armas, dando escarmiento final en ciudades como Málaga, sitiada durante tres meses, devastada y reducida a esclavitud la mayoría de sus 8.000 habitantes (los que no reunieron un rescate de 20 doblas). 

Tiene su lógica, dado que los Reyes Católicos pretendían formar un Estado o Reino confesional de componente Cristiano, como puede vislumbrarse con la expulsión de los judíos no conversos en 1492. No cabían, por tanto, pactos o acuerdos en la línea de los que ellos fueron fraguando mediante la política de enlaces matrimoniales. Había que desmontar y sustituir la estructura social de clases y el control religioso para que fraguara esa unión de forma definitiva. La guerra, pues, no solo era conveniente, sino imprescindible para poder conseguir estos objetivos de soberanía.

El caso Andaluz es, por ende, una integración forzada, una rendición final con condiciones que luego no se cumplieron, condiciones que recoge el tratado de Granada de 1491, por el cual se renunciaba a la soberanía musulmana del Reino de Granada a favor de los monarcas cristianos. El tratado ponía fin a la guerra, garantizando una serie de derechos a los musulmanes, incluida la tolerancia religiosa y su justo tratamiento en compensación por su rendición. Todo fue bien durante el mandato de Fray Hernando de Talavera, pero tras el cambio a una política de mayor firmeza por parte del Cardenal Cisneros, su sucesor, se provoca una revuelta del Albaicin granadino y las Alpujarras, que dieron pie a que en 1502 se publicara una Pragmática obligando a los musulmanes a convertirse al Cristianismo o a exiliarse; lo que nos lleva a cuestionar la intencionalidad del maquiavélico Cardenal con su presión que, posiblemente, buscaba forzar la situación para poner la pelota en el tejado de los musulmanes, acusándolos, tras los hechos mencionados, de romper el tratado de Granada, quedando Cisneros libre de manos para actuar sin la losa de las capitulaciones. Una excelente estrategia, dado que en el reino no se podía admitir una zona de práctica religiosa diferente, de continua tensión y conflicto.

Más tarde, tras la rebelión de los moriscos en las Alpujarras granadinas y la Axarquía malagueña  (1568-71) y su aplastamiento por las tropas reales de Felipe II, se da un periodo de tránsito donde el miedo a que estos hicieran de quintacolumnistas del Imperio Otomano, lleva a la expulsión final de los moriscos por Felipe III en 1609. Una vez más España sufre una sangría humana que empobrece su potencial, sobre todo en Valencia y Andalucía Oriental, perdiendo expertos agricultores, campesinos y artesanos, lo que obliga a repoblar población con gente del norte, menos experimentada en los cultivos de la zona, sin arte ni oficio y desarraigados, que empobrecen la región y consolidan el sistema latifundista que refuerza a la nobleza propietaria, mayoritariamente, de las tierras conquistadas.

Por tanto, la semilla de la burguesía, que era el artesano, queda muy debilitada en Andalucía y, por ende, condicionará su desarrollo social y económico en los siglos siguientes, hasta dar el mayor protagonismo a los emprendedores de otras regiones como lo demuestran los nombres y procedencia de los grandes inversores y dinamizadores de la economía de la región. En cierto sentido y bajo mi modesta opinión, Andalucía, al ser tierra conquistada, fue tratada más como colonia que como Estado, observándose, en la actualidad,  reminiscencias de ese sometimiento. Véase el propio texto del himno andaluz, con letra de Blas Infante, en su segunda y tercera estrofa:

¡Andaluces, levantaos!,
¡Pedid tierra y libertad!,
Sea por Andalucía libre,
España y la humanidad.

Los andaluces queremos
volver a ser lo que fuimos:
hombres de luz, que a los hombres,
alma de hombres les dimos.

Si bien esta conforma el himno oficial, en la Asamblea de Ronda de 1918 se cambiaba la palabra España por la de Iberia, mientras que el nacionalismo andaluz propone suplir España por “los Pueblos”.  En todo caso, denota el grito reivindicativo de la libertad ausente, la demanda de la tierra labrada por el campesino y entregada a los terratenientes por el arte de la guerra, y la nostalgia por aquello que se fue y ya no se es, una zona de esplendoroso pasado que, culturalmente, dio luz a la humanidad … el pueblo andaluz fue sometido y “analfabetizado”, siendo usado como herramienta de trabajo de los campos del señorito, “desculturalizado” y denostada su cultura popular hasta el patetismo de los tópicos que tanto daño le han hecho.

Málaga a principios del siglo XX

(Continuará)

martes, 17 de enero de 2012

La figura de Fraga




Ya lo sé, estos días todo el mundo anda escribiendo y comentando lo que significó Fraga para España y para la transición a la democracia. Casi todos hacen un panegírico de su figura, exaltando su valor e importancia para la instauración de la Constitución y el cambio, para eliminar el viejo régimen e instaurar el sistema actual. Ya se sabe, ante la muerte todo el mundo es bueno, a todos se les suele buscar la parte positiva y resaltar su aportación a la vida, y, no nos engañemos, todos tenemos luces y sombras, según desde la perspectiva que se nos mire. Parece que hasta los enemigos le ensalcen, como si dijeran: “A enemigo que huye, puente de plata”. O puede que, al amparo de esa compasión, siempre solapada en el ser humano, se nos ocurra resaltar la parte bondadosa de los fallecidos con la intención de tapar sus miserias ante el juicio que se le avecina en el más allá, buscando, tal vez, que nuestra indulgencia sea trascendente al otro barrio, influyendo en el “Gran Hacedor”.


Pero como las emociones no son una garantía para la ecuanimidad ante cualquier juicio, en este caso, también se acaban disparatando argumentos inconsistentes a la sombra de esas emociones, tanto de signo positivo como negativo. Por eso no quiero caer atrapado en esa red emocional y dejarme llevar por la sinrazón del afecto o la repulsa. Por tanto, mi reflexión pretende razonar, de la forma más aséptica posible, sobre su figura histórica y su influencia en la España de la segunda mitad del siglo XX, que trasciende al futuro inmediato.


Así pues creo que estaremos de acuerdo, la mayoría, en apreciar que España le debe mucho, de lo que actualmente es, a su figura. Fraga fue un sujeto astuto, inteligente, maniobrero y con la capacidad de adaptación, como corresponde a su inteligencia, para nadar en cualquier mar, incluido los contaminados por bombas atómicas como en Palomares, y seguir en el candelero como protagonista de primera magnitud, salvando así su ropa y la de sus correligionarios. Esa inteligencia le hizo participar, con gran visión de futuro, en la transición con un papel primordial.


Siendo consciente del rechazo que generaba el franquismo en el periodo transicional, en la inmensa mayoría del pueblo español, creo su partido A. P. (Alianza Popular) como un tardofranquismo al que intentó adaptar a la nueva dinámica política sin renunciar a sus principios básicos y defender los valores del franquismo que le vio crecer y lo fraguó ideológicamente. Eso sí, lo revistió con el traje de la democracia y lo presentó como una evolución del pasado. Su carácter y actitud siguió siendo el de siempre, prepotente y soberbio, por lo que no hizo olvidar aquello de “la calle es mía” y sus arrebatos de arrogancia, con hechos luctuosos como el de Montejurra, siendo ministro de gobernación con Arias Navarro, al que apodaban el Carnicerito de Málaga por su “brillante acción represiva” en la posguerra en esta localidad como fiscal – me refiero a Arias, claro-. Genio y figura hasta la sepultura el D. Manuel.


Pero volvamos al tema. La UCD fue asesinada políticamente entre unos y otros, más entre los unos propios que los otros ajenos. Dentro hubo una fuga masiva a la A. P. de Fraga, que siendo conscientes de su mala imagen, optaron por cambiar el nombre, en plan populista, para denominarlo Partido Popular (P.P.) y refundarlo sin renunciar a sus principios básicos provenientes del pasado. Otros partidos más integristas de corte fascista reclamaron la herencia franquista y eso le permitió al P.P. crear un centro virtual, que no real, donde ubicarse. La maniobra se descubre cuando la ultra derecha se queda sin votantes porque la mayoría se va el P.P. sintiéndolo como el partido heredero de la ideología del viejo régimen bajo el disfraz de democrático. Mientras la izquierda queda atomizada, la derecha se amasa en torno al P.P.


Al final el trabajo de Fraga dio su fruto. Consiguió un partido de derechas capaz de aglutinar la  idea franquista conjugada con la derecha, llamada civilizada, y permitir que a medio y largo plazo pudiera retomar el mando en el país con esa camisa nueva, cosa que logra por primera vez en 1996 bajo la figura, de ascendencia poco democrática, de José María Aznar. Su estilo bronco, soberbio, falto de respeto y cargado de agresividad verbal se descolgaba de la ética democrática, pasando a la descalificación sistemática, era dimanante de la escuela del maestro Fraga con sus salidas extemporáneas. Una forma de hacer política, por desgracia muy extendida, que no deja de  ser poco presentable. Férrea oposición que pasa de cumplir la función constructiva básica, para moverse por la destructiva y corrosiva, como se ha visto antes y ahora, con el fin de hacerse con el poder, aunque fuere en el peor de los escenarios para, mediante el miedo escénico de la ciudadanía, tener las manos más libres para actuar a su antojo sin programas comprometedores. La desesperanza puede dar carta blanca al prestidigitador que nos embelese con su verbo, aunque sea intencionadamente falaz.


El hecho es que con la actuación del señor Fraga, y al amparo de esa prestigiosa figura en el mundo de la derecha, se consiguió evitar la debacle del franquismo, intentando dejar impoluta su imagen a través de acuerdos en la etapa de la transición – pelillos  a la mar – , preservando las prebendas y derechos de los seguidores del antiguo régimen, tanto en el mundo económico, como en el político, social y judicial. La derecha actual le debe mucho, pues, al señor Fraga, sea en contenido o en formas; me refiero a esas formas de conducta arrogante, engreída y  despreciativa de ejercer la política que suele cultivar su partido, tal vez, por considerar, al que debería ser su rival político, como su enemigo a batir y si es posible eliminar.


De todo ello se desprende que parte de nuestra derecha sea heredera de una dictadura surgida del fascismo, que se ha transformado por conveniencia en democrática, pero sin renunciar a su pasado, como lo demuestra el hecho de no haber condenado el franquismo y permitido que se honrara, en forma y fondo, a los asesinados y fusilados del otro bando en la contienda civil, oponiéndose al desarrollo de la ley de memoria histórica. Esta derecha reconvertida hoy juega con la derecha europea, que se fraguó en la lucha contra los aliados de los padres políticos de la nuestra. Es que el poder hace extraños aliados de cama, cuando se juega en mutuo beneficio.


En resumen, Fraga ha sido un gran personaje político al que le debe mucho la derecha y los herederos políticos, económicos y sociales del franquismo. A la par que fue, en cierto sentido, el ideólogo que garantizó, con sus pactos y reconversiones ideológicas, la impunidad del antiguo régimen, que trasciende hasta la actualidad, como puede verse con el procesamiento del Juez Garzón por esculcar en el pasado del régimen franquista.


Su vida ya posó, estamos donde estamos por venir de donde venimos, aunque ahora el problema es saber a donde vamos, o mejor dicho, a donde nos quieren llevar… No puedo decir que descanse en paz, ya que no creo en el más allá, aunque sí descansarán en paz quienes le sufrieron y sufrirán su pérdida quienes le idolatraron. Hay mundo para todo, porque de todo hay en la viña del amo… lo interesante sería que todos entendiéramos que estamos en la viña con los mismos derechos y obligaciones y que la viña es de todos y no del amo.


viernes, 13 de enero de 2012

El hombre, ser malogrado por la injusticia


Amanecer.

Tras mi último relato con los avatares habidos con la parca, he vuelto por mis fueros y al hilo de mis lecturas vengo a compartir con vosotros esta entrada. Ando entre manos con la obra de Octavio Paz, “El laberinto de la soledad”. Resulta un farragoso ensayo, en algunos casos, sobre todo para un español que no es versado en la idiosincrasia de México. Pero conociendo algo a los españoles, aunque sea por experiencia propia, se puede comprender su discurso. El hecho es que encontré una frase que quiero compartir con vosotros, esta es: “El hombre es una posibilidad de ser, malograda por la injusticia”.

Tras pararme a meditar sobre esta sugestiva frase, infiero que lo justo sería dejar que cada cual se desarrolle sin limitaciones o corsés. Pero el ser humano, que tiene un componente dual, se mueve entre lo individual y lo social. Por tanto, esa libertad, debería enmarcarse en una filosofía que cubriera esa dualidad indivuo-sociedad, ambas en comunión. Estamos hablando de una cultura relacional, de unos principios y valores que no los encontramos, imperantes, en nuestro sistema de vida y relación social.

En este sentido habría que crear un paraíso utópico donde pudiera darse esa circunstancia, en la que cada cual, mediante el desenvolvimiento de la espiral de sus potencialidades, aportaría su conocimiento, su experiencia, su ser integral, al conjunto de los eres humanos en comunión de ideas, para enriquecerse todos a la par con esa evolución del ser. El problema surge cuando nos volcamos en el materialismo, cuando el progreso se va a lo tangible y lo enmarcamos en la exclusividad, en la propiedad.

Si en lugar de centrar nuestros objetivos en el desarrollo material, dándole prevalencia sobre lo intelectual, inmaterial, intangible o espiritual, nos centráramos en el impulso de estos últimos aspectos, veríamos que la riqueza, centrada en el conocimiento, no tiene por que ser exclusiva, sino que es una siembra en cada campo, en cada ser, para que se cultive y dé resultados sumatorios, sinérgicos, que eleven el contexto afectando a toda la sociedad. Lo tangible, lo material, tiene límites y, por ende, provoca el sentido de la propiedad; lo intangible, lo etéreo, como es el conocimiento y el desarrollo intelectual, tiene el don de la ubicuidad, puede ser compartido por todos sin sufrir merma, más bien al contrario, incrementando su potencial evolutivo.

Por tanto, la injusticia que representa la imposición irracional, la represión y frustración de los propios proyectos, en función de los intereses de otros miembros del grupo, el bloqueo del desarrollo personal mediante el proceso de socialización en una sociedad injusta, donde el ser humano está al servicio de intereses espurios de determinadas clases, junto al solemne error de entender que el desarrollo y el progreso alude a lo material, en lugar de los espiritual e intelectual, nos lleva al continuo conflicto entre la misión innata del ser humano en el camino de la vida y la interferencia continua de los intereses mencionados, que pasan por usar al ser humano como herramienta para conseguir los objetivos materiales de los otros, normalmente de los que ostenta el poder y la dirección social.

Esta sociedad será injusta, perversa, y caminará hacia el abismo hasta que no entienda que lo material ha de ser el justo soporte que necesita el ser humano para cubrir las necesidades básicas que permitan a su mente, a su intelecto, el desarrollo hacia un ser superior, compatible y concordable con el resto de la humanidad. Lo material sería, pues, una herramienta de trabajo para elevar la mente y el conocimiento. El ser humano, ha de comprender que forma un todo con todo el universo, con el cosmos, donde cada átomo tiene su esencia en función de su ubicación y de su interacción con los otros anejos, con los que conforma un sistema inmerso en otro de orden superior, a la vez que este estaría integrando otro suprasistema y así sucesivamente. La armonía perpetúa el sistema y la disarmonía entrópica lo destruye. La comunicación, a mente abierta y en disposición de discernir sobre la verdad sin tapujos ni dogmas, hace el efecto neutralizador de esa entropía, la acción a la que los sistémicos llaman negentrópica, para darle coherencia al sistema en un proceso de homeostasis continua que permite el cambio razonable en una proyección evolutiva positiva.

Bueno, al menos esta es la argumentación, a bote pronto, que se me ocurre o me sugiere la frase aludida de Octavio y que traigo a colación para compartir con vosotros…No sé que os inspira a vosotros. Cualquier comentario será bien recibido, como es lógico…

sábado, 7 de enero de 2012

Esquivando a la parca


A mí también me visitaron los Reyes Magos. Este ocioso comentario, desde toro pasado, no deja de tener su jactancia vital. Tal vez, visto lo visto, deba reírme un poco de la vida y sacar las conclusiones a que hubiera lugar. Veréis:

A altas horas de la madrugada la parca deambulaba por mi puerta a la espera de encontrar un resquicio por donde entrar en casa. Había estado antes en el piso de arriba, hace unos días, pero fue burlada por la medicina y mi vecina superó su crisis, ante lo cual volvía para llevarse un botín, no importa de donde. Hoy, víspera de reyes, quería un trofeo, un regalo, que pudiera dignificar y justificar su existencia, aunque ella sabe que, al final, todos acabaremos en su regazo. Eran las cinco de la madrugada, un día antes de que los Reyes Magos deambulen por las calles y trepen a las casas llevando la felicidad y satisfaciendo la fantasía infantil de tantos miles de niños y niñas.

Yo presentía la presencia de la parca y mi cuerpo tembló resistiéndose al empuje de su fuerza y su guadaña. Más este andaba desbocado, con sus constantes vitales alteradas, incapaz de resistir por mucho tiempo su acometida. Extraño dolor torácico. Solitrina sublingual… En mi entorno todo era frío y con sensación de muerte inminente, un sudor en sábana brotaba como fuente incontrolada, haciendo de mi piel un filtro permeable, que bañaba todo cuanto tocaba mi cuerpo… arcadas dejando escapar la vida de mi interior… ¿resignación o resistencia?

Pero, hete aquí que aparecieron, con un día de adelanto, los Reyes Magos, a la demanda de Loli que cargada de angustia buscaba neutralizar la insistente solicitud de la dama negra. Melchor, Gaspar y Baltasar. Ninguno tenía barba, como nos lo muestran en las cabalgatas. Melchor se presentó bajo el título de facultativo, de médico; Gaspar de experto enfermero en actuaciones de emergencia sanitaria y Baltasar, que no era negro, como hábil técnico en conducir los vehículos que los transportaban y hacer de paje intendente para que no faltara nada.

A su llegada, apartaron de un manotazo a la intrigante parca y la largaron de la puerta (ya se sabe, los médicos suelen echar a la calle a todo sujeto presente en la habitación donde trabajan y eso lo sabía la susodicha), si bien no se mudó muy lejos. Empezaron una actuación precisa para remontar aquella hipotensión de 5 de máxima y 3 de mínima, de aquella bradicardia (bajada del ritmo cardiaco, para los profanos) que me dejaba el corazón latiendo a 33 pulsaciones por minuto, un bajo ritmo incapaz de bombear la sangre necesaria para mi supervivencia.

Cateter del 18, suero, Atropina, más suero, más Atropina… frío, mucho frío, temblor espasmódico e intenso, conciencia consciente, dejación y entrega… ellos dirán y harán… bajada en camilla, la parca de espaldas marchando a la nada con su desencanto, ambulancia del 061, camino del hospital, entrada  a críticos… Estamos en el buen camino.

Luego unas horas para regularizarlo todo, para conseguir que mi cuerpo se encontrara consigo mismo, para volver a la normalidad relativa, para volver a ser el mismo de antes, aunque la experiencia acaba dejando su impronta. Isa, la enfermera pamplonica que conocí de soslayo hace 23 años y que no veía desde entonces, Juanita mi buena amiga que voló a visitarme en cuando supo que estaba ingresado en críticos… y al final Joaquín con el que anduve cenando no hace mucho y hablando de nuestros nietos. Estaban allí mis amigos y compañeros de profesión, mis antiguos camaradas... eso me hizo pensar que pasaba al nivel de “recomendado”, y ya se sabe, siempre hay complicaciones con los recomendados. Pero esta vez no fue así y gracias a la actuación rápida de mis particulares Reyes Magos y del sistema sanitario de mi querida Andalucía, del que me siento orgulloso, pude superar esta terrible acometida de la dama negra y esquivar su guadaña hasta otra ocasión que, ojalá, tarde en aparecer muchos años.

Quiero agradecer, desde este blog y con este relato, la actuación de mi esposa, mi hija y todos los que de una u otra forma intervinieron y se aliaron conmigo para derrotar a esa perversa y acechante criatura diabólica, que nos aguarda en cualquier esquina para sorprendernos y arrebatarnos la vida. Ello permitió que pudiera disfrutar con mis hijos y mis nietos del día de Reyes, compartir sus juguetes y ver como su ilusión era colmada ante tanto regalo… Me sentí feliz, aunque muy cansado, pensando que por poco ese día no se había convertido en un luctuoso hecho y que en lugar de disfrutar en familia podríamos haber estado de entierro, eso sí, yo dentro de la caja y ellos sufriendo la pérdida. Ahora meditaré sobre las posibles causas, tomaré conciencia de mis limitaciones físicas y obraré en consecuencia para buscar la armonía entre cuerpo y mente que me permita seguir escribiendo, viviendo y pensando, disfrutando de la vida y creciendo hasta que llegue el final y definitivo adiós. Mientras tanto, queridos amigos y lectores, me tendréis que seguir aguantando en este blog, si os apetece. Un mal trago que, por suerte, no pasó de eso.

domingo, 1 de enero de 2012

Fraguando la paz


Me estreno este año con esta reflexión, espero poder compartir con vosotros muchas otras, mías y vuestras, que nos abran y faciliten el camino de la vida hacia esa paz de la que hablo.

Una amiga internauta me manda un e-mail con una frase “propia” que dice: "Si en cada hogar tenemos PAZ, tendríamos la PAZ EN EL MUNDO".  Suena bien. Es más, parece reparadora, o lo que es lo mismo, dicho esto se siente uno bien, o mejor. El caso es hacer lo que hacemos todos en estas fechas, proclamar deseos, en su mayoría utópicos, para seguir estando como estamos. Un deseos es un sueño irrealizado, una forma de mostrar lo que nos gustaría, pero que no tenemos. Los mismos que proclamamos esa paz, andamos a la gresca con los otros, los diferentes, los que no piensan como nosotros, los potenciales enemigos, pues para una guerra, o una reyerta, hacen falta dos enfrentados, como mínimo. Somos de una simpleza lineal, causa-efecto y nosotros nunca somos la causa de las desgracias, son ellos, los otros, los rivales políticos o los enemigos identificados. No tenemos conciencia de sistema interactivo y nuestro papel en el mismo para llegar a implementar ese deseo de paz.

Por tanto, yo creo que, ante de todo, deberíamos poner, junto al deseo, la forma de conseguirlo. Cómo se fragua ese deseo. De lo contrario estaremos soltando vanas palabras que solo sirven para dejar mejor a nuestra conciencia. Pero en una cultura como la nuestra que tiene sus raíces en la propia Biblia, a la par que es tutelada por las religiones, cuesta mucho creer que, en base a esas premisas, directrices y dogmas que emanan de esa práctica, se pueda consolidar una paz en su sentido más amplio.

La propia Biblia es guerrera como puede verse en los conflictos que los israelitas sostuvieron con sus vecinos. Siguiendo los “designios de su Yavé” arrasaron ciudades y mataron a sus habitantes, niños, mujeres y ancianos. Por otro lado, las religiones bendijeron y bendicen la guerra como forma de conseguir poder, de imponerse a los no creyentes, de sembrar su propia fe por imposición o a caballo de las armas que otros compinches enarbolan (léase el poder civil aliado).

Es verdad que la paz a lo largo de la historia fue la paz del vencedor, la paz impuesta por las armas, lo que implica sometimiento del vencido, frustración de los pueblos oprimidos y guerra latente de odios y sueños de venganza del derrotado… en suma, la guerra no impone la paz, sino que siembra el odio y, con él, la semilla de otra guerra. Qué paz se puede pedir de alguien que sostiene: “Si quieres la paz prepárate para la guerra”. Al fin y al cabo, lo que hace es neutralizar una guerra latente mediante el miedo equilibrado de unos y otros al enemigo… No, prepararse para la guerra solo manifiesta la paranoia sobre la potencial agresión del otro paranoico que tenemos enfrente.

En la tierra, paz a los hombres de buena voluntad!!! Qué bonita frase hemos heredado de nuestros ancestros. A los de mala voluntad que les den por… marginados.  No sería mejor decir: “Que los hombres de buena voluntad siembre de paz en la tierra” e implicarlos en la realización de ese universal deseo, en lugar de segregarse de los de mala voluntad…

También me viene a la memoria aquella famosa campaña del régimen franquista de “25 años de paz” gracias al Caudillo. Qué cinismo, llamar paz al sometimiento de media España a la otra media. Confundir paz con orden impuesto por las armas. Pensar que puede existir paz e injusticia dándose la mano…

Podría seguir manifestando incongruencias de nuestra cultura, de sus paradojas, pero, tal vez, sea más oportuno ceñirnos al concepto paz y cómo se puede lograr.

¿Por tanto, qué es la paz? Para mí la paz tiene dos componentes, uno interno, propio del sujeto, la paz interior, donde esa paz manifiesta la ausencia de conflictos internos, intrasujeto; la paz de la voluntad equilibrada, de la conciencia tranquila, de la ausencia de grandes frustraciones y su tolerancia, junto a una educación en el entendimiento y comprensión de los demás, en la empatía y el encuentro, en el compartir y en la ayuda para forjar en justicia un mejor mundo… El otro componente es externo, estando en relación con el entorno, con la interacción con los demás, con las emociones, afectos, desafectos y el conjunto de sentimientos que generan las actitudes y, en consecuencia, las conductas. En este caso, también la educación es el primordial elemento a considerar. En ella se asimila la gestión emocional y los valores convivenciales que nos hacen más pacifistas, humanitarios, sensibles, comprensivos, condescendientes, universales, etc. O sea, todos aquellos que neutralicen los conflictos internos y externos de los sujetos y los grupos sociales.

La cuestión estaría en cómo hacer que esto cambie hacia una cultura de paz, a una cultura que dé respuesta a las necesidades de la globalización humanitaria, que dignifique al hombre y lo lleve al verdadero progreso, que no es precisamente el material. Ya sabemos que muchos valores del pasado no sirven para una nueva era, que la tutoría de las religiones solo ha llevado a la confrontación, que la administración procura gobernar para el poder y quien lo ostenta, que la educación es alienante y no se enfoca a conductas y valores sociales, que se potencia la confrontación intransigente desde la televisión y sus fatídicos personajes de la farándula “rosasalsera”, que las tertulias no enseñan a entenderse sino a enfrentarse, que no educamos ciudadanos libres y comprometidos sino sumisos y alienables, que no sabemos entendernos y ceder cuando el otro tiene la razón pues lo consideramos humillante, que desde lo más reaccionario quieren seguir haciendo sujetos gregarios en la línea de las viejas creencias refractarias a cualquier innovación razonable, o sea, corderos que engorden el rebaño del señor a quines pastorear, que el mercado deshumanizado nos atrapa en la codicia y el consumismo irracional, que el dinero gobierna el mundo de la mano de los especuladores de las altas finanzas y un amplio etc.

Todo esto crea sujetos en conflicto consigo mismo, en conflicto interno, con alta dosis de violencia que se proyecta en los otros, mediante lo que yo vengo a definir como externalidad defensiva, (la culpa siempre es de los demás y yo soy una victima).  Pero es que el mundo tiene, a la vez, una elevada cuota de violencia funcional, nos agrede la televisión con sus campañas publicitarias, nos inmuniza con sus reportajes sobre el dolor, la pobreza y la muerte, intenta neutralizar la conciencia haciéndonos pensar qué suerte tenemos al no estar como los otros, los necesitados, y eso nos vanagloria por rastrera comparación, a la par que, desde pequeñitos, nos modela con sus dibujos animados agresivos y sus películas cargadas de crímenes, furor, rabia, crueldad y bestialidad…

No, no es este el modelo de sociedad que nos conducirá a la paz. Mientras no haya paz en cada pecho, en cada uno de los sujetos que conviven socialmente, no se podrá vivir en paz. Lo demás todo son buenas palabras, buenos deseos, que destensan la cuerda de la conciencia ante la injusticia, para tranquilizarla.

Estamos en una encrucijada de primera magnitud para el mañana. Hay que elegir: seguimos como hasta ahora, potenciando un neoliberalismo irracional y agresivo con el entorno, que se ancla en el materialismo más acérrimo y que desprecia los planteamientos humanistas y humanitarios… O nos paramos a valorar esta crisis cultural para redefinirlo todo, la propiedad privada excesiva, el sistema de control y de gobierno, el justo reparto de los bienes; a la par que entender al otro como un semejante con una visión y posición diferenciada en la vida, que nos permite sumar en lugar de restar o imponer; con el que hay que compartir (que no quiere decir dar),  apoyar, verlo como amigo y aliado y no como competidor y enemigo o rival… Siembra humanidad y recogerás humanidad, pues si siembras violencia el fruto será ese, la violencia, aunque sea velada.

En conclusión: ¿Quién le pone freno a este tren, cuando los que van conduciendo no quieren apartarse de esta vía, sino hacer una fuga hacia delante para enriquecerse más?
¿Quién y cómo se redefine y supera esta crisis cultural? ¿Quien y cómo se fragua esa paz interior que es la base de la externa? Está visto que el hombre modelado por esta cultura, en esta sociedad, es capaz de generar una guerra en la casa del otro para arrebatarle lo que tiene, sin importarle la destrucción que genere, la desolación, el sufrimiento y la muerte. Una vez identificado el enemigo, nuestra cultura lo desviste de valor humano y hace héroes a los asesinos que provocan su muerte. Esta cultura, esta sociedad, no nos ha hecho, ni nos hace, para la paz…

Finalmente, la sociedad es un sistema que lo integran todos y cada uno de los sujetos, cuya resultante es la interacción entre ellos. Solo cabe ir tomando conciencia de este hecho para limpiar esa gota de agua que formamos cada uno y contagiar a la de al lado para hacer de este mar un océano más pulcro y más puro… La clave puede estar en la educación y la orientación hacia esa paz global y justa, que se fundamente en el crecimiento y la paz interior, junto a la idea de universalidad del hombre… O sea, un nuevo hombre menos materialista y más humanitario…

Cambio, pues, la frase de mi amiga y digo: “Si consigues tu paz interior estarás sembrando la paz en el mundo”. QUE EN ESTE AÑO ENCONTRÉIS EL CAMINO DE ESA PAZ.